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Viraje en Brasil:

fin de la política nacionalista en materia petrolera

 

Ruy Mauro Marini

 

Fuente: Excélsior, México, 7 de diciembre de 1975.

 

El anuncio de que Petrobrás, compañía ejecutora del monopolio estatal del petróleo en Brasil, concertará contratos de servicios con empresas extranjeras, con cláusula de riesgo por cuenta de éstas, en determinadas áreas, fue considerado por muchos como el término de la política nacionalista seguida en esta materia desde la creación de dicho monopolio, en 1954. Es seguro que ello sea así; los contratos de riesgo equivalen técnicamente a los sistemas de concesiones en los países socialistas que no vulneran los monopolios de Estado. Sin embargo, el mismo general Ernesto Geisel, presidente de la república, dio esta interpretación cuando, al anunciar la medida, en octubre pasado, señaló que abandonaba “una posición que también fue mía”. Y añadió: “Esta era, realmente, desde hace mucho tiempo, la orientación de los gobiernos que se sucedieron desde 1954, inclusive la del actual”.

Cualquiera que sea el carácter del viraje, sus razones deben buscarse e los efectos de la crisis económica internacional y de la economía brasileña, así como en el reciente patrón de desarrollo. Esta se ha vuelto, en efecto, extremadamente vulnerable en los últimos años a las fluctuaciones internacionales, puesto que depende apliamente del exterior para la colocación de su producción básica y manufacturera, así como para el abastecimiento interno tanto en equipo, tecnología y materias primas (en petróleo, el país importa cerca del 80 por ciento de sus necesidades, como de capitales.

 

Particularizar atención a la balanza de pagos

La dependencia actual del gobierno es atribuir particular importancia a las presiones resultantes para la balanza de pagos. Las importaciones sobrepasan a las exportaciones desde 1971, lo que hizo que la balanza comercial arrojara un déficit de 4,500 millones de dólares el año pasado ocasionado por el alza del petróleo) y alcanzara un déficit de más de 2,000 millones de dólares hasta junio de este año. A este último hay que agregar los 400 millones de dólares suplementarios que representará, para 1975, la reciente alza en el precio del combustible.

Brasil ha debido, en consecuencia, recurrir en forma creciente al capital extranjero, bajo el concepto de préstamos, financiamientos e inversiones directas. El año pasado, el ingreso líquido de capitales fue de 6,000 millones de dólares y una suma equivalente se espera para este año, como informó recientemente el ministro de Hacienda, Mario Henrique Simonsen. La contrapartida ha sido el endeudamiento. La deuda externa bruta, que era de 3,000 millones de dólares en 1968 (año en que empieza el auge económico), pasó a 17,200 millones de dólares en 1974. Para 1975 prevé el semanario norteamericano Baron’s esa suma llegará a los 21,500 millones.

 

Debilidad ante las presiones externas

Es evidente que un país en estas condiciones tiene poca capacidad de resistencia a las presiones externas, como la que se ha desatado actualmente contra su sector estatal. Conviene recordar que la presencia del Estado es particularmente sensible en el sector de infraestructura, bienes intermedios, bienes de capital y extracción de minerales, además de los servicios. Pero, hasta ahora, esto no había preocupado mayormente a los grandes grupos privados nacionales y extranjeros que operan en el país; más bien se beneficiaban de los subsidios que por vía de los precios les concedían las empresas estatales.

En efecto, el eje dinámico de la economía brasileña ha estado constituido por la industria manufacturera de bienes durables de consumo, particularmente la automotriz y la de aparatos electrodomésticos, donde no entra el Estado. La crisis mundial y el desarrollo mismo de la economía brasileña han cambiado la situación: la producción industrial este año estará muy lejos de las marcas espectaculares de años anteriores. Habiendo sido su crecimiento de sólo un 3 por ciento en el primer trimestre, lo que se agrava con el hecho de que el crecimiento del sector agrícola, en el primer semestre, en términos físicos, fue de sólo 2 por ciento; respecto al café, en buena medida por factores climáticos, el desastre fue total.

Esta situación no corresponde sólo a factores coyunturales, sino también a una saturación relativa del mercado interno (esto es cierto sobre todo en lo que se refiere a los bienes durables de consumo), agobiado por un alza persistente del costo de la vida, y las dificultades del país para mantener su posición en mercados internacionales altamente disputados.

Es así como el incremento de las exportaciones el año pasado se debió a la elevación de su valor (haciendo que los productos industrializados superaran el 37 por ciento del total), acompañada de una caída de su volumen; y que este año, si se consideran las tendencias del segundo semestre de 1974 y del primero de 1975, a lo sumo se mantendrán en torno a la misma cifra (alrededor de 8,000 millones de dólares). En consecuencia, el país ha comenzado a echar mano de sus reservas en divisas para hacer frente al déficit de la balanza de pagos.

El interés de los grandes grupos económicos se orienta, pues, hacia la industria de bienes de capital y de materias primas industriales (como el mismo petróleo), capaces de mantener incluso mejorar su cotización en el mercado mundial. Es lo que explica la campaña lanzada por Eugenio Gudin, ex ministro del gobierno reaccionario del presidente Café Filho (1954-55), al recibir el premio anual de la revista Visão, en diciembre pasado. La crítica de Gudin a la creciente “estatización de la economía brasileña” tiene poca base: la participación del Estado no aumentó sino del 73.3 por ciento en 1971, al 77.4 por ciento en 1973, respecto al patrimonio líquido de las cien mayores empresas del país, y no era más del 37 por ciento en este último año, si se considera a las 5,113 mayores empresas. Ello no impidió que empresarios como el propio Henry Maksud, propietario de Visão, y otros se adhirieran a la campaña.