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Larga espera de los panameños:

Estados Unidos se retirará en el año 2000

 

Ruy Mauro Marini

 

Fuente: Excélsior, México, 25 de enero de 1976.

 

Las recientes giras del general Omar Torrijos a Cuba y Colombia se inscriben en una ofensiva diplomática que debe culminar a mediados del año. En efecto, el 24 de junio se efectuará en Panamá el sesquicentenario de la convocatoria bolivariana. Para ello, misiones panameñas recorren ya el continente, tratando de que concurran al acto los gobiernos de todos los países latinoamericanos, así como los de habla portuguesa, inglesa y francesa.

El objetivo de Panamá —quien trata también de atraerse el apoyo del llamado Tercer Mundo, particularmente del mundo árabe— es generar una presión internacional suficientemente fuerte como para contrarrestar el juego de influencias desatado en Estados Unidos ante la perspectiva de las próximas elecciones presidenciales. Son conocidas, en este sentido, las posiciones del Congreso, que impugnó el año pasado las negociaciones iniciadas por la Casa Blanca respecto al Canal. Asimismo, uno de los postulantes republicanos, Ronald Reagan, manifestó recientemente su oposición a la reivindicación panameña de soberanía sobre éste.

Con el viaje a Cuba, Torrijos dio fuerza a las presiones de Kissinger sobre el Congreso. Kissinger advirtió, en noviembre pasado, sobre la posibilidad de que una nueva guerrilla estalle, esta vez en la zona de influencia directa norteamericana, si no se atiende al nacionalismo panameño; esta impresión fue implícitamente confirmada por el secretario general de la OEA, Alejandro Orfila, un mes después.

El viaje a Colombia tiene un propósito más preciso: disipar cualquier sospecha colombiana respecto a  eventuales reivindicaciones territoriales por parte de Panamá.

Panamá ha impugnado el acuerdo de cesión de derechos en la Zona del Canal a Estados Unidos desde 1903, cuando éste se firmó en Washington. La reivindicación de soberanía total fue recogida por Torrijos, tras el golpe de 1968 que lo llevó al poder, convirtiéndose en la principal bandera del régimen.

La actual posición panameña fue claramente explicada al gobierno mexicano, en noviembre, por la delegación encabezada por el canciller Carlos Osores, que le transmitió la invitación al Congreso Anfictiónico de junio. El gobierno panameño insiste, en primer lugar, en que no está negociando una cuestión económica, sino de soberanía y recuperación territorial, por lo que no caben las maniobras de soborno intentadas por Estados Unidos; según sus estimativos, el Canal no genera sino el 10 por ciento de los ingresos totales del país y este porcentaje debe descender en los próximos años.

En segundo lugar, Panamá manifiesta su intención de limitar la presencia militar norteamericana y asegurar la neutralidad del Canal, repetidas veces violada, como en las dos guerras mundiales y en las de Corea y Vietnam, para no hablar del apoyo potencial (según algunas fuentes, efectivo) que representó para golpes militares como los de Brasil y Chile. Para ello, las catorce bases norteamericanas allí existentes deben reducirse a tres, con responsabilidad compartida entre los dos países. Finalmente, siguiendo un proceso escalonado, Panamá espera reconquistar la plena soberanía sobre la Zona hasta el año 2000.

En realidad, las estimaciones del gobierno panameño parecen optimistas. El Informe Flood al Congreso norteamericano, presentado en 1972, indica que la inversión bruta total de EU en la Zona correspondía, entonces, a 7,000 millones de dólares (5,000 millones referidos a la inversión militar). Algunos estudios señalan que las actividades económicas en la misma generan para Panamá un ingreso de cerca del 30 por ciento de su producto interno bruto.

Hay otros aspectos. La existencia de la Zona implica un enclave altamente desarrollado, con un ingreso de 5,600 dólares per cápita (el más alto del mundo en 1970), en una economía cuyo ingreso per cápita no es sino de 700 dólares, lo que representa una causa de distorsión. Hasta 1950 regía en la Zona un verdadero apartheid; las diferencias entre norteamericanos y panameños se mantienen todavía respecto a remuneraciones, costo de vida, etc. En 1964, el intento de estudiantes por llevar la bandera panameña a la Zona provocó una masacre.

La importancia militar y económica del Canal, las cuantiosas inversiones norteamericanas en todo el país (75 dólares per cápita contra un promedio de 52 dólares para América Latina), su importancia vital como cabeza de puente para el control militar y financiero del Cono Sur, todo ello hace prever tiempos difíciles para el pueblo panameño, en su lucha por liquidar el enclave colonial que le ha impuesto Estados Unidos.