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Cambios en Chile: se fortalece

la posición del general Augusto Pinochet

 

Ruy Mauro Marini

 

Fuente: Excélsior, México, 14 de marzo de 1976.

 

A principios de este año, la posición del general Augusto Pinochet a la cabeza del régimen militar chileno parecía amenazada. El lector recordará que, en enero, circularon fuertes rumores sobre un ultimátum que le habrían presentado diez generales. En él se le exigían cambios en la política económica, la reestructuración del aparato represivo y otras medidas.

El problema venía de más lejos. En agosto del año pasado, la Junta de Generales, preocupada con el deterioro de la situación económica y la pésima imagen del país en el plano internacional, había planteado medidas para modificar esa situación. Como líder de la oposición militar, aparecía el general Sergio Arellano Stark.

Endureciendo progresivamente su posición, Arellano llegó a formular un verdadero programa alternativo al de la Junta. Éste incluía, además de modificaciones en la diplomacia chilena, la restructuración del aparato represivo, con el propósito de retirarle a la policía política (DINA) su carácter de estado dentro del Estado y el término de la creciente intervención de la CIA. Asimismo, la mantención en  manos del Estado de las industrias económicas estratégicas, que la Corporación de Fomento (Corfo) empezara a traspasar a empresarios privados nacionales y extranjeros, y la devolución a la Junta de Generales de su carácter de órgano deliberativo supremo. 

Derrota de la oposición militar

El jefe de la Junta reaccionó y, en octubre, valiéndose de su título de comandante en jefe del Ejército, le pidió la renuncia a Arellano. Éste se negó, en lo que fue apoyado por la Junta de Generales. El dictador inició cambios en los mandos militares, con el propósito de fortalecer su posición.

Trajo desde España, donde se encontraba como agregado militar, al coronel Pedro Ewing, y lo puso al frente del Comando de Tropas Especiales. Entregó la jefatura del Comando de Institutos Militares, con sede en Santiago y con el control de 14 unidades escuelas, al general Julio Canessa, al mismo tiempo que ponía al mando de la Guarnición de la capital al general Rigoberto Rubio Ramírez. El general Rolando Garay Cifuentes quedó al frente de la Primera División, con sede en Antofagasta.

Pinochet renovó, entonces, su ataque contra Arellano. Esta vez, la Junta de Generales cedió y Arellano debió renunciar. El dictador, en otra avanzada, forzó también la renuncia del vicealmirante Horacio Justiniano, comandante en jefe de le Armada, quien, desde Valparaíso apoyara incondicionalmente a Arellano. Para ello, el dictador se apoyó en el canciller, vicealmirante Patricio Carvajal, quien despunta como probable sucesor del actual representante de la Marina en la Junta Militar, el almirante José Toribio Merino.

Frei contaba con apoyo castrense

Es significativo que tanto Arellano como Justiniano hayan sido edecanes del ex presidente Eduardo Frei. Todo indica que la ofensiva que el líder del ala derecha de la Democracia Cristiana lanzó contra Pinochet, a fines del año pasado y principios de este año, tenía como supuesto el apoyo de una importante fracción militar. Esa ofensiva tuvo su expresión más espectacular en su libro: El mandato de la historia y las exigencias del porvenir, que contiene críticas contra la política económica de la Junta y la pérdida de prestigio internacional de Chile.

Dadas las circunstancias, Pinochet autorizó su publicación, en un tiraje de mil ejemplares. Se encontraba en gira en el sur del país, cuando se le informó que el diario gubernamental El Cronista lo publicaría como suplemento, lo que implicaba una circulación considerablemente mayor, además de conferirle carácter casi oficial. Pinochet regresó inmediatamente a Santiago y se reunió con los generales.

Mínimos fueron los cambios ministeriales

Al día siguiente, el aparato castrense organizó una concentración en la Escuela Militar, en que los mandos y representaciones de las cuatro ramas de las Fuerzas Armadas le brindaron su adhesión y reiteraron la “unidad monolítica” de los militares en torno a su jefe.

Todo indica que Pinochet ha logrado controlar, una vez más, los conatos de insubordinación militar y le ha cerrado el paso a la oposición democristiana, liderada por Eduardo Frei. El nuevo ministerio, anunciado a principios de la semana pasada, lo confirma. Los cambios son mínimos y se dan en carteras de menor importancia, como las de Transporte, Salud y Trabajo. Los responsables de la política económica se mantienen y la DINA queda intocada.

Gran ayuda al régimen militar

Recientemente, el Banco Mundial informó que Chile ha recibido, en los dos años, siguientes al golpe militar, una ayuda del orden de los dos mil millones de dólares. Esto significa un ingreso de divisas sin precedentes en Latinoamérica. En este momento, una misión del FMI y otra de la OPIC —organismo que garantiza las inversiones norteamericanas en el exterior— se encuentran en Santiago.

Fortalecido militarmente y contando con el apoyo norteamericano, Pinochet parece haber capeado el temporal. Según fuentes democristianas en Estados Unidos, el ex presidente Frei se trasladaría a este país por un tiempo. Allí esperaría que una eventual victoria de los demócratas liberales en las elecciones presidenciales le proporcione un nuevo campo de maniobra.