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La influencia de África

en la política latinoamericana

 

Ruy Mauro Marini

 

Fuente: Excélsior, México, 11 de abril de 1976.

 

La importancia de África se hizo patente por primera vez, para los latinoamericanos, al establecerse fuertes lazos de solidaridad entre Venezuela y Ecuador, por un lado, y los países árabes productores de petróleo, por otro, en el marco de la OPEP. La activa participación cubana en la lucha de liberación llevada a cabo en Angola por el MPLA, completó el cuadro, al poner a los problemas de África negra en el centro del debate político en nuestros países.

Sin embargo, la gravitación del continente africano en la política internacional de América Latina y el Caribe es más antigua. Desde principios de la década pasada ella se constituye en uno de los puntos principales de interés de la diplomacia brasileña. Es a través de ella, también, como podemos entender la evolución reciente de las naciones caribeñas en el plano internacional, particularmente Guyana.

Enclavada entre Venezuela, Surinam y Brasil, esta ex colonia inglesa se encuentra, al conquistar su independencia, en 1966, con una actitud hostil y amenazadora por parte de sus vecinos. De tener éxito en sus reivindicaciones, los dos primeros le arrebatarían a Guyana más de dos tercios de su territorio actual, así como sus principales fuentes de riqueza agroforestal y minera.

Brasil no plantea propiamente reivindicaciones territoriales. Pero la divulgación, en 1965, por el periódico uruguayo Marcha, de un documento de la Escuela Superior de Guerra de Brasil reveló que este país considera como partes integrantes de su dispositivo nacional de seguridad a países como Guyana, Uruguay y Bolivia, y no dudaría en ocuparlos, en caso de necesidad.

Ha sido precisamente Brasil quien, a través de una agresiva campaña de prensa, demostró mayor preocupación ante la supuesta presencia de militares cubanos y chinos en territorio guyanés. Iniciada en septiembre pasado por O Estado de São Paulo, con un artículo titulado: “Guyana, la frontera que preocupa”, esa ola de suspicacia todavía no se extingue. El origen de los rumores se debió al aumento de la presencia de funcionarios y tropas de Guyana en sus zonas sur y oeste, que el gobierno de Georgetown trata de ocupar hace muchos años, por tratarse de las áreas reclamadas por Venezuela y Surinam.

Como quiera que sea, en este clima de hostilidad, Guyana se ha vuelto naturalmente hacia África, en busca de apoyo. En 1970 su actual líder, el primer ministro Forbes Burnham, proclamó la República Cooperativa de Guyana, con el propósito de alcanzar un cierto grado de socialización bajo un modelo económico y político similar al de países como Tanzania, Argelia, Congo. Más recientemente, ha anunciado su intención de encaminar el país hacia el socialismo.

El caso de Guyana —que arroja también luz sobre la motivación de la actual política de Cuba hacia África— ilustra tan solo un aspecto de la influencia africana en nuestro continente. Un aspecto distinto se refiere al interés de la política exterior brasileña en los problemas de África.

No se trata allí de una medida de autodefensa, ante una situación regional hostil. La política africana del Itamaraty responde más bien a los propósitos expansionistas que alimenta Brasil en el plano económico diplomático y militar. Éstos no se agotan en los límites de América Latina, sino que se proyectan también hacia África.

Esa política ha sufrido variaciones, en cuanto a su implementación, sin que se altere su objetivo fundamental. Inicialmente en los comienzos del régimen militar, tendió a basarse en un triple eje, constituido por Brasil, Portugal y Sudáfrica. Fue el tiempo del apoyo al colonialismo y al racismo en las Naciones Unidas y el inicio de la penetración económica brasileña en las antiguas colonias portuguesas.

Posteriormente la cancillería brasileña modificó su posición. Sin renunciar a sus buenas relaciones con Sudáfrica, buscó mejorar su situación respecto a los países nacionalistas negros y tomó incluso distancia respecto a Portugal. La revolución de abril en Portugal y el carácter incontenible que asumió el proceso de liberación de sus ex colonias confirmó esa orientación. A ello se debe que, tan pronto se proclamó la República Popular de Angola, Brasil reconociera inmediatamente al gobierno del MPLA.

Pero el objetivo brasileño de poner un pie firme en África no ha cambiado. Por lo contrario, se ha visto agudizado por el giro que ha tomado la situación en ese continente. La prensa brasileña no se cansa de llamar la atención para el peligro que amenaza a la “frontera oriental”, es decir, la inmensa costa marítima que encara África.

El antiguo proyecto de Brasil en el sentido de encabezar un pacto militar que englobe a los países del Atlántico Sur se ve, así, simultáneamente dificultado y exacerbado. Todo indica que, en las conversaciones que allí sostuvo Kissinger, Estados Unidos delegó a Brasil un importante papel en el sistema de contención a montarse en el área.

El golpe militar argentino vino a completar las condiciones para que este sistema sea echado a andar. No sorprende pues, que, en los últimos días, noticias de Buenos Aires den cuenta de negociaciones secretas entre emisarios norteamericanos y las secretarías de Marina de los dos países del Cono Sur.