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La crisis latinoamericana:

los ciclos económicos nacionales

 

Ruy Mauro Marini

 

Fuente: Archivo de Ruy Mauro Marini. Publicado en El Universal, México, miércoles, 20 julio 1977.

 

Uno de los problemas que plantea la crisis económica que afecta, actualmente, a la generalidad de los países latinoamericanos es saber en qué medida esa crisis se encuentra o no determinada por la crisis capitalista mundial que empezamos a vivir desde 1973. Nuestros conocimientos sobre esa materia son todavía limitados. Sin embargo, por lo menos en lo que se refiere a los países latinoamericanos de mayor desarrollo relativo, como Argentina, México, Brasil, es posible trabajar la hipótesis de que la crisis por la que atraviesan constituye la expresión de un ciclo económico propio de esos países.

Al sostener esa tesis, no pretendemos negar que el ciclo económico argentino, brasileño o mexicano se encuentren directamente articulados con la coyuntura mundial, sino tan sólo indicar que dichos ciclos no constituyen un mero efecto de ésta ni la reflejan de manera mecánica. Por ejemplo, la actual crisis brasileña surge paralelamente al alza de los precios internacionales del petróleo, cuyo impacto en la economía de Brasil es comprensible, si consideramos que esta abastece menos del 20% del consumo interno con la producción nacional. Sin embarga, aunque la crisis petrolera no se hubiera abatido sobre el país, este no habría dejado de experimentar la desaceleración de su crecimiento económico e incluso de incurrir en un ciclo recesivo, hacia 1974.

Ello es así porque se agotaba, entonces, el modelo de acumulación capitalista que se implementara en Brasil, durante la fase expansiva anterior, la cual se encontraba determinada fundamentalmente por la dinámica del sector manufacturero. En efecto, considerando a los veinte años de madurez de la industria brasileña, lograda a mediados de la década de 1950, se pueden observar con nitidez tres ciclos económicos, con una duración aproximada de cinco años.

El primer ciclo de expansión, va de 1957 a 1962, con tasas de crecimiento del sector industrial superiores al 9 por ciento anual; se caracteriza por el desarrollo de la industria pesada, con la implantación de nuevas ramas, algunas de las cuales —como la automotriz— desempeñaran papel relevante en los ciclos posteriores. El ciclo siguiente, que se configura como depresivo, empieza en 1962 y termina en 1967: junto la caída de la tasa de formación de capital, el sector manufacturero se desacelera visiblemente, pasando a presentar una tasa anual promedio de crecimiento de sólo un 2 por ciento.

El tercer ciclo corresponde al llamado "milagro brasileño" y se extiende de 1968 a 1973. Junto a un crecimiento del producto interno bruto que oscila en torno a un 10 por ciento, el sector manufacturero crece a tasas que superan al 15 por ciento, teniendo como eje a la industria automotriz. Junto a ella, y en muchos casos inducido por ella, se verifica un notable desarrollo en la fabricación de maquinaria y equipo, en la industria naval, la petroquímica y la electrónica pesadas, así como la implantación de la industria aeronáutica. Se observa también la conformación de un nuevo sector económico, que coincide muchas veces con las ramas mencionadas, representado por la industria bélica pesada.

A partir de 1974, empieza el actual ciclo recesivo, con la caída de la tasa de formación de capital y de los índices de crecimiento, así como el recrudecimiento de la inflación. Las predicciones oficiales establecen, como fecha posible de término del mismo, el año de 1979. Las medidas que está tomando la economía brasileña para encarar la crisis apuntan también en esa dirección, ya que no pueden producir efectos antes de fines de la década.

Esos ciclos expansivos y recesivos que se alternan en la economía brasileña deben ser analizados desde dos puntos de vista. Por un lado, en su relación con la economía mundial, la cual influye sobre ellos de manera significativa, pero con una característica importante: actúa en tanto que factor interno por la economía brasileña y no simplemente como un estímulo externo, canalizado a través del mercado, como ocurría en la fase de la economía primaria exportadora, que antecede a la moderna economía industrial. Por otro lado, es indispensable tener presente que los ciclos económicos nacionales no expresan simples variaciones coyunturales, sino que implican cambios en el modelo mismo de acumulación capitalista prevaleciente en el país.

Es a través de ese doble enfoque como podremos acercarnos a los problemas que enfrentan hoy los países latinoamericanos e intentar descubrir las tendencias que en ellos se están abriendo paso, en el curso de la actual crisis, y apuntando pues hacia lo que serán mañana.