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La crisis latinoamericana:

el Estado en la economía

 

Ruy Mauro Marini

 

Fuente: Archivo de Ruy Mauro Marini. Publicado en El Universal, México, miércoles, 3 agosto 1977.

 

Al reflexionar sobre la actual crisis latinoamericana, tuvimos anteriormente ocasión de indicar en qué medida ésta se encuentra determinada por factores internos, que tienden a configurar en los países de mayor desarrollo relativo, como Argentina, México y Brasil, ciclos económicos que les son propios. Vimos, también, que dichos ciclos se encuentran articulados de forma directa con la coyuntura de la economía mundial, una vez que ésta influye de manera no despreciable en el comportamiento de la inversión y del mercado, que se encuentran en la base de la determinación del ciclo.

Conviene examinar, ahora, un factor interno que desempeña un papel clave en la dinámica económica de nuestros países: el Estado. Si tomamos como ejemplo a Brasil, que no constituye empero una excepción desde ningún punto de vista, veremos que el Estado contribuye allí de manera decisiva tanto para la creación de mercado como para la formación de la inversión.

Respecto a lo primero, esto puede comprobarse si estimamos la relación existente entre el gasto público y el producto interno bruto. En Brasil, en 1950, el gasto público, excluyendo el de las empresas descentralizadas, representaba 20% del valor del, proporción que había subido a 34% en 1969. En este último año, la relación subiría a 50% si consideráramos también los gastos generados por las empresas descentralizadas federales.

El peso que tiene el gasto del Estado permite a éste actuar de manera significativa sobre el capital privado. En este sentido, son importantes las encomiendas públicas y las subvenciones directas o indirectas acordadas por el Estado a las empresas privadas. Las subvenciones directas en Brasil representan más de la mitad de la recaudación estatal por concepto de impuestos directos, mientras que —para considerar sólo un caso de subvención indirecta— las exenciones de impuestos concedidas a los exportadores de manufacturas permiten reducir hasta en 50% sus costos de producción.

Respecto a la inversión, la influencia del Estado es aún más significativa. La inversión estatal se realiza fundamentalmente para permitir la reproducción del capital privado, dirigiéndose ya a los sectores de infraestructura y servicios básicos, ya en nuevas ramas que no son todavía remunerativas o que exigen un capital mínimo demasiado elevado. En este último caso, el Estado opera en asociación con el capital privado, en la mayoría de las veces, sea para asegurarlo contra el riesgo, sea para crear el volumen de capital necesario para hacer factible la inversión.

Si, continuando con el ejemplo brasileño, tomamos un aspecto particularmente estratégico de la inversión: la inversión bruta fija, es decir, la que se destina a maquinaria y equipo, veremos que en 1969 el Gobierno brasileño participó en su formación con 34% y las empresas estatales con 27%. Lo que quiere decir que el porcentaje total mediante el cual el Estado determina la inversión fija en Brasil, en ese año, fue de un 60%, quedando al capital privado menos de 40%.

Es natural, por lo tanto, que la clave de la superación de la crisis cíclica esté, en una amplia medida, y sin perder de vista la acción de la economía internacional, en las manos del Estado, en un país como Brasil, lo mismo pudiendo decirse de México o Argentina. Hay que tomar, pues, particularmente en cuenta las previsiones de las autoridades gubernamentales, respecto a la superación del período crítico. En el caso brasileño, los responsables de la política económica del Gobierno han dejado ya en claro que no se podrá pensar en recuperación antes del fin de la década.

De igual modo, si se quiere investigar las posibles modificaciones que sufrirá la economía nacional en el curso de la presente crisis y precisar las características que podrá tener en la eventualidad de una nueva fase expansiva, conviene preguntar hacia donde apunta el Estado. En el caso brasileño, es posible ya percibir que la política económica del Gobierno se orienta hoy hacia el desarrollo de dos nuevos sectores, estrechamente relacionados: el de la energía nuclear y el de la industria bélica pesada.

Estos podrán constituirse en los nuevos sectores dinámicos de la economía brasileña, en la fase expansiva hacia la cual el Estado busca dirigirla. Las implicaciones de ese hecho, tanto para Brasil como para los países latinoamericanos, serán examinadas en otra oportunidad. Por ahora, es suficiente reiterar que el análisis de la crisis por la que atraviesan nuestros países no puede llevarse a cabo si no avanzamos en el conocimiento de los ciclos económicos nacionales que aquí se presentan y de los factores internos y externos a que ellos responden.