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Cono Sur:

el proyecto político de las dictaduras

 

Ruy Mauro Marini

 

Fuente: Archivo de Ruy Mauro Marini. Publicado en El Universal, México, miércoles, 10 agosto 1977.

 

Los regímenes militares del cono sur latinoamericano surgieron de actos de fuerza de las clases dominantes, instigadas y apoyadas por el gobierno de Estados Unidos, para hacer frente a problemas económicos y políticos que ya no tenían solución dentro del marco institucional en que se habían planteado. Por esto, junto a la puesta en práctica de una política económica que privilegia abiertamente los intereses del gran capital, dichos regímenes se han abocado a una profunda reforma política, destinada a preservar de manera estable esos intereses.

El proceso de la reforma política, en Brasil, asumió un carácter gradual y se ha guiado por pautas más apegadas a la ortodoxia política occidental. La democracia parlamentaria se ha constituido allí en el objetivo a alcanzar y sus instituciones, aunque brutalmente mutiladas, no han sido suprimidas. El antiguo sistema pluripartidista fue reemplazado, mediante decreto, por un sistema bipartidista; el Congreso, castrado y amedrentado, sólo ha sido cerrado dos veces, por corto lapso, en trece años de dictadura, y el poder judicial mantiene formalmente su independencia ante el ejecutivo.

En Chile, las cosas han tomado otro rumbo. El sesgo ideológico marcadamente fascista de la Junta que preside Pinochet la ha llevado a plantearse la erección de un régimen no parlamentario, en que no opera el juego de los partidos, y que pretende basarse más bien en una mezcla de representación corporativa y regional. Uruguay se inclina en esa dirección, aunque de manera más confusa, mientras que, en Bolivia, según lo expresó Bánzer en junio pasado, se aspira a retornar al sistema de partidos e ingresar en una fase de constitucionalización, a partir de 1980.

Argentina, con algunas vacilaciones, se orienta hacia la democracia parlamentaria. Como medida transitoria de afirmación del régimen, se discute allí la separación entre el mando militar directo y el ejercicio del cargo de Presidente, que acumula Videla; esa separación se realizó recientemente en Chile, al nombrarse al general Carlos Forestier jefe del ejército, quedando Pinochet sólo con la presidencia de la República. Para el futuro, según afirmaciones recientes del general Videla, se pretende llegar a la democracia representativa, basada en los partidos políticos.

La institucionalización que, por distintas vías, persiguen los regímenes militares del cono sur se ha vuelto más urgente, en el curso de este año. Para ello han concurrido las presiones que ejerce, en este sentido, el actual gobierno norteamericano, así como los de Europa occidental, la Internacional socialista y algunos países de América Latina. Sin embargo, esas presiones no hacen sino acelerar un proceso, que habría ocurrido de todas maneras.

Ello es así, primero, por una razón de orden general. En efecto, ninguna clase puede ejercer su dominación por la fuerza, de manera permanente. Aunque la fuerza siga siendo el resorte último del poder, este tiene que reposar en una aceptación real de su ejercicio por parte de quienes lo sufren. Para ello, el poder tiene que ser capaz de autojustificarse, es decir, de legitimarse ante el conjunto de la nación.

Pero la necesidad de institucionalización que experimentan las dictaduras del cono sur obedece también a motivos de otra índole. La resistencia de los pueblos de esos países a los regímenes represivos que les han impuesto los militares es un fenómeno permanente, que ha impedido la estabilización de esos regímenes. En los últimos meses, la resistencia se ha acrecentado —aprovechando incluso las presiones internacionales— y amenaza con rebasar el marco del proyecto político de las dictaduras.

El mejor ejemplo de ello es precisamente aquel país donde el régimen militar había logrado una mayor estabilidad relativa: Brasil. Allí, en el último período, han coincidido en la oposición a la dictadura movimientos de origen diverso, nacidos entre los trabajadores, los estudiantes, los intelectuales, los cristianos y sectores de la misma burguesía, provocando crisis políticas sucesivas. Un fenómeno similar, y que tiende a agravarse, se observa en los demás países del cono sur latinoamericano, augurando cambios significativos en esa zona, a un plazo no muy largo.