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El viaje de Todman:

éxito en Chile, fracaso en Brasil

 

Ruy Mauro Marini

 

Fuente: El Universal, México, 24 de agosto de 1977.

 

A su regreso Estados Unidos, el subsecretario de Estado Terence Todman podrá presentar dos resultados salientes, de signo diverso, tras su gira por el cono sur: la supresión de DINA chilena y la negativa de la cancillería brasileña a recibirlo. Esos hechos se refieren a dos órdenes distintos de problemas que interesan a las readecuaciones de la política norteamericana hacia América Latina.

Al suprimir su ominosa agencia de policía política y acceder a discutir el tema de las elecciones, Pinochet abandona la pretensión de conformar una alternativa que iba más allá del planteamiento contrarrevolucionario de Estados Unidos para la región. Ese planteamiento, basado en la doctrina de la contrainsurgencia, implica la implantación de regímenes militares que, gobernando mediante el terror, tienen como objeto la liquidación física de toda oposición, democrática o revolucionaria. Su justificación ideológica, sin embargo, al revés de la que caracterizó al fascismo, no es el rechazo a la democracia representativa, sino la creación de condiciones para que ésta opere con cierta estabilidad.

Mientras dura el terror abierto, órganos como la DINA tienen su función. Basta recordar a la OBAN (Operación Bandeirante), que funcionó en Brasil en lo peor de la represión, la cual, aunque no constituyera formalmente una institución, coordinaba a los órganos policiacos. Pero, pasada esa fase de choque, que la contrainsurgencia llama “campaña de aniquilamiento del enemigo”, el régimen contrarrevolucionario debe buscar la reorganización de la democracia representativa. Para que ésta sea posible, la contrainsurgencia establece la necesidad de pasar de la represión masiva a la selectiva, para lo que es indispensable (además de un eficiente aparato policial, lo que no caracteriza de por sí a un régimen contrarrevolucionario) contar con una central de inteligencia.

Dicha central no ejerce directamente la represión, como la DINA, sino que cumple con la labor de información indispensable a ésta. En Brasil, ella se creó en los albores del régimen militar y su influencia es tanta que, de los cuatro presidentes que ha tenido el país desde 1964, dos salieron directamente de allí: Garrastazu Médici y Geisel; su nombre es Servicio Nacional de Información (SNI). En Chile, donde acaba de ser creada en reemplazo de la DINA, se llama Centro Nacional de Información (CNI).

La coincidencia va más allá de la nomenclatura. La creación del CNI chileno es concomitante al anuncio de un lento proceso de institucionalización de la dictadura, que incluye la realización de elecciones. Ello indica la intención de la Junta pinochetista de pasar de la fase de aniquilamiento a la de “búsqueda de base social”, como postula la doctrina de la contrainsurgencia. Pero indica también que Pinochet ha abandonado su pretensión a establecer un modelo antiparlamentario, de corte fascista, que incomodaba a Estados Unidos, por el hecho de poner al desnudo la esencia de su estrategia contrarrevolucionaria.

La actitud de la cancillería brasileña, al negarse a recibir a Todman “por órdenes superiores”, es más que un gesto de humor de los militares, tras las fricciones que han tenido con Washington. Responde más bien a su preocupación en el sentido de forzar a Estados Unidos a reconocer el status privilegiado que la administración pasada, bajo la orientación de Kissinger, le había otorgado a Brasil. Al guardar sus cartas para jugarlas ante el secretario de Estado Cyrus Vance, que tiene previsto un viaje a ese país, el régimen militar muestra su intención de darle a ese viaje el carácter de consulta mutua regular de alto nivel, tal como se había convenido en el acuerdo firmado el año pasado por Kissinger.

Lo que Todman podrá, pues, decirle a Carter es que ha logrado avances, en cuanto a convencer a los militares chilenos a ceñirse a la ortodoxia de la contrainsurgencia y abandonar sus pretensiones cismáticas. Pero tendrá que añadir que subsisten dificultades para realinear Brasil con los demás países latinoamericanos de más peso y hacerlo desistir de su pretensión de ser un centro subimperialista para la región.