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Chile:

avanza la unidad de la izquierda

 

Ruy Mauro Marini

 

Fuente: Archivo de Ruy Mauro Marini. Publicado en El Universal, México, miércoles, 31 agosto 1977.

 

Noticias divulgadas recientemente por la prensa local dieron a conocer que los partidos que integran la Unidad Popular y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria han suscrito un pacto de acción común contra la dictadura militar chilena. Se culmina así un difícil proceso de negociación y se abre una nueva etapa en el desarrollo de las relaciones entre esas fuerzas.

La Unidad Popular surgió en 1969, en función de las elecciones presidenciales que tendrían lugar el año siguiente, sobre la base de cinco partidos: Comunista, Socialista, Radical, Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU) y Acción Popular Independiente (API). El último desapareció, fusionándose con los radicales, ya durante el gobierno de Allende, cuando se sumaron dos partidos más a la UP: el sector escindido del MAPU, que tomó el nombre de MAPU Obrero y Campesino, y la Organización de la Izquierda Cristiana, un desprendimiento de la Democracia Cristiana.

Desde su formación la UP aspiró a ser más que un simple bloque electoral, planteándose una plataforma programática y una estrategia que se proponía llegar al socialismo en el marco de la democracia parlamentaria, así como dotándose de mecanismos de dirección suprapartidarios. El golpe militar de 1973 le provocó una profunda crisis, que amenazó con hacerla desaparecer. Fue necesario esperar hasta 1975 para que la UP iniciara un verdadero proceso de reorganización, que culminó el año pasado.

Aunque no manifestara abierta hostilidad a la UP, el MIR la consideró inicialmente con desconfianza, en virtud de la estrategia gradualista de transformación social que aquella defendía y el papel decisivo que allí desempeñaba el juego electoral. Expresó, sin embargo, su simpatía por la candidatura de Allende y saludó como un triunfo popular la elección de éste a la presidencia, estableciendo en la práctica una alianza la nueva coalición gubernamental.

En el primer trimestre de 1972, ante el surgimiento de una oposición activa de derecha, que se exhibiera de manera espectacular al finalizar el año anterior, se estableció el diálogo entre las dos fuerzas de izquierda, para discutir una táctica común y limar las asperezas estratégicas. Ese intento de unificación hubiera tenido, si llegara a concretarse, un notable impacto en el proceso chileno, dado que involucraba las fuerzas reales de izquierda; en efecto, las demás agrupaciones, de menor peso, se habían ya disuelto, polarizándose en uno u otro sentido, mientras que las corrientes maoístas y trotskistas que habían sobrevivido carecían de significación política.

 Sin embargo, dicho intento se frustró por la posibilidad que entrevió la UP, y en particular el PC, de reforzar al bloque gobernante, no hacia la izquierda, mediante un acuerdo con el MIR, sino hacia la derecha, a través de negociaciones con la Democracia Cristiana. Pese a que éstas constituyeron un fracaso, la perspectiva de una alianza UP‑DC resurgió tras el golpe militar, pasando a ser un obstáculo permanente para los esfuerzos de convergencia iniciados por la izquierda a fines de 1973.

El pacto a que llega ahora la izquierda chilena tiene, pues, importancia. Su concreción se explica por la estabilidad relativa que ha logrado alcanzar la Junta pinochetista, tras casi cuatro años de terror, y la aceptación implícita de su proyecto de institucionalización por parte de la Democracia Cristiana, puesta de nuevo bajo el total control de su ala derecha, lidereada por el ex presidente Eduardo Frei. Ha influido también favorablemente el reforzamiento de los sectores que, en la izquierda, critican la política oficial de la UP, en particular su insistencia en aliarse con la DC.

Aunque limitado por su contenido y por el hecho de que sólo se aplica a sus representaciones en el exterior, el pacto de acción común entre la UP y el MIR abre amplias posibilidades a la lucha de resistencia que libra el pueblo chileno contra la dictadura militar.