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Carter:

esquema táctico para América Latina

 

Ruy Mauro Marini

 

Fuente: El Universal, México, 21 de septiembre de 1977.

 

Bajo la administración Carter, la política exterior norteamericana ha sido sometida a un replanteamiento global. Éste, como indiqué en otra ocasión, tiene una doble vertiente: por un lado, enfriar las “zonas calientes” del Tercer Mundo, como el Medio Oriente, el sudeste asiático, África austral, donde Estados Unidos ha sufrido derrotas o ha estado a punto de sufrirlas; por otro lado, polarizar hacia Estados Unidos y los países capitalistas desarrollados las tensiones con el bloque soviético, que antes se dispersaban por esas áreas, estableciendo como centro de confrontación al continente europeo.

Ese planteamiento tiene implicaciones para la política norteamericana hacia América Latina. También esta zona debe ser objeto de enfriamiento y neutralización. Para esto, Estados Unidos ha establecido una táctica diferente, que contempla las particularidades sociales y políticas que se han ido estableciendo aquí durante lo que fue, a escala mundial, la era de la distensión y, a escala latinoamericana, la de la contrarrevolución.

En ese contexto, la administración Carter busca, en primer lugar, solucionar problemas que, a mediano o largo plazo, podrían “calentar” a la región: el que corresponde al enclave colonial norteamericano en Panamá y el que se refiere al enfrentamiento existente con la revolución cubana. Puerto Rico, aunque se incluya indudablemente en este cuadro de problemas, no es visto así por Estados Unidos, quien pretende tratarlo como una cuestión de política interna.

Otra línea de acción contemplada por Washington es la institucionalización de la situación política en el cono sur, en términos tales que, preservando lo esencial del estado de contrainsurgencia allí creado en los últimos trece años, y por ende el control militar sobre el mismo, restablezca algunos mecanismos del juego parlamentario. En otras palabras, se pretende llegar a lo que, en cierto momento, los expertos del Departamento de Estado llamaron de “democracias viables”, es decir, democracias restringidas que, sin violar abiertamente los principios de la ideología liberal, encuadren y sujeten firmemente a los movimientos populares en nuestros países.

El planteamiento difiere un poco, respecto a Centroamérica. Allí aunque también considere deseable disfrazar en cierto grado a los regímenes dictatoriales, Estados Unidos (y el Pentágono, en particular) no pretende abrir mano de la integración militar y policial ya lograda, la cual tiene su mejor expresión en el Consejo Centroamericano de Defensa (Condesa). En la perspectiva norteamericana, los pueblos de Centroamérica no están en condiciones siquiera de aspirar a “democracias viables”, tal como se encuentran planteadas para el cono sur.

El Caribe constituye una de las preocupaciones centrales de la estrategia norteamericana para la zona, tanto por su importancia geopolítica, como por los gobiernos progresistas que allí se encuentran, los cuales manifiestan su simpatía por y buscan el apoyo de Cuba socialista y las nuevas naciones revolucionarias de África. Afirmar, pues, su influencia en la subregión es, para Estados Unidos, un imperativo, aún más si, como es el caso, se ve obligado a contemplar, en el mediano plazo, el retiro de los efectivos militares que tiene acantonados en Panamá.

Los principales países de América Latina en donde prevalecen formas de democracia parlamentaria (Venezuela y México), presentan para Estados Unidos un interés especial. En efecto, ambos son productores de petróleo, energético que constituye actualmente el talón de Aquiles de la economía norteamericana. Hacia ellos Washington implementa una política de acercamiento y busca el establecimiento de sólidas relaciones bilaterales.

En su conjunto, ese esquema táctico ha recibido fuerte impulso en el segundo semestre de este año, que podríamos llamar de sondeo e información, que realizó Rosalynn Carter a Latinoamérica. Estados Unidos ha lanzado una importante ofensiva diplomática, dirigida por el subsecretario de Estado Terence Todman en el cono sur y por el embajador ante las Naciones Unidas, Andrew Young, en el Caribe y Centroamérica, así como por los negociadores para el nuevo tratado del Canal de Panamá, Elsworth Bunker y Sol Linowitz.

Esta ofensiva ha dado ya los primeros frutos, siendo posible ahora evaluar con mayor precisión los objetivos y los avances de la política norteamericana hacia América Latina.