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Dos aniversarios:

la unidad de América Latina

 

Ruy Mauro Marini

 

Fuente: Archivo de Ruy Mauro Marini. Publicado en El Universal, México, miércoles 12 octubre 1977.

 

La idea de la unidad de América Latina ha tenido muchas vicisitudes. Surgió en el marco mismo de las luchas por la independencia de las antiguas colonias españolas, como expresión de una formación nacional todavía incipiente y, al mismo tiempo, un recurso defensivo contra las reiteradas pretensiones colonialistas de la vieja metrópoli. La forma que asumió, entonces, fue la del ideal confederativo hispanoamericano, que excluía a Estados Unidos y Brasil, y cuya figura más representativa fue, sin lugar a dudas, Bolívar.

Sin embargo, desde la década de 1860, el ideal de la confederación entra en crisis. España, independientemente de que realice todavía algunas incursiones, deja de constituir un peligro. Las nuevas naciones se afirman sobre la base de un desarrollo económico que, al revés de unirlas, las proyecta separadamente hacia afuera, sobre todo hacia Europa. Sus relaciones mutuas son más bien de desconfianza y llegan a dar lugar a hechos tan sangrientos como la guerra de la Triple Alianza, encabezada por Brasil, pero en la que participan Argentina y Uruguay, contra Paraguay, y la del Pacífico, que opone Chile a Perú y Bolivia.

Mientras la América hispánica se balcaniza y se debilita, Estados Unidos avanza en la creación de condiciones que lo convierten en una potencia económica y política. Es comprensible, pues, que —apoyándose más en Brasil que en los países hispanoamericanos— ese país pase a instrumentalizar el ideal de unidad que había engendrado la revolución de la independencia. Desde la primera conferencia panamericana, en 1889 —el término mismo de panamericanismo fue acuñado en Washington—, es el cauce por donde transcurrirá el esfuerzo por dar forma institucional al deseo latinoamericano de unidad.

No es sino hasta después de la segunda guerra mundial cuando Latinoamérica recobra la sensación de su identidad. Un factor que jugó para ello fue la aceleración que se verificó entonces en el proceso mundial de descolonización, que —al conllevar la toma de conciencia de su situación por parte de lo que se ha dado en llamar de Tercer Mundo—, acarreó modificaciones en el campo de las ciencias sociales. El concepto mismo de subdesarrollo y las teorías que sobre él se edificaron se dan en ese contexto.

Por otra parte, el desarrollo económico latinoamericano empezaba a favorecer la idea de la unidad. La desorganización de la economía capitalista mundial, que comenzara con la guerra de 1914 y siguiera su curso con la crisis de 1929 y la segunda guerra, no sólo había impulsado la industrialización en la región, sino que estimuló el comercio intrarregional. Este atravesó un período particularmente próspero durante la segunda guerra.

Hacia los cincuenta, se planteó a las jóvenes burguesías industriales latinoamericanas el problema de como ajustarse a la nueva estructura del comercio mundial y al proceso de internacionalización del capital, promovidos por las metrópolis imperialistas, lo que forzó la búsqueda de soluciones comunes. En el plano diplomático, la iniciativa pionera cupo a Brasil, con la llamada "Operación Panamericana"; en el económico, a la ALALC. Pero el esfuerzo principal, en esos años, se volcó hacia el campo científico e ideológico, cumpliendo actuación destacada la CEPAL en la creación de las bases de un nacionalismo latinoamericano.

En realidad, la política nacionalista de los cincuenta se saldó con fracasos, que implicaron una dependencia mucho más estrecha en relación a Estados Unidos. Pero, ahora, ese fracaso no es visto como la obra de unos cuantos países, sino de sus grupos dirigentes. El nacionalismo pasó de las manos de las burguesías industriales a las de la pequeña burguesía y dio lugar a un amplio movimiento popular. Su proyección en el campo de las ciencias sociales fueron los estudios sobre la dependencia y, en el plano político, la tesis de la unidad continental levantada por la Revolución cubana, que tuvo su Bolívar en la figura de Ernesto "Che" Guevara.

El año pasado, la solemne conmemoración que preparaba Panamá para el centenario del congreso bolivariano se frustró. El sábado último, se acallaron en casi todo el continente las manifestaciones relativas al décimo aniversario de la muerte del "Che". La unidad latinoamericana sigue siendo un ideal subversivo, por su honda ligazón con las transformaciones sociales que ella supone.