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Nicaragua:

la estrategia del FSLN

 

Ruy Mauro Marini

 

Fuente: Archivo de Ruy Mauro Marini. Publicado en El Universal, México, miércoles, 26 octubre 1977.

 

Las acciones militares emprendidas, la semana pasada, en distintas partes del país y en la misma Managua, por el Frente Sandinista de Liberación Nacional están haciendo temblar las estructuras de poder en Nicaragua. A los problemas internacionales que, en su respuesta desesperada a la ofensiva sandinista, ha creado la dictadura somocista con países vecinos, como Costa Rica y Honduras, se suma el alejamiento y aún la hostilidad que le manifiestan fuerzas que, hasta ahora, han integrado el sistema de dominación nicaragüense. Es el caso de la misma burguesía, quien, a través del Instituto Nicaragüense de Desarrollo, órgano del Consejo Superior de la Iniciativa Privada (COSIP), ha propuesto al arzobispo de Managua, Miguel Obando y Bravo, como gestor de un "diálogo nacional orientado a sacar a Nicaragua de la crisis política en que se encuentra".

La actitud del COSIP, al proclamar la incapacidad de Somoza para hacer frente a la situación, está indicando que la clase dominante nicaragüense se encuentra dispuesta a abrir mano del dictador, si ello asegura su propia supervivencia. Pero se trata de una maniobra cuya posibilidad de aceptación por parte del FSLN es prácticamente nula. Aunque este no descarte las alianzas necesarias para alcanzar su objetivo estratégico, ese objetivo no se concilia con lo que pretende el COSIP.

La táctica de los revolucionarios nicaragüenses ha llevado a que se crea, erróneamente, que estos persiguen exclusivamente la caída de Somoza, cuando su estrategia va mucho más allá: contempla una acción prolongada, que, más que un cambio de fachada, asegure la transformación radical de la situación del país. El único pronunciamiento oficial del FSLN hasta ahora, desde que comenzó su ofensiva, emitido por el frente norte "Carlos Fonseca Amador", reitera una vez más su propósito de crear un "ejército sandinista", lo que invalida la hipótesis de que estuviera poniendo en práctica un planteamiento de tipo insurreccional, con el objetivo limitado de derrocar a la dictadura.

La concepción estratégica del FSLN, en la cual la caída de Somoza no es sino una etapa, se basa en dos premisas: la estrecha vinculación de Nicaragua a Estados Unidos y el hecho de que el régimen somocista, más que un fenómeno de superestructura, es (para recurrir a un concepto célebre), la expresión concentrada del capitalismo dependiente nicaragüense. La primera de ellas se apoya en la dependencia económica y militar de Nicaragua respecto al imperialismo norteamericano.

Desde el punto de vista económico, esa dependencia se puede ilustrar con algunos indicadores. Así, el comercio exterior nicaragüense se realizaba, todavía en 1926, en un 68% fuera del circuito norteamericano; luego de la segunda guerra mundial, ese porcentaje había caído a un 4%. Las inversiones de Estados Unidos en el país, que no superaban los 36 millones de dólares a principios de los sesenta, pasaban ya de 200 millones en 1972, constituyéndose en un factor decisivo para el aceleramiento de la concentración de la tierra y el inicio de un desarrollo industrial altamente monopólico, que tuvieron entonces lugar.

Esto se puede ver en el hecho de que, en 1971, del 85% de las exportaciones agrícolas del país (algodón, café, carne, azúcar) correspondió el 1% a los propietarios rurales; esa reducida fracción latifundista controlaba, en esa fecha, el 46% del área bajo cultivo. En la industria, tomando como base las 600 empresas con más de 5 empleados, que responden por el 90% del producto industrial bruto, un 23% de las empresas produjo, en el ano considerado, el 72% del valor total.

La dependencia hacia Estados Unidos no se mide, sin embargo, tan sólo con base en la economía, sino también mediante la integración de Nicaragua al sistema de seguridad establecido por aquel país para la zona. El órgano más destacado, en este sentido, es el Consejo de Defensa Centroamericano (Condeca).

Los intereses económicos y militares de Estados Unidos en Nicaragua (que lo han llevado, en el pasado, a más de una intervención militar en el país) constituyen, de por sí, razón suficiente para que los revolucionarios nicaragüenses no se planteen la liberación nacional como el resultado de un movimiento de corta duración, factible de solucionarse con la simple remoción del dictador Somoza. El carácter mismo del régimen somocista es el otro pilar de la concepción sandinista de la guerra popular prolongada, como veremos en otra oportunidad.