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Octubre:

la revolución que Lenin deseó

 

Ruy Mauro Marini

 

Fuente: Archivo de Ruy Mauro Marini. Publicado en El Universal, México, miércoles, 9 noviembre 1977.

 

La conmemoración el pasado día 7, del 60º aniversario de la Revolución de octubre hizo recordar al hombre que, independientemente de las simpatías y antipatías que provoca, es generalmente considerado como el más grande genio político de nuestro siglo: Lenin. Sin embargo, este juicio sólo tiene validez si lo contemplamos en toda su dimensión y no a través de los estereotipos que sobre él se han construido. Es así como, aunque no fuera, ni mucho menos, un pacifista o un gradualista, Lenin sí aspiró a la revolución pacífica y a la instauración gradual del socialismo. Su grandeza está en el realismo con que concibió sus deseos y en el hecho de haber sabido abandonarlos ante una realidad rebelde a su consecución.

En efecto, en plena oleada revolucionaria y a escasos días de imponer a su partido la decisión del levantamiento insurreccional para la toma del poder, Lenin realizó un supremo esfuerzo por asegurar el desarrollo pacífico de la revolución rusa. Para ello, propuso a los socialistas revolucionarios y los mencheviques, que compartían con los bolcheviques el liderazgo de las masas, un compromiso. Este consistía en que, a cambio de que esos partidos se constituyeran en gobierno responsable ante los soviets, los bolcheviques le darían su apoyo a ese gobierno y renunciarían a los métodos revolucionarios para asegurar la transferencia de poder al proletariado y al pueblo.

El aislamiento en que se encontraban entonces la burguesía y los terratenientes, tras el intento contrarrevolucionario fracasado del general Kornilov, y la creciente influencia de los bolcheviques en los soviets eran las condiciones objetivas en que se basaba Lenin para esa propuesta de compromiso, a principios de septiembre. Desde su punto de vista, un gobierno de ese tipo, al mismo tiempo que representaría un régimen democrático, con garantía de acción para los bolcheviques (que se encontraban entonces en la ilegalidad), expresaría la alianza amplia de las fuerzas populares y la posibilidad de que estas dirimieran pacíficamente sus divergencias ante las masas. Escribía Lenin: "Sólo en nombre de este desarrollo pacífico de la revolución, posibilidad extraordinariamente rara en la historia y extraordinariamente valiosa, excepcionalmente rara; sólo en nombre de ella pueden y deben, a mi parecer, los bolcheviques‑partidarios de la revolución mundial y de los métodos revolucionarios‑ aceptar tales compromisos".

Pero Lenin no se limitaba a buscar el entendimiento de las fuerzas populares, sino que pretendía lograr la instauración del socialismo con el mínimo de sacrificio. La revolución no significaba, para él, el enfrentamiento puro y simple con la burguesía y la expropiación de ésta, sino más bien la constitución del proletariado en poder político y la capacidad de los obreros para ejercer ese poder en dirección al socialismo. "La clave de la cuestión no consistirá siquiera —afirmaba— en la confiscación de los bienes de los capitalistas, sino precisamente en el control obrero omnímodo, ejercido en escala nacional sobre los capitalistas y sus posibles adeptos. La confiscación por sí sola no basta, pues no encierra ningún elemento de organización y de cálculo de una distribución equitativa. Sustituiremos fácilmente la confiscación por la imposición de un gravamen justo, pero a condición de excluir la posibilidad de eludir el control, de ocultar la verdad, de esquivar la ley. Y esto se conseguirá sólo mediante el control obrero del Estado obrero".

Años más tarde, siendo ya la revolución una realidad, Lenin podría decir que fue el rechazo al compromiso propuesto a los demás partidos populares lo que lo decidió a impulsar, con su partido, la insurrección armada, como vía de instauración del Estado obrero. Y que fue la resistencia de la burguesía a su política de construcción gradual de una economía socialista, bajo la conducción del Estado obrero, lo que condujo a su expropiación generalizada y a la guerra civil, haciendo más difícil y costoso el logro de los objetivos a los que él dedicara toda su vida.