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El proyecto de Geisel:

institucionalización sin democratización

 

Ruy Mauro Marini

 

Fuente: Archivo de Ruy Mauro Marini. Publicado en El Universal, México, miércoles, 16 noviembre 1977.

 

El cuarto gobierno militar que, encabezado por el general Ernesto Geisel, asumió el poder en Brasil, en 1974, en el marco del régimen dictatorial instaurado diez años antes, tenía una misión definida: afianzar e institucionalizar al régimen, tras un período de feroz represión. Ello —que correspondía a una exigencia de la doctrina de la contrainsurgencia, por la que se guían los militares brasileños— dio lugar al planteamiento de una apertura política, que implicaba el retorno gradual a una democracia restringida. El primer paso en este sentido, mediante el restablecimiento limitado del juego electoral, se tradujo en una nutrida votación popular en favor del único partido legal de oposición. Pese a ese tropiezo, el Gobierno no pudo limitar su proyecto de apertura, debido a la presión de tres factores, que gravitan actualmente con fuerza en la vida brasileña.

El primero es la reactivación del movimiento de masas, en el que estudiantes, intelectuales y otros sectores medios desempeñan papel relevante, apoyados objetivamente en la reorganización y la lucha reivindicativa de la clase obrera, así como en la agudización de las contradicciones interburguesas. La crisis mundial precipitó la eclosión de problemas que se venían gestando en el seno del llamado "milagro económico", incidiendo en la creación de esa nueva situación. En efecto, no sólo se ha deteriorado el poder adquisitivo de los salarios obreros y aumentado el desempleo, sino que se han degradado las condiciones de vida de las clases medias, y amplios grupos patronales se encuentran sumidos en el estancamiento o la bancarrota.

El segundo factor se encuentra representado por el cambio de Gobierno en Estados Unidos. Empezando con la cuestión de los derechos humanos, tema que ha perdido progresivamente importancia, y el problema nuclear, que se ha mantenido activo debido a la oposición de Carter a los proyectos brasileños en este campo, las fricciones con Washington estimularon en Brasil a la oposición burguesa, repercutiendo indirectamente en la ampliación del margen de acción del movimiento popular. Aunque maniobre para presionar a Estados Unidos mediante el acercamiento a Alemania Federal y Japón, el Gobierno brasileño no cosecha los frutos esperados, debido a las dificultades económicas que enfrentan esos dos países.

A esos factores, se ha sumado la sucesión presidencial, prevista para el próximo año. Su principal efecto ha sido el de ampliar la incidencia de las contradicciones políticas en el seno de las fuerzas armadas, soporte fundamental del régimen. La crisis militar se hizo evidente, en octubre pasado, cuando Geisel exoneró a su ministro de Ejército, general Sylvio Frota, uno de los más fuertes candidatos a sucederlo. Si esto constituyó un acto de fuerza ante el ala dura del Ejército, que se nucleara en torno a Frota, oponiéndose a la continuación de la apertura, el hecho de que Geisel haya nombrado para el Ministerio al general Fernando Belfort Bethlem, anticomunista fanático, sólo prueba una cosa: que el Gobierno no pretende ni mucho menos proceder a una verdadera democratización, que restrinja el papel de los militares en la política.

El discurso que deberá pronunciar Geisel, el 1° de diciembre, en la clausura de la convención del partido gubernamental, es esperado como la palabra oficial al respecto. Se estima probable que, junto con permitir un juego de partidos más libre, el Gobierno anuncie la supresión del acta institucional número 5, que le da poderes discrecionarios, pero sin renunciar a éstos, ya que propondrá su permanencia a través de una reforma constitucional. De confirmarse esto, Geisel no hará sino echar más leña a la hoguera: descontentará a los militares duros, que no desean ninguna concesión, y decepcionará a los sectores moderados de la oposición burguesa y popular, dando razón a los que se pronuncian por una lucha más decidida contra la dictadura brasileña.