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Estados Unidos:

fracasa la política económica

 

Ruy Mauro Marini

 

Fuente: Archivo de Ruy Mauro Marini. Publicado en El Universal, México, miércoles, 7 diciembre 1977.

 

Al asumir la presidencia de Estados Unidos, James Carter se dispuso a aplicar una política destinada a hacer frente a la crisis en que se debatía la economía norteamericana. La primera característica de esa política era la intención de descargar los costos de la recuperación sobre otros países, tanto los subdesarrollados (como lo experimenta en la carne América Latina) como sus principales competidores en el campo capitalista: Alemania Federal y Japón. La segunda característica era la de encauzar a la recuperación, en el plano interno, mediante la estimulación de la demanda (lo que implicaba una reforma fiscal destinada a poner un incentivo al consumo individual) y la reducción del desempleo.

A los obstáculos con los que ha chocado externamente, que comentamos la semana pasada, Carter ha debido añadir los problemas surgidos en el frente interno, para lograr sus objetivos. En efecto, pese al déficit de la balanza comercial (que arrojará este año una cifra récord en la historia de Estados Unidos) y medidas fiscales poco coherentes, que han mantenido las presiones inflacionarias, la política económica del actual gobierno no justifica las esperanzas de quienes esperaban de él un new deal, una política keynesiana de déficit fiscal y estímulos monetarios a la demanda, apuntando a una efectiva recuperación. En este sentido, Carter ha encarado importantes presiones empresariales, que se apoyan en el propio aparato de Estado para obstaculizar una política de ese tipo.

Es así como se ha sabido, recientemente, a través del último informe de la Junta de Reserva Federal, que esta institución —que corresponde al banco central de Estados Unidos— ha frenado la política de devaluación cambiaria que el gobierno impulsa a través de la secretaría del Tesoro. Así, en octubre, mientras, ésta favorecía la declinación del dólar en el mercado internacional de divisas, la Junta buscaba contenerla, llegando a realizar la compra inusual de dólares por una cantidad de 200 millones.

 Por otro lado, declaraciones recientes del presidente de la Junta, Arthur F. Burns, muestran su posición respecto a las intenciones sociales de Carter en materia de política económica. Estimando que el problema no está en la insuficiencia de demanda para la producción, Burns deja ver que, en tal caso, cualquier estímulo monetario o fiscal al consumo no puede sino tener efectos inflacionarios. La solución, desde su punto de vista, es otra: el aliento a la inversión, lo que implica que los estímulos fiscales deben ser de hecho subvenciones a los capitalistas y no transferencia de recursos a los consumidores. Asimismo, Burns considera que no conviene buscar una reducción importante en el desempleo, sino más bien retirar las restricciones a los despidos de los trabajadores y reducir los salarios mínimos, particularmente para los jóvenes, como medidas tendientes a hacer bajar la participación de los salarios en los costos. En ambos casos, se estaría contrarrestando la baja de la cuota de ganancia de las corporaciones productivas norteamericanas, baja que es un hecho desde 1966.

Ante esa situación, la tendencia de Carter ha sido la de retroceder, respecto a sus posiciones iniciales. Junto a aceptar la reducción de la tasa de crecimiento en 1978, el gobierno admite ya que no se logrará la reducción del desempleo (que oscila en torno a un 7%) al 6.5% que había anunciado para fines de este año. La reforma fiscal prometida por Carter ha sido postergada indefinidamente. Además, en la misma secretaría del Tesoro, se observa una preocupación creciente respecto a la contención del déficit fiscal.

Si esto reconcilia Carter con las grandes corporaciones norteamericanas, lo indispone cada vez más con los sectores sociales que aseguraron su elección, tales como los negros, los jóvenes, los sindicatos. Antes de cumplir su primer año en la Casa Blanca, Carter está siendo pues llevado a opciones que ponen al desnudo el carácter de clase de su gobierno y hacen prever el resurgimiento de nuevas crisis políticas en Estados Unidos, tras la tregua observada en los últimos meses.