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La propuesta de Geisel:

cambio y continuidad

 

Ruy Mauro Marini

 

Fuente: Archivo de Ruy Mauro Marini. Publicado en El Universal, México, miércoles, 14 diciembre 1977.

 

El discurso del general Ernesto Geisel en la clausura de la convención del partido gobiernista, Alianza Renovadora Nacional (ARENA), el pasado día 1°, en Brasilia, relativo a la reforma política, debe ser considerado bajo dos aspectos. Por un lado, representa la afirmación de la línea militar encabezada por Geisel, que busca mantener bajo control el incontenible proceso de apertura política que atraviesa actualmente Brasil. Por otro, fija el estrecho límite que el régimen pretende imponer a esa apertura, lo que choca con los objetivos que persigue la oposición democrática brasileña.

La apertura se inició, en Brasil, en 1974, al asumir Geisel la presidencia, en un país cansado de la violenta dictadura ejercida por el régimen militar, la cual acabara por aislarlo políticamente. Ese aislamiento, paralelo al carácter cada vez más excluyente asumido por el régimen, repercutía ya en las propias fuerzas armadas. Estas habían logrado un grado importante de participación en el poder, durante los dos primeros gobiernos militares, mediante las deliberaciones del colegio de generales y coroneles.

Sin embargo, a partir del gobierno del general Emilio Garrastazú Médici, que antecedió al de Geisel, la toma de decisiones pasara a restringirse a los trece generales que componen el alto mando del Ejército, a cuya sombra se consolidaron los órganos de inteligencia y represión, en el marco de la campaña de terror desatada por el régimen a fines de 1968. El ascenso de Geisel a la presidencia, junto con plantear el inicio de la apertura, como recurso para relegitimar al régimen, acentuó aún más su carácter autoritario: el centro del poder pasó a estar constituido por el presidente, los jefes de los gabinetes civil y militar, así como del Servicio Nacional de Información, los tres ministros militares y los jefes de estado mayor de las tres ramas de las Fuerzas Armadas.

Esta situación llevó a que, en sus cuatro años de gobierno, Geisel haya debido caminar sobre el filo de la navaja. Por una parte, se le ha opuesto un creciente movimiento popular de lucha contra la dictadura, el cual ha sabido organizar en favor suyo órganos (como el partido oficial de oposición: Movimiento Democrático Brasileño, MDB) y mecanismos (como las elecciones restringidas), que ésta creara para su propio uso. La situación del Gobierno no hizo sino agravarse cuando la crisis económica alejó de él a fracciones de la misma burguesía, descontentas con la política económica adoptada.

El segundo obstáculo que ha deparado el planteamiento político de Geisel fue la oposición que éste encontró en las Fuerzas Armadas, y en particular, en el Ejército. Esa oposición se derivó tanto del miedo que tienen los militares al crecimiento del movimiento popular, como de su misma exclusión de la participación directa en el Gobierno. Ello posibilitó la formación de liderazgos ajenos e incluso contrarios a Geisel, quien tuvo que enfrentarlos repetidas veces. El choque más reciente —y, pareciera ser, decisivo— se dio con el ministro de Ejército, Silvio Frota, quien resultó dimitido del cargo, en octubre pasado.

El reforzamiento de Geisel en el Ejército, aunado a su reacercamiento al Alto Mando, quien fue consultado respecto al pronunciamiento, explica el discurso del 1° de diciembre. Pero la misma causa que hizo posible al discurso le imprimió a éste un carácter restrictivo para la lucha democrática brasileña. En efecto, pese a que admitió la posibilidad de eliminar las leyes de excepción vigentes, Geisel anunció que éstas serán reemplazadas por normas constitucionales. Asimismo reivindicó las restricciones que él mismo impusiera al juego electoral, en abril último. En consecuencia, dichas normas serían establecidas por un Congreso amañado por el Gobierno.

Al reafirmar la línea de liberalización restringida e impuesta desde arriba, Geisel muestra que controla la situación militar, pero no puede menos que decepcionar a amplios sectores de la oposición, en particular al movimiento popular democrático. Lo que revela su discurso es la intención de proceder a algunos cambios institucionales para asegurar la continuidad de la dictadura. Esa fórmula no hará sino propiciar que se perfile con más fuerza el planteamiento de los sectores que, en la oposición, ligan la lucha por la democracia con la liquidación del régimen militar.