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Economía latinoamericana:

nueva inserción en el mercado mundial

 

Ruy Mauro Marini

 

Fuente: Archivo de Ruy Mauro Marini. Publicado en El Universal, México, miércoles, 15 marzo 1978.

 

En la coyuntura actual, determinada por la crisis económica internacional, las economías latinoamericanas están sufriendo profundas transformaciones que apuntan a la modificación de su estructura productiva y a un nuevo modo de ajuste entre ellas, así como entre Latinoamérica y la economía mundial. Un elemento básico, en ese proceso, es la acción del Estado en el campo de la política arancelaria. Allí, se abandona el proteccionismo, bajo el cual se desarrollaron las economías de la región, después de la crisis de 1929, y se tiende al comercio abierto, fundado en la competitividad.

Las informaciones recientes sobre Argentina muestran como la política económica de la Junta militar va en esa dirección. La protección industrial en Argentina, según el Banco Mundial, alcanza un promedio de 39%, cuya importancia se puede apreciar si se considera que, en los países capitalistas avanzados, el nivel proteccionista de las tarifas arancelarias no supera al 10%. Ahora bien, desde noviembre pasado, las tarifas de importación argentinas presentan una tendencia visible a la baja, reduciéndose entre 20 y 100% para los productos terminados y hasta 20% para los insumos intermedios.

Un proceso similar se observó en Chile, después del golpe militar de 1973. La reducción arancelaria comenzó en agosto de 1974 y se encuentra hoy prácticamente terminada. Su resultado ha sido el de que las tarifas de importación oscilan entre 10 y 35% según la categoría. Entre 1975 y 1977, los gravámenes a la importación bajaron de un promedio de 92% a uno de 21% para todas las categorías.

Esta política arancelaria va acompañada de una modificación inversa en lo referente a las exportaciones, las cuales son subsidiadas, mediante incentivos y exenciones fiscales, además de contar con amplias facilidades de crédito. El elevado saldo de la balanza comercial argentina, en 1977, se puede equiparar, para ilustrar lo que se ha dicho, con los saldos también obtenidos en países como Chile y Brasil. Para ese resultado, concurrieron en forma apreciable las exportaciones no tradicionales (que comprenden manufacturas, pero también productos primarios), así como la diversificación observada en cuanto a mercados.

El caso de Chile, aunque poco conocido, es ejemplar. Sus exportaciones, excluido el cobre, comprenden productos agrícolas y forestales, papel, productos químicos y manufacturados. En conjunto, aumentaron más de 25% en los primeros seis meses de 1977 respecto a igual período de 1976. Se esperaba que superaran la marca de 1,000 millones de dólares a fines del año, contra sólo 270 millones de dólares que representaron en 1970.

 Las alteraciones en la estructura del mercado son también visibles. En 1970 las exportaciones chilenas a los países de la ALALC constituían sólo 12% del total, contra 60% exportado a Europa. Hoy día, esas participaciones son de 40% y 30%, respectivamente. Japón, Brasil y el Medio Oriente muestran una marcada progresión como importadores de mercancías chilenas.

Estos indicadores, independientemente de que sufran todavía la incidencia de la crisis económica que atraviesan países como Chile y Argentina, son significativos. Corresponden a la modificación de la producción interna y a una apertura externa, obtenidas a costa de la restricción del consumo popular y la destrucción de empresas y, a veces, de ramas de producción enteras, como pasó con la electrónica en Chile. Su importancia reside en que están apuntando a un reordenamiento de la economía latinoamericana y la alteración de su inserción en el mercado mundial.