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La guerra del Pacífico:

un centenario amenazador

 

Ruy Mauro Marini

 

Fuente: Archivo de Ruy Mauro Marini. Publicado en El Universal, México, miércoles, 22 marzo 1978.

 

La ruptura de relaciones de Bolivia con Chile evidencia el fracaso de la política internacional del régimen de Pinochet, en el cono sur. Este buscó, desde un principio, acumular fuerzas para enfrentar la difícil coyuntura que se abrirá el año próximo, en el centenario de la guerra del Pacífico, en la cual Perú y Bolivia perdieron territorios en provecho de Chile. En este sentido, Pinochet trató de estrechar lazos con Brasil y Argentina, mientras se acercaba a Bolivia, para oponerla a Perú.

El acercamiento a Brasil y luego a Argentina se vio favorecido por el incremento de las relaciones comerciales con esos países. Ello llevó incluso a Chile a desprenderse del Pacto Andino, aspirando a integrarse a la cuenca del Plata (la que incluye Bolivia, pero excluye Perú). Ese desplazamiento de alianzas tenía que ver, también, con la pretensión chilena de convertirse en un país atlántico, zona de creciente importancia estratégica.

La maniobra tendiente a aislar Perú se veía facilitada por la animosidad que el régimen de Velasco Alvarado despertaba en las dictaduras vecinas, particularmente Brasil. Apadrinado por éste, Chile logró que se reanudaran las relaciones diplomáticas con Bolivia, en 1975, y que tuviera inicio la negociación entre los dos países respecto al problema de la salida al mar, levantado por Bolivia a raíz de la guerra del Pacífico. Hasta ahí, la suerte parecía sonreírle a Pinochet.

Sin embargo, desde 1976, los vientos cambiaron. El ascenso de los militares argentinos al poder los lleva a chocar con la Junta chilena, en virtud de que, como Chile, también reclaman derechos sobre la banda oriental del canal de Beagle. Luego, el recambio de Velasco por Morales Bermúdez modificó la posición peruana en el cono sur, permitiéndole acercarse a Brasil y, luego a Bolivia. Además, a fines del año, la pretensión de Chile de unirse a los países de la cuenca del Plata no fue aceptada, quedando éste como observador.

Pero lo más grave fue lo ocurrido con las negociaciones con Bolivia. Incapaz de superar su chauvinismo, los militares chilenos no supieron proponer a La Paz sino un acuerdo de poco interés. En efecto, Chile ofreció a Bolivia un estrecho corredor hacia el Pacífico, con una costa de acantilados, en donde sólo con gastos cuantiosos y prodigios de ingeniería sería posible construir un puerto. A cambio de esa zona, que —además de enclavarse entre Chile y Perú, eliminando el problema de fronteras con éste— debería estar desmilitarizada, Chile exigió compensaciones territoriales en el altiplano boliviano.

Aunque Bánzer aceptó inicialmente la propuesta, enfrentó fuerte oposición interna, que arreció al definirse la posición de Perú. En noviembre de 1976 éste aceptó el corredor territorial cedido a Bolivia, reclamando sin embargo sus derechos sobre Arica, mediante el establecimiento de una soberanía tripartita y descartando la necesidad de que Bolivia compensara a Chile con territorios suyos. Con esto Perú neutralizó la maniobra chilena y dio fuerza al descontento nacionalista en Bolivia, llevando las negociaciones al estancamiento.

Puesto en difícil posición, Bánzer trata ahora, al romper relaciones con Chile, de recuperar algo del prestigio perdido, que falta le hace, a escasos meses de las elecciones presidenciales bolivianas. Chile, por su lado, ve acercarse 1979 en una situación incómoda: en litigio con Argentina, aislado del Pacto Andino y con Brasil en una actitud de observador. Parece difícil que Pinochet pueda revertir la situación, antes de que suene la hora del ajuste de cuentas con Perú y Bolivia.