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Cambios en el "modelo":

la economía brasileña se hace más excluyente

 

Ruy Mauro Marini

 

Fuente: Archivo de Ruy Mauro Marini. Publicado en El Universal, México, miércoles, 19 abril 1978.

 

La economía brasileña presentó en 1977, junto al descenso de la tasa de crecimiento de producto bruto (resultado inevitable de la política antiinflacionaria del gobierno), índices globalmente favorables, como la reducción de la inflación, el aumento de las exportaciones, la obtención de un saldo comercial positivo, etc. En términos generales, su comportamiento confirmó la persistencia de las tendencias centrales que caracterizan al "modelo" instaurado por el régimen militar, entre las que sobresale el desajuste sectorial que perjudica a las industrias de bienes de consumo popular, las bajas remuneraciones de los trabajadores y la consiguiente concentración del ingreso, la creciente deuda externa, entre otras. Pero reveló también rasgos de los que conviene tomar nota.

Así, la expansión hacia afuera, que ha caracterizado al "modelo", tiene sus particularidades. Una de ellas es la diversificación de mercados, que implica un cambio de jerarquía de los mismos, llevando a que el mercado norteamericano, aunque conserve el primer puesto, pierda progresivamente importancia a favor de Alemania Federal y Japón. A esto se suma la expansión hacia áreas nuevas, como África, Medio Oriente, China. Otra particularidad de la expansión comercial es que, en su contexto, los productos manufacturados aumenten su peso más rápidamente que los bienes primarios o semiindustrializados y, entre ellos, los "no tradicionales" (máquinas, material eléctrico y de transporte, productos siderúrgicos) se exporten a mercados que no comprenden Estados Unidos y el Mercado Común Europeo, prioritariamente. Lo que indica que la diversificación de mercados no es ajena a la diversificación de la composición misma de las exportaciones.

Con esas características, la expansión hacia afuera se mantuvo el año pasado, llevando a que las exportaciones pasaran de 10,000 a 13,000 millones de dólares, de un año a otro. Pero más interesante es observar cómo se comportó la economía, tras los altibajos provocados por la crisis mundial de 1974‑75, y al esforzarse por lograr su reordenamiento. Desde esa perspectiva, destaca la orientación que presidió en 1977, al movimiento de inversiones, puesto que son ellas las que pueden sostener una nueva fase expansiva. Salta a la vista el lugar privilegiado que ocupó el área de producción de bienes de capital e insumos intermedios, tales como la metalúrgica básica, la química, petroquímica, minerales no metálicos, cemento y celulosa: juntas, esas ramas se llevaron el 93 por ciento de la inversión fija en el año. Si le añadimos a ese porcentaje el 5 por ciento que le tocó a la industria automotriz y de refacciones (rama suntuaria, que centró en torno suyo el desarrollo industrial del último período), no le queda casi nada a las demás industrias de bienes de consumo.

Pero lo más notable es que la inversión fija privada, que corresponde a las compras que hace el sector privado a la industria de bienes de capital (si descontamos la pequeña participación de 5% que tiene el exterior), no suma sino 2,500 millones de dólares. En cambio, las encomiendas públicas, o sea, las órdenes de compra del Gobierno a dicha rama industrial, arrojan una cifra de 2,900 millones de dólares. Más de la mitad, por lo tanto, del total.

A la actual fase recesiva, el "modelo" económico brasileño responde aumentando las exportaciones, dinamizando la industria pesada y fortaleciendo la intervención estatal. Esa intervención opera ya en el sentido de acelerar la reconversión de parte de la industria pesada a la producción bélica, como lo indica la escasa información disponible sobre el "complejo industrial‑militar" que alienta el Gobierno militar. No sorprende, así, que se refuerce la simbiosis entre el gran capital y el Estado y que, junto a una mayor presión sobre la clase obrera, el bloque en el poder provoque el deterioro de las condiciones de vida de las capas medias. Es ese el caldo de cultivo de la crisis política que se cierne hoy sobre la sociedad brasileña.