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Carter y Latinoamérica:

tres etapas de una política

 

Ruy Mauro Marini

 

Fuente: Archivo de Ruy Mauro Marini. Publicado en El Universal, México, miércoles, 3 mayo 1978.

 

La anunciada visita del presidente James Carter a Panamá, para la ratificación de los nuevos tratados sobre el canal, confirma la impresión de que la política del actual Gobierno norteamericano hacia América Latina ha entrado en una nueva fase. En efecto, podemos distinguir una primera etapa, desde que Carter llega a la Casa Blanca hasta mediados del año pasado, seguida de otra, que se extiende hasta principios de este año. A partir de entonces, se aprecian modificaciones en la política norteamericana, que nos permiten hablar de una tercera fase.

La primera etapa estuvo signada por la puesta en marcha de las negociaciones con Panamá, respecto al status del canal; las presiones sobre las dictaduras latinoamericanas, en favor del respeto a los derechos humanos o, más concretamente, de una relativa democratización, y el enfrentamiento con el Gobierno brasileño en torno al problema nuclear. Los resultados de ese período fueron pobres. Las negociaciones sobre el canal se estancaron. Los intentos por modificar la política nuclear brasileña se estrellaron con la negativa de ese país. La aplicación de medidas duras contra las dictaduras latinoamericanas, para forzarlas a aceptar el planteamiento de Estados Unidos sobre la democratización, produjo enfrentamientos con casi todas ellas.

Sin embargo, el problema de fondo, en esa fase, fue la ambigüedad del planteamiento norteamericano mismo. No se trataba tanto del contenido de la democratización, el cual no se apartaba del concepto de "democracia viable" o restringida, que elaborara el Departamento de Estado todavía en la época de Kissinger. El meollo de la cuestión residía, más bien, en saber quién se haría cargo de convertir a las dictaduras latinoamericanas en "democracias viables". Sobre la base de esa duda, se agitó la oposición burguesa en los países interesados, dando lugar a que se planteara el peligro de la desestabilización, lo que podría allanar el camino de la resistencia popular latinoamericana.

Es cuando se observa la evolución de la política norteamericana hacia una nueva etapa. En ella, se aceleran las negociaciones sobre el canal, llegándose a un resultado satisfactorio para ambas partes. Simultáneamente, se impone la posición más conservadora, en relación a la democratización, que expresaba el subsecretario de Estado para América Latina, Terence Todman, a la cabeza de ex embajadores, funcionarios del Departamento de Estado y parlamentarios, y de acuerdo con el Pentágono. El predominio de la posición de Todman queda evidenciada en su visita a Chile y Argentina, cuando logra acuerdos con Pinochet y Videla, y se consagra mediante la invitación de Carter a los dictadores latinoamericanos para el acto de firma de los tratados del canal, en Washington. En lo esencial, la política de Todman implicaba poner en manos de los mismos militares la cuestión de la democratización, asignándoles la responsabilidad de fijar los plazos y modalidades para su implantación.

Los últimos acontecimientos configuran una nueva etapa. Allí está la ratificación de los tratados del canal por el Congreso norteamericano; la visita de Carter a Venezuela y Brasil; el alejamiento de Todman de su cargo, anunciado significativamente por el Gobierno venezolano, y las presiones norteamericanas sobre Chile, que redundaron en medidas parciales de liberalización. Lo que se observa con claridad es que se mantienen los objetivos de la primera etapa, pero también la metodología establecida por Todman: lograr las "democracias viables" mediante la institucionalización de las mismas dictaduras.

Esto despeja el panorama de las relaciones entre Estados Unidos y América Latina. Pero deja un punto sombrío, un interrogante fundamental: ¿aceptarán esa solución los principales interesados en la democratización: los pueblos de América Latina?