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Conflicto del Beagle:

los militares, la política y la guerra

 

Ruy Mauro Marini

 

Fuente: Archivo de Ruy Mauro Marini. Publicado en El Universal, México, miércoles, 8 noviembre 1978.

 

El recrudecimiento de las tensiones entre Argentina y Chile, motivadas por la disputa relativa al Canal de Beagle, es un aspecto necesario del desarrollo político reciente de Sudamérica. No era preciso ser profeta para saber que las dictaduras militares, que empiezan a implantarse allí después de 1964, traían en su seno la guerra. O, para ser más exactos, la amenaza permanente de guerra.

Este matiz se impone, para evitar interpretaciones equivocadas. En efecto, se tiende a afirmar que la tendencia belicista de las dictaduras latinoamericanas es idéntica a la del fascismo europeo, del mismo modo como se cree que el terrorismo estatal que ellas encarnan es exactamente el mismo que el que correspondió al fascismo. Se pierde de vista que las aventuras guerreras de Alemania e Italia fueron, en su tiempo, el resultado de factores específicos, que no tienen la misma vigencia en el Cono Sur. Entre ellos, el mito racista, el revanchismo engendrado por la humillación de la derrota y, el más importante de todos, la presión expansionista de una gran burguesía que se había retrasado en el reparto colonial del mundo.

Alguno de esos ingredientes puede estar en la raíz de la política agresiva de esta o aquella dictadura sudamericana, pero la configuración de los factores que motivan esa política es distinta, porque distinto es su resorte propulsor. No quiere esto decir que, en algunos casos, como el de Argentina y en especial Brasil, el gran capital no genere también presiones expansionistas. Pero estas no derivan hacia guerras de conquista, cuando más no fuera por el hecho de que, en el contexto actual del desarrollo capitalista, el colonialismo (es decir, la política de anexiones territoriales) ha cedido lugar a formas mucho más sofisticadas de hegemonismo económico.

La amenaza de conflictos bélicos en Sudamérica tiene una causa diversa a la del fascismo europeo. Se origina del hecho de que, por razones internacionales, pero sobre todo por su debilidad política en el plano interno, la burguesía ha debido erigir a las Fuerzas Armadas en élite dirigente, confiándoles la gestión del aparato estatal. Ello ha implicado que las cuestiones políticas se hayan convertido en asuntos de seguridad nacional, llevando a que el horizonte de lo político se moviera peligrosamente hacia el terreno de la guerra.

En efecto, allí donde la lucha de clases nacional se presenta como un problema militar, a ser zanjado por medios militares (contrainsurgencia, guerra antisubversiva), las relaciones internacionales tienden a asumir el mismo carácter. Para los militares, el ejercicio del poder será siempre una cuestión de fuerza. Y en donde priva la fuerza como vía de solución de conflictos, el enfrentamiento es siempre el último recurso.

Esta actualidad de la guerra, en tanto que dimensión de la política, que se observa hoy en Sudamérica, no implica empero que la región vaya sin remedio hacia la conflagración bélica. A diferencia del fascismo, las dictaduras militares latinoamericanas no cuentan con una base social firme que les permita lanzarse a aventuras militares sin el peligro de que las armas puestas en manos del pueblo no se vuelvan contra ellas. Si las fuerzas populares, haciendo a un lado toda tentación chauvinista, les hacen presente este hecho, los generales que gobiernan el Cono Sur no pasarán de enseñarse los dientes los unos a los otros, sin atreverse a ir más allá. Seguirán ladrando, pero no morderán.