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Brasil:

se mantiene la dictadura derrotada

 

Ruy Mauro Marini

 

Fuente: Archivo de Ruy Mauro Marini. Publicado en El Universal, México, miércoles, 13 diciembre 1978.

 

Pese a la lentitud con que se realiza el recuento de votos, los resultados parciales de las elecciones legislativas del 15 de noviembre pasado, en Brasil, permiten ya formarse una idea de la situación. En la votación global, la oposición tendrá una ventaja de 5 millones de votos, sobre un total de 40 millones de electores, derrotando categóricamente al partido oficial: Alianza Renovadora Nacional (Arena). Esa victoria del partido opositor, Movimiento Democrático Brasileño (MDB), es resultado, sobre todo, de la votación obtenida en las zonas de mayor desarrollo económico y cultural del país, los estados del sur y algunos del centro, y en particular en las ciudades, aunque se hayan registrado avances también en otras regiones.

Sin embargo, la victoria electoral no asegura a la oposición una modificación drástica de la correlación de fuerzas en el plano institucional, una vez que el Gobierno seguirá detentando la mayoría en ambas cámaras del Congreso. Esto se debe, principalmente, a que, en previsión del avance opositor, el régimen se anticipó con algunas medidas destinadas a frustrarla. Así, modificó el sistema de representación proporcional, el cual, antes referido al número de electores, pasó a basarse en el número de habitantes de las unidades de la federación, medida aparentemente democrática que sobrevalora el voto de las regiones más atrasadas; por otra parte, una vez que debería renovarse el Senado en dos tercios, dispuso que un tercio de los senadores serían los que han quedado conocidos como "biónicos" o "de probeta", es decir, designados sin interferencia del voto popular.

La contradicción entre el plano electoral y el plano institucional estaban, pues, previstas de antemano, pero esto no restaba importancia a los comicios. En efecto, precisamente por el avance de la oposición legal, en el marco polarizador creado por el propio régimen, al instituir el bipartidismo, las mismas fuerzas gobiernistas han pasado a desear una flexibilidad, mediante la creación de nuevo partidos. Esto confluye con el interés de sectores de la oposición, que desean perfilar con mayor nitidez su línea política o simplemente abrir campo a ambiciones individuales. Es natural que los distintos proyectos que se entrecruzan, respecto a la reformulación partidaria, tomen como punto de referencia fundamental los resultados de los comicios recién efectuados.

La realidad, empero, es que éstos presentan cierta complejidad y son susceptibles de prestarse a interpretaciones distintas. Así, la amplia victoria del MDB, desde el punto de vista de las elecciones para el Senado, donde ha triunfado por lo menos en nueve estados, se restringe bastante si la consideramos desde el punto de vista de las elecciones para la Cámara de Diputados e, incluso, de las asambleas estatales, que se eligieron conjuntamente; esa victoria sólo es indiscutible en Río Grande do Sul, Sao Paulo y Río de Janeiro, así como, en menor medida, en Minas Gerais. Por otra parte, aunque la votación de la oposición exprese un repudio mayoritario del pueblo brasileño a la dictadura, que permite decir que casi siete de cada diez electores han votado en contra del régimen, las votaciones individuales más expresivas, aún en esos estados, se han concentrado en políticos conservadores, lo que les confiere cierta ambigüedad.

Pero el hecho que no debe perderse de vista es que, a diferencia de lo que pasó en 1974, cuando se redujeron en favor de los votos dados a la oposición, en las elecciones de 1978 han aumentado los votos nulos y en blanco. El fenómeno es particularmente notable en los barrios obreros de Sao Paulo. Pareciera que, ante la tibieza do la oposición oficial al régimen, una masa significativa, de extracción marcadamente popular, haya querido expresar su disconformidad con la ausencia de canales legales de expresión.

Es este factor que debe preocupar, en primer lugar, a las fuerzas populares y de izquierda, que se reorganizan para interferir en el proceso de reorganización partidaria que se gesta en Brasil.