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Argentina:

contradicciones de la recesión

 

Ruy Mauro Marini

 

Fuente: Archivo de Ruy Mauro Marini. Publicado en El Universal, México, miércoles, 27 diciembre 1978.

 

La economía argentina arrojó este año cifras que admiten interpretaciones divergentes y que sirven, por esto mismo, de acicate a las pugnas internas y las consecuentes presiones sobre el Gobierno. En efecto, la situación del ministro de Economía, José Martínez de Hoz, y de la política que implanta desde 1976 nunca había sido tan difícil como ahora. Y esto, paradójicamente, cuando la mayor parte de los resultados a que aluden las estadísticas ha estado permanentemente planteada como objetivos de dicha política.

No es, necesariamente, el caso de la reducción de un 2.9% sufrida por el producto interno bruto, respecto al año anterior, aunque no pueda decirse que ella estuviera excluida de los cálculos del Gobierno. Más que un crecimiento global inmediato, este busca, junto a la eliminación de la inflación, la readecuación del aparato productivo y un nuevo equilibrio en sus relaciones con el exterior, lo que comporta perfectamente la caída del producto bruto, durante un cierto período. La cuestión reside más bien en las situaciones particulares que están detrás de ese índice global.

El núcleo de la política económica está en la búsqueda de una "economía abierta de mercado", que repose sobre la intensificación de las relaciones con el exterior y la readecuación del aparato productivo, mediante la eliminación de empresas o ramas poco competitivas. Desde el punto de vista de las exportaciones, este año ha sido coronado de éxito, ya que éstas se han expandido notablemente, debiendo alcanzar la cifra de los 6,500 millones de dólares, lo que se traducirá en un saldo positivo en la balanza comercial y aumento de las reservas. Pero este éxito puede ser visto también desde otra perspectiva.

Así, es necesario considerar, primero, que el aumento de las exportaciones se debe, en parte, a la reducción del consumo interno; esto es particularmente visible respecto al acero, cuyo consumo per cápita disminuyó de 150 a 100 kilogramos entre 1977 y 1978, permitiendo que un 35% de la oferta pudiera ser dirigido al exterior. Por otro lado, al aumento de las exportaciones correspondió un incremento de importaciones, que se traduce, en muchos casos, en una mayor competencia en el mercado interno, con consecuencias ruinosas para la industria nacional. Este es el caso de los productos electrónicos, donde hay renglones en que las importaciones aumentaron hasta en un 457% en 1978 respecto al año anterior.

Es natural, pues, que el proyecto económico del Gobierno suscite resistencias, que nacen de grupos empresariales amenazados por la nueva "economía de mercado", así como de las mismas Fuerzas Armadas. Estas miran con recelo el retraso de Argentina en un sector como, por ejemplo, el del acero: aquí, el país perdió, en los últimos años, al primer lugar que ostentaba en el consumo per cápita, siendo superado por Brasil, Venezuela y México, así como en la producción, la cual ha crecido, entre 1965 y 1977, sólo en un 95%, contra un aumento de 273% en Brasil y de 162% en México.

Esas resistencias se traducen en presiones contradictorias sobre el Gobierno, cuyo proyecto económico se ve obstaculizado e incluso, sufre retrocesos, como ha pasado con la lucha contra la inflación. Esta, tras alcanzar un 347.5% en 1976, fue reducida a casi la mitad el año siguiente y continuó cayendo, pero debe arrojar este año una cifra de 184%, al revés del 100% previsto. Ello ha llevado a que, recientemente, el Gobierno anunciara un nuevo paquete antiinflacionario, que regirá a partir del 1° de enero, que agrava los cortes presupuestarios, además de elevar las tarifas de los servicios públicos y el precio de los combustibles.

Nada de esto permite remontar la coyuntura recesiva que atraviesa la economía y no puede sino agudizar el descontento y las pugnas que de allí se derivan.