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Vietnam invadido:

implicaciones de la agresión china

 

Ruy Mauro Marini

 

Fuente: Archivo de Ruy Mauro Marini. Publicado en El Universal, México, miércoles, 21 febrero 1979.

 

La agresión china a Vietnam introduce un nuevo factor de perturbación en las relaciones ya considerablemente tensas que rigen actualmente entre las potencias mundiales. Preocupa, en particular, la tranquilidad y casi indiferencia con que fue recibida por los gobiernos occidentales, sobre todo el de Estados Unidos, y la misma ONU. Aun suponiendo que éstos se encontraban ya informados de las intenciones de Pekín, por las conversaciones que Teng Hsiao‑Ping mantuvo en su reciente gira, no deja de ser chocante que se acepte sin protesta que un país se arrogue el derecho de usar la fuerza contra un vecino, realizando una "expedición punitiva". Actitudes de esa naturaleza traen a la memoria las andanzas de Hitler y Mussolini, que precedieron a la segunda Guerra Mundial,

Se puede pensar que la agresión china no ha suscitado mayor alarma por la imposibilidad objetiva con que se enfrenta Pekín para hacerla culminar con la ocupación de Vietnam. En efecto, el pequeño país del sudeste asiático es suficientemente fuerte como para desalentar pretensiones de esa naturaleza, como lo demostró en la guerra con Estados Unidos y las derrotas que ha ya infligido a las tropas invasoras chinas, sin tener siquiera que recurrir a sus fuerzas regulares, es decir, echando mano tan sólo de sus milicianos y unidades regionales. La reafirmación, por parte de la Unión Soviética, de su compromiso de ayuda a Vietnam, establecido en el pacto recién firmado entre los dos países, es otra razón bastante para frenar el belicismo de los dirigentes chinos.

Pero, si esto es así, queda el interrogante de por que éstos se han lanzado a tan condenable aventura. Una posible respuesta —que hace recordar también la dinámica de los regímenes fascistas europeos— es la de que el gobierno de Pekín está empeñado en una campaña de exaltación chauvinista, con el fin de sostener su programa de las "cuatro modernizaciones", que tiene por objetivo convertir a China en una gran potencia. Ello, de por sí, constituye un motivo de preocupación para el continente asiático, puesto que China mantiene reivindicaciones territoriales respecto a prácticamente todos sus vecinos.

Sin excluir lo anterior, la agresión china puede enmarcarse también en la perspectiva particular que los dirigentes de Pekín han adoptado en relación a la situación internacional. Para ellos, la tercera Guerra Mundial es algo inevitable (y uno puede preguntarse si deseable), lo que los ha llevado a alinearse ya en el bloque que, a su modo de ver, deberá enfrentar a los países socialistas, en particular la Unión Soviética. En su reciente gira, Teng no ocultó su oposición a la distensión y, específicamente su disgusto respecto a las negociaciones sobre la limitación de armas nucleares que, con gran dificultad en este momento, se desarrollan entre Estados Unidos y la URSS. Al agudizar las tensiones, como lo hace ahora con Vietnam, China no sólo hace aún más difícil la distensión, sino que establece nuevos factores de presión sobre la Unión Soviética, que se añaden a los que Estados Unidos ha creado con base en la OTAN.

Una preocupación más suscita la actual aventura china. En su gira, Teng atacó duramente a la política internacionalista de Cuba y Vietnam, proclamando la necesidad de propinarles "lecciones". Como una acción directa contra Cuba queda fuera de sus posibilidades, ¿podrá interpretarse su agresión a Vietnam también como un reto a Estados Unidos, para que proceda de igual manera respecto a la Revolución cubana?

Por todo ello, debe ser escuchado el llamado del gobierno vietnamita a las fuerzas progresistas de todo el mundo, en el sentido de condenar enérgicamente a la injustificable agresión china.