Participantes

 

Contacto

 

Venezuela y Brasil:

cambios de gobierno

 

Ruy Mauro Marini

 

Fuente: Archivo de Ruy Mauro Marini. Publicado en El Universal, México, miércoles, 14 marzo 1979.

 

Al finalizar esta semana, se habrán realizado en Sudamérica cambios de gobierno en dos países de significativa gravitación en la vida económica y política de la región. El lunes pasado, en Venezuela, Luis Herrera Campins, de la democracia cristiana, asumió la presidencia de la República en reemplazo del socialdemócrata Carlos Andrés Pérez, sobre la base de una democracia representativa que ha regido al país sin grandes conmociones desde 1958. En Brasil, en una línea de continuidad del régimen militar instaurado en 1964, tendrá lugar mañana el recambio del actual presidente, general Ernesto Geisel, por el general Joao Baptista Figueiredo, designado por el mismo Geisel y ratificado por el Congreso en las elecciones indirectas de octubre pasado.

El desplazamiento de la socialdemocracia por la democracia cristiana, en Venezuela, plantea interrogantes respecto a las modificaciones que ello puede acarrear en el plano político. En materia económica, es probable que el nuevo gobierno frene la tendencia a privilegiar los grandes proyectos en infraestructura, petroquímica y siderurgia, direccionados hacia la exportación y que atendían prioritariamente a los intereses de una fracción monopólica local estrechamente asociada al capital extranjero. Todo indica que la acción estatal, que tiene un peso decisivo en la orientación de la dinámica económica venezolana, se encaminará más bien hacia proyectos que favorezcan la expansión de la industria manufacturera que produce para el mercado interno, entre los que destacan las obras públicas y la construcción de viviendas.

En la esfera propiamente política, los cambios más notables pueden estar referidos a la política externa. En efecto, es dudoso que la presión que Pérez venía ejerciendo contra el régimen de Somoza, en Nicaragua, y el apoyo que brindó al movimiento sandinista se mantengan. Las dudas se justifican aún más cuando se considera que se están produciendo hechos en Centroamérica que —como lo han denunciado recientemente los sandinistas— apuntan hacia un esfuerzo de la reacción centroamericana y de Estados Unidos por contener las presiones populares que allí se desarrollan; la detención y deportación de revolucionarios nicaragüenses, a que procedió hace pocos días el gobierno de Costa Rica, se inscribirían en este contexto.

El recambio de generales que se verifica en la cúspide del Estado brasileño suscita, como es natural, menos expectativas, dado que corresponde a la dinámica normal del régimen militar. Se sabe ya que la política económica, pese a algunos ajustes, no cambiará su orientación, lo mismo que la política exterior actualmente vigente. Es en el plano institucional que podrán ocurrir mayores novedades, empezando con la cuestión de la amnistía, aunque no por iniciativa propia del gobierno, sino más bien como resultado de las nuevas condiciones políticas creadas por el movimiento popular. Es de suponerse que, si el período presidencial que se abre mañana llega a buen término, Brasil presentará en algunos días un nuevo sistema de partidos, una renovación del orden jurídico y un juego electoral distinto al actual.

Así, el hecho de que la aparente estabilidad de la dictadura brasileña lleve a que el cambio de gobierno en Brasil plantee, de partida, menos incógnitas, podría resultar en modificaciones más espectaculares que las que pueden tener lugar en Venezuela. Esto es perfectamente comprensible. En el marco de una dictadura, las contradicciones entre la sociedad real y el Estado se profundizan, sin lograr resolución inmediata al nivel de la superestructura. Pero, cuando lo hacen, los cambios pueden asumir grandes dimensiones, como nos están mostrando los acontecimientos en Irán.