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Luz y sombra:

perspectiva del eurocomunismo

 

Ruy Mauro Marini

 

Fuente: Archivo de Ruy Mauro Marini. Publicado en El Universal, México, miércoles, 11 abril 1979.

 

El XV Congreso del Partido Comunista Italiano, el más poderoso de los países capitalistas, sancionó un conjunto de modificaciones en su estrategia y su programa. Al tiempo que desechó la denominación de marxista‑leninista, el PCI ratificó su propuesta de una transición gradual y pacífica al socialismo, que preserve en algunos aspectos sustanciales la propiedad privada en la economía; proclamó la no injerencia en los asuntos religiosos de sus miembros y reafirmó su independencia, aunque también su solidaridad, respecto a la Unión Soviética y demás países socialistas. Así, el PCI se ha sumado formalmente a la corriente constituida ya por los partidos comunistas de Francia y España, de la cual en los hechos él ha sido el inspirador.

La importancia mayor que reviste el movimiento eurocomunista es, sin duda, la de adecuar su discurso ideológico a su práctica política, poniendo fin a un comportamiento cuasi esquizofrénico. Se ha dicho, con razón, que el primer partido eurocomunista, en el sentido de adhesión a la tesis de la transición pacífica y de búsqueda sistemática de la colaboración de clases, fue el PC chileno, en el período de Allende. Y, sin embargo, al negar la posibilidad de la "tercera vía", al tiempo que todos sus actos tendían a hacer realidad, ese partido se perdió en una política contradictoria, que no sólo sembraba la confusión entre sus cuadros, sino que permitía que los sectores derechistas de la democracia cristiana, con quien buscaba afanosamente una alianza, pudieran excitar contra él la animosidad de sus bases.

En ese sentido, la definición ideológica del eurocomunismo es un hecho positivo. Ella ofrece a los partidos comunistas de Europa (y también a los de América Latina), que, desde los años treinta, han adoptado una política de colaboración de clases, la posibilidad de hacerlo coherentemente, sin mala conciencia, reconciliando su ideología y su práctica. Contribuye también a clarificar las cosas en el seno de la izquierda marxista, al deslindar campos con las fuerzas que allí recogen la herencia del marxismo‑leninismo.

Pero no todo es luz en el risueño horizonte a que apunta el eurocomunismo. A partir de los pasos que han dado, los partidos comunistas están en condiciones de saldar su cuenta con la izquierda revolucionaria marxista‑leninista, pero contraen nuevas deudas, cuya factura ya les presenta la socialdemocracia. Sus intereses electorales los llevan a deslindar campos también con ésta, como se vio en Francia, pero su evolución ideológica más bien los arrastra hacia el terreno actualmente ocupado por ella, lo que configura una situación contradictoria.

Para los partidos comunistas latinoamericanos, hay problemas adicionales. Más reducidos y menos influyentes, atraviesan un período difícil, que no sólo se traduce en el freno a su desarrollo en los países donde son perseguidos, lo que es históricamente normal, sino que se manifiesta también en escisiones, como en Nicaragua y Perú, o en un claro retroceso, allí donde gozan de un amplio margen de acción legal, como pasa en Venezuela. Ello les dificulta solucionar sus contradicciones internas con el método adoptado por sus hermanos europeos, máxime en un continente donde la única revolución socialista triunfante, hasta ahora, se encuentra regida por un partido comunista que ha optado por el camino inverso.

Queda, en fin, la dificultad mayor: la que plantea el movimiento real de la clase obrera, que se ha reactivado de nuevo en Europa, como se observa en Inglaterra, Alemania Federal, Francia y la misma Italia. No deja de ser significativo que, para concretar su viraje, el PCI se haya visto forzado a endurecer su posición política, retirando su apoyo al gobierno democristiano. Hacer aceptar una política de colaboración de clases al movimiento obrero latinoamericano, que actúa en sociedades cuyas contradicciones son más agudas que en Europa, planteará una tarea mucho más difícil a los partidos de América Latina que deseen seguir la ruta del eurocomunismo.