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Estelí:

avanza la revolución nicaragüense

 

Ruy Mauro Marini

 

Fuente: Archivo de Ruy Mauro Marini. Publicado en El Universal, México, miércoles, 18 abril 1979.

 

Las acciones armadas que se venían intensificando en Nicaragua en los últimos meses, alcanzaron la semana pasada un punto alto, con la toma de Estelí por el Frente Sandinista de Liberación Nacional. Allí, durante una semana, trescientos guerrilleros mantuvieron el control de la ciudad contra fuerzas de la Guardia Nacional, que, al término de los combates, llegaron a sumar tres mil hombres, apoyados por aviones y tanques de guerra. La acción se saldó con el repliegue de los sandinistas, en una retirada de notable calidad militar, una vez que les permitió romper el cerco sin sufrir bajas.

La batalla de Estelí pone en evidencia el aumento de la capacidad ofensiva del FSLN. Ello se manifiesta en el hecho de que los guerrilleros derribaron cuatro aviones y dos tanques somocistas, lo que indica que cuentan con mejor armamento, pero sobre todo en su capacidad para concentrar un número mayor de combatientes en puntos decisivos, lo que se observa también en otras acciones en distintas partes del territorio. Ese reforzamiento del poder militar sandinista es fruto de trabajo y disciplina, pero se explica, primordialmente, a la luz de las condiciones políticas en que se desarrolla la lucha de clases en Nicaragua, desde la insurrección de septiembre pasado.

En ese lapso, se ha observado una ampliación del prestigio popular del FSLN, que lo convierte en forma creciente en el cauce natural del espíritu de lucha de las masas. La violenta represión desatada por la Guardia Nacional, en septiembre, que se mantiene desde entonces, no ha hecho sino acentuar esa tendencia, al limitar las posibilidades de que las masas manifiesten su oposición a la dictadura bajo formas distintas a la lucha armada. Desde este punto de vista, el aumento de las acciones guerrilleras, las operaciones de comando y los actos de propaganda armada respecto a formas más amplias de movilización popular no hace sino expresar el hecho de que la lucha armada, en las actuales circunstancias de Nicaragua, constituye la forma por excelencia de la lucha de clases.

Es a partir de allí como se entiende el desarrollo de la capacidad ofensiva del FSLN. Su legitimación como vanguardia de la lucha antisomocista le permite reclutar a los sectores más combativos del pueblo, como lo demuestra la saña con que la Guardia Nacional se lanza contra los jóvenes, a quienes ve sin excepción como guerrilleros, no importa quienes sean y lo que estén haciendo. Por otra parte, y los hechos de Estelí no pueden entenderse de otra manera, esa mayor capacidad de movilización se multiplica en virtud del apoyo popular que inmediatamente suscitan las acciones del FSLN en distintas capas de la población.

 En otro plano, esto se combina con la modificación que presenta la correlación de fuerzas en el seno del movimiento antisomocista. Hasta septiembre, el liderazgo allí se mantenía todavía en manos de las distintas fracciones de la burguesía, que, agrupadas en el Frente Amplio Opositor y en la Unión Democrática de Liberación, se oponían a Somoza. Desde entonces, la situación ha cambiado en favor de los sectores populares, y en particular del FSLN, lo que se expresa orgánicamente en la constitución del Movimiento Pueblo Unido y, luego, en la agrupación en torno suyo de la oposición antisomocista, a través del Frente Patriótico Nacional. En este marco, ha sido posible a las tres fracciones en que se dividía el FSLN marchar hacia la reunificación, la cual se hizo pública hace pocas semanas.

Así, la resistencia de Somoza a su reemplazo, pese al repudio que provoca en el plano nacional e internacional, aunada a la incapacidad de Estados Unidos para encontrar una solución que asegure —sin Somoza— sus intereses en Nicaragua, está conduciendo la lucha de clases en ese país por un camino que lleva a que el derrocamiento de la dictadura se pueda hacer sobre bases cada vez más favorables a los revolucionarios sandinistas. De continuar este proceso, la burguesía nicaragüense y el imperialismo norteamericano no podrán sorprenderse si, mañana, al triunfar la lucha contra la dictadura, ello les signifique perder no sólo los anillos, sino también sus dedos.