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Continuidad o ruptura:

el proceso latinoamericano

 

Ruy Mauro Marini

 

Fuente: Archivo de Ruy Mauro Marini. Publicado en El Universal, México, miércoles, 16 mayo 1979.

 

La percepción de América Latina como una unidad susceptible de ser analizada globalmente y de encarar soluciones también globales es un fenómeno de la postguerra. Contribuyó para ello el proceso mundial de descolonización, que culmina entonces y que repercute en las ciencias sociales, a través de los estudios sobre el subdesarrollo. Jugó también su papel la adopción por Estados Unidos de la doctrina geopolítica, que, tomada prestada al nazismo, proporcionó a los estrategos norteamericanos el marco para diseñar su política en un mundo dividido entre dos bloques, y que acabó por influir en los militares latinoamericanos.

A su vez, el desarrollo económico latinoamericano iba en la misma dirección. La desorganización de la economía internacional, iniciada en 1914, continuada en 1929 y concluida con la segunda Guerra Mundial, impulsara la industrialización en varios países y estimulara además el comercio intrarregional. Hacia los cincuenta, las jóvenes burguesías industriales y las grandes corporaciones extranjeras empezaron a buscar los medios para asegurar un crecimiento que tendía a rebasar el ámbito puramente nacional. Cumplió en ello un papel relevante el trabajo científico e ideológico realizado por la CEPAL.

Sin embargo, tal como se planteó entonces, la unidad latinoamericana correspondía a una concepción ingenua. Se la daba por supuesta, cuando apenas comenzaba, y se tomaba como una totalidad simple lo que era un cuerpo complejo, atravesado por contradicciones internas y caracterizado por el desarrollo desigual, a veces conflictivo, de sus partes. La toma de conciencia de esa realidad sólo se dio a mediados de los sesenta, al configurarse los estudios sobre la dependencia.

El nuevo enfoque que pasó, entonces, a predominar en las ciencias sociales latinoamericanas —aunque tendió también, inicialmente, a privilegiar aspectos comunes de las formaciones socioeconómicas de la región— se preocupó desde un principio por captar la diversidad interna de América Latina. Ello se hizo mediante el recurso a clasificaciones tipológicas formales, así como a través del estudio particular de procesos nacionales. Como quiera que sea, se avanzó en la comprensión de la realidad latinoamericana, tomada como unidad y diversidad,

Actualmente, se hace evidente que América Latina se mueve impulsada por tendencias profundas, que se expresan de manera contradictoria. De un lado, se observa una creciente integración económica, política y militar, así como una mayor interdependencia de sus aparatos productivos nacionales, que se reestructuran para atender a las exigencias de la nueva división internacional del trabajo. Por otro lado, se asiste a la exacerbación de los problemas nacionales, que se manifiesta tanto en la agudización de conflictos latentes entre países, como en el ascenso de las luchas de clase y su desbordamiento por sobre las fronteras del Estado; Centroamérica expresa, de manera ejemplar, ese doble movimiento.

Que el proceso se desenvuelva subvirtiendo pautas económicas, convulsionando sociedades y derrumbando estados, parece inevitable. Lo que importa saber es si sus resultados se encuentran determinados necesariamente por las causas que le dieron origen o si pueden significar una ruptura respecto a ellas, En otros términos, si la unidad latinoamericana que se está gestando será tan sólo un momento más en la historia de nuestro capitalismo dependiente, o si el principio de una nueva etapa, que implique la liquidación definitiva de ese tipo de sociedad.