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Dictadura brasileña:

amnistía y partidos

 

Ruy Mauro Marini

 

Fuente: Archivo de Ruy Mauro Marini. Publicado en El Universal, México, miércoles, 11 julio 1979.

 

Dos grandes temas dominan actualmente el panorama político brasileño y seguirán estando en el orden del día, en los próximos meses: la amnistía política y la reorganización partidaria. Respecto al primero, el gobierno militar ha logrado mantenerlo bajo control, asumiendo incluso la iniciativa. La cuestión de los partidos, sin embargo, se ha escapado del estrecho marco institucional vigente, situándose fuera del alcance tanto del Gobierno como de la oposición legal.

El movimiento pro amnistía surgió y se desarrolló a partir de la iniciativa popular, en particular los sectores más politizados que se expresan a través de los intelectuales y estudiantes. La audiencia y apoyo obtenidos en las clases medias y organizaciones sindicales lo impusieron al partido legal de oposición, el Movimiento Democrático Brasileño, que lo convirtió en su principal bandera de lucha en las campañas electorales del año pasado. Planteada como reivindicación nacional, la amnistía repercutió en los círculos dirigentes y en las mismas Fuerzas Armadas, erigiéndose en problema que exige solución urgente.

El gobierno del general Joao Baptista Figueiredo, que asumió en marzo último, así lo entendió, pasando a maniobrar para recuperar la iniciativa en una cuestión de tanta trascendencia política. Tras establecer un compás de espera, cruzado por rumores de todo tipo, que tenían como fuente al propio Gobierno, envió, en días pasados, un proyecto de amnistía al Congreso. Dicho proyecto no representa, sin embargo, una satisfacción real a la reivindicación planteada por el movimiento popular.

En efecto, a la exigencia de una amnistía amplia e incondicional, el Gobierno opone la propuesta de una amnistía restringida. Con ello, Figueiredo pretende hacer de la amnistía un instrumento de negociación con el MDB, bajo la amenaza de negarle la concreción de su principal promesa electoral, lo que tendría un alto costo político para ese partido, busca además condiciones de negociación con fuerzas que se sitúan más allá de la oposición legal.

El régimen militar ha tratado también de asumir la iniciativa en lo referente a la reorganización partidaria. Junto a algunas medidas poco expresivas, se había reservado el plazo de este año para modificar la legislación respectiva, lo que abriría lugar para la formación de cuatro o cinco partidos políticos. Sin embargo, la intención gubernamental se ha visto frustrada desde el momento en que uno de los principales políticos brasileños en el exilio, Leonel Brizola, anunció su propósito de reconstituir el Partido Trabalhista Brasileño (laborista), identificado con la figura de Getulio Vargas.

 El gesto de Brizola no irritó sólo al Gobierno: molestó al mismo MDB, que pretendía defender el monopolio de la representación popular opositora que le otorgara la legislación vigente, y suscitó reservas por parte de algunas fuerzas de izquierda, que consideran conveniente mantener al MDB en calidad de frente único. Pero Brizola no ha arredrado pie y, a principios del mes pasado, con el apoyo de sectores de izquierda, organizó en Lisboa, una reunión de cuadros, venidos de Brasil y del exterior. El congreso constitutivo del PTB quedó convocado para abril de 1980.

Tal como se encuentran planteadas, la amnistía y la reorganización partidaria presentan estrecha interdependencia. Si el Gobierno cede, concediendo la amnistía amplia, se crearán mejores condiciones para la formación de partidos que aglutinen a las distintas tendencias opositoras, entre ellos el PTB. Si no lo hace, restará argumentos a quienes sostienen la vigencia del MDB y regalará una importante bandera a las corrientes que no aceptan limitaciones al movimiento antidictatorial.

En la medida en que se enfrenta a iniciativas que desarticulan su proyecto de institucionalización, el régimen militar ve agravarse sus dificultades y acelerarse su descomposición.