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Elecciones de 1980:

¿viraje norteamericano a la derecha?

 

Ruy Mauro Marini

 

Fuente: Archivo de Ruy Mauro Marini. Publicado en El Universal, México, miércoles, 15 agosto 1979.

 

La semana pasada se realizó el curso de verano de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, bajo la responsabilidad de su Centro de Estudios Latinoamericanos y el copatrocinio de la Coordinación de Humanidades y la ANUIES. El tema tratado, este año, fue el del presente y el futuro de las relaciones entre México y Estados Unidos. En un punto coincidieron los participantes nacionales y extranjeros (entre los cuales, algunos norteamericanos), que intervinieron en el evento: el de augurar un giro a la derecha en la política de Estados Unidos, en el futuro inmediato.

Concurren para ello las dificultades económicas que allí se observan, las cuales han conducido, en el transcurso del año, a una nueva recesión, que podría ser aún más grave que la de 1974‑75. No se trata de establecer una relación mecánica entre crisis económica y derechización política, que la historia no autoriza: la crisis de los años treinta respondió en buena medida del ascenso tanto de Hitler, en Alemania, como de Franklin D. Roosevelt, en Estados Unidos. El mismo gobierno de Carter sobrevino también tras la aguda recesión de mediados de la década.

El hecho estriba más bien en que los problemas económicos, al tiempo que exacerban los conflictos sociales al interior de Estados Unidos, lo hacen bajo un Gobierno habido como liberal y que no se muestra capaz de manejarlos sin dañar su base social. La reciente toma de posición de la central sindical AFL‑CIO contra las compañías petroleras es un buen ejemplo de ello, si consideramos que los sindicatos han sido tradicionalmente uno de los puntos de sustentación del Partido Demócrata. Ese enfrentamiento se produce ante un presidente demócrata que, con la liberación de precios del petróleo acordada en marzo de este año y que culminará en 1981, permitirá a los trusts petroleros obtener ganancias extraordinarias cercanas a los l7,000 millones de dólares, que no serán neutralizadas por las medidas impositivas adoptadas, al tiempo que abrió puertas a mayores presiones inflacionarias.

Pero no sólo de la economía nacen las tensiones de la sociedad norteamericana, sino de la progresiva toma de conciencia de la opinión pública respecto a la declinación de Estados Unidos en el concierto internacional, elementos que se combinan cuando, por ejemplo, la carencia de gasolina se ve como un resultado de la revolución iraní. La inseguridad que cunde en Estados Unidos podría buscar compensación en un esfuerzo desesperado por la restauración de su antiguo poderío. Hechos como el de Nicaragua y la derrota sufrida en la OEA por la diplomacia yanqui no hacen sino reforzar esa tendencia.

 El desgaste de la popularidad de Carter y el ascenso en el Partido Demócrata del último representante de la dinastía Kennedy podrían estar expresando esa situación. Pues si es cierto que los Kennedy se identifican con cierta imagen liberal, no lo es menos que fue John F. Kennedy quien trató de hacer frente a dificultades externas mediante el uso de la fuerza, como en Cuba y Vietnam, y erigió a la contrainsurgencia como pilar de la política exterior. Una señal más intranquilizadora todavía es la que apunta en el campo republicano, donde no sólo se mantiene fuerte Ronald Reagan, sino que emerge la figura del general Haig, ex comandante en jefe de la OTAN.

Pero, por sobre todo, son los movimientos que realiza ya el gobierno de Carter hacia una política dura lo que despierta recelos, como el incremento del presupuesto militar, la creación de una fuerza de intervención y la reciente decisión de no respetar el límite de las 200 millas marítimas. Parece ser que, independientemente del resultado electoral, Estados Unidos acentuará las presiones que ejerce contra las fuerzas que actúan en el mundo en favor de la libertad y el progreso de los pueblos.