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Huelgas en Brasil:

hacia una nueva política económica

 

Ruy Mauro Marini

 

Fuente: Archivo de Ruy Mauro Marini. Publicado en El Universal, México, miércoles, 22 agosto 1979.

 

Una ola huelguística sacude Brasil de Norte a Sur, involucrando a distintas categorías profesionales. El movimiento, que afecta a cerca de 200,000 trabajadores, alcanza a mineros, metalúrgicos, trabajadores de la construcción, camioneros, maestros, empleados bancarios y de correos, y amenaza ya con llegar a los obreros del petróleo y la industria petroquímica. Su importancia mayor es la de consagrar la ruptura de la pax militar impuesta por la dictadura, hecho evidente si pensamos que, de acuerdo a estimaciones de la prensa brasileña, el país ha asistido, en los últimos cinco meses, a 83 huelgas, de que han participado un millón 200.000 trabajadores, en doce estados de la federación.

No hay que creer que el gobierno no ha recorrido, como antes, a la represión. En el curso del actual movimiento, las fuerzas del orden han atacado a los trabajadores en varias ciudades, dejando el saldo de un muerto, decenas de detenidos y un centenar de heridos. Y, el jueves pasado, un portavoz oficial anunció la aplicación a los huelguistas de las sanciones previstas en la Ley de Seguridad Nacional.

Pero la violencia gubernamental no intimida ya a las masas y provoca por parte de éstas respuestas que la vuelven ineficaz, además de ahondar las fisuras en el bloque en el poder. Así, tras la protesta de los principales sindicatos contra el anuncio del gobierno, el ministro de Comunicación Social debió acudir presuroso a asegurar que ello no implicaba retroceso en la apertura política, y, el sábado, autoridades militares, entre las cuales el ministro de Aeronáutica, desautorizaron abiertamente la posición del gobierno, al defender el derecho de huelga.

La principal reivindicación de los huelguistas es el aumento de salarios, en ciertos casos hasta en un ciento por ciento. Lo que parece justo, cuando se considera que la inflación ha venido en aumento, pudiendo situarse este año entre 50 y 60 por ciento. Teniendo en cuenta que la recuperación del salario mínimo posterior a 1970 no supera el uno por ciento anual, no se le puede atribuir responsabilidad en la inflación y, más bien, hay que buscarle otras causas, entre las que destaca la especulación desenfrenada a que se dedican las distintas fracciones capitalistas, en particular en el mercado financiero.

La incidencia de las movilizaciones obreras en la política oficial provocó, recientemente, el reemplazo del superministro del área económica, Mario Henrique Simonsen, por Delfim Netto, quien ocupara esta posición en el período 1969‑1973. No es que Delfim Netto sea favorable a los intereses de la clase obrera: por lo contrario, al conocer su designación, los medios sindicales la calificaron de "provocación". Sin embargo, se trata de un hombre mucho más flexible que Simonsen y que no ha estado comprometido con la política antiinflacionaria hasta ahora practicada.

Así, Delfim, que en su anterior reinado comprimió brutalmente los salarios, plantea ahora cambios a ritmo acelerado en la política salarial, que contemplan una nueva escala de aumentos y reajustes semestrales, al revés de anuales. Paralelamente, consciente de la necesidad de recurrir a mecanismos reales para aflojar la presión salarial, enfatiza el aumento de la oferta agrícola y llega incluso a sugerir medidas para contener la especulación financiera.

Mediante sus movilizaciones, los trabajadores brasileños no sólo están ampliando su espacio político, sino que acarrean modificaciones en el mismo patrón económico que impusiera la dictadura. Su lucha repercute ya en Argentina, donde se tiende a ver la caída de Simonsen como un factor propicio para retomar la ofensiva contra el rígido monetarismo de Martínez de Hoz.