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Brasil:

hacia una izquierda renovada

 

Ruy Mauro Marini

 

Fuente: Archivo de Ruy Mauro Marini. Publicado en El Universal, México, miércoles, 6 febrero 1980.

 

Al visitar el Brasil, después de una larga ausencia, uno no puede dejar de sorprenderse por el cuadro que ofrece la vida política. Por una parte, se observa una efervescencia creciente, aunada a un intenso proceso de organización por la base; se multiplican las publicaciones independientes o ligadas a fuerzas sindicales y de izquierda, mientras comités de distintos tipos e inspiración surgen en los sindicatos y en los barrios, llegando a las tendencias religiosas así como a los movimientos de minorías. Por otra parte, pese a que estas iniciativas se dirigen claramente contra el régimen, la burguesía y el gobierno militar mantienen la iniciativa, con relativa tranquilidad tanto en el plano ideológico como político.

Esa paradoja tiene su explicación. La politización y organización de las masas, tal como se dan ahora, sufren todavía el efecto de los años más difíciles do resistencia a la dictadura, cuando ésta llevaba a cabo una impiedosa campaña de aniquilamiento contra la izquierda. La derrota, aunque no la destrucción, de ésta y su consiguiente crisis interna implicaron la quiebra de la mayoría de sus organizaciones. Ello condujo a que la resistencia popular se realizara de manera espontánea, dirigida por los cuadros que se formaban al calor mismo de la lucha, o a lo sumo por militantes de izquierda desprendidos de sus organizaciones.

Es a partir de 1978 y, en especial del año pasado, que las fuerzas de izquierda inician su reorganización. Sin embargo, pese al trecho considerable que han ya recorrido, ellas no constituyen todavía, dado el punto bajo de que partieron, canales suficientes para encauzar la creciente actividad de las masas, quienes siguen en buena medida bajo el signo de la espontaneidad y la dispersión. Hay que considerar, también, que la izquierda resiente la carencia de cuadros experimentados, dada la sangría impuesta por la campaña de aniquilamiento, y debe apoyarse en militantes jóvenes, que, por las condiciones mismas en que se formaron, no dominan los métodos de la lucha de masas abierta.

Se comprende, pues, que, aunque busque empeñosamente fundirse con las masas, la izquierda brasileña no lo logre todavía plenamente. Esto tiene su contrapartida en la propia izquierda. El aumento de su actividad se realiza sin una estrategia global, llevándola a practicar más la denuncia de la política del régimen que a oponerle propuestas alternativas. Además, el proceso mismo de su decantamiento interno se ve retrasado, manteniéndose en su seno la dispersión que caracteriza al movimiento de masas.

Es posible, sin embargo, identificar ya algunas líneas que apuntan a la reestructuración de la izquierda sobre nuevas bases. Destaca, en primer lugar, la lucha que, en el seno del Partido Comunista, libra su legendario secretario general, Luis Carlos Prestes, y el grueso de las bases, en favor de una alianza con las demás fuerzas marxistas, en particular las que se desprendieron anteriormente del PC. Otra vertiente significativa la constituye el Partido de los Trabajadores, creado por iniciativa de dirigentes sindicales de Sao Paulo, hacia el cual convergen grupos y militantes independientes, en su mayoría marxistas. Otro polo de atracción es el Partido de los Trabajadores Brasileños, encabezado por el antiguo líder populista Leonel Brizola, en el cual tiende a cristalizar un ala izquierda, de orientación marxista.

La consolidación de esos tres ejes articulará la izquierda brasileña bajo la hegemonía de las fuerzas marxistas y despejará el camino para su unidad de acción. El día que esto suceda, la burguesía y el régimen militar se verán enfrentados a una verdadera oposición popular, capaz de quitarles la iniciativa que han podido mantener en esta fase del proceso.