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Desliz boliviano:

¿un pacto del Cono Sur?

 

Ruy Mauro Marini

 

Fuente: Archivo de Ruy Mauro Marini. Publicado en El Universal, México, miércoles, 17 septiembre 1980.

 

Tras el reciente golpe de Estado que la encumbró en el poder, la dictadura boliviana amenaza con dejar al Pacto Andino para integrar un hasta entonces no nombrado Pacto del Cono Sur. Los militares uruguayos confirmaron su existencia, diciendo que funciona desde hace mucho tiempo. De los dos principales interesados, Argentina lo negó y Brasil mantuvo discreto silencio.

La existencia de un tratado formal, que establezca para los países signatarios obligaciones y derechos políticos y económicos, es improbable. Es muy posible, incluso, que la dictadura de García Meza haya cometido una simple equivocación, queriendo referirse, al hablar de Pacto del Cono Sur, al Tratado de Integración de la Cuenca del Plata. Recordemos, a propósito, que tras el golpe militar que derrocó a Salvador Allende, la dictadura chilena se retiró del Pacto Andino y se integró, como observadora, a dicho tratado, mientras estrechaba los lazos económicos con Brasil y Argentina.

Ello no obsta que se esté conformando, efectivamente, en el cono sur, un bloque subregional, mediante un conjunto de procesos relativamente independientes. El primero de ellos se deriva precisamente de la integración física y el aprovechamiento conjunto de recursos naturales, previstos en el Tratado de la Cuenca del Plata. El segundo, en la coordinación creciente establecida, en el plano militar y policial, por las fuerzas armadas y los órganos de seguridad de los países de la subregión, la cual no constituye un secreto para nadie.

El tercer proceso, quizá el más importante, se deriva del amplio entendimiento a que han llegado recientemente Brasil y Argentina, el cual ha sido consagrado mediante visitas recíprocas de los jefes de Estado de los dos países. En el plano bilateral, ello ha permitido no sólo resolver antiguos diferendos, como el que persistía respecto al aprovechamiento de las aguas del Paraná, sino también avanzar en la complementación industrial, particularmente notable en dos sectores: el automotriz y el nuclear. En el plano subregional, ese entendimiento se encuentra en la raíz del golpe militar boliviano, realizado con la abierta colaboración del Gobierno argentino.

En efecto, la intervención argentina en Bolivia sería impensable sin el consentimiento de Brasil. El que este país no haya aparecido involucrado en los sucesos bolivianos indica la existencia de una división del trabajo, que deja al gobierno de Videla el costo de operaciones que el régimen militar brasileño no está actualmente en condiciones de soportar. Ello se debe, por un lado, a la situación interna de Brasil, donde el movimiento democrático ha alcanzado considerable desarrollo, influyendo incluso en sectores de las fuerzas armadas, y, por otro, a los intereses de la diplomacia brasileña en áreas donde prevalecen ideales democráticos, en particular el bloque andino, que Brasil trata de subsumir en el Tratado de Integración de la Cuenca Amazónica.

En esta perspectiva, el golpe boliviano es un legítimo subproducto del eje Brasil‑Argentina. También lo es la farsa plebiscitaria llevada a cabo en Chile, la semana pasada, así como la que prepara Uruguay para el mes de noviembre. No deja de ser sintomático el que la histeria institucionalizadora de la dictadura pinochetista preceda de poco a la visita que el general presidente de Brasil debe realizar a Chile y que significará la integración de éste al eje ya establecido con Argentina.

El desliz que, aparentemente, cometió la dictadura boliviana ha sido más que esto: representa un acto fallido, que deja entrever el grado de desarrollo en que se encuentra el bloque económico, político y militar constituido por las dictaduras del cono sur.