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El MIR y las tareas de la revolución chilena

 

Ruy Mauro Marini

 

Fuente: Correo de la Resistencia, órgano del Movimiento de Izquierda Revolucionaria de Chile en el exterior, número 1, junio de 1974, (Editorial). Versión original [PDF].

 

Una inmensa ola de solidaridad se ha desarrollado en todo el mundo para con el pueblo de Chile, ante la brutal agresión de que fue objeto el 11 de septiembre pasado por parte de los militares golpistas, que actuaron en defensa de los intereses de la gran burguesía criolla y del imperialismo. Es mucho lo que deben las masas trabajadoras chilenas y sus partidos a esa solidaridad internacional. Pero es necesario, para que ésta sea cada vez más activa y combatiente, evaluar correctamente los acontecimientos que se han desarrollado en Chile después del golpe y las perspectivas que allí se han abierto para una contraofensiva revolucionaria y popular.

Los errores del reformismo

La dificultad mayor para esto reside, seguramente, en la manera equivocada como los reformistas y centristas de izquierda consideran las posibilidades de acción contra la Junta militar. Como no podría dejar de ser, influyen allí sus viejos errores economicistas y conciliadores.

Conscientes del repudio que provoca en capas cada vez más amplias de la población la política represiva puesta en práctica por los gorilas, así como su política económica, que golpea al conjunto de los trabajadores y a amplios sectores de la mediana y de la pequeña burguesía, esos sectores tienden a confiar en que la marcha de las contradicciones que engendran esas políticas derribará por sí sola a la Junta. Se retoma, en cierta medida, la táctica de la “pera madura”, puesta en práctica por la oposición burguesa a la Unidad Popular, que consistía en confiar que los problemas económicos que el gobierno de Allende tendría que enfrentar le facilitaría su ofensiva reaccionaria.

Sin embargo, la política de la reacción chilena no era de simple expectativa. Ella consistía también en acelerar la maduración de la “pera”, a través del boicot a la producción, la especulación y el mercado negro de bienes esenciales, las acciones de masas lanzadas en torno a temas como el desabastecimiento de productos, la Escuela Nacional Unificada, el desarrollo de los órganos de poder popular. No era una política pasiva, sino que interfería permanentemente sobre los hechos de la vida diaria que la misma reacción contribuía a crear.

Organizar y luchar

La situación se presenta hoy en términos similares para el movimiento popular. Es un error creer que, en sí misma, la política de la Junta militar no es viable y conduce necesariamente al fracaso. Y es un error que tiene consecuencias políticas, una vez que conduce a la pasividad, a la espera, al mismo tiempo que pone demasiado énfasis en las divergencias internas en el seno de la burguesía y entre ésta y la pequeña burguesía.

La política de la Junta puede ser viable, si cuenta con dos condiciones básicas para aplicarse: el apoyo externo (económico y militar) y la pasividad del movimiento de masas, en particular la clase obrera. La recesión actual no es un simple resultado de errores de la Junta: es una etapa indispensable, que puede durar dos o tres años, para concentrar el capital en empresas de mayor productividad, aumentar el ejército de reserva y con ello bajar los salarios y, finalmente reestructurar el consumo en favor de las capas de altos ingresos y del mercado externo.

La primera exigencia, por tanto, que se presenta hoy en Chile para frustrar los intentos de la Junta de crear una economía al gusto del gran capital nacional y extranjero es organizar un movimiento amplio de resistencia, con base en la clase obrera y sus aliados. Las vigas maestras de ese proceso de reorganización están dadas por la política misma de la Junta: la defensa del nivel de vida de las masas, que incluye la lucha contra la rebaja salarial, los despidos y el aumento de horas impagas de trabajo, en lo fundamental, y la lucha por las libertades democráticas básicas, principalmente la de asociación y de expresión. Para ello, la izquierda no puede limitarse a garantizar la supervivencia de sus aparatos centrales: tiene que desarrollar y conducir al movimiento de masas, esforzándose por hacer funcionar o poner de nuevo en pie a los organismos tradicionales como los sindicatos, las juntas de vecinos, y otros, pero, sobre todo, creando una estructura clandestina de masas, cuyo eje son los Comités de Resistencia, la cual esté en condiciones de resistir a la intensificación de la represión policíaco-militar.

La solidaridad internacional

La creación de ese movimiento amplio de resistencia representa hoy día la tarea ineludible del conjunto de las fuerzas de izquierda y de los sectores progresistas que se oponen a la Junta. Por la unidad de la izquierda, a través de un frente político, y el desarrollo por la base de la resistencia popular, se ha jugado el MIR con todas sus fuerzas. No nos hacemos ilusiones: sabemos que el camino de la unidad es angosto y lleno de obstáculos; sabemos también que la reorganización del movimiento de masas por la base nos tomará tiempo, hasta que este movimiento se encuentre en condiciones de derribar a la dictadura gorila, en el terreno que ésta ha elegido para imponerse y reforzarse: el de la violencia armada.

En el curso de ese proceso, es grande el papel que cabe jugar a la solidaridad internacional. En primer lugar, la solidaridad orgánica con las organizaciones revolucionarias de América Latina, de las cuales las más destacadas han dado ya pasos significativos en el sentido de aunar sus fuerzas y librar su lucha en el marco que ha trazado la misma reacción interna de sus países y la reacción internacional: es decir, el marco de la revolución continental. Es así como el ERP de Argentina, el ELN de Bolivia, el MIR de Chile y el MLN-Tupamaros de Uruguay han constituido una Junta de Coordinación Revolucionaria (JCR), resultado de años de trabajo y experiencia conjuntos. El apoyo resuelto que han prestado al MIR y a la JCR las organizaciones revolucionarias de otros países latinoamericanos, así como de Europa y Estados Unidos, abre amplias perspectivas para el desarrollo de una solidaridad internacional militante y combatiente.

De la mayor importancia es también la solidaridad prestada por el campo socialista, particularmente Cuba revolucionaria. Allí donde la izquierda ha conquistado ya el poder reside, en última instancia, la reserva de apoyo estratégico definitivo para la lucha revolucionaria en América Latina. Junto a ella deberán estar las fuerzas progresistas de todo el mundo, que no pueden ver con indiferencia la imposición a los pueblos latinoamericanos de regímenes basados en la superexplotación de los trabajadores y en el terror político, que hacen recordar los peores tiempos del fascismo europeo.

Por qué el MIR

La resistencia a la dictadura gorila chilena es una tarea de todo el pueblo y de todas las fuerzas de izquierda y progresistas del país. El hecho de que el MIR haya asumido allí un papel destacado, impulsándola a todos los niveles, se debe, en una amplia medida, a las condiciones más favorables que tuvo para pasar el periodo de legalidad burguesa al de la contrarrevolución actualmente en curso. Esto no ha sido accidental. Es el resultado de una política revolucionaria que no alimentó ilusiones sobre el proceso reformista iniciado por la Unidad Popular en 1970; de la experiencia de la organización, adquirida durante el gobierno represivo de Frei, respecto a la lucha clandestina; de las medidas de seguridad, tomadas muchas semanas antes del golpe, cuando, simultáneamente a la intensificación de su trabajo de masas y de propaganda, los aparatos centrales del MIR pasaron a la clandestinidad.

Pero hay un elemento que destacar en la explicación de la mayor capacidad que ha tenido el MIR para resistir y enfrentar a la dictadura gorila: la calidad de sus militantes. Junto a medidas orgánicas, como la compartimentación principalmente, esto es lo que explica que la estructura partidaria haya resistido a las bajas que inevitablemente se sufren en una guerra abierta de clases, como la que se libra en Chile.

Ninguna detención ha provocado la caída en cadena de militantes, el desmembramiento de una red o la destrucción de algún sector partidario. ¿Por qué? Porque los militantes del MIR no hablan, aun sometidos a las torturas más crueles. Ejemplar en este sentido ha sido la conducta de Bautista Van Schowen; sin su silencio, el Partido habría sido profundamente golpeado. Innumerables ejemplos podrían ser añadidos al de Van Schowen.

El MIR como vanguardia

Un partido vale lo que valen sus militantes y el militante del MIR se destaca sobre todo por su conciencia revolucionaria. Es ésta la que explica el comportamiento heroico de esos camaradas, que saben que luchan por algo más importante que su propia vida: la revolución proletaria, y el hecho de que lo hacen en el seno de un partido que responde a los intereses de los obreros y el pueblo de Chile. Cuando son sometidos a las torturas salvajes y al fusilamiento, para ellos está primero la convicción de que la defensa de los compañeros y de su partido vale más que su propia vida.

A nuestros camaradas, que arriesgan a diario su vida y que la entregan sin reservas cuando las circunstancias lo exigen, el homenaje de quienes, desde el exterior, siguen cada paso de su lucha y ven en el MIR una vanguardia revolucionaria capaz de abrir el camino a la victoria de las masas explotadas de América Latina sobre la reacción cavernaria desatada por la reacción nacional e imperialista en nuestros países.