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Las tareas de la izquierda

y los revolucionarios

en la contraofensiva de la dictadura militar

 

Ruy Mauro Marini

 

Fuente: Correo de la Resistencia, órgano del Movimiento de Izquierda Revolucionaria de Chile en el exterior, número 8, mayo-junio de 1975, (Editorial). Versión original [PDF].

 

En nuestro último número, señalábamos que la situación de la Junta gorila chilena en el plano internacional alcanzaba su punto más bajo. Es obvio que esta constatación no la hicimos nosotros solamente, sino los mismos gorilas y sus aliados imperialistas y reaccionarios. No es de sorprender, pues, que la Junta haya reaccionado, a partir de abril, desatando una contraofensiva en el plano externo, cuyos resultados ya se hacen sentir.

Apoyo económico

Destaca, desde luego, lo ocurrido con la renegociación de la deuda externa. La reunión del Club de París, programada para marzo de este año con el objeto de postergar pagos e indemnizaciones relativos a los 4,500 millones de dólares que debe la Junta, no pudo realizarse, por no haber consenso de siete países en este sentido y por las reticencias de los demás. El tema siguió, sin embargo, siendo tratado entre bambalinas. A mediados de mayo, los países acreedores reconsideraron su determinación y renegociaron con los gorilas nuevas condiciones de pago, todavía no divulgadas. Sólo Italia e Inglaterra mantuvieron su posición original.

Luego, en la Organización de los Estados Americanos (OEA), fue archivado un acusador informe a la Junta, emitido por la delegación de la Comisión de Derechos Humanos de ese organismo que visitó Chile recientemente y comprobó violaciones, arbitrariedades y atropellos de todo tipo. En la maniobra pro-gorila se movió descaradamente una minoría de representantes de las dictaduras latinoamericanas y del imperialismo yanqui, para vencer una despreocupada mayoría, en la que sólo México manifestó su airada oposición.

Incluso en Inglaterra, donde los poderosos sindicatos obreros desarrollan un activo boicot contra la Junta, empiezan a cambiar las cosas. No ciertamente a nivel de los trabajadores, sino del gobierno. Dos submarinos que mandó construir el gobierno de Allende y que no habían podido (por la oposición obrera) ser entregados a los gorilas chilenos, fueron autorizados para zarpar rumbo a Chile donde se integrarán a la Armada de la dictadura.

Por otro lado, y como premio por la entrega incondicional al capital privado nacional y extranjero de las empresas que integraban el área de propiedad social creada por Allende, los organismos internacionales de crédito que controla Estados Unidos se han vuelto extremadamente generosos. El Banco Mundial y otros —inmediatamente después de la visita a Washington de Jorge Cauas, el hombre de Wall Street en la economía chilena— acordaron ya créditos a la tambaleante economía gorila (ver sección “Economía”). La decisión se registra cuando, en el Congreso norteamericano, se integra un grupo de cien parlamentarios que piden al Presidente Ford que proporcione asistencia militar a la Junta, impedida de recibirla a raíz de un acuerdo anterior aprobado por abrumadora mayoría. Los peticionarios invocan “la amenaza que representa para Chile el armamentismo peruano”, pero es evidente que se pretende mantener bajo presión militar al gobierno del Perú, dentro del juego de equilibrio de la estrategia de poder implementada por Ford-Kissinger a raíz de las derrotas en el sureste asiático.

Éxitos diplomáticos

Las cosas no se quedan allí, donde es evidente la acción de la diplomacia gorila solícitamente respaldada por el imperialismo norteamericano. También en el Cono Sur la dictadura chilena empieza a abrirse nuevos espacios, más allá de los que ya tenía ganados junto a Brasil, Paraguay y Uruguay.

El encuentro de Pinochet y Bánzer, en Charaña, además de anudar relaciones comerciales más amplias y reanudar relaciones diplomáticas, concluyó con un pacto secreto de no agresión que, según fuentes de la Inteligencia militar argentina, asegura la neutralidad de Bolivia frente a un eventual conflicto entre Chile y Perú y le otorga, en caso de victoria de las armas chilenas, una salida al Pacífico. Desde entonces, las relaciones chileno-bolivianas han entrado en un período de acercamiento; mientras ambos países intercambian embajadores, delegaciones comerciales estudian posibilidades de un mayor intercambio.

Un éxito igualmente significativo obtuvieron los gorilas chilenos al lograr una reunión de Pinochet con Isabel Martínez, de Argentina. Esa entrevista (18 de abril), aparentemente convocada con propósitos exclusivamente económicos, encerró un objetivo político de mayor alcance: la acción mancomunada contra el “extremismo”. Si bien esta coordinación no figuró en la declaración conjunta, los órganos oficiales de prensa de los dos países la registraron como el acuerdo central de los dos gobiernos, y el asesinato diario de refugiados chilenos en territorio argentino, en absoluta impunidad, lo confirma.

Los acuerdos conjuntos de contrainsurgencia en el Cono Sur caen en la esfera de actividades de un bloque informal pero efectivo, constituido por los regímenes reaccionarios que, de corte militar aparente o encubierto, ejercen la más brutal represión sobre las masas trabajadoras de esa región. Dicho bloque se enmarca, por otra parte, en la estrategia norteamericana de reforzar aún más su control sobre sus zonas directas de influencia, entre las cuales destaca América Latina.

La unidad como imperativo

Este conjunto de exitosas maniobras del gorilaje debe ser motivo de atención para las fuerzas que apoyan a la Resistencia chilena y particularmente para los propios partidos y organizaciones de la izquierda chilena en el exterior.

En nuestro comentario del número pasado, señalábamos que una de las causas de las duras derrotas infligidas a la Junta en el primer trimestre del año, fue la acción mancomunada de la izquierda chilena, particularmente en lo referente a la renegociación de la deuda externa. Sin embargo, pasado ese período, las ilusiones sobre una recomposición ministerial que “ablandara” el carácter dictatorial del gobierno chileno; de una alianza con la Democracia Cristiana como partido y, desde luego, con mister Frei, y el sectarismo prevaleciente en ciertos sectores de la izquierda, implicaron un retroceso en la acción conjunta que se había logrado implementar.

Hechos recientes, como los resultados del Pleno del Partido Socialista e incluso declaraciones de algunos dirigentes comunistas, públicas y privadas, permiten esperar un cambio en esta situación. Pero hay que hablar claro: este cambio tiene que ser inmediato y sobre bases concretas, ante la acción perseverante y —reconozcámoslo— hábil que está implementando la Junta. Las fuerzas chilenas de apoyo a la Resistencia popular están obligadas a buscar, a corto plazo, fórmulas de coordinación y planificar su acción en forma sistemática, sobre la base de un ataque sostenido contra la Junta, que le impida a ésta retomar la iniciativa en el plano internacional.

Los problemas de la constitución del Frente Político de la Resistencia sólo pueden zanjarse en Chile, lo hemos dicho y redicho. Pero esto no quita en lo más mínimo la responsabilidad que nos cabe en el exterior de ayudar por todos los medios —y esto va más allá de los buenos propósitos y la buena voluntad y exige planificación y coordinación— a los que, bajo la represión despiadada que se ejerce en Chile, llevan adelante las tareas de reorganización del movimiento obrero y popular, preparando condiciones más favorables para desatar la ofensiva contra la Junta. Restarse a esto, en este momento, cualquiera que sea el pretexto dado, significa en buen castellano traición a los intereses de los obreros y del pueblo de Chile.

El ejemplo de Vietnam

No es ésta la única enseñanza que se desprende de los hechos reseñados. La coordinación cada vez más estrecha de los servicios represivos del gorilaje latinoamericano y el imperialismo yanqui, demuestran lo correcto del planteamiento estratégico puesto en pie por los movimientos revolucionarios de Argentina, Uruguay, Bolivia y Chile. La Junta de Coordinación Revolucionaria del Cono Sur, en tanto que representa conjugación de esfuerzos y en tanto que estrategia orientada hacia la guerra revolucionaria continental, se va justificando por los actos mismos de la reacción latinoamericana y norteamericana.

Allí está el ejemplo de Vietnam, Camboya, Laos y demás pueblos del sureste asiático. Manteniendo sus tácticas específicas en el marco de una estrategia global de la acción mancomunada de esfuerzos, han hecho morder el polvo de la derrota al prepotente y agresivo imperialismo yanqui. Este trata de restañar ahora sus heridas y vuelve sus atenciones, además de a sus feudos tradicionales en Asia, hacia Europa occidental y América Latina. Pero tenemos el ejemplo y las enseñanzas de la Indochina heroica, que ha escrito la más bella página de las luchas revolucionarias en esta segunda mitad del siglo.

A forjar, por tanto, la unidad de acción en el exterior, coordinando, planificando, suscitando y dirigiendo las actividades de la solidaridad internacional. A reactivar el movimiento de solidaridad, concentrando los esfuerzos en torno a un objetivo común, tal como el de poner a la Junta en el banquillo de los acusados en la próxima Asamblea General de la ONU mediante una proposición de embargo económico por el carácter represivo, antinacional y antipopular que ella encierra. A emular a nuestros camaradas indochinos, haciendo avanzar la unidad de la lucha revolucionaría en América Latina, para limpiarla de la presencia execrable del imperialismo norteamericano y arrojar a ambos mares a los explotadores de las amplias masas trabajadoras de la ciudad y del campo.