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Diálogo abierto en la izquierda

para estrechar las filas del pueblo

 

Ruy Mauro Marini

 

Fuente: Correo de la Resistencia, órgano del Movimiento de Izquierda Revolucionaria de Chile en el exterior, número 10, enero-febrero de 1976, (Editorial). Versión original [PDF].

 

Correo de la Resistencia ha visto interrumpida su circulación entre los meses de septiembre y diciembre del año pasado; nos disculpamos ante nuestros lectores, pero no podemos asegurar que el hecho no se repetirá. Correo de la Resistencia es el vocero en el exterior de un partido que mantiene sus estructuras, incluso las de dirección, en el interior de Chile. Su publicación depende, por tanto, de las condiciones en que ese partido desarrolla su lucha y, en especial, de las comunicaciones que mantiene con su Comité Exterior, responsable de esa publicación.

A mediados de octubre de 1975, cuando se iniciaba la fase final de elaboración del número correspondiente, tuvieron lugar los hechos de Malloco y la furiosa campaña —una más en la larga serie— lanzada por los aparatos represivos de la dictadura en contra del MIR. En el curso de esos sucesos, murió heroicamente un miembro de la Comisión Política, Dagoberto Pérez, y otros dos —Andrés Pascal Allende, Secretario General, y Nelson Gutiérrez— debieron buscar refugio en embajadas. Simultáneamente, se dificultaron las comunicaciones del Partido con el exterior, que sólo pudieron ser normalizadas en diciembre.

Sólo entonces hemos podido evaluar los efectos de la campaña represiva de la dictadura sobre el Partido. La conclusión de primera hora —la que de ella había fracasado en su intento de desarticular la Dirección del MIR— se vio plenamente confirmada. Pese al golpe sufrido, los órganos directivos del Partido: su Dirección Nacional y su Comité Central, siguieron funcionando, reemplazaron a los cuadros faltantes y aseguraron con firmeza y serenidad la continuidad orgánica.

Los sucesos de Malloco

En los hechos, los sucesos de Malloco y sus consecuencias representaron una dura derrota para la Junta. Los inmensos recursos represivos que ésta puso en juego fueron incapaces de lograr la captura y el asesinato de dirigentes odiados por los gorilas, como Pascal y Gutiérrez. El único trofeo que le quedó en las manos fue la muerte de Dagoberto Pérez. Pero es un trofeo que le quema los dedos: siendo una pérdida irreparable para el MIR, la clase obrera y el pueblo de Chile, la muerte de Dagoberto —como, anteriormente, la de Miguel Enríquez— no sólo costó un alto precio a los aparatos represivos sino que se constituye en un legado de decisión revolucionaria, que las masas trabajadoras chilenas hacen suyo.

La Junta esperó inútilmente que la ofensiva represiva diera como resultado la caída en masa de dirigentes y militantes del MIR, así como la corrida a las embajadas. Apretando los dientes, porque las circunstancias no le permitieron rescatar a Pascal y Gutiérrez de los refugios a que habían sido forzados a replegarse, el MIR mantuvo inalterable su política de no asilo; permanecieron junto a su pueblo los militantes y dirigentes del MIR que tenían condiciones para hacerlo.

Y estos han sido todos. Reside allí, sin duda, el aspecto más notable de los últimos acontecimientos. En la histeria represiva que se desató en Chile a fines del año pasado, a los esbirros de la dictadura no les quedó más remedio que saciar sus bajos instintos a costa de familias indefensas —como pasó con los Gallardo, en la Rinconada de Maipú— y de los presos políticos —hombres, mujeres y niños— que se encontraban ya en los campos de concentración. Ha sido Víctor Toro, ha sido Gladys Díaz y cientos de otros prisioneros los que han debido sufrir la bestialidad gorila.

Replegándose en orden, ante la furiosa ofensiva de la represión, el Partido mantuvo su actividad. El Comité Central abrió nueva sesión para llevar a cabo un sumario interno sobre los hechos y adoptar las providencias orgánicas necesarias; los puestos vacantes en la Dirección fueron ocupados por otros cuadros; El Rebelde siguió publicándose; las estructuras de frentes de masas continuaron animando y organizando Comités de Resistencia, desarrollando el trabajo sindical, impulsando la resistencia del pueblo en los campos y ciudades.

La ofensiva represiva puso a prueba al Partido y el Partido ha respondido a altura, demostrando haber aprendido en estos dos años y medio de lucha clandestina. Los gorilas tienen razones de sobra para preocuparse. La fuerza revolucionaria de las masas crece y, sobre esa base, crece también el MIR.

La oposición burguesa y la izquierda

Es allí, en los avances que se verifican en el seno de las masas y de la izquierda, que se encuentran los factores determinantes para el futuro de Chile. Pero, mientras las condiciones maduran para hacer posible que un amplio y poderoso movimiento revolucionario irrumpa en la superficie de la vida política chilena, ésta no se detiene. Y lo que sucede allí tiene importancia, en la medida que facilita o dificulta que la clase obrera y el pueblo puedan tomar de nuevo la iniciativa.

En este sentido, no hay que perder de vista las recientes andanzas de Mister Frei, así como la inquietud en los círculos oficiales, civiles y militares. Es cierto que, una vez más, el fracaso del que fuera un día el adalid del imperialismo yanqui muestra que, por lo menos a mediano plazo, el recambio de la dictadura por una alianza gorila-democristiana es improbable. En el marco de la permanente inestabilidad en que reposa el régimen militar, Pinochet continúa firme, sin que se presente alternativa para él a los ojos de los militares, de la gran burguesía y del imperialismo. Mister Frei, consciente de ello, se prepara para una campaña más larga que la que había previsto y, según informaciones de círculos democristianos, se iría a donde sus amos, Estados Unidos, a mendigar un apoyo más explícito. A menos que las tendencias que se esbozan en la campaña electoral norteamericana sufran un vuelco, en favor de los demócratas liberales, no es previsible que lo obtenga.

Sin embargo, el hecho de que ese viejo demagogo, sirviente de la burguesía y del imperialismo, enemigo jurado de la clase obrera y el pueblo, haya podido presentarse como un recambio posible a la Junta, a principios del año, no deja de ser aleccionador. Cabe a la izquierda sacar las consecuencias de ello. La obstrucción que su sector reformista realiza contra una fórmula amplia de unidad, que cohesione a la izquierda y proporcione un polo de atracción a todas las fuerzas políticas antidictatoriales, es el principal factor para que la oposición burguesa y pequeñoburguesa que surge en Chile aparezca como la única oposición viable, a corto plazo, a la Junta y se aglutine tras los sectores más reaccionarios de la política burguesa.

Mientras tanto, la izquierda se ve empantanada en discusiones estériles, confrontada al intento de poner otra vez de pie viejos esquemas de alianzas que la historia barrió y obligada a buscar con lupa militares y burgueses “antifascistas”, que no asoman la nariz por ninguna parte. En su sectarismo extremado y en su deseo de imponerle a la izquierda su hegemonía, el reformismo se empecina en sus esfuerzos para aislar al MIR y no vacila incluso en llegar a la agresión verbal contra éste.

Es grande el daño que causa —y que ha causado, a lo largo de estos dos años y medio— al proceder de esta manera. Momentos como el que vive el pueblo de Chile exigen más altura de espíritu y menos apego a los intereses partidistas, sobre todo cuando éstos chocan con los intereses generales de los trabajadores.

Atender al reclamo del pueblo

Es porque lo entendemos así que hemos desarrollado, inflexible y pacientemente, una política de unidad y respeto hacia todas las fuerzas de izquierda y democráticas. No lo hacemos por debilidad. Al contrario, seguros de que nuestras posiciones son correctas y terminarán por imponerse en la lucha política chilena, no tememos llevarlas a la discusión franca y abierta con los demás partidos y organizaciones, mientras impulsamos tareas comunes que requieren los trabajadores.

En las últimas semanas, nuestro Comité Exterior ha transmitido, una vez más, a las direcciones de la izquierda chilena en el exterior nuestro interés por entablar conversaciones multilaterales —sin perjuicio de las relaciones bilaterales que mantenemos con casi todas— con el propósito de buscar formas más ágiles y más amplias para el trabajo conjunto. No imponemos condiciones de ningún tipo. Tampoco admitiremos que se nos quiera imponer alguna. Estamos abiertos al diálogo franco, sobre todas las cuestiones de interés mutuo, y deseamos que se lleve a cabo de la manera más cordial y más fructífera. Los resultados a que lleguemos serán transmitidos a nuestras direcciones en Chile, para su consideración, sin perjuicio de que los acuerdos comiencen a implementarse inmediatamente.

El tiempo que se ha perdido obliga a un esfuerzo redoblado para que, cerrando nuestras filas, presentemos un frente de lucha compacto a la dictadura.