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La recuperación de las masas

y el fracaso de la institucionalización

abren nuevas perspectivas de lucha

 

Ruy Mauro Marini

 

Fuente: Correo de la Resistencia, órgano del Movimiento de Izquierda Revolucionaria de Chile en el exterior, número 19, agosto-septiembre de 1978, (Editorial). Versión original [PDF].

 

En los últimos meses la situación política de América Latina ha mostrado dos tendencias fundamentales: por una parte, la continuidad del ascenso del movimiento de masas en los distintos países, y por otra, las dificultades con que ha chocado el llamado proceso de “institucionalización”.

La reactivación del movimiento de masas, que ha mantenido desde el año pasado un ritmo desigual pero sostenido, ingresa en una nueva fase. Esta se caracteriza por el hecho de que sea la clase obrera la que asuma el papel fundamental y de conducción del proceso, al mismo tiempo que se observa una progresiva incorporación de sectores de la pequeña burguesía y del campesinado a las nuevas condiciones de lucha. Destaca también el hecho de que en su actual ascenso, las masas combinen progresivamente las reivindicaciones económicas, predominantes, con reivindicaciones políticas de mayor alcance.

En el panorama general de esta reanimación, sobresalen por su extensión, profundidad y combatividad, los casos de Perú, Colombia, Brasil, Guatemala, El Salvador, Bolivia, y sobre todo Nicaragua. En otros países, con menores alcances, el movimiento sindical lleva adelante manifestaciones importantes. Así ocurre en Venezuela, Ecuador, Costa Rica, México y Argentina.

En Chile, la actividad del movimiento de masas ha logrado también en estos últimos meses avances importantes. Sus puntos más altos han sido la huelga de hambre de los familiares de presos políticos desaparecidos y las protestas de los trabajadores del cobre en Chuquicamata, El Salvador y El Teniente.

Es en este marco que la política norteamericana, que busca la estabilización del proceso contrarrevolucionario en el subcontinente, desarrolla nuevas iniciativas, tendientes en lo estratégico a contener la actual reanimación de masas, y a disminuir los focos de tensión. Así, en los últimos meses, la política de Carter, ha buscado la neutralización del problema del Canal de Panamá, ha apoyado la victoria de la oposición burguesa en Santo Domingo, y ha sostenido, con mayor fuerza que antes, sus presiones sobre las dictaduras militares para lograr su reconversión en democracias parlamentarias viables —restringidas y vigiladas— mediante el proceso de “institucionalización”.

Es allí justamente, en el caso de las dictaduras militares y su reconversión en democracias viables, que el llamado proceso de “institucionalización” tiene un saldo general de carácter negativo.

El caso reciente de Bolivia es el más claro. La apertura anunciada por Bánzer hace 9 meses se cerró bruscamente después del fraude electoral y el golpe de Estado de Pereda. En Brasil, el mandato de Geisel llega a su fin sin que se hayan cumplido ninguna de las promesas que se hicieron hace 5 años por lo que el sucesor de Geisel ha sido propuesto por los mismos círculos restringidos y dictatoriales.

En Uruguay y Argentina no se contemplan síntomas de cambios importantes al interior del régimen, que presagien alteraciones en las respectivas dictaduras militares. En Perú, mientras crece la inestabilidad político-social, aumentan las dificultades para una real participación de los civiles en el gobierno. Mientras, en Ecuador se prevé una transición equilibrada hacia un nuevo régimen.

En resumen, puede afirmarse entonces, que los últimos acontecimientos políticos en América Latina, parecen cuestionar la capacidad de las clases dominantes, de las Fuerzas Armadas y el imperialismo, para lograr la “institucionalización” de las dictaduras militares, y su tránsito hacia democracias viables, controladas y vigiladas. Todo parece indicar, entonces, que América Latina está ingresando a una nueva fase de desarrollo de la contrarrevolución, donde la relativa impotencia de las clases dominantes para restaurar el sistema de dominación y afianzar el nuevo sistema hegemónico, unido a la recuperación del movimiento de masas, abren un período de agitación social, de convulsión política, que crea nuevas perspectivas de lucha al movimiento revolucionario.

Se fortalece la conducción de los revolucionarios

Unido estrechamente con el proceso de reanimación del movimiento de masas estos últimos meses han observado también el fortalecimiento de la Izquierda Revolucionaria latinoamericana. Al interior de cada país, los revolucionarios se fortalecen ideológica, política y militarmente, ganan presencia en la clase obrera y avanzan en sus definiciones tácticas y estratégicas.

Destaca sobre todo el proceso de confluencia y coordinación de los movimientos y partidos revolucionarios del continente. El estrechamiento de vínculos bilaterales y multilaterales, entre las organizaciones y partidos de la Izquierda Revolucionaria constituye un avance significativo que sienta las bases para el desarrollo de formas superiores de coordinación, apoyo mutuo, convergencia y unidad. En el último tiempo se han multiplicado las formas de colaboración y solidaridad entre las organizaciones, movimientos y partidos revolucionarios y se han desarrollado iniciativas políticas conjuntas de significación.

A ello debemos sumar el esfuerzo que viene haciendo el movimiento revolucionario latinoamericano por desarrollar vínculos y relaciones estables con los partidos comunistas de cada país, a fin de sumar fuerzas para impulsar la acción común en la lucha por objetivos compartidos. Dicho proceso se desarrolla conforme a los principios de unidad y lucha. Unidad para enfrentar al enemigo común, y desarrollo de la lucha ideológica para resolver las discrepancias y fortalecer una línea política clasista y revolucionaria.

A nuestro partido, el MIR chileno, le corresponde un rol importante en este proceso de convergencia de los partidos y movimientos revolucionarios y en el desarrollo de bases nuevas para la unidad con el movimiento comunista en la lucha contra la reacción, el imperialismo y las dictaduras.

Avance del movimiento de masas, acentuación de los conflictos interburgueses

En Chile en los últimos meses se han ido acentuando los conflictos en la cúpula gobernante, lo que llevó a la peor crisis política de la Junta que desembocó finalmente en la salida de Gustavo Leigh y 18 generales de la FACH. Dicho suceso si bien representa una victoria táctica de Pinochet, que lo reafirma temporalmente en la conducción del Gobierno, muestra las dificultades y puntos débiles de la dictadura y el resurgimiento de las polémicas y luchas interburguesas en el bloque dominante.

El proceso de “institucionalización”, empujado por el conjunto de las clases dominantes, se ha topado con dificultades que tienden hoy a paralizarlo. La recuperación del movimiento de masas ha estrechado enormemente el campo de maniobra de las clases dominantes y la dictadura, al tiempo que tienden a agudizarse los roces y conflictos en su interior.

El movimiento de masas ha continuado el proceso de incremento de su actividad, mediante un desarrollo que opera por saltos y oleadas, que va incorporando a la lucha a sectores cada vez más vastos, ganando autonomía, independizándose de la influencia de la política de la oposición burguesa y acentuando cada vez más su carácter clasista y combativo.

La huelga de hambre de los familiares de los prisioneros políticos desaparecidos y el amplio movimiento de solidaridad y apoyo obrero y popular que suscitó, unido a la reciente protesta de los obreros de Chuquicamata, El Salvador y El Teniente, que ha movilizado el apoyo de la Coordinadora Nacional Sindical y del movimiento sindical chileno, así testimonian.

Podemos afirmar que el rasgo distintivo de la coyuntura es la emergencia de la clase obrera y del movimiento de masas como fuerza autónoma en la escena política nacional. Se fortalece la alternativa independiente de la clase obrera y el pueblo en la lucha contra la dictadura.

Las posiciones en el seno de la izquierda

¿Cómo enfrenta la izquierda la presente coyuntura?

Una vez más las fuerzas de la izquierda enfrentan con visiones y estrategias distintas la fase de recuperación de la lucha de masas y la lucha por el derrocamiento de la dictadura. Sectores de las direcciones de los partidos de izquierda son renuentes a impulsar la lucha independiente de la clase obrera y el pueblo en el combate contra el régimen militar, en la lucha por un gobierno democrático, popular y revolucionario. Prefieren sumarse o dejarse arrastrar por algunas alternativas burguesas que hoy se hacen presentes en la lucha de clases nacional.

Mientras unos se dejan tentar por las variantes neosocialdemócratas otros insisten en su viejo esquema de alianzas con los antifascistas y no fascistas tratando de incorporarse en forma subordinada, a los proyectos de establecimiento de una democracia viable y vigilada o de un régimen liberal autoritario.

Todos estos proyectos de colaboración y subordinación de clases, están condenados irreversiblemente al fracaso y no tienen ninguna o escasa viabilidad práctica. Sin embargo, hacen hoy un enorme daño a la clase obrera y el pueblo pues dividen al campo popular y restan fuerzas a la alternativa independiente de lucha que hoy levanta e impulsa la clase obrera y el conjunto del pueblo.

Desenmascarar estas políticas claudicantes y desmovilizadoras es tarea importante de los revolucionarios.

El MIR sostiene que es imprescindible en la nueva fase evitar el intento burgués de dividir las fuerzas del campo popular. Por ello, nuestro partido plantea hoy con más fuerzas que nunca, la lucha por la unidad de las corrientes revolucionarias y la lucha por la unidad de toda la izquierda y del conjunto de las fuerzas antidictatoriales.

Pensamos que la fórmula para avanzar en la unidad de la Resistencia del pueblo y de la izquierda es mediante la conformación de un gran Pacto de Lucha contra la dictadura que comprometa a todas las organizaciones sociales y políticas dispuestas a luchar por el derrocamiento del régimen dictatorial y el establecimiento de un gobierno democrático, popular y revolucionario.

Readecuaciones del partido en el frente y la retaguardia

Nuestro Partido ha ingresado en Chile y el exterior en una nueva fase de su desarrollo.

Como señalan los informes de la dirección del MIR, durante el curso del año 78 se produce un cambio cualitativo en la situación del Partido en el período actual. Se vence la tendencia permanente al desgaste orgánico de la estructura partidaria, provocada por la acción de los aparatos represivos y de seguridad. Comienza una etapa de crecimiento orgánico y de multiplicación de la influencia política directa del Partido en los frentes.

Sin embargo, la nueva situación política, y principalmente la actividad del movimiento de masas, su extensión y radicalización y las nuevas tareas que se plantean en la lucha política de clases, hacen entrar al Partido en una fase de inadecuaciones que nos obliga a ajustar la táctica, a ajustar el modelo orgánico y de funcionamiento para llegar más ampliamente al movimiento de masas, manteniendo la protección del Partido y los cuadros, al tiempo que se exige precisar las funciones y tareas de la retaguardia exterior.

Hoy las exigencias que la lucha plantea al Partido en Chile son superiores a nuestras capacidades orgánicas. Es ello lo que nos obliga a realizar un esfuerzo por concentrar la fuerza y la energía del Partido en el frente principal, en Chile. El Partido requiere en Chile cientos de propagandistas, cientos de agitadores, de organizadores, de luchadores legales, semilegales y clandestinos, de militantes en las fábricas, las minas, las oficinas públicas, las universidades, los fundos, los liceos, las poblaciones, las comunidades de cristianos de base, Bolsas de Cesantes, las Federaciones y Comités Sindicales, los Comités de Resistencia, etc.

Hacia esa dirección deben volcarse nuestros esfuerzos en el exterior y la actividad práctica del Partido y los cuadros.

La lucha principal es la lucha en el frente. Hoy, eso cobra una importancia redoblada. Debemos trabajar por fortalecer el frente.

Avanzar en el apoyo al frente, retornar al frente a luchar en las filas del Partido y la Resistencia, avanzar en el proceso de convergencia y unidad de los revolucionarios en América Latina, son hoy nuestras tareas fundamentales.