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Sobre la táctica y estrategia del MIR

 

Ruy Mauro Marini [Luis Cerda]

 

Fuente: Luis Cerda, representante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria de Chile en Europa. Frankfurt, abril de 1974. Correo de la Resistencia n. 1, junio de 1974, pp. 46-52 [PDF].

 

1. El ascenso de la Unidad Popular al gobierno, en 1970, se dio en el marco de una crisis del sistema de dominación en Chile, provocada fundamentalmente por la movilización y la radicalización del movimiento de masas, que se observaba desde 1967, y por la agudización de la lucha interburguesa.

Dos estrategias se perfilaron para hacer frente a esta situación. La primera pretendió, sobre la base de la movilización del movimiento de masas y aprovechando las contradicciones interburguesas, sellar una alianza con una fracción de la burguesía, para poner fin a la crisis del sistema de dominación mediante reformas económico-sociales y la democratización del Estado burgués; esa fue la estrategia del reformismo obrero y pequeñoburgués, que hegemonizaba la Unidad Popular.

La segunda se propuso desarrollar y profundizar la movilización de masas, con el fin de agravar la lucha interburguesa y permitir a la clase obrera concertar alianzas con sectores del pueblo (campesinado, capas pobres de la ciudad, pequeña burguesía empobrecida), para constituir un poder alternativo, al Estado burgués, que llevara a la crisis del sistema de dominación a su límite extremo y permitiera abrir paso a la formación de un nuevo Estado, revolucionario y popular. Esta fue la estrategia del MIR, que logró polarizar algunos sectores de la UP.

 

2. Llevando a la práctica sus concepciones estratégicas, reformistas y revolucionarios —aunque haciendo frente común cuando se trataba de frenar las embestidas de la reacción— se enfrentaron permanentemente en todos los terrenos.

Respecto al imperialismo, los revolucionarios exigieron la expropiación sin indemnización de las propiedades extranjeras, incluso en la minería del cobre, y la suspensión del pago de la deuda externa.

Los reformistas se batieron por la renegociación de la deuda externa y, al nacionalizar el cobre, aunque buscaron recursos legales para no pagar la indemnización, recurrieron al Congreso Nacional, permitiendo que los partidos burgueses se asociaran a esa conquista del movimiento popular.

Respecto a la burguesía, los revolucionarios plantearon la expropiación de todas las grandes empresas productoras y distribuidoras, así como una nueva Reforma Agraria que entregara a los campesinos los fundos en manos de la burguesía agraria (con más de 40 hectáreas de riego básico).

Los reformistas limitaron a 91 el número de empresas que debían ser expropiadas y dejaron en manos de la burguesía incluso las grandes distribuidoras de alimentos y otros bienes esenciales. Por otra parte, se limitaron a aplicar la ley de Reforma Agraria legada por el gobierno, democratacristiano de Eduardo Frei, la cual hería tan sólo a la fracción latifundista, aunque abriéndole la posibilidad de convertirse en una verdadera burguesía agraria (derecho a reserva de 80 hectáreas de riego básico).

Respecto al movimiento de masas, los revolucionarios impulsaron las movilizaciones campesinas y de las capas más atrasadas del proletariado y del semiproletariado, con el propósito de integrarlas al bloque de clases dirigido por la clase obrera. No retrocedieron ante la tarea de encauzar y organizar las formas de lucha espontáneas que el pueblo ponía en práctica, tales como las ocupaciones de tierras en el campo, las tomas de terrenos en las ciudades, la toma de fábricas.

Los reformistas, en cambio, se jugaron siempre contra la movilización independiente de las masas y contra sus formas de lucha. Y no vacilaron incluso, en situaciones puntuales, en recurrir a la represión policial.

Respecto a las medidas que se debían adoptar ante la ofensiva económica de la burguesía, que tomaba la forma de la no reinversión de utilidades, del acaparamiento de mercancías y la especulación, los revolucionarios exigieron medidas para expropiar las ganancias no reinvertidas (además de la expropiación de las grandes empresas) y para aplicar el control de masas sobre la distribución y el control obrero sobre la producción.

Los reformistas se negaron a adoptar esas medidas y prefirieron, en lo fundamental, mantenerse en el aparato burocrático y policial del Estado burgués para combatir el acaparamiento y la especulación.

Respecto a las Fuerzas Armadas, los revolucionarios exigieron el derecho al voto y otras medidas democráticas para los suboficiales y soldados, así como su incorporación a los organismos populares que tenían por objetivo controlar la distribución de bienes, con el propósito de facilitar su inserción en la vida política y abrir la institución militar a los embates de la lucha de clases.

Los reformistas prefirieron buscar alianzas en el cuerpo de generales, dejando en sus manos el control de la institución militar y proclamando la neutralidad de ésta respecto a las luchas políticas y sociales.

Respecto, en fin, a la política de poder, los revolucionarios impulsaron la organización de la clase obrera en los cordones industriales, así como la creación de los comandos comunales, como órganos de lucha y gérmenes embrionarios de poder, en el seno de los cuales la clase obrera podía concretar su alianza con otros sectores del pueblo y darles conducción.

Los reformistas, por el contrario, se opusieron a esos órganos de poder popular y se mantuvieron amarrados en la legalidad burguesa, en las maniobras parlamentarias y en el respeto a las instituciones del Estado controladas por la burguesía, soñando con la posibilidad de aumentar su propio peso en el Estado a través de las elecciones presidenciales de 1976.

 

3. Fue sobre la base de las concesiones otorgadas por los reformistas, fieles a su estrategia, y de las vacilaciones de los sectores de la Unidad Popular que, aunque sensibilizados por la estrategia del MIR, no se atrevieron a cerrar filas con éste para enfrentar al enemigo de clase; y fue sobre la base de estas concesiones y vacilaciones que la reacción nacional y extranjera pudo retomar la ofensiva, reunir en torno suyo una base social, cambiar en su favor la correlación de fuerzas en el seno de la institución militar y desatar la contrarrevolución el 11 de septiembre de 1973.

Como lo declaró el secretario general del MIR, Miguel Enríquez, lo que fracasó en Chile no fue el socialismo ni la revolución proletaria, sino el reformismo, que arrastró en su caída al centrismo de izquierda, es decir, a aquel sector incapaz de hacer opciones claras en los momentos críticos de la lucha de clases.

El precio de esa derrota lo paga hoy toda la izquierda y las masas trabajadoras de la ciudad y del campo.

 

4. Su política represiva ha representado para la clase obrera y el pueblo miles de muertos y detenidos, la supresión de las libertades más elementales y un régimen de terror. Se ha aumentado la jornada de trabajo, al mismo tiempo que se rebajaban los salarios reales, con el propósito de abrir paso a la superexplotación desenfrenada de los trabajadores.

Los precios han sido multiplicados por diez, por veinte y hasta por treinta, excluyendo a las amplias masas del mercado de bienes esenciales, restableciendo los privilegios de las capas altas y conformando una estructura de consumo destinada a apuntalar un desarrollo industrial vuelto hacia los grupos de altos ingresos y hacia la exportación.

Las fábricas y los fundos han sido devueltos a los antiguos patrones, se han abierto las puertas de la economía al capital imperialista y se ha puesto en práctica una política externa de subordinación al subimperialismo brasileño y al imperialismo norteamericano.

 

5. Todo ello ha abierto un profundo abismo entre el gran capital y su brazo armado, por un lado, y la clase obrera y el pueblo, por el otro. Aún más: se han generado conflictos en la base social misma de la dictadura militar, en la medida en que la política descarnada del gran capital hiere también intereses de las capas pequeñoburguesas y de la mediana burguesía que apoyaron el golpe. Se observa ya un proceso de desintegración de esa base social, que tiende a aislar ante los ojos de todo el pueblo a los enemigos principales de la clase obrera: el gran capital nacional y extranjero y sus gendarmes.

Se abre así la posibilidad de ampliar las alianzas de clase del proletariado, de atraer hacia su campo a la mayoría del pueblo y de contar con su apoyo en la lucha contra la dictadura militar.

 

6. Para que esta tarea pueda ser cumplida con éxito es necesario evitar las formulaciones engañosas y las ilusiones que el reformismo está siempre listo a alimentar.

Para los reformistas, el problema se presenta de una manera sencilla: la junta militar pierde base social —dicen— con lo que ella se debilita y el movimiento popular se refuerza… Pero, si bien es cierto que la dictadura pierde base social, no necesariamente significa que ella se debilite y que la clase obrera y el pueblo se refuercen.

 

7. ¿Por qué no es cierto que la clase obrera y el pueblo se refuerzan a medida que se disgrega la base social de la dictadura?

En primer lugar, porque la tendencia normal de esos sectores no es la de unirse inmediatamente a la clase obrera, sino más bien de buscar sus propias soluciones, que juegan de preferencia en favor de eventuales movimientos de oposición burguesa y pequeñoburguesa.

En segundo lugar, porque, para que el proletariado pueda traer a su campo esos sectores y ponerlos bajo su conducción, es necesario que se encuentre organizado y que se constituya en una auténtica alternativa política a la dictadura del gran capital.

 

8. Algunos elementos de la izquierda tienden a aceptar el desarrollo de una eventual oposición burguesa, como un mal menor respecto a la situación actual, ya que permitiría, a su juicio, una cierta redemocratización favorable a la lucha del proletariado.

El MIR no incurre en ese error. El golpe militar ha tenido, como objetivo explícito, desarticular el movimiento de masas y liquidar a sus vanguardias, como lo demuestra la salvaje represión que se ejerce contra el MIR, así como sobre las demás organizaciones de izquierda.

Sin embargo, la capacidad misma del MIR para resistir a la represión, por un lado, así como en menor grado otras fuerzas (dada su menor preparación para circunstancias de este tipo); y la presencia amenazadora de un movimiento de masas que, golpeado y malherido, conserva fresca la memoria de sus conquistas y sus luchas y que da muestras ya de su disposición de resistencia a la dictadura, por el otro, cierran al gran capital la posibilidad de una redemocratización, aunque sea parcial.

La condición para ésta, sería la liquidación de la vanguardia y la pasividad del movimiento de masas.

 

9. La tarea principal que los revolucionarios se dan en este momento es precisamente la de reorganizar el movimiento de masas, y en particular la clase obrera, sobre la base de la defensa de su nivel de vida y de la lucha por las libertades democráticas, con el propósito de constituir un amplio frente social, encabezado por la clase obrera y destinado a desarrollar la más inflexible resistencia contra la dictadura.

En estos términos, los revolucionarios llamamos a todos los sectores dispuestos a sumarse a la lucha de la clase obrera, a unirse al frente.

En estos términos, los revolucionarios no descartamos el trabajo de masas en ningún tipo de organización en que las masas estén presentes.

En estos términos, destacamos la importancia de organizaciones de masas como las juntas de vecinos y otras, pero particularmente la importancia de los sindicatos.

 

10. Las luchas del pasado, y particularmente las que se han librado recientemente en Chile a principios de este año, nos han enseñado, sin embargo, que las organizaciones de masas tradicionales son muy vulnerables ante la represión.

Cuando una huelga en una empresa, por ejemplo, cuesta a la clase obrera y a los revolucionarios 140 trabajadores despedidos... es necesario tener la flexibilidad suficiente para saber recurrir a otras formas de lucha, que, por ser menos espectaculares, no por ello dejan de abrir cauce a la disposición de combate de los trabajadores. Más que esto: cuando las formas tradicionales de lucha tienen un margen demasiado estrecho para ser desarrolladas, es necesario pensar en la preparación de formas de lucha de otro tipo, que tienden a desembocar necesariamente a la lucha armada, entendida ésta como forma general de la lucha de clases.

Entonces, es indispensable preparar orgánicamente a la clase obrera y al pueblo para ser capaces de llevar con éxito su lucha en esas condiciones.

Esa preparación significa para nosotros, hoy día, la creación por la base de los Comités de Resistencia clandestinos, columna vertebral del movimiento de resistencia armada que se desplegará mañana en todo Chile, y que desembocará en el Ejército Revolucionario del Pueblo.

 

11. No alimentar ilusiones sobre las posibilidades de democratización en Chile (sin rechazar la posibilidad de fluctuaciones limitadas y precarias en los niveles de represión allí existentes) nos conduce, pues, necesariamente a enfocar nuestro trabajo desde el punto de vista de la resistencia armada en el país.

Pero hay otras razones para que adoptemos esta perspectiva estratégica. Esas razones se derivan del análisis que hacemos del carácter del actual Estado militar chileno y sus relaciones con la contrarrevolución latinoamericana y mundial.

 

12. Hemos dicho que la pérdida de base social no debilita necesariamente a la dictadura. Esto es así, precisamente porque ésta no representa un verdadero régimen fascista, sino más bien un régimen militar con rasgos fascistoides.

No fue la base social de la contrarrevolución la que permitió a ésta la victoria del 11 de septiembre: fueron las Fuerzas Armadas. No es sobre esa base social que se basa el poder del gran capital, sino en sus relaciones con el capital imperialista y su integración en la estrategia militar imperialista para América Latina.

Respecto a sus relaciones con el capital imperialista, es innegable que la Junta ha hecho progresos: lo demuestran suficientemente los préstamos recibidos de las organizaciones financieras internacionales y gobiernos, así como la renegociación de la deuda externa obtenida en la reunión del Club de París. Ese apoyo internacional se expresa hoy en el impulso a la creación de condiciones favorables en Chile para las inversiones de las compañías multinacionales, condiciones que van desde la represión salarial hasta las obras de infraestructura.

Sólo la lucha de la clase obrera chilena y el apoyo solidario de las fuerzas revolucionarias y progresistas del exterior pueden impedir que tengan éxito los propósitos del gran capital nacional y extranjero. Pero, justamente por esto, el gran capital necesita reprimir con fuerza cada vez más grande los esfuerzos de la clase obrera y los revolucionarios para desarrollar un amplio movimiento de resistencia; y tiene que buscar para esto el apoyo militar que le pueden brindar el imperialismo yanqui y el subimperialismo brasileño.

La presencia actuante de la CIA en Chile, a través incluso del embajador norteamericano; la acción de los agentes brasileños que se encargan, entre otras cosas, de crear la agencia de inteligencia de la Junta, DINA, Departamento de Inteligencia Nacional, así como la central de torturas de Tejas Verdes, está demostrando el interés solícito de la reacción imperialista y latinoamericana hacia la dictadura militar chilena.

Ello presagia también grados crecientes de intervención externa, a medida que crezca y fortalezca el movimiento de resistencia obrera y popular.

 

13. En esta lucha, la clase obrera y el pueblo no pueden estar solos. Ellos necesitan de la solidaridad activa de las fuerzas revolucionarias y progresistas que actúan en los países capitalistas, así como el apoyo del campo socialista, en particular de Cuba revolucionaria.

Pero necesitan por sobre todo estrechar sus lazos de relación común con el proletariado y las capas populares de América Latina, principalmente en el Cono Sur.

Asumiendo su papel de vanguardia revolucionaria, el MIR ha constituido con organizaciones hermanas del Cono Sur una Junta de Coordinación Revolucionaria, que culmina un trabajo solidario de varios años y abre nuevas perspectivas de lucha unitaria.

Hombro a hombro marchan juntos con el MIR el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) de Argentina, el Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Bolivia y el Movimiento de Liberación Nacional (MLN Tupamaros) de Uruguay.

Otras fuerzas revolucionarias de América Latina se sumarán mañana a la JCR, haciendo sonar en todo el continente el grito de guerra de Che: ¡Uno, dos, tres, muchos Vietnams!

 

14. Las experiencias de los combatientes de la década del 60, las enseñanzas sacadas de los fracasos del reformismo en Brasil, en Chile y otros países, lo ha hecho más fuerte y más maduro.

Es avanzando en el camino que nos hemos trazado que estaremos contribuyendo al movimiento revolucionario en Europa y en los demás continentes. Es avanzando por ese camino como podremos pesar mañana en la correlación de fuerzas, de manera mucho más ponderable que hoy, y que podremos reclamar legítimamente la solidaridad activa de las fuerzas revolucionarias y progresistas de todo el mundo.

Estamos seguros que esa solidaridad no nos faltará y agradecemos a aquellas fuerzas que ya nos la han dado y la están dando desde ahora.

El MIR desea éxito a la Conferencia Europea de Frankfurt y expresa su satisfacción por la contribución que, a través de las luchas pasadas y presentes, pueda aportar a los trabajos de la misma. Nuestros saludos a los organizadores y participantes, nuestros votos para que la Conferencia sea un paso más en la definición de la estrategia y la táctica de lucha de la clase obrera europea por su liberación.

 

PATRIA O MUERTE

¡VENCEREMOS!