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Ruy Mauro Marini:

perfil de un intelectual revolucionario

 

Nelson Gutiérrez

 

Fuente: Ruy Mauro Marini. Vida e obra, Roberta Traspadini e João Pedro Stedile (orgs.), Ed. Expressão Popular, São Paulo, Brasil, 2005, pp. 263-281 [PDF]. Nelson Gutiérrez Yáñez (1946-2008) fue miembro de la Comisión Política del MIR de Chile. Traducción al español, Iván López Ovalle.

 

Ruy Mauro Marini se vinculó al MIR desde que llegó a Chile en noviembre de 1969. Llevaba consigo la responsabilidad de una rica trayectoria intelectual y una concentrada experiencia política. Era un hombre que traía consigo la marca de la izquierda revolucionaria, además tenía ojos y mirada de dirigente.

En ese periodo, yo estudiaba sociología en la Universidad de Concepción y era presidente de la Federación de Estudiantes (FEC). Ya conocía los trabajos de Ruy Mauro publicados en diversas revistas, y por comentarios de amigos brasileños en común exiliados en Chile. Sabía que el profesor que llegaba a Chile del exilio mexicano me ayudaría a resolver mi preocupación cotidiana, sintetizada en la frase: sin teoría no hay acción revolucionaria posible.

Aprendí muy temprano con Ruy, que la teoría de la dependencia no era un subproducto o una alternativa académica a la teoría desarrollista de la CEPAL; esa teoría encontraba sus raíces en las concepciones de la nueva izquierda que surgía en toda América Latina y que buscaba contraponerse a la ideología desarrollada por los partidos comunistas, que comenzaron a incorporar las ideas cepalinas a partir de las tesis del deterioro de los términos de intercambio, del dualismo estructural, de la existencia de una supuesta burguesía nacional y de la viabilidad de un desarrollo capitalista autónomo. Eso los llevaba a sustentar la idea de la revolución democrático-burguesa, antifeudal y antiimperialista, heredada de la Tercera Internacional.

También compartí con Ruy y con Juan Carlos Marín la apreciación histórica de que la gestación de la izquierda revolucionaria latinoamericana —en Brasil, Perú, Uruguay, Venezuela, Argentina o Chile— no fue producto, efecto o copia de la Revolución Cubana, sino consecuencia de situaciones específicas anteriores y contemporáneas a ella.

En aquella época, primera y segunda mitad de los años de 1960, la teoría crítica, los estudios marxistas tenían poco desarrollo en Chile. La importancia de la teoría en la acción política, la necesidad de construir un conocimiento riguroso de la estructura de la sociedad chilena y las formas y el carácter que la lucha de clases asumía, constituirían desde el inicio, la base sobre la cual se desenvolvió la relación de Ruy con el MIR.

 

El periodo 1969-1971: Concepción

Como Ruy recuerda en su “Memoria”, escrita para la Universidad de Brasilia, durante su permanencia en Concepción, fue difícil para él separar la actividad académica de la actividad política. Su vida se trasformó de manera tan intensa que lo llevó a una práctica pedagógica incesante, tanto en las clases como en las reuniones con militantes y dirigentes obreros de las minas de carbón de Lota, Coronel y Arauco, de la industria textil de Tomé, de la industria de cuero y calzado de Concepción, y con dirigentes estudiantiles de educación media y universitarios del sur del país.

La contribución de Ruy en los planos teórico, político y organizativo, fue importante para la dirección regional del MIR en Concepción, para la brigada y, más tarde, GPM de la universidad, que en su punto máximo, llegó a más de 500 miembros. También contribuyó en los debates de la comisión política.

En la vida interna del MIR, la presencia de Ruy fue decisiva en la organización de la formación política de los militantes. De esa práctica inicial surgiría más tarde, una concepción y una política de formación para todo el movimiento: las escuelas de cuadros, la selección de textos y las ediciones mimeografiadas e impresas. Muchos militantes de aquella época se acuerdan de las clases y de los seminarios, sobre todo de los métodos y de las técnicas de estudio y de exposición, que tenían el objetivo de hacer que los cuadros asimilaran una técnica básica para desarrollar su propia capacidad de formación y reflexión, así como para dominar diferentes formas de exposición oral y escrita: la oratoria, el panfleto, la propaganda, el discurso, el informe, el artículo breve, el ensayo, etc.

En el terreno teórico y de trasmisión de conocimiento indirecto, Ruy apoyó el movimiento estudiantil con trabajos y exposiciones sobre los movimientos estudiantiles en América Latina, particularmente en Brasil y México. También contribuyó de forma decisiva, en la elaboración del documento “Bases para una política Universitaria”, texto constituyente del Movimiento Estudiantil de Concepción, que orientó su acción política y sus principios programáticos a la lucha por la Reforma Universitaria (1966-1970).

Una contribución poco conocida de Marini a la política del MIR durante esa etapa, tiene que ver con el estudio y la socialización de la militancia, de las experiencias acumuladas por el movimiento de masas en la lucha de barricadas, la lucha de calle durante el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX y, más tarde, de las experiencias de la lucha de masas, de las manifestaciones populares y de los movimientos estudiantiles de Brasil, México, Corea, Japón, Paris, etc. De hecho, es en Concepción que surge la idea de organizar la masa armada en los frentes estudiantiles, populares, campesinos y obreros, en respuesta a la creciente escalada represiva del gobierno de Eduardo Frei (1964-1970), como consecuencia de la modernización y la militarización de las fuerzas policíacas. La masa armada era el correspondiente organizativo para las luchas que anunciaban la acción directa de las masas excluidas del sistema, en las áreas urbanas y rurales.

El retorno a los estudios clásicos de Engels, de las guerras campesinas en Francia y Alemania, el estudio de Rudé sobre las masas en la historia, el regreso a Clausewitz, a los escritos de Lenin, a la publicación en Chile de La insurrección de Neuberg [1], las lecturas de Lussu [2], retratan esa preocupación.

En vísperas a las elecciones presidenciales de septiembre de 1970, comenzamos a conversar con Ruy sobre las características del período de la lucha de clases que se aproximaba. Mi amigo y maestro Juan Carlos Marín, ya me había alertado sobre el hecho de que estábamos enfrentando una crisis de unidad política de la clase dominante y que en ese contexto, sería posible que un movimiento popular y nacional (no revolucionario), como la Unidad Popular (UP), pudiera ganar las elecciones y ascender al control de los cargos electivos del gobierno del Estado.

Marini llegaría más tarde, a partir de otra perspectiva, en su trabajo El desarrollo industrial dependiente y la crisis del sistema de dominación en Chile, a una conclusión semejante. Él partía del movimiento económico, en particular de la distribución de la plusvalía, y ahí encontraba las raíces de la ruptura que afectó a la burguesía chilena y abrió camino para el triunfo electoral de la UP.

Ruy formaba, enseñando a cada alumno a aprender a conquistar grados de autonomía, libertad y creatividad.

 

El período de 1971-1973

Al final de 1970, Ruy se empeñaba en transferirse a Santiago, en una transición que no terminó antes del fin de marzo de 1971. Del Instituto de Sociología de la Universidad de Concepción, pasó al Centro de Estudios Socioeconómico (CESO) de la Facultad de Economía de la Universidad de Chile donde compartió actividades con Theotônio dos Santos, Tomás Vasconi, Vânia Bambirra, Marta Harnecker, Julio López, Marco Aurelio García, Jaime Osorio, Marcelo García, André Gunder Frank, Emir Sader, Álvaro Brines, Roberto Pizarro, Antonio Sánchez, Guillermo Labarca y otros.

El CESO, entre 1972-1973, llegó a convertirse en el principal centro de la intelectualidad crítica de Chile, referencia y lugar de paso obligatorio para los intelectuales de América Latina, Estados Unidos, Europa y África. Desde ese lugar, ganaron proyección pública algunos de sus trabajos de mayor importancia como Dialéctica de la dependencia, La acumulación capitalista dependiente y la superexplotación del trabajo, así como diversos estudios y artículos sobre Chile reunidos más tarde en el libro “El reformismo y la contrarrevolución: un estudio sobre Chile”.

En esos artículos, Marini defiende una caracterización de la contrarrevolución chilena y latinoamericana en general, que se definía por el uso de los conceptos como fascismo, fascismo militar, fascismo dependiente, ya que tales términos ocultaban el proceso real y buscaban justificar la formación de frentes amplios, en los cuales la burguesía buscaba asumir un papel hegemónico. En aquella época todavía era posible luchar por una política de amplias alianzas del período, que no implicaran una inevitable subordinación ineluctable de las fuerzas populares a la burguesía “más progresista”, o “menos reaccionaria”. La izquierda y los movimientos populares aún detentaban localizadamente la capacidad de iniciativa y determinación en América Latina, y estaba en ascenso en Europa Occidental, en Asia y en África.

Las derrotas sufridas por la izquierda, por la clase obrera y por los movimientos populares en Europa y en los países latinoamericanos, abrían camino para el éxito de las fórmulas de frente amplio bajo la dirección de la burguesía, que definirían la redemocratización en América Latina y en particular, en América del Sur.

Esa discusión sobre el carácter de la contrarrevolución chilena y el período de la lucha de clases, inició con mucha fuerza en el MIR a partir de la crisis de 1981-1983, que golpeó al conjunto de la sociedad chilena.

Sin embargo, las principales producciones teóricas de Ruy Mauro Marini durante su permanencia en Chile y su vinculación con la izquierda revolucionaria entre 1969-1973, se perdieron en la furia genocida e incendiaria que tuvo lugar a partir del 11 de septiembre. Se trata de las notas elaboradas para el curso de Teoría de la Trasformación, que se refería en realidad, a la teoría de la revolución. Eran estudios de las revoluciones burguesas y de las cuatro revoluciones socialistas: soviética, china, vietnamita y cubana. También se profundizaba en la reelaboración de los conceptos de revolución democrática y revolución socialista, buscando establecer nuevas relaciones entre ellas; se profundizaba en la investigación de clase y alianza de clases, vanguardia y clase, lucha de masas, al mismo tiempo en que se reexaminaban las concepciones y prácticas de la lucha armada en la reciente experiencia latinoamericana.

En Santiago, Ruy, no obstante su intensa actividad intelectual en el plano de la investigación y la docencia, no abandonó su militancia en el MIR. Nunca quiso asumir responsabilidades mayores en el centro dirigente, pues parecía adivinar que ese tipo de reclusión partidaria le haría perder libertad y emplear un tiempo excesivo en tareas burocráticas y poco productivas.

Ruy se reunía periódicamente con la comisión política para analizar diferentes temas y compartía, cotidianamente, tareas con algunos cuadros de esa instancia. Ciertamente, continúo participando en las tareas de educación política y formación de cuadros, que tomaron envergadura nacional. Atendía directamente, junto con Lumi Videla, el trabajo de las estructuras y GPMs [3] de Santiago, y compartía conmigo la dirección nacional de esa tarea.

Colectivamente, también nos ocupábamos del trabajo teórico, al mismo tiempo en que desarrollamos una política sistemática de reunión y orientación de la intelectualidad crítica marxista y de los artistas y de las personas de la cultura en Chile y otros países, a los cuales llegaba el eco de la experiencia chilena y de las particularidades de la izquierda revolucionaria que el MIR expresaba. Con esa finalidad, dimos vida a la revista Marxismo y Revolución, de la cual fueron editados dos números.

Iniciamos los trabajos para crear una pequeña editorial que consiguió editar sus primeros libros antes del golpe. El proyecto era mucho más ambicioso. En septiembre de 1973, el MIR contaba con una gran imprenta, lista para comenzar a editar el periódico El Rebelde, los periódicos sectoriales, la revista teórica, además de los libros que comenzarían a ser lanzados por la editorial, etc.

Pero lo que consumía uno o más días por semana de los esfuerzos de Ruy, de las 6 horas de la tarde hasta la madrugada, eran las reuniones para la conformación de la línea de El Rebelde, la revisión de las pruebas o la redacción del editorial, o un artículo de fondo. Ahí trabajaba un buen equipo de periodistas: Ruy, Bautista Von Showen, Gladys Díaz, María Eugenia Camus, Augusto Carmona, Ernesto Carmona, Faride Zerán, José Carrasco y muchos otros.

Durante ese período, el MIR llegó a tener una gran influencia y organización entre los periodistas, en los diferentes medios de comunicación que abarcaban radio, TV, revistas, periódicos, etc., así como artistas y personas de la cultura, en particular los relacionados al cine, danza, literatura, poesía y música.

Marini dio importantes contribuciones en ese período, en los análisis y discusiones de la dirección del MIR con relación al movimiento comunista internacional; a la Primera, Segunda, Tercera y la Cuarta Internacional; a la política exterior soviética, china y cubana, y especialmente, al esclarecimiento y urgencia de buscar formas para iniciar la coordinación de la izquierda revolucionaria latinoamericana y de la izquierda revolucionaria mundial. Eso daría origen más tarde, a la decisión de construir la Junta Coordinadora Revolucionaria (JCR) del Cono Sur, pensada como embrión de una coordinación continental.

Durante el período de la UP, Ruy invirtió mucho tiempo en la elaboración de la estrategia del MIR, apoyándose básicamente en la idea de que la estabilidad y la continuidad del proceso y del gobierno de la UP, solamente podría sustentarse en la fuerza que las masas liberaban en su acción movilizadora, dando origen incluso, a los órganos de poder popular y a la decisión, ya en marcha, de que se armaran moral y materialmente, por lo menos hasta octubre de 1972. La estrategia de gran parte de la UP y del gobierno, buscaba sustento en la defensa, para protegerse en las trincheras del Estado burgués, en la supuesta constitucionalidad y profesionalismo de las Fuerzas Armadas, y en el espíritu republicano y democrático de la clase dominante. Esa política terminaría por llevar el proceso al punto al que finalmente llegó, dando origen al golpe, al genocidio y a la matanza.

 

El golpe de 1973 y el tercer exilio

El golpe sorprendió a Ruy en su pequeño departamento de Providencia, lugar de encuentro de la Comisión Política del MIR, exilados brasileños, amigas y amigos y mi propio refugio durante casi un año.

Una vez que el toque de queda fue suspendido, el 13 de septiembre, Ruy recibió la visita de un enviado de la Comisión Política, con el pedido de que se exiliara y pasara a desempeñar un papel activo en la organización de la resistencia en el exterior.

Ruy se refugió en la Embajada de Panamá y permaneció ahí hasta mediados de octubre de 1973. Se mantuvo en ese país hasta finales de enero de 1974, cuando partió hacia Múnich, Alemania. Cuando la CP del MIR, dirigida en aquel momento por Miguel Henríquez, había pedido a Ruy, unánimemente, que asumiera el trabajo del MIR en el exterior y que permaneciera un tiempo en Europa, dado que, en ese continente se configuró el más amplio movimiento político de masas de apoyo al MIR chileno, con bases en Alemania e Italia.

Marini relata en sus memorias que, súbitamente se vio transformado en líder y comunicador de masas, cuando se le colocó en el papel de principal orador en la manifestación convocada en Frankfurt, para recordar el primer año del golpe chileno. Se juntó ahí, una masa superior a las 300 mil personas.

En septiembre de 1974, Ruy volvió para América Latina y se instaló en México-DF, quedándose ahí hasta 1977. Continuó moviéndose incesantemente entre América Latina, los Estados Unidos y Europa, pues sus tareas políticas así lo exigían. Esa etapa coincide con el momento en que quedó responsable por el trabajo exterior del MIR, que trasfirió su base para La Habana, Cuba.

Yo había permanecido clandestino en Chile hasta fines de 1975. En octubre de ese año, tuvimos un enfrentamiento armado con las fuerzas represivas, lo que nos llevó, en el mes de noviembre de ese mismo año, a buscar asilo en la Embajada del Vaticano, en Santiago. En febrero de 1976, yo y mi compañera María Elena, mi hija Paula y mi hijo que estaba por nacer, Dago, fuimos autorizados a salir rumbo a Suecia, con sentencia de extradición incluida.

En julio del mismo año llegué a Cuba y, en la reunión anual del Comité Exterior del MIR, me reencontré con Ruy Mauro Marini. Habíamos mantenido correspondencia desde la clandestinidad en Chile entre 1973 y 1975. El CP había reconocido varias veces la dedicación, inteligencia y creatividad de Ruy para organizar el trabajo exterior, en condiciones que no eran fáciles, sobre todo por la política que el MIR había definido para los exiliados nacionales.

Durante mi exilio en Suecia, que duró de febrero a julio de 1976, mantuvimos contacto regularmente. Ahí tomé conocimiento del enorme trabajo político desarrollado por Ruy, entre 1974 y 1976. El trabajo realizado me sirvió de inspiración para elaborar más tarde la concepción que guió la propuesta exterior del MIR entre 1977 y 1990: la creación de una retaguardia exterior que contribuyera para sustentar el trabajo político de un frente (Chile), que quedó prácticamente sin retaguardia geográfica y política, tan pronto el territorio fue ocupado policial y militarmente por una fuerza de guerra.

Una de las primeras tareas que Ruy asumió en el exilio, en el campo de la lucha teórica, fue enfrentar y desmontar la tesis, que la mayoría de la izquierda chilena divulgaba en el exterior, que responsabilizaba al MIR por el golpe y por la caída de Allende. En el artículo “Dos estrategias en el proceso chileno”, Marini esclarecía que la línea del MIR durante el gobierno de la UP, basada en la movilización popular y en la creación de órganos de poder alternativos, chocó con la propia dinámica del Estado burgués, respaldada por el PC y por la mayoría de la UP —en cuya defensa sustentarían ellos— intentó estabilizar el proceso y el Gobierno, pero que al final, terminó por conducir el procesos a un punto de ruptura, una vez que la burguesía se reunificó políticamente.

En la reunión de La Habana de julio de 1976, volví a conversar con Ruy sobre la necesidad de que él se incorporara a la dirección del MIR, principalmente cuando ésta se encontraba enormemente debilitada por la muerte de varios de sus principales cuadros históricos. El “Maestro”, como lo llamábamos, rechazó una vez más la idea. Llegamos entonces a un acuerdo: que el continuara con las tareas que desarrollaba en México: edición regular del Correo de la Resistencia, una revista de óptimo nivel, de excelente diagramación, que circulaba por todo el mundo del exilio chileno y “mirista”, en los círculos revolucionarios internacionales, que era introducida clandestinamente en Chile.

Establecimos también la necesidad de buscar fondos para crear un Centro de Estudios en México, el CIDAMO, que permitiría dar continuidad al trabajo de producción teórica, investigación crítica y renovación del marxismo que habíamos iniciado en Chile, y que en ese momento, se presentaba como una urgencia inmediata. El CIDAMO se transformó en un centro de investigación y producción teórica, que contribuyó con conocimientos e informaciones importantes para la elaboración política del MIR y del movimiento revolucionario latinoamericano.

A finales de 1977, comienzos de 1978, la dirección del MIR formuló la política de retorno como eje fundamental de su actividad inmediata. Tal política constituyó un esfuerzo de gran envergadura para movilizar las reservas morales y las capacidades políticas del “mirismo”, estacionado en la retaguardia exterior, con el objetivo de comenzar a reintroducir cuadros en el frente de lucha en Chile.

En un principio, el programa de retorno se vio fuertemente influenciado por las concepciones militaristas y las propuestas que pretendían reducir la lucha política, para derribar la dictadura con la pura y explícita acción militar. Luego eso fue corregido para convertirse en una política global, no reduccionista, que intentaba apoyar las fuerzas partidarias que permanecían en Chile, en el esfuerzo de su capacidad de dirección y recuperación de territorios. Se trataba de instalar en Chile cuadros con experiencia acumulada, con conocimiento directo e indirecto, con dominio del arte de formación y acumulación de fuerzas. Se trataba de una política, cuya intensidad y volumen, estarían determinadas por la retaguardia social real del partido en Chile. Se trataba del aprovechamiento de las oportunidades y espacios que se constituirían para legalizar una política y algunos cuadros.

Volví a proponer a Ruy la necesidad de incorporarse a la dirección del MIR, al menos al Comité Central, y que nos apoyara en la tentativa que estábamos emprendiendo. Marini aceptó, pienso yo, más por la responsabilidad histórica y ética.

En América Central había una situación distinta. Se comenzaba a vivir un periodo ascendente de la lucha de clases, en que el poder se podría mover desde los sectores más reaccionarios a los menos reaccionarios de la clase dominante. Nicaragua pasaba por un período de crisis del sistema de dominación, de intensa exacerbación de la lucha, de crecientes contradicciones en el seno de la burguesía, de ascenso de las luchas populares, de ampliación de la lucha democrática, lo que abría la posibilidad para que surgiera una oportunidad histórica que podía ser aprovechada por el movimiento revolucionario: el sandinismo.

La política de retorno nos obligó a redoblar y ampliar el trabajo de formación de cuadros en la retaguardia exterior. Ruy retornó a las tareas de educación política y formación de cuadros, dirección de las escuelas, que ya había desarrollado en Chile. Reunimos un grupo de excelentes cuadros, con buena formación, amplia experiencia, responsabilidad política, espíritu crítico y libertario, dominio de la teoría y de los materiales de organización colectiva. Entre ellos, se destacaban Aníbal Matamala, Martín Hernández, Lily Rivas, Ricardo Frödden, Pedro Landsberguer.

Los hombres y mujeres que pasaron por la escuela ganaron capacidad de reflexión, organización y resolución de problemas, pero sobre todo, autonomía, superando el nivel de simples ejecutores de políticas.

 

1980-1985

Ruy recordaba con particular clareza que, mientras estuvo en Panamá en 1973, en noviembre de ese año, la Fundación Friedrich Ebert de Alemania, desarrolló en Costa Rica un seminario sobre aspectos económicos, sociales y políticos de la inversión extranjera en América Central, en que reconoció el interés de los funcionarios de la socialdemocracia por la intelectualidad de izquierda de América Latina, así como del trabajo que realizaban para atraerla por medio del CLACSO. En 1975, en la colonia Tovar, Venezuela, la fundación Ebert promovió entre las principales fuerzas de izquierda chilena, un encuentro del cual se excluyó al PC y al MIR. La característica de la acción de la socialdemocracia quedó perfectamente clara. Eran los antecedentes que se acumulaban para abrir camino al proceso que fue conocido más tarde en Europa, América Latina y Chile, como renovación socialista. Como se sabe, eso llevó a la ruptura de la alianza política y de clases expresada históricamente por el PC y por el PS, de la cual fue excluido el MIR y de donde surgió la figura de la Democracia Cristiana como principal aliada de la “izquierda renovada”.

Eran forjadas, de esa forma, las bases para la trasformación de la mayor parte de la izquierda chilena en un ala de la socialdemocracia, proceso que, primero bloquearía y después, destruiría la unidad de la izquierda histórica y revolucionaria de ese país, forjada al final de los años setenta y comienzos de los ochenta. Esos acontecimientos preparaban las condiciones para los procesos de redemocratización bajo la hegemonía burguesa que ocurrirían a lo largo de la década de 1980 en América Latina, y en la segunda mitad de esa década en Chile.

En ese período, Ruy también trabajó buscando entender los procesos de formación del nuevo Estado en América Latina y las formas que éste tomaría. De ahí surgieron los conceptos de “Estado de contrainsurgencia” y en seguida, “Estado del cuarto poder”, figura mediante la cual se buscaba demostrar cómo, a lado de los poderes tradicionales (Ejecutivo, Legislativo y Judicial), surgía un cuarto poder, el poder militar como un poder autónomo, que subordinaba, sobredeterminaba y protegía a los otros poderes del Estado. Eso colocaba un límite a la trasformación de la lucha política en confrontación armada y/o militar. El concepto buscaba dar cuenta del hecho de que enfrentábamos un Estado burgués, un Estado de poder, más poderoso y militarizado, que aumentaba las dificultades de una estrategia basada en el simple asalto al poder del Estado, o de una estrategia basada en una guerrilla clásica como la de mediados de 1950. La preocupación por el tema del poder, para conocer cómo se formaba y lo que era, pasa a ser una constante en nuestras lecturas y relaciones.

Al comienzo de la década de 1980, motivado por las discusiones internas del MIR, de la izquierda chilena y de una parte de la intelectualidad, Ruy hizo una investigación pionera sobre el patrón de acumulación del capital en Chile. La redacción final del trabajo fue realizada en La Habana, Cuba. En ella, Ruy contesto a la tesis de que, durante el período de la dictadura militar, no se verificó ningún desarrollo económico y que tal desarrollo no podría ser realizado sobre las bases económicas existentes. Esa idea se vinculaba a la tesis política que definía la dictadura militar como la contrapartida necesaria a la falta de desarrollo económico. La recesión declarada en 1981, que fue acompañada por el endurecimiento de la política económica y represiva de la dictadura, era presentada como prueba de tal tesis.

Para Marini, bajo la dictadura, la economía chilena pasó por un proceso expansivo que se mantuvo hasta el primer semestre de 1981, con una tasa anual de crecimiento en torno al 8%. En el segundo semestre, el crecimiento desacelera, para, en el último trimestre, pasar a un crecimiento nulo y al inicio de una crisis económica, que se desdobla en crisis social y política, llevando a la exacerbación de la lucha, ampliando la lucha interburguesa, generando presiones sobre el Estado e interrumpiendo el proceso de institucionalización en curso. En todo caso, la crisis no se desarrollaba en un capitalismo con “pies de barro”, pero si, en un capitalismo que creció y se transformó, dando origen a un patrón de acumulación basado en la especialización productiva y abierto al mercado mundial.

Esa caracterización del capitalismo local y de la crisis de 1981-1983, tendría una gran importancia en la lucha teórica al interior del MIR, creando las bases para el surgimiento de dos estrategias en el interior de la dirección del MIR a partir de esa fecha.

Después de ese trabajo, fue realizado un seminario sobre la crisis en la sociedad capitalista, cuando se examinaron los conceptos crisis, crisis general, crisis económica, crisis cíclica, crisis social, crisis política, crisis del sistema de dominación, crisis ideológica, crisis de hegemonía, crisis prerrevolucionaria, crisis del retroceso. Al mismo tiempo, se estudió con profundidad la crisis económica, social y política ocurrida en la sociedad chilena entre 1991 y 1993.

En aquel período, el sector mayoritario de la dirección del MIR confundió una crisis económica —que se desdobló en crisis social y política, llevada al extremo por la oposición, confrontación y lucha entre sectores burgueses— con una crisis revolucionaria, gestada por la base, en otras palabras, una crisis transitoria que llevó a la readecuación del sistema de dominación, anunciando anticipadamente el proceso de redemocratización controlada que ocurriría años más tarde.

Eso tuvo enorme y dramática consecuencia sobre la estrategia, la política y la militancia del MIR, al provocar un desvío de los objetivos del periodo, al sustituir la lucha contra la dictadura militar por la toma inmediata del poder, restringir la política de amplias alianzas del periodo, renunciar a la lucha por la dirección de la fuerza social antidictadura, reducir la lucha política a la lucha militar, a la confrontación armada, sin contar con la fuerza social y material para eso.

Marini se alineó con la corriente inicialmente minoritaria de la dirección, que defendía una estrategia de amplias alianzas sin renunciar a la dirección, ni subordinarse a la hegemonía de las fuerzas de la burguesía.

En 1979, con la ley de amnistía, Ruy inicia un largo proceso de retorno a Brasil. Entre 1979 y 1984 combinó viajes y convivencia en los dos países: México y Brasil. Los temas de su preocupación en esa época eran los procesos de democratización en América Latina y en particular, en Brasil y en el Cono Sur; la lucha por la democracia en América Latina; el movimiento obrero y la democracia; los límites de las asambleas constituyentes y de las nuevas constituciones; las relaciones, en el caso de Brasil, entre el Estado, grupos económicos y proyectos políticos. La preocupación central era esclarecer el carácter de clase de la lucha democrática, para que esos procesos no se limitaran a la capacidad de iniciativa y determinación exclusiva de las fuerzas burguesas.

En el campo de los estudios internacionales y de la política mundial, Ruy se preocupó con temas como la democracia y el socialismo; la Perestroika y sus implicaciones para la sociedad soviética y para el sistema de relaciones; la geopolítica latinoamericana, la economía mundial y la integración latinoamericana. También se preocupó con el desarrollo del capitalismo mundial, como se verifica en su conferencia: “Crisis y reordenamiento de la economía capitalista mundial”.

Cuando en 1987 ocurrió la crisis final y la ruptura en el MIR, Ruy permaneció en la corriente que más tarde fue conocida con el nombre de MIR político. Continuó acompañando el curso de ese grupo chileno en la lucha por el NO, cuando las masas populares impusieron por el voto, la primera derrota de envergadura al pinochetismo y a la burguesía más reaccionaria.

En 1990, Ruy Mauro Marini regresó a Chile después de 17 años de ausencia. El país estaba sustancialmente transformado, el capitalismo había crecido, se había desarrollado. Estábamos frente a un capitalismo más fuerte y una burguesía más poderosa. El proceso de redemocratización controlada a que la sociedad chilena estaba sometida y su sistema político institucional, eran producto de una alianza de clases con hegemonía burguesa. Las clases populares, la izquierda histórica y revolucionaria habían seguido por caminos propios, o habían sido llevados a la marginalidad y a la exclusión. El sistema político emergente presentó solamente dos figuras políticas: la derecha (pinochetismo y derecha liberal) y el centro (socialdemócrata y cristiano).

El Chile de los noventa era un país en el cual habían desaparecido casi completamente, el pensamiento social latinoamericano y las corrientes críticas surgidas en los años sesenta, así como el pensamiento crítico que perduró en los años de 1970, 1980 y 1990. El espacio había sido ocupado por el pensamiento socialdemócrata y neoliberal. Estábamos de regreso a las influencias intelectuales de los Estados Unidos y Europa, como simples receptores de conocimiento y repetidores de teorías ajenas.

 

Ruy Mauro Marini: el maestro y el hombre

Además de maestro, intelectual y cuadro político, está el propio humanista, buscando abrir nuevos caminos en la historia.

Ruy dice en sus memorias, que su papá era hijo de un sastre de Génova y de una campesina de Calabria, que lo trajeron concebido a Brasil cuando emigraron de Italia en 1888. Su mamá, hija de una tradicional familia de terratenientes de Minas Gerais. De niño vivió con su abuelo y experimentó la decadencia del grupo familiar, luego de la quiebra provocada por el fin de la esclavitud. Su papá fue profesor de matemáticas en escuela pública. Estimulado por su esposa estudió Derecho, ingresando por concurso público en la “casta” de los entonces llamados “príncipes de la República”, los fiscales del impuesto al consumo. “La imagen que dejó fue la de un hombre simple, severo y sorprendentemente honesto”. Ruy reprodujo y enriqueció en escala ampliada, esa imagen paterna que lo acompañó durante toda su vida.

Fue un hombre simple, riguroso, racional, pero extraordinariamente afectivo y respetuoso con los otros. Una grande inteligencia. De una absoluta honestidad intelectual, política y personal. Con una vasta cultura, hablaba español, portugués y francés. Leía inglés e italiano. Gran lector en el campo de la historia, la antropología, la filosofía, la economía, la administración, las ciencias políticas, del derecho, la sociología y la psicología social, del marxismo. Gustaba de la literatura clásica y moderna, conocía bien a los escritores brasileños y latinoamericanos. Escribió poesía en su juventud y se deslumbraba con la lectura de los grandes poetas. Gustaba de la música popular, de la nueva canción cubana, así como de Maria Bethânia, Chico Buarque, Caetano Veloso. Frecuentaba conciertos y recitales. Gran conversador y orador agradable, podía quedarse horas dialogando sobre diversos temas.

Conocer Ruy, trabajar con él, compartir sueños comunes, aprender de él, alegrarse con él, mantener una lucha común por muchos años, fue un gran privilegio.

 

Epílogo

Ruy vivió prisionero del dilema entre sus inclinaciones naturales como constructor de conocimiento, pensador y teórico, científico social, y su responsabilidad como hombre de acción, sujeto político, orientado a transformar las relaciones sociales existentes. Traía eso desde la época de su concientización de la realidad brasileña, del momento en que su propio pensamiento, que acompañaba el desarrollo de las contradicciones y conflictos del capitalismo local, se trasforma en un incentivo permanente que lo obliga a la búsqueda y a la creación. Desde su incorporación, a inicio de los años sesenta, a la organización marxista Política Operária (POLOP), expresión de la izquierda revolucionaria en Brasil, Ruy no abandonó su relación y militancia, en el plano de las ideas y de la práctica, con la izquierda revolucionaria emergente en el ámbito continental.

Su vínculo con el MIR chileno se prolongó de 1969 hasta su muerte en Brasil. Hasta el final de su vida, incluso después del derrumbe de los países socialistas del este europeo, de la redemocratización bajo la hegemonía burguesa y del auge del capitalismo neoliberal practicado en América Latina, Ruy continuó indagando e interrogando a la historia y al futuro sobre los caminos que podrían llevarnos a un orden social más humano.

Al final de 1990, Ruy estaba descontento con el rumbo que había tomado su práctica teórica y de investigación. Sentía que tanto el exceso de trabajo académico, como las investigaciones que estaba realizando, lo alejaban de los temas centrales que le habían preocupado toda su vida. Todo esto se volvía hacia la integración y la refuncionalización del sistema científico-cultural vigente en el país, a los intereses del establishment por el conocimiento.

Cuando la muerte lo sorprende, ese gran maestro del pensamiento latinoamericano de la segunda mitad del siglo XX se preparaba para completar el camino abierto por la teoría de la dependencia, que estimuló a los latinoamericanos a pensar y a estudiar América Latina por sí mismos, a invertir la relación de conocimiento entre la región y los grandes centros capitalistas.

Marini tenía en sus planes, la idea de concentrarse en un esfuerzo para completar, actualizar y trascender la teoría de la dependencia en el plano del marxismo, y contribuir con un pensamiento propio latinoamericano para enfrentar los desafíos del siglo XXI, superando las teorías provenientes de los centros capitalistas y de los modelos de un pensamiento dominante, que respondía a los intereses del polo de extrema riqueza, de la concentración exacerbada de la renta y de la propiedad que hoy gobierna el mundo.

 

 

Notas de la edición Ruy Mauro Marini-Escritos:

[1] A. Neuberg, La insurrección armada, Ediciones de Cultura Popular, México, 1973, 410 pp.

[2] Emilio Lussu, Teoría de los procesos insurreccionales contemporáneos, Editorial Tiempo Contemporáneo, Colección Crítica Ideológica, Buenos Aires, 1972, 272 pp.

[3] GPM: Grupo Político Militar.