Participantes

 

Contacto

 

Comenzó ascenso de la izquierda

 

Ruy Mauro Marini

 

Fuente: Punto Final, Santiago de Chile, febrero de 1992. Entrevista realizada por Hugo Guzmán Rambaldi.

 

Ruy Mauro Marini, economista brasileño, es uno de los intelectuales que marcaron una época y un estilo en el pensamiento latinoamericano. Artífice, junto a otros, de un marco teórico que incidió en la izquierda —sobre todo en los años 70— plantea hoy modificaciones, ya que “la correlación de fuerzas cambió en contra nuestra”. Autor de varios libros, algunos en relación a la teoría de la dependencia, ex miembro del Comité Central del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) de Chile, hoy da clases en la Universidad de Brasilia.

— Hace unos años usted y otros intelectuales hablaban de una renovación de la izquierda, de un cambio de lenguaje. ¿Eso debilitó o ayudó a los proyectos de esa izquierda?

— En los años recientes la izquierda se revitalizó, se fortaleció en América Latina. Los hechos son evidentes: el éxito del PRD en México, el ascenso de las fuerzas de izquierda en Brasil. Esos y otros fenómenos se están dando en Colombia, en Centroamérica, particularmente en El Salvador. La izquierda busca y encuentra formas orgánicas específicas, diferenciadas en cada país, que responden a un movimiento social amplio y esto no es accidental. Pienso que la izquierda está en una fase de ascenso.

Los cambios que están ocurriendo en América Latina provocan la marginación de sectores importantes de la clase obrera, del campesinado, golpean fuertemente a la clase media y también, en alguna medida, a la gran burguesía. Se abren brechas por las que se hace presente la izquierda.

Pero si ella no es capaz de formular un proyecto para el futuro, de desarrollo nacional y regional, de recoger las aspiraciones de las grandes mayorías y, más que eso, darles perspectivas de victoria, esta fase se cerrará.

La izquierda tiene que realizar un trabajo teórico de amplias proporciones para abrir paso al crecimiento y el fortalecimiento de las fuerzas populares y de sus representaciones políticas.

Integración latinoamericana

— ¿Un ejemplo de ese trabajo teórico?

— En las nuevas condiciones hay que repensar varias cuestiones. Hoy la integración latinoamericana, la suma de esfuerzos, la constitución de un bloque continental, es indispensable para que nuestros pueblos tengan mejores condiciones de vida. Desarrollar la economía nacional de manera más armónica, más íntegra, más articulada. Estas condiciones se conseguirán con una posición de fuerza que supone a América Latina unida. Éste es un cambio extremadamente importante...

— ¿… qué la izquierda de la región no asume?

— Exactamente. La izquierda todavía se mueve en un plano muy nacional, muy doméstico.

— ¿Los gobiernos y los empresarios sí lo comprenden?

— Hay una cierta conciencia de su parte por buscar una mejor correlación de fuerzas, de unión para ir a la integración con la economía internacional que pasa, dada nuestra posición, por una relación de algún modo privilegiada con Estados Unidos. Eso es innegable, es inútil sustraerse a eso. Lo importante es no quedarse como un área de influencia norteamericana.

— Entonces ¿qué es primero: ganar las elecciones o luchar por la integración regional?

— No hay un antes y un después. Creo que la izquierda debe caminar sobre los dos pies. Porque si ella no se consolida, no refuerza sus posiciones nacionales, es poco lo que aporta en el plano de la integración latinoamericana. Pero si no camina en el plano de la integración no se va a afirmar nacionalmente, porque no estará dando respuesta al reto de hoy: cómo nos situamos ante la presión de la economía internacional.

— Hay un déficit en eso...

— Sí. La izquierda, por falta de una mayor teorización y comprensión de lo que ocurre a nivel internacional, tiende a cerrarse. No se da cuenta que lo de Panamá, lo de Cuba, es fundamental. La burguesía sí lo ha entendido. México, Brasil y Venezuela están comprometidos en eso, ¿no?

— Y los empresarios chilenos.

— También. La burguesía, tanto a nivel empresarial como estatal, entiende que la cuestión cubana es fundamental para el futuro de América Latina. Si Cuba es ahogada, estrangulada por Estados Unidos, no hay ninguna posibilidad de escapar del neocolonialismo que propician las grandes potencias. Un ejemplo: el poder que detentan en las Naciones Unidas antidemocráticas un puñado de naciones que quieren gobernar al 78% de la población mundial. Esta situación debe ser una bandera de la izquierda.

Las formas de lucha

— Pero en la discusión de proyectos de izquierda hay un viejo problema: las formas de lucha. ¿Usted cree que eso está superado?

— No hay nunca que dogmatizar, mistificar las formas de lucha. Ellas dependen de circunstancias muy concretas con relación al nivel de fuerzas. Lo cierto —y eso lo ha demostrado, para quien tenía alguna duda, la guerra del Golfo— es que la correlación mundial de fuerzas cambió en contra nuestra. Estrategias claramente ofensivas, de conquista violenta y directa del poder, no tienen vigencia. Eso no quiere decir que mañana no la vuelvan a tener.

Pero en estos momentos hay que revisar las estrategias que se estaban desarrollando en condiciones distintas, como las de los años 70, que permitieron triunfos revolucionarios importantes en África, América Latina; y entender que la situación es otra.

El problema fundamental y que las masas lo están planteando, es una ampliación de la democracia. Los tres pilares de hoy son: la nación, América Latina y la profundización de la democracia popular.

— ¿Sirve para esto un proyecto socialista, la teoría marxista leninista?

— Yo creo que nos encontrarnos en la era del socialismo, en la era de expansión del socialismo, como un fenómeno histórico real. Eso se hace por vías complicadas, a veces contradictoras, con avances, con retrocesos. Estamos asistiendo a las primeras afirmaciones de lo que es el paso de la era capitalista a la era socialista. Eso se hace con dolor, con mucho sufrimiento.

Hay que partir de Marx para entender lo que está pasando ahora; si no, no se entiende nada. Pero hay que hacerlo viendo no lo que él dijo sino preguntándose lo que diría hoy frente a esta realidad. Marx nos debe servir como el punto de partida para hacer marxismo creador, capaz de interpretar el momento actual. El marxismo sigue siendo válido.

— Usted y otros intelectuales latinoamericanos fueron muy criticados por fuerzas insurgentes porque su nuevo discurso atentaba contra proyectos revolucionarios. ¿Usted lo resintió?

— Hemos tenido desacuerdos al interior de la izquierda. A mediados de los 80 se produjo un debate. Ante el endurecimiento de la posición norteamericana hacia América Latina, con la invasión a Panamá y Granada, nos dimos cuenta que la correlación de fuerzas no era la que teníamos en los 70. En ese contexto había que revisar la estrategia de la izquierda y ganar un espacio efectivo en los nuevos procesos políticos que se desarrollaron desde 1980. Hubo divergencias, pero creo que la historia viene mostrando que teníamos cierta razón y tenemos que profundizar en esa dirección.

Aporte de Cuba

— ¿Las modificaciones adoptadas por Cuba constituyen un aporte a este cambio en la izquierda latinoamericana?

— Sin duda. Los cubanos siempre han comprendido bien la nueva situación y saben —sobre todo con el desaparecimiento del área socialista— que ellos necesitan abrirse a la economía internacional. Es lo que están planteando para América Latina: integrarse a la región para remediar los problemas económicos. La salida para las dificultades actuales de Cuba es su inserción. Esto enriquecería a América Latina por todo lo que Cuba tiene: cuadros técnicos, tradición de lucha, desarrollo teórico. Pero eso impone cambios, nadie puede quedarse congelado.

Yo creo que esto va a ser positivo. Hay una búsqueda de Cuba de especializarse en ciertas áreas de alta tecnología que otros países no lo han hecho: la biotecnología y la industria farmacéutica. Cuba introducirá un elemento nuevo en la dinámica de América Latina que trae un potencial creativo, revolucionario.