{"id":1020,"date":"1981-04-26T07:23:28","date_gmt":"1981-04-26T07:23:28","guid":{"rendered":"http:\/\/localhost:8888\/wordpress\/?p=1020"},"modified":"2022-03-23T18:56:09","modified_gmt":"2022-03-23T18:56:09","slug":"america-latina-ante-la-crisis-mundial","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/?p=1020","title":{"rendered":"Am\u00e9rica Latina ante la crisis mundial"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-style-default\"><img decoding=\"async\" width=\"960\" height=\"540\" src=\"http:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/revolution-5434424_960_720-edited.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1656\" srcset=\"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/revolution-5434424_960_720-edited.jpg 960w, https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/revolution-5434424_960_720-edited-300x169.jpg 300w, https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/revolution-5434424_960_720-edited-768x432.jpg 768w, https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/revolution-5434424_960_720-edited-600x338.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 960px) 100vw, 960px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center has-vivid-red-color has-text-color has-small-font-size\">Fuente: II Congreso de los Economistas del Tercer Mundo, La Habana, Cuba, 26-30 de abril de 1981.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-text-color has-background has-vivid-red-background-color has-vivid-red-color\"\/>\n\n\n\n<h2 class=\"has-text-align-center wp-block-heading\" id=\"i\">I<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">La segunda guerra mundial correspondi\u00f3 a una etapa del proceso de resoluci\u00f3n de las contradicciones surgidas entre las grandes potencias capitalistas, en el curso del per\u00edodo imperialista. Las guerras no son crisis, pero act\u00faan como ellas: la segunda guerra mundial procedi\u00f3 no s\u00f3lo a la desvalorizaci\u00f3n en gran escala del capital social radicado en las grandes potencias, sino tambi\u00e9n a su destrucci\u00f3n en la mayor\u00eda de ellas, y abri\u00f3 puertas anchas a una centralizaci\u00f3n de capitales sin precedentes a escala internacional, en favor de la potencia norteamericana. Simult\u00e1neamente, impuls\u00f3 innovaciones tecnol\u00f3gicas de gran alcance, particularmente en el campo de la electr\u00f3nica, modificando radicalmente la base t\u00e9cnica de la reproducci\u00f3n capitalista.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese doble proceso de monopolizaci\u00f3n y modernizaci\u00f3n del capitalismo mundial, que asegur\u00f3 la superioridad de Estados Unidos en el concierto de las potencias imperialistas, impon\u00eda por s\u00ed mismo una ampliaci\u00f3n de la escala de operaci\u00f3n del capital, vale decir su extensi\u00f3n, y simult\u00e1neamente su profundizaci\u00f3n, mediante el despliegue de nuevas ramas de producci\u00f3n, as\u00ed como la penetraci\u00f3n, absorci\u00f3n y transformaci\u00f3n de las ramas antiguas por los nuevos gigantes monopolistas. En condiciones contradictorias, ya que un n\u00famero creciente de pa\u00edses se sustraen a la reproducci\u00f3n capitalista e inician su transici\u00f3n socialista, el imperialismo norteamericano debi\u00f3 llevar a cabo esa expansi\u00f3n y profundizaci\u00f3n, acelerando la internacionalizaci\u00f3n del capital y promoviendo la integraci\u00f3n de los sistemas productivos de los pa\u00edses capitalistas.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto jug\u00f3 prioritariamente en favor del centro imperialista. Hacia Europa y Jap\u00f3n se dirigi\u00f3 lo principal de las corrientes comerciales y dinerarias procedentes de Estados Unidos. Las exigencias de expansi\u00f3n y profundizaci\u00f3n del capital, que encarnaba el imperialismo norteamericano, se impusieron en esa zona, provocando la centralizaci\u00f3n e interpenetraci\u00f3n de capitales, promoviendo la integraci\u00f3n europea y alterando dr\u00e1sticamente las bases t\u00e9cnicas de producci\u00f3n. En los sesentas, el imperialismo europeo y japon\u00e9s se mostrar\u00edan ya enteramente recuperados y en condiciones de elevar su nivel de competencia con el norteamericano. Bajo nuevo ropaje la econom\u00eda capitalista mundial volv\u00eda a enfrentarse a la agudizaci\u00f3n de las contradicciones interimperialistas, que la guerra mundial hab\u00eda zanjado. La crisis econ\u00f3mica -que, aflorando a fines de la d\u00e9cada acabar\u00eda por estallar con fuerza en los setenta- corresponde al colapso del orden capitalista internacional que rigi\u00f3 desde la posguerra y expresa la exigencia de profundas modificaciones en el mismo, para que pueda seguir funcionando.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"has-text-align-center wp-block-heading\" id=\"ii\">II<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">La econom\u00eda latinoamericana, que particip\u00f3 activamente de la expansi\u00f3n capitalista mundial, depara la actual crisis internacional en condiciones muy distintas a las que ten\u00eda en la posguerra. En el per\u00edodo, la regi\u00f3n experiment\u00f3 altas tasas de crecimiento, particularmente a partir de la segunda mitad de los sesentas, que le permiten exhibir hoy un producto interno bruto que supera ya al con que contaban los pa\u00edses de la Comunidad Econ\u00f3mica Europea en 1950, en valores constantes. En aquel entonces, el PIB latinoamericano representaba s\u00f3lo una cuarta parte del de los pa\u00edses de la CEE y algo menos de la octava del que correspond\u00eda a Estados Unidos; hoy, representa una tercera parte del que poseen los primeros y una quinta parte del PIB norteamericano.<\/p>\n\n\n\n<p>El motor de la expansi\u00f3n capitalista latinoamericana ha sido la industria manufacturera, cuyas tasas de expansi\u00f3n han estado por encima de la tasa de crecimiento global. Medida en valores constantes, la relaci\u00f3n entre la producci\u00f3n manufacturera y el PIB evolucion\u00f3 de un 20 a un 25%, entre 1950 y 1970; para pa\u00edses como Argentina y Brasil, el grado de industrializaci\u00f3n, establecido en esos t\u00e9rminos, era ya, en 1970, del orden del 30%, registr\u00e1ndose casos como el de Per\u00fa, que alcanza ya el promedio regional, partiendo de un 16% en 1950. En el curso del proceso, gana peso creciente la industria pesada, como lo demuestra la participaci\u00f3n de las ramas metal-mec\u00e1nicas en el valor agregado de la producci\u00f3n manufacturera a mediados de la d\u00e9cada de 1970, particularmente en pa\u00edses como Brasil (31%), Argentina (28%), M\u00e9xico (24%), y a\u00fan Per\u00fa (20%), cifras que no se comparan de manera totalmente desventajosa con las que presentan los pa\u00edses de Europa occidental (36%) y Estados Unidos (41%).<\/p>\n\n\n\n<p>El paralelismo con los pa\u00edses capitalistas avanzados no debe mover a enga\u00f1o. Si no cabe sostener que los problemas de la regi\u00f3n se deben a una carencia de desarrollo capitalista (o, como han dicho algunos autores, a un \u201csubcapitalismo\u201d), tampoco se puede ignorar las peculiaridades del desarrollo latinoamericano respecto al que se ha registrado en los pa\u00edses capitalistas avanzados o hacer caso omiso de la manera espec\u00edfica con que aqu\u00ed operan las leyes propias al modo de producci\u00f3n capitalista, en aras de una ortodoxia mal comprendida. La situaci\u00f3n de dependencia en que se ha desarrollado Am\u00e9rica Latina ha dado como resultado un patr\u00f3n de reproducci\u00f3n capitalista -vale decir un patr\u00f3n de acumulaci\u00f3n, circulaci\u00f3n y distribuci\u00f3n- que le es propio y al que la industrializaci\u00f3n no ha hecho sino conferir rasgos m\u00e1s acusados: esto es lo que lo erige en objeto de investigaci\u00f3n te\u00f3rica particular. Examinemos, brevemente, c\u00f3mo dicho patr\u00f3n ha sido afectado por la expansi\u00f3n y la crisis del capitalismo mundial, para intentar fijar algunas de sus l\u00edneas tendenciales de desarrollo e indagar entonces sobre las implicaciones sociales y pol\u00edticas que de \u00e9stas se derivan.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"has-text-align-center wp-block-heading\" id=\"iii\">III<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Al plantearnos el problema de la relaci\u00f3n que se establece entre la econom\u00eda latinoamericana y la econom\u00eda capitalista mundial, en su fase de expansi\u00f3n, lo primero que salta a la vista es que se modifica entonces el papel que desempe\u00f1a la regi\u00f3n en la divisi\u00f3n internacional del trabajo, pero que dicha modificaci\u00f3n es parcial y, en cierto sentido, incompleta. En la fase de la econom\u00eda exportadora -que, simplificadamente, se puede fijar entre mediados del siglo pasado y la d\u00e9cada de 1930-, Am\u00e9rica Latina se encuentra inserta en la econom\u00eda internacional mediante una divisi\u00f3n simple del trabajo, que se expresa, en el plano mercantil, en el intercambio de alimentos y materias primas por bienes manufacturados y, en el de movimiento de capitales, en su posici\u00f3n de importadora neta. Se\u00f1alemos de paso que afirmar que Am\u00e9rica Latina es importadora neta de capital no es lo mismo que decir que ella participa con ventaja en las transferencias internacionales de valor dinerario; esas situaciones pueden o no coincidir, sin que se pueda prescindir de la distinci\u00f3n anal\u00edtica entre ambos movimientos. La observaci\u00f3n se aplica a autores que, confundiendo capital y rentas del capital, consideran como exportaci\u00f3n de capital a las remesas de beneficios y el pago de intereses del capital extranjero.<\/p>\n\n\n\n<p>La desorganizaci\u00f3n de la econom\u00eda internacional, que se extiende hasta la segunda guerra, pone en crisis la divisi\u00f3n internacional simple del trabajo, en los dos planos indicados. Esto permite y hasta obliga a la regi\u00f3n a desarrollar la industria manufacturera para hacer frente a la demanda interna, para lo que utilizar\u00e1 hasta el l\u00edmite el capital fijo disponible y echar\u00e1 mano de las distintas formas de superexplotaci\u00f3n del trabajo, vale decir de las formas que implican remunerar la fuerza de trabajo por debajo de su valor. Es as\u00ed como, al reorganizarse la econom\u00eda capitalista mundial e ingresar \u00e9sta en una fase de sostenida expansi\u00f3n, Am\u00e9rica Latina ya no se enfrenta a ella como una regi\u00f3n fundamentalmente agraria y minera, sino que presenta un conjunto de pa\u00edses que cuentan con un aparato de producci\u00f3n manufacturera de relativa importancia y a los cuales se ir\u00e1n sumando progresivamente los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Hemos visto que la nota marcante del desarrollo latinoamericano reciente ha sido el avance de su proceso de industrializaci\u00f3n, que ha implicado un crecimiento apreciable de su producci\u00f3n manufacturera y, en algunos casos, que son progresivamente los m\u00e1s, de su producci\u00f3n manufacturera pesada. Para ello han concurrido con fuerza los intereses formados en esas ramas de producci\u00f3n, pero tambi\u00e9n los intereses de los grandes centros capitalistas, en particular, en una primera etapa, Estados Unidos. Se trataba, para \u00e9stos, de extender su esfera de acumulaci\u00f3n al parque industrial latinoamericano, beneficiarse all\u00ed de ganancias extraordinarias (tanto respecto a la cuota media de ganancia vigente en los pa\u00edses de la regi\u00f3n cuanto a la que priva en el centro imperialista) y explotar los mercados internos regionales, en doble sentido: produciendo directamente para el consumo individual y asegurando la expansi\u00f3n del consumo de materias primas y maquinaria producidas en los centros imperialistas. Es as\u00ed como, tras el retroceso que durara hasta la segunda guerra, y sin perjuicio de mayor dinamismo de las relaciones econ\u00f3micas entre los centros imperialistas, Am\u00e9rica Latina ver\u00e1 reanudarse y aumentar el flujo de mercanc\u00edas y capital dinero hacia ella.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"has-text-align-center wp-block-heading\" id=\"iv\">IV<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Sobre esta base, se establece una divisi\u00f3n internacional del trabajo m\u00e1s compleja entre los centros imperialistas y las econom\u00edas latinoamericanas, en lo que se refiere a las importaciones. En el plano mercantil, se diversifica su pauta de importaciones de manufacturas, perdiendo all\u00ed peso los bienes de consumo en favor de los bienes intermedios y de capital. En el plano del movimiento de capitales, la regi\u00f3n sigue siendo importadora neta, pero el capital dinero ingresado para fines productivos se desplaza de la miner\u00eda y la agricultura hacia la industria manufacturera y la infraestructura de transportes y energ\u00eda relacionada con ella. Hasta mediados de los sesenta, predomina en el movimiento de capitales la inversi\u00f3n privada directa, respecto al capital de pr\u00e9stamo, mientras que, en lo que ata\u00f1e a este \u00faltimo, tienen mayor importancia las operaciones intergubernamentales o con las agencias financieras internacionales; a partir de entonces, el capital de pr\u00e9stamo originado en la banca extranjera privada adquiere importancia creciente, tanto en la esfera del capital de pr\u00e9stamo, como en relaci\u00f3n a la inversi\u00f3n directa.<\/p>\n\n\n\n<p>Estos cambios relativos a las importaciones, no se acompa\u00f1an, sin embargo, de modificaciones correlativas en las exportaciones. Pese a la expansi\u00f3n de sus econom\u00edas, la participaci\u00f3n relativa de Am\u00e9rica Latina en las exportaciones mundiales disminuye, cayendo de un 10% en 1950 a menos de la mitad en los setenta. M\u00e1s grave a\u00fan, la pauta de exportaciones no se altera sustancialmente: pese al papel cada vez m\u00e1s destacado de la industria manufacturera en la din\u00e1mica econ\u00f3mica de la regi\u00f3n, las exportaciones latinoamericanas siguen siendo principalmente alimentos y materias primas. Aunque esta situaci\u00f3n comience a modificarse, particularmente a partir de la segunda mitad de los sesenta, las exportaciones latinoamericanas de manufacturas no alcanzar\u00e1n, en 1972, a cubrir m\u00e1s que un 18%; en promedio de sus exportaciones totales, ante un promedio mundial del 61% (determinado, esencialmente, por el hecho de que esa participaci\u00f3n es del 72% en los pa\u00edses capitalistas desarrollados). La relaci\u00f3n entre la producci\u00f3n manufacturera y las exportaciones de manufacturas, que en Europa occidental y Jap\u00f3n se sit\u00faa entre el 40 y el 50%, en Am\u00e9rica Latina, en esa fecha, no va m\u00e1s all\u00e1 de un 7%.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde el punto de vista de las exportaciones, se observa pues que el antiguo modo de inserci\u00f3n de Am\u00e9rica Latina, basado en la exportaci\u00f3n de alimentos y materias primas, se modifica muy lentamente hacia un modo de inserci\u00f3n acorde con el papel creciente que desempe\u00f1a en la econom\u00eda regional la industria manufacturera. Esto es cierto a\u00fan para los pa\u00edses que han tenido m\u00e1s \u00e9xito en el proceso de transici\u00f3n, como Brasil: hasta la crisis de 1975, las exportaciones brasile\u00f1as de manufacturas no representaban sino una tercera parte de sus exportaciones totales y el grado de apertura del sector (exportaciones\/producci\u00f3n) no se alejaba mucho del promedio regional. No sorprende, as\u00ed, que las relaciones entre la econom\u00eda latinoamericana y la econom\u00eda mundial hayan estado signadas por el desequilibrio y el conflicto, que la crisis actual no hace sino agravar.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"has-text-align-center wp-block-heading\" id=\"v\">V<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Te\u00f3ricamente, las contradicciones impl\u00edcitas en el nuevo modo de inserci\u00f3n de Am\u00e9rica Latina en la econom\u00eda internacional podr\u00edan haber tenido un impacto positivo en la transformaci\u00f3n del patr\u00f3n de reproducci\u00f3n del capital que la dependencia ha impuesto a la regi\u00f3n y que se caracteriza por un alejamiento creciente entre la din\u00e1mica de la producci\u00f3n y las necesidades de consumo de las masas. En efecto, esto podr\u00eda haber dado lugar a un uso m\u00e1s intensivo de la maquinaria existente, con un aumento correlativo de la ocupaci\u00f3n, como se observ\u00f3 en la primera fase de la industrializaci\u00f3n, es decir, en los treinta y cuarenta, junto al esfuerzo de producci\u00f3n de maquinaria, arrojando un desarrollo sectorial m\u00e1s equilibrado; paralelamente, como correcci\u00f3n y compensaci\u00f3n a los mecanismos aut\u00e1rquicos, se podr\u00eda haber traducido en una b\u00fasqueda m\u00e1s intensa de integraci\u00f3n regional, .y de cooperaci\u00f3n en el plano internacional, reforzando la capacidad de negociaci\u00f3n de la regi\u00f3n ante los centros imperialistas, en relaci\u00f3n a la obtenci\u00f3n de capitales y, sobre todo, tecnolog\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta posibilidad lleg\u00f3 a esbozarse en la pr\u00e1ctica, de manera contradictoria y confusa, dejando su sello en los conflictos que estallan en la regi\u00f3n, en los a\u00f1os cincuenta y en la primera mitad de los sesenta, principalmente en los pa\u00edses de mayor desarrollo relativo, y en donde, pues, las contradicciones se hac\u00edan sentir m\u00e1s. Dos elementos de distinto orden se conjugan entonces para frustrar su realizaci\u00f3n: de una parte, la penetraci\u00f3n del capital extranjero en la industria hab\u00eda coadyuvado a cristalizar una gran burgues\u00eda industrial, que, ali\u00e1ndose a la gran burgues\u00eda agraria y financiera, presiona en favor de una alternativa distinta, orientada a una mayor integraci\u00f3n a la econom\u00eda imperialista; por otro lado, a partir de la segunda mitad de los sesenta, se incrementa la competencia interimperialista y engrosan los flujos de capitales, tanto para inversi\u00f3n directa como para pr\u00e9stamo, con los aportes europeos y japoneses, al tiempo que se expande la exportaci\u00f3n de capitales de procedencia norteamericana.<\/p>\n\n\n\n<p>El proceso econ\u00f3mico y pol\u00edtico que atraviesa Brasil entre 1964-1968 es el primer resultado de la acci\u00f3n combinada de esos dos factores. Se rompe el pacto populista, que consagraba al Estado como \u00f3rgano de toda la burgues\u00eda, al tiempo que lo asentaba en compromisos con las clases medias y el proletariado (s\u00f3lo en M\u00e9xico, Costa Rica y Bolivia pos-1952, el pacto populista contempl\u00f3 concesiones efectivas al campesinado). En su lugar, y mediante la intervenci\u00f3n de los militares, se convierte al Estado en instrumento directo para la imposici\u00f3n de la hegemon\u00eda del gran capital al conjunto de la sociedad. Se opta por la apertura amplia al capital imperialista, que detenta el control del capital dinero, de la tecnolog\u00eda y los mercados externos, para promover la modernizaci\u00f3n y aceleraci\u00f3n industrial, tendientes a conferir a la producci\u00f3n nacional capacidad de competencia en el mercado mundial. Como condici\u00f3n para llevar a cabo esta pol\u00edtica, se pone a la superexplotaci\u00f3n de la fuerza de trabajo, lo que, contribuyendo a la elevaci\u00f3n de la ganancia media en el conjunto de la econom\u00eda, garantiza a los capitales extranjeros (y a los nacionales que les siguen el paso) ganancias extraordinarias m\u00e1s atractivas, y se promueve una violenta centralizaci\u00f3n del capital. En este contexto, la necesidad de integraci\u00f3n continental se expresa mediante una pol\u00edtica agresiva de conquista de mercados y, luego, de fuentes de materias primas y campos de inversi\u00f3n, engendrando una forma subordinada de imperialismo, o, m\u00e1s precisamente, un subimperialismo.<\/p>\n\n\n\n<p>En mayor o menor grado, y con modalidades nacionales espec\u00edficas, \u00e9ste ha sido el camino que progresivamente recorrer\u00e1n los dem\u00e1s pa\u00edses de Am\u00e9rica Latina. En muy contados casos, esta opci\u00f3n no pas\u00f3 por la ruptura brutal del pacto populista, de la que han surgido dictaduras militares de nuevo tipo, basadas en el control del aparato estatal por las Fuerzas Armadas como instituci\u00f3n y en una simbiosis creciente entre los intereses pol\u00edticos de los militares y los del gran capital nacional y extranjero. La consecuencia para el patr\u00f3n de reproducci\u00f3n de la econom\u00eda dependiente ha sido la de agudizar las contradicciones que \u00e9l encierra y acusar su tendencia separar la producci\u00f3n de las necesidades de las amplias masas.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"has-text-align-center wp-block-heading\" id=\"vi\">VI<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Ello se manifiesta, de partida, en el descomp\u00e1s que se registra en la evoluci\u00f3n de la producci\u00f3n agropecuaria y la producci\u00f3n manufacturera: mientras la segunda eleva su participaci\u00f3n en el PIB, como vimos, el sector agr\u00edcola reduce la suya, bajando de un 20% en 1950 a menos del 15% en 1970, tendencia que se mantiene en los a\u00f1os siguientes.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa baja de la participaci\u00f3n agr\u00edcola no se debe simplemente al gran dinamismo de la industria manufacturera: aunque la diferencia salarial entre las tasas de crecimiento de ambos sectores sea elevada (6.6% para la industria contra 3.4% para la agricultura, como promedio anual, en el per\u00edodo 1950-1977), la baja de la participaci\u00f3n agr\u00edcola en el PIB resulta tambi\u00e9n de la desaceleraci\u00f3n del crecimiento del sector, que pasa de una tasa media anual del 3.7% en los cincuenta a un 3.0% en los sesenta, cayendo, en la segunda mitad de esa d\u00e9cada al 2.4%, lo que la sit\u00faa por debajo del crecimiento demogr\u00e1fico (2.8% anual, entre 1950-1975); la peque\u00f1a recuperaci\u00f3n posterior es suficiente tan s\u00f3lo para recuperar el promedio de los sesenta, pero \u00e9ste queda por debajo del que reg\u00eda en la d\u00e9cada de 1950.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta evoluci\u00f3n desequilibrada se extiende al comportamiento interno del sector agropecuario, afectando sobre todo la producci\u00f3n de alimentos que, a partir de los sesenta aumenta a un ritmo de menos del 1% al a\u00f1o, lo que incide sobre todo en el mercado interno y presiona hacia arriba las importaciones en este rubro. Sin embargo, las exportaciones de alimentos y materias primas agr\u00edcolas, aunque benefici\u00e1ndose, es cierto, de variaciones positivas de precios que, de manera desigual, se registran sobre todo a partir de la segunda mitad de los sesenta, han aumentado en volumen, pasando del \u00edndice 100 en 1961-1965 al de 133 en 1976. Se trata de un indicador suficiente sobre c\u00f3mo act\u00faa la tendencia disruptiva entre producci\u00f3n y necesidades de consumo, en lo que a la agricultura se refiere.<\/p>\n\n\n\n<p>En la industria manufacturera, la situaci\u00f3n a primera vista es distinta: en t\u00e9rminos de promedio por habitante, la producci\u00f3n se elev\u00f3 de 87 d\u00f3lares en 1950 a 198 en 1970, para llegar a 231 d\u00f3lares en 1978, en valores constantes.<\/p>\n\n\n\n<p>La distribuci\u00f3n del producto por grupos de ramas muestra que la producci\u00f3n de bienes de consumo no durables pierde terreno respecto a la de bienes intermedios, de consumo durable y de capital (66, 23 y 11% y 40, 34 y 26%, respectivamente, en 1950 y 1974) y que sus tasas de crecimiento son dispares (en 1973, ramas como alimentos, bebidas y tabaco, textiles, vestuario y calzado, ostentan tasas inferiores al promedio del 11% registrado para el sector, mientras que productos qu\u00edmicos, de metal, maquinaria y artefactos lo rebasan ampliamente). Esto no constituir\u00eda de por s\u00ed un problema, si las ramas dichas \u201cdin\u00e1micas\u201d no privilegiaran, en t\u00e9rminos de valor de uso a la producci\u00f3n de bienes de consumo no duraderos, en cuya demanda intervienen muy poco los trabajadores y que se constituyen, pues, en productos suntuarios. En Brasil, en a\u00f1os de gran expansi\u00f3n, como lo fueron los de 1967 a 1973, la producci\u00f3n manufacturera creci\u00f3 a una tasa promedio anual de 15%; si la clasificamos seg\u00fan el valor de uso, en el departamento I la producci\u00f3n de bienes de capital aument\u00f3 a un 21% anual y la de bienes intermedios a un 15%, mientras que, en el departamento II, la de bienes de consumo no duraderos creci\u00f3 a la tasa m\u00e1s baja en t\u00e9rminos relativos (12%) y la de bienes de consumo durable lo hizo a la m\u00e1s alta (24%).<\/p>\n\n\n\n<p>Este fen\u00f3meno se debe a las condiciones propicias a la formaci\u00f3n de ganancias extraordinarias que proporcionan las ramas que responden de este \u00faltimo tipo de producci\u00f3n, condiciones que se propagan a las ramas del departamento I que producen principalmente para ellas, pero es congruente con la distribuci\u00f3n del producto, en t\u00e9rminos globales, y consecuentemente con la estructura de la demanda. Los altos \u00edndices de concentraci\u00f3n del ingreso que se registran en la regi\u00f3n, y que se extreman por cierto en el pa\u00eds con el crecimiento industrial m\u00e1s din\u00e1mico de la regi\u00f3n: Brasil, apuntan ya en esa direcci\u00f3n. Lo hacen, empero, de manera m\u00e1s dram\u00e1tica las estimativas sobre los contingentes de poblaci\u00f3n que, en Am\u00e9rica Latina se encuentran en situaci\u00f3n de \u201cpobreza\u201d (ingresos anuales inferiores a 180 d\u00f3lares) e \u201cindigencia\u201d (menos de 90 d\u00f3lares al a\u00f1o): en 1972, seg\u00fan la OIT, el 43% (118 millones de personas) ca\u00eda en la primera categor\u00eda y el 27% (73 millones) en la segunda.<\/p>\n\n\n\n<p>No sorprende pues, que la producci\u00f3n de manufacturas deba buscar en forma creciente condiciones de realizaci\u00f3n en el exterior: independientemente de la comparaci\u00f3n desfavorable que se pueda hacer respecto a ello con los pa\u00edses capitalistas desarrollados, la tasa de crecimiento de las exportaciones de manufacturas se ha elevado notablemente a partir de los sesentas, como se\u00f1alamos antes. Aunque el peso mayor, en cuanto a destino, lo siguen teniendo los pa\u00edses capitalistas desarrollados, ha aumentado significativamente la participaci\u00f3n regional, hasta alcanzar cerca del 40% en 1970, cabiendo destacar que a ella corresponde el grueso del mercado para las exportaciones de las ramas metalmec\u00e1nicas. La integraci\u00f3n latinoamericana ha servido sobre todo para acentuar el divorcio entre la producci\u00f3n y las necesidades sociales mayoritarias y para la producci\u00f3n suntuaria y las ramas de bienes de capital que \u00e9sta subordina a s\u00ed: contribuye a unir los islotes nacionales que se sit\u00faan por encima de la l\u00ednea de \u201cpobreza\u201d (un 30% de la producci\u00f3n latinoamericana total, como vimos) y favorece a los centros regionales m\u00e1s din\u00e1micos, como Brasil, que han, instrumentalizado en su provecho las pol\u00edticas de integraci\u00f3n y las han convertido en arietes de su expansionismo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"has-text-align-center wp-block-heading\" id=\"vii\">VII<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">La recesi\u00f3n mundial de 1974-1975 interrumpe de manera brusca el proceso expansivo que, sobre estas bases, viv\u00eda Am\u00e9rica Latina, particularmente a partir de la segunda mitad de los sesenta. En 1975, a\u00f1o en que los efectos de la crisis internacional se hacen sentir plenamente, las exportaciones latinoamericanas sufren una dr\u00e1stica reducci\u00f3n, que, al no ser acompa\u00f1ada de una reversi\u00f3n similar en la tendencia ascendente de las importaciones y del servicio del capital extranjero, arroja un d\u00e9ficit sin precedentes en la cuenta corriente de la balanza de pagos (14 mil millones de d\u00f3lares). Esto se sortea mediante un vertiginoso incremento de los ingresos de capital extranjero, que alcanzan en ese solo a\u00f1o un nivel equivalente al que hab\u00edan tenido durante toda la d\u00e9cada de 1960 (9 mil millones de d\u00f3lares).<\/p>\n\n\n\n<p>En el plano interno, la tasa de crecimiento cae del 7.2%, que hab\u00eda ostentado como promedio anual en el per\u00edodo 1970-1974, a un 3.3%. Los a\u00f1os siguientes muestran una recuperaci\u00f3n lenta, con la tasa de crecimiento del PIB oscilando en torno a un 4.5% hasta 1978, recuperaci\u00f3n que es mucho menos visible en lo que se refiere a la producci\u00f3n manufacturera. A partir de 1979, se observa una aceleraci\u00f3n en ese proceso, sin que se logre todav\u00eda estabilizar la tendencia ascendente (como lo revela el retroceso registrado en 1980, que hizo caer la tasa de incremento del PIB de un 6.3% en 1979 a un 5.3%), teniendo all\u00ed papel destacado la industria manufacturera.<\/p>\n\n\n\n<p>La recuperaci\u00f3n econ\u00f3mica regional, que se realiza aun cuando, desde fines de 1979, los pa\u00edses capitalistas desarrollados han sido arrastrados a una nueva recesi\u00f3n, se debe en una amplia medida a la capacidad que Am\u00e9rica Latina ha mostrado de imprimir un mayor, dinamismo a su relaci\u00f3n con la econom\u00eda internacional. Es as\u00ed como, tras el retroceso de sus exportaciones en 1975, sus exportaciones se incrementan desde el a\u00f1o siguiente, m\u00e1s que duplic\u00e1ndose en valor para 1980, cuando alcanzan un nivel de 94 mil millones de d\u00f3lares. Para ello, ha influido en parte el mayor peso que adquiere en su pauta de exportaciones el petr\u00f3leo, particularmente en funci\u00f3n de la fuerte expansi\u00f3n de las exportaciones mexicanas, el cual goza de precios favorables en el mercado mundial; pero concurre tambi\u00e9n el aumento del volumen de las exportaciones (que ha permitido elevar el monto aun cuando la relaci\u00f3n de intercambio no favorece a los productores, como pasa con los pa\u00edses no petroleros); as\u00ed como su diversificaci\u00f3n, para incluir en la pauta un mayor porcentaje de bienes no tradicionales, en particular manufacturas. En consecuencia, dadas las condiciones de estancamiento del comercio mundial, se incrementa en el per\u00edodo la participaci\u00f3n latinoamericana.<\/p>\n\n\n\n<p>Ello es as\u00ed tambi\u00e9n porque Am\u00e9rica Latina se valdr\u00e1 del aumento de sus exportaciones para mantener en ascenso sus importaciones, tanto en volumen cuanto en valor (92 mil millones de d\u00f3lares en 1980). Paralelamente, engrosa el flujo de capital extranjero, particularmente de capital de pr\u00e9stamo, llevando a que la deuda p\u00fablica externa ascienda de un nivel de 26 mil millones de d\u00f3lares en 1974 a uno de 68 mil millones en 1978; estimativas de la CEPAL, incluyendo a la deuda no garantizada, elevan ese monto a m\u00e1s de 100 mil millones, en esas fechas. El servicio de la deuda aumenta a un ritmo a\u00fan m\u00e1s formidable: en 1976 representaba un 32% de los ingresos provenientes de las exportaciones, llegando ese porcentaje a variar entre el 40 y el 60% para pa\u00edses como Brasil, Chile, M\u00e9xico y Per\u00fa.<\/p>\n\n\n\n<p>Estos elementos explican en parte porqu\u00e9 la regi\u00f3n pudo mantener un ritmo apreciable de crecimiento aunque disminuido respecto al per\u00edodo 1976-1974, y una elevada tasa de inversi\u00f3n bruta, aun cuando los pa\u00edses capitalistas desarrollados enfrentan condiciones econ\u00f3micas severas, como ocurre desde 1980. Desde luego, la rec\u00edproca no es verdadera, o sea, la recuperaci\u00f3n latinoamericana no explica cabalmente el comportamiento de su sector externo. Para ello, hay que tomar en cuenta tambi\u00e9n a la econom\u00eda mundial.<\/p>\n\n\n\n<p>Es innegable que la inflaci\u00f3n internacional afecta desfavorablemente a la regi\u00f3n en su relaci\u00f3n con el exterior. Basta mencionar que, pese a que el valor de sus exportaciones en 1980 aument\u00f3 nominalmente en un 30%, su poder real de compra lo hizo s\u00f3lo a un 12% respecto a 1979, y esto \u00faltimo se ha debido fundamentalmente a los precios del petr\u00f3leo; para los pa\u00edses no petroleros, el poder de compra de las exportaciones de 1980 baj\u00f3 en un 4% respecto al a\u00f1o anterior, pese a que aument\u00f3 en volumen. Hemos visto ya que esta situaci\u00f3n se sortea mediante el aumento del endeudamiento externo y que \u00e9ste tiene su precio, por el pago de amortizaciones e intereses, en condiciones por lo dem\u00e1s cada vez m\u00e1s desventajosas; a\u00f1adamos ahora que, en 1980, s\u00f3lo el servicio del capital extranjero que implica la remesa de beneficios y el pago de intereses (excluidas, pues, las amortizaciones) se elev\u00f3 a casi el 20% del ingreso proveniente de las exportaciones, sumando 18 mil millones de d\u00f3lares.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta situaci\u00f3n ha motivado, entre los economistas progresistas, un creciente rechazo hacia la manera como se ha venido desarrollando Am\u00e9rica Latina, particularmente a partir de la recesi\u00f3n de 1974-1975, aunque, como hemos hecho notar, \u00e9sta no hace sino acentuar los rasgos inherentes a su patr\u00f3n de desarrollo. Dichos economistas postulan, pues, la necesidad de lograr un mayor grado de autonom\u00eda en la relaci\u00f3n entre la regi\u00f3n y la econom\u00eda mundial, vinculando ese objetivo a la reducci\u00f3n del desequilibrio sectorial inherente a su patr\u00f3n de acumulaci\u00f3n de capital y que lleva a depender en un 90% de los pa\u00edses desarrollados en lo referente a sus importaciones de bienes manufacturados, adem\u00e1s de implicar tambi\u00e9n una creciente dependencia en materia de suministro de alimentos. La soluci\u00f3n pasar\u00eda, pues, por buscar un desarrollo m\u00e1s equilibrado entre los sectores productores de bienes salario y de bienes de producci\u00f3n, tanto agr\u00edcolas como industriales, reduciendo pues el peso de la producci\u00f3n suntuaria, y contener el flujo de capitales proveniente del exterior, reduciendo en parte su volumen, pero sobre todo reglamentando su ingreso y aplicaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese discurso no difiere, fundamentalmente, del que plante\u00f3 la corriente desarrollista, en particular la CEPAL, en la posguerra. Pero si, en aquel entonces, cuando las posibilidades te\u00f3ricas del desarrollo capitalista latinoamericano se presentaban a\u00fan poco definidas y, en este sentido, amplias, el discurso desarrollista parec\u00eda capaz de producir efectos pr\u00e1cticos, hoy, dado el patr\u00f3n de reproducci\u00f3n vigente en la regi\u00f3n y los efectos que sobre \u00e9l ejerce la crisis mundial, el neodesarrollismo no puede sino suscitar escepticismo. En efecto, lo que el desarrollo latinoamericano reciente muestra es un aumento sostenido de su dependencia respecto al mercado mundial, tanto en materia de mercanc\u00edas como de capitales. En los t\u00e9rminos en que se encontraba planteado hasta principios de los setenta, vale decir sobre la base de una econom\u00eda diversificada, centrada en el mercado interno en cuanto a realizaci\u00f3n y fuertemente ligada a la econom\u00eda internacional en cuanto a la satisfacci\u00f3n de sus necesidades en equipo y tecnolog\u00eda, ese patr\u00f3n de desarrollo se ha vuelto inviable. Pero todo indica que la superaci\u00f3n de la contradicci\u00f3n que ha generado no reside precisamente en cortar el cord\u00f3n-umbilical que une la regi\u00f3n a la econom\u00eda internacional, sino en reforzarlo, y que esto implica cambios profundos en el patr\u00f3n de reproducci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"has-text-align-center wp-block-heading\" id=\"viii\">VIII<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">La crisis mundial no ha hecho sino acentuar la tendencia a la integraci\u00f3n m\u00e1s estrecha de los sistemas productivos latinoamericanos al capitalismo internacional, lo que les est\u00e1 imponiendo buscar una mayor especializaci\u00f3n y avanzar hacia esquemas m\u00e1s s\u00f3lidos de integraci\u00f3n. Ambas v\u00edas no pasan por la autonom\u00eda y el equilibrio sectorial, m\u00e1s bien los excluyen, aunque se impongan con ciertos matices, seg\u00fan las condiciones sociales y econ\u00f3micas de los pa\u00edses que transitan por ellas.<\/p>\n\n\n\n<p>En los extremos, podemos ubicar a Chile, que renuncia a la industrializaci\u00f3n diversificada y opta por lo que sus mismos ide\u00f3logos han llamado de \u201csuperespecializaci\u00f3n industrial\u201d, vale decir, un patr\u00f3n fincado en la producci\u00f3n y exportaci\u00f3n de bienes mineros, forestales y agr\u00edcolas, as\u00ed como del mar, con un grado creciente de elaboraci\u00f3n, en cambio de la apertura de la econom\u00eda (hoy, con una tarifa promedio del 10%) al comercio internacional; y a Brasil, que, reforzando tambi\u00e9n la producci\u00f3n y exportaci\u00f3n de bienes agr\u00edcolas y mineros, juega m\u00e1s bien al desarrollo de su industria manufacturera, en particular de su industria pesada. La gama de situaciones que se extienden entre esos dos extremos es variable, pero todas tienden a estrechar, m\u00e1s que a romper, los v\u00ednculos de las econom\u00edas latinoamericanas con el mercado mundial.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed las cosas, los esfuerzos del capitalismo latinoamericano por ajustarse a las nuevas condiciones que se est\u00e1n dando en la econom\u00eda internacional no s\u00f3lo excluyen la posibilidad de un desarrollo sectorial equilibrado, sino que trabajan en el sentido de acentuar los desequilibrios existentes. Lo que ha sido el eje de la industrializaci\u00f3n en los pa\u00edses m\u00e1s din\u00e1micos de la regi\u00f3n: la industria automotriz, no tiende hoy a una mayor autonom\u00eda respecto a la econom\u00eda mundial, sino a una integraci\u00f3n m\u00e1s estrecha con \u00e9sta, tanto en el plano mundial como regional. As\u00ed, o se encuentra involucrada en los proyectos de \u201cauto mundial\u201d que elaboran las matrices transnacionales, en particular las norteamericanas, o comprometida en readecuaciones para una integraci\u00f3n regional, como lo demuestran las operaciones recientes de la Volkswagen en Brasil y Argentina; tras la compra de la Chrysler en este \u00faltimo pa\u00eds, esa empresa proyecta armar all\u00ed veh\u00edculos con partes importadas de Brasil y tambi\u00e9n estudia la posibilidad de que fabricantes argentinos de autopiezas exporten componentes a su filial brasile\u00f1a. En otro plano, el desarrollo de la industria pesada que produce bienes suntuarios toma, en Brasil y Argentina principalmente, pero tambi\u00e9n en Chile, Per\u00fa, M\u00e9xico, un sesgo que la mantiene alejada de las necesidades mayoritarias, pero que abre nuevas perspectivas a la acumulaci\u00f3n de capital y la proyecta tambi\u00e9n hacia el mercado mundial: la producci\u00f3n b\u00e9lica; en el caso de Brasil, que ocupa ya la sexta posici\u00f3n entre los exportadores de armamentos, ilustra bien esa opci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Para avanzar hacia el cambio de su modo de inserci\u00f3n en la econom\u00eda mundial, mediante el despliegue en gran escala de su capacidad exportadora, los pa\u00edses latinoamericanos buscan recursos financieros, tecnolog\u00eda y mercados, tres elementos que monopolizan los grandes grupos internacionales. Por esto, no se cierran al ingreso de capitales extranjeros, bajo la forma de inversi\u00f3n directa o de pr\u00e9stamo, sino que se los disputan afanosamente. El pago de intereses y beneficios no los preocupa, siempre y cuando puedan arrancar a las masas trabajadoras una cantidad de trabajo impago suficiente para sostenerlo. Pretenden con ello repetir una situaci\u00f3n que Am\u00e9rica Latina conoci\u00f3 bien, cuando funcionaba plenamente la antigua forma de inserci\u00f3n al mercado mundial, sobre la base de la econom\u00eda exportadora; en aquel entonces, el servicio de la deuda externa en los , pa\u00edses latinoamericanos m\u00e1s din\u00e1micos, como Brasil y Argentina, lleg\u00f3 al 90% de los ingresos provenientes de exportaciones. Hoy, como ayer, el capital extranjero utiliza a las exacciones por concepto de utilidades e intereses para promover las transferencias de valor que no puede completar en el plano del intercambio de mercanc\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"has-text-align-center wp-block-heading\" id=\"ix\">IX<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">La opci\u00f3n de las econom\u00edas latinoamericanas por una mayor integraci\u00f3n a la econom\u00eda capitalista mundial que, al tiempo que busca completar el modo de inserci\u00f3n que corresponde a la nueva divisi\u00f3n internacional del trabajo, implica una mayor dependencia en t\u00e9rminos de capitales, tecnolog\u00eda y mercados, as\u00ed como acent\u00faa el desequilibrio intersectorial interno, no atiende a los intereses del conjunto de la sociedad, sino de la gran burgues\u00eda nacional y extranjera, surgida a medida que se configuraba el proceso de tr\u00e1nsito a este modo de inserci\u00f3n. Es natural, por tanto, que la crisis internacional, al presionar hacia la consumaci\u00f3n de ese proceso, se haya acompa\u00f1ado de un esfuerzo mayor del gran capital por imponer su hegemon\u00eda al resto de la sociedad. Ello implic\u00f3 tanto la implantaci\u00f3n de las dictaduras militares, como pas\u00f3 en Chile y Argentina, como la transformaci\u00f3n interna de reg\u00edmenes militares ya existentes, como en Per\u00fa, o a\u00fan la acentuaci\u00f3n de los rasgos tecnocr\u00e1ticos de los militares en reg\u00edmenes de car\u00e1cter civil, como es particularmente el caso de Venezuela y Colombia.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s que los cambios de fachada que cumple el Estado, importa, en su proceso de subordinaci\u00f3n al gran capital, las transformaciones que \u00e9ste sufre en su naturaleza y funcionamiento. B\u00e1sicamente, esto se expresa en la hipertrofia de un aparato especial del Estado: las Fuerzas Armadas, que asumen o tienden a hacerlo progresivamente el papel determinante en la toma de decisiones que all\u00ed se realiza, lo que conlleva readecuaciones en el conjunto de las instituciones estatales y en sus mecanismos de funcionamiento. En esta perspectiva, las dictaduras militares no constituyen sino una forma de expresi\u00f3n del fen\u00f3meno correspondiente a la ruptura violenta del antiguo aparato estatal latinoamericano, pero de manera alguna la forma obligada que asume el proceso de refuncionalizaci\u00f3n de \u00e9ste a los intereses del gran capital, como lo muestran los casos ya citados de Venezuela y Colombia. En el plano sociopol\u00edtico, el proceso se realiza mediante una simbiosis creciente de los intereses del gran capital con los del estamento militar, cuyo resultado es la conformaci\u00f3n de un bloque burgu\u00e9s-militar, en torno al cual se rearticulan, en forma subordinada, las dem\u00e1s fracciones que componen la clase dominante.<\/p>\n\n\n\n<p>Para que este proceso pueda culminar, el bloque burgu\u00e9s-militar tiene que buscar necesariamente la legitimaci\u00f3n de su hegemon\u00eda sobre la sociedad, es decir, tiene que plantearse un proyecto de institucionalizaci\u00f3n de su dominaci\u00f3n. La crisis mundial, al tiempo que acelera el proceso de destrucci\u00f3n de las antiguas democracias parlamentarias latinoamericanas, influye tambi\u00e9n en esa direcci\u00f3n, al proyectar sobre la regi\u00f3n la influencia de burgues\u00edas imperialistas, como las de Europa occidental, y en particular las que se reclaman de la socialdemocracia, en cuyo sistema de dominaci\u00f3n desempe\u00f1a un papel importante la clase obrera de sus pa\u00edses. Ser\u00e1n ellas, y en especial la burgues\u00eda germano-occidental, las que apuntar\u00e1n primero hacia la necesidad de avanzar de las dictaduras militares hacia modos de compromiso y transacci\u00f3n, que permitan edificar sistemas de dominaci\u00f3n dotados de cierta estabilidad; aplicada inicialmente en Europa misma (Portugal, Grecia), esa f\u00f3rmula ser\u00e1 posteriormente trasladada hacia Am\u00e9rica Latina, al crecer la influencia de la socialdemocracia, y acabar\u00e1 arrastrando a sectores del propio&nbsp;<em>stablishment<\/em>&nbsp;norteamericano, como se observ\u00f3 con la pol\u00edtica del gobierno de Carter en relaci\u00f3n a los derechos humanos.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero ser\u00eda una simplificaci\u00f3n ubicar en la acci\u00f3n de esos factores internacionales la causa principal de la b\u00fasqueda de nuevas formas de institucionalidad, que se plantea en Am\u00e9rica Latina a partir de la segunda mitad de los setenta. En ello, desempe\u00f1a un papel relevante la necesidad del bloque burgu\u00e9s-militar de asentar sobre bases s\u00f3lidas su sistema de dominaci\u00f3n, como se ha se\u00f1alado, y a\u00fan las mismas exigencias que dicho bloque plantea, llegando a un cierto grado de maduraci\u00f3n, que se manifiesta en una diferenciaci\u00f3n interna. En efecto, si, en un primer momento, el gran capital nacional y extranjero conforma una fracci\u00f3n homog\u00e9nea, que brega por imponer su hegemon\u00eda al resto de la burgues\u00eda y al conjunto de la sociedad para satisfacer sus intereses, una vez logrado ese objetivo y puesta en pr\u00e1ctica una pol\u00edtica econ\u00f3mica que favorece su desarrollo, se produce en su seno un proceso gradual de diferenciaci\u00f3n. En el pa\u00eds donde este proceso ha logrado un mayor grado de avance: Brasil, se observa c\u00f3mo el gran capital ha engendrado dos fracciones, una vinculada a la producci\u00f3n suntuaria, otra a la de bienes de producci\u00f3n, que encuentran su factor de unificaci\u00f3n -en el plano pol\u00edtico- precisamente en las ligas que ambas han contra\u00eddo con los militares; es de notarse que, en cuanto a sus v\u00ednculos internacionales, la primera los tiene m\u00e1s fuertes con el imperialismo norteamericano, y la segunda con el imperialismo europeo y japon\u00e9s, siendo esta la manera concreta como incide en la sociedad nacional la agudizaci\u00f3n de las contradicciones interimperialistas.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n aqu\u00ed es posible distinguir situaciones l\u00edmite, como la de Brasil, donde es ya pronunciada la diferenciaci\u00f3n interburguesa, llevando a que la misma burgues\u00eda aspire a una flexibilizaci\u00f3n de los m\u00e1rgenes de acci\u00f3n pol\u00edtica, que le permita ventilar m\u00e1s libremente sus divergencias, y el de Chile, donde, siendo m\u00e1s reciente el car\u00e1cter hegem\u00f3nico del gran capital y habi\u00e9ndose apenas completado la transformaci\u00f3n del patr\u00f3n de desarrollo de acuerdo a sus intereses, la burgues\u00eda presenta una configuraci\u00f3n m\u00e1s homog\u00e9nea que en Brasil y tiende a expresarse a trav\u00e9s de un sistema de dominaci\u00f3n de car\u00e1cter m\u00e1s abiertamente autoritario. En cualquier caso, y cualquier que sea el grado de homogeneidad de la burgues\u00eda en cuesti\u00f3n, el proyecto de nueva institucionalidad que \u00e9sta levanta en los pa\u00edses de la regi\u00f3n se caracteriza por su car\u00e1cter restrictivo respecto de la clase obrera y dem\u00e1s sectores populares y en el intento de establecer, independientemente de la forma m\u00e1s o menos \u201csocialdemocratizante\u201d que revista, un tipo de r\u00e9gimen que responde a lo que algunos te\u00f3ricos norteamericanos califican de \u201cdemocracia gobernable\u201d, vale decir, un r\u00e9gimen capaz de enfrentar y contrarrestar las presiones de las masas, La contribuci\u00f3n espec\u00edfica que el bloque burgu\u00e9s-militar pretende dar a la teor\u00eda pol\u00edtica burguesa es la de un Estado de cuatro poderes, vale decir, un Estado que, manteniendo o regresando paulatinamente a las formas cl\u00e1sicas de la democracia parlamentaria, se distingue de ella por consagrar la primac\u00eda del poder militar por sobre los poderes tradicionales del Estado.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"has-text-align-center wp-block-heading\" id=\"x\">X<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Los aires redemocratizantes que recorren la regi\u00f3n, y con los que el bloque burgu\u00e9s-militar trata de inflar las velas de su proyecto de institucionalizaci\u00f3n, tiene motivaciones internacionales y motivaciones propias a las clases dominantes criollas. Ser\u00eda, sin embargo, un error no darse cuenta que soplan con m\u00e1s fuerza desde la vertiente que constituyen los movimientos de masas de la regi\u00f3n y, en especial, los movimientos de la clase obrera. En efecto, tras la recomposici\u00f3n que los cambios del patr\u00f3n de reproducci\u00f3n capitalista representan para ella, esta clase se recompone, se reorganiza y extiende su influencia sobre las dem\u00e1s capas explotadas, poni\u00e9ndose progresivamente a la cabeza de un movimiento democr\u00e1tico, que, de batalla en batalla, tiende a poner a las amplias masas trabajadoras en pie de guerra contra la dominaci\u00f3n misma del capital. Este ha sido el precio que ha pagado el gran capital nacional y extranjero por el patr\u00f3n de desarrollo impuesto a Am\u00e9rica Latina a partir de mediados de los sesenta, siendo significativo que, all\u00ed donde se procedieron primero y de modo m\u00e1s dr\u00e1stico a los ajustes de las estructuras de producci\u00f3n, distribuci\u00f3n y consumo, han surgido los movimientos obreros m\u00e1s combativos en la actualidad: Brasil, Per\u00fa, Centroam\u00e9rica.<\/p>\n\n\n\n<p>En su proceso de recomposici\u00f3n, la clase obrera debi\u00f3 sufrir una contracci\u00f3n del empleo, seguida de un doble proceso, de extensi\u00f3n y diferenciaci\u00f3n del mismo. El proceso de extensi\u00f3n se ha traducido en el aumento num\u00e9rico de la clase, mediante la proletarizaci\u00f3n creciente de trabajadores vinculados a la industria agr\u00edcola y no agr\u00edcola. El proceso de diferenciaci\u00f3n ha correspondido al hecho de que la inmensa mayor\u00eda de ese nuevo proletariado, proveniente del campo, del artesanado y de la peque\u00f1a industria urbana, se ha incorporado a la producci\u00f3n como mano de obra no calificada, percibiendo salarios m\u00ednimos que, en el per\u00edodo, sufrieron una violenta depreciaci\u00f3n, al tiempo que, en sus estratos superiores, con grados crecientes de calificaci\u00f3n, la clase recluta sus miembros en su propio seno, aprovechando los desplazamientos de mano de obra industrial verificados a ra\u00edz de los cambios en el patr\u00f3n de desarrollo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ello ha permitido, simult\u00e1neamente al aumento del peso num\u00e9rico y de la participaci\u00f3n relativa del proletariado en la composici\u00f3n social global, mantener y profundizar la tradici\u00f3n de clase generada en la fase anterior de la industrializaci\u00f3n. Es lo que demuestran los procesos actuales de renovaci\u00f3n sindical: por un lado, los sindicatos mantienen y acrecientan su importancia como instrumento de lucha de los trabajadores industriales; por otro, dan lugar a una mayor participaci\u00f3n de las bases en su seno y cuestionan el antiguo modo de relacionamiento que ten\u00edan con el Estado. Autonom\u00eda y democracia sindical pasan a primer plano en sus reivindicaciones, mientras las formas de organizaci\u00f3n y lucha se modifican, para enfatizar la importancia de las asambleas de base, los \u00f3rganos seccionales, los comit\u00e9s de huelga.<\/p>\n\n\n\n<p>La importancia creciente del movimiento obrero adviene tambi\u00e9n de la proletarizaci\u00f3n que incide en las actividades de servicios, de por s\u00ed en fuerte expansi\u00f3n, y que arrastra a las filas de la clase obrera capas cada vez m\u00e1s numerosas de la peque\u00f1a burgues\u00eda. No se trata de un proceso mec\u00e1nico: la reducci\u00f3n de las condiciones de vida de la peque\u00f1a burgues\u00eda a las de la clase obrera son tan s\u00f3lo la base objetiva sobre la cual entra a operar el desarrollo de la conciencia de clase. Es innegable, sin embargo, que la adopci\u00f3n de formas de organizaci\u00f3n, como el sindicato, y de lucha, como la huelga, acerca cada vez m\u00e1s a los trabajadores de servicios a la clase obrera industrial y, m\u00e1s que esto, sienta la premisa para que \u00e9sta ejerza de manera creciente su hegemon\u00eda sobre ellos.<\/p>\n\n\n\n<p>A la fuerza que gana el trabajo asalariado como eje de desarrollo del movimiento de masas en la regi\u00f3n, habr\u00eda que a\u00f1adir dos fen\u00f3menos de distinto orden. Por un lado, el deterioro de las condiciones de vida del campesinado, que sigue representando todav\u00eda una parcela importante de la poblaci\u00f3n latinoamericana (un poco m\u00e1s de un tercio, para el conjunto) y en el que, en muchos pa\u00edses, tiene un peso importante la poblaci\u00f3n de origen ind\u00edgena, la cual ha comenzado a rescatar sus tradiciones culturales y de lucha, como base para una intervenci\u00f3n m\u00e1s decidida en las luchas de clases que se dan en la regi\u00f3n; este fen\u00f3meno es particularmente notable en Guatemala, pero el \u00e9xito que tenga all\u00ed el campesinado revolucionario no har\u00e1 sino agudizar la tendencia ya perceptible en pa\u00edses como Per\u00fa, Bolivia, M\u00e9xico. Por otro lado, el proceso de urbanizaci\u00f3n posterior a 1950, que llev\u00f3 a que se invirtiera la proporci\u00f3n entre la poblaci\u00f3n urbana y rural, pasando la primera a representar casi dos tercios del total, ha revolucionado el ambiente en que se desarrolla la vida cotidiana, poniendo sobre el tapete un sinn\u00famero de cuestiones, que van desde la lucha por condiciones materiales de existencia (en particular, la vivienda), hasta la toma de conciencia de problemas como el de la situaci\u00f3n de opresi\u00f3n que vive la mujer y los que se derivan de las exigencias de la juventud, en particular en lo referente a la educaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La multiplicidad de polos de desarrollo del movimiento de masas en Am\u00e9rica Latina, los cruces y coincidencias que entre ellos se dan, convergen en la necesidad de ampliar el margen de acci\u00f3n en el que pueden plantear sus reivindicaciones y llevar adelante sus movilizaciones. En otros t\u00e9rminos, conducen a la emergencia de un amplio movimiento popular por la democracia, que s\u00f3lo mediante enga\u00f1os y manipulaci\u00f3n el bloque burgu\u00e9s-militar puede intentar asimilar a su proyecto de institucionalizaci\u00f3n. En efecto, como vimos, la institucionalidad planteada por el bloque burgu\u00e9s-militar, es eminentemente restrictiva, en lo que al desarrollo del movimiento popular se refiere, y pone, como barrera \u00faltima al avance de \u00e9ste, la capacidad represiva del sistema de dominaci\u00f3n, materializada en las Fuerzas Armadas. Es natural, pues, que, aunque logrando, seg\u00fan las circunstancias, grados mayores o menores de concesi\u00f3n, el movimiento de masas en Am\u00e9rica Latina se vaya construyendo sobre la base de una creciente autonom\u00eda respecto al bloque burgu\u00e9s-militar y cree zonas de fricci\u00f3n cada vez m\u00e1s extensas con \u00e9ste, que apuntan hacia una ruptura radical. En otros t\u00e9rminos, ante el proyecto de institucionalizaci\u00f3n desde arriba que plantea el bloque burgu\u00e9s-militar, se gesta un proyecto de democracia por la base, en el seno del movimiento de masas, convergiendo ambos, desde perspectivas distintas, a la puesta en cuesti\u00f3n del sistema de dominaci\u00f3n, tal como se encuentra hoy planteado.<\/p>\n\n\n\n<p>Es por ello que la cuesti\u00f3n del Estado ha asumido car\u00e1cter prioritario en la din\u00e1mica de las luchas de clases en la regi\u00f3n, particularmente despu\u00e9s que la revoluci\u00f3n sandinista la solucion\u00f3 de manera radical en favor de las masas. Desde entonces, los problemas surgidos a ra\u00edz de la crisis mundial, que se expresaban en la urgencia para las burgues\u00edas de completar la readecuaci\u00f3n a la nueva divisi\u00f3n internacional del trabajo, y que a lo sumo se manifestaban en disputas entre sus fracciones, den lugar a los que plantean un movimiento de masas en ascenso, en el cual tiene papel destacado la clase obrera. Es al desarrollo de ese enfrentamiento que asistiremos en los pr\u00f3ximos a\u00f1os y su resultado interesa no s\u00f3lo a los pueblos del continente, sino a la suerte misma del capitalismo mundial.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>Ruy Mauro Marini<\/em><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\" id=\"fuentes-utilizadas\">FUENTES UTILIZADAS<\/h2>\n\n\n\n<ul class=\"has-small-font-size wp-block-list\"><li>Banco Interamericano de Desarrollo:&nbsp;<em>Progreso Econ\u00f3mico y Social en Am\u00e9rica Latina<\/em>, Informe 1974 a 1979.<\/li><li>Bonelli, R., y P. Malan \u201cOs limites do possivel\u201d,&nbsp;<em>Pesquisa e Planejamento&nbsp; Econ\u00f3mico<\/em>&nbsp;(R\u00edo de Janeiro), 1976.<\/li><li>Comisi\u00f3n Econ\u00f3mica para Am\u00e9rica Latina:&nbsp;<em>Estudio Econ\u00f3mico de Am\u00e9rica Latina<\/em>, 1970 a 1979.<\/li><li>\u2014\u2014\u2014&nbsp;<em>La econom\u00eda de Am\u00e9rica Latina en 1980,&nbsp;<\/em>Notas n. 333, Enero 1981.<\/li><li>\u2014\u2014\u2014&nbsp;<em>Empleo y salarios en Am\u00e9rica Latina,&nbsp;<\/em>Notas n. 329, noviembre 1980. Am\u00e9rica Latina en el umbral de los a\u00f1os 80.<\/li><li>\u2014\u2014\u2014&nbsp;<em>La industrializaci\u00f3n latinoamericana en los a\u00f1os setenta<\/em>.<\/li><li>\u2014\u2014\u2014&nbsp;<em>Tendencias y proyecciones a largo plazo del desarrollo econ\u00f3mico de&nbsp; Am\u00e9rica Latina<\/em>.<\/li><li>Marini, R. M.,&nbsp;<em>Dial\u00e9ctica de la dependencia<\/em>, ERA, M\u00e9xico, 1973.<\/li><li>\u2014\u2014\u2014 \u201cLa acumulaci\u00f3n capitalista mundial y el subimperialismo\u201d,&nbsp;<em>Cuadernos&nbsp; Pol\u00edticos<\/em>&nbsp;n. 12, (M\u00e9xico), abril-junio 1977.<\/li><li>\u2014\u2014\u2014&nbsp;<em>La cuesti\u00f3n del Estado en las luchas de clases en Am\u00e9rica Latina<\/em>, Cuadernos del CELA, Universidad Nacional Aut\u00f3noma de M\u00e9xico, 1980.<\/li><\/ul>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-text-color has-background has-vivid-red-background-color has-vivid-red-color\"\/>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-columns has-2-columns has-desktop-oneTwo-layout has-tablet-equal-layout has-mobile-equal-layout has-default-gap has-vertical-unset\" id=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-columns-866e4f3b\"><div class=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-columns-overlay\"><\/div><div class=\"innerblocks-wrap\">\n<div class=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-column\" id=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-column-a0d1eb0e\"><\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-column\" id=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-column-96e77626\">\n<div class=\"wp-block-file alignright\"><a id=\"wp-block-file--media-08b79663-3b0a-414e-b53b-9c10f98c7cbe\" href=\"http:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/1981\/04\/5-Ame\u0301rica-Latina-ante-la-crisis-mundial.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Ame\u0301rica Latina ante la crisis mundial<\/a><\/div>\n<\/div>\n<\/div><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Fuente: II Congreso de los Economistas del Tercer Mundo, La Habana, Cuba, 26-30 de abril de 1981. I La segunda guerra mundial correspondi\u00f3 a una etapa del proceso de resoluci\u00f3n de las contradicciones surgidas&#46;&#46;&#46;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":1656,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_themeisle_gutenberg_block_has_review":false,"_ti_tpc_template_sync":false,"_ti_tpc_template_id":"","footnotes":""},"categories":[19],"tags":[48,76],"class_list":["post-1020","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-exposiciones","tag-48","tag-america-latina"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1020","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1020"}],"version-history":[{"count":7,"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1020\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3443,"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1020\/revisions\/3443"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/1656"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1020"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1020"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1020"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}