{"id":1283,"date":"1974-10-01T19:07:45","date_gmt":"1974-10-01T19:07:45","guid":{"rendered":"http:\/\/localhost:8888\/wordpress\/?p=1283"},"modified":"2022-03-22T19:08:24","modified_gmt":"2022-03-22T19:08:24","slug":"economia-politica-de-un-golpe-militar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/?p=1283","title":{"rendered":"Econom\u00eda pol\u00edtica de un golpe militar"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-style-default\"><img decoding=\"async\" width=\"660\" height=\"371\" src=\"http:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/103345925_p06knnrm.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1938\" srcset=\"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/103345925_p06knnrm.jpg 660w, https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/103345925_p06knnrm-300x169.jpg 300w, https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/103345925_p06knnrm-600x337.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 660px) 100vw, 660px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><mark style=\"background-color:rgba(0, 0, 0, 0)\" class=\"has-inline-color has-vivid-red-color\">Fuente: Ruy Mauro Marini, El reformismo y la contrarrevoluci\u00f3n. Estudios sobre Chile, Ediciones Era, M\u00e9xico, 1976. Publicado originalmente en Foro Internacional, n\u00famero 58, El Colegio de M\u00e9xico, M\u00e9xico, octubre-diciembre de 1974. Se publica en Internet gracias a Ediciones Era.<\/mark><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-text-color has-background has-vivid-red-background-color has-vivid-red-color\"\/>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Durante la d\u00e9cada de 1960, Chile fue escenario de una sorda lucha librada en el interior del bloque dominante de clases. El desarrollo industrial que hab\u00eda tenido lugar en el pa\u00eds a partir de los a\u00f1os cuarenta, y la penetraci\u00f3n del capital extranjero en la d\u00e9cada siguiente, hab\u00edan hecho cristalizar una fracci\u00f3n burguesa con intereses cada vez m\u00e1s diferenciados de los de las dem\u00e1s. El hecho de que dicha fracci\u00f3n estuviera ligada a la producci\u00f3n creciente de bienes suntuarios, en las condiciones chilenas (industrias metalmec\u00e1nicas, qu\u00edmicas y electr\u00f3nicas, principalmente, as\u00ed como de bienes intermedios vinculados a ellas), la llevaba a presionar para que se reorientaran en su favor las l\u00edneas de cr\u00e9dito, se favoreciera la entrada de capitales y tecnolog\u00eda extranjeros, se readecuara el cuadro del comercio exterior (tanto en las importaciones como, y principalmente, en las exportaciones, siendo significativa en ese plano la creaci\u00f3n del Pacto Andino) y se restructurara el mercado interno. En este \u00faltimo aspecto, el objetivo de esa fracci\u00f3n burguesa era provocar una redistribuci\u00f3n regresiva del ingreso, destinada a aumentar el poder de compra del grupo de altos ingresos, que constitu\u00eda cerca del 5% de la poblaci\u00f3n consumidora, as\u00ed como de capas reducidas del estrato inmediatamente inferior, que correspond\u00eda al 15% de la misma. Entre los instrumentos utilizados a este efecto se planteaba, por un lado, una pol\u00edtica de salarios perjudicial para la inmensa mayor\u00eda de los trabajadores y, por otro la inflaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La mayor parte de las medidas reclamadas por la gran burgues\u00eda nacional y extranjera iba en detrimento del mercado de bienes de consumo corriente y afectaba negativamente a la industria que produc\u00eda para ese mercado, la cual se encontraba en su casi totalidad en manos de medianos y peque\u00f1os empresarios. Era por lo tanto inevitable que se agudizaran las contradicciones interburguesas y que ello se diera con m\u00e1s fuerza a medida que aumentaba la influencia del gran capital en la determinaci\u00f3n de la pol\u00edtica econ\u00f3mica. A partir de 1967, es decir, en la segunda mitad del gobierno democristiano de Eduardo Frei, la presi\u00f3n de la gran burgues\u00eda se acentu\u00f3, dando como fruto una recesi\u00f3n industrial y el consecuente agravamiento de las condiciones de vida de las masas obreras y semiproletarias, as\u00ed como de las capas bajas de la peque\u00f1a burgues\u00eda. Los salarios descendieron al mismo tiempo que sub\u00edan los precios y aumentaba la tasa de desempleo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>El cambio estructural y sus implicaciones<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Hemos mostrado ya <sup>1<\/sup> que esa situaci\u00f3n, que los economistas burgueses pretend\u00edan presentar como un estancamiento general de la econom\u00eda chilena, correspond\u00eda de hecho a un cambio estructural en el aparato productivo en favor del gran capital. En efecto \u2014y aun sin considerar aqu\u00ed la expansi\u00f3n de la producci\u00f3n extractiva y de transformaci\u00f3n ligada al cobre\u2014, los datos disponibles para el sector industrial indican que, frente a una tasa de crecimiento de 1.1 y 3.5 respectivamente para los a\u00f1os de 1968 y 1969, las tasas de aumento fueron, para el sector de bienes de consumo, de 2.6 y 0.5; para el de bienes intermedios, de 1.9 y 7.5 y, para el sector metalmec\u00e1nico, de 5.3 y 6.3. Durante todo el periodo anterior, de 1960 a 1967, la tendencia hab\u00eda sido la misma: mientras el crecimiento anual del valor agregado de la producci\u00f3n industrial era del 6.8%, el sector de bienes de consumo aumentaba a un ritmo anual de s\u00f3lo 3.3%, el de bienes intermedios a un ritmo de 6.6% y el sector metalmec\u00e1nico a uno de 13.4%. Esto se acompa\u00f1aba de cambios en la estructura de consumo \u2014y por ende en la distribuci\u00f3n del ingreso\u2014 llevando a que, seg\u00fan estimaciones sobre el gasto privado entre 1960 y 1968, el gasto referido a bienes de consumo corriente bajara su participaci\u00f3n en el total del 44.6% al 43.7%, mientras que el que se dirig\u00eda a los bienes de consumo durable elevara la suya del 4.3% al 10.5%. El cambio en la composici\u00f3n del gasto privado se ve\u00eda agravado por el peso creciente del gran capital en la comercializaci\u00f3n de los productos (aun en ramas de consumo corriente, como la de textiles, las grandes empresas, cuya producci\u00f3n correspond\u00eda en 1968 a tan s\u00f3lo el 5.2% del total, ten\u00edan el 47.8% de las ventas) y en la captaci\u00f3n de los recursos crediticios (en 1967, el 58.1% del cr\u00e9dito bancario fue al 2.7% de los tomadores de empr\u00e9stitos, excluido el sector p\u00fablico).<\/p>\n\n\n\n<p>El marco en que se mov\u00eda la econom\u00eda chilena en la d\u00e9cada de los sesentas no era privativo de ella. Se hab\u00eda configurado antes en pa\u00edses latinoamericanos de mayor desarrollo relativo, como Brasil y Argentina, y seguir\u00eda y sigue existiendo en los dem\u00e1s, como M\u00e9xico, Venezuela, Colombia, e incluso en pa\u00edses m\u00e1s atrasados, como por ejemplo El Salvador y otros centroamericanos. Su expresi\u00f3n a nivel de la estructura de clase es el desprendimiento progresivo de una capa burguesa, constituida por el gran capital nacional y extranjero, y, a nivel de las relaciones de clases, el conflicto en que entra dicha capa con las dem\u00e1s capas burguesas as\u00ed como con la peque\u00f1a burgues\u00eda y con las amplias masas trabajadoras. Llega el momento en que al gran capital le es imprescindible aplicar medidas econ\u00f3micas que permitan el pleno desarrollo de las tendencias apuntadas en la esfera de la producci\u00f3n y la circulaci\u00f3n, bajo riesgo de ver frenado su proceso de acumulaci\u00f3n. Las formas que emplea para ello var\u00edan seg\u00fan la configuraci\u00f3n de la lucha de clases y del r\u00e9gimen pol\u00edtico en cada pa\u00eds. Todas apuntan, empero, en mayor o menor grado, hacia aquel conjunto de medidas que ha demostrado ser el m\u00e1s efectivo para el desarrollo de la econom\u00eda dependiente signada por el gran capital nacional y extranjero: el que se viene aplicando en Brasil desde 1964.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, para lograr imponer sus intereses espec\u00edficos a la sociedad, el gran capital entra necesariamente en conflicto con los dem\u00e1s grupos sociales y se ve forzado a romper los antiguos esquemas de alianzas de clases en que la burgues\u00eda bas\u00f3 hasta los a\u00f1os sesenta su sistema de dominaci\u00f3n en Am\u00e9rica Latina&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>2<\/sup>. Ello tiende a provocar situaciones de extrema inestabilidad pol\u00edtica, como se vio en el caso mismo de Brasil entre 1961 y 1964, en las cuales se plantea la posibilidad de constituir un poderoso movimiento popular, que polarice a la misma burgues\u00eda, y que puede llegar a poner en peligro la supervivencia del propio sistema capitalista.<\/p>\n\n\n\n<p>En ning\u00fan otro pa\u00eds latinoamericano esto se ha visto con m\u00e1s claridad que en Chile, pero en ning\u00fan otro la reacci\u00f3n del gran capital ante tal situaci\u00f3n ha sido m\u00e1s brutal. En efecto, tras el viraje efectuado por el gobierno de Frei en 1967, el pa\u00eds empez\u00f3 a ser sacudido por una grave crisis social. Se genera entonces una vigorosa alza del movimiento de masas en la ciudad y en el campo que, partiendo de reivindicaciones econ\u00f3micas&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>3<\/sup>, se traduce progresivamente en una creciente radicalizaci\u00f3n pol\u00edtica. Paralelamente, se acent\u00faan las contradicciones entre la gran burgues\u00eda y las capas medias burguesas y peque\u00f1oburguesas, agriet\u00e1ndose el sistema de dominaci\u00f3n que se basaba en ellas. La incapacidad de las clases dominantes para unir sus fuerzas y enfrentar al bloque de izquierda en las elecciones presidenciales de 1970 se debi\u00f3 en una amplia medida a esa situaci\u00f3n. Es tambi\u00e9n desde este punto de vista como mejor se entiende la victoria alcanzada por la coalici\u00f3n de partidos obreros y peque\u00f1oburgueses que, bajo el nombre de Unidad Popular, eligi\u00f3 a Salvador Allende presidente de la Rep\u00fablica.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>El car\u00e1cter de clase del r\u00e9gimen militar<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Tres a\u00f1os despu\u00e9s de su instauraci\u00f3n, el gobierno de la Unidad Popular fue barrido por una oleada contrarrevolucionaria, que no dej\u00f3 piedra sobre piedra de la antigua democracia parlamentaria burguesa que exist\u00eda en Chile. La palanca fundamental utilizada para minar la estabilidad del gobierno de Salvador Allende y destruir las bases mismas del r\u00e9gimen pol\u00edtico vigente fue el desarrollo en el pa\u00eds de un movimiento de corte fascista, que unific\u00f3 a las fuerzas burguesas, atrajo a su campo amplios sectores de la peque\u00f1a burgues\u00eda y desorganiz\u00f3 a las masas trabajadoras. Hemos tratado en otra ocasi\u00f3n la manera como el reformismo predominante en la Unidad Popular allan\u00f3 el camino al fascismo y le permiti\u00f3 alcanzar su objetivo&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>4<\/sup>. Lo que cabe se\u00f1alar aqu\u00ed es que los m\u00e9todos e instrumentos empleados por el gran capital revelaron un concienzudo aprovechamiento de la experiencia adquirida en casos similares ocurridos en Brasil, Uruguay, Bolivia y otros pa\u00edses latinoamericanos; para ello, la reacci\u00f3n chilena cont\u00f3 con la eficiente asesor\u00eda de la Agencia Central de Inteligencia norteamericana, como lo ha revelado esta instituci\u00f3n al Senado de Estados Unidos, as\u00ed como con la colaboraci\u00f3n de los reg\u00edmenes reaccionarios instalados en dichos pa\u00edses, particularmente el de Brasil. Pero, por sobre todo, cabe poner en evidencia un hecho que se ha constituido en un elemento caracter\u00edstico de la contrarrevoluci\u00f3n burguesa en la \u00faltima d\u00e9cada en Am\u00e9rica Latina: la utilizaci\u00f3n de m\u00e9todos fascistas al estilo cl\u00e1sico, tales como los que se emplearon en Italia y Alemania entre las dos guerras, con el objeto de crear las condiciones propicias para servirse del que es su instrumento b\u00e1sico de dominaci\u00f3n: las fuerzas armadas.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed fue como en Chile, tras el uso sistem\u00e1tico y dosificado de acciones fascistas de tipo cl\u00e1sico, que incluyeron las manifestaciones callejeras, el empleo de grupos de choque y. el terrorismo blanco, as\u00ed como el&nbsp;<em>lockout&nbsp;<\/em>patronal y las huelgas gremiales, la acci\u00f3n de la gran burgues\u00eda chilena y del imperialismo se centra cada vez m\u00e1s sobre las fuerzas armadas, con el prop\u00f3sito de llevarlas al golpe de Estado. Esto se convierte en el objetivo principal de la contrarrevoluci\u00f3n, sobre todo tras el fracaso de la t\u00e1ctica electoral planteada para los comicios parlamentarios de marzo de 1973 \u2014cuando, contrariando sus expectativas, la izquierda aumenta en forma significativa su caudal de votos\u2014 y particularmente despu\u00e9s de que, en jornadas de memorable combatividad, los trabajadores y la izquierda frustraron, en junio, la intentona fascista de promover una marcha sobre La Moneda, al estilo mussoliniano. La junta militar que derroca al gobierno de la Unidad Popular, el 11 de septiembre de 1973, es hija leg\u00edtima de la estrategia puesta en pr\u00e1ctica por el gran capital nacional y extranjero.<\/p>\n\n\n\n<p>La misma junta se ha encargado de poner al desnudo su car\u00e1cter de clase, desde un comienzo, al confiar la conducci\u00f3n de la pol\u00edtica econ\u00f3mica, a pocas semanas del golpe, a Fernando Leniz, ex-presidente del diario&nbsp;<em>El Mercurio.&nbsp;<\/em>Este, confirmando una observaci\u00f3n de Gramsci en el sentido de que, en momentos de grave crisis interburguesa, un peri\u00f3dico puede cumplir el papel de un partido pol\u00edtico&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>5<\/sup>, se hab\u00eda constituido, durante el gobierno de Allende, en el centro de aglutinaci\u00f3n y direcci\u00f3n de las fuerzas reaccionarias, desde los gremios fascistas hasta los c\u00edrculos dirigentes de la gran burgues\u00eda nacional y extranjera. La designaci\u00f3n de Leniz por la junta (hecho confirmado despu\u00e9s por la inclusi\u00f3n en el gobierno de otros civiles vinculados directamente al gran capital) era ya una demostraci\u00f3n de que se constitu\u00eda en el brazo armado del gran capital y que a ella le incumb\u00eda la misi\u00f3n de imponer por la fuerza a la sociedad chilena los intereses propios de esa fracci\u00f3n de clase. Ello aparecer\u00e1 con meridiana claridad al delinearse la pol\u00edtica econ\u00f3mica de la junta, la misma que, desde las p\u00e1ginas de&nbsp;<em>El Mercurio,&nbsp;<\/em>el gran capital reclamaba.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c1vidos de revancha, envalentonados por el sable puesto a su servicio, los representantes de los intereses del gran capital no se ponen ya ninguna traba a la explotaci\u00f3n de los trabajadores. La jornada de trabajo ha sido aumentada sin contrapartida salarial en las f\u00e1bricas y oficinas; en las actividades b\u00e1sicas controladas por el Estado, como las minas de carb\u00f3n de Concepci\u00f3n y Arauco, se ha implantado un r\u00e9gimen de trabajos forzados, que llega incluso a prohibir a los obreros ausentarse de la zona sin el permiso de las autoridades militares; en las f\u00e1bricas y fundos, que se devuelven masivamente a sus antiguos propietarios, se impide en la pr\u00e1ctica cualquier forma de organizaci\u00f3n mediante la cual los trabajadores puedan hacer valer sus derechos; los sueldos y salarios se han reajustado en un 600%, mientras que la inflaci\u00f3n en 1973 ha sido del orden de 1,200%&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>6<\/sup> y ha mantenido su marcha ascendente en 1974.<\/p>\n\n\n\n<p>Es obvio que el principal objetivo que se ha dado el gran capital, al poner en pr\u00e1ctica esa pol\u00edtica econ\u00f3mica, es la obtenci\u00f3n de altas cuotas de plusval\u00eda, a costa de la superexplotaci\u00f3n de los trabajadores. En este sentido, la pol\u00edtica econ\u00f3mica aplicada en Chile repite procedimientos propios a los reg\u00edmenes fascistas cl\u00e1sicos. Sin embargo, se trata de algo m\u00e1s que reproducir un rasgo general del fascismo: la pol\u00edtica econ\u00f3mica de la junta militar chilena expresa la necesidad concreta que experimenta la burgues\u00eda, en tanto que clase, de reorientar las inversiones hacia las actividades productivas, o sea, de poner de nuevo en marcha la acumulaci\u00f3n del capital productivo. Para entender el por qu\u00e9 de esa necesidad, hay que retrotraer el an\u00e1lisis al periodo que precede al golpe de Estado.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>La crisis econ\u00f3mica bajo la Unidad Popular<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Durante el r\u00e9gimen de la Unidad Popular, y particularmente en su \u00faltimo a\u00f1o, la nota caracter\u00edstica de la econom\u00eda privada en Chile consisti\u00f3 en la conversi\u00f3n sistem\u00e1tica del capital productivo en capital especulativo. Existieron, desde luego, motivos pol\u00edticos para ello, puesto que la burgues\u00eda chilena (no hablemos ya de los grupos extranjeros, para los cuales esto es a\u00fan m\u00e1s evidente) se neg\u00f3 perentoriamente, desde el principio, a colaborar con el gobierno de Allende. Sin embargo, para que la burgues\u00eda se abstuviera de realizar cualquier tipo de inversi\u00f3n productiva, hubo tambi\u00e9n razones de orden econ\u00f3mico, a las cuales no es ajena la pol\u00edtica econ\u00f3mica puesta en pr\u00e1ctica por la misma Unidad Popular.<\/p>\n\n\n\n<p>En su primer a\u00f1o de gobierno, \u00e9sta obtuvo resultados en el plano econ\u00f3mico que la llenaron de optimismo. En efecto, movilizando la capacidad instalada ociosa y los&nbsp;<em>stocks&nbsp;<\/em>acumulados en el periodo anterior a 1970 (que se caracteriz\u00f3 como se\u00f1alamos, por una recesi\u00f3n del sector productor de bienes de consumo), la producci\u00f3n industrial present\u00f3 una marcada expansi\u00f3n. El motor de este cambio era la redistribuci\u00f3n del ingreso promovida por la Unidad Popular en favor de los grupos asalariados, que provoc\u00f3 un incremento notable en la demanda interna de bienes y servicios. Sin embargo, dadas las condiciones en que se verificaba, es decir, en ausencia de inversiones que aseguraran un crecimiento real de la capacidad instalada, la expansi\u00f3n industrial encontrar\u00eda muy pronto sus l\u00edmites: por un lado, el agotamiento de la capacidad ociosa y de los&nbsp;<em>stocks,&nbsp;<\/em>agravado por una declinaci\u00f3n en la productividad, que resultaba del uso mismo de la capacidad ociosa (toda vez que \u00e9sta corresponde a la maquinaria menos eficiente), as\u00ed como del sabotaje llevado a cabo por los empresarios; por otro lado, la inelasticidad relativa de la oferta de bienes intermedios y equipos. Este segundo punto es el m\u00e1s importante para comprender la crisis econ\u00f3mica que sobrevendr\u00eda a fines de 1972.<\/p>\n\n\n\n<p>Conviene tener presente que la econom\u00eda industrial chilena no dispone de un verdadero sector de bienes de capital, sino m\u00e1s bien de una reducida base productora de bienes intermedios (acero, etc\u00e9tera) y de bienes durables, destinados \u00e9stos en su casi totalidad al consumo suntuario. Para acompa\u00f1ar el crecimiento de la demanda, la producci\u00f3n de bienes de consumo corriente tendr\u00eda, pues, que contar con facilidades para la importaci\u00f3n de materias primas, bienes intermedios y de capital, pero sobre todo de inversiones que ampliaran la capacidad productiva y, en cierta medida, permitieran reconvertir parte de la industria de bienes suntuarios en un sector de bienes de capital. Nada de esto tuvo lugar.<\/p>\n\n\n\n<p>No insistamos en el hecho b\u00e1sico de que la burgues\u00eda se resisti\u00f3 a realizar nuevas inversiones. Hagamos notar tan s\u00f3lo que el gobierno no aplic\u00f3 las medidas necesarias para captar las ganancias que la expansi\u00f3n econ\u00f3mica pon\u00eda en manos de la empresa privada, a fin de promover \u00e9l mismo la inversi\u00f3n. Las razones por las cuales el gobierno procedi\u00f3 de esta manera son las mismas que no lo llevaron a plantearse la reconversi\u00f3n de la industria suntuaria.<\/p>\n\n\n\n<p>La orientaci\u00f3n de la Unidad Popular iba en el sentido de nacionalizar la industria de base (cobre, carb\u00f3n, acero, etc\u00e9tera) y las grandes empresas productoras de bienes de consumo corriente (textiles, alimentos), dejando intactas las empresas del sector de producci\u00f3n suntuaria (autom\u00f3viles, electrodom\u00e9sticos). El hecho de que, presionado por los obreros de estas \u00faltimas, el gobierno de Allende haya procedido a la expropiaci\u00f3n de muchas de ellas no cambia las cosas, puesto que, aun cuando se estatizaron, \u00e9stas mantuvieron sus l\u00edneas tradicionales de producci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La Unidad Popular ten\u00eda sus motivos para proceder de esa manera. Desde luego, pesaba en su decisi\u00f3n la b\u00fasqueda de un acuerdo con ciertos sectores de la burgues\u00eda nacional y extranjera; as\u00ed, por ejemplo, respecto de la burgues\u00eda automotriz, el gobierno se plante\u00f3 tan s\u00f3lo racionalizar su producci\u00f3n abriendo para esto licitaci\u00f3n a los capitales for\u00e1neos interesados en esa rama y estableciendo una simplificaci\u00f3n de los modelos de autos particulares, sin pretender sustituirlos por veh\u00edculos de mayor utilidad social. Habr\u00eda que considerar, tambi\u00e9n, la preocupaci\u00f3n de la Unidad Popular de no herir los intereses de las capas medias, que consum\u00edan esos productos, hecho fundamental en una estrategia que, proponi\u00e9ndose modificar las estructuras econ\u00f3mico-sociales en el marco de las instituciones parlamentarias vigentes, depend\u00eda del voto de las mismas. Finalmente, exist\u00eda en la Unidad Popular la profunda convicci\u00f3n de que, desarrollando la intervenci\u00f3n estatal en el campo de la producci\u00f3n, le ser\u00eda posible al gobierno, mediante el uso de los instrumentos normales de la pol\u00edtica econ\u00f3mica, dirigir la actividad de los grupos empresariales privados.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, lo que importa tener presente es que no se procedi\u00f3 a ampliar ni a reconvertir la capacidad instalada en la industria a fin de garantizar el aumento de la oferta de bienes intermedios y de capital. La atenci\u00f3n de las necesidades en esa materia pasaba, por tanto, a depender esencialmente del sector externo, o sea, de las disponibilidades en divisas para importar esos productos. Sin embargo, fue all\u00ed donde el gobierno de la Unidad Popular enfrent\u00f3 las mayores dificultades, debiendo hacer frente a una violenta crisis de la balanza de pagos. Entre los factores que provocaron esa situaci\u00f3n hay que destacar, en primer lugar, la retracci\u00f3n de los capitales extranjeros privados y el boicot puesto en pr\u00e1ctica en el campo financiero por el gobierno norteamericano y las agencias internacionales bajo su influencia. Otros factores concurrieron tambi\u00e9n para la crisis de divisas, como el alza sostenida de los precios internacionales de los alimentos (rengl\u00f3n que pesa considerablemente en la estructura de las importaciones chilenas) y la baja de las cotizaciones del cobre en el mercado mundial, s\u00f3lo revertida en el \u00faltimo periodo del r\u00e9gimen.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo esto llev\u00f3 a que el crecimiento de la producci\u00f3n de bienes de consumo corriente se viera frenado, lo que era de por s\u00ed suficiente para generar serios desequilibrios ante una demanda que la pol\u00edtica redistributiva de ingresos manten\u00eda en expansi\u00f3n. La primera forma que asumi\u00f3 la especulaci\u00f3n agrav\u00f3 el problema, o sea, la retirada ilegal de mercader\u00edas hacia el exterior, donde \u2014en virtud de la depreciaci\u00f3n acelerada del escudo\u2014 \u00e9stas se vend\u00edan en condiciones m\u00e1s ventajosas. El resultado de esas causas tendr\u00eda que ser necesariamente la escasez progresiva de bienes de consumo corriente en el mercado interno.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Especulaci\u00f3n y fascismo<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Desde un principio, la burgues\u00eda aprovech\u00f3 pol\u00edticamente esa escasez en su campa\u00f1a contra el gobierno. La c\u00e9lebre &#8220;marcha de las ollas vac\u00edas&#8221;, que reuni\u00f3 por primera vez en las calles de Santiago, en diciembre de 1971, a una masa de peque\u00f1os burgueses y lumpenproletarios disponibles para el fascismo, lo demuestra. Progresivamente, la burgues\u00eda no se limit\u00f3 ya a aprovechar la escasez: se dedic\u00f3 a promoverla. Contando con capitales libres, debido a su decisi\u00f3n de no invertir en la producci\u00f3n, se empe\u00f1\u00f3 a fondo en el acaparamiento y el mercado negro de bienes que iban desde el autom\u00f3vil hasta los cigarrillos. Neutraliz\u00f3, por esa v\u00eda, la pol\u00edtica de distribuci\u00f3n de ingresos del gobierno y realiz\u00f3 jugosas ganancias.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que muestra el caso chileno \u2014y el an\u00e1lisis de otros pa\u00edses, en situaciones similares, revelar\u00eda lo mismo\u2014 es que, en momentos de crisis, la burgues\u00eda puede detener la acumulaci\u00f3n del capital productivo y provocar la degeneraci\u00f3n de todo el sistema econ\u00f3mico, mediante su transformaci\u00f3n en capital especulativo, aumentando al mismo tiempo su poder\u00edo econ\u00f3mico y agudizando en su provecho la lucha de clases. En esta perspectiva, la especulaci\u00f3n aparece como la pol\u00edtica econ\u00f3mica del fascismo en la fase de la lucha por el poder. Y es a trav\u00e9s de ella como, en la ausencia de una respuesta revolucionaria de la clase obrera, el capital puede reunir las condiciones b\u00e1sicas para la victoria del fascismo: la cohesi\u00f3n de la clase burguesa; la oposici\u00f3n de amplios sectores de la peque\u00f1a burgues\u00eda a la clase obrera; y la atracci\u00f3n a su campo, la neutralizaci\u00f3n o la desorganizaci\u00f3n de capas populares que, en otras condiciones, ser\u00edan aliados seguros del proletariado.<\/p>\n\n\n\n<p>Respecto a la burgues\u00eda (as\u00ed como a las capas propietarias de la peque\u00f1a burgues\u00eda), la especulaci\u00f3n promovida por el capital dio resultados en dos sentidos. Por un lado, mitig\u00f3 las contradicciones interburguesas respecto a la apropiaci\u00f3n de las ganancias. En efecto, gracias a su base econ\u00f3mica y tecnol\u00f3gica, las grandes empresas operan con costos de producci\u00f3n inferiores, pero (si la competencia no las lleva a proceder de otra manera) se benefician de precios de mercado iguales o superiores a los de las dem\u00e1s. Ahora bien, al lanzarse a la especulaci\u00f3n, las capas capitalistas m\u00e1s d\u00e9biles empezaron a lograr sobreprecios (a costa de los consumidores), que no s\u00f3lo compensaban parcialmente, sino que llegaban incluso a impedir el traspaso de sus ganancias al gran capital, puesto que la especulaci\u00f3n se agudiz\u00f3 sobre todo en el rengl\u00f3n de bienes de consumo corriente (donde es mayor, como vimos, la participaci\u00f3n de la mediana y la peque\u00f1a empresa). Por otro lado, en la medida en que oponerse pr\u00e1cticamente a la pol\u00edtica econ\u00f3mica del gobierno les permit\u00eda obtener mayores ganancias, esas capas burguesas, que hab\u00edan sido neutralizadas inicialmente por la Unidad Popular, se volvieron cada vez m\u00e1s agresivas respecto de \u00e9sta. Para un burgu\u00e9s, no hay oposici\u00f3n pol\u00edtica mejor que aquella que se hace no s\u00f3lo impunemente sino tambi\u00e9n aumentando sus utilidades.<\/p>\n\n\n\n<p>La especulaci\u00f3n desenfrenada a que se dedic\u00f3 la burgues\u00eda chilena tuvo resultados a\u00fan m\u00e1s graves. En la medida en que la redistribuci\u00f3n del ingreso no discriminaba entre los diferentes grupos asalariados&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>7<\/sup>, no eran s\u00f3lo los sectores m\u00e1s pobres de la poblaci\u00f3n los que aumentaban su poder de compra, sino tambi\u00e9n las capas medias y altas de la peque\u00f1a burgues\u00eda asalariada. Era inevitable, sobre todo en condiciones de contenci\u00f3n de la oferta de bienes, que la lucha por la apropiaci\u00f3n del producto se desplazara de la esfera salarial \u2014donde se logra tan s\u00f3lo mejorar la posibilidad de acceder al consumo\u2014 a la esfera misma del consumo, y que all\u00ed se enfrentaran con ferocidad creciente las clases sociales.<\/p>\n\n\n\n<p>En esas condiciones, la \u00fanica medida de defensa del nivel de consumo de las masas m\u00e1s pobres reposaba \u2014m\u00e1s que en el racionamiento, como se pens\u00f3 en un cierto momento\u2014 en la creaci\u00f3n de un esquema de distribuci\u00f3n de bienes que cercenara la posibilidad de que el comercio establecido funcionara como centro de acaparamiento y luego de especulaci\u00f3n; en otras palabras, que se asentara sobre organizaciones populares capaces de ejercer el control de masas sobre la distribuci\u00f3n. No fue por otra raz\u00f3n que la burgues\u00eda combati\u00f3 con tanto encono a las juntas de abastecimiento y precios, a los almacenes populares, a los comandos comunales de abastecimiento, y dem\u00e1s organismos de este tipo. Por su parte, el gobierno \u2014fiel a su prop\u00f3sito de ganarse a las capas medias\u2014 dio continuamente garant\u00edas a los comerciantes y se negaba a expropiar a las grandes distribuidoras privadas (condici\u00f3n&nbsp;<em>sine qua non&nbsp;<\/em>para controlar la distribuci\u00f3n), limit\u00e1ndose a operar una central estatal que cubr\u00eda tan s\u00f3lo el 33% de la distribuci\u00f3n al por mayor.<\/p>\n\n\n\n<p>La lucha por la apropiaci\u00f3n del producto se desplaz\u00f3 as\u00ed a las tiendas y mercados, enfrentando diariamente la peque\u00f1a burgues\u00eda a las masas del pueblo, en la disputa del pan, el calzado, los cerillos. Para el peque\u00f1o burgu\u00e9s, el obrero y el poblador se volv\u00edan pues competidores f\u00edsicamente identificables, seres de carne y hueso que \u00e9l ten\u00eda que combatir y derrotar. Con el desarrollo del mercado negro, ese enfrentamiento en tomo a los centros de distribuci\u00f3n pudo ser evitado por los grupos de m\u00e1s altos ingresos, que obten\u00edan as\u00ed su primera victoria sobre los trabajadores. Pero las largas colas que se formaban desde la madrugada, y a veces en la noche, era el punto donde las capas populares iban, todos los d\u00edas, a darse cita con la hostilidad hacia el vecino, la indignaci\u00f3n contra quienes las ten\u00edan en esa situaci\u00f3n (los burgueses, los bur\u00f3cratas o el mismo gobierno, seg\u00fan su tendencia pol\u00edtica) y una sensaci\u00f3n de impotencia cada vez m\u00e1s dolorosa.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, uniendo a los burgueses, polarizando a la peque\u00f1a burgues\u00eda y sembrando el desaliento en el seno del pueblo, la especulaci\u00f3n se convirti\u00f3 en el arma por excelencia del fascismo. Es cierto que, al final, \u00e9ste no pudo triunfar con sus propias fuerzas y que el gran capital debi\u00f3 echar mano de las fuerzas armadas. Pero no es menos cierto que la victoria alcanzada por el capital el 11 de septiembre no hubiera sido posible sin la acci\u00f3n sistem\u00e1tica llevada a cabo en el plano econ\u00f3mico.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>La econom\u00eda del gran capital<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Sin embargo, por jugosas que hayan sido las ganancias que, desde todos los puntos de vista, la especulaci\u00f3n proporcion\u00f3 a la burgues\u00eda, y por mucho que \u2014dentro de ciertos l\u00edmites\u2014 corresponda a una actividad normal en la econom\u00eda capitalista, ella no puede sustituir indefinidamente a la acumulaci\u00f3n del capital productivo. El derrocamiento del gobierno de la Unidad Popular le ha planteado a la burgues\u00eda, como tarea central, la reorientaci\u00f3n del capital hacia el campo de la producci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Vimos ya que ello supone la superexplotaci\u00f3n del trabajo o, lo que viene a ser lo mismo, ofrecer a los capitalistas altas cuotas de plusval\u00eda. Pero la situaci\u00f3n engendrada por la especulaci\u00f3n en la esfera de la circulaci\u00f3n de mercanc\u00edas obliga tambi\u00e9n al capital a preocuparse de la reorganizaci\u00f3n de las estructuras de distribuci\u00f3n y consumo, que \u00e9l mismo contribuy\u00f3 a subvertir en el periodo anterior. Para esto, la pol\u00edtica de precios, que coadyuva a la superexplotaci\u00f3n del trabajo, representa un elemento fundamental, toda vez que, al desvalorizar el salario v\u00eda precios, restringe la capacidad adquisitiva de las masas y las inhabilita para competir en el mercado de bienes de consumo.<\/p>\n\n\n\n<p>Es este segundo aspecto, el estrujamiento del consumidor, el que descubre con m\u00e1s claridad el sello del gran capital en la pol\u00edtica econ\u00f3mica del r\u00e9gimen militar. En efecto, el aumento de la jornada de trabajo y la compresi\u00f3n salarial son medidas que interesan a toda la burgues\u00eda. Con ellas, se benefician el gran capitalista, el mediano y el peque\u00f1o, puesto que representa para todos una cuota de plusval\u00eda m\u00e1s cuantiosa. Por otra parte, esas medidas hieren por igual a todos los grupos asalariados, sean ellos proletarios o peque\u00f1oburgueses.<\/p>\n\n\n\n<p>Distinta es la situaci\u00f3n respecto a las medidas adoptadas en la esfera del consumo, particularmente la pol\u00edtica de precios. All\u00ed, los que sufren sus efectos con mayor rigor son los grupos de bajos ingresos, particularmente los obreros no calificados y los empleados subalternos, as\u00ed como las capas pobres que carecen de ingreso regular. A medida que se desciende en la escala salarial, mayor es el grado de marginaci\u00f3n del consumo. Agreguemos que la restricci\u00f3n de mercado que de all\u00ed se deriva afecta particularmente a los bienes de consumo corriente, particularmente los de menor calidad, producidos por empresas medianas y peque\u00f1as.<\/p>\n\n\n\n<p>Ser\u00eda un error creer que esa pol\u00edtica econ\u00f3mica tiene un car\u00e1cter meramente coyuntural, como pretenden los que responden de ella. Lo que resurge, por su intermedio, es la tendencia que reg\u00eda anteriormente a 1970 en la econom\u00eda chilena y que se\u00f1alamos al principio de este trabajo: la restricci\u00f3n del mercado para los bienes de consumo popular, cuya din\u00e1mica depende del poder de compra de las capas de menores ingresos, en beneficio de la expansi\u00f3n sostenida del mercado de bienes suntuarios, que se apoya sobre los grupos de altos ingresos.<\/p>\n\n\n\n<p>La econom\u00eda dependiente tiene sus leyes y el gran capital las conoce perfectamente. Siendo \u00e9l quien encabeza las filas de los capitalistas y quien orienta el desarrollo del sistema, su pol\u00edtica tiende a coincidir con las tendencias objetivas que empujan hacia adelante al capitalismo dependiente, convirti\u00e9ndolo en un sistema cada vez m\u00e1s explotador y excluyente. La superexplotaci\u00f3n del trabajo y su secuela m\u00e1s inmediata: el divorcio entre la producci\u00f3n y las necesidades de consumo de las amplias masas, he ah\u00ed el eje del desarrollo dependiente, el mismo que da hoy en Chile la pauta para la acci\u00f3n que lleva a cabo el gran capital.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Perspectivas<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Desde el punto de vista de la lucha de clases, pareciera ser que la sociedad chilena se prepara para volver al punto en que se encontraba en 1970. En efecto, mientras se agudizan las contradicciones entre las clases dominantes y las masas trabajadoras, la pol\u00edtica del gran capital tiende a resquebrajar el bloque de clases que sustent\u00f3 al golpe militar, haciendo chocar los intereses divergentes de las varias capas burguesas entre s\u00ed y los de \u00e9stas con los de la peque\u00f1a burgues\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Y, sin embargo, no es una vuelta atr\u00e1s lo que acontece. La lucha de clases se desarrolla hoy en Chile en un marco radicalmente distinto al de 1970, por muchas razones. La primera de ellas es que el gran capital ha reforzado su posici\u00f3n, decidiendo en su favor la situaci\u00f3n que hizo crisis en aquel entonces, y se dispone a hacer prevalecer sus intereses a cualquier precio sobre toda la sociedad. En este sentido, no son s\u00f3lo los trabajadores quienes son objeto de su violencia, sino las mismas capas burguesas, siendo previsible incluso que, a trav\u00e9s de una pol\u00edtica acelerada de centralizaci\u00f3n del capital, se produzcan nuevos ribetes de violencia en la lucha interburguesa.<\/p>\n\n\n\n<p>Una segunda raz\u00f3n est\u00e1 dada por la posici\u00f3n subordinada en que ha quedado la peque\u00f1a burgues\u00eda en el escenario pol\u00edtico del pa\u00eds. Ese conglomerado de sectores sociales, cuyo grupo dirigente detentaba desde hace tres d\u00e9cadas \u2014e incluso durante el gobierno de la Unidad Popular\u2014 una posici\u00f3n privilegiada en el aparato del Estado, ha experimentado una amarga derrota. Lo que el proceso chileno mostr\u00f3 con claridad fue la incapacidad de la peque\u00f1a burgues\u00eda para dar soluci\u00f3n a los problemas del desarrollo capitalista, a partir del momento en que \u00e9ste destaca una capa de grandes capitalistas, con intereses definidos. Esa incapacidad se hizo evidente cuando, al polarizarse la lucha de clases, conduciendo a la sociedad al borde de la ruptura, no les qued\u00f3 a las capas peque\u00f1oburguesas otra alternativa que ponerse a la zaga de la clase obrera \u2014la \u00fanica, despu\u00e9s de octubre de 1972, en presentar una alternativa revolucionaria para la crisis en curso\u2014o agruparse tras el gran capital y su brazo armado, para constituir all\u00ed esa masa de maniobra que proporcion\u00f3 al golpe militar una base social. Sus intentos de autonom\u00eda, sea a trav\u00e9s del reformismo allendista, sea a trav\u00e9s de una oposici\u00f3n institucional encabezada por la Democracia Cristiana, se saldaron en el m\u00e1s estruendoso fracaso, llev\u00e1ndola incluso a perder las posiciones que, con altibajos, lograra conquistar y mantener en las \u00faltimas d\u00e9cadas.<\/p>\n\n\n\n<p>La tercera raz\u00f3n, y la m\u00e1s importante, es el gran desarrollo que experiment\u00f3 en materia de conciencia y organizaci\u00f3n el movimiento de masas, durante el periodo de la Unidad Popular. La incorporaci\u00f3n de capas populares atrasadas de la ciudad y del campo a la vida pol\u00edtica; el surgimiento de una constelaci\u00f3n de cuadros obreros medios, sin compromisos con el reformismo; la expresi\u00f3n org\u00e1nica de esos fen\u00f3menos, ayer en los cordones industriales y comandos comunales, hoy en los comandos de resistencia; la fresca memoria de las conquistas alcanzadas: todos son factores que conspiran en contra de la estabilizaci\u00f3n del r\u00e9gimen militar.<\/p>\n\n\n\n<p>Es sobre esa base que la actual fase contrarrevolucionaria que atraviesa la vida pol\u00edtica chilena podr\u00e1 ser superada. Y es lo que impide a los militares flexibilizar en cierto grado las duras medidas represivas que han impuesto al pa\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p>Ellos saben que, bajo el manto de terror que han tendido sobre Chile, el viejo topo del que hablaba Marx contin\u00faa incansable su tarea.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em><span class=\"has-inline-color has-nv-dark-bg-color\">Ruy Mauro Marini<\/span><\/em><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Notas<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<ol class=\"wp-block-list\"><li>V\u00e9ase &#8220;El desarrollo industrial dependiente y la crisis del sistema de dominaci\u00f3n&#8221;, p. 55.<\/li><li>Cf. &#8220;La peque\u00f1a burgues\u00eda y el problema del poder&#8221;, p. 86.<\/li><li>V\u00e9ase el ap\u00e9ndice a la parte II, p. 152.<\/li><li>V\u00e9ase &#8220;Dos estrategias en el proceso chileno&#8221;, p. 13.<\/li><li>Marx hab\u00eda constatado anteriormente el papel del peri\u00f3dico en tanto que partido pol\u00edtico. V\u00e9ase sobre el tema las relaciones que establece entre la oposici\u00f3n republicana oficial&nbsp;<em>y Le National&nbsp;<\/em>en &#8220;El 18 Brumario de Luis Bonaparte&#8221;, en Marx&nbsp;<em>y&nbsp;<\/em>Engels,&nbsp;<em>Obras escogidas.&nbsp;<\/em>Ed. Progreso, Mosc\u00fa, t. I.<\/li><li>En lo referente a bienes esenciales de consumo, como alimentos.<\/li><li>S\u00f3lo en su \u00faltimo periodo, el gobierno de la Unidad Popular trat\u00f3 de establecer un reajuste diferencial de sueldos y salarios en beneficio de los grupos de menores ingresos. Sin embargo, el proyecto de ley presentado en este sentido al Congreso fue furiosamente obstaculizado por la oposici\u00f3n burguesa.<\/li><\/ol>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-columns has-2-columns has-desktop-oneTwo-layout has-tablet-equal-layout has-mobile-equal-layout has-default-gap has-vertical-unset\" id=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-columns-78bfedee\"><div class=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-columns-overlay\"><\/div><div class=\"innerblocks-wrap\">\n<div class=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-column\" id=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-column-c83ae97b\"><\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-column\" id=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-column-3c638dde\">\n<div class=\"wp-block-file alignright\"><a id=\"wp-block-file--media-b671875d-afb0-4c9d-a3be-eee9e1f287f7\" href=\"http:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/1974\/10\/29-Economi\u0301a-poli\u0301tica-de-un-golpe-militar.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Economi\u0301a poli\u0301tica de un golpe militar<\/a><\/div>\n<\/div>\n<\/div><\/div>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Fuente: Ruy Mauro Marini, El reformismo y la contrarrevoluci\u00f3n. Estudios sobre Chile, Ediciones Era, M\u00e9xico, 1976. Publicado originalmente en Foro Internacional, n\u00famero 58, El Colegio de M\u00e9xico, M\u00e9xico, octubre-diciembre de 1974. 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