{"id":1321,"date":"1978-01-01T18:33:17","date_gmt":"1978-01-01T18:33:17","guid":{"rendered":"http:\/\/localhost:8888\/wordpress\/?p=1321"},"modified":"2023-04-20T22:57:32","modified_gmt":"2023-04-20T22:57:32","slug":"las-razones-del-neodesarrollismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/?p=1321","title":{"rendered":"Las razones del neodesarrollismo"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\">(respuesta a F. H. Cardoso y J. Serra)<\/h3>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-style-default\"><img decoding=\"async\" width=\"800\" height=\"450\" src=\"http:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/bis-laberintoGloria-edited.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1906\" srcset=\"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/bis-laberintoGloria-edited.jpg 800w, https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/bis-laberintoGloria-edited-300x169.jpg 300w, https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/bis-laberintoGloria-edited-768x432.jpg 768w, https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/bis-laberintoGloria-edited-600x338.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><mark style=\"background-color:rgba(0, 0, 0, 0)\" class=\"has-inline-color has-vivid-red-color\">Fuente: Archivo de Ruy Mauro Marini. Publicado en Revista Mexicana de Sociolog\u00eda, n\u00famero especial, Facultad de Ciencias Pol\u00edticas y Sociales, UNAM, M\u00e9xico, 1978.<\/mark><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-text-color has-vivid-red-color has-css-opacity has-vivid-red-background-color has-background\"\/>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\"><em>Las desventuras de la dial\u00e9ctica de la dependencia<\/em>&nbsp;es un trabajo escrito por Jos\u00e9 Serra y Fernando Henrique Cardoso, con el objetivo de criticar mis planteamientos sobre el capitalismo dependiente, en particular el brasile\u00f1o. El t\u00edtulo del trabajo, como lo se\u00f1alan sus autores, se inspira en el de un libro de Maurice Merleau-Ponty, publicado a principios de la d\u00e9cada pasada, que pon\u00eda \u201cla corona de espinas\u201d en \u201cla cabeza de quienes, bien o mal, buscaban adaptar la herencia cl\u00e1sica a las experiencias de la construcci\u00f3n del socialismo y, en el af\u00e1n de justificar lo injustificable, distorsionan sus ideas\u201d. En realidad, se trataba de un ataque a Jean-Paul Sartre, a ra\u00edz de su acercamiento al Partido Comunista. Aunque Sartre no se molest\u00f3 en darle una respuesta a Merleau-Ponty \u2013quien ganara notoriedad al pretender conferir rango filos\u00f3fico al anticomunismo de Arthur Koestler\u2013 \u00e9ste recibi\u00f3 la que merec\u00eda, por la mano de Simone de Beauvoir.<\/p>\n\n\n\n<p>Tras se\u00f1alar que el trabajo se escribi\u00f3 en enero de 1978, cuando prestaban servicios en una instituci\u00f3n norteamericana, y agradecer los comentarios de otros intelectuales brasile\u00f1os, -en especial del Centro Brasile\u00f1o de An\u00e1lisis y Planeamiento (CEBRAP), creado por Cardoso-, los autores explican la finalidad del mismo. Este pretende \u201cponer trancas que cierren las falsas salidas\u201d en el an\u00e1lisis de la realidad, para lo que se abocar\u00e1 a la cr\u00edtica de mi \u201cambiciosa teor\u00eda\u201d sobre el capitalismo dependiente, con la intenci\u00f3n de lograr \u201cla destrucci\u00f3n eventual de algunos o aun de todos los principales supuestos\u201d de la misma. Para ello, se divide en cuatro cap\u00edtulos: \u201cDesarrollo nacional y estancamiento econ\u00f3mico\u201d, \u201cEl intercambio que no es bien igual\u201d, \u201cEl subimperialismo y las tinieblas\u201d y \u201cla \u2018teor\u00eda\u2019 de la superexplotaci\u00f3n del trabajo (o la plusval\u00eda que nunca es relativa)\u201d, que se acompa\u00f1an de un \u201ccuasi ep\u00edlogo\u201d. Los dos primeros tratan de algunas cuestiones generales, los dos \u00faltimos versan sobre el desarrollo capitalista reciente en Brasil.<\/p>\n\n\n\n<p>En su conjunto, constituye un texto desali\u00f1ado y truculento, que deforma casi siempre mis planteamientos para poder criticarlos, manipula los datos que utiliza (o no utiliza) y que brilla por la falta de rigor, la torpeza e incluso el descuido en el manejo de hechos y conceptos. El lector lo entender\u00e1 mejor si toma en cuenta que va dirigido fundamentalmente a la joven generaci\u00f3n brasile\u00f1a, que conoce poco o casi nada de lo que he escrito. Esto es lo que lleva a los autores no s\u00f3lo a \u201cexponer\u201d mi pensamiento, sino tambi\u00e9n a permitirse adaptarlo libremente a los fines que se han propuesto. Seguramente, habr\u00edan procedido de otra manera, si se dirigieran a un p\u00fablico m\u00e1s familiarizado con las tesis en cuesti\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En las consideraciones que, sobre dicho texto, presentaremos a continuaci\u00f3n, utilizaremos el original en portugu\u00e9s. Nos esforzaremos, siempre que ello no violente demasiado la l\u00f3gica de la exposici\u00f3n, en seguir el orden tem\u00e1tico all\u00ed adoptado, manteni\u00e9ndonos dentro de su enfoque, es decir, predominantemente econ\u00f3mico. Advertimos al lector de que, por tratarse de la respuesta a una cr\u00edtica espec\u00edfica, limitaremos a lo esencial nuestra argumentaci\u00f3n, sin pretender retomar planteamientos que hemos hecho, en otras oportunidades, sobre el capitalismo dependiente latinoamericano y brasile\u00f1o; en este sentido no se contempla aqu\u00ed la totalidad, y ni siquiera los elementos principales, de lo que hemos expuesto en otros textos.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"has-text-align-center wp-block-heading\"><a><\/a>I<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Las&nbsp;<em>Desventuras<\/em>&nbsp;empiezan con un paso desafortunado. Constatando que mis planteamientos tienen como eje la cuesti\u00f3n del socialismo en Am\u00e9rica Latina, buscan enmarcarlos en la tesis sustentada por sectores intelectuales de la d\u00e9cada pasada, respecto a la inevitabilidad del estancamiento econ\u00f3mico en la regi\u00f3n. Incurren, con ello, en un doble equ\u00edvoco: no es cierto que yo suscribiera entonces esa tesis (como tampoco la suscribo hoy) ni \u00e9sa se relacionaba directamente con el tema del socialismo. De pasada, confunden estancamiento y crisis, (\u201cLa aurora revolucionaria tendr\u00eda como incubadora el acicate del estancamiento y la crisis\u201d, p. 3) sin comprender que, para un marxista, las crisis corresponden a saltos del capitalismo hacia su destrucci\u00f3n, pero no se confunden con el estancamiento; todo lo contrario, resultan de la acumulaci\u00f3n capitalista misma, es decir,&nbsp;<em>del desarrollo capitalista.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La \u201cprueba\u201d de mi adhesi\u00f3n a la tesis del estancamiento latinoamericano se presenta en p. 1, tras lo que parece ser una autocr\u00edtica impl\u00edcita de Cardoso por haberla compartido, en los tiempos en que preocupaban los problemas del \u201csubcapitalismo\u201d, y se cifra en esta cita de un texto m\u00edo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cTodo est\u00e1 en lograr una organizaci\u00f3n de la producci\u00f3n que permita el pleno aprovechamiento del excedente creado, vale decir que aumente la capacidad de empleo y producci\u00f3n dentro del sistema, elevando los niveles de salario y de consumo. Como esto no es posible en el marco del sistema capitalista, no queda al pueblo brasile\u00f1o sino un camino: el ejercicio de una pol\u00edtica obrera, de lucha por el socialismo.\u201d<sup>1<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>A primera vista, el texto citado parece dar raz\u00f3n a las&nbsp;<em>Desventuras.<\/em>&nbsp;Pero \u00bfqu\u00e9 es lo que est\u00e1 en&#8230;\u201d? \u00bfEn qu\u00e9 contexto se hizo la afirmaci\u00f3n? Veamos:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c&#8230; (el) desarrollo econ\u00f3mico&#8230; no puede ser logrado, como pretende la \u2018burgues\u00eda nacional\u2019, obstaculizando la incorporaci\u00f3n del progreso tecnol\u00f3gico extranjero y estructurando la econom\u00eda con base en unidades de baja capacidad productiva. Para las grandes masas del pueblo, el problema est\u00e1, inversamente, en una organizaci\u00f3n econ\u00f3mica que no s\u00f3lo admita la incorporaci\u00f3n del progreso t\u00e9cnico y la concentraci\u00f3n de las unidades productivas, sino que las aceleren, sin que ello implique agravar la explotaci\u00f3n del trabajo en el marco nacional y subordinar definitivamente la econom\u00eda brasile\u00f1a al imperialismo\u201d<sup>2<\/sup>. (A partir de aqu\u00ed, sigue el trozo citado por las&nbsp;<em>Desventuras).<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Como se dar\u00e1 cuenta el lector, all\u00ed no se trataba para nada de estancamiento: se polemizaba con una posici\u00f3n pol\u00edtica que \u2013ante el car\u00e1cter monop\u00f3lico y la decidida integraci\u00f3n al imperialismo que caracterizaban a la econom\u00eda brasile\u00f1a\u2013 levantaba un proyecto peque\u00f1o burgu\u00e9s, estrechamente nacionalista y antimonop\u00f3lico, y se sosten\u00eda que la lucha (no la agitaci\u00f3n de un modelo abstracto) contra el gran capital nacional y extranjero s\u00f3lo podr\u00eda ser una lucha dirigida por la clase obrera y que tendiera al socialismo. Para mayor abundamiento, se\u00f1alemos que dicho pasaje pertenece a la secci\u00f3n del libro intitulada \u201cLa dial\u00e9ctica del&nbsp;<em>desarrollo capitalista en&nbsp;<\/em>Brasil\u201d, en la cual se analizan las luchas de clases que desembocaron en el golpe militar de 1964 y&nbsp;<em>la forma subimperialista que asume entonces dicho desarrollo.<\/em>&nbsp; \u201cEl capitalismo brasile\u00f1o \u2013se dec\u00eda, un poco m\u00e1s atr\u00e1s\u2013 se ha orientado as\u00ed hacia un&nbsp;<em>desarrollo<\/em>&nbsp;monstruoso, etc\u00e9tera\u201d.<meta charset=\"utf-8\"><sup>3<\/sup><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>La crisis de pensamiento latinoamericano en los 60s<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">La segunda clase de equ\u00edvocos a que dan lugar las&nbsp;<em>Desventuras<\/em>&nbsp;est\u00e1 en suponer que se puede establecer, en general, una ligaz\u00f3n entre la tesis del \u201cestancamiento\u201d y la ideolog\u00eda socialista de la d\u00e9cada pasada, en Latinoam\u00e9rica. Es cierto que los autores se corrigen m\u00e1s adelante, ejemplificando con algunas citas de Helio Jaguaribe. Pero a) no s\u00f3lo queda la impresi\u00f3n general de que las luchas por el socialismo, que se libraron entonces, estuvieron guiadas por la idea de la imposibilidad del desarrollo capitalista, sino que b) se oscurece el car\u00e1cter real de la crisis que sacudi\u00f3 el pensamiento latinoamericano, a mediados de la d\u00e9cada. El primer error hace caso omiso de las luchas de clases desatadas en el continente, desde los a\u00f1os cincuentas, que, alcanzando su primer punto culminante con la Revoluci\u00f3n cubana de 1959, se contin\u00faa hasta hoy. El segundo no da cuenta del verdadero car\u00e1cter de la crisis experimentada por las ciencias sociales latinoamericanas, en los sesentas, ni de las corrientes entonces surgidas (que se tiende a englobar, incorrectamente, bajo la designaci\u00f3n gen\u00e9rica de \u201cestudios sobre la dependencia\u201d).<\/p>\n\n\n\n<p>El golpe militar brasile\u00f1o de 1964 tuvo, para la d\u00e9cada pasada, una importancia similar al golpe chileno de 1973, en la actual. Represent\u00f3, como se\u00f1al\u00e9 entonces, el fracaso de una pol\u00edtica: el reformismo, bajo su forma populista y nacionalista, y de una clase: la burgues\u00eda nacional&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>4<\/sup>. Los partidos comunistas, que hab\u00edan apostado en esta carta, atribuyeron los sucesos contrarrevolucionarios de Brasil a una trama diab\u00f3lica del imperialismo norteamericano. Los intelectuales que, ligados al&nbsp;<em>stablishment<\/em>&nbsp;(sea directamente en el gobierno de Joao Goulart, sea en instituciones internacionales como la CEPAL), hab\u00edan pregonado la ideolog\u00eda del desarrollo capitalista aut\u00f3nomo (generando as\u00ed, desde el lado patronal, una t\u00e1ctica que coincid\u00eda con la del PC) manifestaron perplejidad e impotencia. Un buen ejemplo de ello es el caso de Celso Furtado, ex funcionario de la CEPAL&nbsp;del gobierno de Goulart, quien, en su calidad de principal te\u00f3rico del \u201cestancamiento\u201d, proclam\u00f3 el cierre definitivo de la industrializaci\u00f3n y el regreso de Brasil a la condici\u00f3n de exportador de bienes primarios&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>5<\/sup>. En un texto m\u00e1s agudo, pero igualmente desesperado, el cepalino An\u00edbal Pinto, sin adherir a la tesis del \u201cestancamiento\u201d, constat\u00f3 que el pretendido desarrollo aut\u00f3nomo no hab\u00eda conducido sino a la monopolizaci\u00f3n de la econom\u00eda por el gran capital nacional y extranjero y propuso una pol\u00edtica dirigida por el Estado, de apoyo a la media y peque\u00f1a burgues\u00eda, aun a costa de que esto implicara frenar el desarrollo del sector \u201cmoderno\u201d (monop\u00f3lico), es decir, obstaculizar objetivamente las tendencias del desarrollo capitalista.<meta charset=\"utf-8\"><sup>6<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien: esa crisis del pensamiento desarrollista no ten\u00eda por qu\u00e9 afectar a la joven intelectualidad brasile\u00f1a, que militaba en las filas de la izquierda revolucionaria, surgida al margen del PC, a principios de la d\u00e9cada. El eje de los planteamientos de esa izquierda era la cr\u00edtica a la estrategia de ese partido, que postulaba la colaboraci\u00f3n de clases entre la burgues\u00eda nacional y el proletariado, en pro de una revoluci\u00f3n democr\u00e1tico-burguesa, antiimperialista y antifeudal. En el curso de su desarrollo, la izquierda revolucionaria hab\u00eda roto con el nacional desarrollismo burgu\u00e9s, ruptura que dio lugar a una nueva elaboraci\u00f3n te\u00f3rica, que se vierte en una literatura estrictamente partidaria. Esto s\u00f3lo comienza a modificarse, dando lugar a trabajos de car\u00e1cter m\u00e1s personal, cuando la violenta depuraci\u00f3n de las universidades, medios de comunicaci\u00f3n y del propio aparato del Estado, por las fuerzas golpistas, empieza a expulsar del pa\u00eds a muchos de los intelectuales de esa izquierda.<\/p>\n\n\n\n<p>Coincidiendo con ello, la cr\u00edtica del desarrollismo gan\u00f3 un car\u00e1cter m\u00e1s amplio. Intelectuales no militantes, como Andre Gunder Frank y el mismo Cardoso, bas\u00e1ndose en los planteamientos te\u00f3ricos de la izquierda revolucionaria, se lanzaron tambi\u00e9n a la discusi\u00f3n sobre las tesis cepalinas y funcionalistas. Aportaron as\u00ed elementos a la construcci\u00f3n de una nueva teor\u00eda explicativa&nbsp;de la realidad latinoamericana, aunque algunos de ellos contribuyeron a conferir un car\u00e1cter acad\u00e9mico a un debate que, en sus or\u00edgenes, era primariamente pol\u00edtico, limitando con ello la radicalidad de la cr\u00edtica. Es, en particular, el caso de Cardoso, en su trabajo en colaboraci\u00f3n con Faletto, no s\u00f3lo por los compromisos conceptuales y de lenguaje que mantiene con el desarrollismo, como han se\u00f1alado otros, sino sobre todo por la absoluta ausencia de una teor\u00eda del imperialismo, que se observa en dicho texto&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>7<\/sup>. Conviene se\u00f1alar que nada, en esa clase de textos, lleva a identificar el \u201ccambio social\u201d con la revoluci\u00f3n socialista.<\/p>\n\n\n\n<p>Es a ese distinto origen de las nuevas corrientes intelectuales, que se gestaron en la d\u00e9cada de 1960, as\u00ed como al tipo de compromiso que ellos asumieron, que se debe la profunda divisi\u00f3n que se registra hoy entre los que, bien o mal, trabajaron de la misma manera la elaboraci\u00f3n de un nuevo marco de conocimiento de nuestras sociedades.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Intercambio desigual y superexplotaci\u00f3n: algunas precisiones<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">El aparato siguiente de las&nbsp;<em>Desventuras<\/em>&nbsp;se refiere indiscriminadamente a cuestiones que tienen que ver con el intercambio desigual y con la superexplotaci\u00f3n del trabajo. El prop\u00f3sito de mis \u201ccr\u00edticos\u201d es demostrar que el intercambio desigual, tal como yo lo analizo, no es tal ni conduce a que los pa\u00edses dependientes reaccionen contra \u00e9l recurriendo a la superexplotaci\u00f3n del trabajo (aunque la causa primaria de \u00e9sta no resida all\u00ed, como lo he indicado)&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>8<\/sup>. Veremos, m\u00e1s adelante, c\u00f3mo se las arreglan para hacer esa demostraci\u00f3n, procediendo primero a algunas rectificaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>En p. 16, se trata de probar que es absurdo mi razonamiento en el sentido de que las exportaciones latinoamericanas de alimentos, al reducir el valor del capital variable y aumentar por consiguiente la composici\u00f3n de valor del capital, agravan la tendencia a la baja de la cuota de ganancia, en los pa\u00edses capitalistas avanzados. Para este fin, y vali\u00e9ndose incluso de las matem\u00e1ticas, las\u00a0<em>Desventuras<\/em>\u00a0demuestran que, al bajar el capital variable, crecen la masa y la cuota de plusval\u00eda, as\u00ed como, por consiguiente, de ganancia. Lo que es obvio. Agregan nuestros \u201ccr\u00edticos\u201d: \u201cNo ser\u00eda l\u00f3gico suponer, por otro lado, que\u00a0<em>porque<\/em>\u00a0disminuye V, gracias a las exportaciones latinoamericanas de alimentos, C tendr\u00eda que subir\u201d (p. 16, subrayado de los autores). No, no ser\u00eda en absoluto l\u00f3gico suponer que,\u00a0<em>porque<\/em>\u00a0baja el capital variable, por la causa se\u00f1alada, el capital constante debe aumentar. Sin embargo, mis desventurados \u201ccr\u00edticos\u201d, el punto de que parto es rigurosamente\u00a0<em>el opuesto:\u00a0<\/em>el de que la exportaci\u00f3n latinoamericana de alimentos se realiza en funci\u00f3n de la revoluci\u00f3n industrial europea y\u00a0<em>coadyuva\u00a0<\/em>(no determina de manera exclusiva) la baja del capital variable, necesaria para que la elevaci\u00f3n de la productividad, sobre la base del\u00a0<em>aumento<\/em>\u00a0<em>del capital constante,<\/em>\u00a0no presionara hacia abajo la cuota de ganancia (DD, p. 26). Como indiqu\u00e9 en el texto, esto corresponde a la inserci\u00f3n din\u00e1mica de Am\u00e9rica Latina en la divisi\u00f3n mundial del trabajo, impuesta por la gran industria, que permiti\u00f3 a los pa\u00edses avanzados concentrarse en la producci\u00f3n manufacturera, desatendiendo a la producci\u00f3n agr\u00edcola, y que llevar\u00e1 enseguida a la especializaci\u00f3n de la periferia tambi\u00e9n en la producci\u00f3n de materias primas industriales. El Quijote combat\u00eda contra molinos de viento, que cre\u00eda ser gigantes; mis \u201ccr\u00edticos\u201d tienen m\u00e1s el esp\u00edritu de Sancho: edifican sus propios molinos, para enfrentarlos sin tener que apelar a la valent\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>En la distorsi\u00f3n de mis planteamientos, las&nbsp;<em>Desventuras<\/em>&nbsp;no utilizan s\u00f3lo el m\u00e9todo de la inversi\u00f3n, sino tambi\u00e9n el de la adici\u00f3n. As\u00ed, consideran que yo supongo que la producci\u00f3n latinoamericana para la exportaci\u00f3n aument\u00f3 \u201cen condiciones necesarias de productividad decreciente (o estancada)\u201d, suposici\u00f3n que no se encuentra en ninguno de mis textos. Lo \u00fanico que sostengo es que, en condiciones de intercambio marcadas por una neta superioridad tecnol\u00f3gica de los pa\u00edses avanzados, las econom\u00edas dependientes debieron echar mano de un mecanismo de compensaci\u00f3n que, permitiendo el aumento de la masa de valor y plusval\u00eda realizada, as\u00ed como de su cuota, contrarrestara al menos parcialmente las p\u00e9rdidas de plusval\u00eda a que ten\u00edan que sujetarse; ese mecanismo fue la superexplotaci\u00f3n del trabajo&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>9<\/sup>. \u00c9sta explica el fuerte desarrollo de la econom\u00eda exportadora latinoamericana, pese al intercambio desigual. Es de suponerse que mis \u201ccr\u00edticos\u201d no pretendan que, ante la transferencia de valor que \u00e9ste implicaba, las econom\u00edas latinoamericanas pudieran reaccionar mediante la elevaci\u00f3n de su nivel tecnol\u00f3gico a un ritmo igual al que lo hac\u00edan los pa\u00edses avanzados. Ello no implica ni mucho menos que su productividad se haya estancado o decrecido, sino que fue siempre a la zaga. Tampoco hay que derivar de lo dicho lo que no se ha dicho: la superexplotaci\u00f3n del trabajo es acicateada por el intercambio desigual, pero no se deriva de \u00e9l, sino de la fiebre de ganancia que crea el mercado mundial, y se basa fundamentalmente en la formaci\u00f3n de una sobrepoblaci\u00f3n relativa. Pero, una vez en marcha un proceso econ\u00f3mico sobre la base de la superexplotaci\u00f3n, se echa a andar un mecanismo monstruoso, cuya perversidad, lejos de mitigarse, es acentuada al recurrir la econom\u00eda dependiente al aumento de la productividad, mediante el desarrollo tecnol\u00f3gico.<meta charset=\"utf-8\"><sup>10<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>De todos modos, mis \u201ccr\u00edticos\u201d se preocupan aqu\u00ed menos de la cuesti\u00f3n de la superexplotaci\u00f3n, que de mis planteamientos respecto al intercambio desigual. Desde este punto de vista, lo primero que llama la atenci\u00f3n es que, aunque vayan a \u201ccriticar\u201d lo que he dicho sobre el tema, hacen la curiosa advertencia de que&nbsp;<em>no contemplar\u00e1n el problema de la transferencia de valor a trav\u00e9s del comercio exterior&nbsp;<\/em>(p. 16). La raz\u00f3n b\u00e1sica que dan para ello es que \u201cno habiendo movilidad de la fuerza de trabajo, es dif\u00edcil establecerse, en escala internacional, el concepto de tiempo de trabajo socialmente necesario, el cual, a su vez, es crucial como requisito para la operaci\u00f3n de la ley del valor\u201d. (p. 16) Deteng\u00e1monos un poco en este p\u00e1rrafo. La movilidad de la fuerza de trabajo no influye para nada en el&nbsp;<em>concepto&nbsp;<\/em>de tiempo de trabajo socialmente necesario, a escala nacional o internacional. Seguramente, mis \u201ccr\u00edticos\u201d quieren decir que afecta&nbsp;<em>su determinaci\u00f3n, su medici\u00f3n.<\/em>&nbsp;Pero tampoco es as\u00ed: a nivel nacional o internacional, el tiempo de trabajo socialmente necesario no se determina por la&nbsp;<em>circulaci\u00f3n<\/em>&nbsp;de la fuerza de trabajo, sino que es exclusivamente funci\u00f3n del desarrollo de las fuerzas productivas, del grado de destreza, productividad e intensidad media de la fuerza de trabajo en la&nbsp;<em>producci\u00f3n.<\/em>&nbsp;Lo \u00fanico que cabe a la circulaci\u00f3n es&nbsp;<em>comparar<\/em>&nbsp;los tiempos de trabajo socialmente necesario para la producci\u00f3n de las mercanc\u00edas, es decir, comparar los valores de \u00e9stas; sobre esta base, se determina el precio comercial de cada una, es decir, se establece entre ellas una&nbsp;<em>relaci\u00f3n de precios<\/em>, que, por mucho que var\u00ede por acci\u00f3n de la oferta y\/o la demanda,&nbsp;<em>gira en torno a la comparaci\u00f3n de los valores.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La circulaci\u00f3n o no circulaci\u00f3n de la fuerza de trabajo no tiene, pues, nada que ver con la vigencia de la ley del valor. El \u00fanico efecto que puede derivarse de la movilidad internacional de mano de obra se refiere a los&nbsp;<em>precios de producci\u00f3n<\/em>, al favorecer, en ese plano, la formaci\u00f3n de la ganancia media.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfPodr\u00eda la circulaci\u00f3n internacional de la fuerza de trabajo afectar el tiempo de trabajo socialmente necesario y, pues, la determinaci\u00f3n del valor? Desde luego que s\u00ed, cuando permita el flujo de fuerza de trabajo con calificaci\u00f3n; de nada servir\u00eda a un pa\u00eds importar un operador de tractores si lo condena a trabajar con una hoz. Pero, aunque la fuerza de trabajo calificada se inserte positivamente en un proceso de producci\u00f3n, ello no modifica el papel de la circulaci\u00f3n de mercanc\u00edas, que seguir\u00e1 imperturbablemente&nbsp;<em>comparando valores que han variado por cambios en el plano de la producci\u00f3n,&nbsp;<\/em>tal como lo har\u00eda&nbsp;<em>si estos valores no hubieran variado.&nbsp;<\/em>En cualquier hip\u00f3tesis,&nbsp;<em>la comparaci\u00f3n de valores se expresa en una relaci\u00f3n de precios,<\/em>&nbsp;que, m\u00e1s o menos influidos por la circulaci\u00f3n, siguen referidos al valor. Si mis desventurados \u201ccr\u00edticos\u201d contaran con conocimientos elementales sobre la relaci\u00f3n valor-precio no necesitar\u00edan descubrir triunfalmente que \u201clos dos intercambios no son bien iguales\u201d, o sea, lo obvio: que&nbsp;<em>el valor no es lo mismo que el precio.&nbsp;<\/em>Pero tampoco se escandalizar\u00edan de que los \u00edndices de precios puedan ser tomados como indicadores de valores, sobre todo para per\u00edodos largos (en que las variaciones de la circulaci\u00f3n tienden a neutralizarse), y de que, por ende,&nbsp;<em>al analizar el intercambio desigual es l\u00edcito y necesario recurrir al examen de la evoluci\u00f3n de los precios relativos o, lo que es lo mismo, los t\u00e9rminos de intercambio.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El no contar con esos conocimientos elementales lleva a los autores de las&nbsp;<em>Desventuras<\/em>&nbsp;a afirmaciones sorprendentes. Es as\u00ed como, al discutir el efecto de las variaciones de precios en la cuota de ganancia de pa\u00edses con distinto grado de desarrollo, sostienen que, al aumentar los precios de los productos de los pa\u00edses de mayor desarrollo, dicha cuota no tendr\u00eda por qu\u00e9 reducirse en el pa\u00eds de desarrollo inferior, pues \u201cla importaci\u00f3n de productos manufacturados continuar\u00eda realiz\u00e1ndose por&nbsp;<em>el mismo precio&nbsp;<\/em>por unidad de producto industrializado. Lo que ocurre de hecho no es el encarecimiento absoluto de los productos industriales, sino la mantenci\u00f3n de su precio de venta, pese a la reducci\u00f3n de su valor unitario\u201d (p. 17, subrayados de los autores). Como vemos, mis \u201ccr\u00edticos\u201d suponen que los movimientos&nbsp;<em>de precios no implican movimientos de valor;<\/em>&nbsp;de tal manera que, al mantenerse el precio de mercado&nbsp;<em>por encima del valor,<\/em>&nbsp;esto no implicar\u00eda una transferencia de valor por parte de aquel que lo adquiriera, dando en cambio una mercanc\u00eda cuyo precio se mantuviera a la par con su valor. Llegamos, pues, a un punto en que no s\u00f3lo los intercambios no son \u201cbien iguales\u201d, sino que son&nbsp;<em>\u00a1absolutamente diferentes!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El p\u00e1rrafo que sigue, en p. 17, no merece mayor atenci\u00f3n: si se est\u00e1 diciendo que, al aumentar la productividad y reducirse el valor unitario de la mercanc\u00eda, ello no afecta la cuota de ganancia, si la reducci\u00f3n del valor unitario se compensa con el aumento de la masa de valor producida, acorde con la inversi\u00f3n adicional que propici\u00f3 la elevaci\u00f3n de la productividad, se est\u00e1 descubriendo el huevo de Col\u00f3n y no habr\u00e1 quien quiera decir lo contrario. Pero esto nada tiene que ver con la superexplotaci\u00f3n del trabajo. Esta implica que,&nbsp;<em>sin variaci\u00f3n del valor unitario,&nbsp;<\/em>aumente la masa de valor producido y\/o apropiado por el capitalista, ambos casos implicando aumento de la cuota de plusval\u00eda. El aumento del valor&nbsp;<em>apropiado<\/em>,&nbsp;<em>sin aumento de la masa de valor producido,<\/em>&nbsp;corresponde a la reducci\u00f3n del salario sin una reducci\u00f3n equivalente del tiempo de trabajo necesario para que el obrero reponga el valor del mismo; el aumento de la masa de valor&nbsp;<em>producido y apropiado<\/em>&nbsp;resulta del aumento de la masa de trabajo rendido por el obrero, v\u00eda prolongaci\u00f3n de la jornada de trabajo o intensificaci\u00f3n del trabajo. En su concepto, la superexplotaci\u00f3n se expresa pues en el incremento de la&nbsp;<em>cuota de plusval\u00eda<\/em>&nbsp;sobre la base de una&nbsp;<em>masa<\/em>&nbsp;mayor de plusval\u00eda y un&nbsp;<em>valor unitario constante;<\/em>&nbsp;la \u00fanica excepci\u00f3n, que la acerca al aumento de la explotaci\u00f3n sobre la base de una mayor productividad del trabajo, adviene del aumento de intensidad, el cual, si se generaliza a toda la rama de producci\u00f3n y se estabiliza a un nivel superior, conduce a la reducci\u00f3n del tiempo de trabajo socialmente necesario para producir la mercanc\u00eda y, pues, a la reducci\u00f3n de su valor unitario.<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta ahora, nos hemos limitado a examinar los intentos de las&nbsp;<em>Desventuras<\/em>&nbsp;por criticar, en el plano te\u00f3rico, mis planteamientos respecto al intercambio desigual y la superexplotaci\u00f3n del trabajo, intentos que se frustran por el hecho de que estas son incapaces de plantear correctamente la relaci\u00f3n entre valor y precio, adem\u00e1s de confundir sistem\u00e1ticamente cuota de ganancia con cuota de plusval\u00eda. Pero, en dado momento, las&nbsp;<em>Desventuras<\/em>&nbsp;cambian el enfoque para preocuparse de las implicaciones de la superexplotaci\u00f3n en el desarrollo hist\u00f3rico del capitalismo mundial. En este sentido, adem\u00e1s de arrumbar en pie de p\u00e1gina algunos datos sobre el comercio exterior ingl\u00e9s, levantan una serie de cuestiones: la determinaci\u00f3n del valor de la fuerza de trabajo en Inglaterra (\u00bfpor qu\u00e9 se supone que los obreros ingleses no com\u00edan carne?); la composici\u00f3n y destino de las exportaciones latinoamericanas (\u00bfpor qu\u00e9 se supone que Inglaterra no importaba trigo desde Am\u00e9rica Latina?); las formas de explotaci\u00f3n en pa\u00edses como Argentina y Uruguay (\u00bfpor qu\u00e9 el no tener los \u201cpeores niveles de vida\u201d implica que no haya superexplotaci\u00f3n del trabajo?). Como se ve, demasiados problemas para que los tratemos ligeramente. Nos limitaremos, pues, a se\u00f1alar la metodolog\u00eda que debe seguir una investigaci\u00f3n rigurosa sobre el problema planteado por las&nbsp;<em>Desventuras<\/em>, la cual comprende los siguientes pasos:<\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\"><li>a) definir si, como plantea Marx, el comercio exterior, al abaratar el capital constante y\/o el capital variable, incide en la composici\u00f3n del valor del capital y, por ende, en la cuota de ganancia;<\/li><li>b) explicar por qu\u00e9 los pa\u00edses avanzados han recurrido, para este fin, a las importaciones desde pa\u00edses atrasados (donde es menor la productividad del trabajo y, en consecuencia, es mayor la masa de trabajo incorporada a las mercanc\u00edas, vale decir, su valor), as\u00ed como los mecanismos que permitieron que \u00e9stos pudieran vender barato lo que, en principio, produc\u00edan caro;<\/li><li>c) analizar la composici\u00f3n y el destino de las exportaciones de Am\u00e9rica Latina, as\u00ed como la evoluci\u00f3n de los precios relativos de su intercambio con los pa\u00edses avanzados;<\/li><li>d) tomar en cuenta que, pese a la importancia de Inglaterra, Am\u00e9rica Latina no se integra propiamente a este pa\u00eds,&nbsp;<em>sino al mercado mundial<\/em>, y que otros mercados que no el ingl\u00e9s tuvieron importancia decisiva en la integraci\u00f3n de pa\u00edses latinoamericanos, como el norteamericano para Chile, en cierto per\u00edodo, o Brasil; el alem\u00e1n para Colombia; etc\u00e9tera y<\/li><li>e) ponderar adecuadamente la contribuci\u00f3n de las exportaciones latinoamericanas&nbsp;<em>al mercado mundial,<\/em>&nbsp;considerando a las&nbsp;<em>transferencias de valor circulares, o indirectas,<\/em>&nbsp;que implican que un valor cedido por Brasil e Estados Unidos, por ejemplo, pudiera ser apropiado finalmente por Inglaterra, gracias a sus transacciones con este pa\u00eds.<meta charset=\"utf-8\"><sup>11<\/sup><\/li><\/ul>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Marxismo y sociologismo<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Consideremos, finalmente, la cuesti\u00f3n de fondo que plantean las&nbsp;<em>Desventuras<\/em>, en este apartado. En efecto, pese a sus lucubraciones econ\u00f3micas, \u00e9stas no niegan \u201cla diferencial de salarios en perjuicio de los trabajadores de la periferia\u201d (p. 15), aunque el enredo que hacen con la cuota de ganancia y de plusval\u00eda les impida plantearse seriamente la cuesti\u00f3n de si ello representa o no una superexplotaci\u00f3n de esos trabajadores; tampoco niegan la existencia del intercambio desigual (p. 20), aunque tampoco puedan llegar a una conclusi\u00f3n definitiva sobre el mismo, debido a su confusi\u00f3n entre valor y precio, as\u00ed como entre producci\u00f3n y circulaci\u00f3n. Pero sus desafortunadas incursiones en materia econ\u00f3mica son, en cierto sentido, marginales respecto a la tesis que sustentan: la de que el \u201cfundamento din\u00e1mico\u201d de esos fen\u00f3menos es la lucha de clases (p. 15) o lo \u201cb\u00e1sico\u201d es \u201cla din\u00e1mica que se deriva de la lucha entre las clases\u201d (p. 20). Nos encontramos, pues, de nuevo, con el enfoque sociologista del ya mencionado trabajo de Cardoso y Faletto, que ha ganado nuevos br\u00edos en Am\u00e9rica Latina con la difusi\u00f3n de las tesis de la escuela althusseriana y los coletazos del mao\u00edsmo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien: cualquier marxista sabe, con Marx y Engels, que la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases y, con Lenin, que la lucha de clases es el \u00fanico terreno en que un marxista se mueve con firmeza. Sin embargo, esto no quiere decir que la lucha de clases se explique\u00a0<em>por s\u00ed misma<\/em>\u00a0o, si se quiere, que sea el\u00a0<em>deux ex machina<\/em>\u00a0que permite explicarlo todo. M\u00e1s bien, para un marxista, la tarea reside siempre en el plano del an\u00e1lisis abstracto como en el del concreto, en conocer qu\u00e9 es lo que explica la lucha de clases y esto remite, necesariamente, al examen de las condiciones materiales en que ella se da. Esas condiciones \u2013que se captan mediante conceptos y se rigen por leyes y tendencias objetivas\u2013 generan contradicciones, que no son ni mucho menos \u201cpar\u00e1metros econ\u00f3micos\u201d que \u201cel juego pol\u00edtico hace moverse en una u otra direcci\u00f3n\u201d (p. 20). La lucha de clases <em>no es<\/em> un proceso que<em> act\u00faa<\/em> en un<em> marco estructural:<\/em> la lucha de clases es\u00a0<em>la s\u00edntesis<\/em>\u00a0de las condiciones en que los hombres hacen su existencia y se encuentra, por esto mismo, regida por leyes que determinan su desarrollo. Es por lo que la relaci\u00f3n entre teor\u00eda y pr\u00e1ctica constituye el eje de la dial\u00e9ctica marxista.<\/p>\n\n\n\n<p>Al sostener que la historia es la historia de la lucha de clases, Marx no se limit\u00f3 a describir la lucha de clases: se esforz\u00f3 por distinguir los modos de producci\u00f3n que constituyen su fundamento y dedic\u00f3 toda su vida al estudio de las leyes del modo de producci\u00f3n capitalista, para\u00a0<em>armar al proletariado<\/em>\u00a0\u2013te\u00f3rica, ideol\u00f3gica e pol\u00edticamente\u2013 en su\u00a0<em>lucha de clase\u00a0<\/em>contra la burgues\u00eda. Construy\u00f3 un\u00a0<em>aparato conceptual<\/em>\u00a0para explicar la lucha de clases que se ejerce en\u00a0<em>ese<\/em>\u00a0modo de producci\u00f3n; as\u00ed, por ejemplo, el concepto de valor de la fuerza de trabajo es la clave para el an\u00e1lisis de la lucha de clases entre obreros y capitalistas, en el plano econ\u00f3mico, los primeros peleando por un salario que respete ese valor, los segundos entendiendo que \u201cla\u00a0<em>gratitud<\/em>\u00a0del obrero es un\u00a0<em>l\u00edmite<\/em>\u00a0en sentido matem\u00e1tico, que nunca puede alcanzarse, aunque s\u00ed pueda rondarse\u201d\u00a0<meta charset=\"utf-8\"><sup>12<\/sup>; pero ese concepto no sirve para explicar la lucha de clases en una sociedad esclavista ni tampoco en una sociedad feudal, a las que s\u00f3lo se puede aplicar por extensi\u00f3n, ya que es una categor\u00eda t\u00edpica de un modo de producci\u00f3n basado en el trabajador asalariado libre. Al esclavo no se le ocurrir\u00e1 reclamar al esclavista el pago del valor de su fuerza de trabajo, por el simple hecho de que \u00e9sta\u00a0<em>no se paga\u00a0<\/em>y, en cierto sentido,\u00a0<em>no reviste para \u00e9l un valor<\/em>, as\u00ed como su trabajo tampoco le parece como un trabajo que realiza parcialmente para s\u00ed<sup>13<\/sup>; reclama simplemente el derecho a disponer de su persona, lucha por su libertad.<\/p>\n\n\n\n<p>Prosigamos: es precisamente porque, en cada \u00e9poca de la humanidad, la lucha de clases se rige por leyes espec\u00edficas que se hace necesario construir el instrumental te\u00f3rico que nos permita explicar su desarrollo. Seg\u00fan el nivel de an\u00e1lisis, m\u00e1s abstracto o m\u00e1s concreto, el \u00e9nfasis se desplaza hacia la manera c\u00f3mo&nbsp;<em>las leyes generales se realizan a trav\u00e9s de la lucha de clases<\/em>&nbsp;o hacia el modo c\u00f3mo&nbsp;<em>la lucha de clases act\u00faa sobre la realizaci\u00f3n de esas leyes.<\/em>&nbsp;Un marxista sabe que una y otra manera de enfocar el problema no es m\u00e1s que eso: enfoques impuestos por el nivel del an\u00e1lisis y es porque la lucha de clases es la expresi\u00f3n de contradicciones que se rigen por leyes espec\u00edficas que es tan necesario no contentarse jam\u00e1s con la descripci\u00f3n de la forma&nbsp;<em>aparencial<\/em>&nbsp;de la lucha de clases, sino m\u00e1s bien armarse de conceptos rigurosos que permitan iluminar sus determinaciones profundas.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, por elevado que sea el nivel de abstracci\u00f3n, el an\u00e1lisis marxista est\u00e1 siempre&nbsp;<em>informado<\/em>&nbsp;por la lucha de clases y&nbsp;<em>remite<\/em>&nbsp;necesariamente a ella. En ning\u00fan momento, el an\u00e1lisis marxista se detendr\u00e1 en la&nbsp;<em>descripci\u00f3n neutral&nbsp;<\/em>de un hecho, por m\u00e1s ajeno que parezca ser a la acci\u00f3n de los hombres, ni perder\u00e1 de vista sus implicaciones por las relaciones que, sobre la base de ese hecho, \u00e9stos establecen entre s\u00ed, relaciones que, en una sociedad de clases, se expresan siempre en&nbsp;<em>la lucha de clases.<\/em>&nbsp;Y es esto lo que lo distingue de los an\u00e1lisis no marxistas, por m\u00e1s que \u00e9stos, ante la incapacidad de explicar una realidad social dada, recurran al \u201c\u00e1brete s\u00e9samo\u201d de la lucha de clases, el cual, en este caso, no abre, sino que cierra la puerta al tesoro del conocimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, un marxista no se contenta con decir que \u201clos aumentos de productividad en la producci\u00f3n de M (m\u00e1quinas textiles, por ejemplo) son r\u00e1pidos \u2013dado que el progreso t\u00e9cnico tiende a penetrar y difundirse con mayor vigor y amplitud en las actividades industriales\u2013 y no se traducen en reducci\u00f3n proporcional significativa del precio unitario de M\u201d, mientras que \u201clos aumentos de productividad en la producci\u00f3n de P (caf\u00e9, por ejemplo) son m\u00e1s lentos \u2013dada la naturaleza de las actividades primarias\u2013 y tienden a reflejarse en reducciones proporcionales de los precios\u201d (<em>Desventuras<\/em>, p. 9, exponiendo tesis de la CEPAL). Los aumentos de productividad en la industria son r\u00e1pidos porque el progreso t\u00e9cnico se difunde con mayor vigor en las actividades industriales, son lentos en la producci\u00f3n primaria dada la naturaleza de las actividades primarias: se trata de descripciones ya ni siquiera neutrales, sino tautol\u00f3gicas. Nada de eso nos explica la din\u00e1mica del progreso t\u00e9cnico en las diferentes esferas de la producci\u00f3n. Para hacerlo, un marxista toma la relaci\u00f3n entre&nbsp;<em>trabajo vivo y trabajo muerto&nbsp;<\/em>y la aplica a la producci\u00f3n de materias primas y alimentos, as\u00ed como a la producci\u00f3n manufacturera, y constata que, en la primera,&nbsp;<em>prima el trabajo vivo<\/em>, la acci\u00f3n directa del hombre sobre la naturaleza, mientras que, en la segunda,&nbsp;<em>se ampl\u00eda la parte que cabe al trabajo muerto&nbsp;<\/em>(materias primas e instrumentos de trabajo)&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>14<\/sup>. Esto le permite entender la tendencia de la econom\u00eda dependiente, productora de materias primas y alimentos, a reposar m\u00e1s en la explotaci\u00f3n del trabajo como tal y, en la medida en que tiene en \u00e9sta \u201csu fuente inmediata de nueva acumulaci\u00f3n\u201d&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>15<\/sup>, hacer que la acumulaci\u00f3n dependa en mayor grado de la explotaci\u00f3n de la fuerza f\u00edsica del trabajador, mediante la incorporaci\u00f3n de m\u00e1s fuerza de trabajo a la producci\u00f3n (lo cual puede implicar el aumento del n\u00famero de trabajadores, lo que, a circunstancias iguales, aumenta la masa de valor sin alterar la cuota de plusval\u00eda, o la prolongaci\u00f3n de la jornada de trabajo y\/o la intensificaci\u00f3n del trabajo, lo que hace variar positivamente una y otra).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero sigamos examinando las tesis que reivindican las&nbsp;<em>Desventuras<\/em>: decir que los aumentos de productividad en la industria \u201cno se traducen en reducciones de precios\u201d, mientras que eso s\u00ed pasa en la agricultura, no s\u00f3lo no explica nada, sino que&nbsp;<em>es falso.<\/em>&nbsp;Si queremos saber c\u00f3mo el aumento de la productividad act\u00faa sobre los precios internacionales, es necesario tener presente que \u201cen el mercado mundial, el trabajo nacional m\u00e1s productivo se considera al mismo tiempo como m\u00e1s intensivo, siempre y cuando que la naci\u00f3n m\u00e1s productiva no se vea obligada, por la concurrencia, a rebajar el precio de venta de sus mercanc\u00edas hasta el l\u00edmite de su valor\u201d&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>16<\/sup>. En otras palabras: aunque la productividad reduzca el valor unitario de la mercanc\u00eda, \u00e9sta puede venderse en el mercado mundial&nbsp;<em>por encima de su valor,&nbsp;<\/em>si la concurrencia no act\u00faa en sentido contrario. \u201cLa jornada m\u00e1s intensiva de trabajo de una naci\u00f3n se traduce en una expresi\u00f3n monetaria m\u00e1s alta que la jornada menos intensiva de otro pa\u00eds\u201d&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>17<\/sup>. Es esta la raz\u00f3n fundamental por la cual las relaciones entre las econom\u00edas capitalistas avanzadas y dependientes, al expresar relaciones de intercambio entre sistemas productivos con distintos niveles tecnol\u00f3gicos y, por ende,&nbsp;<em>con distintas intensidades medias de trabajo,<\/em>&nbsp;llevan normalmente a que se operen transferencias de valor v\u00eda precios, es decir, que se realice un intercambio desigual que corresponde, a la vez, al deterioro de los t\u00e9rminos de intercambio en perjuicio de las \u00faltimas. Y es por esto, tambi\u00e9n, que \u00e9stas tienen que recurrir, como medida de compensaci\u00f3n, a&nbsp;<em>aumentar la magnitud extensiva e intensiva<\/em>&nbsp;del trabajo que explotan, o sea, a los m\u00e9todos de superexplotaci\u00f3n del trabajo referidos a la producci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Los autores de las&nbsp;<em>Desventuras<\/em>&nbsp;se dar\u00e1n cuenta, ahora, que hacer reverencias a la lucha de clases no es la panacea para los problemas del conocimiento (menos a\u00fan cuando \u00e9sta es olvidada en la primera ocasi\u00f3n que se presenta, en favor de proposiciones tautol\u00f3gicas que la excluyen) y que las cuestiones que los preocupan en este apartado se rigen por&nbsp;<em>leyes econ\u00f3micas objetivas<\/em>, que la CEPAL nunca fue capaz de formular. El enfoque sociologista, por atractivo que parezca, no nos permitir\u00e1 jam\u00e1s saber&nbsp;<em>por qu\u00e9<\/em>&nbsp;la clase obrera de los pa\u00edses capitalistas avanzados ha podido librar su lucha de clase con mejores resultados que la de las econom\u00edas capitalistas dependientes. Para entenderlo, hay que tomar en cuenta \u201cla presi\u00f3n sorda de las condiciones econ\u00f3micas\u201d, como dir\u00eda Marx.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"has-text-align-center wp-block-heading\"><a><\/a>II<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Los apartados III y IV de las&nbsp;<em>Desventuras<\/em>&nbsp;se refieren a lo que constituye el objeto central del trabajo: refutar algunos de mis planteamientos sobre el car\u00e1cter y las tendencias del desarrollo capitalista reciente en Brasil. Aqu\u00ed, se abandona el ya reducido decoro que la \u201ccr\u00edtica\u201d hab\u00eda conservado, en las partes precedentes: la truculencia se acent\u00faa y los falseamientos no se limitan ya a la interpretaci\u00f3n distorsionada de mis textos, sino que sencillamente los mutilan o alteran. Unos cuantos ejemplos ser\u00e1n suficientes.<\/p>\n\n\n\n<p>En p. 28, las&nbsp;<em>Desventuras<\/em>&nbsp;citan: \u201cse asiste en toda Am\u00e9rica Latina a la resurrecci\u00f3n de la vieja econom\u00eda&nbsp;<em>primario<\/em>-exportadora\u201d (subrayado por los autores), remitiendo a DD, p. 75, donde se lee: \u201cse asiste en toda Am\u00e9rica Latina a la resurrecci\u00f3n de la vieja econom\u00eda exportadora\u201d. En p. 41, lo que se repite en p. 44, citan: \u201cse cierra cualquier posibilidad de est\u00edmulo a la inversi\u00f3n\u201d en el sector de bienes-salarios; la frase dice: \u201cse cierra cualquier posibilidad de est\u00edmulo a la inversi\u00f3n tecnol\u00f3gica\u201d en dicho sector (DD, p. 43; mis \u201ccr\u00edticos\u201d subrayan&nbsp;<em>cualquier<\/em>, la palabra-clave en la frase es&nbsp;<em>est\u00edmulo).&nbsp;<\/em>En la p. 27, tras remitirse a un pasaje referente a la relaci\u00f3n entre la realizaci\u00f3n de la producci\u00f3n industrial y las remuneraciones de los trabajadores (DD, p. 64), se\u00f1alan que, para \u201crectificar o al menos precisar mejor\u201d, el an\u00e1lisis, yo a\u00f1ad\u00ed un p\u00e1rrafo que toman de p. 72; en realidad, la primera cita se refiere a un determinado per\u00edodo (la industrializaci\u00f3n hasta la d\u00e9cada de 1940) y la segunda a otro (la que, con nuevo car\u00e1cter, se desarrolla en los cincuentas y sesentas), estando dicho corte hist\u00f3rico claramente especificado en el texto (subt\u00edtulo: \u201cEl nuevo anillo de la espiral\u201d, DD, p. 66).&nbsp; En p. 40, citan: \u201cel aumento de la productividad conducida por la t\u00e9cnica no puede traducirse en ganancias\u201d (en el sector de producci\u00f3n suntuaria); el p\u00e1rrafo dice: \u201c&#8230;toda vez que no representan bienes que intervengan en el consumo de los trabajadores, el aumento de productividad inducido por la t\u00e9cnica en esas ramas de producci\u00f3n no ha podido traducirse en mayores ganancias a&nbsp;<em>trav\u00e9s de la elevaci\u00f3n de la cuota de plusval\u00eda, sino tan s\u00f3lo<\/em>&nbsp;mediante el aumento de la masa de valor realizado\u201d (DD, p. 72).<meta charset=\"utf-8\"><sup>18<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>En p. 38, nota 40, las&nbsp;<em>Desventuras<\/em>&nbsp;se refieren a un pasaje en que explico que el aumento de la productividad, al reducir el valor individual de las mercanc\u00edas, afecta negativamente a la plusval\u00eda, calific\u00e1ndolo de absurdo. Veamos el contexto de la afirmaci\u00f3n. El extracto de las&nbsp;<em>Desventuras&nbsp;<\/em>es tomado de un extenso razonamiento sobre el efecto de la productividad del trabajo como tal y su empleo como m\u00e9todo de producci\u00f3n de plusval\u00eda por el capital, donde se\u00f1alo que, dada esa caracter\u00edstica de la productividad (la reducci\u00f3n del valor individual de la mercanc\u00eda), la cuota de plusval\u00eda s\u00f3lo no se afecta negativamente si el capital logra extraer&nbsp;<em>m\u00e1s trabajo<\/em>&nbsp;(es decir, una mayor cantidad de mercanc\u00edas y, pues, una masa acrecentada de valor). Esto implica necesariamente mantener la jornada de trabajo (pese a que la productividad&nbsp;<em>reduce el tiempo de producci\u00f3n&nbsp;<\/em>de la mercanc\u00eda) y\/o aumentar la intensificaci\u00f3n del trabajo (pese a que la productividad&nbsp;<em>reduce el esfuerzo f\u00edsico&nbsp;<\/em>necesario para la producci\u00f3n de la mercanc\u00eda); en consecuencia,&nbsp;<em>\u201clo que aparece, en el plano de la producci\u00f3n, como una disminuci\u00f3n del tiempo de producci\u00f3n se convierte, desde el punto de vista del capital, en aumento de la producci\u00f3n exigida al trabajador<\/em>&nbsp;(DD, pp. 95-96, subrayado en el original)&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>19<\/sup>. Observemos que ese razonamiento se hizo precisamente en el contexto de una cr\u00edtica a Cardoso, quien, en pol\u00e9mica conmigo, opuso tajantemente el aumento de la plusval\u00eda relativa (Cardoso quer\u00eda referirse a la productividad del trabajo) al incremento de la explotaci\u00f3n de la fuerza f\u00edsica del trabajador, admitiendo impl\u00edcitamente que \u201cel capitalismo, a medida que se aproxima de su modelo puro, se convierte en un sistema cada vez menos explotativo y logra reunir las condiciones para solucionar indefinidamente sus contradicciones internas\u201d (DD, p. 98). Las&nbsp;<em>Desventuras&nbsp;<\/em>no hacen m\u00e1s que confirmar que yo ten\u00eda raz\u00f3n al atribuir a Cardoso esa visi\u00f3n id\u00edlica y apolog\u00e9tica del capitalismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Este penoso recuento podr\u00eda prolongarse, pero la muestra basta para que se juzgue el grado de honestidad y de seriedad de mis \u201ccr\u00edticos\u2019. Vayamos, pues, a lo que las&nbsp;<em>Desventuras<\/em>&nbsp;pretenden demostrar, en esos dos apartados: que el esquema de realizaci\u00f3n de la econom\u00eda subimperialista brasile\u00f1a, tal como lo he planteado, es falso y que \u00e9sta no supone la superexplotaci\u00f3n de los trabajadores. Recordemos brevemente que, de acuerdo con mi planteamiento, dicho esquema de realizaci\u00f3n reposa en el mercado externo, el consumo interno suntuario y la demanda estatal&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>20<\/sup>. La tesis de mis \u201ccr\u00edticos\u201d es la de que tanto el mercado externo como el Estado han actuado en el sentido de absorber demanda y que, aunque no nieguen el desarrollo del consumo suntuario, se debe hablar m\u00e1s bien de expansi\u00f3n del mercado interno en general, el grado de explotaci\u00f3n de los trabajadores no siendo, a su modo de ver, un obst\u00e1culo para que \u00e9stos hayan contribuido a dicha expansi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Se\u00f1alamos, inicialmente, la manera equivocada como las&nbsp;<em>Desventuras<\/em>&nbsp;plantean la discusi\u00f3n: su preocupaci\u00f3n es la demanda interna, la m\u00eda es la demanda global que exige la producci\u00f3n capitalista brasile\u00f1a. Adicionalmente, la suposici\u00f3n de que yo afirmo que los trabajadores no participan del mercado interno es una caricatura, establecida con base en los procedimientos que rese\u00f1\u00e9 anteriormente. Lo que sostengo es, simplemente, que la superexplotaci\u00f3n, al restringir el consumo popular, no lo convierte en factor din\u00e1mico de realizaci\u00f3n y lleva a que las ramas orientadas al consumo popular \u201ctiendan al estancamiento e incluso a la regresi\u00f3n\u201d. (DD, p. 73) o se expandan con base en el mercado mundial: \u201cLa exportaci\u00f3n de manufacturas, tanto de&nbsp;<em>bienes esenciales<\/em>&nbsp;como de productos suntuarios, se convierte, entonces, en la tabla de salvaci\u00f3n de una econom\u00eda incapaz de superar los factores disruptivos que la afligen\u201d (DD, p. 75). Observemos que, al hablar de estancamiento y regresi\u00f3n, no tengo en mente el monto absoluto de la producci\u00f3n, sino&nbsp;<em>&nbsp;tasas de crecimiento&nbsp;<\/em>(cfr. DD, p. 73 y 74); no descarto, pues, lo que ser\u00eda rid\u00edculo, que las ramas que producen para el consumo popular sigan creciendo y mucho menos supongo \u2013como las&nbsp;<em>Desventuras&nbsp;<\/em>dicen que \u201cinsin\u00fao\u201d (sic)\u2013 que el capitalismo dependiente se encuentre \u201cal borde del colapso debido a la progresiva elevaci\u00f3n de los precios de bienes-salarios\u201d (p. 41-42). Mi tesis central, sobre la que insisto en todos mis textos, es otra:&nbsp;<em>el capitalismo dependiente, basado en la superexplotaci\u00f3n del trabajo, divorcia el aparato productivo de las necesidades de consumo de las masas,<\/em>&nbsp;agravando as\u00ed una&nbsp;<em>tendencia general<\/em>&nbsp;del modo de producci\u00f3n capitalista; ello se expresa, a nivel de la diversificaci\u00f3n del aparato productivo, en el crecimiento monstruoso de la producci\u00f3n suntuaria, respecto al sector de producci\u00f3n de bienes necesarios, y, por ende, en la distorsi\u00f3n equivalente que registra el sector de producci\u00f3n de bienes de capital.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>El Estado como factor de realizaci\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Aclarado esto, vayamos a la argumentaci\u00f3n de las&nbsp;<em>Desventuras<\/em>&nbsp;respecto a su propia tesis sobre la realizaci\u00f3n de mercanc\u00edas en el capitalismo brasile\u00f1o. Aunque no sea el mejor, sigamos el orden de esa argumentaci\u00f3n, empezando con el Estado y preocup\u00e1ndonos, inicialmente, con su papel como promotor de demanda en general; luego, trataremos la pretendida identidad que, seg\u00fan mis \u201ccr\u00edticos\u201d, yo establecer\u00eda entre gasto p\u00fablico y gastos militares.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo primero que llama la atenci\u00f3n, en el razonamiento de las&nbsp;<em>Desventuras<\/em>, no es ya tanto su falta de rigor, como su torpeza o mala fe. As\u00ed, analizando los gastos generales del gobierno como porcentaje del PIB, por principales rubros (Cuadro 1), sostienen que el incremento de 1.4% del total, observado entre 1959 y 1973, podr\u00eda \u201cprobablemente haberse dado antes de 1964\u201d, para, en seguida, decir que ese incremento \u201cse explic\u00f3 primordialmente por la elevaci\u00f3n de los gastos de transferencias&#8230; cuyo destino principal fue el financiamiento de la construcci\u00f3n de viviendas (v\u00eda FGTS\u2013Fondo de Garant\u00eda de Tiempo de Servicio)\u201d; de este modo, un incremento que \u201cpuede\u201d haberse dado&nbsp;<em>antes de 1964&nbsp;<\/em>es achacado a un instrumento&nbsp;<em>creado<\/em>&nbsp;<em>en 1967&#8230;<\/em>&nbsp;m\u00e1s abajo, afirman que los subsidios se redujeron (lo que, pese a ser s\u00f3lo una media verdad, como veremos, no puede ser verificado por el lector, ya que el cuadro los presenta agregados a transferencias, en un \u00edtem que se eleva de 5.1% a 8.9% en el per\u00edodo), y dan como una de las causas de esa reducci\u00f3n el \u201ccambio en la pol\u00edtica de precios de las empresas p\u00fablicas\u201d, cuid\u00e1ndose de no explicitar a qu\u00e9 empresas se refieren; la misma preocupaci\u00f3n les hace pasar por alto el hecho aparentemente sorprendente de que se reduce tambi\u00e9n la parte del Estado en la formaci\u00f3n de capital fijo.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo primero a se\u00f1alar es que el an\u00e1lisis correcto del gasto p\u00fablico&nbsp;<em>strictu sensu<\/em>, es decir, presupuestario, no puede hacerse mediante fechas tomadas aparentemente al azar. Un estudio m\u00e1s cuidadoso muestra otra cosa: la elevaci\u00f3n de la curva del gasto p\u00fablico a partir de 1943, llevando a que, en la d\u00e9cada 1939-1949, este subiera de 17,8% a 19,4% respecto al PIB. En 1959, correspond\u00eda ya a un 22,8% y seguir\u00eda subiendo en la d\u00e9cada de 1960, para alcanzar un 23,4% en 1964 y, luego, un 24,8% en 1968, pese a la severa restricci\u00f3n a que fue sometido, en el marco de la pol\u00edtica antiinflacionaria del gobierno de Castelo Branco&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>21<\/sup>. El mismo estudio presenta la cifra de 32,2% para el a\u00f1o 1969, la cual, tras ser aceptada por Werner Baer (uno de los autores que las&nbsp;<em>Desventuras<\/em>&nbsp;utilizan para construir su cuadro 1), es corregida por \u00e9ste para 34%&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>22<\/sup>.En todos los casos, se manejan datos oficiales.<\/p>\n\n\n\n<p>Como se ve, el problema es un poco m\u00e1s complejo. Sin embargo, es efectivo que el gasto p\u00fablico presupuestario no presenta actualmente, en Brasil, tendencia ascendente y sufri\u00f3 incluso una reducci\u00f3n, despu\u00e9s de la d\u00e9cada de 1960. La raz\u00f3n de su crecimiento, entre los a\u00f1os cuarentas y 1964, se explica por el car\u00e1cter del Estado, que expresaba el compromiso de la burgues\u00eda agraria y mercantil con la burgues\u00eda industrial en su conjunto, siendo, para usar una expresi\u00f3n con sabor jruschoviano,&nbsp;<em>un Estado de toda la burgues\u00eda.<\/em>&nbsp;Esto lo llevaba a abusar del gasto e incurrir frecuentemente en el d\u00e9ficit, subsidiando de manera no discriminatoria a la burgues\u00eda y beneficiando tambi\u00e9n a la peque\u00f1a burgues\u00eda, clase de apoyo del sistema de dominaci\u00f3n, as\u00ed como de manera mucho m\u00e1s limitada, a la misma clase obrera. Estos beneficios empezaron a cortarse desde que con el golpe militar, se alter\u00f3 la alianza de clases que sostiene al sistema de dominaci\u00f3n, mientras, a nivel del Estado, se impon\u00eda la hegemon\u00eda del gran capital nacional y extranjero; a partir de entonces, la misma burgues\u00eda se ha&nbsp;visto sometida a mecanismos de subvenci\u00f3n selectivos y discriminatorios, que juegan en favor de la fracci\u00f3n monop\u00f3lica hegem\u00f3nica.<meta charset=\"utf-8\"><sup>23<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien: en las condiciones de crisis econ\u00f3mica, que ven\u00eda desde 1962 pero que se agudiza a mediados de la d\u00e9cada, y de hegemon\u00eda a\u00fan no consolidada del gran capital, el Estado se ha visto seguramente forzado a usar con prudencia esos mecanismos selectivos y a mantener incluso gastos superfluos \u2013en las nuevas condiciones de alianza de clases\u2013 para no agravar hasta el l\u00edmite la pol\u00edtica recesiva, puesta en pr\u00e1ctica por el entonces ministro de Planeamiento, Roberto Campos. El alza que se observa en el presupuesto, en 1969, aunque parezca desmesurada y deba ser sometida a verificaci\u00f3n, es congruente con el filopopulismo del gobierno de Costa e Silva y a las modificaciones de la pol\u00edtica econ\u00f3mica, la cual, desde 1967, se hiciera m\u00e1s flexible para alentar la expansi\u00f3n. La intensa lucha de clases de ese per\u00edodo y el cuestionamiento a la fracci\u00f3n hegem\u00f3nica, al interior del bloque dominante, constituyen, sin duda, factores que pueden haber provocado el aumento del gasto p\u00fablico. Esta situaci\u00f3n se modifica, en el curso de 1969, con el ascenso del tercer gobierno militar, de Garrastazu M\u00e9dici, el cual consagra, ya en un marco de expansi\u00f3n econ\u00f3mica, la hegemon\u00eda del gran capital y consolida las tendencias que, a nivel de la acumulaci\u00f3n como de su realizaci\u00f3n, se hab\u00edan gestado en los seis a\u00f1os anteriores; en esas condiciones, es comprensible la contenci\u00f3n del gasto p\u00fablico, en favor de las medidas discriminatorias de subvenci\u00f3n al gran capital.<meta charset=\"utf-8\"><sup>24<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Queda en evidencia que el simple manejo de datos emp\u00edricos, desprovistos de la significaci\u00f3n que les da la lucha de clases, como hacen las&nbsp;<em>desventuras,<\/em>&nbsp;m\u00e1s que facilitar, dificulta la comprensi\u00f3n de las cosas \u2013y esto ser\u00eda cierto aun si esos datos se manejaran de manera estad\u00edsticamente correcta. M\u00e1s grave, sin embargo, es el hecho de que, al proceder as\u00ed, las&nbsp;<em>Desventuras<\/em>&nbsp;se est\u00e1n esforzado por escamotear aspectos fundamentales para el an\u00e1lisis del problema. En efecto, al analizar el papel del Estado como promotor de demanda, dejan en la sombra una cuesti\u00f3n de extrema importancia: las empresas estatales (paraestatales o mixtas); se\u00f1alemos, de paso, que, dadas las cifras que manejan, nuestros \u201ccr\u00edticos\u201d no incluyen en el gasto p\u00fablico el de los gobiernos municipales y sus empresas, lo que deja tambi\u00e9n fuera sumas cuantiosas, como las que moviliza, por ejemplo, el municipio de S\u00e3o Paulo.<\/p>\n\n\n\n<p>Veamos lo de las empresas estatales. En 1971, entre las 25 mayores firmas de Brasil, en t\u00e9rminos de activos,&nbsp;<em>diecisiete<\/em>&nbsp;pertenec\u00edan al gobierno y acaparaban el 82% de los activos del grupo, as\u00ed como el 31% de las ventas&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>25<\/sup>. El Estado detentaba, respecto al valor de los activos de la rama, el 72% en la industria sider\u00fargica, el 60% en la miner\u00eda de hierro, el 81% en la explotaci\u00f3n, refino y distribuci\u00f3n de petr\u00f3leo; ten\u00eda, adem\u00e1s, el cuasi monopolio del transporte por ferrocarril y de las comunicaciones, y controlaba cerca del 70% del transporte mar\u00edtimo. Reemplazar\u00e1 los subsidios presupuestarios por subsidios que no constituyen directamente desembolsos, como los incentivos fiscales (que equival\u00eda a cerca de la mitad de la recaudaci\u00f3n por concepto de impuestos directos) y crediticios. Dispon\u00eda del control del cr\u00e9dito y contaba con el mayor banco comercial del pa\u00eds: el Banco do Brasil (el cual, seg\u00fan la publicaci\u00f3n francesa&nbsp;<em>Le Nouvel Economiste,&nbsp;<\/em>de junio de 1977, pas\u00f3 a ocupar el a\u00f1o pasado el d\u00e9cimo lugar en el&nbsp;<em>ranking<\/em>&nbsp;mundial de organismos de cr\u00e9dito, con dep\u00f3sitos por 22 mil millones de d\u00f3lares, un balance total de 39 mil millones y un monto de cr\u00e9ditos concedidos del orden de 32 mil millones de d\u00f3lares), cuatro instituciones federales de cr\u00e9dito y 32 bancos comerciales y de fomento.<\/p>\n\n\n\n<p>Ignorar este conjunto de elementos, cuando se trata de evaluar el impacto del Estado en el proceso de realizaci\u00f3n de mercanc\u00edas, parece realmente inconcebible. A\u00fan m\u00e1s porque, a nivel del simple dato emp\u00edrico, el gasto total del sector p\u00fablico, incluyendo las empresas estatales y excluyendo a los gobiernos municipales y sus empresas, represent\u00f3 el 50% del PIB, en 1969. Aun considerando que, posteriormente, la parte relativa al gasto presupuestario baj\u00f3, ocurri\u00f3 lo opuesto&nbsp;con el de las empresas p\u00fablicas, dando incluso pretexto a que, despu\u00e9s de 1974, la burgues\u00eda de S\u00e3o Paulo levantara una campa\u00f1a contra la \u201cestatizaci\u00f3n de la econom\u00eda\u201d. M\u00e1s importante todav\u00eda que el gasto total, es la participaci\u00f3n del Estado en la inversi\u00f3n fija, que expresa el monto de demanda que el Estado y sus empresas generan para los bienes de capital: el sector p\u00fablico, como lo definimos antes, respondi\u00f3 por el 61% del total de la inversi\u00f3n fija en el pa\u00eds, ese mismo a\u00f1o (34% generado por el gasto presupuestario y 27% por las empresas estatales), lo que correspondi\u00f3 a un 10% respecto al PIB, contra un 6,5% del sector privado.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero las&nbsp;<em>Desventuras&nbsp;<\/em>no se han preocupado tan s\u00f3lo de escamotear una dimensi\u00f3n esencial del an\u00e1lisis sobre el Estado, sino que han tratado tambi\u00e9n de confundir el problema, mezclando deliberadamente la cuesti\u00f3n de gasto estatal en general y la de los gastos militares del Estado. Parecer\u00eda que, desde mi punto de vista, s\u00f3lo a trav\u00e9s del gasto militar el Estado podr\u00eda influir sobre la realizaci\u00f3n de las mercanc\u00edas. Ahora bien, mi tesis sobre el Estado subimperialista brasile\u00f1o se limita a se\u00f1alar que el r\u00e9gimen tecnocr\u00e1tico-militar tiende necesariamente a promover el crecimiento de ese tipo de gasto. Lo m\u00e1s curioso es que, tras insistir reiteradamente en la confusi\u00f3n entre gasto estatal y gasto militar, las&nbsp;<em>Desventuras<\/em>&nbsp;deciden no tratar el tema, alegando que \u201clamentablemente, no hemos podido encontrar datos estad\u00edsticos que pudieran dar una idea de su significaci\u00f3n\u201d (p. 31).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Singular manera de encarar la vida! Lo que no puede expresarse a trav\u00e9s de datos estad\u00edsticos, queda fuera de cogitaci\u00f3n. Es cierto que el an\u00e1lisis puramente estad\u00edstico del problema no es facilitado por el gobierno ni por los militares, aunque parezca ser tambi\u00e9n cierto que los investigadores que, en Brasil, podr\u00edan obtenerlos no se han preocupado de ello. Sin embargo, ya en&nbsp;<em>Subdesarrollo y Revoluci\u00f3n<\/em>&nbsp;se indicaban elementos para abordar el problema (cfr. p. 71-73). La denuncia de los acuerdos de cooperaci\u00f3n militar con Estados Unidos, en 1977, por parte del gobierno brasile\u00f1o, as\u00ed como las declaraciones de distintos personeros militares respecto a la creaci\u00f3n de un \u201ccomplejo industrial-militar\u201d han vuelto a poner el tema en evidencia, junto con informaciones de prensa sobre pasos dados hacia la efectivaci\u00f3n de dicho \u201ccomplejo\u201d. Se conoce, incluso, su localizaci\u00f3n: la zona industrial de Belo Horizonte, as\u00ed como el hecho de que empresas como la Fiat y la Krupp se hallan involucradas en el mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde distintos puntos de vista, se puede intentar evaluar la magnitud del problema\u00a0<meta charset=\"utf-8\"><sup>26<\/sup>. Lo primero a considerar es que, desde el punto de vista del presupuesto p\u00fablico, los gastos militares han presentado incremento, habiendo su participaci\u00f3n en el mismo aumentado de un 15.2% en 1963 a un 25% en 1965 (Fishlow). Estimados como porcentaje del PIB, dichos gastos han oscilado en torno a un 2%, salvo a\u00f1os excepcionales, a juzgar por los datos que proporciona el SIPRI. El IISS, aunque maneje cifras m\u00e1s altas (2.073 millones de d\u00f3lares, para 1977), realiza estimaciones m\u00e1s bajas, en relaci\u00f3n con el presupuesto p\u00fablico (en torno a un 10%, los \u00faltimos a\u00f1os) y el PIB (en torno a 1,3%). Esta \u00faltima estimativa parece dudosa, una vez que, seg\u00fan Fishlow, s\u00f3lo las remuneraciones de los militares hab\u00edan correspondido, en 1965, a un 1,3% del PIB. Quedar\u00eda todav\u00eda por determinar si las remuneraciones de los militares se refieren exclusivamente a las fuerzas armadas o comprenden tambi\u00e9n los servicios de orden y seguridad.<meta charset=\"utf-8\"><sup>27<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>La fabricaci\u00f3n de armamentos por establecimientos militares se encuentra, hoy, concentrada en la Industria de Material B\u00e9lico (IMBEL), de reciente creaci\u00f3n. De acuerdo a la informaci\u00f3n de su director saliente, general Augusto de Oliveira Pereira, \u00e9sta cumpli\u00f3 ya su primera fase, que consist\u00eda en la absorci\u00f3n de los ocho establecimientos fabriles del Ej\u00e9rcito, la segunda fase consistiendo en la contrataci\u00f3n de acuerdos de producci\u00f3n con la empresa privada&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>28<\/sup>. En realidad, esta l\u00ednea de acci\u00f3n se inici\u00f3 desde 1965, al crearse el Grupo Permanente de Movilizaci\u00f3n Industrial (GPMI), siendo una de sus primeras iniciativas la producci\u00f3n de veh\u00edculos militares por la Volkswagen&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>29<\/sup>. Se crearon, posteriormente, con participaci\u00f3n del capital privado, establecimientos del tipo de la Empresa Brasile\u00f1a de Aeron\u00e1utica (EMBRAER), cuya producci\u00f3n de aviones tiene como principal mercado a las fuerzas armadas brasile\u00f1as. M\u00e1s recientemente, se constituy\u00f3, con capital privado nacional y de la Aerospastiale francesa (conocida por integrar el grupo que fabrica el Concorde y por su abundante suministro de material b\u00e9lico a pa\u00edses dependientes, en especial del Medio Oriente), la Helic\u00f3pteros de Brasil (Helibr\u00e1s), en la que la participaci\u00f3n estatal se realiza a trav\u00e9s del gobierno de Minas Gerais; seg\u00fan informaciones de prensa, se fabricar\u00e1n helic\u00f3pteros para uso civil y militar, destin\u00e1ndose una parte a la exportaci\u00f3n. En la l\u00ednea de fabricaci\u00f3n de cohetes, destaca la Avibr\u00e1s, que produce el Sonda-I y II, y desarrolla, en colaboraci\u00f3n con el Centro T\u00e9cnico Aeroespacial de S\u00e3o Jos\u00e9 dos Campos, perteneciente a la Fuerza A\u00e9rea, el Sonda-III, que alcanza 500 km de altura, con el cual Alemania Federal reemplazar\u00e1 las importaciones de cohetes de este tipo desde Estados Unidos, Inglaterra y Canad\u00e1, de acuerdo al tratado sobre cooperaci\u00f3n cient\u00edfica y tecnol\u00f3gica, firmado este a\u00f1o con Brasil. Ninguna de estas empresas se contempla, naturalmente, en el presupuesto p\u00fablico.<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, sobre la base de informaciones del SIPRI, es posible formarse una idea cualitativa del desarrollo de la producci\u00f3n b\u00e9lica brasile\u00f1a, como lo muestra el cuadro abajo:<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image is-style-default\">\n<figure class=\"aligncenter\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/www.marini-escritos.unam.mx\/tablas\/056_neodesarrollismo.jpg\" alt=\"\"\/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>Se observa la preponderancia de Europa Occidental, es decir, de la OTAN, en el desarrollo de la industria b\u00e9lica brasile\u00f1a, particularmente en lo que se refiere a armamentos sofisticados. Es de notarse tambi\u00e9n que el SIPRI registra exportaciones brasile\u00f1as de aviones, tanques y veh\u00edculos blindados a Bolivia, Chile, Paraguay y Qatar; si consideramos la informaci\u00f3n de IISS, habr\u00eda que agregar Uruguay, Togo y Libia. Este \u00faltimo pa\u00eds negoci\u00f3, en 1977, la compra de 400 unidades de veh\u00edculos blindados (\u201cCascavel\u201d y \u201cUrutu\u201d), a un precio estimado en 400 millones de d\u00f3lares&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>30<\/sup>. En lo que se refiere a armamento ligero, Brasil ha alcanzado ya la autosuficiencia, seg\u00fan han afirmado las autoridades militares, y hace tiempo realiza exportaciones en ese rengl\u00f3n, particularmente, a los pa\u00edses de Am\u00e9rica Latina.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>El papel del comercio exterior en la realizaci\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Respecto al papel de las exportaciones en el esquema de realizaci\u00f3n de mercanc\u00edas de la econom\u00eda brasile\u00f1a, las&nbsp;<em>Desventuras<\/em>&nbsp;presentan una estimaci\u00f3n cuantitativa, sobre la base de la relaci\u00f3n entre el saldo de la balanza comercial (negativo desde 1967 y hasta 1976) y el gasto interno bruto (consumo individual total, inversi\u00f3n p\u00fablica y privada, gasto estatal presupuestario&nbsp; y saldo de las exportaciones e importaciones), para constatar lo obvio: que las variaciones positivas o negativas de dicho saldo se expresan directamente en variaciones positivas o negativas del gasto bruto. A esto, a\u00fanan una curiosa manera de evaluar los datos porcentuales, a punto de considerar \u201cinsignificantes\u201d variaciones del orden del 4,6% en mediciones macroecon\u00f3micas y poco significativas variaciones del orden del 12,5% (las exportaciones \u201ccrecieron aceleradamente entre 1965-1975, pero explicaron s\u00f3lo&nbsp;<em>un octavo&nbsp;<\/em>del crecimiento de la DIB\u201d, p. 33, subrayado por los autores). Finalmente, exhiben una vez m\u00e1s su torpeza en la manipulaci\u00f3n de los datos, al relacionar las exportaciones con el gasto interno bruto, cuyo concepto las excluye, en la medida en que se ha establecido en funci\u00f3n del saldo del comercio exterior.<\/p>\n\n\n\n<p>Recordemos lo ya dicho, en el sentido de que la cuesti\u00f3n no reside tanto en saber cu\u00e1l es la demanda&nbsp;<em>interna<\/em>, sino en conocer c\u00f3mo se estructura \u00e9sta y qu\u00e9 relaci\u00f3n mantiene con la demanda externa, considerando a ambas como&nbsp;<em>esferas especiales de la circulaci\u00f3n global<\/em>&nbsp;de las mercanc\u00edas producidas en Brasil. Ello no supone, ni mucho menos, que, desde el lado de la oferta, no crezcan las importaciones; m\u00e1s bien, dicho crecimiento no s\u00f3lo es explicable sino compatible con la expansi\u00f3n de la econom\u00eda subimperialista y de la econom\u00eda capitalista mundial. En efecto, al extender el campo de la circulaci\u00f3n, las exportaciones aseguran condiciones para el desarrollo de la acumulaci\u00f3n <meta charset=\"utf-8\"><sup>31<\/sup>; en la medida en que \u00e9sta se realiza en una econom\u00eda dependiente, las exportaciones implican la reproducci\u00f3n ampliada de la dependencia. La econom\u00eda se hace, pues, mayormente dependiente en materia de importaci\u00f3n de mercanc\u00edas, capitales y tecnolog\u00eda, mientras que, en sentido inverso, el flujo de mercanc\u00edas, capitales y tecnolog\u00eda generado en el exterior se viabiliza precisamente sobre la base del crecimiento de las exportaciones brasile\u00f1as, compatibilizando pues el desarrollo de la econom\u00eda subimperialista con las exigencias de la econom\u00eda capitalista mundial.<\/p>\n\n\n\n<p>Nada de ello impide que el aumento de las exportaciones corresponda a una expansi\u00f3n de la producci\u00f3n m\u00e1s r\u00e1pida que la del consumo interno, lo que implica que la econom\u00eda subimperialista deba acentuar su volcamiento hacia el exterior, so riesgo de bloquear su proceso de acumulaci\u00f3n. Si consideramos el per\u00edodo posterior a 1968, por ejemplo, y descartamos los a\u00f1os de crisis (en los que, precisamente, esa tendencia empez\u00f3 a perfilarse, permiti\u00e9ndonos captarla), observamos que el PIB creci\u00f3 un 10%&nbsp;al a\u00f1o, declinando despu\u00e9s de 1974, lo mismo que sucedi\u00f3 con el PIB manufacturero, cuyas tasas de crecimiento en la fase de prosperidad fueron de un 13% anual; mientras tanto, las exportaciones aumentaron, en el per\u00edodo 1968-1976, a una tasa anual del 20% y las exportaciones de manufacturas lo hicieron a un ritmo todav\u00eda m\u00e1s r\u00e1pido, por encima del 50%&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>32<\/sup>. Esto lleva a que, cualquiera que sea el procedimiento estad\u00edstico adoptado (y, en esa materia, a diferencia de lo que afirman dogm\u00e1ticamente las&nbsp;<em>Desventuras<\/em>, no hay procedimiento mejor o peor, sino m\u00e1s o menos adecuado a lo que se quiere demonstrar), la conclusi\u00f3n apunte siempre a la importancia creciente de las exportaciones totales y, en particular, de manufacturas en el esquema de realizaci\u00f3n del subimperialismo brasile\u00f1o, as\u00ed como, por la raz\u00f3n indicada, a la importancia creciente del comercio exterior en su conjunto en la din\u00e1mica econ\u00f3mica del mismo&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>33<\/sup>. El que la balanza comercial arroje un saldo negativo, no afecta para nada el problema, bastando con recordar que (en proporciones mayores, dado el distinto tipo de estructura econ\u00f3mica y la fase de integraci\u00f3n del mercado mundial a que corresponde), el d\u00e9ficit del comercio exterior de los pa\u00edses europeos pasa de ser el 11,4% de las importaciones, en 1860, al 17,4%, en 1910, con una incidencia particularmente fuerte en Inglaterra: 23,5% en 1857-61 y 23,6% en 1909-1913&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>34<\/sup>. Esto no quiere decir que no se pueda estimar, para este \u00faltimo pa\u00eds, que la&nbsp;<em>contribuci\u00f3n directa<\/em>&nbsp;de las exportaciones adicionales a la producci\u00f3n nacional bruta adicional, en t\u00e9rminos de valor, haya sido del 24,1%, en el per\u00edodo 1857-61, a 1873-77, y del 26,7%, en el per\u00edodo 1893-97 a 1909-13.<meta charset=\"utf-8\"><sup>35<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Si nos preocupamos de la estructura de las exportaciones, nos sorprendemos a\u00fan m\u00e1s con las consideraciones que sobre el tema tejen las&nbsp;<em>Desventuras.<\/em>&nbsp;Es as\u00ed como estiman despreciable la contribuci\u00f3n de las exportaciones de manufacturas al crecimiento de la circulaci\u00f3n, por el hecho de que \u201cexplican tan s\u00f3lo un tercio del crecimiento de las exportaciones totales\u201d; es decir, el hecho de que dichas exportaciones hayan pasado del 7% del valor exportador en 1964 al 34% en 1976, aumentando a tasas anuales que llegan a veces al 60%, no les preocupa lo m\u00e1s m\u00ednimo. Les preocupa a\u00fan menos, cuando constatan que las exportaciones de manufacturados representan menos de un 3% del valor de la producci\u00f3n industrial. La creencia popular afirma que la ignorancia es la madre de la felicidad. \u00bfPodr\u00edan dormir tan tranquilamente nuestros \u201ccr\u00edticos\u201d, si se hubieran dado cuenta de que, mientras la producci\u00f3n industrial, en el per\u00edodo considerado (1965-1975), creci\u00f3 a una tasa media anual de un 11%,&nbsp;<em>aumentando menos de tres veces,<\/em>&nbsp;la exportaci\u00f3n de manufacturados lo hizo a una tasa de 15%,&nbsp;<em>aumentando cuatro veces?&nbsp;<\/em>\u00bfC\u00f3mo explicar esa disparidad? \u00bfNo ser\u00eda necesario, considerar al rev\u00e9s de cifras globales, el grado en que las exportaciones&nbsp;<em>adicionales<\/em>&nbsp;de manufacturas explican el crecimiento&nbsp;<em>adicional<\/em>&nbsp;de la demanda global de bienes industriales, as\u00ed como de la producci\u00f3n industrial, como lo hacen autores m\u00e1s rigurosos?<\/p>\n\n\n\n<p>Pero las&nbsp;<em>Desventuras<\/em>&nbsp;van m\u00e1s lejos. Reprochan a la exportaci\u00f3n de manufacturados de constituirse en un 50% de bienes de origen tradicional (es decir, de consumo necesario), olvid\u00e1ndose de que pa\u00edses imperialistas de la talla de Gran Breta\u00f1a segu\u00edan ostentando, en su pauta de exportaci\u00f3n total, una participaci\u00f3n de un 40% para los textiles, antes de la primera guerra mundial, y que Estados Unidos entra en la fase imperialista manteniendo durante un largo per\u00edodo la predominancia de bienes primarios en sus exportaciones, las cuales siguen siendo en nuestros d\u00edas un elemento significativo de ellas. Peor todav\u00eda, las&nbsp;<em>Desventuras<\/em>&nbsp;no se dan cuenta de que contradicen su intenci\u00f3n de refutar mi tesis, seg\u00fan la cual la debilidad del mercado interno hace que el subimperialismo brasile\u00f1o&nbsp;<em>deba<\/em>&nbsp;exportar bienes de consumo necesario, para asegurar el crecimiento de la producci\u00f3n. Ello no impide que la tendencia sea el aumento de la exportaci\u00f3n de bienes suntuarios y de capital m\u00e1s que de consumo necesario, exceptuados los productos agr\u00edcolas de gran aceptaci\u00f3n en el mercado mundial, como la soya. As\u00ed, en 1969, las ramas cuya participaci\u00f3n en el valor de la exportaci\u00f3n de manufacturados excedi\u00f3 el 6% (alimentos, qu\u00edmica, metal\u00fargica, textil, material de transporte, material el\u00e9ctrico y mec\u00e1nica), representando un 70% del total, s\u00f3lo incluyeron a dos que se pueden considerar \u201ctradicionales\u201d (alimentos y textil), con menos del 25% del total&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>36<\/sup>. En 1977, en las exportaciones totales, los cuatro grupos de manufacturados que comparecen entre los diez primeros de la lista s\u00f3lo inclu\u00edan una que corresponde a un producto de consumo habitual, aunque \u201cno tradicional\u201d (caf\u00e9 industrializado), y tres que corresponden a bienes suntuarios o de capital (material de transporte; m\u00e1quinas, calderas, aparatos e instrumentos mec\u00e1nicos; y m\u00e1quinas y aparatos el\u00e9ctricos, incluyendo repuestos).<meta charset=\"utf-8\"><sup>37<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Tras intentar utilizar a las exportaciones de bienes esenciales contra mi tesis respecto a las tendencias de las exportaciones de manufacturados, las&nbsp;<em>Desventuras<\/em>&nbsp;se ocupan, despu\u00e9s, del crecimiento de la industria de bienes de consumo necesario&nbsp;<em>en s\u00ed,&nbsp;<\/em>pretendiendo que dicho crecimiento debe tratarse en separado de las exportaciones de dichos productos. As\u00ed, por ejemplo, al referirse al tema, acotan: \u201cSe dir\u00e1,&nbsp;<em>con raz\u00f3n<\/em>, que parte de ese dinamismo se explica por el crecimiento de las exportaciones, las cu\u00e1les, s\u00f3lo para los textiles, se elevaron dos veces y media en quantum, entre 1970-1974&#8230; Pero el argumento no es \u00e9ste\u201d (p. 42, subrayado m\u00edo). Pero, mis desventurados \u201ccr\u00edticos\u201d, \u00a1s\u00ed se trata precisamente de esto!<\/p>\n\n\n\n<p>No deja de ser pat\u00e9tico el esfuerzo de las&nbsp;<em>Desventuras<\/em>&nbsp;por confundir el asunto. Sus consideraciones sobre el aumento de la producci\u00f3n de bienes-salario no s\u00f3lo se establecen exclusivamente en funci\u00f3n de la demanda interna (aunque, como acabamos de indicar, saben que ese aumento tiene mucho que ver con el mercado exterior), sino que:<\/p>\n\n\n\n<ol class=\"wp-block-list\"><li>Combaten una tesis inexistente, como la de que la producci\u00f3n de bienes-salario no puede crecer (!);<\/li><li>Giran en torno a la&nbsp;<em>cuota de ganancia<\/em>, pese a que incluyen su argumentaci\u00f3n en el apartado relativo a la superexplotaci\u00f3n del trabajo, donde las cosas se tienen que ver desde el \u00e1ngulo de la tasa de explotaci\u00f3n y, pues, de la&nbsp;<em>cuota de plusval\u00eda;<\/em><\/li><li>Hacen afirmaciones del m\u00e1s extra\u00f1o tenor, como las de que:<\/li><\/ol>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\"><li>a) la industria no puede elevar su cuota de plusval\u00eda, \u201cdebido a que los trabajadores no consumen sus productos\u201d (p. 37); la relaci\u00f3n entre la cuota de plusval\u00eda y la realizaci\u00f3n del producto, s\u00f3lo las&nbsp;<em>Desventuras<\/em>&nbsp;lo saben; el capitalista puede realizar total o parcialmente la plusval\u00eda contenida en la mercanc\u00eda, o no realizarla en absoluto, pero esto no tiene nada que ver con la cuota de plusval\u00eda sobre cuya base se realiz\u00f3 la producci\u00f3n de la mercanc\u00eda;<\/li><li>b) la industria manufacturera, al reducir sus costos mediante el abaratamiento del capital constante, no har\u00eda revertir esa reducci\u00f3n sobre la cuota de ganancia, de manera inmediata, sino a trav\u00e9s del tortuoso procedimiento de subsidiar v\u00eda precios a la agricultura y, a trav\u00e9s de la baja de los precios de los bienes de subsistencia, elevar su cuota de plusval\u00eda para aumentar, finalmente, su cuota de ganancia (p. 38-39); aunque situaciones similares puedan producirse en el plano de las transferencias intersectoriales de valor, por imposici\u00f3n de la concurrencia, es m\u00e1s que dudoso que el capital manufacturero las propicie de buen grado;<\/li><li>c) la baja de la relaci\u00f3n producto-capital en el sector de bienes-salario, durante la d\u00e9cada de 1960, prueba \u201cla mejora insuficiente de la calidad o del uso m\u00e1s eficiente del capital invertido en el sector\u201d (p. 4344; hemos respetado el estilo de los autores, en la traducci\u00f3n). En realidad, la baja de dicha relaci\u00f3n no est\u00e1 indicando sino la baja de la cuota de ganancia, verificada en el Brasil de los sesentas, que vivi\u00f3 la recesi\u00f3n de 1962-1967, y se ha debido, de manera inmediata, a la ca\u00edda de la demanda (y, pues, a dificultades para realizar el producto), al aumento de la capacidad instalada ociosa y, hasta 1965, a la resistencia de los trabajadores ante la reducci\u00f3n de sus salarios (lo que no impidi\u00f3 que \u00e9stos bajaran).<\/li><\/ul>\n\n\n\n<p>Para completar esos comentarios sobre el \u201can\u00e1lisis\u201d de las&nbsp;<em>Desventuras<\/em>&nbsp;respecto al sector de producci\u00f3n de bienes necesarios, se\u00f1alamos que \u00e9stas, al constatar que ha habido inversiones en dicho sector y al creer que yo creo que esto no pude ser, se llenan de tanto j\u00fabilo, que se olvidan de analizar el hecho. En realidad, no lo pueden hacer, pues, como vimos, descartan en la explicaci\u00f3n del fen\u00f3meno el dinamismo inducido por el mercado exterior y se niegan a admitir que el dinamismo del mercado interno se debe al consumo suntuario. Como quiera que sea, las&nbsp;<em>Desventuras<\/em>&nbsp;no se dan cuenta de que dicha inversi\u00f3n sigue siendo&nbsp;<em>infinitamente inferior<\/em>&nbsp;a la que se realiza en los dem\u00e1s sectores de la industria. Es suficiente recurrir a la informaci\u00f3n sobre los proyectos de inversi\u00f3n fija, aprobados por el Consejo de Desarrollo Industrial y divulgados anualmente por el Ministerio de Industria y Comercio, para comprobar que la industria de consumo corriente no comparece all\u00ed sino con un porcentaje del valor total que var\u00eda entre un m\u00ednimo de 15% y un m\u00e1ximo de 21%, en 1970-1975; en 1976, ese porcentaje cae a 1% y, en 1977, se eleva discretamente a un 2,7%. Obviamente, no se puede pretender que haya mucho est\u00edmulo a la inversi\u00f3n tecnol\u00f3gica en el sector.<\/p>\n\n\n\n<p>Dos observaciones finales. Esas tesis peregrinas sobre el comportamiento del sector de bienes de consumo necesario tienen por objeto confundir el hecho de que el dinamismo del consumo individual en Brasil se debe, fundamentalmente, al consumo suntuario, sobre la base de una fracci\u00f3n minoritaria de la poblaci\u00f3n, que participa de lo que llam\u00e9 de \u201csociedad de consumo a la moda de la casa\u201d (SR, p. 197); tocaremos el tema en el apartado siguiente. Por otra parte, dichas tesis se presentan en el apartado intitulado \u201cLa \u2018teor\u00eda\u2019 de la superexplotaci\u00f3n del trabajo (o la plusval\u00eda que nunca es relativa)\u201d, en donde, adem\u00e1s de dicho sector, se habla mucho de la cuota de ganancia, de David Ricardo y un sinn\u00famero de temas, pero casi nada de la&nbsp;<em>superexplotaci\u00f3n del trabajo en Brasil<\/em>; a lo sumo, tras la confusi\u00f3n habitual entre superexplotaci\u00f3n y plusval\u00eda absoluta, que refut\u00e9 en otra oportunidad (DD, p. 92), se citan arbitrariamente algunas cifras sobre horas trabajadas y se levantan curiosas hip\u00f3tesis para explicar (ya que es imposible negar) la ca\u00edda del salario real. Sin embargo, el tema es por dem\u00e1s importante, para que permitamos que las&nbsp;<em>Desventuras<\/em>&nbsp;intenten escamotearlo. Pasemos, pues, a su consideraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"has-text-align-center wp-block-heading\"><a><\/a>III<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Al considerar los problemas que plantea el an\u00e1lisis de la superexplotaci\u00f3n del trabajo en Brasil, es indispensable empezar por el empleo. Es, en efecto, desde esa perspectiva como nos acercamos a la situaci\u00f3n objetiva en que los obreros entablan su relaci\u00f3n b\u00e1sica con el capital: la venta de su fuerza de trabajo, que condiciona las formas mediante las cuales \u00e9sta va a ser consumida productivamente, es decir, explotada. Como tendremos ocasi\u00f3n de ver, la consideraci\u00f3n del empleo contribuye a aclarar lo referente no s\u00f3lo al salario, sino tambi\u00e9n a los m\u00e9todos de producci\u00f3n de plusval\u00eda e, incluso, a la organizaci\u00f3n de la clase obrera.<\/p>\n\n\n\n<p><a><\/a>La cuesti\u00f3n de empleo<\/p>\n\n\n\n<p>En&nbsp;1968-1972, es decir, en pleno \u201cmilagro econ\u00f3mico\u201d, la poblaci\u00f3n activa brasile\u00f1a creci\u00f3 a una tasa anual de 3.7% y la ocupaci\u00f3n en todos los sectores a 3.4% (4.6% en la industria manufacturera)&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>38<\/sup>. La tasa de aumento de desempleo fe de un 11.4% al a\u00f1o. Ese aumento relativo implic\u00f3 que,&nbsp;<em>en t\u00e9rminos absolutos<\/em>, el desempleo&nbsp;<em>abierto<\/em>&nbsp;pasara de 663 mil personas a 1.022 mil, en el per\u00edodo.<\/p>\n\n\n\n<p>Se\u00f1alemos algunas dificultades que presentan el manejo de esas cifras. Primero, el concepto censal de poblaci\u00f3n econ\u00f3micamente activa (PEA) es en s\u00ed mismo tautol\u00f3gico, una vez que se refiere a la fuerza de trabajo&nbsp;<em>presente<\/em>&nbsp;en el mercado de trabajo. Entre los grupos de personas en edad de trabajar, excluye, por ejemplo a la mujer ocupada en el hogar, que es calificada como \u201cinactiva\u201d, aunque constituya una parcela real del ej\u00e9rcito industrial de reserva, como lo demuestra el hecho de que, en ese per\u00edodo de expansi\u00f3n econ\u00f3mica, la PEA femenina creci\u00f3 a un 3.1% anual (incremento pr\u00f3ximo, pues, al de la PEA masculina, que fue de 3.8%); la PEA excluye, tambi\u00e9n, a los trabajadores menores de 14 a\u00f1os, sobre cuya significaci\u00f3n volveremos m\u00e1s adelante. Segundo, el concepto de \u201cocupaci\u00f3n\u201d es altamente impreciso: tanto se refiere a los trabajadores asalariados como a los empleadores, as\u00ed como a los trabajadores por cuenta propia y sin remuneraci\u00f3n, lo que implica encubrir una importante porci\u00f3n del ej\u00e9rcito industrial de reserva bajo la forma de desempleo disfrazado. Todo ello lleva a suponer que el desempleo en Brasil, en t\u00e9rminos relativos y absolutos, es muy superior a lo que indican las cifras del desempleo abierto.<\/p>\n\n\n\n<p>Otras dificultades presenta el manejo de las cifras. As\u00ed, si trabajamos sobre la base de los Censos Industriales y los Anuarios Estad\u00edsticos (ambos publicados bajo la responsabilidad del Instituto Brasile\u00f1o de Geograf\u00eda y Estad\u00edstica, IBGE), podemos establecer para la industria textil los siguientes \u00edndices del n\u00famero de obreros ocupados (1965=100): 1955, 120,3 y 1960, 106,0; sin embargo, para el a\u00f1o 1970, el \u00edndice puede ser de 97,0 o de 122,5, seg\u00fan tomemos el Anuario Estad\u00edstico (1972) o el Censo Industrial de 1970, respectivamente. Ello se debe a que los Anuarios se basan en una muestra que se ha ido reduciendo (por quiebras de empresas, defunciones, migraciones, etc\u00e9tera), lo que lleva a que la diferencia entre sus datos y los del Censo de 1960 sea m\u00ednima, pero sea grande considerablemente respecto a los del Censo de 1970. Es necesario, pues, razonar cualitativamente, para sortear la dificultad: la evoluci\u00f3n probable del empleo obrero en la industria textil parece ser la que nos presenta la serie 120.3 y 122.5, entre 1955 y 1970, o sea, reducci\u00f3n absoluta entre 1955 y 1965, con un posterior cambio de tendencia. El hecho de que la declinaci\u00f3n absoluta de la ocupaci\u00f3n obrera empiece en una fase de expansi\u00f3n econ\u00f3mica, prosiga en la de recesi\u00f3n (aunque aumente en t\u00e9rminos relativos)&nbsp; y cambie en el marco de la recuperaci\u00f3n de finales de los 60s, no tiene nada de excepcional; podemos ver c\u00f3mo \u2013pese a la expansi\u00f3n econ\u00f3mica y del empleo, registrada en el \u00faltimo per\u00edodo&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>39<\/sup>\u2013 una rama como la industria extractiva mineral ha reducido en t\u00e9rminos relativos y absolutos su ocupaci\u00f3n, la cual disminuy\u00f3 en 51 mil personas, entre 1968-1972 (PNAD).<\/p>\n\n\n\n<p>Ello se debe a que el volumen del empleo y, por ende, del desempleo, acompa\u00f1a&nbsp;<em>grosso modo<\/em>&nbsp;el ciclo econ\u00f3mico, pero depende&nbsp;<em>espec\u00edficamente<\/em>&nbsp;de tres variables: la tasa de acumulaci\u00f3n, la composici\u00f3n org\u00e1nica del capital y la tasa de explotaci\u00f3n. Para contrariedad de las&nbsp;<em>Desventuras<\/em>, que aborrecen las leyes, la relaci\u00f3n entre el empleo y esas variables puede expresarse en una ley, seg\u00fan la cual&nbsp;<em>el empleo var\u00eda en raz\u00f3n directa a la tasa de acumulaci\u00f3n y en raz\u00f3n inversa a la composici\u00f3n org\u00e1nica del capital y la tasa de explotaci\u00f3n.<\/em>&nbsp;La relaci\u00f3n entre las tres variables, es, a su vez, contradictoria: el aumento de la tasa de acumulaci\u00f3n tiende a acompa\u00f1arse de la elevaci\u00f3n de la composici\u00f3n org\u00e1nica y a traducirse, pues, en el incremento de la tasa de explotaci\u00f3n (independientemente de que, en condiciones normales, el incremento de la tasa de explotaci\u00f3n sea concomitante a la elevaci\u00f3n de los salarios); pero el aumento de la tasa de explotaci\u00f3n (haciendo aqu\u00ed abstracci\u00f3n de la concurrencia entre los capitalistas) act\u00faa en el sentido de moderar o, incluso, si es demasiado fuerte, frenar la elevaci\u00f3n de la composici\u00f3n org\u00e1nica. La raz\u00f3n de este \u00faltimo fen\u00f3meno reside en que, como establece Marx, el empleo de la maquinaria depende de la diferencia entre el precio de \u00e9sta y el precio de la fuerza de trabajo que ella debe suplir. \u201cEn pa\u00edses desarrollados ya de antiguo \u2013observa Marx\u2013 la aplicaci\u00f3n de m\u00e1quinas a ciertas ramas industriales provoca en otras ramas una superabundancia tal de trabajo (<em>redundancy of labour,&nbsp;<\/em>la llama Ricardo) que,&nbsp;<em>al descender el salario por debajo del valor de la fuerza de trabajo,&nbsp;<\/em>impide el uso de maquinaria en estas industrias, llegando, no pocas veces, a hacerlo imposible, desde el punto de vista del capital&#8230;\u201d <meta charset=\"utf-8\"><sup>40<\/sup>. En pa\u00edses de desarrollo reciente, podr\u00edamos decir nosotros, esto se da a\u00fan con m\u00e1s fuerza, puesto que el empleo de maquinaria&nbsp;<em>incide sobre una fuerza de trabajo que se remunera ya por debajo de su valor.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En otro plano de an\u00e1lisis, indiquemos que es as\u00ed como se explica la inversi\u00f3n de capital fijo relativamente baja que se observa, en Brasil, en las ramas de bienes de consumo necesario; a\u00f1adamos que, en el caso de la industria textil, que ve\u00edamos arriba, la superpoblaci\u00f3n que ella misma gener\u00f3 en su fase de modernizaci\u00f3n, en los cincuentas, limit\u00f3 (no fren\u00f3) su impulso a la renovaci\u00f3n tecnol\u00f3gica, el cual volvi\u00f3 a agudizarse en buena parte por las posibilidades que abri\u00f3 el mercado mundial a la expansi\u00f3n de la rama. Destaquemos, en fin, que la dictadura militar se ha preocupado de hacer efectiva la existencia de la superpoblaci\u00f3n obrera para el capital, facilitando y acelerando la rotatividad de la mano de obra. El mecanismo para esto ha sido el Fondo de Garant\u00eda de Tiempo de Servicio (FGTS), creado en 1967, que las&nbsp;<em>Desventuras<\/em>, curiosamente, no contemplan en sus consideraciones sobre el empleo. Sin embargo, se trata de un instrumento legal que, al suprimir pr\u00e1cticamente la estabilidad del trabajador en el empleo, resume lo esencial de la pol\u00edtica econ\u00f3mica del subimperialismo: crear mejores condiciones para la superexplotaci\u00f3n del trabajo, al agilizar la acci\u00f3n del ej\u00e9rcito industrial de reserva, y favorecer la centralizaci\u00f3n del capital, el eliminar lo que el ex ministro Roberto Campos, quien fragu\u00f3 e impuso el FGTS, calific\u00f3 de \u201cpasivo laboral\u201d (es decir, los obreros con derecho a indemnizaci\u00f3n por despido).<\/p>\n\n\n\n<p>Comparando las dispensas llevadas a cabo en 38 ramas, en los per\u00edodos de 1963-1968 y 1970-1977, el Departamento Intersindical de Estad\u00edstica y Estudios Socio Econ\u00f3micos (DIEESE), de S\u00e3o Paulo, ha constatado un significativo aumento en la rotatividad de la mano de obra, en funci\u00f3n de la adopci\u00f3n del FGTS&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>41<\/sup>. La magnitud de dicha rotatividad, para el a\u00f1o de 1974, puede ser captada a trav\u00e9s del estudio realizado por la Fundaci\u00f3n Instituto de Investigaciones Econ\u00f3micas, de la Universidad de S\u00e3o Paulo, cuyos resultados fueron divulgados recientemente por el Ministerio del Trabajo: la tasa media global de rotatividad era de 72% en la industria automotriz y de 63% en la el\u00e9ctrico-electr\u00f3nica y metal\u00fargica, todas ellas ramas \u201cdin\u00e1micas\u201d; como es natural, el fen\u00f3meno se acusaba en la peque\u00f1a y media empresa, ya que, en aquellas con hasta 100 empleados, la tasa de rotatividad, en esas ramas, era de 106%, 110% y 95%, respectivamente&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>42<\/sup>. Mencionamos, ya que el problema se ha agravado a partir de 1976, al entrar en crisis el patr\u00f3n de desarrollo capitalista brasile\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>Al promover la rotatividad de la mano de obra, el FGTS expande el ej\u00e9rcito industrial de reserva bajo su forma flotante y act\u00faa directamente sobre el nivel salarial. Como lo ha se\u00f1alado el DIEESE, en el estudio mencionado, las empresas dispensan a sus trabajadores en v\u00edsperas del despido colectivo y los readmiten despu\u00e9s, o contratan nuevos, por salarios m\u00e1s bajos que los que estableci\u00f3 el acuerdo salarial; ello lleva a que tambi\u00e9n las indemnizaciones por tiempo de servicio que percibe el trabajador sujeto al r\u00e9gimen del FGTS sean menores que las que se pagan a los que siguen bajo el antiguo r\u00e9gimen de estabilidad (cada vez menos, por imposici\u00f3n de los empresarios) y que hayan trabajado un per\u00edodo igual en la misma empresa.<\/p>\n\n\n\n<p>El FGTS act\u00faa, tambi\u00e9n, indirectamente sobre el nivel salarial, al desorganizar a los trabajadores. En efecto, el estudio del DIEESE muestra que, en la industria qu\u00edmica, la tasa de sindicalizaci\u00f3n est\u00e1 directamente ligada al tiempo de servicio, lo que puede ser extrapolado para las otras ramas.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>La ca\u00edda del salario m\u00ednimo<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Sobre la base de efectividad del ej\u00e9rcito industrial de reserva y apelando a mecanismos coercitivos (como la pol\u00edtica oficial de contenci\u00f3n salarial y la represi\u00f3n polic\u00edaca), la dictadura militar ha viabilizado la tendencia del capitalismo brasile\u00f1o a la fijaci\u00f3n del salario real por debajo del valor de la fuerza de trabajo. Para demostrarlo, nos remitiremos al salario m\u00ednimo, tanto por razones te\u00f3ricas como emp\u00edricas.<\/p>\n\n\n\n<p>Antes que nada, es necesario considerar que el salario m\u00ednimo corresponde a la fuerza de trabajo simple, es decir, aquella que presenta el grado de preparaci\u00f3n normal en la sociedad en cuesti\u00f3n y cuya producci\u00f3n demanda el tiempo de trabajo normal, expresado, por ende, el valor normal de la fuerza de trabajo; en otras palabras, la fuerza de trabajo simple corresponde a la mayor\u00eda de los trabajadores y el trabajo simple a aquel trabajo que, sin ninguna calificaci\u00f3n especial, puede ejecutar cualquier trabajador en el goce de sus facultades&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>43<\/sup>. Por otra parte, de acuerdo a la Consolidaci\u00f3n de las Leyes del Trabajo (CLT), de 1943, en su art\u00edculo 76, el salario m\u00ednimo se destina a cubrir \u201cla satisfacci\u00f3n de las necesidades normales y b\u00e1sicas del trabajador y de su familia\u201d, es decir: alimentaci\u00f3n, habitaci\u00f3n, vestuario, higiene y transporte; la dieta m\u00ednima mensual, que debe corresponder a un 43% del valor del salario m\u00ednimo, fue establecida por el decreto-ley n. 389, de 1938, incluyendo algunos productos b\u00e1sicos que siguen siendo habituales en el consumo ordinario brasile\u00f1o&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>44<\/sup>. Finalmente, seg\u00fan la PNAD, en 1972, el 43,3% de los empleados que son remunerados s\u00f3lo en dinero percib\u00eda&nbsp;<em>hasta<\/em>&nbsp;un salario m\u00ednimo y el 32.2% percib\u00eda de 1 a 2 salarios m\u00ednimos, sumando ambos tramos el 75,5% de la poblaci\u00f3n trabajadora asalariada: casi 12 millones de personas sobre un total de asalariados puros de 15,5 millones.<meta charset=\"utf-8\"><sup>45<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Establecida la validez del salario m\u00ednimo como categor\u00eda para el examen de la remuneraci\u00f3n de la fuerza de trabajo en Brasil, lo primero que salta a la vista es que, si analizamos el Censo Demogr\u00e1fico de 1970 por tramos de ingreso, una proporci\u00f3n significativa de la poblaci\u00f3n trabajadora percibe&nbsp;<em>menos de un salario m\u00ednimo<\/em>: el 40% del total, siendo esta la situaci\u00f3n de un 83% de los trabajadores del sector primario, un 23% de los de la industria y un 36% de los de servicios. A esto se suma el hecho de que el salario m\u00ednimo se redujo en un \u00edndice de 139, en 1959 (1965=100), a uno de 89 en 1977, perdiendo en el per\u00edodo el 36% de su valor. Esa tendencia declinante no se presenta de manera constante: aparte de los movimientos oscilatorios anuales, el salario m\u00ednimo real declin\u00f3 a una&nbsp;tasa media anual de 6,8%, en el per\u00edodo 1959-1964, y de 3,6%, en el per\u00edodo de 1964-1976: entre 1970-1975 present\u00f3 una tasa de recuperaci\u00f3n media anual del 0,8%, la cual baj\u00f3 para el 0,6%, entre 1975-1977&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>46<\/sup>. Lo que se desprende de all\u00ed es que, en el marco de la carrera inflacionaria iniciada en 1959, los salarios salieron perdedores, pese a la fuerte resistencia obrera; a partir de 1965, la contenci\u00f3n salarial es impuesta por el Estado, expresando, a nivel de la pol\u00edtica econ\u00f3mica, la tendencia profunda de la econom\u00eda; posteriormente, la escasez de mano de obra de algunos segmentos del mercado de trabajo y la retomada del movimiento sindical, entre otros factores llevan a los salarios a presentar una peque\u00f1a variaci\u00f3n hacia arriba, inferior siempre al uno por ciento, con las precauciones con que hay que tomar esa aparente mejor\u00eda, por la raz\u00f3n ya se\u00f1alada.<\/p>\n\n\n\n<p>Como quiera que sea, el hecho de que un 40% de la poblaci\u00f3n trabajadora perciba menos de un salario m\u00ednimo y el de que \u00e9ste exprese una remuneraci\u00f3n siempre menor por un trabajo igual (aunque, como veremos, el trabajo no es igual, sino superior) muestran que, si lo era en 1943, el salario m\u00ednimo ha dejado de ser la expresi\u00f3n del valor de la fuerza de trabajo. Esto se hace a\u00fan m\u00e1s evidente si tomamos las horas de trabajo que el obrero debe rendir para adquirir sus medios de vida: datos del DIEESE, revelan que, s\u00f3lo para la adquisici\u00f3n de la dieta m\u00ednima que estableci\u00f3 la legislaci\u00f3n, y tomando como base el salario m\u00ednimo de S\u00e3o Paulo (el m\u00e1s alto del pa\u00eds), el obrero rinde hoy al capitalista casi el doble del trabajo de 1959: en diciembre de ese a\u00f1o, el costo de esta dieta representaba 78:17 horas de trajo semanal; en diciembre de 1965; 87:20 horas; en diciembre de 1970, 103:19 horas y, en marzo de 1978, 147:14. <meta charset=\"utf-8\"><sup>47<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p><a><\/a>Las tendencias contrapuestas del salario real y del valor de la fuerza de trabajo<\/p>\n\n\n\n<p>Como hemos visto, si consider\u00e1ramos s\u00f3lo el salario m\u00ednimo, tendr\u00edamos que concluir por la imposibilidad de supervivencia de los trabajadores brasile\u00f1os. Independientemente de que dicha supervivencia se vuelva cada vez m\u00e1s precaria, debido a la declinaci\u00f3n del salario m\u00ednimo<a>&nbsp;<\/a><meta charset=\"utf-8\"><sup>48<\/sup>, habr\u00e1 que tener presente que el valor de la fuerza de trabajo no se establece sobre la base del ingreso individual, sino del ingreso&nbsp;<em>familiar<\/em>; la remuneraci\u00f3n del obrero como tal nos sirve tan s\u00f3lo para determinar la tasa de explotaci\u00f3n a que se encuentra sometido.<\/p>\n\n\n\n<p>Se ha pretendido que, gracias a la incorporaci\u00f3n de m\u00e1s miembros de la familia obrera al mercado de trabajo, \u00e9sta ha logrado mantener su ingreso familiar. Esa aseveraci\u00f3n no cuenta con fundamento emp\u00edrico, si consideramos los datos disponibles: pese a que, entre 1958 y 1969, el n\u00famero de miembros ocupados de la familia-tipo de la clase trabajadora de S\u00e3o Paulo pas\u00f3 de uno para dos, el ingreso mensual real de la misma, a precios de 1958, cay\u00f3 de 10,15 cruceiros para 9,20; es decir, se redujo en un 9,4%<a>&nbsp;<\/a><meta charset=\"utf-8\"><sup>49<\/sup>. Aun si admitimos una recuperaci\u00f3n salarial en el per\u00edodo posterior, el car\u00e1cter modesto que \u00e9sta present\u00f3 no permite suponer que el nivel de vida de 1958 haya sido recuperado. Ahora bien: si adoptamos el supuesto (altamente dudoso, conviene observar) que dicho nivel de vida correspond\u00eda&nbsp;<em>grosso modo<\/em>&nbsp;al valor de la fuerza de trabajo, nada nos autoriza a afirmar que, hoy, los trabajadores brasile\u00f1os no est\u00e9n siendo remunerados&nbsp;<em>por debajo del valor de \u00e9sta.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Ello se agrava por el hecho de que la familia-tipo que estamos considerando se ha construido sobre la base de tres estratos de ingresos. El estrato bajo de la muestra cuenta con ingresos de hasta 500 cruceiros corrientes, o sea, ligeramente&nbsp;<em>por encima<\/em>&nbsp;de dos salarios m\u00ednimos de la \u00e9poca, mientras que la proporci\u00f3n de los asalariados que percib\u00edan&nbsp;<em>hasta&nbsp;<\/em>dos salarios m\u00ednimos era un 75% de los asalariados del pa\u00eds. En consecuencia, la familia-tipo representa un patr\u00f3n superior al grueso de los trabajadores brasile\u00f1os, mientras que la que corresponde al estrato bajo se encuentra cercana a \u00e9stos. Ser\u00e1, pues, sobre la base de este estrato que seguiremos nuestra argumentaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Veamos el desglose de los gastos familiares del estrato bajo, comparando 1958 y 1969. El \u00edtem que tiene mayor incidencia se refiere a alimentaci\u00f3n, que representaba un 45% del total en 1969, habiendo&nbsp;<em>aumentado<\/em>&nbsp;respecto al otro a\u00f1o de referencia; lo mismo pas\u00f3 con equipo dom\u00e9stico, transporte, educaci\u00f3n (que creci\u00f3 sensiblemente) y recreaci\u00f3n; disminuyeron los gastos de habitaci\u00f3n y vestuario. Eso est\u00e1 indicando una variaci\u00f3n hacia arriba de un \u00edtem fundamental en la determinaci\u00f3n del valor m\u00ednimo (alimentaci\u00f3n), as\u00ed como variaciones en el mismo sentido de gastos que corresponden a lo que Marx llama de valor hist\u00f3rico-moral. Si se tiene en cuenta que la cantidad de alimentos per c\u00e1pita&nbsp;<em>disminuye<\/em>&nbsp;en la familia, no es aventurado suponer que, pese al aumento relativo del \u00edtem en el ingreso,&nbsp;<em>\u00e9ste haya sido sacrificado para permitir la atenci\u00f3n de necesidades sociales,&nbsp;<\/em>como anota el mismo DIEESE.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, al caer el salario por debajo del valor de la fuerza de trabajo (o al aumentar la brecha entre ambos), observamos que el obrero no tiende simplemente a reducir la atenci\u00f3n de sus necesidades sociales, para asegurar la de sus necesidades de subsistencia, sino que trata de obtener un dif\u00edcil equilibrio, que le permita&nbsp;<em>atender a las dos<\/em>. Y no podr\u00eda ser de otra manera. Al rev\u00e9s de lo que pretende el apologeta burgu\u00e9s, las necesidades sociales son tan fundamentales como las estrictamente f\u00edsicas para la reproducci\u00f3n de la fuerza de trabajo, acorde a las exigencias que plantea el mercado de trabajo y el mismo desarrollo de las fuerzas productivas. El obrero debe presentar, por ejemplo, el nivel m\u00ednimo de calificaci\u00f3n (o educaci\u00f3n) exigido, para poder vender su fuerza de trabajo, del mismo modo como no puede prescindir del radio, e incluso de la televisi\u00f3n, cuando estos medios de comunicaci\u00f3n se generalizan so pena de convertirse en un bruto, por debajo de nivel cultural de la sociedad en que debe vivir y producir.<\/p>\n\n\n\n<p>Resumiendo: es posible afirmar que,&nbsp;<em>pese al deterioro del salario real,<\/em>&nbsp;el obrero ha visto&nbsp;<em>aumentar el valor de su fuerza de trabajo,<\/em>&nbsp;haciendo a\u00fan m\u00e1s dram\u00e1tica la brecha creciente entre dicho valor y el ingreso real que percibe. El problema que tendr\u00e1 que resolver la clase obrera brasile\u00f1a, en el marco del presente ascenso de sus luchas, no consiste, pues, tan s\u00f3lo en recuperar el nivel de su salario real de hace veinte a\u00f1os. Bien al contrario, los trabajadores tendr\u00edan que lograr aumentos salariales&nbsp;<em>que superen<\/em>&nbsp;dicho nivel, para asegurar una remuneraci\u00f3n acorde con el valor&nbsp;<em>actual&nbsp;<\/em>de su fuerza de trabajo.<\/p>\n\n\n\n<p><a><\/a>Superexplotaci\u00f3n y mercado interno<\/p>\n\n\n\n<p>Como se ha visto,&nbsp;ante el aumento del valor de su fuerza de trabajo y la ca\u00edda del salario m\u00ednimo, la clase obrera brasile\u00f1a, para asegurar la reproducci\u00f3n de su fuerza de trabajo, ha sido forzada a&nbsp;<em>repartir<\/em>&nbsp;el valor de \u00e9sta entre m\u00e1s miembros de la familia. Con ello, el capital no s\u00f3lo compra con menos dinero una masa mayor de trabajo, sino que aumenta considerablemente la tasa de explotaci\u00f3n. El concepto legal del salario m\u00ednimo (atender a la satisfacci\u00f3n de las necesidades b\u00e1sicas del obrero y su familia), se ha convertido en una burla: la contribuci\u00f3n de jefe de familia al ingreso familiar total se redujo, en t\u00e9rminos reales, del 84% que era, en 1958, al 59%, en 1969, de acuerdo al DIEESE. Hecho, por lo dem\u00e1s, que no deja de causar extra\u00f1eza. \u00bfPor qu\u00e9 los dem\u00e1s miembros de la familia trabajadora, que ingresan al mercado de trabajo, aportan al ingreso familiar una proporci\u00f3n menor que la del jefe de familia? Esto nos lleva a considerar las condiciones de trabajo propias a esos miembros: la mujer y los menores de edad.<\/p>\n\n\n\n<p>De acuerdo a la CLT, rige en Brasil el principio de a igual trabajo, salario igual. Los hechos, sin embargo, van en otra direcci\u00f3n. Con base en una pesquisa llevada a cabo en 1972, la Fundaci\u00f3n Instituto de Investigaciones Econ\u00f3micas de la Universidad de S\u00e3o Paulo concluy\u00f3 que las mujeres reciben salarios inferiores a los del hombre en un 57%, en todas las ramas de la industria paulista&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>50<\/sup>. Esto se confirma por el hecho de que el I Encuentro de la Mujer Metal\u00fargica, realizado a principios de 1978, en S\u00e3o Paulo, puso en la primera fila de sus reivindicaciones la equiparaci\u00f3n de salarios masculinos y femeninos, tras constatar que, en promedio, la trabajadora metal\u00fargica percibe una remuneraci\u00f3n inferior a la del hombre en un 60% por el mismo tipo de trabajo&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>51<\/sup>. Se\u00f1alemos que el bajo precio de la fuerza de trabajo femenina en el mercado corresponde a un aumento del n\u00famero de mujeres incorporadas a la producci\u00f3n; \u00e9stas pasaron, entre 1960 y 1970, del 23.6% de la fuerza de trabajo urbana a una 24.3% y, en el \u00e1mbito rural, del 37.0% al 43.4%, seg\u00fan los Censos.<\/p>\n\n\n\n<p>Respecto al menor (entre 16 y 18 a\u00f1os), pese al criterio de igualdad que la preside, la ley ha establecido un mecanismo de escape: si se trata de un aprendiz, la empresa s\u00f3lo le paga el 50% del salario m\u00ednimo en el primer a\u00f1o y, en el segundo y \u00faltimo, el 66%. Los abusos a que esto ha dado lugar han sido clamorosos. No contento con ello, el gobierno militar de Castelo Branco decidi\u00f3 reducir legalmente a 50% del salario m\u00ednimo la remuneraci\u00f3n de los menores de 18 a\u00f1os. La fuerte oposici\u00f3n que esto suscit\u00f3 entre los obreros logr\u00f3 que, hace tres a\u00f1os, se restableciera el principio de igualdad, que consagra la CLT.<meta charset=\"utf-8\"><sup>52<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, desde que comenz\u00f3 la crisis del actual patr\u00f3n de desarrollo y ante el modesto aumento que pasaron a experimentar los salarios (menos del uno por ciento, como vimos), la dictadura ha vuelto a sus andadas. Entre las medidas que componen el plan de reconsolidaci\u00f3n de las leyes de trabajo, elaborado por el Ministerio del Trabajo, se pretende restablecer el horario nocturno para la mujer, suprimiendo una conquista que la clase obrera conquist\u00f3 en las jornadas de 1917-1918, y reducir el salario del menor al 50% del salario m\u00ednimo legal, bajo el pretexto de&#8230; \u00a1contener los abusos a que da lugar la legislaci\u00f3n sobre los aprendices!<a>&nbsp;<\/a><meta charset=\"utf-8\"><sup>53<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Es, pues, en funci\u00f3n de la ca\u00edda del salario m\u00ednimo y la explotaci\u00f3n inmisericorde de la mujer y el menor, como se explica que \u2013pese a que haya duplicado el n\u00famero de miembros de la familia que trabajan- el ingreso familiar haya disminuido. La elevaci\u00f3n del empleo, en la coyuntura econ\u00f3mica post-68, que las&nbsp;<em>Desventuras<\/em>&nbsp;saludan con tanto j\u00fabilo (y que vimos, oportunamente, c\u00f3mo debe ser analizada), se ha dado sobre la base del estrujamiento de la fuerza de trabajo de hombres, mujeres, j\u00f3venes y ni\u00f1os, a niveles de salario que han significado enormes sacrificios para los trabajadores, en lo que se refiere a la atenci\u00f3n de sus necesidades esenciales. Veremos, luego, que la superexplotaci\u00f3n no se ha limitado a esta forma:&nbsp;<em>la rebaja del salario por debajo del valor de la fuerza de trabajo.<\/em>&nbsp;Por ahora, se\u00f1alemos que la presi\u00f3n ejercida sobre los salarios ha resultado en el agravamiento de la distribuci\u00f3n regresiva del ingreso y, por ende, pese al aumento del n\u00famero de consumidores, en la contracci\u00f3n relativa del mercado interno, en lo que a la&nbsp;<em>esfera baja<\/em>&nbsp;se refiere.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, con base en los Censos y en la PNAD, constatamos que el tramo inferior de la PEA (50% del total), ha visto reducirse su participaci\u00f3n en la distribuci\u00f3n del ingreso del 17.7%, en 1960, al 14.9%, en 1970, y al 11.8%, en 1976; igual suerte corri\u00f3 el tramo inmediatamente superior (30% del total); de 27.9% pas\u00f3 a 22.9% y a 21.2% en los tres a\u00f1os considerados<sup> <\/sup><meta charset=\"utf-8\"><sup>54<\/sup>. Es comprensible, por tanto, que c\u00e1lculos recientes para la regi\u00f3n sur del pa\u00eds (que est\u00e1 lejos de ser la m\u00e1s atrasada), con base en datos oficiales de 1974, nos presentan la siguiente distribuci\u00f3n del gasto anual familiar, por clases de salario m\u00ednimo regional: menos de un salario m\u00ednimo, 0.4%; de una a dos, 4.0%. Esos dos grupos representan, en la muestra, el 21% del total de familias y, como vimos, la incidencia mayor en la distribuci\u00f3n del ingreso se da precisamente hasta dos salarios m\u00ednimos&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>55<\/sup>. Pero aun si sumamos el tramo inmediatamente superior (2 a 3.5 salarios m\u00ednimos), haciendo subir la cifra al 46% de la muestra, la participaci\u00f3n acumulada de los tres tramos en el gasto anual total no pasar\u00eda de un 15.1%.<meta charset=\"utf-8\"><sup>56<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Es evidente pues, que el dinamismo del consumo individual no depende de los grupos de bajos ingresos, que comprenden a la mayor\u00eda aplastante de los trabajadores, sino del gasto suntuario que realizan los capitalistas y otros grupos que participan de la distribuci\u00f3n de la plusval\u00eda. Pretender que la superexplotaci\u00f3n del trabajo no contribuye a la restricci\u00f3n de la realizaci\u00f3n de mercanc\u00edas, en la econom\u00eda brasile\u00f1a, y que \u00e9sta no se apoya b\u00e1sicamente en el esquema de realizaci\u00f3n caracter\u00edstico del subimperialismo (exportaciones, consumo suntuario y demanda estatal) constituye, por tanto, una burda mixtificaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p><a><\/a>Prolongaci\u00f3n de la jornada e intensificaci\u00f3n del trabajo<\/p>\n\n\n\n<p>Examinemos ahora, brevemente, las condiciones en que, en el proceso de producci\u00f3n, esa fuerza de trabajo num\u00e9ricamente incrementada y en escala creciente mal remunerada sufre la explotaci\u00f3n capitalista. Con ligereza, y en su af\u00e1n de embellecer al capitalismo brasile\u00f1o, las&nbsp;<em>Desventuras<\/em>&nbsp;descartan la prolongaci\u00f3n de la jornada de trabajo, sobre la base de que los datos censales,&nbsp;<em>en promedio y para el conjunto de la PEA,<\/em>&nbsp;no registran sino un incremento de 4.4%, entre 1966 y 1970, en las horas semanales trabajadas. Un an\u00e1lisis m\u00e1s riguroso tiene que partir de los mecanismos de prolongaci\u00f3n que establece la misma legislaci\u00f3n, as\u00ed como del hecho, ampliamente denunciado por los obreros, de que los contratos de trabajo incluyen cl\u00e1usulas que hacen&nbsp;<em>obligatoria<\/em>&nbsp;la prestaci\u00f3n de horas extraordinarias. Debe, sobre todo, tomar en cuenta las manifestaciones de sindicatos y trabajadores, respecto a la situaci\u00f3n de la jornada de trabajo en sus empresas y ramas, provocada tanto por las horas extras como por el sistema de turnos.<\/p>\n\n\n\n<p>Respecto a la legislaci\u00f3n, \u00e9sta permite que la empresa recurra normalmente a dos horas extraordinarias por d\u00eda, pagadas a un 20% por encima del tipo ordinario de salario (observemos que, en M\u00e9xico, el pago de horas extraordinarias en d\u00edas \u00fatiles se hace sobre la base de un 100% m\u00e1s y, en d\u00edas de descanso, de un 150%), las cuales pueden ser acrecidas de dos horas m\u00e1s, por \u201cmotivo de fuerza mayor o servicios inaplazables\u201d; igualmente, contempla la posibilidad de trabajo en d\u00edas de reposo, mediante la autorizaci\u00f3n caso por caso. En el ensayo de Mattos y Carvalho, ya mencionado, se registran incontables denuncias y testimonios relativos a diversas ramas de actividad, tomados de la prensa o documentos sindicales. Entre ellos, la declaraci\u00f3n del presidente del Sindicato de Metal\u00fargicos de S\u00e3o Paulo, Joaquim Santos de Andrade, en el sentido de que, en esa rama, \u201clos obreros est\u00e1n trabajando 12 horas por d\u00eda\u201d, a\u00f1adiendo que el 97% de los metal\u00fargicos de S\u00e3o Paulo tiene el siguiente r\u00e9gimen semanal de trabajo: 8 horas diarias, 2 extraordinarias (m\u00e1ximo permitido normalmente por la ley) y m\u00e1s 1:36, bajo el pretexto de compensar el s\u00e1bado; sin embargo, el s\u00e1bado, los obreros cumplen una jornada normal de 8 horas; el total suma 66 horas semanales, al rev\u00e9s de las 48 horas que la ley establece, lo que significa&nbsp;<em>un aumento de 40%, y no de 4.4%.<\/em>&nbsp;En declaraci\u00f3n a la prensa, un obrero de la misma rama revela que, en enero de 1977, la Volkswagen brasile\u00f1a trabaj\u00f3 en un r\u00e9gimen de horas extras que \u201cequivalen a 3.300 empleos nuevos\u201d&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>57<\/sup>. Si consideramos la prolongaci\u00f3n que puede resultar del sistema de turnos, tendr\u00edamos \u2013siempre para la rama metal\u00fargica\u2013 la siguiente situaci\u00f3n: como el obrero debe trabajar dos semanas en el turno diurno y dos en el nocturno, al terminar las primeras dos semanas, sale de la f\u00e1brica a las 19 horas, debiendo retornar a la misma el lunes; pero, como ha cambiado al turno nocturno, regresa a \u00e9sta a las 19 horas del domingo, con lo que el capitalista se apropia de 12 horas semanales de su tiempo de reposo.&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>58<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s de esos casos ejemplificativos, se podr\u00eda citar que, entre las pocas huelgas que se detectaron en Brasil, a trav\u00e9s de la informaci\u00f3n de prensa, entre 1973 y 1977, tres se caracterizaron por la negativa de los obreros a trabajar horas extraordinarias<a> <meta charset=\"utf-8\"><sup>59<\/sup> <\/a>, destac\u00e1ndose la de la Volkswagen en 1973, y que el programa de la Oposici\u00f3n Metal\u00fargica de S\u00e3o Paulo se refiere expl\u00edcitamente a la cuesti\u00f3n de las horas extras, indicando que \u201cadem\u00e1s del desgaste f\u00edsico, (el obrero) no tiene tiempo para dedicar a la familia, a la recreaci\u00f3n y mucho menos para el estudio o para aprender una profesi\u00f3n, as\u00ed como para pensar y prepararse para luchar por sus derechos.\u201d <meta charset=\"utf-8\"><sup>60<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Nos hemos limitado deliberadamente a la industria metal\u00fargica, tecnol\u00f3gicamente avanzada y caracterizada por el predominio de la gran industria; la situaci\u00f3n ser\u00eda infinitamente peor si tom\u00e1ramos a la industria de transporte o de construcci\u00f3n, as\u00ed como, en cualquiera rama, a la peque\u00f1a y mediana empresa. Por otra parte, nos hemos mantenido en la perspectiva del obrero individual y su jornada de trabajo. Sin embargo, se puede referir la jornada de trabajo a la&nbsp;<em>familia obrera,<\/em>&nbsp;del mismo modo como se procede con el valor de la fuerza de trabajo; dicho procedimiento se vuelve, por lo dem\u00e1s, indispensable si trabajamos con el concepto de&nbsp;<em>precio de la fuerza de trabajo<\/em>, que expresa la relaci\u00f3n entre el valor de la misma y la duraci\u00f3n de la jornada. Desde este punto de vista, el hecho de que la familia obrera haya multiplicado por dos el n\u00famero de sus miembros que trabajan, apunta a que el capital ha logrado extender la jornada de trabajo familiar, aunque no necesariamente en la misma proporci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Las&nbsp;<em>Desventuras<\/em>&nbsp;no mencionan para nada, entre los m\u00e9todos de explotaci\u00f3n del trabajo, el aumento de su intensidad. Se trata, en realidad de un fen\u00f3meno dif\u00edcil de captarse, a nivel de datos globales. Sin embargo, el hecho mismo de que la elevaci\u00f3n de la productividad conlleve naturalmente un aumento de la intensidad del trabajo no nos permite descartarlo, cuando verificamos que el \u00edndice del producto real per c\u00e1pita se elev\u00f3 de 88, en 1959 (1965=100), a 183 en 1976,&nbsp;<em>m\u00e1s que duplic\u00e1ndose<\/em>, por tanto. Los procedimientos para aumentar la intensidad son b\u00e1sicamente dos: el aumento de instrumentos de trabajo que el obrero debe manejar y el de la velocidad de las m\u00e1quinas. Un trabajador de una industria textil se\u00f1ala, respecto a lo primero: \u201cAntes, un tejedor era responsable de la producci\u00f3n de 20 m\u00e1quinas, despu\u00e9s pas\u00f3 a 25 y ahora cada quien tiene la responsabilidad de 30 telares\u201d<a>&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>61<\/sup><\/a>. Respecto a lo segundo, el I Congreso de la mujer metal\u00fargica manifest\u00f3 su protesta contra el aumento constante de la velocidad de las m\u00e1quinas. <meta charset=\"utf-8\"><sup>62<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>La exigencia de m\u00e1s trabajo al obrero, mediante procedimientos extensivos o intensivos, al provocar fatiga y agotamiento, resulta en el incremento de lo que Marx llam\u00f3 \u201clos partes de guerra del ej\u00e9rcito industrial\u201d: los accidentes de trabajo. En Brasil, estos pasaron del \u00edndice 100 en 1970 al \u00edndice de 157 en 1976. Evolucionando de 1.2 millones a casi 2 millones de casos, en el per\u00edodo; en ese contexto, el \u00edndice de muertes pas\u00f3 a 156 y el de casos de invalidez permanente a 160&nbsp;<sup><meta charset=\"utf-8\"><sup>63<\/sup><\/sup>. Esos datos se refieren exclusivamente a accidentes registrados por el Instituto Nacional de Previsi\u00f3n Social (INPS). Las protestas que esa situaci\u00f3n ha provocado llevaron el gobierno a tomar cartas en el asunto y, en su mensaje al Congreso de este a\u00f1o, el presidente de la Rep\u00fablica anunci\u00f3 que el n\u00famero de accidentes de trabajo hab\u00eda disminuido de 400 mil, en 1977. Sin embargo, el l\u00edder de la oposici\u00f3n en el Senado, Paulo Brossard, le neg\u00f3 veracidad a esa afirmaci\u00f3n, atribuy\u00e9ndola a la nueva ley sobre accidentes de trabajo, que obliga a la empresa a pagar al accidentado la remuneraci\u00f3n integral del d\u00eda del accidente y los 15 siguientes. \u201c\u00bfQui\u00e9n no sabe \u2013indag\u00f3 Brossard\u2013 que, por fuerza de esa ley reciente, y no por la pregonada prevenci\u00f3n, el INPS se ha visto aliviado de una gran masa de accidentados y accidentes?\u201d<a>&nbsp;<\/a><meta charset=\"utf-8\"><sup>64<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien: sabemos, con Marx, que cualquier variaci\u00f3n en la magnitud extensiva o intensiva del trabajo hace variar en el mismo sentido el valor de la fuerza de trabajo. La prolongaci\u00f3n de la jornada y el aumento de la intensidad del trabajo acarrean un mayor gasto de fuerza f\u00edsica y, pues, un desgaste mayor, que, dentro de ciertos l\u00edmites, incrementa la masa de medios de vida necesarios a su reposici\u00f3n. Los m\u00e9todos de superexplotaci\u00f3n arriba mencionados, que hacen a la esfera de la producci\u00f3n (aunque est\u00e9n condicionados por la circulaci\u00f3n, es decir, por las condiciones en que el obrero realiza la venta de su fuerza de trabajo) implican, pues,&nbsp;<em>una elevaci\u00f3n del valor de la fuerza de trabajo,<\/em>&nbsp;reforzando la conclusi\u00f3n a que hab\u00edamos llegado anteriormente. Como elemento indicativo de la ampliaci\u00f3n de la brecha entre ese valor y el salario, es significativo el hecho ya visto de que, pese a que tiene m\u00e1s miembros trabajando, la familia obrera consume hoy menos alimentos per c\u00e1pita.<\/p>\n\n\n\n<p>Con sus divagaciones sobre la cuota de ganancia y el comportamiento de la industria de bienes de consumo necesario, as\u00ed como con sus eruditas y pintorescas digresiones sobre David Ricardo, las<em>&nbsp;Desventuras<\/em>&nbsp;no han hecho sino maniobras de diversi\u00f3n, destinadas a ocultar el cuadro sobrecogedor que nos presenta la superexplotaci\u00f3n del trabajo en Brasil. Los elementos que acabamos de exponer no nos dan, a su vez, sino una p\u00e1lida idea del problema, una vez que la cantidad de evidencia que al respecto nos proporciona diariamente la lucha de clases, y que se filtran a trav\u00e9s de la prensa, nos han puesto (para darle gusto a la cultura francesa de nuestros \u201ccr\u00edticos\u201d) en un&nbsp;<em>embarras de choix.<\/em>&nbsp;El actual ascenso de las luchas obreras no hace sino multiplicar esas evidencias, al incorporar masas cada vez m\u00e1s amplias de trabajadores al enfrentamiento contra el r\u00e9gimen brutal de superexplotaci\u00f3n que les ha impuesto el capital.<\/p>\n\n\n\n<p>No nos queda sino llamar la atenci\u00f3n hacia el intento mal disfrazado de las&nbsp;<em>Desventuras<\/em>&nbsp;de achacar a la \u201cconsiderable debilidad de los sindicatos y agrupamientos pol\u00edticos afines\u201d (junto al \u201cReaccionarismo de las fuerzas golpistas\u201d de 1964) la superexplotaci\u00f3n que sufren los trabajadores brasile\u00f1os. Llevado a su l\u00edmite, ello implicar\u00eda no s\u00f3lo suponer que la superexplotaci\u00f3n es un efecto por decirlo as\u00ed casual de la lucha de clases, sobre el cual no tiene el capital responsabilidad directa, y que se acaba explicando por s\u00ed mismo (el hecho, por ejemplo, de que, seg\u00fan las&nbsp;<em>Desventuras<\/em>, los bajos salarios se han mantenido por que&#8230; \u00a1el excedente generado se aplic\u00f3 a la construcci\u00f3n de viviendas!), sino tambi\u00e9n atribuir a la misma clase obrera la responsabilidad de que le est\u00e9n arrancando el pellejo. Ahora bien, los elementos que presentamos sobre la evoluci\u00f3n de los salarios en Brasil, despu\u00e9s de 1959, muestran que el problema de la reducci\u00f3n salarial se encontraba planteado&nbsp;<em>antes<\/em>&nbsp;de la contrarrevoluci\u00f3n desatada en 1964 y m\u00e1s bien fue una de las razones que hizo a \u00e9sta indispensable para la burgues\u00eda. Por otra parte, \u00bfc\u00f3mo explicar que, en pa\u00edses como Chile, Argentina o Uruguay, donde no se puede hablar, en los mismos t\u00e9rminos, de debilidad de los sindicatos y la izquierda, la clase obrera haya tenido que sufrir una superexplotaci\u00f3n similar, bajo una dictadura contrarrevolucionaria? De todos modos, las luchas actuales de los trabajadores brasile\u00f1os se encargar\u00e1n de mostrar hasta qu\u00e9 punto la superexplotaci\u00f3n del trabajo es un elemento vital en la din\u00e1mica del capitalismo dependiente, en la medida en que tienden de nuevo a enfrentar en una lucha a muerte a patrones y obreros, en torno a la cuesti\u00f3n de su mantenimiento o su supresi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"has-text-align-center wp-block-heading\"><a><\/a>IV<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Las razones que dan Cardoso y Serra para su \u201cempe\u00f1o en la cr\u00edtica\u201d son de orden te\u00f3rico y pol\u00edtico. Se trata de \u201cdesarticular\u201d un pensamiento \u201ceconomicista\u201d, que lleva al \u201cvoluntarismo\u201d, para as\u00ed evitar que \u201cel an\u00e1lisis pol\u00edtico se vuelva al mismo tiempo ardoroso e inerme\u201d y asegurar que el camino al socialismo pueda depender \u201cde acciones concretas en circunstancias espec\u00edficas\u201d. De esta manera, se podr\u00e1 impedir \u201cdesastres cuya \u2018correcci\u00f3n\u2019 pasa muchas veces por el sacrificio, incluso f\u00edsico, de sectores importantes de una generaci\u00f3n\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Vayamos por partes. Lo primero que hay que tener en cuenta es que, m\u00e1s que al Quijote, Cardoso y Serra se parecen a Sancho: no son los caballeros andantes del socialismo sino los escuderos de una burgues\u00eda insaciable y rapaz. Es eso es lo que confiere inter\u00e9s a las&nbsp;<em>Desventuras<\/em>: su car\u00e1cter de texto inserto en un proceso de lucha ideol\u00f3gica, que el ascenso de las luchas de clase en Brasil, as\u00ed como en Latinoam\u00e9rica, tiende a hacer m\u00e1s candente. Una de las cuestiones que ha sido puesta en el centro de la discusi\u00f3n es la del economicismo, que ha sido atacado desde diferentes perspectivas.<\/p>\n\n\n\n<p>No cabe, en efecto, confundir a Cardoso y Serra con otros autores que se han ocupado del problema y que no ser\u00e1n aqu\u00ed objeto de comentario, por falta de espacio. Su ataque a mi pretendido \u2018reduccionismo econ\u00f3mico\u2019 raya ya la caricatura, cuando sostienen que la econom\u00eda no es sino el marco en que se ejerce la lucha pol\u00edtica, la cual corresponde a una esfera aut\u00f3noma, donde las opciones y consecuentes decisiones s\u00f3lo se explican por la acci\u00f3n de las fuerzas mismas que all\u00ed act\u00faan. Se rompe, de este modo, la unidad de an\u00e1lisis, que convierte a la pol\u00edtica, para decirlo con Lenin, en \u201cla expresi\u00f3n concentrada de la econom\u00eda\u201d y se abandona el supuesto metodol\u00f3gico fundamental del marxismo, que el propio Marx expuso con tanta precisi\u00f3n en su pr\u00f3logo de 1859: \u201cEl modo de producci\u00f3n de la vida material determina (<em>bedingen<\/em>) el proceso de la vida social, pol\u00edtica y espiritual en general\u201d. Reducida a s\u00ed misma, la lucha pol\u00edtica se ve as\u00ed desprovista de toda base explicativa s\u00f3lida.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero no es s\u00f3lo la autonom\u00eda de la pol\u00edtica que reivindican Cardoso y Serra: es tambi\u00e9n (y esto es lo que los distingue m\u00e1s netamente de otros que han criticado mi \u201ceconomicismo\u201d) el tomar los hechos como vienen, en su inmediatez emp\u00edrica, sin la \u201cambici\u00f3n\u201d de ubicarlos en un marco explicativo, que les d\u00e9 coherencia, los remita a las contradicciones generales a que responden y haga as\u00ed posible establecer previsiones respecto a su comportamiento futuro, para, sobre esta base, crear condiciones para actuar sobre ellos. Apilados unos sobre los otros, como los quieren Cardoso y Serra, sin una l\u00f3gica profunda que los ordene, los hechos pueden prestarse a cualquier interpretaci\u00f3n, sin que la clase obrera disponga de un criterio que permita referirlos a las contradicciones fundamentales que los generan. Ahora bien, identificar una contradicci\u00f3n, por grave que \u00e9sta sea, \u201cno significa que el capitalismo sea imposible, pero s\u00ed la necesidad de su transformaci\u00f3n en una forma superior; cuanto m\u00e1s fuerte se torna esa contradicci\u00f3n, m\u00e1s se desarrollan las condiciones objetivas de esa transformaci\u00f3n, as\u00ed como sus condiciones subjetivas, es decir, la conciencia que los trabajadores adquieren de la contradicci\u00f3n\u201d.<meta charset=\"utf-8\"><sup>65<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, el encono de Cardoso y Serra contra mi an\u00e1lisis econ\u00f3mico no los lleva a la actitud suicida de rechazar la existencia de contradicciones en el modo de producci\u00f3n capitalista. Por lo dem\u00e1s, el reformismo en sus diversas variantes, ha mostrado que es posible aceptarlas sin que ello implique asumir una posici\u00f3n revolucionaria. No, lo que no pueden aceptar Cardoso y Serra es que se identifiquen contradicciones&nbsp;<em>concretas<\/em>&nbsp;en la sociedad latinoamericana y, en especial, brasile\u00f1a. Ante ello, claman por la pureza del marxismo, queriendo reducirlas otra vez a la contradicci\u00f3n abstracta, o no vacilan en echar mano de analog\u00edas formales, y por esto mismo caricaturescas, para descalificar la posibilidad de que tales contradicciones concretas sean reconocidas.<\/p>\n\n\n\n<p>Es as\u00ed que, cuando Cardoso identifica mi posici\u00f3n con la de los&nbsp;<em>nar\u00f3dniks,<\/em>&nbsp;recurre a una caricatura, adem\u00e1s de atropellar a la historia sin piedad. En su pol\u00e9mica con los populistas rusos, Lenin identificaba tres rasgos en los planteamientos de esa corriente: el reconocimiento del capitalismo en Rusia&nbsp;<em>como decadencia, como regresi\u00f3n;&nbsp;<\/em>el reconocimiento de la&nbsp;<em>originalidad del r\u00e9gimen econ\u00f3mico ruso, en general,<\/em>&nbsp;y de la&nbsp;<em>del campesino con su comunidad,<\/em>&nbsp;en particular; y la&nbsp;<em>omisi\u00f3n del v\u00ednculo existente entre la \u00b4intelectualidad\u2019 y las instituciones pol\u00edticas y jur\u00eddicas del pa\u00eds,<\/em>&nbsp;de una parte,&nbsp;<em>y los intereses materiales de determinadas clases sociales,&nbsp;<\/em>de otra <meta charset=\"utf-8\"><sup>66<\/sup>. Como se ve, no hay&nbsp;<em>ninguna relaci\u00f3n<\/em>&nbsp;entre las tesis en cuesti\u00f3n y lo que he planteado sobre la dependencia, la superexplotaci\u00f3n del trabajo y el car\u00e1cter del desarrollo capitalista brasile\u00f1o. Es de suponerse, sin embargo, que a lo que Cardoso quiera aludir sea a lo que Lenin llam\u00f3 \u201cromanticismo econ\u00f3mico\u201d, lo cual, deriv\u00e1ndose de Sismondi, se encuentra presente en el pensamiento de los populistas rusos, a trav\u00e9s de sus planteamientos respecto a la contradicci\u00f3n entre producci\u00f3n y consumo, con la consecuente necesidad de recurrir al mercado exterior. No nos contentemos, empero, con las analog\u00edas formales y veamos qu\u00e9 es ese \u201csubconsumismo\u201d, que Cardoso denuncia en mis tesis.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo esencial en la posici\u00f3n de los populistas era el razonamiento te\u00f3rico de que part\u00edan, para hacer su defensa de la peque\u00f1a producci\u00f3n campesina. Ese razonamiento se basaba en lo que Lenin considera el error fundamental que marc\u00f3 toda la econom\u00eda pol\u00edtica, hasta Marx, y que introdujo Adam Smith: la confusi\u00f3n entre los conceptos de producci\u00f3n y renta y, por ende, la reducci\u00f3n del valor creado a la suma de la plusval\u00eda y los salarios (capital variable), ignorando a los medios de producci\u00f3n (capital constante). Esto les imped\u00eda entender&nbsp;<em>qu\u00e9 es la acumulaci\u00f3n de capital y, pues, qu\u00e9 es el desarrollo capitalista<\/em>. Es por esa raz\u00f3n que, en su pol\u00e9mica con el populismo, Lenin se preocupa b\u00e1sicamente de demostrarles que, al contrario de lo que supon\u00edan, el desarrollo del capitalismo es, como lo mostrara ya Marx, el desarrollo del mercado interno. Lo que no ten\u00eda qu\u00e9 hacer, porque esto no lo exig\u00eda su cr\u00edtica a los populistas, era analizar&nbsp;<em>la forma que asume el mercado interno<\/em>&nbsp;en la econom\u00eda capitalista y&nbsp;<em>la contradicci\u00f3n entre producci\u00f3n y consumo individual&nbsp;<\/em>que all\u00ed se plantea.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero Lenin s\u00ed ten\u00eda que preocuparse de este problema, cuando se pretend\u00eda atacarlo, supuestamente desde el punto de vista del marxismo, con la afirmaci\u00f3n&nbsp;<em>err\u00f3nea<\/em>&nbsp;de que \u201cla producci\u00f3n capitalista no adolece de ninguna contradicci\u00f3n entre la producci\u00f3n y el consumo\u201d&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>67<\/sup>. A esto contestaba Lenin que, siguiendo a Marx, es indispensable entender que \u201cla contradicci\u00f3n entre la producci\u00f3n y el consumo,&nbsp;<em>propia del capitalismo,<\/em>&nbsp;consiste en que la producci\u00f3n crece con enorme rapidez, la competencia le comunica una tendencia a&nbsp;<em>ampliarse sin limitaciones,<\/em>&nbsp;mientras que el consumo (individual)&nbsp;<em>crece muy d\u00e9bilmente, si es que crece.<\/em>&nbsp;La condici\u00f3n proletaria de las masas populares no ofrece al consumo individual la posibilidad de crecer r\u00e1pidamente\u201d. Y se\u00f1alaba, m\u00e1s adelante: \u201c&#8230;en \u00faltima instancia, el consumo debe seguir a la producci\u00f3n, y si las fuerzas productivas se lanzan a un aumento ilimitado de la producci\u00f3n,&nbsp;<em>mientras el consumo se restringe, como consecuencia del estado proletario de las masas populares,<\/em>&nbsp;la contradicci\u00f3n se vuelve incuestionable\u201d.<meta charset=\"utf-8\"><sup>68<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Aclaremos bien las cosas. La contradicci\u00f3n entre producci\u00f3n y consumo individual surge&nbsp;<em>de la naturaleza misma del capitalismo<\/em>, por el hecho de que, mientras \u00e9ste registra un impulso constante de acumulaci\u00f3n, dicho impulso choca con la&nbsp;<em>desproporcionalidad<\/em>&nbsp;existente entre los sectores de la producci\u00f3n y con&nbsp;<em>las condiciones antag\u00f3nicas de distribuci\u00f3n.<\/em>&nbsp;En efecto, \u201cdentro de la producci\u00f3n capitalista, la proporcionalidad de las distintas ramas de producci\u00f3n (aparece) como un proceso constante&nbsp;<em>derivado de la desproporcionalidad<\/em> <meta charset=\"utf-8\"><sup>69<\/sup>, mientras que las \u201ccondiciones antag\u00f3nicas de distribuci\u00f3n&#8230; reducen el consumo de la gran masa de la sociedad a&nbsp;<em>un m\u00ednimo susceptible s\u00f3lo de variaci\u00f3n dentro de l\u00edmites muy estrechos\u201d<\/em><a>&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>70<\/sup><\/a><em>.&nbsp;<\/em>En consecuencia, como el mercado tiene que extenderse constantemente, para hacer frente al impulso de acumulaci\u00f3n, \u201cla contradicci\u00f3n interna tiende a compensarse&nbsp;<em>mediante la expansi\u00f3n del campo externo de la producci\u00f3n\u201d<\/em>.<a>&nbsp;<\/a><meta charset=\"utf-8\"><a><sup>71<\/sup><\/a><\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed es como se presenta el problema de la contradicci\u00f3n entre la producci\u00f3n y el consumo individual, en la teor\u00eda marxista del capitalismo, que se presta a todo, menos a la apolog\u00eda del sistema. Mi an\u00e1lisis de la econom\u00eda latinoamericana y brasile\u00f1a no hace sino aplicar esa teor\u00eda a una&nbsp;<em>realidad concreta,<\/em>&nbsp;que se caracteriza por el hecho de que,&nbsp;<em>a ra\u00edz de las condiciones mismas de su formaci\u00f3n y desarrollo hist\u00f3rico, agrava hasta el l\u00edmite las contradicciones inherentes a la producci\u00f3n capitalista.<\/em>&nbsp;Es esta caracter\u00edstica general de la econom\u00eda dependiente la que la induce a extremar la&nbsp;<em>desproporcionalidad entre los sectores,<\/em>&nbsp;tanto de producci\u00f3n de bienes de capital respecto al de bienes de consumo, como del de bienes de consumo suntuario respecto al de bienes de consumo necesario, as\u00ed como a agudizar las&nbsp;<em>condiciones antag\u00f3nicas de distribuci\u00f3n,&nbsp;<\/em>llevando a que la contradicci\u00f3n entre producci\u00f3n y consumo individual, propia de la econom\u00eda capitalista en general, asuma el car\u00e1cter de un divorcio progresivamente acentuado entre el aparato productivo y las necesidades de consumo de las masas.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien: de manera subrepticia, todo el esfuerzo de las&nbsp;<em>Desventuras<\/em>&nbsp;se encauza en el sentido de borrar las diferencias entre el capitalismo en los pa\u00edses avanzados y el capitalismo dependiente, asimil\u00e1ndolos a un solo proceso: el desarrollo capitalista en la periferia y en el centro. El lector podr\u00e1 buscar con lupa en el texto un indicio, por peque\u00f1o que sea, de que la discusi\u00f3n que se est\u00e1 haciendo va referida al capitalismo&nbsp;<em>dependiente&nbsp;<\/em>brasile\u00f1o: encontrar\u00e1 s\u00f3lo la idea de que hay problemas y contradicciones en el capitalismo brasile\u00f1o, que no tienen otra particularidad que la de darse en un pa\u00eds de la \u201cperiferia\u201d, o sea, en una naci\u00f3n capitalista joven, para usar una expresi\u00f3n altamente ideol\u00f3gica. La utilizaci\u00f3n misma del aparato conceptual \u201ccentro-periferia\u201d, en reemplazo del que corresponde a la dependencia, indica un regreso al redil de la CEPAL (la cual, por esto mismo, es tan reivindicada a lo largo del texto) y a las ilusiones desarrollistas con que \u00e9sta revisti\u00f3 la primera emergencia de la burgues\u00eda industrial, en la post-guerra, ilusiones que, como se\u00f1alamos, la vida misma destruy\u00f3. Pero hoy, los nuevos ide\u00f3logos de la burgues\u00eda brasile\u00f1a est\u00e1n obligados a retomar esa tradici\u00f3n y a intentar dar credibilidad en un desarrollo capitalista brasile\u00f1o al estilo norteamericano o europeo. En suma, nos encontramos ante un neo-desarrollismo, todav\u00eda vergonzante, pero que no tardar\u00e1 en ir perdiendo sus inhibiciones.<\/p>\n\n\n\n<p>La t\u00edmida cr\u00edtica de Cardoso a la tesis de la superexplotaci\u00f3n, que dio inicio a esta pol\u00e9mica&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><a><sup>72<\/sup><\/a>, apuntaba ya en esa direcci\u00f3n. Pero,&nbsp;hoy, las cosas van m\u00e1s lejos. As\u00ed, en las&nbsp;<em>Desventuras<\/em>&nbsp;se pretende que \u201ca\u00fan despu\u00e9s de 1968 y hasta 1973&#8230; se mantuvo una&nbsp;<em>pol\u00edtica oficial<\/em>&nbsp;de fuerte restricci\u00f3n salarial, quedando&nbsp;<em>las mejoras<\/em>&nbsp;eventualmente obtenidas en este terreno sujetas a las (fuerzas del mercado) y no en raz\u00f3n sea de la&nbsp;<em>pol\u00edtica gubernamental&nbsp;<\/em>(que permaneci\u00f3 restrictiva) sea de la&nbsp;<em>acci\u00f3n sindical&nbsp;<\/em>o de la&nbsp;<em>protesta social,<\/em>&nbsp;que siguieron tan o m\u00e1s&nbsp;<em>reprimidos o inexistentes<\/em>&nbsp;que antes\u201d (p. 45, subrayados m\u00edos). Algunas rectificaciones; la restricci\u00f3n salarial no se mantuvo&nbsp;<em>hasta 1973<\/em>, se mantiene&nbsp;<em>hasta hoy;&nbsp;<\/em>las \u201cmejoras eventualmente obtenidas\u201d no s\u00f3lo han sido&nbsp;<em>muy peque\u00f1as<\/em>, como demostramos anteriormente, sino que se han visto&nbsp;<em>relativizadas&nbsp;<\/em>&nbsp;por la manipulaci\u00f3n de los \u00edndices del costo de la vida; y la acci\u00f3n sindical y la protesta social&nbsp;<em>hab\u00edan ganado ya cuerpo en 1973<\/em>, lo que forz\u00f3 a que el actual gobierno, que asumi\u00f3 en 1974, no s\u00f3lo tuviera que prometer una \u201capertura pol\u00edtica\u201d, sino tambi\u00e9n recurrir a la manipulaci\u00f3n de dichos \u00edndices para mantener la pol\u00edtica salarial. Pero no se trata s\u00f3lo de rectificaciones, sino tambi\u00e9n de una pregunta: si las pretendidas \u201cmejoras salariales\u201d no se debieron ni al gobierno, ni a los sindicatos, ni a la \u201cprotesta social\u201d&#8230; \u00bfqui\u00e9n responde de ellas?<\/p>\n\n\n\n<p>No es necesario exprimirse el cerebro para encontrar la respuesta. El mismo Cardoso, en entrevista concedida a un diario mexicano, nos explica: \u201cEn una primera etapa, la violencia represiva es la condici\u00f3n de la acumulaci\u00f3n futura. Pero despu\u00e9s, en una segunda etapa, ya no lo es m\u00e1s. Eso explica que ahora&nbsp;<em>los empresarios reclamen una relaci\u00f3n directa con los obreros\u201d<\/em>&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><a><sup>73<\/sup><\/a>. As\u00ed, la lucha que, durante estos a\u00f1os, la clase obrera ha desarrollado, en el sentido de negociar directamente con las empresas y ejercer su derecho de reivindicaci\u00f3n, queda borrada de un plumazo y se convierte en una generosa actitud de la burgues\u00eda. Del mismo modo como la lucha popular contra la dictadura es escamoteada, puesto que las \u201cpresiones\u201d por la democratizaci\u00f3n \u201cven\u00edan tambi\u00e9n, y esto hay que decirlo muy claramente, desde sectores de&nbsp;<em>adentro del&nbsp;<\/em>Estado\u201d, lo que permite concluir, energ\u00e9ticamente: \u201cSi no entendemos esto, no entenderemos los cambios en Brasil. No hay que creer que el enfrentamiento es global, entre el Estado represivo por un lado y las clases dominadas por el otro\u201d.<meta charset=\"utf-8\"><a><sup>74<\/sup><\/a><\/p>\n\n\n\n<p>No nos preocupemos demasiado en refutar la pretensi\u00f3n de que es la burgues\u00eda quien ha concedido aumentos salariales, a contrapelo del Estado y los sindicatos, y quien lucha por una relaci\u00f3n directa con \u00e9stos. La vida misma ha mostrado \u2013 \u00a1y con qu\u00e9 rapidez! \u2013 qu\u00e9 hay de verdad en ello: en las recientes huelgas de los obreros metal\u00fargicos de S\u00e3o Paulo, ante la lentitud del Estado en actuar, fueron los patrones quienes pidieron a gritos la represi\u00f3n, resisti\u00e9ndose a la relaci\u00f3n directa con los sindicatos, que los trabajadores acabaron por imponerles. Se\u00f1alemos, m\u00e1s bien, que Cardoso se ha desvivido por construir una alternativa para la colaboraci\u00f3n de clases entre la clase obrera y la oposici\u00f3n burguesa, oposici\u00f3n que expresa hoy una fracci\u00f3n del gran capital que intenta imponer su hegemon\u00eda sobre el aparato de Estado, en el marco de un r\u00e9gimen renovado, que la nueva administraci\u00f3n norteamericana ha bautizado de democracia \u201cviable\u201d o \u201cgobernable\u201d (es decir, restringida). El planteamiento de Cardoso oculta las contradicciones que dividen hoy a la burgues\u00eda misma e intenta hacer creer en una contradicci\u00f3n entre la burgues\u00eda en su conjunto (capitaneada por las multinacionales) y el Estado. Este, bajo el control de los militares (o un sector de \u00e9stos) y una supuesta \u201cburgues\u00eda de Estado\u201d (los tecn\u00f3cratas y la capa gerencial de las empresas estatales), ofrecer\u00eda la posibilidad de una pol\u00edtica nacionalista y democr\u00e1tica, sobre la base de una alianza con la clase obrera organizada, es decir, los sindicatos. A esto responde la preocupaci\u00f3n de las&nbsp;<em>Desventuras<\/em>&nbsp;por la \u201cnecesidad de definir los campos de los aliados y de interferir para ampliar las brechas puestas como posibles por las contradicciones que minan la cohesi\u00f3n de las clases dominantes\u201d (p. 48). <meta charset=\"utf-8\"><a><sup>75<\/sup>&nbsp;<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Este es el \u201ccamino al socialismo\u201d que proponen los autores de las&nbsp;<em>Desventuras<\/em>: la subordinaci\u00f3n de la clase obrera al Estado, teniendo como programa el desarrollo del subimperialismo brasile\u00f1o. Como todo proyecto socialista burgu\u00e9s, se resume en la afirmaci\u00f3n de que \u201clos burgueses son burgueses en inter\u00e9s de la clase obrera\u201d, como lo se\u00f1alaran ya el&nbsp;<em>Manifiesto Comunista,<\/em>&nbsp;y deja corto al mismo Lassalle, quien, como dec\u00eda Marx, \u201cestrechaba la mano de Bismark en nombre de los intereses del proletariado\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Siendo una propuesta pol\u00edtica que reposa sobre bases falsas, esa alianza de la clase obrera con la \u201cburgues\u00eda de Estado\u201d y los militares tiene tan poca viabilidad como, en el pasado, la alianza a que se la quer\u00eda conducir con la \u201cburgues\u00eda nacional\u201d. Pero, hasta que la historia no la cancele, los nuevos ide\u00f3logos de la burgues\u00eda cumplen con diligencia su tarea, confiantes en la autonom\u00eda de la lucha pol\u00edtica: la de tratar de sembrar confusi\u00f3n y desconcierto entre la clase obrera y la izquierda, propiciando maniobras de divisi\u00f3n sobre ellas. Se empe\u00f1an, pues, en \u201cdesarticular\u201d todo intento de cr\u00edtica del capitalismo brasile\u00f1o que contenga, en sus supuestos, la negaci\u00f3n de ese engendro que es el \u201ccapitalismo de Estado nacional y democr\u00e1tico\u201d que propugnan (la expresi\u00f3n es del cebrapiano Carlos Estavam Martins). En esa l\u00ednea, las&nbsp;<em>Desventuras<\/em>&nbsp;no son sino un paso en la escalada que pretenden llevar a cabo contra el marxismo, para retirarle a la clase obrera cualquier posibilidad de dar un fundamento cient\u00edfico a sus luchas de clase.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero no basta atacar las ideas, es preciso desacreditar tambi\u00e9n el movimiento social de que brotaron. Las&nbsp;<em>Desventuras<\/em>&nbsp;se permiten, pues, reinterpretar la historia de manera muy particular, presentando como un precio injustificado y un sacrificio in\u00fatil la pr\u00e1ctica armada de la izquierda brasile\u00f1a. Pretenden ocultar que, con sus errores y sus aciertos, fue as\u00ed como se puso sobre el tapete, en Brasil (tal como se hab\u00eda hecho en Latinoam\u00e9rica), de manera concreta, la cuesti\u00f3n del poder y el derecho de la clase obrera y sus aliados a luchar por conquistarlo. Gracias a ello, la idea del socialismo ha dejado de ser una abstracci\u00f3n, un ideal sin trascendencia pr\u00e1ctica, un tema para la discusi\u00f3n de intelectuales, para ganar el centro de las luchas de clases y obligar incluso a la burgues\u00eda y sus ide\u00f3logos a intentar, hoy, desviarla hacia \u201cacciones concretas en coyunturas espec\u00edficas\u201d y un socialismo que apenas encubre su car\u00e1cter de clase burgu\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>La vida misma se encargar\u00e1 de mostrar la inutilidad de esos esfuerzos. Y lo har\u00e1 por la l\u00f3gica implacable de la lucha de clases que est\u00e1 ya encendiendo la lucha ideol\u00f3gica, al plantear sin tapujos las grandes cuestiones a discutir, y que ha producido una nueva clase obrera, m\u00e1s madura y m\u00e1s organizada, en quien se arraiga cada vez m\u00e1s la conciencia de que el Estado es su enemigo de clase. Hoy, el movimiento obrero brasile\u00f1o exige la democracia sindical y la autonom\u00eda respecto al Estado, mientras da sus primeros pasos en la lucha pol\u00edtica; ma\u00f1ana, avanzar\u00e1 hacia la construcci\u00f3n de su partido y de la alianza con las amplias masas trabajadoras de la ciudad y del campo, para hacer frente al problema del poder. Vivimos un momento en que las palabras de Lenin, en el&nbsp;<em>\u00bfQu\u00e9 hacer?<\/em>, adquieren plena validez para todos aquellos que aspiran a ver el proletariado brasile\u00f1o en la vanguardia de la lucha antiimperialista y socialista en Am\u00e9rica Latina:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cLa realizaci\u00f3n de esta tarea, la demolici\u00f3n del m\u00e1s poderoso baluarte no ya de la reacci\u00f3n europea, sino tambi\u00e9n (podemos decirlo hoy) de la reacci\u00f3n asi\u00e1tica, convertir\u00eda al proletariado ruso en la vanguardia del proletariado revolucionario internacional. Y tenemos el derecho de esperar que obtendremos este t\u00edtulo de honor, que nuestros predecesores, los revolucionarios de la d\u00e9cada de 70, han merecido, siempre que sepamos inspirar a nuestro movimiento, mil veces m\u00e1s vasto y profundo, la misma decisi\u00f3n abnegada y la misma energ\u00eda\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em><span class=\"has-inline-color has-nv-dark-bg-color\">Ruy Mauro Marini<\/span><\/em><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Notas<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<ol class=\"wp-block-list\"><li><em>Subdesarrollo y revoluci\u00f3n,\u00a0<\/em>Siglo XXI, M\u00e9xico, 1974. 5. edici\u00f3n aumentada, p. 104. En adelante, se designar\u00e1 ese texto por SR. El cap\u00edtulo correspondiente se public\u00f3, originalmente, como art\u00edculo: \u201cLa dial\u00e9ctica del desarrollo capitalista en Brasil\u201d,\u00a0<em>Cuadernos Americanos\u00a0<\/em>(M\u00e9xico), CXLVI-3, mayo-junio de 1916, pp. 133-155.<\/li><li><em>Ib\u00edd., p. 103-104.<\/em><\/li><li><em>Ib\u00edd., p. 101 ss.\u00a0<\/em>Esa falta de honestidad en el uso del material criticado, que caracteriza a las\u00a0<em>Desventuras<\/em>, es a\u00fan m\u00e1s flagrante en la consecuencia que sacan de esa cita, en el sentido de que \u201cese tipo de an\u00e1lisis ayud\u00f3 a racionalizar los argumentos por parte de la izquierda latinoamericana a lo largo de los a\u00f1os sesentas y comienzos de los setentas\u201d (p. 7), a\u00f1adiendo en nota que dicha racionalizaci\u00f3n puede ser encontrada en SR, en el pasaje correspondiente a \u201cLos supuestos de la lucha armada\u201d (p. 133-141). Las\u00a0<em>Desventuras<\/em>\u00a0no dicen que dicho pasaje es&#8230;\ufe83 \u00a1una\u00a0<em>cr\u00edtica<\/em>\u00a0a los supuestos de la pr\u00e1ctica armada de la izquierda brasile\u00f1a, de la \u00e9poca! Hay muchas razones por las cu\u00e1les denunciarme como partidario de la lucha armada, pero afirmar que mi toma de posici\u00f3n al respecto se deriva de la tesis del \u201cestancamiento\u201d constituye a lo menos una asertiva desventurada.<\/li><li><em>Ib\u00edd.<\/em>\u00a0p. 57. El cap\u00edtulo correspondiente apareci\u00f3, como art\u00edculo, en un n\u00famero de 1965 de la revista\u00a0<em>Foro Internacional\u00a0<\/em>(M\u00e9xico).<\/li><li>\u201cBrasil: de la rep\u00fablica olig\u00e1rquica al Estado militar\u201d,\u00a0<em>Brasil Hoy<\/em>, Siglo XXI, M\u00e9xico, 1966.<\/li><li>\u201cConcentraci\u00f3n del progreso t\u00e9cnico y de sus frutos en el desarrollo latinoamericano\u201d,\u00a0<em>El Trimestre Econ\u00f3mico\u00a0<\/em>(M\u00e9xico), n. 125, enero-marzo de 1965, p. 3-69. Pinto expresa su concepci\u00f3n (en el fondo, correcta) de una manera todav\u00eda confusa y en lenguaje cepalino, al distinguir un polo \u201cdin\u00e1mico\u201d y otro \u201ctradicional\u201d, que no se caracterizaban ya por el corte entre la agricultura e industria, sino que divid\u00edan horizontalmente toda la estructura econ\u00f3mica. Ese nuevo dualismo est\u00e1 presente en el trabajo de Cardoso y Faletto,\u00a0<em>Dependencia y desarrollo en Am\u00e9rica Latina,\u00a0<\/em>Siglo XXI, M\u00e9xico, 1969, y dio lugar a posteriores elaboraciones sobre temas espec\u00edficos, como el de la llamada \u201cmarginalidad social.\u201d<\/li><li>Cardoso y Faletto manejan la relaci\u00f3n de la econom\u00eda dependiente con la econom\u00eda mundial siempre en funci\u00f3n del concepto cepalino de \u201csector externo\u201d, lo que no les permite relacionar c\u00f3mo las tendencias y leyes del capitalismo operan en una y otra ni c\u00f3mo se articulan entre s\u00ed. Posteriormente, Cardoso trat\u00f3 de integrar en sus trabajos ese nivel de an\u00e1lisis, que ya estaba presente en las elaboraciones de la izquierda revolucionaria brasile\u00f1a; vienen de all\u00ed sus conceptos de \u201cdesarrollo aut\u00f3nomo\u201d y \u201cdesarrollo asociado\u201d, tomados prestados a los de \u201cdesarrollo aut\u00f3nomo\u201d y\u00a0 \u201cdesarrollo integrado\u201d, que yo utilizara en el art\u00edculo de 1965 citado, as\u00ed como en el que se public\u00f3 originalmente con el t\u00edtulo de \u201cBrazilian Interdependence and Imperialist Integration\u201d,\u00a0<em>Monthly Review\u00a0<\/em>(N. York), diciembre de 1965.<\/li><li><em>Dial\u00e9ctica de la dependencia,\u00a0<\/em>Era, M\u00e9xico, 1973, p. 24-49. En adelante, designado como DD.<\/li><li>Cfr. DD, p. 40-41. Se\u00f1alemos que el aumento del n\u00famero de trabajadores, a que se refieren mis \u201ccr\u00edticos\u201d en p. 20, pese a que fue abundantemente utilizado en Am\u00e9rica Latina, no tiene que ver con el tema de la superexplotaci\u00f3n: a circunstancias iguales, deja invariable la cuota de plusval\u00eda, pudiendo afectar tan s\u00f3lo a la cuota de ganancia.<\/li><li>Analizando el efecto de la prolongaci\u00f3n de la jornada de trabajo, y su relaci\u00f3n con el descenso del precio del trabajo, dice Marx: \u201c&#8230; Este poder de disposici\u00f3n sobre una cantidad anormal de trabajo no retribuido \u2013anormal, porque rebasa el nivel social medio\u2013 pronto se convierte en motivo de competencia, entre los propios capitalistas. Una parte del precio de la mercanc\u00eda est\u00e1 tomada por el precio del trabajo. La parte no retribuida del precio del trabajo no necesita figurar primer paso que impulsa a dar la concurrencia. El segundo paso impuesto por \u00e9sta consiste en desglosar tambi\u00e9n del precio de venta de la mercanc\u00eda una parte por lo menos de la\u00a0<em>plusval\u00eda anormal,<\/em>\u00a0conseguida mediante la prolongaci\u00f3n de la jornada de trabajo. De este modo, se va formando, primero espor\u00e1dicamente y luego de un modo cada vez m\u00e1s estable, un precio anormalmente bajo de venta de la mercanc\u00eda que, si en un principio era el fruto de los salarios raqu\u00edticos y de las jornadas excesivas, acaba por convertirse en\u00a0<em>base constante<\/em>\u00a0de estos fen\u00f3menos\u201d.\u00a0<em>El capital,<\/em>\u00a0M\u00e9xico, Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, tomo I, p. 460, subrayados m\u00edos. Esto vale para cualquier procedimiento que implique aumentar la masa de trabajo impago y explica las diferentes estructuras de precios que rigen entre pa\u00edses con distinto grado de desarrollo capitalista.<\/li><li>La necesidad de considerar globalmente los movimientos del comercio internacional, puesta en evidencia por algunos autores, es enfatizada por Andre Gunder Frank en su ensayo \u201cDesequil\u00edbrios do com\u00e9rcio multilateral de mercadorias e desenvolvimento econ\u00f4mico regular\u201d; v\u00e9ase su libro\u00a0<em>Acumula\u00e7\u00e3o, depend\u00eancia e subdesenvolvimento,\u00a0<\/em>Iniciativas Editoriais, Lisboa, 1977.<\/li><li><em>El capital,\u00a0<\/em>cit., t. I, p. 506.<\/li><li>\u201cEn el trabajo de los esclavos, hasta la parte de la jornada en que el esclavo no hac\u00eda m\u00e1s que reponer el valor de lo que consum\u00eda para vivir y en que por tanto trabajaba para s\u00ed, se presentaba exteriormente como trabajo realizado para su due\u00f1o. Todo el trabajo del esclavo parec\u00eda trabajo no retribuido.\u201d\u00a0<em>El capital<\/em>, cit., t. I, p. 452.<\/li><li><em>Ib\u00edd.,<\/em>\u00a0t. I, cap. XXII.<\/li><li><em>Ib\u00edd.,<\/em>\u00a0p. 509.<\/li><li><em>Ib\u00edd.,<\/em>\u00a0p. 469-470.<\/li><li><em>Ib\u00edd.,<\/em>\u00a0p. 439.<\/li><li>Sobre esta base, mis \u201ccr\u00edticos\u201d se permiten debitar al lector una engolada digresi\u00f3n sobre el papel del capital constante en la elevaci\u00f3n de la cuota de ganancia, de que trata el Libro III de\u00a0<em>El Capital<\/em>\u00a0en su primera secci\u00f3n, y concluir enf\u00e1ticamente: \u201cAs\u00ed, Marini revel\u00f3 desconocer el papel que puede presentar el progreso t\u00e9cnico en la producci\u00f3n de mercanc\u00edas que integran el\u00a0<em>capital constante<\/em>\u00a0y de all\u00ed en la elevaci\u00f3n de la\u00a0<em>productividad<\/em>\u00a0y la\u00a0<em>cuota de ganancia\u201d.\u00a0<\/em>(p. 39, subrayados m\u00edos). Cualquier lector que conozca mi texto sabe que de lo que trato all\u00ed es del capital variable, de m\u00e9todos de producci\u00f3n de plusval\u00eda que no tienen que ver con el aumento de la productividad y de la cuota de plusval\u00eda.<\/li><li>Sobre el asunto, Marx hace una observaci\u00f3n que debiera hacer reflexionar a los autores de las\u00a0<em>Desventuras. \u201c\u00a1<\/em>Y esta es la gracia de la econom\u00eda apolog\u00e9tica!\u00a0<em>Los antagonismos y las contradicciones inseparables del empleo de la maquinaria no brotan de la maquinaria misma, sino de su empleo capitalista<\/em>,puesto que\u00a0<em>la maquinaria, de por s\u00ed,<\/em>\u00a0acorta el tiempo de trabajo, mientras que, empleada por el capitalista, lo alarga; puesto que de suyo facilita el trabajo, mientras, aplicada al servicio del capitalismo, refuerza m\u00e1s todav\u00eda su intensidad&#8230; etc\u00e9tera, el economista burgu\u00e9s declara lisa y llanamente que\u00a0<em>el examen de la maquinaria como tal<\/em>\u00a0demuestra de un modo preciso que todas aquellas contradicciones palpables son una simple\u00a0<em>apariencia<\/em>\u00a0de la realidad vulgar, porque no existen de por s\u00ed ni\u00a0 por\u00a0 tanto tampoco en\u00a0<em>la teor\u00eda.\u00a0<\/em>En vista de esto, no se molesta en quebrarse la cabeza y, encima, achaca al adversario la necesidad de no combatir\u00a0<em>el empleo capitalista de la maquinaria,\u00a0<\/em>sino\u00a0<em>la maquinaria misma.<\/em>\u00a0<em>El capital,<\/em>\u00a0cit.<em>,<\/em>\u00a0I, p. 366-367<\/li><li><em>Cfr<\/em>. SR, Parte IV, en particular pp. 198-200. Las\u00a0<em>Desventuras<\/em>\u00a0citan ese texto en su versi\u00f3n en ingl\u00e9s: \u201cBrazilian subimperialism\u201d,\u00a0<em>Monthly Review\u00a0<\/em>(N. York), febrero 1972.<\/li><li>Fernando Antonio Rezende da Silva, \u201cA evolu\u00e7\u00e3o das fun\u00e7\u00f5es do governo e a expans\u00e3o do setor p\u00fablico brasileiro\u201d.\u00a0<em>Pesquisa e planejamento.\u00a0<\/em>(Rio), 2, diciembre 1971, pp. 244-247.<\/li><li>Werner Baer, Isaac Kerstenetzky y An\u00edbal V. Villela, \u201cAs modifica\u00e7\u00f5es no papel do Estado na economia brasileira\u201d,\u00a0<em>Pesquisa e Planejamento\u00a0<\/em>(Rio), vol. 3, n. 4, diciembre 1973, pp. 898 y 905.<\/li><li>Como, por ejemplo, los llamados incentivos fiscales y crediticios a las exportaciones, principalmente de manufacturados, as\u00ed como a las inversiones y ampliaciones destinadas a este fin.<\/li><li>Un an\u00e1lisis de la coyuntura 1964-1970 puede encontrarse en SR, Parte III y IV.<\/li><li>Estos datos y los que siguen sobre el papel del Estado en la econom\u00eda brasileira est\u00e1n tomados de Baer y otros, \u201cAs modifica\u00e7\u00f5es no papel do Estado&#8230;\u201d\u00a0<em>Cit.<\/em>, salvo indicaci\u00f3n en contrario.<\/li><li>Acudir\u00e9, aqu\u00ed, a las siguientes fuentes: Stockholm Internacional Peace Research Institute,\u00a0<em>World Armaments and Disarmament,\u00a0<\/em>SIPRI Yearbook 1976; The International Institute for Strategic Studies (IISS),\u00a0<em>The Military Balance 1977-1978<\/em>, Londres; Frefory F. Treverton,<em> Economic Interest and Political Ambition in Latin America\u2019s External Relations: Brazil, M\u00e9xico and Venezuela,\u00a0<\/em>Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, marzo 1977, mimeo, y Albert Fishlow, \u201cAlgumas reflex\u00f5es sobre a pol\u00edtica econ\u00f4mica brasileira ap\u00f3s 1964\u201d, Estudos Cebrap (S. Paulo), n. 7, enero-marzo 1974.<\/li><li>Seg\u00fan el IISS, los efectivos de las Fuerzas Armadas Brasile\u00f1as son, actualmente, los siguientes: Ej\u00e9rcito 180,000 (110,000 conscriptos); Marina, 49,000 (3,000 conscriptos; incluye Fuerza A\u00e9rea Naval, Infantes de Marina y Cuerpo Auxiliar); Fuerza A\u00e9rea, 42,800; total, 271,800. A ello, hay que agregar las fuerzas de seguridad p\u00fablica: 200,000 (incluye polic\u00edas estatales).<\/li><li><em>O Estado de S\u00e3o Paulo,<\/em>\u00a02-3-1978.<\/li><li><em>Cfr.<\/em>, SR,\u00a0<em>loc. Cit.<\/em><\/li><li><em>O Estado de S\u00e3o Paulo,<\/em>\u00a013-4-1977, e IISS.<\/li><li>\u201c&#8230; el comercio exterior fomenta en el interior el desarrollo de la producci\u00f3n capitalista&#8230;.\u201d,\u00a0<em>El Capital,\u00a0<\/em>cit., III, p. 238.<\/li><li>Si tomamos los datos que proporcionan las\u00a0<em>Desventuras<\/em>, en el cuadro 3, el valor de las exportaciones totales se multiplic\u00f3 por cinco, en el per\u00edodo, y el de las exportaciones manufacturas se multiplic\u00f3 por quince.<\/li><li>V\u00e9ase, por ejemplo, el an\u00e1lisis de un equipo de expertos fuera de toda sospecha: Carlos Von Doellinger, Hugo de Castro Faria, y Leonardo Caserta Cavalcanti,\u00a0<em>A pol\u00edtica brasileira de com\u00e9rcio exterior e seus efeitos, 1967-1973,<\/em>\u00a0IPEA\/INPES, Rio de Janeiro, 1974.<\/li><li>Paul Bairoch,\u00a0<em>Commerce ext\u00e9rieur el d\u00e9veloppment \u00e9conomique de l`Europa au XIX e si\u00e8cle,<\/em>\u00a0Mouton, Par\u00eds, 1976, cuadro 25 y 26.<\/li><li><em>Ib\u00edd.<\/em>, cuadro 61.<\/li><li>Von Doellinger y otros,\u00a0<em>op. cit.,\u00a0<\/em>cuadro V. 17.<\/li><li><em>Vis\u00e3o<\/em>, 14-11-1977.<\/li><li>Las\u00a0<em>Desventuras<\/em>\u00a0manejan, para el empleo manufacturero, cifras de 7% y hasta 9%, pero esta divergencia no tiene importancia para lo que se va a exponer aqu\u00ed. Hemos tomado los datos sobre el empleo de la Pesquisa Nacional de Amostra de Domic\u00edlios, cuarto trimestre de 1968 y 1972, IBGE, citados por Claudio Salm, \u201cEvolu\u00e7\u00e3o do mercado de trabalho, 1969-1972\u201d.\u00a0<em>Estudos Cebrap\u00a0<\/em>(S. Paulo), n. 8, abril-junio 1974; siempre que no se indique otra cosa, los datos de la PNAD se extraer\u00e1n de all\u00ed.<\/li><li>La expansi\u00f3n del empleo, seg\u00fan algunos indicadores, se ha frenado a partir de 1976. Desde octubre de ese a\u00f1o, de acuerdo al Ministerio del Trabajo, la reabsorci\u00f3n de la mano de obra ha sido inferior a las dispensas; en diciembre de 1976, el saldo de admisiones-dispensas indica que quedaron desempleados cerca de 23 mil trabajadores; ese saldo negativo subi\u00f3 a 35 mil, en diciembre de 1977. Por otra parte, seg\u00fan el Departamento Intersindical de Estad\u00edstica y Estudios Socio Econ\u00f3micos (DIEESE), de S\u00e3o Paulo, en diciembre de 1977, el 7.5% de la PEA estaba desempleado (es decir, 3.5 millones de trabajadores sobre un total aproximado de 44 millones).<\/li><li>[Esta nota no aparece en la versi\u00f3n digital y tampoco en la versi\u00f3n impresa. N. E.]<\/li><li>DIEESE,\u00a0<em>O Fundo de Garantia e se impacto no mercado de trabalho,\u00a0<\/em>S\u00e3o Paulo, 1978.<\/li><li><em>Cit.,<\/em>\u00a0por Folha de S\u00e3o Paulo, 2-4-1978.<\/li><li><em>El capital, cit.,\u00a0<\/em>I, p. 148-149.<\/li><li><em>Cfr.<\/em>\u00a0Teresa Mattos e Mariana Carvalho, \u201cEfeitos da superexplora\u00e7\u00e3o sobre a classe oper\u00e1ria\u201d,\u00a0<em>Brasil Socialista\u00a0<\/em>(Lausanne), n. 3, julio 1975.<\/li><li>Estas cifras son congruentes con las que se desprenden del Censo Demogr\u00e1fico de 1970: si comparamos el n\u00famero de trabajadores remunerados que percib\u00edan hasta un salario m\u00ednimo y el de los que percib\u00edan entre 1 y 2 salarios m\u00ednimos, tendr\u00edamos los porcentajes de 59,10% y 17,92%, sumando ambas categor\u00edas el 77%, es decir, 12,5 millones de personas sobre un total de 16 millones. La PNAD, a su vez, constata el aumento creciente de los que ganan hasta un salario m\u00ednimo: de los trabajadores que se incorporaron al grupo de asalariados puros, entre 1968-1972, el 41,6% lo hizo en ese tramo y el 25,3% en el que comprende entre 1 y 2 salarios m\u00ednimos, sumando ambos el 70% del total.<\/li><li>Sobre la base del promedio anual real del mayor salario m\u00ednimo, datos proporcionados por la Fundaci\u00f3n Getulio Vargas y el Ministerio del Trabajo, a precios constantes de marzo de 1978; v\u00e9ase\u00a0<em>O Estado de S\u00e3o Paulo<\/em>, 29-4-78. Observamos que los datos posteriores a 1973 se ven expuestos a la inconfiabilidad que expl\u00edcitamente les confiri\u00f3 un documento del Ministerio de Hacienda, Mario Henrique Simonsen, hecho p\u00fablico a fines de 1977, que revelaba que los \u00edndices del costo de la vida fijados por la Fundaci\u00f3n Get\u00falio Vargas, para fines de revisi\u00f3n de salario m\u00ednimo, hab\u00edan sido rebajados ese a\u00f1o, mediante manipulaci\u00f3n fraudulenta.<\/li><li>Mattos y Carvalho,\u00a0<em>cit., Isto \u00c9<\/em>, 29-4-1978.<\/li><li>Tras reproducir una gr\u00e1fica que ilustra la correlaci\u00f3n existente entre los \u00edndices del salario m\u00ednimo y de la mortalidad infantil, Mattos y Carvalho acotan: \u201cEl \u00edndice de mortalidad infantil en Brasil es de 112 defunciones por cada 1000 nacimientos, s\u00f3lo inferior al del Hait\u00ed, en Am\u00e9rica Latina. En el estado de S\u00e3o Paulo, el m\u00e1s rico del pa\u00eds, el \u00edndice de mortalidad infantil lleg\u00f3, en 1970, a 83,64, cuando era en 1960 de 77,17. En la ciudad de S\u00e3o Paulo, la m\u00e1s grande concentraci\u00f3n obrera del pa\u00eds, los n\u00fameros van en franca progresi\u00f3n, en emulaci\u00f3n dram\u00e1tica con el crecimiento de las ganancias de los capitalistas: en 1960, era de 62,94 defunciones por cada 1000 nacidos; en 1970, era de 88,28; en 1973, era de 93,0.\u201d<em>\u00a0Op. cit.,<\/em>\u00a0p. 41.<\/li><li>DIEESE,\u00a0<em>Fam\u00edlia assalariada: padr\u00e3o e custo de vida,\u00a0<\/em>S\u00e3o Paulo, 1974, mimeo.<\/li><li>Mattos y Carvalho,\u00a0<em>op. cit.,<\/em>\u00a0p. 31.<\/li><li><em>Movimento,\u00a0<\/em>30-1-1978.<\/li><li>El problema de trabajo del menor no se restringe a los adolescentes entre 16 y 18 a\u00f1os de edad. De acuerdo a datos divulgados por el IBGE, los trabajadores menores de 14 a\u00f1os en la agricultura han pasado de 2,9 millones a 4,5 millones, entre 1970 y 1975, aumentando en un 54,5% en todo el pa\u00eds. La participaci\u00f3n de los menores de 14 a\u00f1os en el personal empleado en el sector ha evolucionado de un 16.5% a un 21.3%, en el per\u00edodo considerado. Cfr.\u00a0<em>Folha de S\u00e3o Paulo,<\/em>\u00a04-12-1977.<\/li><li>V\u00e9ase\u00a0<em>Movimento,<\/em>\u00a020-3-1978.<\/li><li><em>\u00cddem.,<\/em>\u00a026-6-1978.<\/li><li><em>Ib\u00eddem.<\/em><\/li><li>Observemos que, de acuerdo a los datos del IBGE, la participaci\u00f3n de los salarios en el valor agregado de la industria manufacturera, era, en 1972, en todo el pa\u00eds, de un 16%.<\/li><li><em>Debate Proletario (M\u00e9xico),<\/em>\u00a0n. 1, enero-marzo 1978.<\/li><li>Mattos y Carvalho,\u00a0<em>Cit.,\u00a0<\/em>p. 33.<\/li><li><em>Movimiento,\u00a0<\/em>6-3-1978.<\/li><li>Mattos y Carvalho,\u00a0<em>cit.,<\/em>\u00a0p. 34.<\/li><li><em>Ib\u00edd.<\/em><\/li><li><em>Movimiento,<\/em>\u00a030-1-1978.<\/li><li><em>Debate prolet\u00e1rio, cit.,<\/em>\u00a0p. 34.<\/li><li><em>O Estado de S\u00e3o Paulo,<\/em>\u00a06-4-1978.<\/li><li>Lenin, \u201cRespuesta al se\u00f1or P. Nezhd\u00e1nov\u201d, en\u00a0<em>Sobre el problema de los mercados,\u00a0<\/em>Siglo XXI, M\u00e9xico, p. 249-250.<\/li><li>\u201c\u00bfA qu\u00e9 herencia renunciamos?\u201d, en\u00a0<em>Obras escogidas en doce tomos,\u00a0<\/em>Progreso, Mosc\u00fa, t. I, p. 422.<\/li><li>\u201cRespuesta al se\u00f1or Nezhd\u00e1nov\u201d,\u00a0<em>cit.,<\/em>\u00a0p. 245.<\/li><li><em>Ib\u00edd.,<\/em>\u00a0p. 249.<\/li><li><em>El Capital, cit.,\u00a0<\/em>t. III, p. 254.<\/li><li><em>Ib\u00edd.,\u00a0<\/em>p. 243.<\/li><li><em>Ib\u00edd.,\u00a0<\/em>p. 243.<\/li><li>\u201cNota sobre el estado actual de los estudios sobre dependencia\u201d,\u00a0<em>Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales\u00a0<\/em>(Santiago de Chile), n. 4, 1972; v\u00e9ase mi respuesta en DD, Parte II.<\/li><li><em>El Gallo Ilustrado,\u00a0<\/em>suplemento dominical del diario\u00a0<em>El D\u00eda,\u00a0<\/em>n. 834, 11-6-1978.<\/li><li><em>Ib\u00edd.\u00a0<\/em>Me limito aqu\u00ed a los p\u00e1rrafos pertinentes; la cr\u00edtica del conjunto de los planteamientos de Cardoso en dicha entrevista es harina de otro costal.<\/li><li>Esa tesis se presenta, con la ambig\u00fcedad caracter\u00edstica de Cardoso, en su libro\u00a0<em>Autoritarismo e Demcratiza\u00e7\u00e3o,\u00a0<\/em>Paz e Terra, R\u00edo de Janeiro, 1975. En un documento interno del CEBRAP, sin embargo, Cardoso la hace expl\u00edcita: \u201c&#8230; Como cada uno de los sectores del capital (estatal y multinacional) busca apoyos pol\u00edticos, podr\u00e1 ocurrir la proposici\u00f3n de futuras alianzas entre sindicatos, parte del Ej\u00e9rcito, masa urbana y la burgues\u00eda estatal en contra de las multinacionales \u2013que buscar\u00e1n apoyo en las clases medias y en la burgues\u00eda local en contra del estatismo\u201d.\u00a0<em>Comentarios sobre el proyecto de Reichstul y Coutinho<\/em>, cit. Por Carlos Estavam Martins,\u00a0<em>Capitalismo de Estado e modelo pol\u00edtico no Brasil,\u00a0<\/em>GRAAL, R\u00edo de Janeiro, 1977, p. 330.<\/li><\/ol>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-columns has-2-columns has-desktop-oneTwo-layout has-tablet-equal-layout has-mobile-equal-layout has-default-gap has-vertical-unset\" id=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-columns-78bfedee\"><div class=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-columns-overlay\"><\/div><div class=\"innerblocks-wrap\">\n<div class=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-column\" id=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-column-c83ae97b\"><\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-column\" id=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-column-3c638dde\">\n<div class=\"wp-block-file alignright\"><a id=\"wp-block-file--media-cc7a6274-93e7-4305-95bd-05c5ba5c5506\" href=\"http:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/36-Las-razones-del-neodesarrollismo.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Las-razones-del-neodesarrollismo<\/a><\/div>\n<\/div>\n<\/div><\/div>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(respuesta a F. H. Cardoso y J. Serra) Fuente: Archivo de Ruy Mauro Marini. Publicado en Revista Mexicana de Sociolog\u00eda, n\u00famero especial, Facultad de Ciencias Pol\u00edticas y Sociales, UNAM, M\u00e9xico, 1978. Las desventuras de&#46;&#46;&#46;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":1906,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_themeisle_gutenberg_block_has_review":false,"_ti_tpc_template_sync":false,"_ti_tpc_template_id":"","footnotes":""},"categories":[99],"tags":[45,18,55],"class_list":["post-1321","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-varios","tag-45","tag-articulos","tag-unam"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1321","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1321"}],"version-history":[{"count":6,"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1321\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3804,"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1321\/revisions\/3804"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/1906"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1321"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1321"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1321"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}