{"id":1326,"date":"1979-04-01T19:15:09","date_gmt":"1979-04-01T19:15:09","guid":{"rendered":"http:\/\/localhost:8888\/wordpress\/?p=1326"},"modified":"2022-03-22T18:55:39","modified_gmt":"2022-03-22T18:55:39","slug":"plusvalia-extraordinaria-y-acumulacion-de-capital","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/?p=1326","title":{"rendered":"Plusval\u00eda extraordinaria  y acumulaci\u00f3n de capital"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-style-default\"><img decoding=\"async\" width=\"850\" height=\"478\" src=\"http:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/606bffd185600a304104bff6.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1889\" srcset=\"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/606bffd185600a304104bff6.jpg 850w, https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/606bffd185600a304104bff6-300x169.jpg 300w, https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/606bffd185600a304104bff6-768x432.jpg 768w, https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/606bffd185600a304104bff6-600x337.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 850px) 100vw, 850px\" \/><figcaption>Rusian Beyon Es<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\"><mark style=\"background-color:rgba(0, 0, 0, 0)\" class=\"has-inline-color has-vivid-red-color\">Fuente: <a href=\"http:\/\/www.cuadernospoliticos.unam.mx\/\">Cuadernos Pol\u00edticos<\/a> n. 20, Ediciones Era, M\u00e9xico, abril-junio de 1979, pp. 18-39. Se publica en Internet gracias a Ediciones Era.<\/mark><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-text-color has-background has-vivid-red-background-color has-vivid-red-color\"\/>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote has-text-align-left is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>La especial productividad del trabajo en una esfera especial de la producci\u00f3n o en una empresa concreta dentro de ella s\u00f3lo interesa a los capitalistas de esta empresa o rama de producci\u00f3n, cuando permita a la rama especial de que se trate conseguir una ganancia extraordinaria con respecto al capital en su conjunto o conceda esta misma posibilidad al capitalista individual con respecto a los dem\u00e1s capitalistas de la misma rama de producci\u00f3n.<\/p><p>Marx,&nbsp;<em>El Capital,&nbsp;<\/em>III.<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>A esta confusi\u00f3n \u2014determinaci\u00f3n de los precios por la oferta y la demanda por los precios\u2014 hay que a\u00f1adir que la demanda determina la oferta y \u00e9sta, a su vez, la demanda o, lo que es lo mismo, que la producci\u00f3n determina el mercado, a la par que el mercado determina la producci\u00f3n.<\/p><p>Marx,&nbsp;<em>El Capital,&nbsp;<\/em>III.<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap wp-block-paragraph\">En el curso de esta d\u00e9cada, y en abierto contraste con la pol\u00edtica represiva que, con raras excepciones, adoptaron los Estados en el campo cient\u00edfico y cultural, el marxismo ha tenido una notable difusi\u00f3n en los medios intelectuales y acad\u00e9micos latinoamericanos. Esto ha llevado a que, con mayor o menor grado de ortodoxia, los estudios realizados, desde el punto de vista de diferentes disciplinas, sobre la realidad de nuestros pa\u00edses incorporen en grado creciente el instrumental de an\u00e1lisis marxista. Esta incorporaci\u00f3n es en s\u00ed misma un proceso, que presenta, de manera progresiva, un doble car\u00e1cter: un mejor conocimiento de la obra de Marx y de las corrientes que de ella se han derivado, por un lado, y, por otro, un enriquecimiento de la representaci\u00f3n formal de la realidad latinoamericana, en la medida en que, por obra de su propio desarrollo, las caracter\u00edsticas y tendencias que le son inherentes a \u00e9sta se hacen m\u00e1s acusadas. As\u00ed, en econom\u00eda, tras un rechazo airado a toda preocupaci\u00f3n respecto a los problemas de la circulaci\u00f3n y un sesgo productivista que correspond\u00eda al enfoque parcial con que Marx aborda los problemas en el primer libro de&nbsp;<em>El Capital,&nbsp;<\/em>se asiste ahora a un esfuerzo de los marxistas por aprehender el conjunto del ciclo econ\u00f3mico, con lo que adquiere nuevo inter\u00e9s la dial\u00e9ctica entre producci\u00f3n y circulaci\u00f3n, que constituye el objeto de los dos primeros libros de la obra. Ello conduce a que a\u00fan estudios no marxistas, acostumbrados a enfocar la problem\u00e1tica econ\u00f3mica desde el \u00e1ngulo de la demanda tiendan a introducir tambi\u00e9n en sus trabajos aspectos del instrumental marxista.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entre otros aspectos, destaca el inter\u00e9s que comienzan a despertar en los economistas latinoamericanos los esquemas de reproducci\u00f3n del capital, que Marx expone en la tercera secci\u00f3n del libro II. Esos esquemas cobraron gran actualidad por dos ocasiones en el desarrollo del marxismo, dando lugar a pol\u00e9micas enconadas, que a\u00fan hoy suscitan confusi\u00f3n. En nuestro caso, es decir, en su aplicaci\u00f3n a las econom\u00edas dependientes, su importancia adviene de una raz\u00f3n concreta: el notable desequilibrio intersectorial que se observa en dichas econom\u00edas, expresado en la tendencia al crecimiento desproporcionado de la producci\u00f3n de art\u00edculos suntuarios respecto a la de medios de producci\u00f3n y de bienes de consumo necesario, desequilibrio que se combina con el predominio en la producci\u00f3n suntuaria de capital extranjero y, por ende, de tecnolog\u00eda superior a la media, estructuras monop\u00f3licas y manipulaci\u00f3n de precios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es innegable que los esquemas de Marx proporcionan un instrumento adecuado para abordar el tema. Existe, sin embargo, el riesgo de que, como ocurri\u00f3 en las dos ocasiones mencionadas, sean llevados m\u00e1s all\u00e1 de sus posibilidades y se enfoquen a la soluci\u00f3n de problemas que ellos de por s\u00ed no pueden resolver. Por otra parte, utilizados arbitrariamente, los esquemas pueden favorecer la sobrevaloraci\u00f3n de la circulaci\u00f3n, que caracteriza a la econom\u00eda neocl\u00e1sica (la cual ha inspirado, en sus or\u00edgenes, a la actual ciencia econ\u00f3mica latinoamericana), permiti\u00e9ndole tomar nuevo aliento y sesgar en beneficio propio los an\u00e1lisis basados en ellos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Conviene, pues, verificar qu\u00e9 son realmente los esquemas de reproducci\u00f3n y qu\u00e9 papel cumplen en la construcci\u00f3n te\u00f3rica de Marx, antes de aplicarlos al estudio de nuestra realidad. En este trabajo nos proponemos realizar, aunque someramente, esta tarea y examinar en seguida algunos intentos de utilizaci\u00f3n de dichos sistemas en Am\u00e9rica Latina, que nos han parecido significativos.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"has-text-align-center wp-block-heading\">I<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">1. Al emprender la exposici\u00f3n de los esquemas de reproducci\u00f3n, Marx abandona el punto de vista del capital individual y la f\u00f3rmula del ciclo del capital-dinero y del capital productivo, que adoptara en la secci\u00f3n precedente del libro II, para enfocar el proceso desde el punto de vista del capital total y con arreglo a la f\u00f3rmula del capital-mercanc\u00edas&nbsp;<sup>1<\/sup>. Ello se explica por el hecho de que, ahora, el objeto de la investigaci\u00f3n no es el capital&nbsp;<em>strictu sensu,&nbsp;<\/em>es decir, la masa de mercanc\u00edas que se destinan a la valorizaci\u00f3n (capital constante + capital variable + plusval\u00eda acumulada), de lo que puede dar cuenta tanto la forma D&#8230;D\u2019 como la forma P&#8230;P&#8217;, sino el conjunto del capital social en circulaci\u00f3n, que incluye tambi\u00e9n las mercanc\u00edas destinadas al consumo individual; ello es particularmente importante en lo que se refiere a la circulaci\u00f3n de la plusval\u00eda. En efecto, aunque la forma M&#8230;M\u2019 ofrece la ventaja de considerar a la clase obrera no s\u00f3lo como productora, sino tambi\u00e9n como consumidora, en ello no va impl\u00edcito sino un cambio de forma de<em>&nbsp;v,<\/em>&nbsp;ya comprendido en las formas D y P, mientras que la plusval\u00eda no acumulada que se realiza mediante el consumo individual de los capitalistas, se ve\u00eda excluida en estas formas y s\u00f3lo se contempla cuando se analiza el ciclo con arreglo a M.<meta charset=\"utf-8\"><sup>2<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta primera particularidad que encontramos en los esquemas de reproducci\u00f3n no es de modo alguno fortuita. En su plan de exposici\u00f3n, que contempla primero la reproducci\u00f3n simple, en que toda la plusval\u00eda es consumida, no verific\u00e1ndose pues acumulaci\u00f3n de capital, y luego la reproducci\u00f3n ampliada, en que esto s\u00ed se da, Marx no la pierde de vista. Aunque, como indica, la reproducci\u00f3n simple s\u00f3lo sea una abstracci\u00f3n, y no pueda entenderse jam\u00e1s como fase, ni siquiera como en la &#8220;ficci\u00f3n te\u00f3rica&#8221; de Rosa Luxemburgo<a>&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>3<\/sup><\/a>: &#8220;cuando existe acumulaci\u00f3n, la reproducci\u00f3n simple es siempre parte de ella; puede enfocarse, por tanto, de por s\u00ed y constituye un factor real de la acumulaci\u00f3n&#8221;&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>4<\/sup>. Desde el punto de vista estrictamente econ\u00f3mico es, pues, esta particularidad la que lleva a Marx a establecer los dos grandes sectores de la producci\u00f3n: medios de producci\u00f3n (I) y medios de consumo (II); a distinguir en este \u00faltimo dos subsectores: medios de consumo necesario (IIa), que se destinan al consumo de los trabajadores, y medios de consumo de lujo (IIb), que la clase capitalista compra al gastar su plusval\u00eda como renta y no como capital, es decir, al atender a su consumo individual.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al analizar las proporciones en que, a\u00f1o con a\u00f1o, deben intercambiarse las mercanc\u00edas producidas en ambos sectores, Marx establece determinadas regularidades para asegurar el desarrollo normal del proceso de reproducci\u00f3n, que Bujarin resume como sigue:<\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\"><li>a] en la reproducci\u00f3n simple, la suma de los r\u00e9ditos del sector I debe ser igual al capital constante del sector II o: I (<em>v<\/em>&nbsp;+<em>&nbsp;p<\/em>) = IIc<\/li><li>b] en la reproducci\u00f3n ampliada, todo el nuevo capital variable del sector I y la parte de la plusval\u00eda del mismo que se consume improductivamente deben igualar al nuevo capital constante del sector II o: I (<em>v<\/em>&nbsp;+ \u03b2<em>&nbsp;v&nbsp;<\/em>+ \u03b1<em>&nbsp;p<\/em>) = II (<em>c<\/em>&nbsp;+ \u03b2&nbsp;<em>c<\/em>)<\/li><\/ul>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\"><li>en que \u03b1 expresa la parte de la plusval\u00eda consumida improductivamente y \u03b2 la parte acumulada.<sup>5<\/sup><\/li><\/ul>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El razonamiento que permite arribar a estos resultados se desarrolla sobre la base de tres supuestos principales. El primero de ellos, el de que se trata de una econom\u00eda capitalista pura, se debe, antes que nada, al hecho de que el prop\u00f3sito de los esquemas es analizar las condiciones de reproducci\u00f3n del modo de producci\u00f3n capitalista y no sus conexiones con otros modos de producci\u00f3n; esto, que es coherente con la visi\u00f3n de Marx respecto a la tendencia del modo de producci\u00f3n capitalista a convertirse en modo de producci\u00f3n universal <sup>6<\/sup>, lo lleva, por razones metodol\u00f3gicas, a excluir al comercio exterior: \u00e9l est\u00e1 trabajando no con un pa\u00eds capitalista, sino con el modo de producci\u00f3n capitalista, respecto al cual todo efecto del comercio exterior no puede considerarse sino como neutro <meta charset=\"utf-8\"><sup>7<\/sup>. Ese nivel de abstracci\u00f3n es congruente con la premisa metodol\u00f3gica general de Marx, seg\u00fan la cual:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En una investigaci\u00f3n general de este tipo, se parte siempre del supuesto de que las condiciones reales corresponden a su concepto o, lo que es lo mismo, las condiciones reales s\u00f3lo se exponen en la medida en que corresponden a su propio tipo general y lo expresan. <meta charset=\"utf-8\"><sup>8<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El segundo supuesto, que se deriva del primero, consiste en considerar la existencia tan s\u00f3lo de dos clases: capitalistas y obreros y, en consecuencia, de dos tipos de ingresos: plusval\u00eda y salarios. En efecto, cuando se trata de realizar las mercanc\u00edas que llegan al mercado,<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">s\u00f3lo existen dos puntos de partida [de la masa de dinero circulante]: el capitalista y el obrero. Todas las dem\u00e1s categor\u00edas de personas tienen que obtener el dinero para los servicios que presten de estas dos clases o son, en la medida en que lo perciban sin contraprestaci\u00f3n alguna, coposeedores de plusval\u00eda en forma de renta, de inter\u00e9s, etc\u00e9tera.<meta charset=\"utf-8\"><sup>9<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es cierto que &#8220;el dinero que los obreros invierten en comprar y pagar sus medios de subsistencia existe previamente bajo la forma de dinero del capital variable y, por tanto, es puesto primitivamente en circulaci\u00f3n por el capitalista, como medio de compra o de pago de la fuerza de trabajo&#8221;; por tanto, &#8220;la clase capitalista constituye [&#8230;] el punto de partida \u00fanico de la circulaci\u00f3n monetaria\u201d&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>10<\/sup>. Sin embargo, la distinci\u00f3n de esa circulaci\u00f3n monetaria en dos grandes categor\u00edas es necesaria precisamente porque es as\u00ed como se asegura la reproducci\u00f3n de las dos clases antag\u00f3nicas; los problemas de la distribuci\u00f3n del producto encuentran all\u00ed su forma m\u00e1s simple y decisiva. Por otro lado, por el hecho mismo de que la circulaci\u00f3n de dinero tiene un solo origen: los capitalistas, y que a ellos cabe hacer circular la totalidad de la plusval\u00eda, los problemas de la acumulaci\u00f3n empiezan precisamente en la forma como \u00e9sta se distribuye entre inversi\u00f3n y consumo, es decir, por la tasa de acumulaci\u00f3n. De all\u00ed la importancia de la subdivisi\u00f3n del sector II en los subsectores a y b, tema al que volveremos m\u00e1s adelante.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Como tercer supuesto, Marx establece una escala de reproducci\u00f3n sobre la base de la misma productividad, la misma duraci\u00f3n y la misma intensidad del trabajo. En consecuencia, no var\u00eda ni la composici\u00f3n org\u00e1nica del capital, ni el grado de explotaci\u00f3n, ni la relaci\u00f3n b\u00e1sica de distribuci\u00f3n. Por haberse constituido en el supuesto un\u00e1nimemente cuestionado, en las pol\u00e9micas a que dieron lugar los esquemas de Marx, lo examinaremos m\u00e1s detenidamente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El punto com\u00fan a todos los que intervinieron en la discusi\u00f3n suscitada por los esquemas de reproducci\u00f3n fue el problema de su aplicaci\u00f3n al estudio del movimiento real del sistema capitalista. Tal como se situ\u00f3 el debate inicialmente, \u00e9ste retom\u00f3 la cuesti\u00f3n central que planteara ya la econom\u00eda cl\u00e1sica respecto al &#8220;futuro del capitalismo&#8221;<a>&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>11<\/sup><\/a>. Pero, mientras en la econom\u00eda cl\u00e1sica esa cuesti\u00f3n se enmarc\u00f3 en una dicotom\u00eda, a partir de una imposibilidad cong\u00e9nita del capitalismo para realizarse como modo de producci\u00f3n hist\u00f3rico o de un l\u00edmite a su desarrollo que no pon\u00eda en cuesti\u00f3n su vigencia en tanto que modo de producci\u00f3n&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>12<\/sup>, en el marxismo, y con la sola excepci\u00f3n de Lenin, la discusi\u00f3n tom\u00f3 otro cariz. As\u00ed, en su enfrentamiento con los populistas rusos, tanto Bulg\u00e1kov como Tugan Baranovsky se apoyaron en los esquemas para sostener la posibilidad del desarrollo del capitalismo sin ning\u00fan tipo de limitaci\u00f3n, lo que, con matices, reapareci\u00f3 en la argumentaci\u00f3n posteriormente desarrollada por Kautsky, Hilferding y Otto Bauer; el problema de la superaci\u00f3n del capitalismo, por la v\u00eda que fuera, quedaba as\u00ed librado a la acci\u00f3n de la lucha de clases, la cual, aunque tomara pie en las contradicciones inherentes al modo de producci\u00f3n capitalista, tendr\u00eda que responder sola de su liquidaci\u00f3n o de su permanencia&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>13<\/sup>. Por el contrario, Rosa Luxemburgo, aunque deslindando campos con los populistas rusos, as\u00ed como con el propio Sismondi, acab\u00f3 por reunirse con ellos al fin del camino al plantear que, aunque determinada por una contradicci\u00f3n interna fundamental, la suerte del sistema se encontraba sellada por su imposibilidad de realizarse hist\u00f3ricamente como sistema universal, como supon\u00edan los esquemas; esto, que negaba los dos primeros supuestos de Marx, era establecido precisamente por el rechazo al tercer supuesto.<meta charset=\"utf-8\"><sup>14<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ahora bien, por importante que sea la contribuci\u00f3n que el debate sobre los esquemas de reproducci\u00f3n hizo a la profundizaci\u00f3n de la teor\u00eda marxista, es evidente que dicho debate adolece, en su ra\u00edz, de un vicio b\u00e1sico, que, en la pol\u00e9mica rusa, Lenin hab\u00eda ya puesto en evidencia: la confusi\u00f3n entre lo&nbsp;<em>l\u00f3gico&nbsp;<\/em>y lo&nbsp;<em>hist\u00f3rico,&nbsp;<\/em>entre lo abstracto y lo concreto.<meta charset=\"utf-8\"><sup>15<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Escrib\u00eda Lenin:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La cuesti\u00f3n de la realizaci\u00f3n es un problema abstracto, vinculado con la teor\u00eda del capitalismo en general. Que tomemos un solo pa\u00eds o el mundo entero, las leyes fundamentales de la realizaci\u00f3n descubiertas por Marx son siempre las mismas. El problema del comercio exterior o del mercado exterior es un problema hist\u00f3rico, un problema de las condiciones concretas del desarrollo del capitalismo en tal o cual pa\u00eds, en tal o cual \u00e9poca.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[&#8230;] De esta teor\u00eda [de la realizaci\u00f3n] se deduce que,&nbsp;<em>aun&nbsp;<\/em>cuando la reproducci\u00f3n y la circulaci\u00f3n del conjunto del capital fuesen uniformes y proporcionales, no podr\u00e1 evitarse la contradicci\u00f3n entre el aumento de la producci\u00f3n y los l\u00edmites restringidos del consumo.&nbsp;<em>Adem\u00e1s,&nbsp;<\/em>el proceso de realizaci\u00f3n no se desenvuelve en la realidad seg\u00fan la proporci\u00f3n idealmente uniforme, sino s\u00f3lo a trav\u00e9s de dificultades, de &#8220;fluctuaciones&#8221;, de &#8220;crisis&#8221;, etc\u00e9tera.<meta charset=\"utf-8\"><sup>16<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Este pasaje aclara suficientemente muchas de las aparentes contradicciones que Rosdolsky cree identificar en los textos de Lenin respecto al problema&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>17<\/sup>. Queda, sin embargo, la duda, planteada por Rosdolsky, de si los esquemas de reproducci\u00f3n, m\u00e1s que una teor\u00eda, lo que es indiscutible, representa lateor\u00eda de la realizaci\u00f3n de Marx. Si esto fuera as\u00ed, la posici\u00f3n que tirios y troyanos establecieron entre ellos y los planteamientos sobre los problemas de la realizaci\u00f3n que Marx presenta en el libro III (en particular, en la tercera secci\u00f3n), as\u00ed como en su&nbsp;<em>Teor\u00edas de la plusval\u00eda,&nbsp;<\/em>tendr\u00edan evidentemente raz\u00f3n de ser. Pero la existencia misma del tercer supuesto de los esquemas y la importancia que Marx atribuye tanto al grado de explotaci\u00f3n como al progreso t\u00e9cnico, en el libro I como en el III (al punto de identificar al propio capitalismo como un medio hist\u00f3rico para el desarrollo de la productividad)&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>18<\/sup>, as\u00ed como a la distribuci\u00f3n del producto social, etc\u00e9tera, indican que no puede tratarse de una contradicci\u00f3n accidental ni de una nueva &#8220;ruptura epistemol\u00f3gica&#8221;, como si el Marx del \u00faltimo borrador del libro II estuviera renegando de toda su construcci\u00f3n te\u00f3rica&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>19<\/sup>. Por otra parte, la existencia del tercer supuesto no puede atribuirse a una mera operaci\u00f3n de simplificaci\u00f3n, por la importancia misma que \u00e9l reviste en la elaboraci\u00f3n de los esquemas, as\u00ed como por el hecho de que no hay dificultad de c\u00e1lculo que no pueda resolverse en esquemas de esa naturaleza mediante artificios adecuados; sin embargo, por sofisticados que \u00e9stos se volvieran entonces y por mucho que quisieran probar, no pasar\u00edan de ser meros modelos de simulaci\u00f3n, que no prueban, por esto mismo, absolutamente nada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed, para no cometer el error de confundir los esquemas con una representaci\u00f3n formal de la realidad, como se hizo en el curso del debate mencionado, es necesario considerarlos al nivel de abstracci\u00f3n en que Marx los formul\u00f3, para preguntarse entonces la raz\u00f3n de la introducci\u00f3n del tercer supuesto (los otros dos se sostienen por s\u00ed mismos, como ya se indic\u00f3).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">2. El punto de partida para la ubicaci\u00f3n correcta de los esquemas de reproducci\u00f3n en la construcci\u00f3n te\u00f3rica de Marx lo da Rosdolsky, al se\u00f1alar que el objetivo de dichos esquemas es analizar y resolver la contradicci\u00f3n existente en el proceso de reproducci\u00f3n del capital entre el valor de uso y el valor:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para reproducir su capital \u2014escribe Rosdolsky\u2014 la &#8220;sociedad&#8221;, vale decir el &#8220;capitalista total&#8221; debe disponer no s\u00f3lo de un fondo de valores sino tambi\u00e9n encontrar esos valores en una forma de uso determinada \u2014en la forma de m\u00e1quinas, de materias primas, de medios de vida\u2014 y todo ello en las proporciones determinadas por las exigencias t\u00e9cnicas de la producci\u00f3n. La formaci\u00f3n del valor y del plusvalor ya se halla vinculada aqu\u00ed, pues, por motivos t\u00e9cnicos, al &#8220;metabolismo social&#8221;, aun cuando hagamos abstracci\u00f3n de la necesidad de vender las mercanc\u00edas producidas, de hallar compradores para ellas.<meta charset=\"utf-8\"><sup>20<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tr\u00e1tase de un problema que no se hab\u00eda presentado a Quesnay, al realizar \u00e9ste el an\u00e1lisis de la reproducci\u00f3n en su conjunto, por el hecho mismo de que, en la agricultura, el proceso econ\u00f3mico de reproducci\u00f3n, es decir, la reproducci\u00f3n del valor &#8220;se entrelaza siempre [&#8230;] con un proceso natural de reproducci\u00f3n&#8221;&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>21<\/sup>, pero que se planteara a partir de Adam Smith, por el error b\u00e1sico que, bajo su influencia, cometi\u00f3 a econom\u00eda cl\u00e1sica: confundir el valor del producto con el producto de valor&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>22<\/sup>. Por esta raz\u00f3n, Marx se preocupa, desde el principio, con el hecho de que &#8220;el ciclo de los capitales individuales, englobados en el capital social, es decir, considerados en su totalidad, abarca [&#8230;] no s\u00f3lo la circulaci\u00f3n del capital, sino tambi\u00e9n la circulaci\u00f3n general de las mercanc\u00edas&#8221;, estableciendo:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta [la circulaci\u00f3n de mercanc\u00edas], primitivamente, s\u00f3lo puede hallarse formada por dos elementos: 1\u00ba el propio ciclo del capital, y 2\u00ba el ciclo de las mercanc\u00edas absorbidas por el consumo individual; es decir, de las mercanc\u00edas en que el obrero invierte su salario y el capitalista su plusval\u00eda (o una parte de ella).<meta charset=\"utf-8\"><sup>23<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En otras palabras, habr\u00e1 que contemplar &#8220;la circulaci\u00f3n de aqu\u00e9llas mercanc\u00edas que no constituyen capital&#8221;, aunque s\u00ed integren el ciclo del capital social en su conjunto.<meta charset=\"utf-8\"><sup>24<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esa contradicci\u00f3n aparente entre ambos movimientos de circulaci\u00f3n explica por qu\u00e9 Marx, antes de pasar a su exposici\u00f3n propiamente dicha, se detiene a analizar el error de Smith, respecto a su apreciaci\u00f3n sobre el capital constante (&#8220;capital fijo&#8221;, para Smith), que constituir\u00eda un valor-capital que no da lugar a rentas. Indica Marx que Smith se acerca la resoluci\u00f3n correcta del problema que plantea:<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image is-style-default\"><figure class=\"alignleft size-full is-resized\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/6167DsxZ1dL._AC_SY679_.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1893\" width=\"334\" height=\"500\" srcset=\"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/6167DsxZ1dL._AC_SY679_.jpg 454w, https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/6167DsxZ1dL._AC_SY679_-201x300.jpg 201w\" sizes=\"(max-width: 334px) 100vw, 334px\" \/><figcaption>Rusian Beyon Es<\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">puesto que ya hab\u00eda observado que determinadas partes de valor de&nbsp;<em>una&nbsp;<\/em>categor\u00eda de capitales-mercanc\u00edas (la de los medios de producci\u00f3n) que forman el producto total anual de la sociedad, aun constituyendo renta para los obreros y capitalistas individuales dedicados a su producci\u00f3n, no forman, sin embargo, parte integrante de la renta de la sociedad, mientras que una parte de valor de la otra categor\u00eda (la de los medios de consumo) constituye valor-capital para quienes se los apropian individualmente, para los capitalistas que act\u00faan en esta esfera de inversi\u00f3n, pero solamente una parte de la renta social.<meta charset=\"utf-8\"><sup>25<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El problema, por tanto, que tratar\u00e1 de resolver Marx es: &#8220;\u00bfc\u00f3mo se repone a base del producto anual el valor del&nbsp;<em>capital&nbsp;<\/em>absorbido por la producci\u00f3n y c\u00f3mo se entrelaza el movimiento de esa reposici\u00f3n con el consumo de la plusval\u00eda por los capitalistas y del salario por los obreros?&#8221;<a>&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>26<\/sup><\/a>. Su soluci\u00f3n pasa por la consideraci\u00f3n del valor bajo su&nbsp;<em>forma natural&nbsp;<\/em>de medios de producci\u00f3n y de medios de consumo (en consecuencia, la divisi\u00f3n del aparato productivo en sus dos grandes sectores, I y II), es decir, por la consideraci\u00f3n del valor en \u00edntima conexi\u00f3n con el valor de uso&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>27<\/sup>. Se retoma, aqu\u00ed, la problem\u00e1tica planteada ya en el cap\u00edtulo I del libro I y que se deriva del &#8220;doble car\u00e1cter del trabajo mismo: el trabajo que, en cuanto inversi\u00f3n de la fuerza de trabajo, crea valor y el que, como trabajo concreto, \u00fatil, crea objetos \u00fatiles (valor de uso)&#8221;.<meta charset=\"utf-8\"><sup>28<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ello tiene una primera consecuencia, que es se\u00f1alada por Rosdolsky: en el proceso de reproducci\u00f3n, &#8220;cada uno de ambos sectores debe velar especialmente por la sustituci\u00f3n del valor de sus elementos de producci\u00f3n: pero s\u00f3lo puede hacerlo si toma una parte de esos elementos de producci\u00f3n del otro sector, en una forma materialmente apropiada. Pero, por otra parte, cada sector s\u00f3lo puede lograr la posesi\u00f3n de los valores de uso que necesita si los obtiene de otro mediante el intercambio de equivalentes de valor&#8221;. Y subraya, Rosdolsky:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta dependencia rec\u00edproca de &#8220;sustituci\u00f3n de valor&#8221; y &#8220;sustituci\u00f3n de materias&#8221; sociales se expresa claramente en los esquemas de reproducci\u00f3n; pero dichos esquemas s\u00f3lo pueden exhibir esa dependencia separando estrictamente entre s\u00ed a ambos sectores y limitando severamente sus relaciones mutuas, en forma exclusiva, al intercambio de equivalentes de mercanc\u00edas.<meta charset=\"utf-8\"><sup>29<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En este plano de an\u00e1lisis, es v\u00e1lido el supuesto de Rosa Luxemburgo en el sentido de que la plusval\u00eda se acumula, de acuerdo a la tasa establecida, en el mismo sector donde se produjo, no justific\u00e1ndose la cr\u00edtica que, en este sentido, le hace Napoleoni&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>30<\/sup>. Por otra parte, bajo el supuesto de una tasa de acumulaci\u00f3n constante, habr\u00e1 que mantener tambi\u00e9n constante el grado de explotaci\u00f3n, es decir, descartar cualquier variaci\u00f3n en la magnitud intensiva o extensiva del trabajo que altere las proporciones de distribuci\u00f3n b\u00e1sica entre plusval\u00eda y salario, una vez que un procedimiento distinto provocar\u00eda inmediatamente un desequilibrio entre la cuota de plusval\u00eda y la tasa de acumulaci\u00f3n y, por ende, entre sus masas; este es un punto que conviene retener, ya que nos ser\u00e1 \u00fatil m\u00e1s adelante.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La segunda consecuencia de la identidad existente, en este plano, entre valor y valor de uso es a\u00fan m\u00e1s decisiva y, en cierta medida, de f\u00e1cil comprensi\u00f3n; sin embargo, ha sido el caballo de batalla por excelencia de los debates motivados por los esquemas. Se trata de la tasa de productividad constante. En efecto, el alimento de la productividad del trabajo act\u00faa sobre la relaci\u00f3n entre el valor y el valor de uso de las mercanc\u00edas de manera contradictoria, una vez que&nbsp;<em>reduce el primero mientras mantiene invariable el segundo<\/em>; esto vale tambi\u00e9n para la intensidad del trabajo, siempre que su elevaci\u00f3n sea general y uniforme. Marx expone esa contradicci\u00f3n en la siguiente ley: &#8220;Una jornada de trabajo de magnitud dada se traduce siempre en el mismo producto de valor, por mucho que var\u00ede la productividad del trabajo y con ella la masa de productos [&#8230;]&#8221;&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>31<\/sup>, la cual se complementa con el hecho de que &#8220;si la intensidad del trabajo aumentase simult\u00e1neamente y por igual en todas las ramas industriales, el nuevo grado, m\u00e1s alto, de intensidad se convertir\u00eda en el grado social medio o normal y dejar\u00eda, por tanto, de contar como magnitud extensiva&#8221;.<meta charset=\"utf-8\"><sup>32<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta similitud aparente entre la productividad y la intensidad del trabajo, en cuanto a su efecto sobre el valor y el valor de uso de las mercanc\u00edas, encubre diferencias que conviene poner en evidencia. As\u00ed, en t\u00e9rminos generales, es decir, para el producto social en su conjunto, la ley de la productividad vale para las ramas de producci\u00f3n pero no para los capitales individuales; en efecto, al elevar su productividad por encima del nivel normal que establece el tiempo de trabajo socialmente necesario&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>33<\/sup>, o sea, por encima de aqu\u00e9l que determina el valor social de la mercanc\u00eda, el capitalista individual logra que la misma jornada arroje un mayor producto de valor, precisamente porque, pese a que ha bajado en t\u00e9rminos reales el valor individual de la mercanc\u00eda, \u00e9sta sigue ostentando el mismo valor social pero se produce, ahora, en mayor cantidad; en definitiva, dado que el valor es una relaci\u00f3n social, es el valor social el que cuenta y afirmar que el capitalista individual ha reducido el valor unitario de su mercanc\u00eda no es sino una manera de decir que se han reducido sus costos de producci\u00f3n, respecto a los dem\u00e1s capitalistas de la rama. Es mediante ese mecanismo como el capital individual obtiene una plusval\u00eda extraordinaria, la cual se convierte, en la competencia intercapitalista, en el factor por excelencia de introducci\u00f3n de progreso t\u00e9cnico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero esto no es todo, en lo que se refiere a la ley de la productividad. En la medida en que \u00e9sta permite al capitalista individual reducir costos, y siendo el capital variable un elemento integrante de \u00e9stos, el aumento de productividad implica la reducci\u00f3n de la participaci\u00f3n de los salarios en la masa de valor creada; aunque permanezca invariable el precio de la fuerza de trabajo (o sea, la relaci\u00f3n entre su valor y el n\u00famero de horas trabajadas, sobre la base de una intensidad dada) y el salario tampoco se modifique, en t\u00e9rminos nominales o reales, s\u00ed se eleva el grado de explotaci\u00f3n (la relaci\u00f3n entre trabajo necesario y trabajo excedente) y la cuota de plusval\u00eda (esa relaci\u00f3n expresada en valor). La plusval\u00eda extraordinaria no es, pues, un mecanismo de transferencia que act\u00faa s\u00f3lo en la competencia intercapitalista, sino que es tambi\u00e9n un factor que incide en la relaci\u00f3n de distribuci\u00f3n entre plusval\u00eda y salario, desde el punto de vista del capitalista individual.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para que el efecto sea similar en toda la rama, es necesario que la productividad del trabajo se eleve en toda ella, y se estabilice a un nivel superior. Esto implica, inmediatamente, la supresi\u00f3n de la plusval\u00eda extraordinaria, en tanto que mecanismo de transferencia entre capitalistas, o sea, mecanismo de transferencia de plusval\u00eda&nbsp;<em>en el seno de la rama<\/em>. Sin embargo, para la&nbsp;<em>econom\u00eda en su conjunto,&nbsp;<\/em>el efecto s\u00f3lo se generaliza si esa rama produce, directa o indirectamente, medios de subsistencia para los trabajadores y determina, pues, el valor de la fuerza de trabajo&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>34<\/sup>; en otros t\u00e9rminos, esto s\u00f3lo ocurre si se trata de una rama del subsector IIa o de una rama del sector I que produzca para \u00e9ste, y s\u00f3lo entonces cabe hablar de plusval\u00eda relativa&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>35<\/sup>. Si esto no es as\u00ed, la elevaci\u00f3n de la productividad en la rama, aunque anule la plusval\u00eda extraordinaria obtenida por el capitalista individual, seguir\u00e1 traduci\u00e9ndose en un nivel de productividad superior al resto de la econom\u00eda; en otros t\u00e9rminos, como el valor de la fuerza de trabajo permaneci\u00f3 inalterado, y, en principio, su precio, la mayor productividad del trabajo se traducir\u00e1 en un grado de explotaci\u00f3n superior y una cuota de plusval\u00eda tambi\u00e9n superior en la rama en cuesti\u00f3n, lo que puede afectar tanto la distribuci\u00f3n b\u00e1sica (salario-plusval\u00eda) en la rama, como la distribuci\u00f3n de plusval\u00eda en el conjunto de la econom\u00eda. Dicho de otra manera, si el aumento de productividad queda circunscrito al subsector IIb o a las ramas del sector I que produzcan s\u00f3lo para \u00e9ste, la plusval\u00eda extraordinaria deja de ser un factor de transferencia y de mayor explotaci\u00f3n del trabajo que opera a nivel de capitalistas individuales, para situarse a&nbsp;<em>nivel de las transferencias de valor intersectoriales&nbsp;<\/em>y&nbsp;<em>de&nbsp;<\/em>las&nbsp;<em>relaciones de distribuci\u00f3n en el conjunto de la econom\u00eda<\/em>. Como veremos, esto s\u00f3lo es verdadero si consideramos el problema a la luz de la teor\u00eda de la plusval\u00eda, es decir, si tomamos a la producci\u00f3n capitalista en tanto que proceso inmediato de producci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El aumento de la intensidad configura una situaci\u00f3n distinta. En lo que respecta al capitalista individual no modifica ni el valor ni el valor de uso de las mercanc\u00edas; en consecuencia, se expresa en la producci\u00f3n de una masa mayor de mercanc\u00edas cuyo valor unitario no se modifica, lo que se traduce en una masa de valor y, por ende, de plusval\u00eda. No hay, sin embargo, raz\u00f3n para que se altere la cuota de plusval\u00eda, una vez que la mayor intensidad del trabajo acarrea tambi\u00e9n la elevaci\u00f3n del valor de la fuerza del trabajo&nbsp;<strong><meta charset=\"utf-8\"><\/strong><sup>36<\/sup>, con lo que debe subir tanto su precio como el salario. As\u00ed, para que se eleve la cuota de plusval\u00eda, o por lo menos para que se eleve en grado m\u00e1s que proporcional al aumento de la intensidad del trabajo, ser\u00e1 necesario que \u2014independientemente de que aumente el precio y el salario de la fuerza de trabajo\u2014 \u00e9sta se remunere por debajo de su valor, es decir, sea objeto de una superexplotaci\u00f3n&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>37<\/sup>. En estas condiciones, lo mismo que si la jornada de trabajo se prolongara en una rama dada m\u00e1s all\u00e1 de su duraci\u00f3n normal en las dem\u00e1s, la elevaci\u00f3n de la intensidad&nbsp;<em>en una rama cualquiera&nbsp;<\/em>arrojar\u00e1 en ella una plusval\u00eda extraordinaria respecto al resto de la econom\u00eda (como vimos, ello s\u00f3lo no se da si la intensidad aumenta de manera pareja en toda \u00e9sta). La particularidad de la intensidad del trabajo reside, pues, en la posibilidad que \u00e9sta encierra de engendrar plusval\u00eda extraordinaria&nbsp;<em>en todas las ramas de la econom\u00eda,&nbsp;<\/em>ya se trate de los dos subsectores del sector II, ya se trate del sector I&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>38<\/sup>. Lo mismo que para la productividad, esto es v\u00e1lido si nos atenemos exclusivamente a la teor\u00eda de la plusval\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed, sin ir m\u00e1s all\u00e1 de la teor\u00eda de la plusval\u00eda, se entiende por qu\u00e9, al buscar establecer las proporciones en que se intercambian las mercanc\u00edas, tomadas como unidad de valor y de valor de uso, Marx deb\u00eda desechar necesariamente los cambios en la productividad o en la magnitud intensiva del trabajo, as\u00ed como, en general, en el grado de explotaci\u00f3n. Los esquemas de reproducci\u00f3n del libro II resuelven el problema que planteara Marx, es decir, el de saber&nbsp;<em>c\u00f3mo se articula la reproducci\u00f3n del capital con el consumo individual de los agentes de la producci\u00f3n, en el marco de la circulaci\u00f3n general de mercanc\u00edas, pero a condici\u00f3n de tomar a \u00e9stas como unidad de valor y valor de uso,&nbsp;<\/em>o sea sin recurrir a aquellos factores que, al exacerbar en el proceso inmediato de producci\u00f3n la contradicci\u00f3n latente entre ambos, cortar\u00eda de ra\u00edz la posibilidad de abstraer su movimiento en el proceso de reproducci\u00f3n. Es evidente que ello est\u00e1 se\u00f1alando el papel espec\u00edfico \u2014y por esto mismo limitado\u2014 que cumplen los esquemas en la construcci\u00f3n te\u00f3rica de Marx, cuyo hilo conductor es precisamente la transformaci\u00f3n de la capacidad productiva del trabajo, la cual, en el r\u00e9gimen capitalista de producci\u00f3n, se expresa en la contradicci\u00f3n entre la valorizaci\u00f3n del capital y su desvalorizaci\u00f3n, cuya primera manifestaci\u00f3n se da a nivel de la mercanc\u00eda, por fuerza del efecto contradictorio que sobre ella ejerce la capacidad productiva del trabajo, y sienta la base para las grandes leyes que rigen el sistema, en particular la ley general de la acumulaci\u00f3n capitalista y la de la ca\u00edda tendencial de la cuota de ganancia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero, por la misma raz\u00f3n, el uso de los esquemas de reproducci\u00f3n para el an\u00e1lisis de la realidad concreta del capitalismo no puede llevarse a cabo sin que se modifiquen los tres supuestos en que Marx los fund\u00f3, en especial el de la productividad constante. Hay sobrados motivos para suponer que, de haber concluido su investigaci\u00f3n, el mismo Marx lo hubiera hecho, al avanzar hacia la teor\u00eda del mercado mundial y, en consecuencia, del imperialismo&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>39<\/sup>, del Estado y de las crisis. Por esto, la cr\u00edtica que se puede hacer a los que han intentado utilizar los esquemas para el an\u00e1lisis concreto no es precisamente la de haber desechado los supuestos adoptados por Marx en la tercera secci\u00f3n del libro II<strong>,&nbsp;<\/strong>sino m\u00e1s bien, al no establecer con precisi\u00f3n el plano de an\u00e1lisis en que se mov\u00edan, la de haber confundido a la nube con Juno. Ello ha conducido a una serie de equ\u00edvocos, que no s\u00f3lo restaron a los esquemas la posibilidad de modificarse lo suficiente como para dar cuenta del movimiento real del capital (como ocurre cuando, por ejemplo, Rosa Luxemburgo mantiene el supuesto de que la plusval\u00eda se acumula en el mismo sector en que se gener\u00f3, lo que s\u00f3lo es v\u00e1lido en el plano de abstracci\u00f3n en que Marx sit\u00faa su an\u00e1lisis), sino que llevaron a que se tratara de contraponerlos a otros elementos de la obra de Marx, sin que se percibiera que los esquemas no eran sino uno de los elementos que \u00e9ste utiliz\u00f3 en su construcci\u00f3n te\u00f3rica global.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">3. El examen de la reproducci\u00f3n del capital a la luz de la teor\u00eda de la plusval\u00eda nos ha permitido llegar a algunas conclusiones que podemos retomar aqu\u00ed desde otro \u00e1ngulo. La principal es la de que, desde el momento en que hacemos intervenir cambios en la productividad y la intensidad del trabajo, se modifica la cuota de plusval\u00eda, modificaci\u00f3n que opera diferentemente seg\u00fan se trate del capital individual o de las ramas de producci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el primer caso, el del capital individual, ambos m\u00e9todos de producci\u00f3n de plusval\u00eda se traducen en plusval\u00eda extraordinaria e implican, por ende, cambio en la relaci\u00f3n b\u00e1sica de distribuci\u00f3n; sin embargo, ese cambio en la distribuci\u00f3n del producto excedente entre salario y plusval\u00eda (o, lo que es lo mismo, en el grado de explotaci\u00f3n) se lleva a cabo, en el caso de la productividad, sin que necesariamente se superexplote la fuerza de trabajo, mientras que, si se trata del aumento de la intensidad, la superexplotaci\u00f3n tiende a producirse, dado que dicho aumento hace subir tambi\u00e9n el valor de la fuerza de trabajo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el segundo caso, el de las ramas de producci\u00f3n, constatamos que el aumento de la cuota de plusval\u00eda s\u00f3lo se expresa en plusval\u00eda extraordinaria si dichas ramas pertenecen al subsector IIb (as\u00ed como a las ramas del sector I que producen exclusivamente para \u00e9ste), si dicho aumento se deriva de una mayor productividad; mientras que, si el aumento de la cuota de plusval\u00eda se debe a la intensificaci\u00f3n del trabajo, la posibilidad de plusval\u00eda extraordinaria existe para cualquier rama en cualquier sector. A su vez, la relaci\u00f3n b\u00e1sica de distribuci\u00f3n (y, por tanto, el grado de explotaci\u00f3n) se modifica en toda la econom\u00eda, si, en ambos casos (productividad e intensidad) las ramas afectadas corresponden al sector I y al subsector IIa (generalizaci\u00f3n del cambio en la cuota de plusval\u00eda o, en otros t\u00e9rminos, paso de la plusval\u00eda extraordinaria a la plusval\u00eda relativa) o se modifica tan s\u00f3lo en la rama en cuesti\u00f3n, si \u00e9sta pertenece al subsector IIb, dejando invariable la relaci\u00f3n b\u00e1sica de distribuci\u00f3n en el conjunto de la econom\u00eda, aunque pudiendo alterar all\u00ed la distribuci\u00f3n de la plusval\u00eda (fijaci\u00f3n de la plusval\u00eda extraordinaria).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ahora bien,&nbsp;<em>la plusval\u00eda extraordinaria&nbsp;<\/em>no&nbsp;<em>es sino un supuesto para la apropiaci\u00f3n de ganancia extraordinaria<\/em>.El que esa apropiaci\u00f3n se realice o no depende de la concurrencia. Ello se debe a que la variaci\u00f3n de la cuota de plusval\u00eda en funci\u00f3n de cambios en la producci\u00f3n hace variar en el mismo sentido la masa de valores de uso producida, pero su expresi\u00f3n en el valor social queda sujeta a la validaci\u00f3n que sobre dicha masa opera la demanda (necesidades sociales solventes)&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>40<\/sup>. As\u00ed, seg\u00fan se sit\u00fae la demanda respecto a la oferta, la magnitud de valor se establecer\u00e1 al nivel, por encima o por debajo de las condiciones medias de producci\u00f3n&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>41<\/sup>, aunque, en todos los casos, se est\u00e9 realizando la masa de valores de uso producida. El mercado opera as\u00ed en el sentido de corregir o amplificar la desviaci\u00f3n entre valor y valor de uso impl\u00edcita en el desarrollo de la producci\u00f3n mercantil.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Establezcamos algunas premisas esenciales. La demanda se encuentra estructurada directamente por las relaciones de distribuci\u00f3n&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>42<\/sup>, las cuales, aunque determinadas por la producci\u00f3n, como vimos, repercuten sobre \u00e9sta, desde el momento en que se trastocan en determinaciones de la demanda, con lo que sobredeterminan la producci\u00f3n del valor y de plusval\u00eda. En su nivel b\u00e1sico, la demanda depende de c\u00f3mo el producto excedente se distribuye entre plusval\u00eda y salarios; en su nivel derivado, la demanda gira en torno a la manera como se distribuye la plusval\u00eda, as\u00ed como al modo como \u00e9sta se resuelve en acumulaci\u00f3n y consumo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Verifiquemos ahora c\u00f3mo los cambios en la producci\u00f3n afectan las relaciones intersectoriales a nivel del mercado, partiendo de una situaci\u00f3n de equilibrio. El aumento de la plusval\u00eda en el sector I (por cambios en la productividad y\/o intensidad) implica que aumenta la masa de valores de uso producida. Si, al comparecer las mercanc\u00edas en el mercado, no se modifica su valor, la masa de valores de uso acrecentada se expresa en una masa proporcionalmente superior de valor. Realizado el intercambio intersectorial, esto se traduce en la ampliaci\u00f3n de la escala de acumulaci\u00f3n y el consiguiente incremento del valor del capital constante en IIa y IIb, as\u00ed como del capital variable (aunque no necesariamente en la misma proporci\u00f3n), y, por consiguiente, en el aumento de valor de la masa de mercanc\u00edas que \u00e9stos lanzan al mercado. Por tanto, el mercado para el sector II tiene que expandirse, so riesgo de que la masa de valor realizada sea inferior a la producida (ya sea porque parte de las mercanc\u00edas no se vende, ya sea porque bajan de precio); si esto ocurriera, la masa mayor de plusval\u00eda creada en los dos subsectores se traducir\u00eda en una masa menor de ganancia y, aunque \u00e9sta fuera igual a la que le tocaba anteriormente al sector II, caer\u00eda su cuota de ganancia al haberse elevado sus costos de producci\u00f3n. En consecuencia, o a] se reducir\u00eda la demanda creada por IIa y IIb, lo que forzar\u00eda la reducci\u00f3n de los precios de&nbsp;<em>c&nbsp;<\/em>producido por I (dicha reducci\u00f3n correspondiendo a una reducci\u00f3n de valor), o b] capitales de ambos subsectores emigrar\u00edan a I, ya sea porque se habr\u00edan vuelto excedentes en funci\u00f3n de las limitaciones del mercado, ya sea por la cuota de ganancia m\u00e1s alta del sector I, ya sea por las dos cosas; en ambos casos, se impondr\u00eda la nivelaci\u00f3n de la cuota de ganancia en I y II, desapareciendo la ganancia extraordinaria de I. Para que esto no se d\u00e9, es necesario que aumente el mercado para II; pero, dado que&nbsp;<em>v&nbsp;<\/em>ha permanecido, en el mejor de los casos, constante en I, la expansi\u00f3n del mercado s\u00f3lo podr\u00eda ser realmente importante para IIb, gracias a la conversi\u00f3n de la plusval\u00eda extraordinaria de I, o parte de ella, en consumo individual de los capitalistas. As\u00ed, por el condicionamiento del mercado, la ganancia extraordinaria de I se traducir\u00eda en elevaci\u00f3n de la cuota de ganancia en IIb y en las ramas de I que producen para \u00e9ste. S\u00f3lo a medida que las mayores ganancias de I y IIb dieran lugar a la ampliaci\u00f3n de la escala de acumulaci\u00f3n, podr\u00edan IIa y las ramas de I dirigidas a \u00e9ste, con retraso y en forma subordinada, integrarse al movimiento expansivo iniciado en I, con lo que la eliminaci\u00f3n de la ganancia extraordinaria de los primeros, adem\u00e1s de azarosa, se har\u00eda con lentitud.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una observaci\u00f3n: es evidente que, como la plusval\u00eda se acumula en cualquier sector, el incremento de la plusval\u00eda de I puede destinarse a la acumulaci\u00f3n en II, lo que asegura no s\u00f3lo la realizaci\u00f3n del producto&nbsp;<em>c,&nbsp;<\/em>sino que tambi\u00e9n podr\u00eda te\u00f3ricamente compensar, por el aumento de&nbsp;<em>v&nbsp;<\/em>en II, la reducci\u00f3n relativa de&nbsp;<em>v&nbsp;<\/em>en I. Pero esto s\u00f3lo se dar\u00e1 si la plusval\u00eda incrementada, al convertirse en capital excedente en el sector I, presiona hacia la baja la cuota de ganancia (del mismo modo como pasar\u00eda con la que emigra de II) y tiende a nivelarla con la del sector II De producirse esa migraci\u00f3n de capitales, tendr\u00edamos que el cambio en la relaci\u00f3n b\u00e1sica de distribuci\u00f3n en I obliga a que se extienda la escala de acumulaci\u00f3n en toda la econom\u00eda para asegurar la expansi\u00f3n del mercado y, por ende, la realizaci\u00f3n de la masa de mercanc\u00edas producida, as\u00ed como, con ella, del aumento de plusval\u00eda. Esto, repetimos, s\u00f3lo se puede dar en la medida en que opera la tendencia a la nivelaci\u00f3n de la cuota de ganancia y se elimina, pues, la plusval\u00eda extraordinaria en I, lo que supone la emigraci\u00f3n previa de capitales de II a I o una crisis de superproducci\u00f3n en \u00e9ste.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Consideremos al sector IIa. El aumento de la plusval\u00eda all\u00ed verificado se acompa\u00f1a, como sabemos, de una masa mayor de mercanc\u00edas. Si no se modifica el valor individual de \u00e9stas, no puede aumentar su demanda por parte de I y IIb, ya que&nbsp;<em>v&nbsp;<\/em>se mantiene all\u00ed constante, pero s\u00ed se reduce relativamente la demanda propia creada por IIa, dada la reducci\u00f3n de la participaci\u00f3n de<em>&nbsp;v&nbsp;<\/em>en su producto (aunque mantenga su valor absoluto). El impasse tendr\u00e1 que resolverse, como en el caso de I, sea por la baja del valor individual (y del precio) de las mercanc\u00edas de IIa, sea por la emigraci\u00f3n de capitales de I y IIb a IIa, o de \u00e9ste a los otros dos, con la consecuente nivelaci\u00f3n de la cuota de ganancia. El desplazamiento de plusval\u00eda entre IIa y I o IIb queda sujeto a las condiciones antes descritas. As\u00ed, desde el punto de vista del mercado, IIa, a\u00fan menos que I, no est\u00e1 en condiciones de realizar sostenidamente una plusval\u00eda extraordinaria.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Supongamos ahora que aumenta la plusval\u00eda y el producto mercantil en IIb. \u00c9ste puede mantener en principio el valor individual de sus mercanc\u00edas, por el hecho de que la demanda para \u00e9stas se deriva exclusivamente de la plusval\u00eda, la cual se encuentra aumentada por el cambio de la relaci\u00f3n b\u00e1sica de distribuci\u00f3n en el propio sector; esto confiere una mayor elasticidad a la demanda para los productos de IIb, lo que se entiende a\u00fan mejor si consideramos que los aumentos de plusval\u00eda en los dem\u00e1s sectores, aunque se traduzcan en una escala mayor de acumulaci\u00f3n, tienden a traducirse tambi\u00e9n en el aumento relativo y absoluto de la plusval\u00eda no acumulada&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>43<\/sup>. En consecuencia, la posibilidad de que la plusval\u00eda extraordinaria de IIb se traduzca en ganancia extraordinaria no se ve limitada en principio por el mercado, sino tan s\u00f3lo por la competencia entre los capitales y su emigraci\u00f3n de rama a rama. Sin embargo, como los capitales migrantes no se mueven de una rama a otra con el objeto de eliminar la ganancia extraordinaria, sino m\u00e1s bien para aprovecharse de ella, s\u00f3lo las presiones que se ejerzan sobre el mercado (una escala de acumulaci\u00f3n tan r\u00e1pidamente ascendente que frene la expansi\u00f3n del consumo individual creado por la plusval\u00eda; atractivos excepcionales al ahorro; crisis sectoriales en I o IIa; etc\u00e9tera) pueden eliminar en IIb la ganancia extraordinaria, independientemente de que \u00e9sta se vea reducida por la concurrencia entre los capitales respecto a la plusval\u00eda extraordinaria realmente creada.&nbsp;<em>En este plano de an\u00e1lisis<\/em>,pues, la explicaci\u00f3n de la ganancia extraordinaria de IIb ha de buscarse&nbsp;<em>en la din\u00e1mica misma del mercado<\/em>,m\u00e1s que en otros factores, como, por ejemplo, las estructuras monop\u00f3licas que all\u00ed se puedan dar, ya que \u00e9stas se dan igualmente en I e incluso en II, sin producir el mismo efecto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para mayor abundamiento, se\u00f1alemos que la demanda creada por la plusval\u00eda no acumulada se hace al margen del ciclo del capital productivo y, por consiguiente, la determinaci\u00f3n del valor social en esa esfera de la circulaci\u00f3n no afecta a la valorizaci\u00f3n del capital en I y IIa, sino tan solo a la tasa de acumulaci\u00f3n (en la medida en que influye en c\u00f3mo la plusval\u00eda se reparte en plusval\u00eda acumulada y no acumulada). Es, pues, comprensible que, cuanto m\u00e1s aumente la plusval\u00eda en la econom\u00eda, mayor sea la elasticidad de esa demanda. Por otra parte, dado que dicha demanda no entra en la circulaci\u00f3n del capital sino que configura un caso de circulaci\u00f3n general de mercanc\u00edas, es natural que el valor de uso adquiera all\u00ed una importancia m\u00e1s decisiva en la realizaci\u00f3n del producto; de all\u00ed la mayor diferenciaci\u00f3n de los art\u00edculos producidos por el subsector IIb, las desviaciones m\u00e1s frecuentes en \u00e9l respecto a la ley del valor (como la sobreestimaci\u00f3n de la producci\u00f3n artesanal respecto a la producci\u00f3n fabril), etc\u00e9tera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Conviene tener presente que, al transferir a los precios en menor medida que I y IIa los aumentos de productividad, el subsector IIb establece con los dem\u00e1s una relaci\u00f3n que implica una transferencia intersectorial de plusval\u00eda, v\u00eda precios, que va m\u00e1s all\u00e1 de la que corresponder\u00eda estrictamente a los mecanismos de nivelaci\u00f3n de la cuota de ganancia y que m\u00e1s bien los violan; en otros t\u00e9rminos, se configura una situaci\u00f3n similar a la que alude la noci\u00f3n de intercambio desigual en la econom\u00eda internacional. Ello reduce, pues, la masa de ganancia que toca a I y IIa (aunque las ramas de I que producen fundamentalmente para IIb puedan resarcirse, recurriendo tambi\u00e9n a la plusval\u00eda extraordinaria) y presiona hacia abajo su cuota de ganancia. En otras palabras: el sector IIb ejerce un efecto depresivo sobre la cuota general de ganancia, el cual es rigurosamente la contrapartida de la ganancia extraordinaria que en \u00e9l se verifica. <meta charset=\"utf-8\"><sup>44<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Observemos, finalmente, que la especificidad de IIb, en cuanto a la producci\u00f3n de plusval\u00eda extraordinaria y su conversi\u00f3n en ganancia extraordinaria, se acent\u00faa necesariamente all\u00ed donde rige la superexplotaci\u00f3n del trabajo, configurando una situaci\u00f3n en que privan salarios bajos y ganancias elevadas. En efecto, ello implica que, al tiempo que se presenta con poco dinamismo la esfera baja de la circulaci\u00f3n, creada por los primeros, tiende a inflarse la esfera alta, generada por las segundas. En tales circunstancias, se entiende perfectamente que el subsector IIb tienda constantemente al crecimiento desproporcionado, respecto a los dem\u00e1s, as\u00ed como que se acent\u00fae, en el plano del mercado, la subordinaci\u00f3n del sector I en relaci\u00f3n al subsector IIb, m\u00e1s que al subsector IIa. Como en cualquier otro campo observado, tambi\u00e9n aqu\u00ed la econom\u00eda dependiente, basada en la superexplotaci\u00f3n del trabajo, sufre de manera amplificada las leyes generales del r\u00e9gimen capitalista de producci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"has-text-align-center wp-block-heading\">II<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">1. Despejados algunos de los problemas que plantea la utilizaci\u00f3n de los esquemas en tanto que representaci\u00f3n de una econom\u00eda capitalista concreta, nos ocuparemos ahora de los trabajos de Maria da Concei\u00e7\u00e3o Tavares y Francisco de Oliveira&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>45<\/sup>, que se valen de ellos. Conviene aclarar que, aunque ambos, v\u00eda Kalecki&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>46<\/sup>, se remitan a los esquemas de reproducci\u00f3n de Marx como punto de referencia para el an\u00e1lisis de la problem\u00e1tica que quieren resolver, no proceden a la elaboraci\u00f3n de esquemas propios y m\u00e1s bien ignoran las controversias a que dieron lugar intentos de esta naturaleza. Los dos trabajos tienen en com\u00fan la preocupaci\u00f3n respecto al peso y el papel del subsector productor de bienes de consumo de lujo (que los dos autores identifican, grosso modo, con los bienes durables de consumo) en la econom\u00eda brasile\u00f1a actual, es decir, de la posguerra; mientras Oliveira centra all\u00ed expl\u00edcitamente su atenci\u00f3n, con el objeto de examinar la relaci\u00f3n entre dicho subsector y la crisis econ\u00f3mica que atraviesa en este momento el pa\u00eds, Tavares intenta una teorizaci\u00f3n m\u00e1s amplia, que no s\u00f3lo contempla el problema del desarrollo de dicho subsector en los pa\u00edses capitalistas avanzados, sino que, sobre todo, pretende establecer un marco de an\u00e1lisis para esa cuesti\u00f3n en las econom\u00edas que llama semindustrializadas, o sea, las econom\u00edas capitalistas dependientes de mayor desarrollo relativo, para acercarse finalmente al caso brasile\u00f1o, considerado principalmente a la luz de la industrializaci\u00f3n de la posguerra y de la crisis econ\u00f3mica por la que pas\u00f3 en la d\u00e9cada de 1960; sin embargo, a lo largo de todo el trabajo, la preocupaci\u00f3n subyacente de Tavares, como la de Oliveira, se orienta hacia la actual crisis del capitalismo brasile\u00f1o. En el an\u00e1lisis de ambos trabajos, mi prop\u00f3sito no es examinar todos sus supuestos te\u00f3ricos ni el cuadro explicativo que presentan para la din\u00e1mica de la econom\u00eda brasile\u00f1a, sino tan s\u00f3lo verificar el uso que hacen de los esquemas y el papel que \u00e9stos desempe\u00f1an en las conclusiones a que llegan.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La tarea no es f\u00e1cil, particularmente con el trabajo de Tavares. En efecto, all\u00ed se observa una modificaci\u00f3n progresiva del aparato anal\u00edtico: la estructura sectorial tripartita, que se establece en el cap\u00edtulo I (y que, como descubrimos al final del cap\u00edtulo, en la p. 32, s\u00f3lo rige para el sector industrial manufacturero, reserv\u00e1ndose para los dem\u00e1s el esquema cepalino industria-agricultura, aumentado con los servicios y el Estado), se combina, en el cap\u00edtulo II<strong>,&nbsp;<\/strong>con la organizaci\u00f3n diferenciada de la empresa en los distintos sectores (oligopolio competitivo, oligopolio diferenciado y oligopolio concentrado, que, m\u00e1s o menos, corresponden a la sucesi\u00f3n sector II, III y I), para casi desaparecer en el cap\u00edtulo III<strong>;&nbsp;<\/strong>aqu\u00ed, las categor\u00edas complejas sectores de producci\u00f3n-formas empresariales de organizaci\u00f3n remplazan el esquema sectorial del cap\u00edtulo I<strong>,&nbsp;<\/strong>con \u00e9nfasis en la organizaci\u00f3n empresarial y su din\u00e1mica de competencia, y se aplican exclusivamente a la industria, rigiendo para los dem\u00e1s \u00e1mbitos de la producci\u00f3n el instrumental anal\u00edtico cepalino.<meta charset=\"utf-8\"><sup>47<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La justificaci\u00f3n misma del esquema sectorial tripartito es discutible. As\u00ed, Tavares introduce el sector III por suponer que en Marx el consumo de los capitalistas se trata &#8220;s\u00f3lo como una apropiaci\u00f3n y producci\u00f3n de &#8216;plusval\u00eda&#8217;, no siendo necesario introducirlo como sector de producci\u00f3n espec\u00edfico, con sus problemas propios de producci\u00f3n y realizaci\u00f3n&#8221; (p. 12), lo que reitera cuando a\u00f1ade que &#8220;el gasto improductivo del excedente reduce la tasa de ahorro y acumulaci\u00f3n del sistema (visi\u00f3n cl\u00e1sica ortodoxa)&#8221; (p. 12). Tavares confunde, pues, la concepci\u00f3n de Ricardo, y sobre todo la de Malthus, sobre el consumo improductivo, con la de Marx, para quien \u00e9ste corresponde a un subsector de producci\u00f3n espec\u00edfico (IIb), con sus problemas propios de producci\u00f3n y realizaci\u00f3n, participando din\u00e1micamente de la reproducci\u00f3n, tanto por la acumulaci\u00f3n que all\u00ed tiene lugar, bajo la forma<em>&nbsp;c&nbsp;<\/em>+<em>&nbsp;v,<\/em>&nbsp;como por la circulaci\u00f3n de mercanc\u00edas que engendra, la cual implica la circulaci\u00f3n de la plusval\u00eda que all\u00ed se produjo. Sin embargo, pese a la manera como plantea un tratamiento diferenciado del sector III, Tavares no hace menci\u00f3n de la \u00fanica raz\u00f3n que lo justificar\u00eda: las particularidades que ostenta la producci\u00f3n de plusval\u00eda, como base para la obtenci\u00f3n de ganancia extraordinaria en dicho sector, lo que incide en la tendencia de la acumulaci\u00f3n hacia \u00e9l, as\u00ed como el peso que \u00e9l adquiere en la determinaci\u00f3n de las estructuras de distribuci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ello no es fortuito, sino que corresponde al modo como Tavares analiza el desarrollo del sector III y, lo que va estrechamente ligado a esto, el paso a la competencia oligop\u00f3lica y sus estructuras de producci\u00f3n. Su tesis central sobre el sector III reside en que corresponde a la industrializaci\u00f3n avanzada, en cuyo seno la diferenciaci\u00f3n del consumo de los capitalistas respecto al consumo de los trabajadores contribuye a resolver los problemas de reproducci\u00f3n del capital (p. 13). Tales problemas surgen del hecho de que el progreso t\u00e9cnico, al reducir los costos generales de producci\u00f3n (es decir, al aumentar la composici\u00f3n t\u00e9cnica del capital sin aumentar su composici\u00f3n de valor), crea una masa de ganancias, y por ende un potencial de acumulaci\u00f3n, superior a la tasa efectiva de la capacidad productiva utilizada (pp. 14-15). Aunque esto permita, en principio, al an\u00e1lisis orientarse hacia el mercado exterior, como salida para el capital excedente, y pasar de all\u00ed a las modificaciones que ello acarrea para la econom\u00eda mundial, Tavares opta por centrar su an\u00e1lisis, &#8220;desde un punto de vista &#8216;l\u00f3gico&#8217;, s\u00f3lo al interior de los patrones end\u00f3genos de acumulaci\u00f3n&#8221; (Ib\u00edd.); pasa, pues, a considerar las formas de organizaci\u00f3n que surgen, al instaurarse la competencia oligop\u00f3lica, y s\u00f3lo de paso se referir\u00e1 a sus efectos en la econom\u00eda mundial, al tratar las formas que corresponden al oligopolio diferenciado y el conglomerado financiero, al final de su cap\u00edtulo I.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Siempre siguiendo a Tavares, la sobreacumulaci\u00f3n de capital, que se deriva de la reducci\u00f3n general de costos, conduce a una situaci\u00f3n en que &#8220;el&nbsp;<em>l\u00edmite&nbsp;<\/em>de la acumulaci\u00f3n pasa a estar dado no por las condiciones de &#8216;producci\u00f3n de plusval\u00eda&#8217;, sino por las condiciones de su realizaci\u00f3n din\u00e1mica en escala ampliada. Es decir, los problemas se desplazan hacia la \u00f3rbita de la &#8216;insuficiencia de demanda efectiva&#8217;, planteados, sin embargo, en t\u00e9rminos din\u00e1micos y no en t\u00e9rminos est\u00e1ticos, como en los esquemas keynesianos&#8221; (pp. 21-22). El sector III se introduce, pues, en este marco anal\u00edtico, para absorber las sobreganancias, es decir, se explica por el lado de la realizaci\u00f3n, pasando a funcionar en t\u00e9rminos de una &#8220;tercera demanda&#8221; end\u00f3gena a la reproducci\u00f3n del capital.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En realidad, al transferir a la realizaci\u00f3n el &#8220;l\u00edmite&#8221; de la acumulaci\u00f3n, no s\u00f3lo se asumen, aunque en otro contexto, las tesis malthusianas sobre el consumo improductivo&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>48<\/sup>, sino que se parte de una visi\u00f3n de la productividad que no distingue sus efectos en la antinomia valor-valor de uso. El aumento general de la productividad en el sistema (o, lo que es lo mismo, la reducci\u00f3n de costos generales), aunque arroje una masa acrecentada de valores de uso, no altera de por s\u00ed, la masa de valor creada, si se mantiene la magnitud extensiva e intensiva de la jornada. Sin embargo, reduce en dicho valor la parte que corresponde al capital constante y variable, y es esto lo que se expresa en baja de costos (una unidad de capital constante representa ahora una magnitud menor de valor, y lo mismo pasa con la fuerza de trabajo). A este caso corresponde la hip\u00f3tesis de Tavares respecto al aumento de ganancias independiente del comportamiento de la plusval\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Consideremos m\u00e1s de cerca esta hip\u00f3tesis. La elevaci\u00f3n de la productividad hace subir la composici\u00f3n t\u00e9cnica del capital, es decir, la relaci\u00f3n f\u00edsica entre trabajo vivo y trabajo muerto, e incide sobre la masa de mercanc\u00edas producida, pero entendidas tan s\u00f3lo como&nbsp;<em>valores de uso.&nbsp;<\/em>Para que sepamos si el aumento de valores de uso corresponde a un aumento de valor, es necesario remitirse a la composici\u00f3n org\u00e1nica del capital, es decir, a la relaci\u00f3n existente entre capital constante y capital variable, tomados como expresi\u00f3n de valor. Supongamos que la composici\u00f3n org\u00e1nica no se ha alterado: como se ha elevado la masa de mercanc\u00edas producida, el valor del capital empleado en su producci\u00f3n (variable y constante) se reparte en una cantidad mayor de productos, reduciendo pues el costo unitario de producci\u00f3n, pero manteniendo el costo de producci\u00f3n global; en otros t\u00e9rminos, la mayor cantidad de productos incorpora, en t\u00e9rminos de costo,&nbsp;<em>la misma masa de valor.&nbsp;<\/em>A este nivel, pues, no hay variaci\u00f3n del valor total de la producci\u00f3n; para que dicho valor se modifique, es decir, se eleve, lo que implicar\u00eda la reducci\u00f3n relativa del costo de producci\u00f3n, el valor nuevo (la plusval\u00eda), creado por efecto de la mayor productividad debe ser validado a nivel del mercado, con lo que se tendr\u00e1 una elevaci\u00f3n, no necesariamente proporcional, de la ganancia obtenida por el capital en cada mercanc\u00eda individual y, por ende, de la ganancia total respecto a la masa global de mercanc\u00edas. Para el&nbsp;<em>capitalista individual<\/em>,que eleva su productividad por encima de la media de la rama, ese efecto es autom\u00e1tico, en la medida en que la reducci\u00f3n del valor individual de las mercanc\u00edas que \u00e9l produce no ha alterado el valor social de las mismas; en otros t\u00e9rminos, ese capitalista habr\u00e1 producido una plusval\u00eda extraordinaria y logrado convertirla en ganancia extraordinaria. Si lo planteamos en la perspectiva de la&nbsp;<em>rama,&nbsp;<\/em>el efecto es pasajero, una vez que el aumento de la productividad media deber\u00e1 a la larga reducir el valor social de la producci\u00f3n a su valor individual; si esto no se diera, y la rama pertenece al sector I o al sector II, no habr\u00eda reducci\u00f3n de costos en las dem\u00e1s ramas, con lo que se dificultar\u00edan posteriores reducciones de costos en la rama en cuesti\u00f3n; mientras que, si pertenece al sector III, se obligar\u00eda a los capitalistas de todos los sectores a destinar una parte mayor de su plusval\u00eda al consumo improductivo, limit\u00e1ndose pues la escala de la acumulaci\u00f3n de capital. En cualquier caso, e independientemente del sector a que pertenece, la rama que lograra mantener el valor social de sus mercanc\u00edas por encima de su valor individual estar\u00eda convirtiendo parte o toda su plusval\u00eda extraordinaria en ganancia extraordinaria, lo cual, como ya demostramos antes, y haciendo abstracci\u00f3n del comercio exterior, implicar\u00eda no una reducci\u00f3n general de costos, sino el mantenimiento o elevaci\u00f3n de los costos de las dem\u00e1s, si se trata de ganancias extraordinarias que benefician al sector I y II, o una reducci\u00f3n de las ganancia en todos los sectores, si se trata de una rama del sector III. En el primer caso, no habr\u00e1 bajado, sino mantenido estable o subido la composici\u00f3n org\u00e1nica; en el segundo, se habr\u00e1 reducido la masa de ganancias susceptible de ser apropiada por las dem\u00e1s ramas. As\u00ed, para que se observe una reducci\u00f3n general de costos en toda la econom\u00eda, y la elevaci\u00f3n de la cuota media de ganancia, es necesario que se hayan reducido&nbsp;<em>en valor&nbsp;<\/em>las ganancias individuales y especiales, independientemente de que aumenten en cuanto a su capacidad de disponer de valores de uso; en otros t\u00e9rminos, debe operar la tendencia a la&nbsp;<em>nivelaci\u00f3n de la cuota general de ganancia<\/em>, con la consiguiente desaparici\u00f3n de las ganancias extraordinarias. Se\u00f1alemos, de pasada, que all\u00ed reside el aspecto negativo de los monopolios, cuando \u00e9stos, actuando sobre la circulaci\u00f3n establecen y mantienen sobreganancias, por encima de la ganancia media vigente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Planteadas as\u00ed las cosas, no se puede sostener que el aumento de la productividad y la baja general de costos en econom\u00eda arrojen una masa creciente de valor, que transforme los problemas de la reproducci\u00f3n de capital en problemas de realizaci\u00f3n y desplace la determinaci\u00f3n de la din\u00e1mica del sistema desde el \u00e1mbito de la producci\u00f3n y realizaci\u00f3n de la plusval\u00eda al del comportamiento de la &#8220;demanda efectiva\u201d. En el juego entre los capitales individuales y entre las ramas entre s\u00ed, as\u00ed como entre los sectores de la producci\u00f3n, el aumento de la productividad y la baja de costos provoca transferencias de plusval\u00eda y alteraciones en las relaciones b\u00e1sicas de distribuci\u00f3n precisamente porque se derivan de modificaciones en la proporci\u00f3n de valor producida y apropiada por dichas ramas y capitales que no se corresponden con modificaciones en la&nbsp;<em>masa global de valor&nbsp;<\/em>producida en la econom\u00eda en su conjunto; a nivel de \u00e9sta, la mayor productividad y la baja de costos opera, no en el sentido de aumentar la masa de valor creada, con los consecuentes problemas de realizaci\u00f3n que de all\u00ed surgir\u00edan, sino manteniendo dicha masa simult\u00e1neamente a su expresi\u00f3n en una mayor cantidad y diferenciaci\u00f3n de los valores de uso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la medida en que es necesario, ahora, hacer circular una masa mayor de valores de uso que corresponde a la misma masa de valor, los problemas de circulaci\u00f3n se plantean desde el momento en que el reparto de dicha masa de valor entre los diferentes sectores se modifica. Son, pues,&nbsp;<em>la consecuencia, no la causa, de tendencias inherentes a la producci\u00f3n de plusval\u00eda, que se expresan, a nivel aparencial, en el fen\u00f3meno de la ganancia extraordinaria.&nbsp;<\/em>El que \u00e9ste pueda derivarse de manipulaciones operadas por el capital en la esfera de la circulaci\u00f3n no debe hacer olvidar que, salvo en situaciones excepcionales, como las crisis, esas manipulaciones s\u00f3lo resultan si acompa\u00f1an las tendencias de la producci\u00f3n. Las ganancias monop\u00f3licas no constituyen, en este sentido, una excepci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si Tavares puede sostener puntos de vista distintos es porque confunde el efecto de la productividad en la creaci\u00f3n de valores de uso y de valor, al tiempo que no distingue la din\u00e1mica propia a los capitales individuales, a las ramas especiales de producci\u00f3n y a la econom\u00eda en su conjunto. Esto es lo que la conduce a intentar explicar el crecimiento desproporcionado del sector III a trav\u00e9s de la realizaci\u00f3n, en lugar de partir de las condiciones de producci\u00f3n y circulaci\u00f3n de la plusval\u00eda. De este modo, no percibe que el aumento de la productividad del sistema sigue dependiendo de la producci\u00f3n de plusval\u00eda y, m\u00e1s a\u00fan, s\u00f3lo tiene sentido si se expresa en una elevaci\u00f3n de \u00e9sta, sobre la base de la reducci\u00f3n del valor de la fuerza de trabajo, que se traduzca en una reducci\u00f3n del capital variable, relativa, por supuesto, independientemente de que aumente el salario del obrero individual.&nbsp;<em>Son los aumentos de productividad que no se encauzan en este sentido los que, al incidir en la esfera de la circulaci\u00f3n, conducen al desequilibrio sectorial, con la hipertrofia del sector III y de las ramas que producen para este<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En las econom\u00edas dependientes, el crecimiento desproporcionado del sector III, que preocupa a Tavares, se explica de la misma manera y conduce al mismo punto de llegada, aunque su movimiento sea m\u00e1s exacerbado, como ocurre con los fen\u00f3menos econ\u00f3micos en ese tipo de econom\u00eda capitalista. Por un lado, el aumento de la productividad, en el sector III, se puede traducir m\u00e1s f\u00e1cilmente en sobreganancias, debido a que la productividad media en los otros dos es baja (y aun cuando sea alta en ciertas ramas del sector I, parte de ella se transfiere a los dem\u00e1s, en lo que juega papel importante el Estado). Por otro lado, dada la superexplotaci\u00f3n del trabajo, es decir, el hecho de que la fuerza de trabajo se remunere por debajo de su valor, la necesidad de desvalorizarla no se impone con la misma fuerza que en los pa\u00edses capitalistas avanzados; los mecanismos econ\u00f3micos que engendran la superexplotaci\u00f3n y que la refuerzan, en particular el crecimiento del ej\u00e9rcito industrial de reserva, act\u00faan naturalmente en el sentido de elevar la cuota de plusval\u00eda y crean, adem\u00e1s, a nivel pol\u00edtico, condiciones para que los trabajadores sufran presiones que van en el mismo sentido. En consecuencia, el aumento de la productividad, que normalmente se traduce en sobreganancias en el sector III, tiende a orientarse de manera a\u00fan m\u00e1s decidida en su direcci\u00f3n (y, con \u00e9l, la acumulaci\u00f3n), provocando su hipertrofia. La producci\u00f3n de sobreganancias en el sector III, ante un sector II que no ofrece est\u00edmulo significativo al aumento de productividad, y las diferencias de composici\u00f3n org\u00e1nica que median entre ellos, acent\u00faan el drenaje de plusval\u00eda hacia aqu\u00e9l y sesgan toda la estructura productiva, traduci\u00e9ndose, en el plano de la circulaci\u00f3n, en la diferenciaci\u00f3n creciente entre su esfera alta y su esfera baja, es decir, la que corresponde al consumo de la plusval\u00eda y la que corresponde al consumo de los salarios. Una vez m\u00e1s, se expresa como un problema de realizaci\u00f3n lo que s\u00f3lo se entiende a la luz de los mecanismos de la producci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al analizar la acumulaci\u00f3n oligop\u00f3lica, Tavares lo hace sobre la base de lo que estableci\u00f3 para la acumulaci\u00f3n competitiva. Pero se ver\u00e1 enfrentada, a partir de su premisa de que el l\u00edmite de la acumulaci\u00f3n est\u00e1 dado por el mercado, con el hecho de que ser\u00e1n siempre necesarios mercados nuevos. No le basta ya el sector III: en pp. 32-33, introduce nuevos sectores, al margen de su esquema tripartito (cuya validez queda circunscrita a la industria manufacturera), tales como la agricultura y los servicios, as\u00ed como el Estado (o, m\u00e1s exactamente, el gasto p\u00fablico en infraestructura). No s\u00f3lo se rompe entonces el esfuerzo de examinar la problem\u00e1tica planteada a la luz de los esquemas de reproducci\u00f3n, sino que se pierde el hilo &#8220;l\u00f3gico&#8221; de la exposici\u00f3n, ya que tenemos que vernos con una &#8220;tercera demanda&#8221; ex\u00f3gena a dichos esquemas. En esta perspectiva, se hace poco comprensible por qu\u00e9, al tratar de econom\u00edas dependientes, en el cap\u00edtulo II<strong>,&nbsp;<\/strong>Tavares contemple con cierto desprecio el problema de su relaci\u00f3n con la econom\u00eda (y el mercado) mundial, y que lo ponga francamente &#8220;entre par\u00e9ntesis&#8221; en el cap\u00edtulo III, relativo a la econom\u00eda brasile\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">2. Oliveira, aunque m\u00e1s ortodoxo en la aplicaci\u00f3n de un esquema tripartito de reproducci\u00f3n, enfatiza igualmente la desproporcionalidad del sector III, que constituye el elemento definitorio por excelencia del patr\u00f3n de acumulaci\u00f3n vigente en Brasil (p. 86), y no difiere mucho de Tavares en cuanto a la identificaci\u00f3n del origen de dicha hipertrofia: la concentraci\u00f3n del ingreso, que origin\u00f3 un perfil de demanda que hizo posible el desarrollo del sector III, en un momento en que la divisi\u00f3n internacional del trabajo brindaba a ciertas econom\u00edas dependientes la posibilidad de dejar de basarse en la distinci\u00f3n entre productores de materias primas y productores de bienes manufacturados para establecerse en torno a la de productores de manufacturas de consumo y productores de manufacturas de bienes de producci\u00f3n (p. 83). Aunque Oliveira no lo explicite, parece ser que el problema de fondo est\u00e1 en que esa divisi\u00f3n del trabajo no trasciende el plano productivo para proyectarse en el plano del mercado, lo que acarrear\u00eda los problemas que enfrenta ese patr\u00f3n de crecimiento; en efecto, ello provoca una crisis recurrente de la balanza de pagos, la cual &#8220;se expresa en la contradicci\u00f3n entre una industrializaci\u00f3n vuelta hacia el mercado interno pero financiada o controlada por el capital extranjero y la insuficiencia de generaci\u00f3n de medios de pago internacionales para hacer volver a la circulaci\u00f3n internacional de capitales la parte del excedente que pertenece al mercado internacional&#8221; (p. 87). Por otra parte, el predominio del sector III, con su control oligop\u00f3lico sobre la econom\u00eda, lleva a que los aumentos de productividad de cualquier sector se transfieran hacia \u00e9l y al sector I de las econom\u00edas centrales, con el que se encuentra articulado (Ib\u00edd.), aunque los mecanismos para esas transferencias no se indiquen. Ello implica extremar la concentraci\u00f3n del ingreso, que estaba en la base del desarrollo del sector III.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Siempre de acuerdo a Oliveira, ese patr\u00f3n de crecimiento condujo a la crisis de 1962-1967, que se super\u00f3 profundiz\u00e1ndolo, con lo que los problemas se han agravado. La crisis actual abre, pues, posibilidad a dos estrategias: una de superaci\u00f3n efectiva del problema, mediante la internalizaci\u00f3n del patr\u00f3n de reproducci\u00f3n, lo que supone el desarrollo del sector I; la otra, de simple amortiguamiento, a trav\u00e9s del crecimiento de la deuda, sustentado por el aumento de las exportaciones (pp. 92 ss.).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No reiteraremos aqu\u00ed la cr\u00edtica ya hecha a Tavares, en el sentido de que las razones del desarrollo desproporcional del sector III no deben buscarse en la circulaci\u00f3n (concentraci\u00f3n del ingreso, perfil de demanda); a\u00f1adiremos tan solo que el recurso a las tendencias de la inversi\u00f3n extranjera en Brasil, que se orienta crecientemente a partir de los cincuenta hacia el sector industrial, adem\u00e1s de mantener la cuesti\u00f3n en el plano de la circulaci\u00f3n (movimiento de capitales), no proporciona un factor explicativo suficiente: si es cierto que esa inversi\u00f3n se ha dirigido preferentemente al sector III, lo que hay que explicar es por qu\u00e9 sucedi\u00f3 as\u00ed. Si se descarta la idea de un&nbsp;<em>complot,&nbsp;<\/em>no queda como raz\u00f3n sino el comportamiento particular que asume en dicho sector la formaci\u00f3n de ganancias extraordinarias. M\u00e1s interesante, por ser un problema que Tavares prefiri\u00f3 hacer a un lado, es examinar c\u00f3mo, desde el punto de vista de Oliveira, la estructura sectorial de la econom\u00eda brasile\u00f1a y sus relaciones interdepartamentales afectan su relaci\u00f3n con la econom\u00eda internacional.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hemos visto ya que Oliveira considera crucial la contradicci\u00f3n entre el desarrollo del sector III bajo control extranjero, pero centrado en el mercado interno, y la necesidad de las empresas extranjeras de remitir sus ganancias al exterior. En este sentido, es enf\u00e1tico en negar la posibilidad de crisis de realizaci\u00f3n en el mercado interno, convirtiendo el problema en el de la obtenci\u00f3n de divisas para la repatriaci\u00f3n de las ganancias ya realizadas en moneda nacional. Nos encontramos as\u00ed con un problema de realizaci\u00f3n de plusval\u00eda que no tiene que ver con su&nbsp;<em>cambio de forma de mercanc\u00eda a dinero<\/em>,sino que se desdobla en el&nbsp;<em>cambio de forma que el dinero mismo debe realizar, en la medida en que no es dinero mundial<\/em>.Esta es la raz\u00f3n por la cual Oliveira contempla de pasada, como una soluci\u00f3n por lo menos parcial del problema, el que la moneda brasile\u00f1a revistiera este car\u00e1cter, aunque fuera en el \u00e1mbito regional (pp. 110-11). Pero, en lo inmediato, y para el periodo considerado, esta soluci\u00f3n no es una realidad, por lo que la contradicci\u00f3n se ha resuelto mediante el aumento de la deuda, sobre la base del crecimiento de las exportaciones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La debilidad del trabajo de Oliveira est\u00e1 en que, partiendo de la relaci\u00f3n econom\u00eda brasile\u00f1a-econom\u00eda mundial, busca s\u00f3lo en la primera la soluci\u00f3n de las contradicciones existentes entre ellas, adem\u00e1s de que no contempla sino en un solo sentido los cambios de forma (dinero, producci\u00f3n, mercanc\u00edas) que el capital reviste en su ciclo. Los dos problemas serios que presenta su an\u00e1lisis son los supuestos, que \u00e9l no pone jam\u00e1s en discusi\u00f3n, de que las ganancias del capital extranjero deben regresar al circuito internacional y que deben hacerlo bajo la forma de dinero mundial, materializado en divisas. Para que esto fuera as\u00ed, ser\u00eda necesario que esas ganancias al ser remitidas se expresaran internamente como sobreacumulaci\u00f3n de capital, es decir, como capital que no puede ser invertido en la propia econom\u00eda nacional a una cuota de ganancia atractiva. Pero, en este caso, el problema no residir\u00eda en la realizaci\u00f3n (aunque fuera de dinero en dinero) sino en la acumulaci\u00f3n misma, cuya restricci\u00f3n estar\u00eda obligando al capital extranjero a salir al exterior, y tendr\u00eda que afectar tambi\u00e9n al capital nacional, lo que aten\u00faa la importancia de que el control de la producci\u00f3n sea o no extranjero. Por lo dem\u00e1s, la salida de capital (que tiene que ver con las decisiones de capitalistas individuales, lo que la hace posible) s\u00f3lo constituir\u00eda problema si no se compensara con nuevos ingresos de capital extranjero. En el caso de que se diera esta situaci\u00f3n \u2014egresos sin ingresos\u2014 estar\u00edamos forzados a buscar otra vez en la din\u00e1mica misma de la acumulaci\u00f3n las razones que la estar\u00edan provocando. De hecho, no es necesario hacerlo, una vez que \u00e9sta no ha sido la caracter\u00edstica de las relaciones que, en t\u00e9rminos de exportaci\u00f3n e importaci\u00f3n de capital, mantuvo la econom\u00eda brasile\u00f1a con la econom\u00eda mundial en los a\u00f1os de prosperidad y \u2014gracias, es cierto, a la especulaci\u00f3n financiera que el Estado est\u00e1 proporcionando\u2014 no se presenta todav\u00eda en el curso de la presente crisis.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El segundo supuesto: la necesidad de que el capital dinero regrese a la circulaci\u00f3n internacional del capital bajo la forma de dinero mundial que se exprese en divisas merece ser tratado tambi\u00e9n con cuidado. Esto s\u00f3lo ser\u00eda as\u00ed si la econom\u00eda brasile\u00f1a, aunque funcionando como centro de producci\u00f3n de capital, no pudiera funcionar tambi\u00e9n como centro de circulaci\u00f3n tanto de mercanc\u00edas como de dinero y se constituyera en simple punto de la circulaci\u00f3n originada en los pa\u00edses avanzados. Desde el momento en que Brasil funciona como centro de circulaci\u00f3n de mercanc\u00edas, es decir, que diversifica por razones internas la composici\u00f3n y el destino de sus exportaciones, la moneda brasile\u00f1a entra inmediatamente a funcionar como dinero mundial, aunque en un marco limitado de relaciones bilaterales; la expansi\u00f3n notable que ha tenido en los \u00faltimos diez a\u00f1os el Banco de Brasil no es sino la consecuencia de este fen\u00f3meno. \u00c9ste puede asumir, como ahora, perfectamente la forma de cr\u00e9ditos para asegurar la expansi\u00f3n de la exportaci\u00f3n de mercanc\u00edas; pero se observa ya, junto con ello, c\u00f3mo la circulaci\u00f3n de dinero originada en Brasil comienza a asumir la forma de inversi\u00f3n directa e indirecta en el exterior (que proporciona una base a\u00fan m\u00e1s efectiva para la expansi\u00f3n de la circulaci\u00f3n de mercanc\u00edas).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La diversificaci\u00f3n de la circulaci\u00f3n es lo que hoy puede permitir a Brasil reproducir su dependencia de manera ampliada y representa la base sobre la cual tendr\u00e1 que resolverse la contradicci\u00f3n que, entre el nivel de la producci\u00f3n y el del mercado, ha creado la nueva divisi\u00f3n internacional del trabajo. Marx se\u00f1al\u00f3 ya que las contradicciones s\u00f3lo se resuelven profundiz\u00e1ndose, es decir, ampliando el \u00e1mbito en el que se puede seguir desarrollando; desde el momento en que esto deja de darse, no queda sino la crisis final, definitiva. Como la idea de que el capitalismo brasile\u00f1o ha llegado a un punto decisivo de ruptura parece estar lejos de las cogitaciones de Oliveira, no le quedar\u00eda a \u00e9ste sino encarar de manera m\u00e1s dial\u00e9ctica la relaci\u00f3n entre la circulaci\u00f3n de mercanc\u00edas y de dinero y, por ende, admitir que la superaci\u00f3n de la actual crisis brasile\u00f1a s\u00f3lo se dar\u00e1 mediante la acentuaci\u00f3n de su integraci\u00f3n plena a la econom\u00eda mundial como centro de producci\u00f3n y de circulaci\u00f3n de capital, bajo las tres formas en que \u00e9ste cumple su ciclo: capital dinero, capital mercanc\u00eda y capital productivo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">3. Ello parecer\u00eda dar raz\u00f3n a la cr\u00edtica que Gilberto Mathias hizo a los dos autores que acabamos de comentar&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>49<\/sup>. En realidad esto no es exactamente as\u00ed, dado que la cr\u00edtica de Mathias reposa sobre ciertos equ\u00edvocos. En primer lugar, Mathias acepta la afirmaci\u00f3n que sin fundamento hace Tavares en el sentido de que los esquemas de reproducci\u00f3n en Marx se establecen sobre la base de dos departamentos (excluyendo, pues, a la producci\u00f3n de bienes de lujo), cuando admite que &#8220;la introducci\u00f3n de un tercer sector en estos esquemas, que produce sobre todo bienes de consumo durable, permite sin duda la construcci\u00f3n de un &#8216;modelo&#8217; que rinde mejor cuenta de la evoluci\u00f3n de la estructura industrial de estos pa\u00edses [dependientes]&#8221;, etc\u00e9tera (p. 68). Pero este es un error menor. M\u00e1s grave es el hecho de que Mathias desestima la conveniencia de recurrir a los esquemas para el an\u00e1lisis concreto en beneficio de la referencia al movimiento c\u00edclico del capital; en otras palabras, contrapone el estudio del ciclo del capital, tal como se plantea en la primera secci\u00f3n del libro II<strong>,&nbsp;<\/strong>al del proceso de reproducci\u00f3n y circulaci\u00f3n, del modo como queda establecido en la secci\u00f3n tercera, con lo que incurre en el error metodol\u00f3gico ya se\u00f1alado de oponer entre s\u00ed a elementos de la construcci\u00f3n te\u00f3rica de Marx, en lugar de valerse de ella en su conjunto para el an\u00e1lisis concreto. Finalmente, y m\u00e1s grave todav\u00eda, Mathias incide en el error de privilegiar al ciclo del capital productivo sobre los dem\u00e1s, con lo que no s\u00f3lo insiste en el procedimiento que consiste en oponer Marx a Marx (lo correcto es considerar la unidad de los tres ciclos), sino que acude a la forma de capital menos apta para dar cuenta del proceso de valorizaci\u00f3n&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>50<\/sup>&nbsp;y menos capaz para el an\u00e1lisis de la circulaci\u00f3n general de mercanc\u00edas, como indiqu\u00e9 antes; a\u00f1adamos que, por ello mismo, la forma P&#8230;P no puede incluir a la &#8220;tercera demanda&#8221;, en la que Mathias cree (p. 74) sin percatarse de que ella no es sino una expresi\u00f3n del consumo individual generado por la plusval\u00eda; as\u00ed \u2014de aceptarse el m\u00e9todo de an\u00e1lisis propuesto por Mathias\u2014 la &#8220;corriente ricardiana&#8221; llevar\u00eda la ventaja de contar con un elemento explicativo no incluido en el suyo (adem\u00e1s de que \u00e9ste tendr\u00eda que excluir los dem\u00e1s elementos se\u00f1alados por el mismo Mathias en pp. 79-80).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Estas claudicaciones te\u00f3ricas y tomas de posici\u00f3n dogm\u00e1ticas no restan, empero, inter\u00e9s al trabajo de Mathias, para el estudio de la actual crisis brasile\u00f1a. Su an\u00e1lisis arranca de la manera como el desarrollo del sector III afecta doblemente a la cuota de ganancia en Brasil, al obstaculizar la desvalorizaci\u00f3n de la fuerza de trabajo y del capital constante (pp. 68-69). Respecto a lo segundo, el desarrollo de III provoca la atrofia del sector I, lo que crea obst\u00e1culos a la desvalorizaci\u00f3n del capital constante y no puede compensarse ni mediante la acci\u00f3n del Estado ni mediante la importaci\u00f3n de bienes de producci\u00f3n, dado que el mercado mundial no favorece que los aumentos de productividad obtenidos en el sector I de los pa\u00edses avanzados se traduzcan en los precios; en consecuencia, sube la composici\u00f3n org\u00e1nica del capital, al tiempo que baja la rentabilidad del capital constante. Respecto a la fuerza de trabajo, la hipertrofia del sector III corresponde tambi\u00e9n a la atrofia del sector II, frenando la desvalorizaci\u00f3n de aqu\u00e9lla y, en consecuencia, la generalizaci\u00f3n de la plusval\u00eda relativa; aunque ello se compense con la superexplotaci\u00f3n del trabajo, \u00e9sta tiene l\u00edmites que, al manifestarse, frenan la tasa de acumulaci\u00f3n e impiden la expansi\u00f3n del mercado (pp. 70-71). Todo ello establece, pues, factores de presi\u00f3n sobre la cuota de ganancia, a partir del proceso mismo de acumulaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es indudable que, a partir de la cuota de ganancia, Mathias avanza considerablemente, respecto a los otros dos autores, en la percepci\u00f3n de los problemas que caracterizan al patr\u00f3n de reproducci\u00f3n del capital en Brasil, actualmente en crisis; sin embargo, al hacerlo sin haber aclarado sus determinaciones&nbsp;<em>a partir de la cuota de plusval\u00eda<\/em>, no saca de ello todas las consecuencias e incurre en confusiones. As\u00ed, aunque perciba que el desarrollo del sector III no afecta directamente a la desvalorizaci\u00f3n de la fuerza de trabajo y del capital constante, y por ello no representa una soluci\u00f3n a los problemas de la cuota de ganancia&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>51<\/sup>, Mathias no parte de este hecho para explicar ese desarrollo (lo que lo obligar\u00eda a recurrir al concepto de plusval\u00eda extraordinaria), el cual es tomado simplemente como un dato (pp. 68 ss.), y se preocupa tan s\u00f3lo de sus efectos negativos en los mecanismos que, desde el punto de vista del capital constante y variable, contrarrestan la ca\u00edda tendencial de la cuota de ganancia. En su an\u00e1lisis, dichos efectos se expresan en la atrofia de los otros dos sectores de producci\u00f3n, lo que, al no haberse puesto en evidencia el comportamiento de la cuota de plusval\u00eda en los tres sectores, no llega a ser una explicaci\u00f3n y lo deja en igualdad con Oliveira y en retroceso respecto a Tavares.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La suposici\u00f3n de Mathias de que los bienes de producci\u00f3n no sufren en el mercado mundial reducciones significativas de precios, independientemente de que est\u00e9 bajando su costo de producci\u00f3n, es, por el grado de absolutizaci\u00f3n en que se formula, susceptible de provocar dudas. La teor\u00eda ense\u00f1a que los aumentos de productividad se transfieren o no a los precios, en esos bienes como en cualesquiera otros, seg\u00fan las condiciones de la concurrencia; la pr\u00e1ctica muestra que, aunque por lo general la reducci\u00f3n de los precios de esos bienes es m\u00e1s lenta que la de los productos primarios y bienes intermedios, debido a las diferencias de productividad e intensidad del trabajo en los pa\u00edses que producen unos y otros (y all\u00ed radica la clave del intercambio desigual), tal reducci\u00f3n no deja de tener lugar, particularmente en periodos en que se acent\u00faa la competencia por mercados. Esto \u00faltimo se comprueba f\u00e1cilmente si se examinan las relaciones internacionales de intercambio, a principios de esta d\u00e9cada; naturalmente, la elevaci\u00f3n de precios del petr\u00f3leo y la subsiguiente agudizaci\u00f3n de la inflaci\u00f3n mundial han modificado la situaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo esencial \u2014y Mathias debiera de haber sacado las consecuencias de su planteamiento respecto a la atrofia de los sectores I y II\u2014 es que, en las econom\u00edas dependientes de mayor desarrollo relativo, la b\u00fasqueda de sobreganancias y la elasticidad de la demanda que corresponde a la esfera alta de circulaci\u00f3n orientan hacia el sector III las inversiones, en particular extranjeras, por las caracter\u00edsticas propias del sector, en cuanto a la producci\u00f3n de plusval\u00eda, y las condiciones de distribuci\u00f3n creadas por la superexplotaci\u00f3n del trabajo. Con ello, se eleva la composici\u00f3n org\u00e1nica de ese sector a un ritmo m\u00e1s r\u00e1pido que en los dem\u00e1s, inclinando a su favor el mecanismo de nivelaci\u00f3n de la cuota de ganancia. Ambos factores \u2014el drenaje de plusval\u00eda que resulta de la nivelaci\u00f3n de ganancias ante un sector de alta composici\u00f3n org\u00e1nica y el que se deriva de la ganancia extraordinaria (la cual, como vimos antes se encuentra vinculada directamente a las condiciones del mercado)\u2014 deprimen la cuota de ganancia en los dem\u00e1s sectores (a excepci\u00f3n de las ramas del sector I que producen fundamentalmente para el sector III): en este sentido, y s\u00f3lo en \u00e9ste, es que la atrofia de I y II puede atribuirse al desarrollo del sector III.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La internacionalizaci\u00f3n del sector I, es decir, la sustituci\u00f3n de importaciones de bienes de producci\u00f3n, tender\u00eda a corregir ese desequilibrio b\u00e1sico, al elevar la composici\u00f3n org\u00e1nica en dicho sector respecto al III, pero no ser\u00eda de por s\u00ed capaz de depreciar al capital constante, como supone Mathias. En efecto, es poco probable que los precios de los bienes de producci\u00f3n fabricados internamente se situaran por debajo de los vigentes en el mercado mundial (basta ver lo que pasa con los precios de los bienes que produce el sector III). En consecuencia, la desvalorizaci\u00f3n del capital constante y su efecto en la cuota general de ganancia en Brasil seguir\u00edan dependiendo de las condiciones impuestas, en este terreno, por las econom\u00edas capitalistas avanzadas, aunque esa dependencia espec\u00edfica ya no se viabilizara prioritariamente, como ahora, por la v\u00eda de la balanza comercial. Afirmando lo contrario, Mathias, aunque por otra v\u00eda, lleva agua al molino autonomista de Oliveira y se rezaga respecto a Tavares, que es mucho m\u00e1s esc\u00e9ptica en cuanto a esa posibilidad de superaci\u00f3n de la dependencia (tanto m\u00e1s que, para ella, \u00e9sta como que ya no existe).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las consideraciones de Mathias sobre la desvalorizaci\u00f3n de la fuerza de trabajo crean dudas a\u00fan m\u00e1s serias. Haciendo a un lado la influencia del sector III en la determinaci\u00f3n de la cuota de ganancia en el sector II, para lo que vale lo anteriormente expuesto, debe preocuparnos la manera como Mathias enfoca el problema de la superexplotaci\u00f3n del trabajo, en tanto que mecanismo que asegura esa desvalorizaci\u00f3n. No insistamos en la imprecisi\u00f3n conceptual con que aborda la superexplotaci\u00f3n (igual a plusval\u00eda absoluta y, m\u00e1s adelante, igual a prolongaci\u00f3n e intensificaci\u00f3n del trabajo, sin referencia, por lo dem\u00e1s, a la relaci\u00f3n entre el salario y el valor de la fuerza de trabajo) ni tampoco en el hecho de que la superexplotaci\u00f3n no&nbsp;<em>desvaloriza&nbsp;<\/em>a la fuerza de trabajo, tan s\u00f3lo la&nbsp;<em>deprecia<\/em>;vayamos a lo esencial: el que se considere a \u00e9sta como expresi\u00f3n de una fase que estar\u00eda viviendo el capitalismo brasile\u00f1o, susceptible pues de ceder lugar a otra en que la introducci\u00f3n de m\u00e9todos destinados a aumentar la productividad permita generalizar la plusval\u00eda relativa. Como lo hizo en relaci\u00f3n a la transferencia de los aumentos de productividad a los precios de los bienes de producci\u00f3n en el mercado mundial, Mathias se equivoca aqu\u00ed por incurrir en &#8220;simplificaciones abusivas&#8221;, tanto en el plano te\u00f3rico como hist\u00f3rico. El recurso a la productividad del trabajo, como m\u00e9todo de extracci\u00f3n de plusval\u00eda,&nbsp;<em>no es algo que est\u00e1 por venir<\/em>, cuando se agote la posibilidad de extraerla sobre la base de la superexplotaci\u00f3n, sino que&nbsp;<em>ha sido justamente porque ya se utiliza ampliamente que la superexplotaci\u00f3n en Brasil se ha agravado<\/em>. Esto es lo que examin\u00e9 en otra parte, al indicar como, al incidir en una estructura productiva basada en la superexplotaci\u00f3n, el aumento de la productividad del trabajo conlleva la aceleraci\u00f3n del crecimiento del ej\u00e9rcito industrial de reserva, con lo que se viabiliza la presi\u00f3n del capital sobre las condiciones de trabajo y remuneraci\u00f3n de los trabajadores&nbsp;<meta charset=\"utf-8\"><sup>52<\/sup>. El hecho de que, junto a ello, la burgues\u00eda recurra al Estado para doblegar la resistencia obrera y hacer a\u00fan m\u00e1s efectiva la acci\u00f3n del ej\u00e9rcito de reserva (eliminando, por ejemplo, la estabilidad laboral, fijando topes salariales, suprimiendo el derecho de huelga, etc\u00e9tera) no modifica el problema, en sus t\u00e9rminos esenciales. En consecuencia, para que los trabajadores brasile\u00f1os logren superar la superexplotaci\u00f3n, tendr\u00e1n que hacerlo \u2014en contra de lo que piensa Mathias\u2014 echando abajo la econom\u00eda dependiente que existe en Brasil, por grandes que sean los progresos que presente all\u00ed el r\u00e9gimen capitalista de producci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\"><strong>* * *<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la medida que constituyen un momento definido en el proceso de producci\u00f3n del edificio te\u00f3rico de Marx, los esquemas de reproducci\u00f3n no pueden ser aislados de los dem\u00e1s componentes que intervienen en ese proceso ni contraponerse a ellos. Es a partir de la teor\u00eda del valor y en funci\u00f3n de la teor\u00eda de la plusval\u00eda como se establece su ligaz\u00f3n con la ley de la ca\u00edda tendencial de la cuota de ganancia, con la que Marx corona su trabajo. Pero, por el nivel de abstracci\u00f3n en que se sit\u00faan, los esquemas s\u00f3lo tienen validez sobre la base de los supuestos en que se fundan; cualquier cambio en \u00e9stos conduce necesariamente a su cuestionamiento global. El vicio b\u00e1sico de las pol\u00e9micas que suscitaron reside en la violaci\u00f3n de esa norma y en el hecho de que confundieron lo que es una abstracci\u00f3n te\u00f3rica con la representaci\u00f3n hist\u00f3rico-formal del sistema capitalista.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La utilizaci\u00f3n de los esquemas de reproducci\u00f3n para el an\u00e1lisis del capitalismo dependiente, que tuvimos ocasi\u00f3n de examinar, no presenta ese inconveniente. El simple hecho de que sean tomados como una referencia te\u00f3rica entre muchas y que se integren en un marco categorial m\u00e1s amplio es una virtud, ya que permite plantearse problemas de los que los esquemas en s\u00ed no pueden dar cuenta. Sin embargo, para que el an\u00e1lisis llegue a buen resultado, el hilo l\u00f3gico de la construcci\u00f3n te\u00f3rica de Marx no puede ser roto, so riesgo de incurrir en un eclecticismo que invalida la capacidad explicativa de los esquemas y no los hace m\u00e1s \u00fatiles que cualquier otro instrumental anal\u00edtico, como por ejemplo el de tradici\u00f3n cepalina. An\u00e1logamente, una correcta aplicaci\u00f3n de los esquemas a los problemas de la realidad latinoamericana excluye los razonamientos unidireccionales \u2014y, por esto, unilaterales\u2014 y exige la consideraci\u00f3n dial\u00e9ctica de sus relaciones con la econom\u00eda mundial, as\u00ed como de los movimientos contradictorios que, en lo abstracto como en lo concreto, caracterizan al ciclo del capital.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sin embargo, esa utilizaci\u00f3n, por parte de los autores que aqu\u00ed analizamos, al privilegiar el objeto espec\u00edfico de los esquemas: las relaciones intersectoriales y, con ello, la circulaci\u00f3n de la masa de valores de uso y de valor producida, conduce al equ\u00edvoco de poner la circulaci\u00f3n por sobre la acumulaci\u00f3n y reproducci\u00f3n del capital mismo. En Tavares, particularmente, ello lleva a recuperar planteamientos que a\u00fan Ricardo rechazar\u00eda, como las tesis malthusianas sobre el consumo improductivo, aunque \u00e9stas se hayan impuesto de nuevo en la econom\u00eda neocl\u00e1sica; m\u00e1s que por ser errores te\u00f3ricos, los equ\u00edvocos de Tavares son inaceptables en la medida en que encubren una visi\u00f3n apolog\u00e9tica del capitalismo en general y del brasile\u00f1o en particular. En lo fundamental, esa visi\u00f3n se deriva de su tesis respecto a la expansi\u00f3n de las ganancias sobre la base de la reducci\u00f3n general de costos, desvinculada de la producci\u00f3n de plusval\u00eda, y compatible con la elevaci\u00f3n de los salarios m\u00e1s all\u00e1 de todo l\u00edmite que pudiera imponer el valor de la fuerza de trabajo en su comercializaci\u00f3n. En la perspectiva de Tavares, el aumento de las ganancias tiene como causa principal la desvalorizaci\u00f3n de capital constante, lograda como efecto de la productividad del propio capital constante; el que esa productividad sea, en \u00faltima instancia, productividad del trabajo y esa desvalorizaci\u00f3n el resultado de la desvalorizaci\u00f3n de la fuerza de trabajo se esfuma como por magia y, con ello, el car\u00e1cter explotador del sistema, que podr\u00eda seguir su desarrollo liberado de las determinaciones que surgen de la producci\u00f3n de plusval\u00eda, es decir, de la explotaci\u00f3n del trabajo, y preocupado tan s\u00f3lo con los problemas que le plantea la realizaci\u00f3n de los productos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En Oliveira y, de manera m\u00e1s sutil, en Mathias, estas cuestiones reaparecen. Es precisamente porque, pese a su pretensi\u00f3n de realizar un estudio end\u00f3geno de la acumulaci\u00f3n en Brasil, Oliveira no toma realmente en consideraci\u00f3n la acumulaci\u00f3n misma y su resorte vital, la explotaci\u00f3n del trabajo, que su an\u00e1lisis acaba por privilegiar las relaciones de la econom\u00eda brasile\u00f1a con la econom\u00eda mundial (no importa, aqu\u00ed, si en base a un esquema sectorial) y se centra, finalmente, en el problema de la realizaci\u00f3n del dinero nacional en dinero mundial; atrapado en esa contradicci\u00f3n aparente, todo el an\u00e1lisis de Oliveira concluye hacia la soluci\u00f3n que representar\u00eda la b\u00fasqueda de un esquema sectorial m\u00e1s equilibrado, gracias al desarrollo del sector I, lo que disfraza mal el regreso del autor al redil de las ilusiones sobre un desarrollo capitalista aut\u00f3nomo en Brasil, que alimentaron las elaboraciones ideol\u00f3gicas del pensamiento desarrollista. La cr\u00edtica de Mathias, a su vez, al circunscribirse a la cuota de ganancia, ella misma un resultado de la concurrencia, sin haber aclarado las cuestiones propias a la acumulaci\u00f3n como tal, es decir, en tanto que factor inmediato de producci\u00f3n, no puede llegar al fondo del problema. En consecuencia, Mathias no s\u00f3lo incide en el sesgo autonomista de Oliveira sino que, al confundir la superexplotaci\u00f3n del trabajo con la extracci\u00f3n de plusval\u00eda absoluta y \u00e9sta con un periodo hist\u00f3rico dado, alimenta ilusiones en el ingreso del capitalismo brasile\u00f1o en una fase en que \u00e9ste no se distinguir\u00eda&nbsp;<em>esencialmente&nbsp;<\/em>del capitalismo tal como se ha desarrollado en los grandes centros imperialistas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los tres autores analizados se re\u00fanen al fin del camino, al destacar la importancia del Estado para abrir camino a las tendencias progresivas que plantear\u00edan a un nivel superior el desarrollo capitalista brasile\u00f1o: reorientaci\u00f3n de las tendencias del mercado, mayor equilibrio entre los sectores de la producci\u00f3n, pasaje a la etapa de la plusval\u00eda relativa, etc\u00e9tera. El esfuerzo de Mathias por reubicar el problema del Estado, al subrayar que su acci\u00f3n no escapa a las leyes generales que rigen al capitalismo brasile\u00f1o, aunque represente un paso adelante respecto al pesimismo de Tavares y constituya la parte m\u00e1s interesante y bien lograda de su trabajo, no es suficiente para situarlo de manera correcta. Y no lo es por el hecho de que esas leyes no quedan claramente establecidas en su an\u00e1lisis, que salta de las cuestiones relativas a la teor\u00eda del valor a las que hacen a la teor\u00eda de la ganancia, sin detenerse en las que se refieren a la teor\u00eda de la plusval\u00eda y la acumulaci\u00f3n de capital. Sin embargo, ese eslab\u00f3n es indispensable para la comprensi\u00f3n adecuada del capitalismo brasile\u00f1o y del papel del Estado en su desarrollo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El marxismo es una teor\u00eda compleja, que permite un an\u00e1lisis extremadamente rico de las realidades concretas a que se aplica. El esquematismo y la aridez que el lector encuentre en este ensayo no invalidan esa proposici\u00f3n: nuestro objetivo, tal como lo se\u00f1alamos al principio, consist\u00eda tan s\u00f3lo en verificar la posibilidad de utilizaci\u00f3n de los esquemas de reproducci\u00f3n en el an\u00e1lisis concreto. Si, al considerarlos a la luz de la producci\u00f3n y realizaci\u00f3n de la plusval\u00eda, queda claro que dichos esquemas no tienen validez propia y s\u00f3lo constituyen un instrumento anal\u00edtico \u00fatil si incorporan el conjunto de los planteamientos marxistas, nuestro prop\u00f3sito habr\u00e1 sido plenamente alcanzado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\"><em><span class=\"has-inline-color has-nv-dark-bg-color\">Ruy Mauro Marini<\/span><\/em><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Notas<\/strong><strong><\/strong><\/h2>\n\n\n\n<ol class=\"wp-block-list\"><li>Al iniciar, en la segunda secci\u00f3n, el estudio de la rotaci\u00f3n del capital, Marx advierte, respecto a los ciclos del capital dinero y del capital productivo, que &#8220;debe tenerse presente el primero cuando se trate fundamentalmente de examinar la influencia de la rotaci\u00f3n sobre la formaci\u00f3n de plusval\u00eda y el segundo cuando se estudie su influencia sobre la formaci\u00f3n de producto&#8221;.&nbsp;<em>El Capital.&nbsp;<\/em>Ed. Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, M\u00e9xico, t. II, p. 137. Un poco antes observar\u00e1, a prop\u00f3sito de la f\u00f3rmula del capital mercanc\u00edas, que \u00e9sta es &#8220;importante para la secci\u00f3n tercera, donde el movimiento de los distintos capitales se concibe en conexi\u00f3n con el movimiento del capital social en su conjunto&#8221;. Ib\u00edd.<\/li><li>Ib\u00edd., pp. 314-16.<\/li><li>Al preguntarse sobre el origen del dinero necesario a la circulaci\u00f3n de la plusval\u00eda, Rosa Luxemburgo reprocha a Marx el que su &#8220;respuesta se apoya exclusivamente en el momento del tr\u00e1nsito primero a la acumulaci\u00f3n&#8221;, se\u00f1alando adelante que dicho tr\u00e1nsito &#8220;es una ficci\u00f3n te\u00f3rica no menos que la reproducci\u00f3n simple del capital&#8221;.&nbsp;<em>La acumulaci\u00f3n de capital<\/em>. Ed. Grijalbo, M\u00e9xico, 1967, p. 119. Adem\u00e1s de manifestar la tendencia que caracteriza de reducir lo l\u00f3gico a lo hist\u00f3rico, fuente de todos los errores de su obra de innegable valor, Rosa Luxemburgo se equivoca en la apreciaci\u00f3n del concepto de reproducci\u00f3n simple, puesto que no es lo mismo una abstracci\u00f3n que una ficci\u00f3n.<\/li><li>Marx, op. cit., p. 352.<\/li><li>&#8220;El imperialismo y la acumulaci\u00f3n del capital&#8221;, en Rosa Luxemburgo y Nicolai Bujarin,&nbsp;<em>El imperialismo y la acumulaci\u00f3n del capital.&nbsp;<\/em>Ed. Pasado y Presente, C\u00f3rdoba, 1975, pp. 102, ss. Como hace notar Roman Rosdolsky, esto indica que, sobre la base de los supuestos de Marx, las tasas de acumulaci\u00f3n en ambos sectores deben guardar una proporcionalidad inversa a las tasas de composici\u00f3n org\u00e1nica.&nbsp;<em>G\u00e9nesis y estructura de El Capital de Marx.&nbsp;<\/em>Ed. Siglo XXI, M\u00e9xico, p. 494.<\/li><li>&#8220;&#8230; la tendencia del r\u00e9gimen capitalista es la de ir convirtiendo toda la producci\u00f3n, dentro de lo posible, en producci\u00f3n de mercanc\u00edas; el medio principal de que se vale para ello consiste, precisamente, en incorporarlas de este modo a su proceso circulatorio. La producci\u00f3n de mercanc\u00edas, al llegar a su fase de desarrollo, es la producci\u00f3n capitalista de mercanc\u00edas. La intervenci\u00f3n del capital industrial estimula en todas partes esta transformaci\u00f3n, que lleva aparejada la de todos los productores directos en obreros asalariados&#8221;. Marx, op cit., p. 99.<\/li><li>&#8220;La producci\u00f3n capitalista es inseparable del comercio exterior. Y el supuesto de una producci\u00f3n normal a base de una escala dada lleva aparejado tambi\u00e9n el supuesto de que el comercio exterior s\u00f3lo supla los art\u00edculos del interior del pa\u00eds mediante art\u00edculos de otra forma \u00fatil y natural sin afectar con ello a las proporciones de valor&#8230;&#8221; Ib\u00edd., p. 418.<\/li><li>Op. cit., t. III,<strong>&nbsp;<\/strong>pp. 150-51.<\/li><li>Por esto, resulta inadecuado un concepto como el de &#8220;tercera demanda&#8221;, que utiliza Pierre Salama en su libro&nbsp;<em>El proceso de subdesarrollo.&nbsp;<\/em>Ed. Era, M\u00e9xico, 1976, pp. 204 ss., el cual borra el origen de clase de las determinaciones de la distribuci\u00f3n y, por consiguiente, de la demanda. Sobre el tema, v\u00e9ase mi art\u00edculo &#8220;La acumulaci\u00f3n capitalista mundial y el subimperialismo&#8221;.&nbsp;<em>Cuadernos Pol\u00edticos,&nbsp;<\/em>n. 12, abril-junio de 1977, M\u00e9xico, pp. 29-30.<\/li><li>Op. cit., t. II<strong>&nbsp;<\/strong>pp. 298-99.<\/li><li>La f\u00f3rmula es de Claudio Napoleoni: v\u00e9ase su introducci\u00f3n a&nbsp;<em>El futuro del capitalismo,&nbsp;<\/em>Ed. Siglo XXI, M\u00e9xico, 1978.<\/li><li>Napoleoni, en el texto citado, distingue la l\u00ednea que, inici\u00e1ndose con Smith, contin\u00faa con la tesis de Ricardo sobre la ca\u00edda de la cuota de ganancia y culmina con la tesis del estancamiento de Stuart Mill, de la l\u00ednea que, sosteniendo la tendencia del sistema a la superproducci\u00f3n cr\u00f3nica, se expresa principalmente a trav\u00e9s de Sismondi y de Malthus. Marx recoge esa doble problem\u00e1tica, como lo indica Napoleoni, pero critica ambas posiciones, que representaban, a su vez, el punto de vista de la burgues\u00eda industrial (Ricardo), de la peque\u00f1a burgues\u00eda (Sismondi) y de los rentistas y dem\u00e1s grupos parasitarios (Malthus). V\u00e9ase principalmente su&nbsp;<em>Historia cr\u00edtica de la teor\u00eda de la plusval\u00eda.&nbsp;<\/em>Ed. Venceremos, La Habana, 1965.<\/li><li>Coletti, quien identifica en Marx una &#8220;teor\u00eda del derrumbe&#8221;, en su ley sobre la ca\u00edda tendencial de la cuota de ganancia, se\u00f1ala correctamente que las tendencias objetivas del sistema que apuntan a su destrucci\u00f3n &#8220;por s\u00ed solas, no pueden tener valor resolutivo&#8221; y &#8220;s\u00f3lo tienen sentido cuando aparecen como condiciones y premisas reales de la lucha de clases&#8221;. Sin embargo, tiende a considerar incompatibles ambos planteamientos, al exigir una &#8220;teor\u00eda del derrumbe&#8221; que autonomice al factor objetivo, lo que ciertamente no est\u00e1 presente en Marx y tampoco en los partidarios m\u00e1s decididos del &#8220;derrumbe&#8221;, como Rosa Luxemburgo, Grossmann y el mismo Bujarin. La contradicci\u00f3n de Coletti parece derivarse de su imposibilidad de comprender que el an\u00e1lisis econ\u00f3mico marxista. Lo mismo que el sociol\u00f3gico el pol\u00edtico, no es sino un \u00e1ngulo de ataque del problema; esto es lo que lleva a Coletti a oponer categor\u00edas como capital variable y constante (&#8220;elementos internos al capital&#8221;) a la de clases sociales, olvid\u00e1ndose que el capital, en Marx, s\u00f3lo se entiende en tanto que&nbsp;<em>relaci\u00f3n entre clases<\/em>. Locurioso es que, en el mismo texto, Coletti cita pasajes de Schumpeter que apuntan de manera mucho m\u00e1s certera en esa direcci\u00f3n. V\u00e9ase su introducci\u00f3n a&nbsp;<em>El marxismo y el &#8220;derrumbe&#8221; del capitalismo.&nbsp;<\/em>Ed. Siglo XXI, M\u00e9xico, 1978.<\/li><li>V\u00e9ase&nbsp;<em>La acumulaci\u00f3n del capital,&nbsp;<\/em>cit., pp. 259 ss.<\/li><li>En Rosa Luxemburgo ese error aparece de manera elocuente y reiterada; por ejemplo: &#8220;el esquema presupone un movimiento del capital total, que contradice la&nbsp;<em>marcha efectiva&nbsp;<\/em>de la evoluci\u00f3n capitalista. La&nbsp;<em>historia&nbsp;<\/em>de la forma de producci\u00f3n capitalista se caracteriza&#8230;&#8221;, etc\u00e9tera. Ib\u00edd., p. 262, subrayados m\u00edos.<\/li><li><em>Escritos econ\u00f3micos 1893-1899. Sobre el problema de los mercados.&nbsp;<\/em>Ed. Siglo XXI, Madrid, 1974, pp. 234 ss.<\/li><li>Rosdolsky, op cit., pp. 519-30.<\/li><li><em>El Capital<\/em>, cit., t. III<strong>,&nbsp;<\/strong>p. 248.<\/li><li>Bernstein insist\u00eda ya en esa &#8220;ruptura&#8221; asi\u00e9ndose al hecho de que el borrador del libro II<strong>&nbsp;<\/strong>que utiliza Engels es posterior al del libro III, raz\u00f3n por la cual, &#8220;en general, el libro segundo contiene los frutos m\u00e1s tard\u00edos y maduros de la investigaci\u00f3n marxiana&#8221;. V\u00e9ase el trozo de su libro&nbsp;<em>Las premisas del socialismo y las toreas de la socialdemocracia&nbsp;<\/em>incluido en la antolog\u00eda de Coletti, cit., p. 147.<\/li><li>Op. cit., pp. 500-1.<\/li><li><em>El Capital,&nbsp;<\/em>cit., t. II, p. 321.<\/li><li>Ib\u00edd., pp. 322-49.<\/li><li>Ib\u00edd., p. 315. La circulaci\u00f3n de la plusval\u00eda, en tanto que parte del capital-mercanc\u00edas y del capital variable, en tanto que pago de la fuerza de trabajo, no entra en la circulaci\u00f3n del capital, aunque la inversi\u00f3n del salario la condicione.<\/li><li>Ib\u00edd., p. 316.<\/li><li>Ib\u00edd., p. 329.<\/li><li>Ib\u00edd., p. 351. El problema se plantea aqu\u00ed s\u00f3lo en t\u00e9rminos de reposici\u00f3n del capital por tratarse de la reproducci\u00f3n simple.<\/li><li>&#8220;La reversi\u00f3n de una parte del valor del producto a capital y la incorporaci\u00f3n de la otra parte al consumo individual de la clase capitalista y de la clase obrera constituye un movimiento que se efect\u00faa dentro del mismo valor del producto en que se traduce el capital global: y este movimiento no es solamente reposici\u00f3n de valor, sino tambi\u00e9n reposici\u00f3n de materia, en cuya raz\u00f3n se halla condicionado tanto por la relaci\u00f3n mutua entre las partes integrantes del valor del producto social, como por su valor de uso, por su forma material.&#8221; Ib\u00edd., p. 352.<\/li><li>Ib\u00edd., p. 336.<\/li><li>Op. cit., pp. 501-2.<\/li><li>Napoleoni, op. cit., p. 45.<\/li><li><em>El Capital<\/em>, cit., t. I, p. 435.<\/li><li>Ib\u00edd., p. 439.<\/li><li>Dicho nivel no corresponde necesariamente al nivel medio de productividad, as\u00ed como el valor social de la mercanc\u00eda tampoco es siempre la media de los valores producidos en la rama, sino que ambos son afectados tambi\u00e9n por la concurrencia. V\u00e9ase&nbsp;<em>El Capital.&nbsp;<\/em>cit., t. III,<strong>&nbsp;<\/strong>cap. X.<\/li><li>\u201c&#8230; los cambios operados en la productividad del trabajo s\u00f3lo hacen cambiar la magnitud de la fuerza de trabajo y,&nbsp;<em>por tanto,&nbsp;<\/em>la magnitud de la plusval\u00eda, cuando los productos de la rama industrial a que afectan entran en el consumo habitual del obrero&#8221;.&nbsp;<em>El Capital,&nbsp;<\/em>cit., t. I, p. 439. Como lo se\u00f1ala el mismo Marx, en otros pasajes, la productividad act\u00faa en el mismo sentido cuando se trata de ramas que, aunque no arrojen bienes de consumo habitual, determinan las condiciones de producci\u00f3n de \u00e9stos.<\/li><li>\u201c&#8230; si hemos visto que en el valor de la fuerza de trabajo y de la plusval\u00eda no puede darse ning\u00fan&nbsp;<em>cambio absoluto de magnitud&nbsp;<\/em>sin que cambien sus&nbsp;<em>magnitudes relativas<\/em>, de ello se desprende que&nbsp;<em>sus magnitudes relativas de valor no pueden cambiar sin que cambie la magnitud absoluta del valor de la fuerza de trabajo<\/em>&#8220;. Ib\u00edd., p. 436.<\/li><li>&#8220;Toda variaci\u00f3n en la magnitud extensiva o intensiva del trabajo, afecta [&#8230;] el valor de la fuerza de trabajo en la medida en que acelera su desgaste.&#8221; Traducci\u00f3n literal de&nbsp;<em>Le Capital<\/em>, t. I<strong>,&nbsp;<\/strong>en Marx,&nbsp;<em>Oeuvres \u00c9conomie,&nbsp;<\/em>editado por Maximilien Rubel, Ed. Gallimard, Par\u00eds, 1965, t. I, p. 1017. Cf. edici\u00f3n Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, cit., t. I, p. 439.<\/li><li>&#8220;Es evidente que si var\u00eda el producto de valor de la jornada de trabajo, de 6 a 8 chelines, por ejemplo, las dos partes integrantes de ese valor, el precio de la fuerza de trabajo y la plusval\u00eda, pueden aumentar conjuntamente, ya sea en el mismo grado o en grado desigual. El precio de la fuerza de trabajo y la plusval\u00eda pueden subir por igual y al mismo tiempo de 3 chelines a 4, si el producto de valor experimenta un aumento de 6 a 8. El aumento de precio de la fuerza de trabajo, no envuelve aqu\u00ed necesariamente un aumento de su precio por encima de su valor. Puede incluso ir acompa\u00f1ado por una disminuci\u00f3n de su valor, como ocurre siempre que el aumento de precio de la fuerza de trabajo no compensa el desgaste acelerado que sufre \u00e9sta.&#8221;&nbsp;<em>El Capital,&nbsp;<\/em>cit., t. I, p. 439. Donde se lee &#8220;disminuci\u00f3n de su valor&#8221; debe leerse &#8220;disminuci\u00f3n por debajo de su valor&#8221;, como lo hace notar la edici\u00f3n de Siglo XXI, M\u00e9xico, 1975, t. I, vol. 2, p. 637, nota del editor.<\/li><li>&#8220;Tanto si la magnitud del trabajo aumenta extensivamente como si aumenta de un modo intensivo, a su cambio de magnitud corresponde siempre un cambio en la magnitud de su producto de valor, independientemente de la naturaleza de los art\u00edculos en que este valor encarne.&#8221;&nbsp;<em>El Capital,&nbsp;<\/em>cit., t. I, p. 439.<\/li><li>As\u00ed, en su obra cl\u00e1sica sobre el tema, Bujarin, al establecer la noci\u00f3n de econom\u00eda mundial indica: &#8220;El cambio internacional reposa sobre la divisi\u00f3n internacional del trabajo. Pero no hay que creer que se efect\u00faa nada m\u00e1s que en los l\u00edmites que le asigna esta divisi\u00f3n. Los pa\u00edses no cambian solamente productos de naturaleza diferente, sino tambi\u00e9n similares. Tal pa\u00eds, por ejemplo, puede exportar a tal otro, no solamente mercanc\u00edas que \u00e9ste no produce o produce en cantidad \u00ednfima, sino a\u00fan mercanc\u00edas que hagan concurrencia a la producci\u00f3n extranjera. En este caso, el cambio internacional tiene su fundamento, no en la divisi\u00f3n internacional del trabajo, que implica la producci\u00f3n de&nbsp;<em>valores mercantes de diversa naturaleza<\/em>, sino \u00fanicamente en la diferencia de gastos de producci\u00f3n, en la&nbsp;<em>diferencia de valores individuales&nbsp;<\/em>(para cada pa\u00eds), que en el cambio internacional se resumen en el trabajo socialmente necesario en el mundo&#8221;.&nbsp;<em>La econom\u00eda mundial&nbsp;<\/em>y&nbsp;<em>el imperialismo.&nbsp;<\/em>Ed. Pasado y Presente, C\u00f3rdoba, 1973, p. 41.<\/li><li>&#8220;Aunque ambos elementos, la mercanc\u00eda y el dinero, son unidades de valor de cambio y valor de uso, ya ve\u00edamos m\u00e1s arriba (libro I, cap. 1.3,<strong>&nbsp;<\/strong>pp. 14 s.) que en las operaciones de compra y venta estas dos funciones aparecen polarizadas en los dos extremos, de tal modo que la mercanc\u00eda (vendedor) representa el valor de uso y el dinero (comprador) el valor de cambio. La mercanc\u00eda encierra valor de uso, satisface una necesidad social, y ello constituye precisamente uno de los requisitos de la venta. El otro requisito es, como ve\u00edamos que la cantidad de trabajo, contenido en la mercanc\u00eda represente trabajo socialmente necesario, es decir, que el valor individual (y lo que, bajo esta premisa, supone lo mismo: el precio de venta) de la mercanc\u00eda coincida con su valor social.&#8221;&nbsp;<em>El Capital,&nbsp;<\/em>cit., t. III. p. 186. Y tambi\u00e9n: &#8220;Para que una mercanc\u00eda se venda por su valor comercial, es decir, en proporci\u00f3n al trabajo socialmente necesario que en ella se contiene, hace falta que la cantidad total de trabajo social invertida en la masa total de esta clase de mercanc\u00edas corresponda al volumen de la necesidad social que de ellas se siente, entendiendo por necesidad social la necesidad social solvente. La competencia, las fluctuaciones de los precios comerciales que corresponden a las fluctuaciones de la relaci\u00f3n entre la oferta y la demanda, tienden constantemente a reducir a esta medida la cantidad total del trabajo invertido en cualquier clase de mercanc\u00edas&#8221;. Ib\u00edd., p. 195.<\/li><li>&#8220;El supuesto de que las mercanc\u00edas de las diversas esferas de producci\u00f3n se vendan por sus valores s\u00f3lo significa, naturalmente, que su valor constituye el centro de gravitaci\u00f3n en torno al cual giran sus precios y a base del cual se compensan sus constantes alzas y bajas. Pero, adem\u00e1s, habr\u00e1 que distinguir siempre un&nbsp;<em>valor comercial,&nbsp;<\/em>del que hablaremos m\u00e1s adelante, del valor individual de las distintas mercanc\u00edas producidas por los diversos productores. El valor individual de algunas de estas mercanc\u00edas ser\u00e1 inferior al valor comercial (es decir, se requerir\u00e1 para su producci\u00f3n menos tiempo de trabajo del que indica el valor comercial); el de otras ser\u00e1 superior a \u00e9l. El valor comercial deber\u00e1 considerarse, de una parte, como el valor medio de las mercanc\u00edas producidas en una esfera de producci\u00f3n; de otra parte, como el valor individual de las mercanc\u00edas producidas por debajo de las condiciones medias de su esfera de producci\u00f3n y que constituyen la gran masa de productos de la misma. Tienen que darse combinaciones extraordinarias para que las mercanc\u00edas producidas en las peores condiciones o en las condiciones m\u00e1s favorables regulen el valor comercial, que constituye a su vez, el centro de gravitaci\u00f3n para los precios del mercado, los cuales son los mismos siempre para las mercanc\u00edas de la misma clase. Si la oferta de mercanc\u00edas al valor medio, es decir, al valor medio de la masa que oscila entre los dos extremos, satisface la demanda normal, las mercanc\u00edas cuyo valor individual es inferior al valor comercial realizan una plusval\u00eda o ganancia extraordinaria, mientras que aquellas cuyo valor individual es superior al valor comercial no pueden realizar una parte de la plusval\u00eda que en ellas se contiene.&#8221; M\u00e1s adelante. Marx a\u00f1ade: &#8220;Y lo que decimos del valor comercial es tambi\u00e9n aplicable al precio de producci\u00f3n, cuando \u00e9ste sustituya al valor comercial&#8221;. Ib\u00edd., pp. 182-83. V\u00e9ase tambi\u00e9n especialmente pp. 186 ss.<\/li><li>&#8220;La oferta y la demanda, cuando se las analiza a fondo, presuponen la existencia de las diversas clases y subclases entre las que se reparte la renta total de la sociedad para ser consumida por ellas como tal renta y de las que, por tanto, parte la demanda formada por la renta.&#8221; Ib\u00edd., p. 197.<\/li><li>Esto es lo que olvid\u00f3 Bujarin, con lo que dedujo relaciones falsas de su f\u00f3rmula de equilibrio para la reproducci\u00f3n ampliada. V\u00e9ase Rosdolsky, op cit., p. 495.<\/li><li>Este efecto depresivo no se traduce autom\u00e1ticamente en baja de la cuota de ganancia, ya que puede ser contrarrestado por diferentes mecanismos entre los cuales destaca la superexplotaci\u00f3n del trabajo, particularmente en el subsector IIa. Pero, sobre todo en este caso, la consecuencia de dicho efecto depresivo es la atrofia del subsector IIa y la hipertrofia de IIb, con la distorsi\u00f3n correspondiente del sector I.<\/li><li>Mar\u00eda da Concei\u00e7\u00e3o Tavares,&nbsp;<em>Acumula\u00e7\u00e3o de capital e industrializa\u00e7ao no Brasil,&nbsp;<\/em>tesis de concurso para la Facultad de Econom\u00eda y Administraci\u00f3n, Universidad Federal de R\u00edo de Janeiro, sin referencias de lugar y fecha, mimeo, 118 pp.; Francisco de Oliveira, &#8220;Padr\u00f5es de acumula\u00e7\u00e3o, oligop\u00f3lios e Estado no Brasil (1950-1976)&#8221;, en&nbsp;<em>A econom\u00eda da dependencia imperfeita,&nbsp;<\/em>Graal, R\u00edo de Janeiro, 1977, pp. 76-113, del cual hay versi\u00f3n en castellano:&nbsp;<em>Investigaci\u00f3n Econ\u00f3mica,&nbsp;<\/em>n. 143, sf. M\u00e9xico.<\/li><li>Ambos autores invocan a Kalecki para denominar al subsector de bienes de consumo de lujo como Departamento III manteniendo la designaci\u00f3n Departamento I para el de medios de producci\u00f3n y dando la de Departamento II al de bienes de consumo necesario. La realidad es que no es necesario referirse a Kalecki para establecer un sector o departamento III, ya que as\u00ed se presenta en la obra de Tugan Baranovsky que dio origen a la pol\u00e9mica ya tratada, la cual data de 1894, siendo aceptado por muchos marxistas, entre ellos el mismo Kautsky. Por otra parte, no cuesta tener presente que, en Kalecki, el sector que produce bienes de consumo para los capitalistas es el II, siendo el III el que produce para los trabajadores. Cf.&nbsp;<em>.Teor\u00eda de la din\u00e1mica econ\u00f3mica.&nbsp;<\/em>Ed. Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, M\u00e9xico, 1977, p. 48. Como quiera que sea, no teniendo importancia la denominaci\u00f3n de los sectores y subsectores de la producci\u00f3n, si \u00e9stos se encuentran bien definidos, aceptaremos aqu\u00ed la terminolog\u00eda de Oliveira y Tavares.<\/li><li>Esos saltos metodol\u00f3gicos en Tavares son habituales. As\u00ed, por ejemplo, la autora advierte, al principio de su trabajo, que no trabajar\u00e1 con valores, sino con precios de producci\u00f3n, pero, al no considerar siquiera los problemas de la formaci\u00f3n de la ganancia media, razona siempre en funci\u00f3n de los precios del mercado.<\/li><li>Es as\u00ed como, en su correspondencia con Ricardo, Malthus sosten\u00eda: &#8220;No puedo, en modo alguno, coincidir con usted cuando observa que &#8216;el deseo de acumulaci\u00f3n actuar\u00e1 sobre la demanda exactamente con la&nbsp;<em>misma eficacia&nbsp;<\/em>que el deseo de consumir&#8217; y que &#8216;consumo y acumulaci\u00f3n fomentan igualmente la demanda&#8217;. Confieso que no conozco, en verdad, otra causa para la ca\u00edda de los beneficios, que creo usted atribuir\u00e1 generalmente a la acumulaci\u00f3n, sino que el precio de los productos cae comparado con los gastos de producci\u00f3n, o, en otras palabras, que disminuye la demanda&nbsp;<em>efectiva&#8221;.&nbsp;<\/em>Y a\u00f1ad\u00eda, en otra carta: &#8220;En modo alguno quiero negar que unas u otras personas tengan derecho a consumir todo lo que se produce; pero la gran cuesti\u00f3n est\u00e1 en si se distribuye de tal manera entre las diferentes partes interesadas, que ocasione la mayor demanda efectiva para la producci\u00f3n futura. Y yo mantengo expresamente que un intento de acumular muy r\u00e1pidamente, lo que a la fuerza supone una considerable disminuci\u00f3n del consumo improductivo, debe frenar prematuramente el progreso de la riqueza por debilitar mucho los m\u00f3viles usuales de la producci\u00f3n&#8221;. Citado por J. M. Keynes, en &#8220;Robert Malthus (1766-1834): El primer economista de Cambridge&#8221;, incluido como pr\u00f3logo a T. R. Malthus.&nbsp;<em>Primer ensayo sobre la poblaci\u00f3n.&nbsp;<\/em>Ed. Alianza, Madrid, 1970, pp. 35-36.<\/li><li>&#8220;Estado y crisis capitalista en Am\u00e9rica Latina&#8221;.&nbsp;<em>Criticas de la Econom\u00eda Pol\u00edtica\u2014Edici\u00f3n latinoamericana.&nbsp;<\/em>n. 2, enero-marzo de 1977, M\u00e9xico, pp. 61-97.<\/li><li>V\u00e9ase mi cr\u00edtica a Pierre Salama, de quien Mathias toma la idea, en &#8220;La acumulaci\u00f3n capitalista mundial y el subimperialismo&#8221;,&nbsp;<em>Cuadernos Pol\u00edticos,&nbsp;<\/em>n. 12, abril-junio de 1977, M\u00e9xico, pp. 30-31, nota 39.<\/li><li>M\u00e1s bien, como indiqu\u00e9 antes, act\u00faa en el sentido de deprimir la cuota general de ganancia. Conviene observar que, al estudiar los mecanismos contrarrestantes de la ca\u00edda tendencial de la cuota de ganancia, Marx se\u00f1ala el desarrollo de la producci\u00f3n de lujo como uno de ellos (cf.&nbsp;<em>El Capital,&nbsp;<\/em>cit., t. III, p. 236). Sin embargo, se est\u00e1 refiriendo a las ramas de producci\u00f3n, suntuarias o no, que se basan en el aumento de superpoblaci\u00f3n relativa y, por ende, gracias a la ca\u00edda del salario por debajo del nivel medio, en una baja composici\u00f3n org\u00e1nica del capital, &#8220;lo que hace que tanto la cuota como la masa de plusval\u00eda sean, en estas ramas extraordinariamente altas&#8221;; la nivelaci\u00f3n de la cuota de ganancia se encarga de hacer que el conjunto del capital social se beneficie de esa situaci\u00f3n. Esto sigue siendo v\u00e1lido hoy, pero en menor escala: el sector III a que nos hemos referido aqu\u00ed ya no se constituye principalmente, como en la fase de desarrollo capitalista a que alude Marx, de ramas de baja composici\u00f3n org\u00e1nica, derivadas de la sobreestimaci\u00f3n de la producci\u00f3n artesanal o semiartesanal (los productos &#8220;hechos a mano&#8221; de nuestros d\u00edas, en la industria de sombreros, calzados, vestuario en general, por ejemplo), sino de ramas de alta composici\u00f3n org\u00e1nica, cuya mayor cuota de plusval\u00eda les adviene de su superioridad tecnol\u00f3gica y se traduce en plusval\u00eda extraordinaria. Esto es particularmente cierto si nos atenemos al sector III, tal como lo definen Oliveira, Tavares y el propio Mathias, es decir, referido a la producci\u00f3n de bienes de consumo durable, como los autom\u00f3viles y electrodom\u00e9sticos.<\/li><li>Cfr.&nbsp;<em>Dial\u00e9ctica de la dependencia<\/em>. Ed. Era, M\u00e9xico, 1973, pp. 64 ss. y 91 ss. Polemizando conmigo respecto a este punto, Mathias comete errores que no se sabe si atribuir a la incomprensi\u00f3n o a la mala fe. As\u00ed sostiene que pretendo caracterizar \u201cal capitalismo latinoamericano por el hecho de que &#8216;esto [sic] dispensa al industrial de preocuparse de aumentar la productividad del trabajo para [&#8230;] depreciar la fuerza de trabajo&#8217;, etc\u00e9tera&#8221;, con base en una cita del texto arriba mencionado. La frase se encuentra all\u00ed, en efecto, pero no como caracterizaci\u00f3n en&nbsp;<em>general<\/em>&nbsp;del capitalismo latinoamericano, sino de la industrializaci\u00f3n llevada a cabo&nbsp;<em>hasta<\/em>&nbsp;1950, es decir, el periodo que, de manera nada feliz, Mathias llama de &#8220;reinserci\u00f3n&#8221; de la econom\u00eda latinoamericana a la econom\u00eda capitalista mundial. En el p\u00e1rrafo siguiente, sin embargo, mi texto se avoca a las condiciones que obligan a los capitalistas industriales a enfrentarse a la necesidad de recurrir al aumento de la productividad del trabajo e indica de qu\u00e9 manera eso ocurri\u00f3, es decir, c\u00f3mo se verific\u00f3 la&nbsp;<em>transici\u00f3n entre un modo de acumulaci\u00f3n basado esencialmente en la superexplotaci\u00f3n del trabajo a otro, en el que la superexplotaci\u00f3n es la base sobre la cual incide el aumento de la productividad del trabajo<\/em>; cf. en particular p. 66 y el apartado que sigue, el \u00faltimo del texto en cuesti\u00f3n.<\/li><\/ol>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-columns has-2-columns has-desktop-oneTwo-layout has-tablet-equal-layout has-mobile-equal-layout has-default-gap has-vertical-unset\" id=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-columns-78bfedee\"><div class=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-columns-overlay\"><\/div><div class=\"innerblocks-wrap\">\n<div class=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-column\" id=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-column-c83ae97b\"><\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-column\" id=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-column-3c638dde\">\n<div class=\"wp-block-file alignright\"><a id=\"wp-block-file--media-c3ab5e9a-042d-4746-a50a-5747454f217d\" href=\"http:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/1979\/04\/37-Plusvali\u0301a-extraordinaria-y-acumulacio\u0301n-de-capital.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Plusvali\u0301a extraordinaria y acumulacio\u0301n de capital<\/a><\/div>\n<\/div>\n<\/div><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Fuente: Cuadernos Pol\u00edticos n. 20, Ediciones Era, M\u00e9xico, abril-junio de 1979, pp. 18-39. Se publica en Internet gracias a Ediciones Era. La especial productividad del trabajo en una esfera especial de la producci\u00f3n o&#46;&#46;&#46;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":1889,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_themeisle_gutenberg_block_has_review":false,"_ti_tpc_template_sync":false,"_ti_tpc_template_id":"","footnotes":""},"categories":[],"tags":[46,18],"class_list":["post-1326","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","tag-46","tag-articulos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1326","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1326"}],"version-history":[{"count":8,"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1326\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3324,"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1326\/revisions\/3324"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/1889"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1326"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1326"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1326"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}