{"id":1410,"date":"1985-11-11T17:25:27","date_gmt":"1985-11-11T17:25:27","guid":{"rendered":"http:\/\/localhost:8888\/wordpress\/?p=1410"},"modified":"2022-03-22T18:38:22","modified_gmt":"2022-03-22T18:38:22","slug":"la-lucha-por-la-democracia-en-america-latina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/?p=1410","title":{"rendered":"La lucha por la democracia  en Am\u00e9rica Latina"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center\"><mark style=\"background-color:rgba(0, 0, 0, 0)\" class=\"has-inline-color has-vivid-red-color\">Fuente: <a href=\"http:\/\/www.cuadernospoliticos.unam.mx\/\">Cuadernos Pol\u00edticos<\/a> n. 44, Ediciones Era, M\u00e9xico, julio-diciembre de 1985, pp. 3-11. Ponencia presentada en el seminario &#8220;Democracia y paz en Am\u00e9rica Latina&#8221;, promovido por el Sistema Universitario Mundial, M\u00e9xico, 11-12 de noviembre de 1985. Se publica en Internet gracias a Ediciones Era.<\/mark><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-text-color has-background has-vivid-red-background-color has-vivid-red-color\"\/>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-style-default\"><img decoding=\"async\" width=\"1001\" height=\"563\" src=\"http:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/latinoamerica.jpg_943190737-e1645639277386-edited.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1825\" srcset=\"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/latinoamerica.jpg_943190737-e1645639277386-edited.jpg 1001w, https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/latinoamerica.jpg_943190737-e1645639277386-edited-300x169.jpg 300w, https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/latinoamerica.jpg_943190737-e1645639277386-edited-768x432.jpg 768w, https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/latinoamerica.jpg_943190737-e1645639277386-edited-600x337.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 1001px) 100vw, 1001px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Nunca como hoy la cuesti\u00f3n de la democracia ocup\u00f3 lugar tan destacado en las luchas pol\u00edticas y sociales de Am\u00e9rica Latina y en la reflexi\u00f3n que sobre ellas se ejerce. Ello se debe, sin duda, a la dura experiencia del periodo de autoritarismo y represi\u00f3n del que la regi\u00f3n apenas comienza a salir. Pero se debe tambi\u00e9n a que, tal como se presenta entre nosotros, la idea de democracia involucra contenidos, se anexa conceptos y apunta a significados que trascienden su definici\u00f3n corriente.<\/p>\n\n\n\n<p>Est\u00e1, primero, la soberan\u00eda. En Am\u00e9rica Latina, hablar de democracia implica, como supuesto necesario, plantear el tema de su capacidad para autodeterminarse, es decir, de fijarse sus metas en libertad, atendiendo primariamente a las exigencias de sus pueblos. Es, pues, evocar el tema de la dependencia en que se encuentra la regi\u00f3n en el plano del capitalismo internacional, y conduce, por ello mismo, a entender la lucha por la democracia en tanto que lucha de liberaci\u00f3n nacional.<\/p>\n\n\n\n<p>Viene, despu\u00e9s, la justicia social. Porque, en Am\u00e9rica Latina, el concepto de democracia est\u00e1 expresado hoy, en la conciencia de los pueblos y en el discurso de sus dirigentes, la atenci\u00f3n a las necesidades m\u00e1s urgentes, la superaci\u00f3n de las condiciones de superexplotaci\u00f3n y miseria en que viven los trabajadores, la edificaci\u00f3n de una sociedad que, al basarse en el respeto a la voluntad de la mayor\u00eda haga de los intereses de \u00e9sta el criterio prioritario de acci\u00f3n. En esta perspectiva, la lucha por la democracia es la lucha contra la dominaci\u00f3n y explotaci\u00f3n de los muchos por unos cuantos, es la lucha por un orden social tendiente a la justicia y a la igualdad, es en suma \u2014all\u00ed donde se vuelve m\u00e1s definida\u2014 la lucha por el socialismo, importando poco los calificativos que a \u00e9l se adhieran o los plazos que se establezcan para su consecuci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Al examinar, pues, el movimiento y las tendencias de los procesos de democratizaci\u00f3n que est\u00e1n en curso en Am\u00e9rica Latina, me veo obligado a considerar esos elementos referenciales y a moverme en un marco que, a primera vista, parece exceder con mucho el tema de este trabajo. Ello se compensa por el hecho de que me enfrento a una limitaci\u00f3n ineludible: al tomar como objeto de an\u00e1lisis a Am\u00e9rica Latina, renuncio necesariamente a captar toda la riqueza y singularidad de los distintos procesos nacionales, que s\u00f3lo de manera parcial son reductibles a un esquema global de interpretaci\u00f3n y que, en casos extremos, escapan totalmente a \u00e9l. Es por esto que las luchas democr\u00e1ticas que se libran en los pa\u00edses de Centroam\u00e9rica caben mucho menos aqu\u00ed que los que se desarrollan en el Cono Sur, y que la democracia revolucionaria nicarag\u00fcense queda totalmente fuera de mis preocupaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Una advertencia final: al emplear t\u00e9rminos como democratizaci\u00f3n o redemocratizaci\u00f3n, no estoy haciendo ning\u00fan juicio de valor sobre lo que ocurre en la regi\u00f3n y ni de lejos pretendo que est\u00e9n encaminados a hacer realidad la idea de democracia a que me he referido. Aludo simplemente al cambio de gobiernos militares por gobiernos civiles y a la puesta en marcha de mecanismos destinados a crear o restablecer instituciones estatales representativas.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>El imperialismo y la reconversi\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">La redemocratizaci\u00f3n latinoamericana se enmarca en la ofensiva desatada por Estados Unidos para, a la vez que enfrenta la crisis internacional, reestructurar en provecho propio la econom\u00eda capitalista mundial. Guardadas las proporciones y respetadas las diferencias, la situaci\u00f3n tiene puntos en com\u00fan con la que se present\u00f3 tras el fin de la segunda guerra mundial. En aquel entonces, como potencia hegem\u00f3nica y siguiendo el ejemplo de lo que hiciera Gran Breta\u00f1a en el siglo XIX, Estados Unidos pudo imponer al mundo el liberalismo econ\u00f3mico, creando las instituciones encargadas de garantizar su aplicaci\u00f3n. El dinamismo y el poder que ostenta la m\u00e1s significativa de esas instituciones \u2014el Fondo Monetario Internacional\u2014 son una prueba de c\u00f3mo la econom\u00eda norteamericana, ante nuevos males, recurre a viejos remedios.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy, como ayer, Estados Unidos est\u00e1 interesado en restablecer las bases de una divisi\u00f3n internacional del trabajo que permita la circulaci\u00f3n plena de mercanc\u00edas y capitales. La presi\u00f3n que ejerce sobre los pa\u00edses de Am\u00e9rica Latina va, pues, en el sentido de fomentar sus exportaciones, lo que implica en mayor o menor grado una reconversi\u00f3n productiva que no s\u00f3lo respete el principio de la especializaci\u00f3n seg\u00fan las ventajas comparativas, sino que abra mayor espacio al libre juego del capital, reduciendo la capacidad intervencionista del Estado. En la perspectiva de ese proyecto neoliberal, comienza a dise\u00f1arse el futuro que el capitalismo internacional reserva a la regi\u00f3n: una Am\u00e9rica Latina integrada a\u00fan m\u00e1s estrechamente a la econom\u00eda mundial, mediante su transformaci\u00f3n en econom\u00eda exportadora de nuevo tipo, es decir, una econom\u00eda que, al lado de la explotaci\u00f3n m\u00e1s intensiva de sus riquezas naturales, refuncionalice su industria para volverla competitiva en el mercado exterior.<\/p>\n\n\n\n<p>Para todos los pa\u00edses, esto implica la destrucci\u00f3n de parte de su capital social; sobre todo en la industria, pues s\u00f3lo ramas con ventajas comparativas reales o que absorban alta tecnolog\u00eda y grandes masas de inversi\u00f3n aparecen como viables en esa nueva divisi\u00f3n del trabajo. Se comprende as\u00ed que la destrucci\u00f3n sea m\u00e1s dr\u00e1stica en pa\u00edses como Chile, Uruguay y aun Argentina que en Brasil o M\u00e9xico (aunque este \u00faltimo, por la cercan\u00eda a Estados Unidos, se vea amenazado de una casi anexi\u00f3n). La reconversi\u00f3n implica tambi\u00e9n la redistribuci\u00f3n del capital social en favor de los grandes grupos industriales y financieros, redistribuci\u00f3n que se extiende a aquella porci\u00f3n hoy en manos del Estado, por lo que no sorprende que el FMI plantee como cuesti\u00f3n prioritaria la reducci\u00f3n del d\u00e9ficit p\u00fablico, uno de los instrumentos m\u00e1s efectivos a ese efecto. Para las masas, el precio de la reconversi\u00f3n es la agravaci\u00f3n de la superexplotaci\u00f3n del trabajo y la generalizaci\u00f3n del desempleo, cualquiera que sea su forma, como resultado de la destrucci\u00f3n de parte del capital social aunada a la r\u00e1pida elevaci\u00f3n de los niveles tecnol\u00f3gicos actuales.<\/p>\n\n\n\n<p>La imposici\u00f3n de un proyecto de esta naturaleza no pudo hacerse f\u00e1cilmente a trav\u00e9s de las dictaduras militares que Estados Unidos contribuy\u00f3 a crear en Am\u00e9rica Latina, a partir de la d\u00e9cada de los sesenta. En la medida en que supone el achicamiento del Estado, por la reducci\u00f3n de su base econ\u00f3mica y la limitaci\u00f3n de sus funciones, dicho proyecto contrar\u00eda los intereses de las Fuerzas Armadas, cuya condici\u00f3n material de existencia es el aparato estatal mismo. Pero hay otras razones. Una vez constituidas, las dictaduras militares formularon proyectos nacionales que, si no amenazaban el esquema de seguridad internacional de Estados Unidos, creaban constantes conflictos en su seno, ya sea por su nacionalismo exacerbado, que provoc\u00f3 m\u00e1s de una amenaza de conflicto en la regi\u00f3n y acab\u00f3 por generar un acontecimiento como la guerra de las Malvinas, ya sea por la pretensi\u00f3n de los gobiernos castrenses de lograr acceso a cierta autonom\u00eda en el plano internacional, como se vio sobre todo en el caso de Brasil. M\u00e1s grave a\u00fan, las Fuerzas Armadas se mostraron incapaces de construir reg\u00edmenes pol\u00edticos estables, lo que constitu\u00eda al fin y al cabo la misi\u00f3n prioritaria que les hab\u00eda asignado Estados Unidos.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo ello llev\u00f3 a que el imperialismo norteamericano decidiera propiciar cambios institucionales que pudieran aplicarse sin poner en riesgo los sistemas de dominaci\u00f3n vigentes, al tiempo que utilizaba nuevos instrumentos de presi\u00f3n para imponer su proyecto de reconversi\u00f3n econ\u00f3mica. La imposici\u00f3n de los intereses de Estados Unidos a Am\u00e9rica Latina abandon\u00f3 gradualmente los medios de acci\u00f3n pol\u00edtico-militares \u2014la Casa Blanca, el Pent\u00e1gono, el Departamento de Estado\u2014 para ejercerse m\u00e1s activamente a trav\u00e9s de canales como el Departamento de Comercio, los grupos privados y, naturalmente, el FMI. Esa tendencia se vuelve dominante a partir de 1980, cuando Ronald Reagan llega al poder y se afirma definitivamente tras la bancarrota mexicana y brasile\u00f1a de 1982.<\/p>\n\n\n\n<p>Cabe se\u00f1alar que el cambio de la pol\u00edtica exterior norteamericana hacia Am\u00e9rica Latina no implic\u00f3 el abandono de la doctrina de la contrainsurgencia, en que aqu\u00e9lla se funda, como tampoco de la atenci\u00f3n que concede a las Fuerzas Armadas. Se trata de un cambio de \u00e9nfasis, que opera diferencialmente seg\u00fan la zona o la situaci\u00f3n espec\u00edfica de cada pa\u00eds. As\u00ed es como, para Centroam\u00e9rica la redemocratizaci\u00f3n se articula con la militarizaci\u00f3n, cual puede apreciarse en El Salvador, Honduras, Guatemala, Panam\u00e1 y aun Costa Rica, mientras que en el Cono Sur el apoyo a los procesos de democratizaci\u00f3n excluye a Paraguay y no se extiende todav\u00eda a Chile.<\/p>\n\n\n\n<p>Como quiera que sea, el sometimiento de los gobiernos de la regi\u00f3n al proyecto econ\u00f3mico norteamericano se encuentra todav\u00eda en proceso y se realiza en medio de resistencias y conflictos. Son muchos los intereses contrariados, global o parcialmente, por la reconversi\u00f3n, hecho que, por s\u00ed solo, hubiera exigido ya, en los pa\u00edses en cuesti\u00f3n, la apertura de espacios de lucha, es decir, procesos de redemocratizaci\u00f3n. Tanto m\u00e1s que la reconversi\u00f3n abri\u00f3 brechas en el bloque burgu\u00e9s-militar, constituido a partir de los a\u00f1os sesenta, al tiempo que incentiv\u00f3 el ascenso de los movimientos populares. La suerte de la redemocratizaci\u00f3n actualmente en curso depende en una amplia medida del desenlace de esas contradicciones y enfrentamientos.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>La cuesti\u00f3n del cuarto poder<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">En esta perspectiva, conviene examinar la situaci\u00f3n de las Fuerzas Armadas. El rechazo que provocaron por parte de la sociedad, debido a su desempe\u00f1o en la direcci\u00f3n del Estado, las llev\u00f3 a renunciar al ejercicio directo del poder, pero no parece haberlas conmovido en su motivaci\u00f3n ideol\u00f3gica y pol\u00edtica m\u00e1s profunda; tampoco ha mellado significativamente su unidad interna. Aunque visibles hasta cierto punto, las posiciones diversas que en ellas se observan no han conducido a la configuraci\u00f3n de luchas faccionales abiertas, que m\u00e1s bien han tendido a resolverse en convivencias y complicidades.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto, que contribuy\u00f3 de manera decisiva a que la transici\u00f3n a gobiernos civiles se hiciera de manera pac\u00edfica, difiere considerablemente del patr\u00f3n de conflicto interno en las Fuerzas Armadas que prevalec\u00eda antes de los reg\u00edmenes dictatoriales y se debe, en parte, a la responsabilidad institucional que les cabe en los hechos creados entonces, desde la pol\u00edtica econ\u00f3mica antipopular hasta el uso de la violencia. Pero el comportamiento relativamente monol\u00edtico de los militares, en la actual coyuntura, tiene una causa de car\u00e1cter m\u00e1s estructural: su reforzamiento ideol\u00f3gico, a partir de la adopci\u00f3n de la doctrina norteamericana de la contrainsurgencia en los a\u00f1os sesenta. Tal doctrina les permiti\u00f3 fundar sobre bases m\u00e1s s\u00f3lidas su concepci\u00f3n de las instituciones armadas como garante fundamental de los intereses del Estado (identificados como seguridad nacional), y llamadas por ello a ejercer un papel no s\u00f3lo tutelar, sino tambi\u00e9n conductor respecto a la sociedad.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, la ideolog\u00eda y la doctrina de las Fuerzas Armadas no se encuentran hoy exactamente en el mismo pie que en la d\u00e9cada de los sesenta. Esto se debe, en cierta medida, al cuestionamiento a que la doctrina de la contrainsurgencia fue sometida por la propia \u00e9lite militar y civil de Estados Unidos, tras la derrota de Vietnam, y a las reformulaciones que esta \u00e9lite&nbsp;llev\u00f3 a cabo,&nbsp;particularmente despu\u00e9s del ascenso de James Carter a la presidencia. La consecuencia de ello fue cierta desaz\u00f3n en las Fuerzas Armadas latinoamericanas y un aliento inesperado a los movimientos democr\u00e1ticos que surg\u00edan en la regi\u00f3n, los cuales alcanzan entonces sus primeros triunfos. Pero fue la guerra de las Malvinas lo que llev\u00f3 ese proceso a su punto cr\u00edtico, precipitando la evoluci\u00f3n del pensamiento militar latinoamericano hacia nuevas elaboraciones.<\/p>\n\n\n\n<p>La doctrina de la contrainsurgencia supon\u00eda una cierta concepci\u00f3n de la correlaci\u00f3n de fuerzas y de los intereses en presencia en el plano internacional, de la que derivaba la idea del papel auxiliar de las Fuerzas Armadas de Am\u00e9rica Latina en el esquema del poder del imperialismo y, en contrapartida, la acentuaci\u00f3n de su vocaci\u00f3n de polic\u00eda, es decir, de guardianes del orden interno. El conflicto entre pa\u00edses que integraban el mismo campo de fuerzas y el alineamiento de Estados Unidos contra Am\u00e9rica Latina, en la guerra de las Malvinas, fueron hechos que, aunados a la posici\u00f3n asumida por sovi\u00e9ticos y cubanos, dieron al traste con el concepto de seguridad hemisf\u00e9rica y cuestionaron la idea de la divisi\u00f3n del mundo en dos bloques. Ello signific\u00f3 poner en duda el supuesto geopol\u00edtico m\u00e1s general en que se basaba la doctrina de la seguridad nacional, subproducto latinoamericano de la contrainsurgencia.<\/p>\n\n\n\n<p>En estas condiciones, era inevitable que las Fuerzas Armadas apuraran la reformulaci\u00f3n ideol\u00f3gica en que se encontraban ya empe\u00f1adas, tanto m\u00e1s que \u2014despu\u00e9s de los encontrones del periodo de Carter\u2014 la pol\u00edtica internacional de Estados Unidos acentuaba, con Reagan, su nacionalismo y tend\u00eda a plantear la reconquista plena de su hegemon\u00eda, sin miramientos para con sus supuestos socios. El ascenso del movimiento democr\u00e1tico en Am\u00e9rica Latina y la adhesi\u00f3n que empez\u00f3 a recibir de sectores burgueses hicieron a\u00fan m\u00e1s urgente esa reformulaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde 1982, comienza a observarse una reorientaci\u00f3n del pensamiento militar latinoamericano, en dos direcciones: poner de nuevo en el centro de las preocupaciones de las Fuerzas Armadas su capacidad de respuesta ante eventuales agresiones externas y pensar esa capacidad como parte de una acci\u00f3n m\u00e1s amplia que, trascendiendo a los militares, involucrara al resto de la sociedad. As\u00ed se revert\u00eda el orden de prioridades hasta entonces adoptado.<\/p>\n\n\n\n<p>El cambio de los a\u00f1os ochenta no implic\u00f3 la renuncia a la doctrina de la seguridad nacional, aunque modific\u00f3 el ordenamiento y el \u00e9nfasis de los elementos que la componen, al tiempo que alter\u00f3 la forma como los militares conciben su relaci\u00f3n con la sociedad civil. Esto hizo incluso que la doctrina fuera m\u00e1s aceptable para las Fuerzas Armadas de pa\u00edses que, insertos en contextos institucionales relativamente estables, hab\u00edan asimilado m\u00e1s lentamente y con muchas resistencias internas los planteamientos doctrinarios de los a\u00f1os sesenta. Cabe mencionar, en particular, a Venezuela y M\u00e9xico, en especial el \u00faltimo, que tiene una historia marcada por conflictos a veces agudos con Estados Unidos y que alimenta gran desconfianza en cuanto a los objetivos estadounidenses en Centroam\u00e9rica. No es sino despu\u00e9s de la guerra de las Malvinas que los jefes militares mexicanos empiezan a asumir como suya la doctrina de seguridad nacional, lig\u00e1ndola expl\u00edcitamente a la defensa de la riqueza petrolera del pa\u00eds, fen\u00f3meno que se acent\u00faa en la Armada, debido a que parte sustancial de esa riqueza est\u00e1 en la plataforma submarina.<\/p>\n\n\n\n<p>En el Cono Sur, sobre todo en Brasil, cuna de esa doctrina, el viraje ideol\u00f3gico de los militares les permiti\u00f3 ponerse a tono con el ascenso del movimiento democr\u00e1tico. Pero les plante\u00f3 tambi\u00e9n un problema: el de c\u00f3mo hacerse un lugar adecuado en el esquema institucional y pol\u00edtico que remplazar\u00eda a las dictaduras. En realidad, esa cuesti\u00f3n se configura desde los a\u00f1os setenta, al iniciarse las luchas democr\u00e1ticas y al producirse los primeros enfrentamientos con Estados Unidos. Comenz\u00f3 a gestarse entonces una estrategia que tratar\u00eda de aplicarse plenamente en los a\u00f1os ochenta, en el momento en que el doble movimiento de la ideolog\u00eda militar del fortalecimiento del frente democr\u00e1tico exigi\u00f3 una soluci\u00f3n inmediata.<\/p>\n\n\n\n<p>Es necesario se\u00f1alar que, pese al car\u00e1cter tenso y hasta conflictivo que marc\u00f3 las relaciones entre las dictaduras latinoamericanas y Estados Unidos, bajo Carter, el gobierno norteamericano no s\u00f3lo propici\u00f3 esa estrategia sino que le proporcion\u00f3 elementos de elaboraci\u00f3n. El nuevo equipo de intelectuales, encabezado por Brzesinski, que ocup\u00f3 los puestos de asesor\u00eda y mando en Washington ten\u00eda como misi\u00f3n restablecer el prestigio internacional del pa\u00eds, fuertemente sacudido por la derrota de Vietnam, por los conflictos con sus aliados europeos y por el avance de los movimientos revolucionarios en Asia, \u00c1frica y Medio Oriente. Admitiendo que Estados Unidos se hallaba a la defensiva, ese equipo plante\u00f3 la conveniencia de promover un cambio de imagen en la pol\u00edtica exterior, restableciendo en ella la ret\u00f3rica de los valores democr\u00e1ticos y de los derechos humanos. Con ello, el gobierno abandon\u00f3 el fomento a los golpes militares y el apoyo abierto a las dictaduras. Pero no modific\u00f3 su preocupaci\u00f3n en cuanto al imperativo de contar con reg\u00edmenes estables y confiables en los pa\u00edses de su \u00e1rea de influencia y de ah\u00ed provino precisamente el reproche principal a los militares latinoamericanos, que se mostraban incapaces de asegurar esa estabilidad y confiabilidad.<\/p>\n\n\n\n<p>La preocupaci\u00f3n norteamericana \u2014que, por lo dem\u00e1s, trascend\u00eda a Am\u00e9rica Latina para extenderse a los mismos pa\u00edses avanzados\u2014 se traduc\u00eda en la b\u00fasqueda de principios y mecanismos que proporcionaran&nbsp;<em>gobernabilidad<\/em>&nbsp;a las democracias, seg\u00fan la f\u00f3rmula de uno de los ide\u00f3logos en boga, Samuel Huntington. En la versi\u00f3n que le dio el Departamento de Estado, el concepto de &#8220;democracia gobernable&#8221; dio lugar a la consigna de &#8220;democracia viable&#8221;, entendida como un r\u00e9gimen de corte democr\u00e1tico-representativo tutelado por las Fuerzas Armadas. Observemos que ese modelo no constitu\u00eda una verdadera ruptura con la doctrina de la contrainsurgencia, la cual establec\u00eda que, tras las fases de aniquilamiento del enemigo interno y de reconquista de bases sociales por las Fuerzas Armadas, deber\u00eda seguirse una tercera fase, destinada a la reconstrucci\u00f3n democr\u00e1tica.<\/p>\n\n\n\n<p>La elaboraci\u00f3n ideol\u00f3gica norteamericana ven\u00eda al encuentro de la que realizaban los militares latinoamericanos, en su esfuerzo por adaptarse a los nuevos tiempos. En Brasil, particularmente, donde se iniciara, desde 1974, una distensi\u00f3n dentro del r\u00e9gimen, sus ide\u00f3logos militares y civiles recurr\u00edan a una tradici\u00f3n del pa\u00eds, que conced\u00eda hist\u00f3ricamente a las Fuerzas Armadas atribuciones de afianzamiento, supervisi\u00f3n y control en relaci\u00f3n a los poderes del Estado. En esa l\u00ednea, se apelaba a la constituci\u00f3n pol\u00edtica del periodo mon\u00e1rquico, que rigiera por casi setenta a\u00f1os en el siglo XIX, la cual consagraba una forma estatal de cuatro poderes, sobreponiendo al ejecutivo, legislativo y judicial el poder moderador, ejercido personalmente por el emperador. Este poder \u2014razonaban los ide\u00f3logos de la dictadura\u2014 derivaba de que el monarca ten\u00eda en sus manos el supremo mando militar, con lo que, al terminar la monarqu\u00eda, el poder pasaba autom\u00e1ticamente a las Fuerzas Armadas.<\/p>\n\n\n\n<p>Casuismos aparte, la vida pol\u00edtica brasile\u00f1a de los a\u00f1os setenta y principios de los ochenta va a caracterizarse por el esfuerzo de los militares para mantener la iniciativa y el control del proceso de liberalizaci\u00f3n, con vistas a arribar a una reformulaci\u00f3n institucional que les asegurara formalmente una posici\u00f3n en tanto que cuarto poder del Estado. El ejercicio de ese poder quedar\u00eda en manos de los \u00f3rganos corporativos de la instituci\u00f3n castrense, a nivel de estado mayor, y de los aparatos de inteligencia, pero tendr\u00eda su instancia m\u00e1xima en el Consejo de Seguridad Nacional. F\u00f3rmulas similares inspiraron la Constituci\u00f3n propuesta en refer\u00e9ndum por los militares uruguayos, a principios de los a\u00f1os ochenta, y que fue rechazada, as\u00ed como el pliego de exigencias presentado por los militares argentinos en v\u00edsperas de abandonar el poder, el cual no fue atendido.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo sucedido en Uruguay y Argentina y el fracaso relativo del \u00faltimo gobierno castrense de Brasil (que debi\u00f3 ceder prematuramente, seg\u00fan su propio calendario, el poder a los civiles, sin garantizar formalmente su propia posici\u00f3n en el Estado) no deben sin embargo llevar a enga\u00f1o: ello representa m\u00e1s la derrota de ciertas facciones militares y de sus estrategias particulares que el fracaso definitivo de las Fuerzas Armadas en sus pretensiones de crearse un espacio propio en la nueva institucionalidad que se est\u00e1 gestando en Am\u00e9rica Latina. Es posible que la correlaci\u00f3n de fuerzas en las luchas actuales no favorezca la f\u00f3rmula del Estado de cuatro poderes, tal como se plante\u00f3 en la segunda mitad de los a\u00f1os setenta. Pero el problema de la institucionalizaci\u00f3n del poder militar, vale decir, la definici\u00f3n formal del papel de las Fuerzas Armadas en el nuevo Estado, sigue en pie.<\/p>\n\n\n\n<p>En este sentido, los militares siguen contando con el apoyo de Estados Unidos. Bajo Reagan, la pol\u00edtica exterior norteamericana para Am\u00e9rica Latina, aunque ha restablecido el \u00e9nfasis en la cuesti\u00f3n de la seguridad, ha seguido favoreciendo la implantaci\u00f3n de democracias viables en la regi\u00f3n y se ha empe\u00f1ado directamente en ello en Centroam\u00e9rica. Pero esa convergencia de intereses de Estados Unidos y las Fuerzas Armadas latinoamericanas no oculta el hecho de que \u00e9stas se oponen, en cierta medida, al proyecto de reconversi\u00f3n econ\u00f3mica planteado por aquel pa\u00eds particularmente \u2014aunque no s\u00f3lo por esto\u2014 en lo que se refiere a su intenci\u00f3n de debilitar el aparato estatal en la esfera econ\u00f3mica. Es por all\u00ed que pasa tambi\u00e9n lo principal de las divergencias existentes hoy d\u00eda entre las fuerzas armadas y las burgues\u00edas latinoamericanas.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>El proyecto burgu\u00e9s<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Inspiradora y principal beneficiaria de los reg\u00edmenes militares, la burgues\u00eda comenz\u00f3 a separarse de ellos a cierta altura del proceso, para plantearse la conveniencia de asumir la gesti\u00f3n directa del aparato estatal. Influy\u00f3 para esto el aumento del costo del manejo de la cosa p\u00fablica, derivado de la intermediaci\u00f3n militar y agravado por la corrupci\u00f3n que las dictaduras propiciaban (lo que, si bien beneficiaba a distintos grupos burgueses, desaprovechaba al conjunto de la clase). Influy\u00f3 tambi\u00e9n el hecho de que las fuerzas armadas buscaron inclinar en favor de sus propios proyectos las pol\u00edticas estatales, no siempre totalmente coincidentes con los intereses m\u00e1s generales de la burgues\u00eda (como, por ejemplo, en el caso de Brasil, el excesivo \u00e9nfasis atribuido a la conquista de la tecnolog\u00eda nuclear). Pero el factor determinante fue el surgimiento y desarrollo de los movimientos democr\u00e1ticos populares, que mostraron la incapacidad de los reg\u00edmenes militares para promover una estabilidad pol\u00edtica duradera.<\/p>\n\n\n\n<p>La burgues\u00eda, que viera con hostilidad y recelo ese movimiento, acab\u00f3 por adherirse a \u00e9l. Pero no se limit\u00f3 a la adhesi\u00f3n: breg\u00f3 afanosamente por asumir su conducci\u00f3n ideol\u00f3gica y pol\u00edtica, procediendo, previamente, a su propia unificaci\u00f3n mediante un gran acuerdo entre sus distintas fracciones. El \u00e9xito obtenido en esa empresa favoreci\u00f3 el car\u00e1cter pac\u00edfico asumido por la transici\u00f3n y permiti\u00f3 que la creaci\u00f3n de una nueva institucionalidad se hiciera en un marco de relativa continuidad, orient\u00e1ndose hacia la concertaci\u00f3n de un pacto social capaz de restituir legitimidad al sistema de dominaci\u00f3n y al Estado.<\/p>\n\n\n\n<p>La concreci\u00f3n del pacto social ha quedado sujeta, sin embargo, a la definici\u00f3n del proyecto burgu\u00e9s para la reorganizaci\u00f3n de la econom\u00eda y del Estado. La burgues\u00eda ha planteado, en este sentido las l\u00edneas b\u00e1sicas de su propuesta: la reconstrucci\u00f3n de la democracia parlamentaria y la edificaci\u00f3n de un Estado neo-liberal. En su ret\u00f3rica, esas dos l\u00edneas aparecen confundidas en una sola, siendo corriente en su discurso el uso de consignas liberales aplicadas a la soluci\u00f3n de cuestiones democr\u00e1ticas. En la pr\u00e1ctica, se trata de orientaciones distintas, aunque org\u00e1nicamente vinculadas, que generan problemas claramente diferenciables en sus relaciones con las dem\u00e1s fuerzas sociales y pol\u00edticas.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde el punto de la reconstrucci\u00f3n democr\u00e1tica, la burgues\u00eda pone el acento principal en el fortalecimiento del Parlamento, donde puede con facilidad obtener mayor\u00eda, directamente o por mediaci\u00f3n de la \u00e9lite pol\u00edtica a su servicio. Choca, por un lado, con los militares, inclinados, como vimos, a institucionalizarse en tanto que cuarto poder del Estado, por encima de los tres poderes tradicionales. Choca, por otro, con el movimiento popular, que \u2014sin oponerse propiamente a la revalorizaci\u00f3n del legislativo\u2014 tiende, a partir de su experiencia reciente, a la idea de una democracia participativa, que privilegie a las organizaciones sociales respecto al Estado y las convierta en \u00f3rganos de decisi\u00f3n y control en las cuestiones que interesan directamente a los distintos sectores del pueblo.<\/p>\n\n\n\n<p>En lo que ata\u00f1e al liberalismo, la burgues\u00eda lo toma como arma para privatizar en su beneficio el capital social hoy en manos del Estado y limitar la capacidad de regulaci\u00f3n de que dispone el Ejecutivo, ya sea transfiriendo partes de sus atribuciones al Parlamento, ya sea apropi\u00e1ndose ella misma de la otra parte en nombre de los derechos sagrados de la iniciativa privada. Encuentra, aqu\u00ed tambi\u00e9n, cierta oposici\u00f3n de las fuerzas armadas, que retiran su savia del Estado y en especial del Ejecutivo, as\u00ed como la desconfianza del movimiento popular, el cu\u00e1l vacila a\u00fan entre la defensa de la propiedad estatal y la b\u00fasqueda de nuevas formas de propiedad social, ligadas a la cooperaci\u00f3n, la cogesti\u00f3n y la autogesti\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Las dificultades que enfrenta la burgues\u00eda para plasmar en la esfera pol\u00edtica sus intereses se acent\u00faan en relaci\u00f3n a la definici\u00f3n e implementaci\u00f3n de su proyecto econ\u00f3mico. La crisis que vive la regi\u00f3n concurre decisivamente para ello, en la medida en que, como toda crisis, agudiza las contradicciones de clases y propicia enfrentamientos internos en la misma clase dominante; tanto m\u00e1s cuanto que la crisis no representa un mero fen\u00f3meno c\u00edclico dentro de un dado patr\u00f3n de reproducci\u00f3n del capital, sino m\u00e1s bien la ruptura del patr\u00f3n vigente y el esfuerzo dif\u00edcil de gestaci\u00f3n de uno nuevo.<\/p>\n\n\n\n<p>Vimos ya que Am\u00e9rica Latina enfrenta el proyecto de reconversi\u00f3n econ\u00f3mica planteado por Estados Unidos, cuya concreci\u00f3n implicar\u00eda para ella reasumir el papel de econom\u00eda exportadora que desempe\u00f1\u00f3 antes en el sistema capitalista y renunciar, pues, al intento de desarrollo auto-centrado, que inici\u00f3 en los a\u00f1os treinta. Existe, naturalmente, una diferencia fundamental en la situaci\u00f3n que se quiere crear y la que rigi\u00f3 en el siglo XIX: al contrario de ayer, Am\u00e9rica Latina est\u00e1 hoy obligada a nivelarse internacionalmente en materia de productividad y de tecnolog\u00eda, cualesquiera que sean las ramas \u2014agr\u00edcolas, mineras o manufactureras\u2014 que aseguren su vinculaci\u00f3n al mercado exterior. Ello no hace sino agravar los problemas creados por la reconversi\u00f3n, al plantear de manera a\u00fan m\u00e1s dr\u00e1stica la supresi\u00f3n de ramas enteras de actividad \u2014y por ende la destrucci\u00f3n del capital social correspondiente y de los sectores burgueses all\u00ed implantados\u2014, as\u00ed como la extensi\u00f3n del desempleo abierto o disfrazado para amplios contingentes de trabajadores.<\/p>\n\n\n\n<p>Es comprensible que la gran burgues\u00eda industrial y financiera \u2014agente y gestora natural de la reconversi\u00f3n\u2014 se enfrente a rebeld\u00edas y resistencias que la obligan a entablar con Estados Unidos una negociaci\u00f3n dif\u00edcil, de cuyo resultado depende en gran medida la preservaci\u00f3n de su sistema de dominaci\u00f3n. La presencia de las Fuerzas Armadas en el conflicto es un factor adicional de complicaci\u00f3n, en la medida en que la reconversi\u00f3n amenaza en muchos aspectos su base econ\u00f3mica de poder, sobre todo cuando pone en entredicho la posibilidad de desarrollar industrias como la b\u00e9lica, la nuclear, la inform\u00e1tica, en los pa\u00edses de mayor desarrollo relativo, pero tambi\u00e9n, para los dem\u00e1s, la mec\u00e1nica y la metal\u00fargica. Hay que considerar en fin que la gran burgues\u00eda misma no siempre coincide con las directrices fijadas por el proyecto norteamericano, ambicionando la ocupaci\u00f3n de espacios que \u00e9ste muchas veces le est\u00e1 vedando.<\/p>\n\n\n\n<p>El grado de desarrollo econ\u00f3mico del pa\u00eds y su posici\u00f3n en la econom\u00eda internacional, la configuraci\u00f3n que presenta la lucha de clases, el peso espec\u00edfico de la gran burgues\u00eda en el sistema de dominaci\u00f3n, la importancia relativa que tiene para cada naci\u00f3n la carga de destrucci\u00f3n impl\u00edcita en la reconversi\u00f3n: todo ello est\u00e1 contribuyendo a establecer los niveles de enfrentamiento con Estados Unidos y a propiciar soluciones particulares en materia de pol\u00edtica interna, particularmente en lo que se refiere a las alianzas de clases. En los extremos, se perfilan dos situaciones-limite. En Per\u00fa, la convergencia de la burgues\u00eda, las Fuerzas Armadas y amplios sectores del movimiento popular en el legado aprista, que enfatiza el papel del Estado, y en su seno en el Ejecutivo, sobre la base de un pacto social definido en t\u00e9rminos netamente reformistas y antimperialistas. En Brasil, la alianza entre la gran burgues\u00eda y las Fuerzas Armadas \u2014pendiente todav\u00eda la cuesti\u00f3n de si el eje del Estado pasar\u00e1 por el Congreso o el cuarto poder\u2014 para restaurar, sobre las bases de la democracia representativa, la legitimidad del Estado y, mediante una pol\u00edtica neodesarrollista, preservar en cierta medida la posibilidad de una econom\u00eda autocentrada.<\/p>\n\n\n\n<p>En todos los casos, los procesos de redemocratizaci\u00f3n que est\u00e1n en curso en Am\u00e9rica Latina se desarrollan bajo la hegemon\u00eda burguesa y amenazan con frustrar al principal protagonista de los movimientos antidictatoriales que hicieron posibles tales procesos: el pueblo. Entender por qu\u00e9 esto es as\u00ed es preguntarse si, en un futuro cercano, la situaci\u00f3n podr\u00e1 ser diferente; lo que es, a fin de cuentas, la raz\u00f3n de ser de esta reflexi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>La lucha por la democracia<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">El movimiento popular viene de una derrota hist\u00f3rica, que signific\u00f3 para \u00e9l el desmantelamiento de sus vanguardias y el sacrificio de sus cuadros y dirigentes. El fin de las dictaduras ha sido, en buena parte, obra suya, en especial merced a los combates que libr\u00f3 en los \u00faltimos ocho a\u00f1os. Pero en \u00e9l concurrieron tambi\u00e9n otros factores, como vimos anteriormente, cuya fuerza y presencia las fuerzas populares intuyen, sin que \u2014melladas en su capacidad de an\u00e1lisis y elaboraci\u00f3n t\u00e1ctica por la destrucci\u00f3n de la izquierda\u2014 sean capaces de identificarlos con claridad para, a partir de ah\u00ed, trazarse una l\u00ednea de acci\u00f3n. Peor todav\u00eda: su desarrollo reciente ha dividido y dispersado a las fuerzas populares, creando obst\u00e1culos para que puedan proyectarse en el plano pol\u00edtico con su fuerza real; lo que las lleva a manifestarse como movimiento tan s\u00f3lo en coyunturas cr\u00edticas.<\/p>\n\n\n\n<p>La divisi\u00f3n y dispersi\u00f3n del campo popular fueron impuestas por los militares, en su af\u00e1n de suprimir cualquier tipo de oposici\u00f3n organizada. Reprimidos y perseguidos, los ciudadanos se refugiaron en sus \u00faltimos reductos, aquellos de los cuales no se les pod\u00eda expulsar: la f\u00e1brica, la vivienda, la escuela, para iniciar desde all\u00ed un esfuerzo de resistencia a la violaci\u00f3n de sus derechos y, luego, de defensa abierta de estos. Ello supuso una labor de organizaci\u00f3n por la base del movimiento popular, que le permitir\u00eda, en el futuro, empe\u00f1arse en las grandes campa\u00f1as democr\u00e1ticas.<\/p>\n\n\n\n<p>La sustentaci\u00f3n social endeble de las dictaduras y el conjunto de factores nacionales e internacionales que conspiraron contra su permanencia aceleraron el curso del proceso y llevaron a resultados que rebasaban con mucho la capacidad real de acci\u00f3n del movimiento popular. Este, debi\u00f3 ingresar, pues, en una nueva etapa antes que su proceso de renovaci\u00f3n y reestructuraci\u00f3n estuviera cumplido. Mucho de su accionar qued\u00f3 ligado a sus intereses inmediatos, corporativos, sin llegar a aquel punto en que estos se trastocan en objetivos sociales y pol\u00edticos de alcance m\u00e1s general. La sustituci\u00f3n de sus viejos dirigentes por los nuevos cuadros forjados en las luchas de resistencia todav\u00eda no hab\u00eda culminado cuando debi\u00f3 continuarse en la nueva etapa, con lo que sus distintos sectores perdieron unidad de direcci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La complejidad de los elementos que forman el movimiento popular y la transformaci\u00f3n reciente de sus condiciones de vida, a\u00fan no asimilada como experiencia, hicieron el resto. Esto se aplica tanto a las nuevas clases medias asalariadas, que se ampliaron notablemente en los \u00faltimos a\u00f1os a costa de la burgues\u00eda mediana y peque\u00f1a o de la misma clase obrera, como al proletariado industrial, que debi\u00f3 asimilar nuevos contingentes urbanos y rurales en proporciones desmesuradas. Pero se aplica tambi\u00e9n al proletariado rural y al campesinado pobre, as\u00ed como a los estratos medios y peque\u00f1os de la burgues\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Es por ello el ascenso del grado de organizaci\u00f3n y combatividad de las masas de Am\u00e9rica Latina, particularmente notable desde el \u00faltimo tercio de los a\u00f1os setentas, no ha sido suficiente para neutralizar la ofensiva ideol\u00f3gica y pol\u00edtica de la gran burgues\u00eda. Esta ha podido intervenir en un momento en que la conciencia cr\u00edtica del pueblo respecto al sistema que lo oprime y explota apenas comenzaba a aflorar y s\u00f3lo en algunos sectores de punta esbozaba una respuesta radical. La burgues\u00eda asumi\u00f3 las aspiraciones populares y da ahora su respuesta, que las diluye y deforma, ofreciendo reformas liberales ah\u00ed donde comenzaban a plantearse exigencias de participaci\u00f3n, democracia y socialismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero no hay fen\u00f3meno en la vida social que no tenga dos signos. Si la experiencia molecular y marcadamente reivindicativa del movimiento popular se constituy\u00f3 en factor negativo para su unificaci\u00f3n, al momento de inicio de la redemocratizaci\u00f3n, le proporciona, en cambio, las premisas para una estrategia de lucha por el poder y para un proyecto nuevo de sociedad. Al lado de sus organizaciones tradicionales, como los sindicatos, el movimiento popular cuenta con \u00f3rganos de todo tipo, que debi\u00f3 crear para asegurar su derecho a la vivienda, al transporte, al abastecimiento, a la distribuci\u00f3n de luz y agua, los cuales le confieren una capacidad insospechada para comprender, manipular y controlar los complejos mecanismos de producci\u00f3n y circulaci\u00f3n de bienes y servicios. As\u00ed, cuando la burgues\u00eda le plantea hoy un modelo de sociedad que pretende traspasar a la iniciativa privada esos mecanismos o ponerlos bajo la tutela de un Estado centrado en el parlamento, donde ella es soberana, el movimiento popular est\u00e1 en condiciones de contraponer su propio esquema de organizaci\u00f3n social, basado en la organizaci\u00f3n de los ciudadanos en torno a sus intereses inmediatos y en su participaci\u00f3n directa en las instancias pertinentes de decisi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Habr\u00e1, quiz\u00e1, que plantearse una fase intermedia, dictada por la correlaci\u00f3n de fuerzas, y que consiste en convertir esos \u00f3rganos de democracia participativa en instrumentos de presi\u00f3n y control sobre el aparato de Estado, antes de lograr acceso al nivel pleno de la toma de decisiones. Pero, aun as\u00ed, ello abre al movimiento popular un camino propio, independiente, entre las posiciones de la burgues\u00eda y de las Fuerzas Armadas en torno al problema de la privatizaci\u00f3n del Estado. La experiencia de los pueblos latinoamericanos les ha ense\u00f1ado que la concentraci\u00f3n de poderes en manos del Estado, cuando \u00e9ste no es suyo, s\u00f3lo refuerza la m\u00e1quina de opresi\u00f3n de la burgues\u00eda. Debilitarlo hoy, restarle fuerza econ\u00f3mica y pol\u00edtica, no puede, pues, sino interesar en el m\u00e1s alto grado al movimiento popular, siempre y cuando ello implique la transferencia de competencias, no a la burgues\u00eda sino al pueblo. Por ello, frente a la privatizaci\u00f3n o la simple estatizaci\u00f3n, el movimiento popular plasma sus intereses en la propuesta de un \u00e1rea social regida por el principio de la autogesti\u00f3n y por la subordinaci\u00f3n de los instrumentos de regulaci\u00f3n del Estado a las organizaciones populares.<\/p>\n\n\n\n<p>En la lucha por su propuesta democr\u00e1tica, el movimiento popular necesita m\u00e1s que nunca de su unificaci\u00f3n en el plano social y de la reconstituci\u00f3n de sus direcciones pol\u00edticas. La reorganizaci\u00f3n de la izquierda es hoy un imperativo para que la idea de democracia, tal como se ha abierto paso en la conciencia popular latinoamericana, se convierta en realidad. En ello, naturalmente, la responsabilidad mayor es de la izquierda misma. A ella le cabe reflexionar sobre la rica experiencia que ha sido la suya, en estos a\u00f1os, sacando las lecciones que all\u00ed se encierran, y abrirse sin prejuicios de ninguna especie a la comprensi\u00f3n de la evoluci\u00f3n real del movimiento popular, en el periodo reciente. El otro camino, el de la discusi\u00f3n doctrinaria, que la izquierda se ve tantas veces tentada a trillar, no le abre perspectivas reales de desarrollo.<\/p>\n\n\n\n<p>En ese proceso cabe, sin duda, repensar la tendencia que ha sido la de la izquierda de los a\u00f1os sesenta en el sentido de privilegiar las tareas econ\u00f3micas en la lucha revolucionaria, el uso del Estado como factor primordial de transformaci\u00f3n y la visi\u00f3n del hombre primariamente como entidad socioprofesional. La realidad \u00faltima de la lucha de clases adviene del proceso productivo y no est\u00e1 en discusi\u00f3n la definici\u00f3n del individuo como obrero o campesino. Pero obrero o no, campesino o no, el individuo es hombre o es mujer, es blanco, indio o negro, es un animal que requiere condiciones ecol\u00f3gicas adecuadas a su sobrevivencia, entre muchos otros aspectos. Como tal, le es l\u00edcito y necesario participar en movimientos y organizaciones centrados en exigencias particulares y espec\u00edficas, aunque s\u00f3lo en un plano recobre su unidad, s\u00f3lo all\u00ed reintegre sus distintas facetas en un todo indivisible: en cuanto ciudadano, miembro integral de la sociedad pol\u00edtica. En un mundo dividido en clases y grupos, no le es dada la participaci\u00f3n directa como ciudadano en la sociedad y en el Estado, pero s\u00ed como miembro de un partido pol\u00edtico que se proponga abolir esas clases y marchar hacia la supresi\u00f3n del Estado.<\/p>\n\n\n\n<p>Partidos y organizaciones sociales no son entidades antag\u00f3nicas; son, por el contrario, fen\u00f3menos referidos a distintos \u00e1mbitos de la vida real, a distintas dimensiones e instancias de la participaci\u00f3n del individuo en la sociedad. Contraponerlos en la \u00f3ptica autonomista, o jerarquizarlos y subordinarlos entre s\u00ed, al viejo estilo de la izquierda, no puede sino obstaculizar a unos y otras y conducir al individuo y su pr\u00e1ctica social hacia la desintegraci\u00f3n. Asumir su desarrollo interdependiente y arm\u00f3nico apunta, inversamente, a la recuperaci\u00f3n del hombre integral en su diversidad y riqueza y permite aspirar a la construcci\u00f3n de una sociedad que le ofrezca el amplio espacio que \u00e9l requiere.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9ste es el reto que est\u00e1 planteado a la izquierda latinoamericana y que, si responde bien a \u00e9l, le permitir\u00e1 triunfar all\u00ed donde otros han fracasado: formular un proyecto independiente y alternativo al simulacro de democracia que pretende imponer la burgues\u00eda. No se puede prever todav\u00eda su dise\u00f1o, que deber\u00e1 surgir de las luchas concretas que se est\u00e1n librando. Pero, aunque rechazando las trampas con que la burgues\u00eda busca confundir las aspiraciones de las masas, tal proyecto, habr\u00e1 de rescatar las conquistas hist\u00f3ricas que las masas han logrado ya en el seno de la sociedad burguesa. Del mismo modo, descartar\u00e1 los planteamientos dogm\u00e1ticos y sectarios que hacen de la unidad punto de partida, al rev\u00e9s de \u2014comenzando por el reconocimiento de las tendencias pol\u00edticas y corrientes ideol\u00f3gicas existentes\u2014 hacer del pluralismo el criterio fundamental de una pr\u00e1ctica social libre y solidaria.<\/p>\n\n\n\n<p>En tal proyecto, democracia y socialismo reasumir\u00e1n su verdadero significado, que hace de una la contrapartida necesaria del otro, y se plantear\u00e1n no s\u00f3lo como visi\u00f3n prospectiva de un orden social deseado, sino tambi\u00e9n y sobre todo como expresi\u00f3n program\u00e1tica de lo que mueve a los hombres en su vida todos los d\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em><span class=\"has-inline-color has-nv-dark-bg-color\">Ruy Mauro Marini<\/span><\/em><\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-columns has-2-columns has-desktop-oneTwo-layout has-tablet-equal-layout has-mobile-equal-layout has-default-gap has-vertical-unset\" id=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-columns-78bfedee\"><div class=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-columns-overlay\"><\/div><div class=\"innerblocks-wrap\">\n<div class=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-column\" id=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-column-c83ae97b\"><\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-column\" id=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-column-3c638dde\">\n<div class=\"wp-block-file alignright\"><a id=\"wp-block-file--media-a9cecdef-dd46-4d38-be9b-c72b5aa3dcdd\" href=\"http:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/1985\/11\/51-La-lucha-por-la-democracia-en-Ame\u0301rica-Latina.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">La lucha por la democracia en Ame\u0301rica Latina<\/a><\/div>\n<\/div>\n<\/div><\/div>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Fuente: Cuadernos Pol\u00edticos n. 44, Ediciones Era, M\u00e9xico, julio-diciembre de 1985, pp. 3-11. Ponencia presentada en el seminario &#8220;Democracia y paz en Am\u00e9rica Latina&#8221;, promovido por el Sistema Universitario Mundial, M\u00e9xico, 11-12 de noviembre&#46;&#46;&#46;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":1825,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_themeisle_gutenberg_block_has_review":false,"_ti_tpc_template_sync":false,"_ti_tpc_template_id":"","footnotes":""},"categories":[],"tags":[62,18],"class_list":["post-1410","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","tag-62","tag-articulos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1410","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1410"}],"version-history":[{"count":6,"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1410\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3304,"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1410\/revisions\/3304"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/1825"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1410"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1410"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1410"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}