{"id":1479,"date":"1993-01-26T15:42:25","date_gmt":"1993-01-26T15:42:25","guid":{"rendered":"http:\/\/localhost:8888\/wordpress\/?p=1479"},"modified":"2022-03-22T15:57:09","modified_gmt":"2022-03-22T15:57:09","slug":"dos-notas-sobre-el-socialismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/?p=1479","title":{"rendered":"Dos notas sobre el socialismo"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center\"><mark style=\"background-color:rgba(0, 0, 0, 0)\" class=\"has-inline-color has-vivid-red-color\">Fuente: Archivo de Ruy Mauro Marini, con la anotaci\u00f3n: &#8220;1993 &#8211; Redefiniciones, UAM-X&#8221;. Versi\u00f3n en portugu\u00e9s: <a href=\"http:\/\/marini-escritos.unam.mx\/1992\/01\/01\/sobre-o-socialismo\/\" data-type=\"post\" data-id=\"1457\">Sobre o socialismo<\/a>, 1992.<\/mark><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-text-color has-background has-vivid-red-background-color has-vivid-red-color\"\/>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image is-style-default\"><figure class=\"aligncenter size-large\"><img decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"577\" src=\"http:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/guevara-castro-kN1-1200x630@abc-1024x577.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3234\" srcset=\"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/guevara-castro-kN1-1200x630@abc-1024x577.jpg 1024w, https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/guevara-castro-kN1-1200x630@abc-300x169.jpg 300w, https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/guevara-castro-kN1-1200x630@abc-768x432.jpg 768w, https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/guevara-castro-kN1-1200x630@abc-600x338.jpg 600w, https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/guevara-castro-kN1-1200x630@abc.jpg 1119w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><figcaption>La Izquierda Diario<\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">La crisis a la que ingresaron, a mediados de la d\u00e9cada pasada, los reg\u00edmenes socialistas europeos puede ser objeto de dos consideraciones. La primera consiste en no perder de vista que esa crisis es parte de un proceso te\u00f3rico y pr\u00e1ctico, en el que se articulan los distintos movimientos que, en el plano de las ideas y de la lucha social y pol\u00edtica, realizaron la cr\u00edtica del capitalismo, como modo de organizaci\u00f3n de la vida social. De Sismondi a la izquierda ricardiana, de Owen a Marx, de Kautsky y Hilferding a Lenin, Rosa Luxemburgo, Trotsky y Gramsci, la teor\u00eda socialista desnud\u00f3 los fundamentos de la econom\u00eda capitalista y de la sociedad burguesa, evidenci\u00f3 la perversidad estructural y la expropiaci\u00f3n del trabajo social que ellas propician, y arm\u00f3 ideol\u00f3gicamente los pueblos que lucharon contra eso.&nbsp; Y han sido muchos esos pueblos, desde los obreros parisinos de 1871 y los destacamentos obrero-campesinos de Rusia hasta las masas expoliadas de China, Cuba, Vietnam, Angola, Nicaragua.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s de un tercio de la humanidad opt\u00f3, en su momento, por el rechazo al capitalismo y en pro de un desarrollo social orientado a la supresi\u00f3n de las desigualdades de clase y la implantaci\u00f3n de una democracia radical de masas. Bajo esas consignas y aun soportando el aislamiento y las agresiones internacionales, aun partiendo de un retraso econ\u00f3mico y social sin paralelo entre las potencias occidentales, la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica conquist\u00f3 en poco m\u00e1s de treinta a\u00f1os una posici\u00f3n destacada en el escenario mundial. En todos los pa\u00edses que tomaron ese rumbo, las necesidades b\u00e1sicas de la poblaci\u00f3n en materia de educaci\u00f3n, salud y alimentaci\u00f3n se han visto satisfechas y se acabaron las hambrunas y el desempleo.<\/p>\n\n\n\n<p>No representa, pues, una tarea simple borrar el socialismo de la memoria de los pueblos y mucho menos convencer a la inmensa mayor\u00eda de la humanidad, para quien la soluci\u00f3n de esas cuestiones aparentemente elementales sigue todav\u00eda pendiente, que el socialismo no ha sido m\u00e1s que una equivocaci\u00f3n de quienes no hab\u00edan comprendido que la historia ha terminado. Para esa humanidad explotada y carente, la historia no ha siquiera comenzado. El campesino nordestino de Brasil busca ingresar a ella todos los d\u00edas, amonton\u00e1ndose en los &#8220;paus-de-arara&#8221; que lo conducen a las regiones m\u00e1s pr\u00f3speras del sur, para descubrir, en las &#8220;favelas&#8221; de R\u00edo o de Sao Paulo, que se continua neg\u00e1ndosele la entrada.<\/p>\n\n\n\n<p>La segunda consideraci\u00f3n referente a lo que pasa en el mundo socialista implica preguntarse si la crisis del llamado &#8220;socialismo real&#8221;, o m\u00e1s precisamente europeo, invalida y pone fin a esa b\u00fasqueda&nbsp;de formas superiores de organizaci\u00f3n social, a la que asistimos hace casi dos siglos, o si representa uno m\u00e1s de eses momentos de autocr\u00edtica radical que jalonan la historia del socialismo y que le han permitido resurgir con una creatividad renovada. Fue as\u00ed tras la derrota de la Comuna de Par\u00eds y la disoluci\u00f3n de la Internacional de Trabajadores, que dar\u00eda luego lugar a la difusi\u00f3n del socialismo en Europa y la fundaci\u00f3n de la Segunda Internacional. Fue as\u00ed cuando, frente a los sucesos de la primera guerra mundial y la divisi\u00f3n de la Internacional, se asisti\u00f3 a la primera revoluci\u00f3n socialista victoriosa en Europa y a la creaci\u00f3n de la Internacional Comunista. Fue as\u00ed despu\u00e9s de Yalta, cuando, insurgi\u00e9ndose contra los l\u00edmites que trataba de imponerles el compromiso establecido entre norteamericanos y sovi\u00e9ticos, los yugoslavos y los chinos proclamaron su derecho a la revoluci\u00f3n socialista. Fue as\u00ed en Am\u00e9rica Latina, hasta que el pueblo cubano diese al traste con improbabilidades te\u00f3ricas y geogr\u00e1ficas y, en todo el mundo, hasta que Vietnam se\u00f1alara con el dedo la desnudez del imperialismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Es porque lo sab\u00eda que Marx pudo comparar la revoluci\u00f3n socialista al topo que pasa buena parte de su vida trabajando las entra\u00f1as de la tierra. Es por ello tambi\u00e9n que, en un per\u00edodo como este, Marx afilaba el arma de su cr\u00edtica, dedic\u00e1ndose a su obra mayor, al tiempo que se compromet\u00eda enteramente con las nuevas formas que, con los partidos obreros, asum\u00eda entonces el desarrollo del socialismo en Europa.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\" id=\"el-socialismo-como-proceso-historico\">El socialismo como proceso hist\u00f3rico<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">El modo por el cual se tiende a plantear, actualmente, la cuesti\u00f3n del capitalismo y del socialismo, como si se trataran de dos sistemas abstractos, disociados de los procesos de la lucha de clases y susceptibles de comparaci\u00f3n en t\u00e9rminos de pragmatismo y eficiencia, es totalmente enga\u00f1oso. Ese procedimiento ignora los intereses reales que inspiran los dos sistemas y hace caso omiso de su historicidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Ello nada tiene a ver con el punto de vista de Marx, que vincul\u00f3 el socialismo a la emancipaci\u00f3n de la clase trabajadora y lo concibi\u00f3 como una nueva etapa hist\u00f3rica. Dicha etapa corresponder\u00eda a la recuperaci\u00f3n a un nivel superior de la propiedad individual, la cual representa el acto supremo de afirmaci\u00f3n del hombre frente al mundo que lo cerca y es tanto m\u00e1s efectiva cuanto m\u00e1s elevado sea el grado de cooperaci\u00f3n en que se basa&nbsp;<sup>1<\/sup>. No fue ese tampoco el enfoque adoptado por Lenin, quien, partiendo de la noci\u00f3n del socialismo como hecho hist\u00f3rico, lo asum\u00eda como una de las caracter\u00edsticas centrales de la nueva era en que entrara la humanidad y que \u00e9l defin\u00eda como la era del imperialismo y de las revoluciones proletarias triunfantes.<sup>2<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Si las cosas se plantean as\u00ed, es decir, si asumimos la \u00f3ptica desde la cual la historia se nos aparece como el desarrollo de formas de organizaci\u00f3n y convivencia social que tienden a la plena emancipaci\u00f3n del hombre, es \u00fatil recurrir al an\u00e1lisis del socialismo, con base en la analog\u00eda y el contraste, en relaci\u00f3n a la era hist\u00f3rica que lo precede, vale decir la era capitalista. Ello nos permitir\u00e1 captar sus diferencias m\u00e1s marcantes en relaci\u00f3n a esta y acercarnos, por ende, a lo que constituye su naturaleza m\u00e1s profunda.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\" id=\"el-capitalismo-y-la-revolucion-burguesa\"><a><\/a>El capitalismo y la revoluci\u00f3n burguesa<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Configur\u00e1ndose a mediados del siglo XVI, la era capitalista no consagra de partida la hegemon\u00eda de la forma del capital que le conferir\u00eda despu\u00e9s sus principales atributos: el capital industrial, el cual reviste entonces el car\u00e1cter de capital manufacturero. Este se encuentra todav\u00eda subordinado al capital comercial, aunque sea all\u00ed donde el comercio, y en especial el comercio exterior, impulsa con m\u00e1s fuerza su desarrollo, es decir en Inglaterra, que el capitalismo engendrar\u00e1 m\u00e1s r\u00e1pidamente los fen\u00f3menos que lo conducir\u00e1n a su madurez. Esos fen\u00f3menos son, primero, la revoluci\u00f3n burguesa, que le permitir\u00e1n a los due\u00f1os del capital abatir a los obst\u00e1culos que le opone el viejo mundo feudal y crear los mecanismos de protecci\u00f3n y est\u00edmulo al desenvolvimiento del nuevo modo de producci\u00f3n; y, luego, la revoluci\u00f3n industrial, que acelera la metamorfosis de la industria manufacturera en industria fabril y lleva al capital industrial a subordinar a s\u00ed las dem\u00e1s formas de capital existentes.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante la fase manufacturera, tiene lugar la transformaci\u00f3n masiva de la propiedad privada individual, fruto del trabajo propio, en propiedad privada capitalista, mediante la expropiaci\u00f3n de los peque\u00f1os productores rurales y urbanos por la burgues\u00eda y la conversi\u00f3n de estos en trabajadores asalariados, forzados a vender en el mercado su fuerza de trabajo. La ganancia deja progresivamente de ser el resultado de transferencias de valor propiciadas por relaciones mercantiles que se efectuaban entre diferentes modos de producci\u00f3n, para derivarse de la parte del producto del trabajo que es apropiada por el capitalista.<\/p>\n\n\n\n<p>En otros t\u00e9rminos, la ganancia, en sus distintas formas, no es ya sino la forma aparencial que reviste el fruto de la explotaci\u00f3n del trabajo llevada a cabo por el capital industrial, i.e., la plusval\u00eda. Esta nace, esencialmente, de la prolongaci\u00f3n del tiempo de trabajo m\u00e1s all\u00e1 del tiempo necesario para que el obrero reproduzca el valor de su fuerza de trabajo, cristalizando en la plusval\u00eda absoluta. Pero, desde un principio, como lo demuestra la cooperaci\u00f3n manufacturera, la plusval\u00eda se produce tambi\u00e9n bajo su forma relativa, es decir, mediante la reducci\u00f3n del tiempo de trabajo necesario a la reproducci\u00f3n del valor de la fuerza de trabajo.<sup>3<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>El capital comercial pod\u00eda convivir con distintos modos de producci\u00f3n, ya que era en la esfera de la circulaci\u00f3n que \u00e9l se apropiaba del fruto del trabajo ajeno. Ese no ser\u00e1 el caso del capital industrial, el cual opera en el plano de la producci\u00f3n y necesita crear all\u00ed una organizaci\u00f3n econ\u00f3mica especial. Se comprende, as\u00ed, que, en la medida en que se fortalece la burgues\u00eda manufacturera, el capitalismo se vaya volviendo incompatible con el modo feudal de producci\u00f3n y acabe por postular la transformaci\u00f3n de \u00e9ste. Pero se entiende tambi\u00e9n que la revoluci\u00f3n burguesa, que conduce a la conquista del Estado por la burgues\u00eda para proceder a esa transformaci\u00f3n, s\u00f3lo pueda tener lugar una vez que el desarrollo capitalista se encuentre ya relativamente avanzado.<\/p>\n\n\n\n<p>Es lo que se ver\u00e1 en Inglaterra, a mediados del siglo XVII, en el per\u00edodo que se extiende entre la revoluci\u00f3n de 1648, que dio origen a la dictadura cromwelliana, y la llamada &#8220;revoluci\u00f3n gloriosa&#8221; de 1688-89, que instaur\u00f3 la monarqu\u00eda constitucional y la convirti\u00f3 en expresi\u00f3n institucional de la alianza de clases entre la burgues\u00eda y la nobleza feudal, o la fracci\u00f3n aburguesada de \u00e9sta. Tal alianza se fue depurando, hasta llegar \u2014con el predominio de la C\u00e1mara de los Comunes sobre la de los Lores\u2014 a la cristalizaci\u00f3n de la hegemon\u00eda burguesa al interior del bloque dominante.<\/p>\n\n\n\n<p>Por las mismas fechas en que tiene lugar en Inglaterra la revoluci\u00f3n burguesa, Francia se ve dilacerada por una guerra civil en la que se enfrentan dos fracciones de la nobleza. La burgues\u00eda emergente participa en ese proceso dividida. El resultado de la Fronda es el fortalecimiento del poder real, el cual, ubic\u00e1ndose por sobre los conflictos de clase, encarna en la monarqu\u00eda absoluta de Luis XIV. Esta, sustentando con una mano los privilegios feudales, concede con la otra beneficios a la burgues\u00eda, mediante una pol\u00edtica industrializante y proteccionista.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante un siglo, mientras la burgues\u00eda francesa se ajusta al marco que le fue trazado: las manufacturas de Estado, el comercio ultramarino y la administraci\u00f3n estatal y feudal, los campesinos siguen oprimidos por un sistema cada vez m\u00e1s parasitario y las ciudades ven crecer a los peque\u00f1os comerciantes y artesanos, al lado de una masa de profesionistas carentes de perspectivas. La revoluci\u00f3n de 1789 forzar\u00e1 a la direcci\u00f3n&nbsp;burguesa a aliarse, en un primer momento, con esas clases y fracciones de clase, que, planteando reivindicaciones sociales y pol\u00edticas que rebasan de mucho a los intereses espec\u00edficamente burgueses, la impulsan a llevar hasta el l\u00edmite el enfrentamiento con la nobleza. En medio a esfuerzos por conformar un nuevo bloque dominante, la burgues\u00eda lanzar\u00e1 al pa\u00eds en la inestabilidad pol\u00edtica y la radicalizaci\u00f3n de las luchas de clases por casi un siglo, hasta la derrota de los obreros de Par\u00eds en 1871.<\/p>\n\n\n\n<p>Estos procesos, de cierto modo paradigm\u00e1ticos, se complementan con el de la frustrada revoluci\u00f3n burguesa en Alemania, a mediados del siglo XIX, que culmina con la subordinaci\u00f3n de la clase a la nobleza, la cual constri\u00f1e su desarrollo a un marco signado por el militarismo y la necesidad de conquistar mercados exteriores. Todos ellos est\u00e1n mostrando que la afirmaci\u00f3n del capitalismo en su espacio originario: Europa, se tradujo en procesos sociales y pol\u00edticos diversificados, que se realizaron en diferentes momentos hist\u00f3ricos y se basaron en distintas alianzas de clases. Si consideramos el modo mediante el cual la burgues\u00eda se convirti\u00f3 en clase dominante e impuso nacionalmente su modo de producci\u00f3n en Estados Unidos y Am\u00e9rica Latina, tendr\u00edamos ante nosotros un mosaico de situaciones, que solo a nivel de una elevada abstracci\u00f3n pueden tratarse como fen\u00f3menos de una misma cepa.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que importa se\u00f1alar aqu\u00ed es que el per\u00edodo de transici\u00f3n del capitalismo se extendi\u00f3 por m\u00e1s de dos siglos y s\u00f3lo fue superado una vez establecida la dominaci\u00f3n burguesa y concluida la revoluci\u00f3n industrial. En ese lapso, el capitalismo ensay\u00f3 distintas formas pol\u00edticas, centradas en torno a la idea de la democracia representativa, y promovi\u00f3 una revoluci\u00f3n cultural, que consagr\u00f3 algunos conceptos clave: individualismo, representaci\u00f3n pol\u00edtica, mercado, progreso, ciencia. A partir de la segunda mitad del siglo XIX, la historia se convierte de hecho en historia del capitalismo, vuelto en fin sistema universal, y el horizonte del pensamiento humano corresponde cada vez m\u00e1s al marco que le fija el mundo burgu\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\" id=\"el-socialismo-como-periodo-de-transicion\"><a><\/a>El socialismo como per\u00edodo de transici\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">El socialismo puede entenderse como el per\u00edodo de transici\u00f3n hacia una nueva era hist\u00f3rica y se caracteriza por la superaci\u00f3n de la propiedad privada en favor de una nueva forma de propiedad individual, basada en la socializaci\u00f3n de los medios de producci\u00f3n. Ello corresponde, en el plano pol\u00edtico, a una democracia ampliada y participativa, referida a la inmensa mayor\u00eda de la sociedad.<\/p>\n\n\n\n<p>Siendo un per\u00edodo de transici\u00f3n, el socialismo es tambi\u00e9n ya parte integrante de esa nueva era hist\u00f3rica, del mismo modo que el capitalismo comercial y manufacturero integra la historia general del capitalismo. No procede, pues, considerarlo como simple articulaci\u00f3n de modos de producci\u00f3n, como pretende el marxismo estructuralista franc\u00e9s, as\u00ed como algunos te\u00f3ricos latinoamericanos. Un per\u00edodo de transici\u00f3n tiene que verse a partir de lo nuevo, del modo de producci\u00f3n que est\u00e1 surgiendo y que lo hace, no mediante la combinaci\u00f3n con los que lo preceden, sino principalmente a trav\u00e9s del enfrentamiento y la lucha en contra de \u00e9stos. La historia de ese per\u00edodo es la de los \u00e9xitos y fracasos del nuevo modo de producci\u00f3n y de la clase que lo representa, en su proyecci\u00f3n hacia el futuro.<\/p>\n\n\n\n<p>Si se trata del socialismo, ello es a\u00fan m\u00e1s verdadero. En efecto, el capitalismo, cuyo fundamento es una variante de la propiedad privada, inicia su existencia dentro del modo de producci\u00f3n feudal. Se requiere cierto tiempo para que el orden feudal se presente como obst\u00e1culo para su desarrollo. S\u00f3lo entonces la revoluci\u00f3n burguesa, la conquista del poder, se plantea como ineludible. Y, aun as\u00ed, si las condiciones sociales existentes dificultan que esta se concrete, el capitalismo puede seguir su camino, aunque por v\u00edas m\u00e1s tortuosas, hasta la extinci\u00f3n total del r\u00e9gimen anterior.<\/p>\n\n\n\n<p>Distinta es la situaci\u00f3n a la que se enfrenta el socialismo, puesto que para \u00e9l la conquista del poder por los trabajadores es condici\u00f3n&nbsp;<em>sine qua non<\/em>&nbsp;de su existencia. Es cierto que el capitalismo pone las premisas del socialismo, al concentrar la propiedad de los medios de producci\u00f3n y favorecer as\u00ed la expropiaci\u00f3n del capital y la socializaci\u00f3n del proceso de trabajo; al proletarizar a las amplias masas de la poblaci\u00f3n y prepararlas, de esa manera, material e ideol\u00f3gicamente, para la propiedad individual basada en la colectivizaci\u00f3n de las fuentes de riqueza; al desarrollar las fuerzas productivas y hacer posible, por esa v\u00eda, el dominio del hombre sobre la naturaleza y la transformaci\u00f3n del trabajo en acto plenamente creador. Sin embargo, hasta que se produzca la revoluci\u00f3n proletaria, todos esos procesos no hacen sino acrecentar el poder\u00edo burgu\u00e9s y volver m\u00e1s r\u00edgidas las cadenas que atan los trabajadores al capital.<\/p>\n\n\n\n<p>La conquista del poder por los trabajadores hace posible imprimir un sello distinto a esos procesos, pero de ning\u00fan modo reemplazarlos por otros, de la noche a la ma\u00f1ana. En tanto que per\u00edodo de transici\u00f3n, el socialismo implica la continuidad de los mismos por cierto tiempo y su gradual transformaci\u00f3n en algo diferente. Aun una medida de crucial importancia para la revoluci\u00f3n proletaria: la supresi\u00f3n de la clase burguesa, no puede ser sino el resultado de una evoluci\u00f3n, apresurada&nbsp;y orientada por medidas revolucionarias, como por ejemplo la extinci\u00f3n del derecho de herencia.<sup>4<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Con mayor raz\u00f3n todav\u00eda, la transformaci\u00f3n de la base material de la sociedad burguesa s\u00f3lo en escala muy limitada puede ser objeto de actos de voluntad y decisiones superestructurales, condicionada como est\u00e1 al desarrollo de las fuerzas productivas. El drama del socialismo dicho real se deriva de que parti\u00f3 de condiciones materiales y espirituales&nbsp;muy deficientes e intent\u00f3 (muchas veces por presi\u00f3n externa) superarlas prematuramente. Es lo que pas\u00f3 cuanto trat\u00f3, por ejemplo, de suplantar a los mecanismos de mercado por la planificaci\u00f3n centralizada o integr\u00f3 en un s\u00f3lo Estado a etnias conflictantes.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto no implica subvalorar el factor subjetivo. Elemento esencial en un per\u00edodo de transici\u00f3n es la lucha ideol\u00f3gica, mediante la cual la clase emergente concibe e impone a la sociedad una nueva escala de valores, una nueva moral, una nueva visi\u00f3n de mundo. Para la burgues\u00eda, que se asentaba sobre condiciones de existencia distintas a las de la nobleza, no hubo mayor dificultad para oponer a la \u00e9tica aristocr\u00e1tica, justificadora de la ociosidad y del parasitismo social, una filosof\u00eda del trabajo, del mercado y de la ganancia. Lo pudo hacer incluso porque, poseedora de riqueza, le fue posible edificar su propio sistema educacional, adem\u00e1s de poner a su servicio parte de la \u00e9lite intelectual, cient\u00edfica y art\u00edstica originaria de la nobleza. En Inglaterra, donde la revoluci\u00f3n burguesa ocurri\u00f3 cuando esa situaci\u00f3n no se verificaba todav\u00eda plenamente, la burgues\u00eda debi\u00f3 contraer un compromiso con la nobleza y delegarle muchas de esas funciones culturales, compromiso que dej\u00f3 profundas marcas en su sistema pol\u00edtico y administrativo.<\/p>\n\n\n\n<p>El proletariado, empero, cuyas condiciones de existencia se derivan del capitalismo, del mismo modo que las de la burgues\u00eda, depara obst\u00e1culos casi intransponibles para trascender la cultura burguesa, a\u00fan despu\u00e9s de conquistar el poder. Esta parece ser una de las tareas m\u00e1s arduas del per\u00edodo de transici\u00f3n, como lo entendi\u00f3 Lenin al plantearse la cuesti\u00f3n de la revoluci\u00f3n cultural <sup>5<\/sup>. No hay duda de que el fracaso en este terreno constituye una de las causas principales de la crisis que derroc\u00f3 al socialismo real, cabi\u00e9ndole, pues, lugar destacado en la reflexi\u00f3n marxista.<\/p>\n\n\n\n<p>El capitalismo se caracteriza, desde su origen, por su vocaci\u00f3n internacional, lo que hace del mercado mundial instancia privilegiada para el desarrollo de sus contradicciones. Ello corresponde a una fuga hacia adelante, lo que significa que el capitalismo no puede contar con el mercado mundial para superar efectivamente esas contradicciones, sino tan s\u00f3lo para ampliar el espacio en que ellas se dan y, por tanto, para volverlas cada vez m\u00e1s universales. La conquista de nuevos territorios y la extensi\u00f3n de su imperio a un n\u00famero creciente de pueblos, proceso que comienza ya en la fase de la acumulaci\u00f3n primitiva y continua a lo largo de su desenvolvimiento, le permiten amenizar el perfil acentuado que sus contradicciones adquieren en los centros del sistema, a costa de la transferencia a la periferia de su potencial explosivo y autodestructivo.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta es la raz\u00f3n por la cual la ruptura con el capitalismo y el paso al socialismo empezaron en los pa\u00edses m\u00e1s retrasados, donde la explotaci\u00f3n capitalista dispensa artificios y disfraces, adem\u00e1s de ejercerse sobre una masa de trabajadores a\u00fan poco hechos a la ideolog\u00eda burguesa. Ello acarre\u00f3 dos consecuencias para el socialismo naciente: implantarse sobre una base material incipiente, poco capacitada para hacer frente a la competencia con el mundo capitalista, y depender de la movilizaci\u00f3n de pueblos que no acced\u00edan a\u00fan a la plenitud de la cultura burguesa, aunque presentaran ya muchos de sus vicios. Esto \u00faltimo era posible&nbsp;porque esos pueblos no eran, como pretend\u00edan algunos, una p\u00e1gina en blanco (la versi\u00f3n socialista del buen salvaje); por lo contrario, su cultura estaba marcada por la desigualdad y el valor de cambio, si\u00e9ndoles pues f\u00e1cil asimilar lo que el capitalismo les ofrec\u00eda de peor: la posibilidad de oprimirse y explotarse mutuamente, movidos por la ambici\u00f3n de la posesi\u00f3n de bienes y, sobretodo, de dinero.<sup>6<\/sup><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\" id=\"ciudadania-burguesa-y-ciudadania-socialista\"><a><\/a>Ciudadan\u00eda burguesa y ciudadan\u00eda socialista<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">En estos t\u00e9rminos, la conquista del poder no conlleva la posibilidad de transformar de un s\u00f3lo golpe las estructuras socioecon\u00f3micas y, lo que es a\u00fan m\u00e1s grave, pone a la cabeza del Estado una clase cuyo desarrollo, en el seno de la sociedad anterior, no le permiti\u00f3 madurar ideol\u00f3gicamente, mediante la conquista y la superaci\u00f3n de la cultura burguesa. La crisis actual del socialismo nos fuerza a reflexionar sobre ese problema y esa reflexi\u00f3n apunta hacia el replanteamiento de la cuesti\u00f3n de la vanguardia, o del partido, y su relaci\u00f3n con las masas.<\/p>\n\n\n\n<p>En efecto, en un movimiento inverso al que realiz\u00f3 Marx entre el fracaso de las revoluciones de 1848 y la creaci\u00f3n de la Asociaci\u00f3n Internacional de Trabajadores, los revolucionarios han sido llevados, bajo la influencia de la revoluci\u00f3n rusa de 1917 y de la necesidad de luchar contra las estructuras pol\u00edticas r\u00edgidas de los pa\u00edses atrasados, a fundar su estrategia en la din\u00e1mica de la vanguardia y a confiar en que la gestaci\u00f3n de una nueva \u00e9tica y una nueva cultura en el seno del partido asegurar\u00eda la realizaci\u00f3n del socialismo. La vida ha mostrado que, aunque mantenga intacta su entereza ideol\u00f3gica y su vocaci\u00f3n revolucionaria (lo que no es la regla), el partido no puede sustituir a la clase en la construcci\u00f3n de una nueva sociedad. Esta es una tarea que cabe fundamentalmente a la pr\u00e1ctica colectiva de las masas y que obedece a las leyes generales de los procesos sociales.<\/p>\n\n\n\n<p>No se trata de negar la validez del partido en tanto que instrumento de lucha de las masas ni su papel conductor y educador. Tr\u00e1tase tan s\u00f3lo de entender que la maduraci\u00f3n de la capacidad revolucionaria de las masas depende, antes que nada, de su propia experiencia de vida. Es justo y correcto que el partido ejerza el papel de levadura y faro en las luchas sociales, que desarrolle la agitaci\u00f3n y propaganda, que se preocupe de la formaci\u00f3n de cuadros, que se esfuerce por formular planteamientos t\u00e1cticos y estrat\u00e9gicos que centralicen las acciones dispersas de la sociedad.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, en \u00faltima instancia, la suerte de la revoluci\u00f3n depende de la conciencia real que adquieran las masas respecto de los obst\u00e1culos que el capitalismo pone a la realizaci\u00f3n humana y de las limitaciones inherentes a los m\u00e9todos reformistas. Para ello, no basta la agitaci\u00f3n y la propaganda: las masas tienen que educarse pr\u00e1cticamente y, en este sentido, deben ser estimuladas&nbsp;a intentar la superaci\u00f3n de los males del capitalismo mediante al ejercicio amplio de los mecanismos que la burgues\u00eda dice servir a ese fin o de aquellos a los que ella no se puede oponer sin desenmascarar la naturaleza discriminatoria y excluyente del sistema.<\/p>\n\n\n\n<p>Para dominar las fuerzas productivas, para distribuir la de modo justo la riqueza, para ejercer la conducci\u00f3n de la sociedad en el socialismo es necesario que las masas sepan utilizar los medios que utiliza la burgues\u00eda y que los someta a su cr\u00edtica pr\u00e1ctica. Ese camino debe conducirlas a posesionarse de hecho de la gran conquista democr\u00e1tica que signific\u00f3 el advenimiento de la era burguesa: el concepto de ciudadan\u00eda, exento en teor\u00eda de las exclusiones con que se ha tratado de restringirlo a grupos sociales, \u00e9tnicos y sexuales definidos.<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque la lucha de los trabajadores, de las minor\u00edas \u00e9tnicas y sexuales, de las mujeres y los j\u00f3venes haya ido ampliando la vigencia real de ese concepto, \u00e9l sufre todav\u00eda en el capitalismo las limitaciones impuestas por las desigualdades de clase y las diferencias econ\u00f3micas. La democracia socialista, en la medida en que se da como objetivo suprimir esas desigualdades y diferencias, apunta a realizar a plenitud el concepto de ciudadan\u00eda y darle foro efectivamente universal.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta es una de las grandes contribuciones del socialismo a la historia humana, que lo diferenc\u00eda radicalmente del capitalismo, el cual es incapaz de conducir a ese resultado. La ciudadan\u00eda socialista, expresi\u00f3n de la perfecta igualdad pol\u00edtica, es la condici\u00f3n necesaria para que los hombres desarrollen integralmente su diversidad individual y establezcan entre s\u00ed relaciones sociales de una riqueza y complejidad sin paralelo en el pasado. Es en ese sentido que, con Marx, es posible hablar no del fin, como pretenden algunos, sino del comienzo de la historia &#8211; vencida en fin esa prehistoria de explotaci\u00f3n y opresi\u00f3n del hombre por el hombre que nos toca todav\u00eda vivir.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\" id=\"ii-socialismo-y-democracia\"><a><\/a>II. Socialismo y democracia<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">En la historia de las ideas, socialismo y democracia no tienen el mismo origen ni tienden necesariamente a la identidad. Tanto Plat\u00f3n como Saint Simon fueron capaces de imaginar sistemas socialistas de car\u00e1cter marcadamente autoritario, del mismo modo como la ideolog\u00eda burguesa, a\u00fan en sus expresiones m\u00e1s avanzadas, ha podido plantearse la cuesti\u00f3n de la democracia sin vincularla al socialismo. Es el socialismo moderno, que surge como cr\u00edtica al proceso y a la idea de la sociedad burguesa, con Babeuf, Blanqui, la izquierda ricardiana, y culmina con el marxismo, el que relaciona \u00edntimamente a los dos conceptos y los vuelve inseparables.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image is-style-default\"><figure class=\"alignright size-full is-resized\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/Captura-de-Pantalla-2022-02-15-a-las-8.34.31.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-1749\" width=\"445\" height=\"250\" srcset=\"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/Captura-de-Pantalla-2022-02-15-a-las-8.34.31.png 491w, https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/Captura-de-Pantalla-2022-02-15-a-las-8.34.31-300x169.png 300w\" sizes=\"(max-width: 445px) 100vw, 445px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Inseparables, pero no id\u00e9nticos. En su expresi\u00f3n superior, es decir, en tanto que gobierno de las mayor\u00edas, la democracia&nbsp;supone al socialismo, en la calidad de modo de organizaci\u00f3n social que, por asentarse en la propiedad colectiva de los medios de producci\u00f3n, asegura la igualdad pol\u00edtica a la masa de productores \u2014aunque, como se\u00f1al\u00f3 Marx, no les garantice todav\u00eda la igualdad econ\u00f3mica. Hay m\u00e1s: la democracia plena no s\u00f3lo tiene al socialismo como premisa sino que conduce a \u00e9l, a menos que se pudiese concebir una mayor\u00eda que gobernara en beneficio de la minor\u00eda, o sea, en contra de s\u00ed misma.<\/p>\n\n\n\n<p>La interdependencia que as\u00ed se establece entre democracia y socialismo no debe, empero, ocultar el hecho de que, lejos de constituir una identidad, ambos corresponden a dos conceptos \u2014y, si los conceptos son buenos, a dos realidades\u2014 perfectamente diferentes, aunque unidos por un nexo indisoluble. En tanto que relaci\u00f3n dial\u00e9ctica, las realidades que all\u00ed se inscriben, aunque mutuamente determinadas, poseen vida propia, pudiendo desarrollarse de manera asim\u00e9trica y hasta contradictoria. Es as\u00ed como, en el curso de la revoluci\u00f3n proletaria, deparamos situaciones en las que la defensa del socialismo se hizo a costa de la democracia (el comunismo de guerra sovi\u00e9tico, de 1918 a 1921, por ejemplo) o las exigencias de la democracia impusieron l\u00edmites a la socializaci\u00f3n (la Nicaragua sandinista).<\/p>\n\n\n\n<p>En general, las cr\u00edticas equivocadas, de derecha o de izquierda, a las revoluciones proletarias nacen de la no comprensi\u00f3n del car\u00e1cter dial\u00e9ctico de la relaci\u00f3n socialismo-democracia. Peor todav\u00eda: ellas no perciben que esa relaci\u00f3n se realiza mediante procesos nacionales, los cuales, por sus determinaciones peculiares de car\u00e1cter socioecon\u00f3mico y cultural, as\u00ed como por la correlaci\u00f3n de fuerzas internacional en que se enmarcan, afectan el modo mediante el cual ella se desarrolla, de la misma manera que lo hace el tiempo hist\u00f3rico, el momento particular en que se produce cada revoluci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En lo referente a la relaci\u00f3n socialismo-democracia, la confusi\u00f3n respecto a lo que es esencial o contingente, a lo que corresponde al concepto o a la realidad a que alude no es, sin embargo, exclusiva de sus cr\u00edticos. Hay en cada proceso particular la tentaci\u00f3n de convertir en leyes o imperativos generales lo que no son sino caracter\u00edsticas espec\u00edficas. Esa tentaci\u00f3n se hace a\u00fan m\u00e1s fuerte cuanto m\u00e1s controvertidas son esas caracter\u00edsticas, o sea, cuanto m\u00e1s necesaria parece su justificaci\u00f3n. As\u00ed pas\u00f3 con la colectivizaci\u00f3n forzosa en la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, la cual, siendo tan s\u00f3lo el resultado del aislamiento internacional del pa\u00eds y de las luchas de clases que all\u00ed se libraban, fue elevada por sus partidarios m\u00e1s entusiastas a la condici\u00f3n de efecto de una hipot\u00e9tica ley de acumulaci\u00f3n socialista originaria.<\/p>\n\n\n\n<p>La realidad es que la expropiaci\u00f3n violenta de los campesinos \u2014adem\u00e1s de que no ocurri\u00f3 en las revoluciones que siguieron (China, por ejemplo, o Cuba)\u2014 fue en la URSS la expresi\u00f3n, y de cierta manera el momento hist\u00f3rico de soluci\u00f3n, de las contradicciones que se verificaban en el seno de la alianza obrero campesina, las cuales hab\u00edan dado ya lugar a las requisas de granos, propias del comunismo de guerra. Cuando Lenin formul\u00f3 la nueva pol\u00edtica econ\u00f3mica (NEP), que restablec\u00eda el juego del mercado para la producci\u00f3n campesina, lo hizo precisamente para abrir al desarrollo de esas contradicciones una v\u00eda pac\u00edfica, es decir, democr\u00e1tica.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\" id=\"las-alianzas-de-clases\"><a><\/a>Las alianzas de clases<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Este es, sin duda, un elemento central en el concepto de democracia y que le confiere su especificidad, independientemente del sistema econ\u00f3mico con el que convive: el reconocimiento de divergencias y choques de intereses entre los actores pol\u00edticos (la democracia socialista no hace sino convertir en sujetos pol\u00edticos reales a las grandes masas del pueblo, lo que la democracia burguesa coarta y reprime) y la posibilidad efectiva de que ellos puedan solucionarlos pac\u00edficamente, mediante la negociaci\u00f3n y el consenso. En el momento en que un sujeto impone a otro una soluci\u00f3n de fuerza, est\u00e1 abandonando el terreno&nbsp;de la democracia, por mucho que a los ojos de los contempor\u00e1neos o en la perspectiva de la historia esa imposici\u00f3n trate de justificarse como una medida destinada a largo plazo a garantizarla. Se puede discutir si, caso no hubiera procedido a la colectivizaci\u00f3n, la URSS habr\u00eda sido capaz de llevar adelante su edificaci\u00f3n socialista; de lo que no cabe duda es que la colectivizaci\u00f3n constituy\u00f3 un modo no democr\u00e1tico de solucionar la crisis a que hab\u00eda llegado la alianza obrero-campesina.<\/p>\n\n\n\n<p>En esta perspectiva, la democracia, m\u00e1s all\u00e1 de las instituciones jur\u00eddico pol\u00edticas en que se expresa, configura un modo, un m\u00e9todo para solucionar las divergencias entre los sujetos pol\u00edticos, es decir, de manera general, entre las clases sociales. \u00bfEntre todas? La visi\u00f3n leninista, inscrita en un contexto de guerra civil y de agresi\u00f3n internacional, contesta a la pregunta restringiendo la democracia al campo de la revoluci\u00f3n, a la alianza obrero-campesina, y la germina con la dictadura a ser ejercida sobre la burgues\u00eda, que promueve esa guerra y esa agresi\u00f3n. Hagamos a un lado, por mientras, la cuesti\u00f3n de saber si esa dualidad es consustancial al concepto de democracia socialista y ocup\u00e9monos, primero, de la manera por la cual Lenin concibe el ejercicio de \u00e9sta.<\/p>\n\n\n\n<p>La alianza obrero-campesina en la revoluci\u00f3n rusa no es una alianza entre iguales. Ello queda claramente establecido en la Constituci\u00f3n de 1921, que sobredimensiona la representaci\u00f3n pol\u00edtica del proletariado en detrimento del campesinado. Se considera a esa alianza como la que contrae la clase revolucionaria: el proletariado, con la inmensa masa oprimida y explotada de Rusia, la cual se compone esencialmente de los campesinos, y que ella se basa en la insumisi\u00f3n de \u00e9stos a esa opresi\u00f3n y explotaci\u00f3n, lo que los convierte tambi\u00e9n en revolucionarios. Pero, mientras los campesinos se pueden contentar con el acceso al derecho de propiedad, manteni\u00e9ndose por ello en el marco de la revoluci\u00f3n burguesa, el proletariado quiere ir m\u00e1s all\u00e1 y suprimir la propiedad privada de los medios de producci\u00f3n, como manera de garantizar la igualdad pol\u00edtica y, por ende, la libertad. La cuesti\u00f3n reside, para el proletariado, en convencer al campesinado a ir en contra de su inter\u00e9s inmediato: la propiedad privada, en cambio de la satisfacci\u00f3n de su inter\u00e9s m\u00e1s general, vale decir el t\u00e9rmino de cualquier forma de opresi\u00f3n y explotaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Convencer quiere decir persuadir. Hay para ello una raz\u00f3n pr\u00e1ctica: por su situaci\u00f3n minoritaria en la sociedad, el proletariado no tiene condiciones para someter por la fuerza al campesinado, aunque alegara que lo hace en beneficio de \u00e9ste, sin poner en jaque a la alianza de clases. Pero hay tambi\u00e9n una cuesti\u00f3n de principio: someterlo por la fuerza contrariar\u00eda la vocaci\u00f3n democr\u00e1tica del proletariado.<\/p>\n\n\n\n<p>Se requiere, pues, recurrir a la persuasi\u00f3n, m\u00e1s que a la coerci\u00f3n: ello es lo que hace del Estado obrero-campesino un Estado democr\u00e1tico, vale decir un Estado cuya caracter\u00edstica central es la soluci\u00f3n de las divergencias entre las clases mediante la discusi\u00f3n y el consenso. La forma y la duraci\u00f3n de la transici\u00f3n socialista estar\u00e1n determinadas, antes que nada, por el modo como se enfrenten las divergencias y el tiempo que tome su resoluci\u00f3n. Hasta entonces, las dos clases tienen que convivir pac\u00edficamente, haci\u00e9ndose concesiones mutuas, en el marco de las instituciones estatales que aseguren esa convivencia.<\/p>\n\n\n\n<p>La convivencia democr\u00e1tica no impide, sin embargo, y m\u00e1s bien exige iniciativas tendientes a modificarla. Caso contrario, redundar\u00eda en estagnaci\u00f3n, el peor enemigo de los grandes proyectos hist\u00f3ricos. Mientras esas iniciativas se mantengan en el plano de la persuasi\u00f3n, ellas no afectan para nada el car\u00e1cter democr\u00e1tico del Estado. Bastar\u00eda, empero, que asumieran car\u00e1cter coercitivo para que la democracia fuera puesta en jaque.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto lleva a que nos preguntemos qu\u00e9 es la ley, en un Estado democr\u00e1tico. Instrumento mediante el cual este fija objetivos y establece procedimientos so pena de sanci\u00f3n, lo que la convierte en medida coercitiva, la ley no podr\u00eda existir en un r\u00e9gimen en que todos fueran iguales y en el que nadie tuviera el derecho de imponer cualquier cosa al otro. Para que ella exista, es necesario que la toma de decisiones en una sociedad no se reparta equitativamente entre los individuos y las clases que la componen \u2014lo que no tiene nada que ver, desde luego, con la igualdad de todos ante la ley, noci\u00f3n que la revoluci\u00f3n proletaria hereda de la revoluci\u00f3n burguesa.<\/p>\n\n\n\n<p>Democracia e igualdad pol\u00edtica no son, pues, id\u00e9nticas. La democracia implica desigualdad en el plano de la toma de decisiones y conlleva necesariamente un modo de dominaci\u00f3n. La especificidad de la democracia socialista reside en que la dominaci\u00f3n tiende a ejercerse predominantemente mediante la persuasi\u00f3n y no por la coerci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Es por lo que, para Lenin, la ley no es un mero imperativo que implica una sanci\u00f3n (como pasa en la democracia burguesa), sino tambi\u00e9n y sobre todo, en tanto medio de acci\u00f3n de la democracia socialista, un elemento educativo, que plantea objetivos y que los explica, cabiendo al Estado (y al partido) aplicarlos mediante la persuasi\u00f3n. La ley ideal en la democracia socialista es aquella que contiene m\u00e1s pre\u00e1mbulo que art\u00edculos y que sirve de herramienta a los agitadores y propagandistas para inducir comportamientos revolucionarios&nbsp;<sup>7<\/sup>. En el l\u00edmite, la ley no es sino una forma m\u00e1s desarrollada de educaci\u00f3n pol\u00edtica.<sup>8<\/sup><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\" id=\"alianzas-y-compromisos\"><a><\/a>Alianzas y compromisos<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">El m\u00e9todo persuasivo de gobierno se presenta como algo posible&nbsp;cuando ejercido entre clases que enfrentan un enemigo com\u00fan y comparten objetivos hist\u00f3ricos, siendo por ello capaces de actuar con base al consenso. Relaciones de clases de esta naturaleza constituyen una alianza y su expresi\u00f3n pol\u00edtica es la democracia.<\/p>\n\n\n\n<p>Distinta es la situaci\u00f3n si se trata de clases cuyo relacionamiento se basa en la opresi\u00f3n y la explotaci\u00f3n de una por la otra. En este caso, el m\u00e9todo por excelencia de gobierno es la coerci\u00f3n, por mucho que la resistencia y lucha de la clase dominada orillen a la clase dominante a hacer concesiones y a recurrir, si no a la persuasi\u00f3n, por lo menos al enga\u00f1o, con el prop\u00f3sito de limitar el uso indiscriminado de la coerci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>De hecho, Estado alguno puede operar exclusivamente mediante la coerci\u00f3n. A\u00fan el Estado esclavista, que reposa en una relaci\u00f3n de opresi\u00f3n-explotaci\u00f3n casi indisfrazable y que, por esto mismo, se encuentra siempre con las armas en la mano, a\u00fan ese Estado est\u00e1 forzado, para ejercer su poder, a emplear medios no coercitivos: la tradici\u00f3n, la idea de la inferioridad del esclavo, etc. Con el advenimiento de la sociedad burguesa, ello se acent\u00faa, ya que la clase dominante se ve obligada a conciliar la opresi\u00f3n y explotaci\u00f3n que ejerce sobre otras clases con el proyecto hist\u00f3rico que ella propuso a \u00e9stas y que se basa en las nociones de libertad e igualdad, as\u00ed como de progreso.<\/p>\n\n\n\n<p>Cabe a la ideolog\u00eda burguesa realizar esa tarea. Arma privilegiada que represent\u00f3 para la conquista del&nbsp;poder pol\u00edtico, la ideolog\u00eda constituye tambi\u00e9n, para la burgues\u00eda, instrumento fundamental para ejercerlo. Ninguna clase en la historia, antes de ella, concedi\u00f3 a la ideolog\u00eda papel tan decisivo en su modo de dominaci\u00f3n. Vali\u00e9ndose de la ideolog\u00eda, la burgues\u00eda realiz\u00f3 un esfuerzo gigantesco, con el fin de convertir a la igualdad en subordinaci\u00f3n igual de todos ante la ley; a la libertad, en la libre disposici\u00f3n de la propia fuerza de trabajo; y al progreso, en perspectiva individual de promoci\u00f3n social.<\/p>\n\n\n\n<p>La piedra angular de esa construcci\u00f3n ideol\u00f3gica fue el concepto de ciudadan\u00eda o, lo que lo mismo, la titularidad individual de los derechos civiles y pol\u00edticos, mediante el cual la burgues\u00eda escamote\u00f3 a las clases sociales y destin\u00f3 a cada quien el papel de participante aislado en la vida del Estado. De esta manera, el individuo ha sido confrontado enteramente desarmado al Estado, fuente y guardi\u00e1n del orden establecido y que basa su existencia en el monopolio de la fuerza.<sup>9<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>La democracia socialista, que rompe con el individualismo burgu\u00e9s y se asume como expresi\u00f3n de la lucha de clases, renuncia tambi\u00e9n a la mixtificaci\u00f3n ideol\u00f3gica como instrumento de dominaci\u00f3n. Vimos ya la ruda franqueza que reina en el seno de la alianza obrero-campesina, basada en el inter\u00e9s com\u00fan de poner fin a la opresi\u00f3n y a la explotaci\u00f3n, aunque en ella subsistan todav\u00eda divergencias respecto a los intereses de clase inmediatos. En relaci\u00f3n a la burgues\u00eda, con la que no comparte ning\u00fan objetivo hist\u00f3rico y de la cual le separa su inter\u00e9s general de clase, el proletariado no puede practicar una pol\u00edtica de alianza: por lo contrario, est\u00e1 obligado a someterla por la fuerza, por la coerci\u00f3n, a su proyecto de sociedad.<\/p>\n\n\n\n<p>Se entiende, pues, que, en una \u00e9poca en que la correlaci\u00f3n mundial de fuerzas la favorece, la burgues\u00eda se oponga firmemente a los movimientos nacionales de revoluci\u00f3n socialista, mediante el fomento a la resistencia interna y la agresi\u00f3n exterior. En ese contexto, la dualidad democracia-dictadura, tal como la formul\u00f3 Lenin, s\u00ed tiene vigencia. Persuasi\u00f3n y coerci\u00f3n se presentan, en esa perspectiva, como dos l\u00edneas claramente diferenciadas, polos opuestos y complementares de la acci\u00f3n estatal.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero ni la resistencia de la burgues\u00eda se ejerce de manera constante y uniforme ni la correlaci\u00f3n mundial de fuerzas tiene preeminencia sobre aquella que, internamente, va construyendo la revoluci\u00f3n. As\u00ed, sea porque la burgues\u00eda flaquea temporariamente en su lucha opositora, sea porque se ve forzada a aceptar situaciones&nbsp;<em>de facto<\/em>, la democracia socialista puede \u2014a partir de una clara posici\u00f3n de fuerza\u2014 hacerle concesiones, bien como a sectores de otras clases a ella vinculados (como los intelectuales burgueses).<\/p>\n\n\n\n<p>Esas concesiones no se confunden con las que se dan al interior de la alianza obrero-campesina. Estas son ilimitadas en su contenido y en el tiempo, determinando por ello el car\u00e1cter, el ritmo y la duraci\u00f3n de la transici\u00f3n socialista. Las concesiones a la burgues\u00eda, inversamente, est\u00e1n condicionadas por las exigencias de la transici\u00f3n, la cual contribuye a fijar su naturaleza y sus plazos. Sin embargo, si se revelan exitosas, abren la posibilidad de acuerdos espec\u00edficos, los cuales, sin llegar a configurar una alianza, dado que excluyen objetivos hist\u00f3ricos comunes, se definen como compromisos.<\/p>\n\n\n\n<p>La pol\u00edtica leninista practic\u00f3 compromisos sin ning\u00fan disfraz. Un ejemplo de ello es el decreto de 1918 reglamentando la publicidad comercial, el cual, como subray\u00f3 el mismo Lenin, indicaba claramente que el gobierno sovi\u00e9tico no se daba como tarea inmediata la socializaci\u00f3n total de la industria y el comercio. Otro, los privilegios concedidos a los t\u00e9cnicos, en el per\u00edodo de la NEP. La revoluci\u00f3n china asegur\u00f3 la sobrevivencia de las empresas capitalistas nacionales, por el tiempo de vida de sus propietarios. Cuba mantuvo durante largo tiempo intocado al peque\u00f1o comercio. Y la Nicaragua sandinista, en la l\u00ednea esbozada por el gobierno socialista chileno de la Unidad Popular, consagr\u00f3 tres formas de propiedad en su estatuto jur\u00eddico: estatal, cooperativa y privada.<\/p>\n\n\n\n<p>En este plano, el concepto de dictadura, en tanto que r\u00e9gimen de violencia abierta de una clase contra otra, no se aplica plenamente. Los compromisos representan una forma de ejercicio del poder hasta cierto punto consensual, aunque tengan como premisa la capacidad de coerci\u00f3n material del Estado. A diferencia de las alianzas, ellos no implican cuestiones relativas a prop\u00f3sitos hist\u00f3ricos comunes, sino que se refieren a intereses de clases inmediatos, claramente identificados y debidamente ecuacionados por las partes.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, la importancia para el desarrollo de la democracia socialista trasciende el plano meramente t\u00e1ctico y va m\u00e1s all\u00e1 del \u00e1mbito atinente a las relaciones proletariado-burgues\u00eda. En efecto, para llegar a practicar una pol\u00edtica de compromisos, el proletariado tiene que haber solucionado previamente, de modo correcto, su pol\u00edtica de alianzas: s\u00f3lo un bloque revolucionario s\u00f3lido asegura un Estado fuerte, condici\u00f3n&nbsp;<em>sine que non<\/em>, como ya indicamos, del compromiso. En otras palabras, la pol\u00edtica de compromisos no es posible si la democracia no se ejerce plenamente en el seno de la alianza, sin lo que se abrir\u00eda flanco a maniobras del enemigo.<\/p>\n\n\n\n<p>En esta perspectiva, la pol\u00edtica de compromisos no representa sino la irradiaci\u00f3n de la pr\u00e1ctica democr\u00e1tica del bloque revolucionario al conjunto de la sociedad. Por su intermedio, a\u00fan la dominaci\u00f3n basada en la coerci\u00f3n asume matices m\u00e1s suaves, permitiendo la extensi\u00f3n limitada de la pr\u00e1ctica democr\u00e1tica a la misma burgues\u00eda&nbsp;.<sup>10<\/sup> Ella abre paso, as\u00ed, a la universalizaci\u00f3n de la persuasi\u00f3n, particularmente respecto a las nuevas generaciones originarias de la burgues\u00eda, respaldando las conquistas que se logren mediante la revoluci\u00f3n cultural. Por ello, el uso del compromiso, siempre que sea posible, imprime un car\u00e1cter m\u00e1s democr\u00e1tico al conjunto de la transici\u00f3n socialista, la cual, en ese contexto \u2014y solamente en \u00e9l\u2014, puede adoptar de manera amplia el pluralismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Es para una transici\u00f3n socialista que privilegia el compromiso que Marx concibi\u00f3 el programa expuesto en el&nbsp;<em>Manifiesto Comunista<\/em>. Despu\u00e9s de m\u00e1s de un siglo de luchas de clases, la mayor\u00eda de los puntos all\u00ed incluidos han sido total o parcialmente aplicados en el seno mismo del capitalismo, por lo menos en los pa\u00edses m\u00e1s avanzados. Se equivocan, empero, los que creen por eso que aquel era el programa de la revoluci\u00f3n democr\u00e1tico-burguesa. Basta constatar que, entre esos puntos, est\u00e1 la supresi\u00f3n del derecho de herencia, para darse cuenta que el programa apuntaba a hacer desaparecer la columna de sustentaci\u00f3n de toda sociedad burguesa: la propiedad privada de los medios de producci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La modestia aparente y el gradualismo que se expresan en el programa del&nbsp;<em>Manifiesto<\/em>&nbsp;tienen a ver con la manera como Marx conceb\u00eda el advenimiento del comunismo, es decir, como fruto del mismo desarrollo hist\u00f3rico. A un nivel de abstracci\u00f3n m\u00e1s elevado, \u00e9l lo plante\u00f3 en su&nbsp;<em>Prefacio a la Contribuci\u00f3n<\/em>, donde nos presenta el paso del capitalismo al comunismo como una sucesi\u00f3n casi natural de modos de producci\u00f3n. El capitalismo crea, en este marco, las premisas del comunismo y es sobre ellas que se apoya el proletariado para promover la transici\u00f3n socialista.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto no excluye, de ninguna manera, el hecho de la revoluci\u00f3n, vale decir la conquista del poder pol\u00edtico por el proletariado. Efectivamente, para Marx, el Estado es la pala que el proletariado debe tomar en sus manos para remover las formas capitalistas que obstruyen el paso de la historia. Esta idea recorre toda su obra, est\u00e1 presente en&nbsp;<em>El Capital<\/em>&nbsp;(donde reivindica, por cierto, el programa del&nbsp;<em>Manifiesto<\/em>), en su pol\u00e9mica con los cooperativistas y, sobre todo, en su reflexi\u00f3n sobre la Comuna de Par\u00eds. Al reconocer en \u00e9sta la primera expresi\u00f3n hist\u00f3rica del Estado proletario, Marx no hace sino (como se\u00f1al\u00f3 Engels) reafirmar lo que el&nbsp;<em>Manifiesto<\/em>&nbsp;expusiera, sin dejar lugar a dudas: la necesidad de la revoluci\u00f3n proletaria como partera del socialismo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\" id=\"los-caminos-de-la-revolucion\"><a><\/a>Los caminos de la revoluci\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Es esa revoluci\u00f3n necesariamente violenta? Marx admit\u00eda la posibilidad del camino pac\u00edfico, basado en el compromiso, en pa\u00edses sin gran desarrollo de la burocracia y del ej\u00e9rcito, o sea en pa\u00edses donde el Estado burgu\u00e9s no alcanzara todav\u00eda su plena madurez. En su an\u00e1lisis del problema, Lenin parte de la visi\u00f3n del capitalismo en su fase imperialista para sostener que la v\u00eda pac\u00edfica se hallaba cancelada precisamente en aquellos pa\u00edses donde Marx la juzgara m\u00e1s practicable (Estados Unidos, por ejemplo). Las reflexiones de Lenin, retomadas despu\u00e9s por la III Internacional, har\u00e1n del imperialismo la piedra angular de la estrategia de la revoluci\u00f3n violenta, particularmente en los pa\u00edses del Tercer Mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>La historia le ha dado raz\u00f3n a Lenin. Sin embargo, no hay motivo para suponer que la posibilidad de la revoluci\u00f3n pac\u00edfica no se pueda replantear, aunque sobre bases distintas de las que estableci\u00f3 Marx. En un marco que se caracterizara por el reforzamiento constante del socialismo y el avance permanente del movimiento revolucionario mundial, la correlaci\u00f3n de fuerzas internacional se volver\u00eda enteramente desfavorable a la burgues\u00eda. Ello sentar\u00eda las premisas para las revoluciones pac\u00edficas, capaces de practicar en amplia escala el compromiso y el pluralismo, lo que ahorrar\u00eda costos sociales y sufrimiento de los pueblos que estuvieran en condiciones de hacerlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Obviamente, esta no es la situaci\u00f3n que estamos viviendo. Peor a\u00fan, pasamos por un per\u00edodo que no favorece una estrategia ofensiva por parte de las fuerzas socialistas, lo que hace, al menos por cierto tiempo, improbable la revoluci\u00f3n violenta. Nos vemos, pues, forzados a buscar nuevas formas de acci\u00f3n, orientadas a poner a los trabajadores en condiciones de solucionar en su favor la disputa por el poder, en las circunstancias actuales.<\/p>\n\n\n\n<p>Esas formas de acci\u00f3n, como sabemos los marxistas, no pueden ser fruto de una mera invenci\u00f3n, sino que tienen que representar la expresi\u00f3n consciente del movimiento espont\u00e1neo de las luchas de clases. Setenta a\u00f1os de triunfos y derrotas del socialismo proporcionan una amplia gama de experiencias, cuya riqueza nuestra reflexi\u00f3n est\u00e1 todav\u00eda lejos de agotar. No hay duda, empero, que ellas nos plantean una exigencia fundamental: aprehender en su expresi\u00f3n concreta y particular la especificidad de la relaci\u00f3n socialismo-democracia y entender, en cada caso, como se configuraron las contradicciones que ella implica. En particular, estamos exigidos a analizar las causas de la crisis del socialismo en la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica y en Europa oriental, sin lamentar la derrocada de reg\u00edmenes que sab\u00edamos incapaces de realizar las tareas de la transici\u00f3n socialista.<\/p>\n\n\n\n<p>Es necesario, empero, ir m\u00e1s all\u00e1. Se trata, para nosotros, de investigar y descubrir las perspectivas de transformaci\u00f3n social que el actual desarrollo de las fuerzas productivas est\u00e1 abriendo, en la medida en que este tiende a superar las diferencias entre el campo y la ciudad, homogeneizar en \u00e1mbito mundial las condiciones t\u00e9cnicas de producci\u00f3n e internacionalizar el proceso de trabajo. Se trata, tambi\u00e9n, de determinar hasta qu\u00e9 punto ese desarrollo, que privilegia al trabajo intelectual y los servicios productivos, afecta el concepto de proletariado, por las diferenciaciones que introduce al interior de la clase trabajadora. Se trata, sobre todo, de entender las nuevas formas de acci\u00f3n y los mecanismos de participaci\u00f3n que las masas est\u00e1n creando para intervenir de modo m\u00e1s activo en el plano de la gesti\u00f3n empresarial y pol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<p>El control obrero, la cogesti\u00f3n y la autogesti\u00f3n de las empresas; la lucha electoral y la participaci\u00f3n en el parlamento y en los gobiernos locales; la participaci\u00f3n y el control popular sobre las pol\u00edticas presupuestaria, educacional, de salud, de transporte p\u00fablico, junto a la reivindicaci\u00f3n de una mayor autonom\u00eda regional y local; la democratizaci\u00f3n de los medios de comunicaci\u00f3n y el rechazo a la censura; la cr\u00edtica a las desigualdades de base econ\u00f3mica, \u00e9tnica o sexual: estos son algunos de los instrumentos de que las masas est\u00e1n lanzando mano, aqu\u00ed y all\u00ed, para defender sus intereses, elevar su cultura pol\u00edtica y madurar su esp\u00edritu revolucionario. Es por esa v\u00eda que ellas se est\u00e1n capacitando para \u2014a diferencia de lo que ha ocurrido hasta ahora en las revoluciones socialistas\u2014 asumir ellas mismas la direcci\u00f3n del proceso de transici\u00f3n socialista.&nbsp; Lo que, al fin y al cabo, es la \u00fanica garant\u00eda segura de su \u00e9xito.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em><span class=\"has-inline-color has-nv-dark-bg-color\">Ruy Mauro Marini<\/span><\/em><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\" id=\"notas\"><strong>Notas<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<ol class=\"wp-block-list\"><li>Marx considera la propiedad como concepto social b\u00e1sico, tanto a nivel abstracto, como criterio de periodizaci\u00f3n de la historia humana. As\u00ed, sostiene que &#8220;&#8230;decir que no se puede hablar de una producci\u00f3n \u2014y tampoco de sociedad\u2014 en la que no exista alguna forma de propiedad, es una tautolog\u00eda. Una apropiaci\u00f3n que no se apropia nada es una&nbsp;<em>contradictio in subjecto<\/em>&#8221; (<em>Introducci\u00f3n general a la cr\u00edtica de la econom\u00eda pol\u00edtica\/1857<\/em>, C\u00f3rdoba (Arg.), Cuadernos de Pasado y Presente, p. 8). Refiri\u00e9ndose a la peque\u00f1a propiedad individual, que precede a la propiedad capitalista (la cual, en tanto que base de la peque\u00f1a industria, &#8220;es una condici\u00f3n necesaria para el desarrollo de la producci\u00f3n social y de la libre individualidad del propio trabajador&#8221;), Marx se\u00f1ala: &#8220;Este r\u00e9gimen supone la diseminaci\u00f3n de la tierra y de los dem\u00e1s medios de producci\u00f3n. Excluye la concentraci\u00f3n de \u00e9stos y excluye tambi\u00e9n la cooperaci\u00f3n, la divisi\u00f3n del trabajo dentro de los mismos procesos de producci\u00f3n, la conquista y la regulaci\u00f3n social de la naturaleza, el libre desarrollo de las fuerzas&nbsp;<em>sociales<\/em>&nbsp;productivas&#8221; (<em>El Capital<\/em>, M\u00e9xico, FCE, 1973, tomo I, p. 647). Tras examinar el paso de la propiedad privada capitalista y la supresi\u00f3n de \u00e9sta, Marx concluye: &#8220;Esta no restaura a la propiedad privada ya destruida, sino una&nbsp;<em>propiedad individual<\/em>&nbsp;que recoge los progresos de la era capitalista: una propiedad individual basada en la&nbsp;<em>cooperaci\u00f3n<\/em>&nbsp;y en la&nbsp;<em>posesi\u00f3n colectiva de la tierra y de los medios de producci\u00f3n producidos por el propio trabajo<\/em>&#8221; (Ib\u00edd., p. 649).<\/li><li>Esta concepci\u00f3n informa su teor\u00eda del imperialismo y se expresa en la creaci\u00f3n de la Tercera Internacional, estando definida con singular nitidez en su participaci\u00f3n en el segundo congreso de esa organizaci\u00f3n, en 1920, particularmente en el informe internacional con el que inaugur\u00f3 el evento (cfr.&nbsp;<em>Obras completas<\/em>, M\u00e9xico, Ed. Salvador Allende, s\/f., vol. 33, p. 339-357), refiri\u00e9ndose a una fase anterior del pensamiento de Lenin, correspondiente a 1908-1913, un autor enumera as\u00ed sus preocupaciones con el desarrollo hist\u00f3rico mundial: &#8220;la agudizaci\u00f3n de las posiciones de clases en Europa, el surgimiento de movimientos antiimperialistas y, sobre todo, la perspectiva de &#8216;una nueva era de revoluciones'&#8221;. E. Raggionieri, &#8220;Lenin y la Internacional Comunista&#8221;, en&nbsp;<em>Los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista<\/em>, C\u00f3rdoba (Arg.), Cuadernos de Pasado y Presente, 1973, p. XVII.<\/li><li>Es un error corriente entre los marxistas separar mec\u00e1nicamente, en el tiempo, esas dos formas de producci\u00f3n de plusval\u00eda y desconocer el hecho de que la plusval\u00eda absoluta es condici\u00f3n&nbsp;<em>sine que non<\/em>&nbsp;del capitalismo, cualquiera que sea la fase en que este se encuentre. El desarrollo del sistema muestra que el mecanismo por excelencia de producci\u00f3n de plusval\u00eda absoluta es la prolongaci\u00f3n de la jornada de trabajo, mientras que los m\u00e9todos de producci\u00f3n de plusval\u00eda relativa corresponden al aumento de la intensidad o de la productividad del trabajo (es decir, a la reducci\u00f3n del tiempo requerido para la producci\u00f3n de determinado valor, gracias, por un lado, a la intensificaci\u00f3n del ritmo de trabajo y, por otro, a la adopci\u00f3n de t\u00e9cnicas superiores de producci\u00f3n o de m\u00e9todos de trabajo m\u00e1s eficientes). En el plano de la competencia, la remuneraci\u00f3n de la fuerza del trabajo por debajo de su valor \u2014o la apropiaci\u00f3n por el capitalista de parte del salario a t\u00edtulo de plusval\u00eda\u2014 viola la l\u00f3gica de esos m\u00e9todos de explotaci\u00f3n y, por tanto, de la teor\u00eda de la plusval\u00eda, la cual se basa en la relaci\u00f3n existente entre los dos tiempos de trabajo constitutivos de la jornada (necesario y excedente), teniendo como premisa la coincidencia entre el valor de la fuerza de trabajo y su remuneraci\u00f3n o salario. Como, en este caso, esa coincidencia no se da, el resultado es un m\u00e9todo extraordinario (aunque frecuente) de explotaci\u00f3n del trabajo o, m\u00e1s bien, de superexplotaci\u00f3n que: a) no garantiza la reproducci\u00f3n normal de la fuerza de trabajo; b) asume la forma enga\u00f1adora&nbsp; de plusval\u00eda relativa (al contrario de lo que supone la mayor\u00eda de los autores que se refieren a la cuesti\u00f3n), puesto que, manteni\u00e9ndose invariable la jornada, se reduce aparentemente el tiempo de trabajo necesario; y c) no se confunde con el concepto de plusval\u00eda extraordinaria, o sea, aquella que el capitalista individual obtiene en proporci\u00f3n superior a sus concurrentes, al reducir el tiempo de producci\u00f3n&nbsp; de su mercanc\u00eda, aunque no su valor (una vez que el valor de la mercanc\u00eda se establece de acuerdo a las condiciones generales y no individuales de producci\u00f3n).<\/li><li>Este es el sentido de las medidas contempladas por Marx y Engels en el programa de la revoluci\u00f3n proletaria, incluido en el&nbsp;<em>Manifiesto Comunista<\/em>.<\/li><li>&#8220;En nuestro pa\u00eds, la revoluci\u00f3n pol\u00edtica y social precedi\u00f3 a la revoluci\u00f3n cultural, esa misma revoluci\u00f3n ante la cual, no obstante, nos encontramos ahora&#8221; \u2014dice Lenin, en uno de sus \u00faltimos escritos\u2014 acrecentando: &#8220;Esta revoluci\u00f3n cultural ser\u00eda hoy suficiente para convertir nuestro pa\u00eds en un pa\u00eds completamente socialista, pero presenta inmensas dificultades, tanto de car\u00e1cter puramente cultural (pues somos analfabetas) como material (pues, para ser cultos, debemos alcanzar cierto desarrollo de los medios materiales de producci\u00f3n, debemos poseer cierta material)&#8221;. &#8220;Sobre el cooperativismo&#8221;,&nbsp;<em>Obras Completas<\/em>, vol. 36, p. 502-503. En relaci\u00f3n a este problema, ver, de Antonio S\u00e1nchez Garc\u00eda,&nbsp;<em>Lenin y la revoluci\u00f3n cultural<\/em>, M\u00e9xico, Era, 1975.<\/li><li>Esto fue lo que vislumbr\u00f3 Rousseau, al ocuparse del tema de la desigualdad, y que casi lo llev\u00f3 al punto de ruptura con la ideolog\u00eda burguesa. Sin embargo, su fidelidad al peque\u00f1o productor y, por ende, a la peque\u00f1a propiedad individual le impidi\u00f3 hacerlo, de lo que se ha aprovechado la burgues\u00eda para, a\u00fan a disgusto, proceder a la recuperaci\u00f3n de su doctrina.<\/li><li>Sobre este tema, escribi\u00f3 Lenin: &#8220;(&#8230;) Si confi\u00e1ramos en que la redacci\u00f3n de un centenar de decretos iba a cambiar la vida del campo, ser\u00edamos unos idiotas rematados. Mas si renunci\u00e1ramos a se\u00f1alar en los decretos el camino a seguir, ser\u00edamos unos traidores al socialismo. Estos decretos, que en la pr\u00e1ctica no han podido ser aplicados en el acto y en toda su integridad, han desempe\u00f1ado un importante papel desde el punto de vista de la propaganda (&#8230;) Nuestros decretos son llamamientos, pero no al viejo estilo: &#8216;Obreros, levantaos, derrocad a la burgues\u00eda&#8217;. No son exhortaciones a las masas, son llamamientos a acciones pr\u00e1cticas.&nbsp;<em>Los decretos son instrucciones que invitan a una acci\u00f3n pr\u00e1ctica de masas<\/em>.&#8221; &#8220;Informe sobre el trabajo en el campo. Pronunciado el 23 de marzo&#8221;, VIII Congreso del PC (b) de Rusia, 18-23 de marzo de 1919,&nbsp;<em>Obras Escogidas<\/em>, Mosc\u00fa, t. III, p. 191.&nbsp; M\u00e1s adelante, a\u00f1ade: &#8220;Nuestros decretos son justos en el fondo. No tenemos motivos para retractarnos de ninguno de ellos ni para lamentarnos. Mas si los decretos son justos,&nbsp;<em>lo injusto es impon\u00e9rselos por la fuerza a los campesinos<\/em>.&#8221; Ib\u00edd.,<strong>&nbsp;<\/strong>p. 214.<\/li><li>Es m\u00e1s desarrollada porque la clase que la utiliza cuenta con el Estado para apoyarla, aunque no tanto mediante el uso de la fuerza, sino m\u00e1s bien de la presi\u00f3n econ\u00f3mica; v.g., la prioridad concedida a las cooperativas agr\u00edcolas para la obtenci\u00f3n de recursos del Estado.<\/li><li>El papel destacado que asumi\u00f3 la ideolog\u00eda en la implementaci\u00f3n del orden burgu\u00e9s no resta para nada importancia al uso de la fuerza, cabi\u00e9ndole tambi\u00e9n a la burgues\u00eda la invenci\u00f3n del monopolio estatal de la misma. Este inexiste en reg\u00edmenes anteriores, siendo que el grado mayor de dispersi\u00f3n de la fuerza que observamos en instituciones estatales es el que se da en el Estado esclavista, donde cada propietario de esclavos es libre de emplearla contra sus trabajadores. La burgues\u00eda, en su lucha contra el orden feudal, postula el monopolio de la fuerza y, convertida en clase dominante, lo emplea contra las dem\u00e1s clases, llegando incluso a suprimir sus propias organizaciones armadas, constituidas en&nbsp;defensa de la autonom\u00eda de los burgos, en la Edad Media. Bajo el r\u00e9gimen jur\u00eddico burgu\u00e9s, el derecho a portar armas es concedido s\u00f3lo a ciudadanos calificados y en funci\u00f3n exclusiva de su defensa individual.<\/li><li>La cual puede abarcar incluso el campo electoral. Lenin era enf\u00e1tico en este punto: &#8220;La cuesti\u00f3n respecto a la privaci\u00f3n de los derechos electorales a la burgues\u00eda no la interpretamos de ning\u00fan modo desde un punto de vista absoluto, porque en el terreno te\u00f3rico es perfectamente admisible que la dictadura del proletariado ir\u00e1 aplastando a la burgues\u00eda a cada paso, sin privarla, no obstante, de los derechos electorales. Desde el punto de vista te\u00f3rico esto se concibe plenamente, y de ah\u00ed que tampoco proponemos nuestra constituci\u00f3n como un modelo para los dem\u00e1s pa\u00edses. Decimos \u00fanicamente que el que concibe la transici\u00f3n al socialismo sin el aplastamiento de la burgues\u00eda no es socialista.&#8221; &#8220;Informe sobre el programa del Partido. Pronunciado el 19 de marzo&#8221;, VIII Congreso del PC (b) de Rusia, 18-23 de marzo de 1919, en&nbsp;<em>Obras Escogidas<\/em>, Mosc\u00fa, Progreso, 1961, t. III, p. 191.<\/li><\/ol>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-text-color has-background has-vivid-red-background-color has-vivid-red-color\"\/>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-columns has-2-columns has-desktop-oneTwo-layout has-tablet-equal-layout has-mobile-equal-layout has-default-gap has-vertical-unset\" id=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-columns-78bfedee\"><div class=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-columns-overlay\"><\/div><div class=\"innerblocks-wrap\">\n<div class=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-column\" id=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-column-c83ae97b\"><\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-column\" id=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-column-3c638dde\">\n<div class=\"wp-block-file alignright\"><a id=\"wp-block-file--media-8d637188-84d3-4d63-9915-deb487667231\" href=\"http:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/63-Dos-notas-sobre-el-socialismo-.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Dos-notas-sobre-el-socialismo<\/a><\/div>\n<\/div>\n<\/div><\/div>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Fuente: Archivo de Ruy Mauro Marini, con la anotaci\u00f3n: &#8220;1993 &#8211; Redefiniciones, UAM-X&#8221;. Versi\u00f3n en portugu\u00e9s: Sobre o socialismo, 1992. La crisis a la que ingresaron, a mediados de la d\u00e9cada pasada, los reg\u00edmenes&#46;&#46;&#46;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":3234,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_themeisle_gutenberg_block_has_review":false,"_ti_tpc_template_sync":false,"_ti_tpc_template_id":"","footnotes":""},"categories":[],"tags":[43,52,18,103,79,78],"class_list":["post-1479","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","tag-43","tag-52","tag-articulos","tag-compilaciones","tag-socialismo","tag-uam"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1479","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1479"}],"version-history":[{"count":7,"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1479\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3235,"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1479\/revisions\/3235"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/3234"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1479"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1479"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1479"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}