{"id":1515,"date":"1994-01-26T18:07:48","date_gmt":"1994-01-26T18:07:48","guid":{"rendered":"http:\/\/localhost:8888\/wordpress\/?p=1515"},"modified":"2022-03-24T04:19:56","modified_gmt":"2022-03-24T04:19:56","slug":"las-raices-del-pensamiento-latinoamericano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/?p=1515","title":{"rendered":"Las ra\u00edces del pensamiento latinoamericano"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-resized is-style-default\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/26913577_1989044584469485_2028228332_n-edited.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1726\" width=\"756\" height=\"425\"\/><figcaption>UNAH<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><mark style=\"background-color:rgba(0, 0, 0, 0)\" class=\"has-inline-color has-vivid-red-color\">Fuente: Archivo de Ruy Mauro Marini. V\u00e9ase tambi\u00e9n <a href=\"http:\/\/marini-escritos.unam.mx\/?p=1053\" data-type=\"post\" data-id=\"1053\">La sociolog\u00eda latinoamericana: origen y perspectivas (ponencia, 1994).<\/a><\/mark><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-text-color has-background has-vivid-red-background-color has-vivid-red-color\"\/>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">El pensamiento social, es decir, la reflexi\u00f3n de una sociedad sobre s\u00ed misma surge con las sociedades de clases, pero s\u00f3lo se plantea all\u00ed donde un grupo o una clase experimenta la necesidad de promover o justificar su dominaci\u00f3n sobre otros grupos y clases. Puede tratarse de una construcci\u00f3n ideal, como&nbsp;<em>La Rep\u00fablica<\/em>&nbsp;de Plat\u00f3n, donde se identifican los segmentos que forman la sociedad y se busca articularlos arm\u00f3nicamente en un sistema corporativo, o de una investigaci\u00f3n comparada, como la&nbsp;<em>Pol\u00edtica<\/em>&nbsp;de Arist\u00f3teles, donde se toman a las clases y su interacci\u00f3n como eje del an\u00e1lisis, en la perspectiva del equilibrio y la armon\u00eda social. En cualquier caso, la teorizaci\u00f3n va encaminada a asegurar o transformar un orden de cosas determinado, a partir de un punto de vista de clase.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando se trata de sociedades que se basan en una organizaci\u00f3n econ\u00f3mica relativamente simple y en que la diferenciaci\u00f3n social es a\u00fan incipiente, el pensamiento social tiende a justificar el orden existente recurriendo a factores externos, que impondr\u00edan ese orden como algo necesario; esos factores pueden ser de naturaleza divina, sobrenatural, o se refieren a diferencias naturales o culturales evidentes, como las de car\u00e1cter racial y religioso. Los reg\u00edmenes teocr\u00e1ticos, correspondientes al llamado modo de producci\u00f3n asi\u00e1tico, la sociedad medieval europea y, en cualquier lugar y en cualquier tiempo, las sociedades basadas en la esclavitud son pr\u00f3digos en ejemplos en este sentido. No por acaso la prerrogativa de la humanidad se plante\u00f3 como un problema para la iglesia cat\u00f3lica, respecto a los indios y negros esclavizados en Am\u00e9rica.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\" id=\"capitalismo-y-sociologia\"><a><\/a>Capitalismo y sociolog\u00eda<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">A medida que el sistema econ\u00f3mico se vuelve m\u00e1s complejo y que la sociedad favorece el despliegue y la contraposici\u00f3n de intereses de clase, el pensamiento social se vuelve contradictorio, propiciando el surgimiento de corrientes divergentes. Es as\u00ed como el capitalismo, desde el momento en que engendra en su seno el desarrollo industrial y avanza hacia su madurez, impulsa a la clase que lo dirige a plantear con fuerza creciente sus prop\u00f3sitos y reivindicaciones en el plano te\u00f3rico e ideol\u00f3gico. La burgues\u00eda lo har\u00e1, primero, en contra de la clase dominante: la aristocracia terrateniente. Para ello, comienza, con los fisi\u00f3cratas, por denunciar el car\u00e1cter parasitario de esa clase (s\u00f3lo la tierra crea valor); sigue, con Adam Smith y Boisguillebert, afirmando que el trabajo es la fuente por excelencia de la riqueza; y llega, con Ricardo, a identificar al capital (incluido en \u00e9l al trabajo y la tierra) como origen \u00fanico del valor.<sup>1<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>La burgues\u00eda deber\u00e1 pagar el precio de la radicalidad de su cr\u00edtica al orden feudal. En un proceso que empieza con los ide\u00f3logos cooperativistas y los te\u00f3ricos neoricardianos, as\u00ed como los socialistas franceses, como Sismondi y Saint-Simon, la econom\u00eda pol\u00edtica se vuelve contra el propio capitalismo, para plantearse, con Marx, como cr\u00edtica de s\u00ed misma y expresi\u00f3n revolucionaria de los intereses de clase del proletariado. No le quedar\u00e1 al pensamiento burgu\u00e9s sino renunciar a la econom\u00eda pol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<p>Para ello, tratar\u00e1 de construir una ciencia que excluya a la econom\u00eda como factor explicativo del orden social. Cabr\u00e1 a Comte, al crear la sociolog\u00eda, negar a esa ciencia cualquier car\u00e1cter cient\u00edfico y proclamar al orden social (burgu\u00e9s) como el orden en s\u00ed, un organismo perfectible pero inmutable, expresi\u00f3n definitiva de lo normal, contra el cual toda acci\u00f3n contraria es indicativa de una desviaci\u00f3n, es decir, una manifestaci\u00f3n de tipo patol\u00f3gico. Durkheim seguir\u00e1 sus pasos, al tratar de fundamentar el estudio de la sociedad esencialmente en la observaci\u00f3n emp\u00edrica de los fen\u00f3menos sociales, tomados en tanto que cosas, cuya frecuencia determina su car\u00e1cter normal o patol\u00f3gico. Ello descarta a la revoluci\u00f3n, que pasa a la categor\u00eda de enfermedad social; bajo la influencia de Darwin, Spencer enfatizar\u00e1 en la nueva disciplina las nociones de evoluci\u00f3n y selecci\u00f3n natural, que consagran la tesis de la supervivencia de los m\u00e1s aptos, proporcionando a la expansi\u00f3n capitalista mundial la justificativa que ella requer\u00eda.<sup>2<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s adelante, ser\u00e1n los mismos economistas quienes abjurar\u00e1n de la econom\u00eda pol\u00edtica, que priorizaba los problemas de la producci\u00f3n y la distribuci\u00f3n, para centrarse, con Marshall y la escuela neocl\u00e1sica, en el estudio del mercado, en tanto que elemento rector de la actividad econ\u00f3mica. El mercado, como se\u00f1ala Marx, es el para\u00edso de los derechos del hombre, desvinculado de su clase y tomado en tanto que individuo aislado. All\u00ed, se oscurecen las relaciones de explotaci\u00f3n y la desigualdad entre los que poseen los medios de producci\u00f3n y los que no poseen sino su fuerza de trabajo.<sup>3<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Vista desde la perspectiva del mercado, la sociedad representa un conjunto de individuos libres e iguales ante la ley, que act\u00faan movidos por su inter\u00e9s personal, ego\u00edsta, subordinados tan s\u00f3lo al movimiento objetivo de las cosas, el cual se expresa en leyes como las de oferta y demanda. La investigaci\u00f3n de los procesos y regularidades que caracterizan un dado sistema econ\u00f3mico, objeto de estudio de la econom\u00eda pol\u00edtica, se convierte as\u00ed en la exaltaci\u00f3n apolog\u00e9tica de las leyes ciegas del mercado. El liberalismo, expresi\u00f3n doctrinaria de esa nueva postura, alcanza entonces su plenitud, en el momento mismo en que Inglaterra se afirma como potencia capitalista indiscutible en el plano mundial.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\" id=\"el-mercado-mundial-y-los-estados-nacionales\"><a><\/a>El mercado mundial y los Estados nacionales<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Es en este contexto que se forman las naciones de Am\u00e9rica Latina y que comienza la indagaci\u00f3n que estas hacen sobre su propia naturaleza. El orden colonial hab\u00eda sido, en \u00faltima instancia, un episodio en el proceso de constituci\u00f3n del mercado mundial. Cuando, a ra\u00edz de la revoluci\u00f3n industrial, este se consolida, favorece la ruptura del orden colonial. Pero no son muchas las alternativas que se abren a la regi\u00f3n: ella deber\u00e1 seguir exportando sus recursos naturales, con un m\u00ednimo de elaboraci\u00f3n, en cambio de las manufacturas europeas proporcionadas por la importaci\u00f3n. A su vez, la conformaci\u00f3n de los nuevos pa\u00edses derivar\u00e1 en buena medida de la estructura sociopol\u00edtica heredada de la colonia y no se apartar\u00e1 fundamentalmente de la articulaci\u00f3n en torno a los centros y subcentros comerciales y administrativos que ella dejara: M\u00e9xico, Lima, Buenos Aires, R\u00edo de Janeiro, Santiago, Montevideo.<\/p>\n\n\n\n<p>Casi todos son puertos. Cuando no lo son, los nuevos grupos dirigentes se anexan las salidas al mar que necesitan, como Veracruz, o contraen alianzas con los comerciantes que las dominan, como la que da origen al eje Santiago-Valpara\u00edso. Pero su viabilidad nacional est\u00e1 indisolublemente ligada a su capacidad para vincularse de manera din\u00e1mica al mercado mundial, mediante exportaciones de bienes que se puede llamar de solventes, es decir, que el mercado requiere.<\/p>\n\n\n\n<p>Se trata por lo general de productos nuevos. Siglos de explotaci\u00f3n predatoria han agotado las mercanc\u00edas tradicionales: los metales preciosos, que s\u00f3lo aqu\u00ed y all\u00ed conservan a\u00fan cierta importancia, o la ca\u00f1a de az\u00facar. Se necesitar\u00e1 cierto tiempo, dos a tres d\u00e9cadas como m\u00ednimo, para que las j\u00f3venes naciones re\u00fanan las condiciones para identificar y ser capaces de producir esos bienes solventes.<\/p>\n\n\n\n<p>Para ello, influye el hecho de que, a vueltas con crisis econ\u00f3micas sucesivas, que van hasta la d\u00e9cada de 1830, y absorbida prioritariamente en su expansi\u00f3n por el cercano mercado europeo, la nueva metr\u00f3poli: Inglaterra, no podr\u00e1 conceder demasiada atenci\u00f3n a Am\u00e9rica Latina. No hay que olvidar, tampoco, que s\u00f3lo a partir de 1830 y en un per\u00edodo relativamente largo, comienza a imponerse la navegaci\u00f3n a vapor. Situaciones geogr\u00e1ficas particulares, como la de Buenos Aires y sobre todo Chile, permitir\u00e1n a algunos pa\u00edses aprovechar las coyunturas comerciales que se presentan en Estados Unidos, a ra\u00edz de la guerra de secesi\u00f3n y, luego, de la conquista del oeste, utilizando la ruta del Pac\u00edfico.<\/p>\n\n\n\n<p>No son \u00e9stas, sin embargo, razones absolutamente determinantes para determinar los tiempos y modos de inserci\u00f3n de Am\u00e9rica Latina en el mercado mundial. Esta depende, en lo fundamental, de la capacidad de los nuevos grupos dirigentes criollos para imponer su hegemon\u00eda sobre las oligarqu\u00edas locales y asegurar su poder sobre un dado territorio, al tiempo que proceden a someter a los sectores no integrados, por lo general ind\u00edgenas. De hecho, esto, que representa una segunda acumulaci\u00f3n originaria, se diferencia de la que tuvo lugar en la colonia, la medida en que se orienta a sentar la base de Estados nacionales.<\/p>\n\n\n\n<p>La creaci\u00f3n del Estado, cuya&nbsp;<em>ultima ratio<\/em>&nbsp;es el monopolio de la fuerza, constituye, pues, condici\u00f3n&nbsp;<em>sine qua non<\/em>&nbsp;para el surgimiento de naciones aptas a integrarse al mercado mundial, integraci\u00f3n que, a su vez, refuerza la tendencia a la centralizaci\u00f3n del poder pol\u00edtico y militar. Los \u00e9xitos tempraneros obtenidos por Chile y Brasil en ese sentido comprueban esta asertiva.<sup>3<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Es as\u00ed como la alianza entre los terratenientes y la \u00e9lite administrativa de Santiago con los comerciantes de Valpara\u00edso har\u00e1 de lo que hab\u00eda sido una zona relativamente marginal, bajo la colonia, y que presentaba, por consiguiente, un d\u00e9bil desarrollo de las oligarqu\u00edas locales, un Estado que, desde 1833, con la constituci\u00f3n portaliana, afirma su presencia, al tiempo que emprende la conquista de los territorios indios, al sur del pa\u00eds, y lleva la guerra a la confederaci\u00f3n formada por Per\u00fa y Bolivia. La explotaci\u00f3n del cobre, al norte, sin grandes requisitos en materia de inversi\u00f3n y tecnolog\u00eda, cierta vigencia de la plata y la producci\u00f3n de cereales, sumadas a las circunstancias ya referidas que le abrieron el mercado norteamericano, har\u00e1n de Chile, ya en la d\u00e9cada de 1840, una naci\u00f3n estable, pr\u00f3spera y guerrera.<\/p>\n\n\n\n<p>La crisis mundial de 1873 encontrar\u00e1, empero, al pa\u00eds en medio a grandes dificultades. La explotaci\u00f3n f\u00e1cil del cobre se terminara, la plata era cada vez m\u00e1s escasa, la producci\u00f3n cerealera se mostraba incapaz de competir con la de otras regiones que se incorporaban al mercado, como Argentina, Australia y los mismos Estados Unidos. Per\u00fa y Bolivia, pa\u00edses que se hab\u00edan retrasado en el proceso de formaci\u00f3n nacional, se ver\u00edan forzados a pagar la penuria chilena y, en la guerra del Pac\u00edfico de 1879, perder\u00edan para ese pa\u00eds extensos territorios salitreros.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, pese a la victoria, Chile inicia entonces una trayectoria que tendr\u00e1 profundas implicaciones en el futuro: repartiendo mitad a mitad la propiedad y la explotaci\u00f3n del salitre con Inglaterra, que lo apoyara en la guerra, el Estado chileno se va convirtiendo, gracias a los derechos de concesi\u00f3n y aduana, en bot\u00edn de una oligarqu\u00eda burguesa que olvida su capacidad empresarial y se vuelve cada vez m\u00e1s parasitaria. Cuando, a inicios del siglo XX, la segunda expansi\u00f3n del cobre tenga lugar, se har\u00e1 sobre la base de los grandes capitales y la tecnolog\u00eda de punta aportados por las compa\u00f1\u00edas norteamericanas, con lo que se completar\u00e1 la transformaci\u00f3n del pa\u00eds en una econom\u00eda de enclave.<\/p>\n\n\n\n<p>Brasil constituye un caso distinto. Las varias etapas econ\u00f3micas por las que pasa en la colonia: los ciclos del az\u00facar, del oro, del algod\u00f3n hab\u00edan constituido oligarqu\u00edas poderosas, particularmente en el noreste y el centro, a las que se sumaban los estancieros del sur, envueltos en constantes conflictos con sus vecinos platenses. El nuevo pa\u00eds s\u00f3lo pudo mantener su integridad territorial, al momento de la independencia, en la medida en que esta no fue sino una singular transici\u00f3n: sobre la base de la mantenci\u00f3n del r\u00e9gimen imperial y la esclavitud, su primer gobernante fue su antiguo regente (y futuro rey de Portugal), lo que signific\u00f3 que la administraci\u00f3n se mantuviera pr\u00e1cticamente en manos de la \u00e9lite colonial portuguesa durante nueve a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>Los apetitos de poder de las oligarqu\u00edas llevaron, en 1831, a la abdicaci\u00f3n de Pedro I y la instauraci\u00f3n de la regencia, que, ejercida por ellas, les permiti\u00f3 dar rienda suelta a sus conflictos de intereses. Durante una d\u00e9cada, el pa\u00eds fue sacudido por sublevaciones y movimientos separatistas. Parec\u00eda inevitable que se viniera a imponer all\u00ed una disgregaci\u00f3n similar a la de Hispanoam\u00e9rica, cuando, en 1840, uniendo fuerzas, las oligarqu\u00edas del norte y del centro adoptaron dos medidas de gran alcance. Una, el golpe de la mayoridad, facult\u00f3 al pr\u00edncipe heredero asumir el poder a los 15 a\u00f1os, proporcionando al Estado un s\u00edmbolo visible de poder. La otra, la centralizaci\u00f3n militar, puso en manos del Estado un ej\u00e9rcito considerable que, en campa\u00f1as sucesivas, dio un ba\u00f1o de sangre en el pa\u00eds, el cual pas\u00f3 a la historia bajo la denominaci\u00f3n de &#8220;pacificaci\u00f3n&#8221;.<\/p>\n\n\n\n<p>Para ese entonces, un nuevo ciclo econ\u00f3mico empezara a abrirse paso: el del caf\u00e9, que ya en 1830 representaba un tercio de las exportaciones, dirigidas preferencialmente a Estados Unidos, y que no har\u00eda sino aumentar su importancia, hasta conferir a Brasil una situaci\u00f3n de&nbsp;<em>cuasi<\/em>&nbsp;monopolio a fines del siglo. Hacia 1850, con la suspensi\u00f3n del tr\u00e1fico de esclavos, el pa\u00eds normaliza sus relaciones con Inglaterra, hasta entonces conflictivas, lo que le da definitivamente acceso a los mercados europeos y en particular a sus inversiones. La alianza en que se basa el sistema de dominaci\u00f3n y que confiere papel destacado a la oligarqu\u00eda esclavista del noreste, pese a la decadencia de \u00e9sta, aplazar\u00e1 hasta 1888 la abolici\u00f3n del trabajo esclavo. Pero, una vez que esta se realiza, hecho que consagra la hegemon\u00eda conquistada por la burgues\u00eda del centro-sur en el seno de la alianza, se llega, el a\u00f1o siguiente, al reemplazo del imperio por la rep\u00fablica, en un parto sin dolor.<\/p>\n\n\n\n<p>Los casos en que la centralizaci\u00f3n pol\u00edtica y militar es m\u00e1s tard\u00eda no hacen sino confirmar la importancia decisiva de \u00e9sta para asegurar la viabilidad nacional. No hablemos ya de pa\u00edses como Bolivia, en donde los poderes del Estado quedan desperdigados entre Sucre y La Paz, el caudillaje reina, el territorio sigue encogi\u00e9ndose a\u00fan en pleno siglo XX y se pierde incluso la clave del desarrollo exportador: la salida al mar. Hablemos m\u00e1s bien de procesos nacionales finalmente exitosos.<\/p>\n\n\n\n<p>Dilacerada por guerras intestinas y sometida a la injerencia extranjera, en particular de Brasil, Argentina s\u00f3lo iniciar\u00e1 su despegue econ\u00f3mico y pol\u00edtico despu\u00e9s de la victoria de la burgues\u00eda bonaerense en la batalla de Pav\u00f3n, en 1860. A partir de entonces, empieza el auge cerealero de las provincias del norte, finalmente sometidas a Buenos Aires, al que se sumar\u00e1 el de las exportaciones de carne, a fines de siglo, cuando los ingleses introducen la tecnolog\u00eda de la frigorizaci\u00f3n en su almacenaje y transporte. Argentina se pone entonces a la cabeza del desarrollo econ\u00f3mico latinoamericano y s\u00f3lo reconoce a Estados Unidos como rival en el continente.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e9xico, por su lado, puesto bajo las presiones e intervenciones norteamericanas, sufre hasta mediados del siglo p\u00e9rdidas sucesivas de territorio a manos de Estados Unidos, mientras se dilacera en guerras raciales en el norte y en el sur. Los a\u00f1os cincuenta ser\u00e1n escenario de una violenta guerra civil, entablada en torno a la reforma liberal, que s\u00f3lo concluye en 1861, cuando Ju\u00e1rez conquista la capital. Sin embargo, desde 1864, el pa\u00eds se ve de nuevo sumido en la guerra, ahora contra la ocupaci\u00f3n francesa, de la que emerge dividido por el enfrentamiento entre caudillos militares. Ser\u00e1 hasta 1875, tras el levantamiento y la victoria de uno de esos caudillos: Porfirio D\u00edaz, que M\u00e9xico podr\u00e1 finalmente darse un orden pol\u00edtico estable y asegurar su inserci\u00f3n en el mercado mundial&nbsp;<a><\/a><a href=\"http:\/\/www.marini-escritos.unam.mx\/086_pensamiento_latinoamericano.html#_edn5\">[5]<\/a>, gracias a productos solventes como la plata, el henequ\u00e9n, la ca\u00f1a de az\u00facar y, m\u00e1s tarde, el petr\u00f3leo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\" id=\"liberalismo-y-racismo\"><a><\/a>Liberalismo y racismo<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Cualquier que sea el modo y el momento por los cuales se constituyen las naciones latinoamericanas, la reflexi\u00f3n que sobre ellas mismas tendr\u00e1 lugar presenta ciertos puntos en com\u00fan. Desde luego, al asentarse sobre econom\u00edas exportadoras, que se insertan en una divisi\u00f3n internacional simple del trabajo: industria&nbsp;<em>versus<\/em>&nbsp;producci\u00f3n primaria, no hay razones de peso para que se rechace el liberalismo. Lo que podr\u00eda parecer la adopci\u00f3n de pol\u00edticas proteccionistas, como la Tarifa Alves Branco, con que Brasil, en la d\u00e9cada de 1840, impuso pesados grav\u00e1menes a la importaci\u00f3n y que dio lugar a cierto desarrollo industrial, no puede entenderse fuera de su contexto. Primero, la dif\u00edcil relaci\u00f3n con Inglaterra, antes de la supresi\u00f3n del tr\u00e1fico negrero, que suger\u00eda medidas de retaliaci\u00f3n. Segundo, y m\u00e1s importante, la penuria del Estado, que no se pod\u00eda paliar con el recurso a cr\u00e9ditos externos, por el car\u00e1cter mismo de las relaciones con la metr\u00f3poli.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta es, en efecto, una norma en la pol\u00edtica tributaria caracter\u00edstica de la econom\u00eda exportadora, en donde la clase dominante pol\u00edticamente lo es tambi\u00e9n econ\u00f3micamente: se gravan las importaciones, no las exportaciones. Las razones son obvias: el impuesto a la exportaci\u00f3n desagrada al centro capitalista tanto como el que recae sobre la importaci\u00f3n, una vez que si el segundo puede significar limitaci\u00f3n a sus ventas, el primero implica elevar el precio de sus compras. En la disyuntiva, la econom\u00eda exportadora optar\u00e1 siempre por este \u00faltimo, sea porque tributar las exportaciones ser\u00eda tributar a la clase dominante, a cuyo servicio est\u00e1 el Estado, sea porque, en condiciones de competencia, se desmejorar\u00eda la posici\u00f3n del producto en el mercado. Se\u00f1alemos que, en el caso de las econom\u00edas de enclave, la l\u00f3gica tributaria es inversa: la clase dominante, cuyos ingresos provienen sustancialmente de los tributos a la exportaci\u00f3n recaudados por el Estado y se gastan prioritariamente en importaciones, tiene inter\u00e9s en que los primeros se eleven y que la carga impositiva referente a estas \u00faltimas se reduzca.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde luego, tener inter\u00e9s y ser capaz para hacerlo son cosas diferentes. Entre las econom\u00edas de enclave latinoamericanas, s\u00f3lo en Chile ten\u00eda el Estado la fuerza para proceder de esa manera y, a\u00fan as\u00ed, en situaciones normales, dado que, en caso de crisis econ\u00f3mica, la demanda y los precios se desplomaban, cancelando esa posibilidad. Sin embargo, Chile no lo hizo. Bien al contrario, bajo la inspiraci\u00f3n del economista franc\u00e9s Gustavo Courcelle-Seneuil, quien, en su calidad de consultor t\u00e9cnico del Ministerio de Hacienda, orient\u00f3 la pol\u00edtica econ\u00f3mica del pa\u00eds durante siete a\u00f1os (1855-1863), se adopt\u00f3 la m\u00e1s amplia libertad de comercio y se consagr\u00f3 incluso la libre emisi\u00f3n de moneda por los bancos nacionales y extranjeros, pr\u00e1ctica que se mantuvo hasta fines del siglo, cuando el Estado se reserv\u00f3 el derecho de emisi\u00f3n.<sup>6<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Como quiera que sea, m\u00e1s all\u00e1 de la determinaci\u00f3n econ\u00f3mica, el liberalismo se impuso como la doctrina por excelencia del Estado latinoamericano y con m\u00e1s fuerza a\u00fan tras la emergencia de la escuela neocl\u00e1sica, que retom\u00f3 de Ricardo la teor\u00eda de las ventajas comparativas. Ello ten\u00eda una implicaci\u00f3n que, trascendiendo lo econ\u00f3mico, moldeaba la conciencia de las naciones de la regi\u00f3n: siendo bueno y natural que hubiera econom\u00edas industriales y econom\u00edas primarias (agrarias o mineras), y resultando ello en beneficio y privilegio para la clase dominante, esta no vacila en proclamar la vocaci\u00f3n agraria de Am\u00e9rica Latina, asumiendo como destino hist\u00f3rico lo que no era sino el fruto de la divisi\u00f3n del trabajo.<\/p>\n\n\n\n<p>En esta perspectiva, la causa de la diversidad claramente constatable entre los centros europeos y los j\u00f3venes pa\u00edses latinoamericanos en materia de desarrollo pol\u00edtico, social y cultural no habr\u00eda que buscarse en la naturaleza de nuestras estructuras productivas ni en el car\u00e1cter de nuestras relaciones con el exterior. Desde luego, la clase dominante criolla no se considera responsable de ello: &#8220;Podr\u00edamos definir la Am\u00e9rica civilizada diciendo que es la Europa establecida en Am\u00e9rica. Nosotros, los que nos llamamos americanos, no somos otra cosa que europeos nacidos en Am\u00e9rica&#8221;, afirma orgullosamente el argentino Juan Bautista Alberdi. Analizando la Argentina de entonces, en su&nbsp;<em>Facundo<\/em>, Sarmiento precisar\u00e1 mejor lo que hay que entender por &#8220;Am\u00e9rica civilizada&#8221;: &#8220;El siglo XIX y el siglo XII viven juntos: el uno dentro de las ciudades, el otro en las campi\u00f1as.&#8221; Sarmiento llamar\u00e1 a uno&nbsp;<em>civilizaci\u00f3n<\/em>, al otro&nbsp;<em>barbarie<\/em>.<sup>7<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>El pasado nos hab\u00eda acostumbrado a depender de Europa para reflexionar sobre nuestra realidad. La colonia no ten\u00eda quien ni porqu\u00e9 pensar: la metr\u00f3poli lo hac\u00eda por ella. Lo m\u00e1ximo a que pod\u00eda aspirar era formar sus letrados, sus hombres cultos, en la metr\u00f3poli, seg\u00fan los patrones culturales all\u00ed imperantes. La Independencia, con la consiguiente inserci\u00f3n en la divisi\u00f3n internacional del trabajo y la formaci\u00f3n de los Estados nacionales, nos obliga a un esfuerzo para el que no est\u00e1bamos preparados. Carec\u00edamos, para ello, de resortes propios: escuelas, universidades, tradici\u00f3n cultural, as\u00ed como de industrias y tecnolog\u00eda para asegurar la reproducci\u00f3n de nuestra econom\u00eda. En otros t\u00e9rminos, no pose\u00edamos las condiciones materiales y espirituales para crear un pensamiento original. En esas condiciones, lo que har\u00e1n nuestros pa\u00edses es importar los productos acabados del pensamiento europeo, del mismo modo como import\u00e1bamos las manufacturas y hasta los hombres necesarios a la reproducci\u00f3n de nuestra base econ\u00f3mica. El liberalismo nos dec\u00eda que ello deb\u00eda ser as\u00ed y lo cre\u00edamos. Faltaba, entonces, la justificaci\u00f3n de porqu\u00e9 nuestras sociedades, nuestros Estados, nuestra cultura difer\u00edan tanto de sus cong\u00e9neres europeos. Independientemente de la penetraci\u00f3n entre nosotros del idealismo, el positivismo, el darwinismo social y el mismo socialismo, los ide\u00f3logos de nuestras clases dominantes acabaron por inclinarse hacia el \u00fanico factor que, de verdad, parec\u00eda explicar esas diferencias: la raza. Explicaci\u00f3n tanto m\u00e1s conveniente cuanto que nuestros criollos, por mezclados que fueran, hab\u00edan excluido de la vida pol\u00edtica al grueso de la poblaci\u00f3n, \u00e9sta s\u00ed confesadamente mestiza.<\/p>\n\n\n\n<p>La adopci\u00f3n del liberalismo pol\u00edtico, con la introducci\u00f3n de la divisi\u00f3n de poderes del Estado, la creaci\u00f3n de sistemas representativos y la implantaci\u00f3n de partidos pol\u00edticos se imponen en los pa\u00edses de mayor desarrollo relativo, a medida que se estructuraba el poder nacional, coexistiendo sin problemas con reg\u00edmenes pol\u00edticos estrictamente olig\u00e1rquicos. La mejor prueba la proporciona el Brasil mon\u00e1rquico, con su base esclavista y el parlamentarismo de&nbsp;<em>fancaria<\/em>&nbsp;[ordinario y mal hecho] que lo caracterizan, en las \u00faltimas d\u00e9cadas del siglo XIX.<\/p>\n\n\n\n<p>En realidad, se estaba en presencia de Estados excluyentes y represivos, que marginaban de la vida pol\u00edtica al grueso de la poblaci\u00f3n. La ignorancia, el retraso, la barbarie, en fin, eran, a los ojos de la oligarqu\u00eda los atributos del pueblo. Los m\u00e1s bondadosos se preocupar\u00e1n de esa situaci\u00f3n y ver\u00e1n en la educaci\u00f3n el medio de rescatar a las masas de la degradaci\u00f3n en que estaban sumidas. &#8220;No separemos de nosotros al pueblo m\u00e1s de lo separado que se encuentra \u2014exclamaba Bilbao.&nbsp;<em>Eduqu\u00e9moslo<\/em>&nbsp;en la teor\u00eda de la individualidad, del derecho y de honor&#8221;&nbsp;<sup>8<\/sup>. Pero la gran mayor\u00eda ver\u00e1 a esa distancia social como un hecho sin posibilidad de superaci\u00f3n, dado el pecado original propio del pueblo: su raza.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde 1840 hasta la primera d\u00e9cada del siglo XX, el enfoque racista dominar\u00e1 el pensamiento social latinoamericano. Quiz\u00e1 s\u00f3lo en Brasil, donde la colonizaci\u00f3n hab\u00eda ya cumplido la tarea de diezmar en gran escala los grupos aut\u00f3ctonos y sentar las bases de la econom\u00eda sobre la esclavitud africana, el racismo no llegaba a constituir un problema. Los negros estaban, por su propia condici\u00f3n, excluidos de la sociedad civil, esto es, no pod\u00edan ser ciudadanos, mientras que los ind\u00edgenas, pocos y dispersos, eran considerados, casi con benevolencia, como menores de edad y, como tal, igualmente privados del derecho de ciudadan\u00eda. El car\u00e1cter salvaje del capitalismo brasile\u00f1o contempor\u00e1neo no puede ser entendido, si hacemos abstracci\u00f3n de esa realidad hist\u00f3rica.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, a medida que, tras la abolici\u00f3n de la esclavitud y el incremento de la inmigraci\u00f3n europea, hacia la d\u00e9cada de 1880, se agudiza la cuesti\u00f3n racial, el problema quedar\u00e1 planteado en Brasil en t\u00e9rminos similares al de Hispanoam\u00e9rica. Ello tal vez contribuya a explicar el desarrollo temprano de la sociolog\u00eda moderna en el pa\u00eds, que empieza en los a\u00f1os 20 para culminar con la creaci\u00f3n del primer centro latinoamericano especializado en la materia: la Escuela Libre de Sociolog\u00eda y Pol\u00edtica, fundada en Sao Paulo, en 1933. Hasta entonces, la sociolog\u00eda se impart\u00eda en las universidades de la regi\u00f3n como c\u00e1tedra en los cursos de derecho y, m\u00e1s tarde, de filosof\u00eda, permitiendo a Germani hablar de un &#8220;pensamiento presociol\u00f3gico&#8221;.<sup>9<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>La soluci\u00f3n brasile\u00f1a s\u00f3lo difiere por su sofisticaci\u00f3n te\u00f3rica y metodol\u00f3gica respecto a la que el pensamiento social hispanoamericano ven\u00eda planteando desde mediados del siglo pasado. En efecto, esos pa\u00edses, a vueltas en su mayor\u00eda con una significativa poblaci\u00f3n ind\u00edgena, no hab\u00edan dudado en achacar al mestizaje los males de su retraso social, pol\u00edtico y cultural, a veces de manera extremadamente brutal. &#8220;Impuros ambos \u2014dec\u00eda Bunge, refiri\u00e9ndose por igual a mestizos y mulatos\u2014, ambos at\u00e1vicamente anticristianos, son como las dos cabezas de la hidra fabulosa que rodea, aprieta y estrangula, entre su espiral gigantesca, una hermosa y p\u00e1lida virgen: \u00a1Hispano-Am\u00e9rica!&#8221;.<sup>10<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Los remedios que propone la clase dominante criolla para hacer frente al problema var\u00edan. Hay los que, como Ingenieros, se montan en un pragmatismo c\u00ednico para afirmar: &#8220;Cuanto se haga en pro de las razas inferiores es anticient\u00edfico, a lo sumo se les podr\u00eda proteger para que se extingan agradablemente, facilitando la adaptaci\u00f3n provisional de los que por excepci\u00f3n pueden hacerlo&#8221;&nbsp;<sup>11<\/sup>. Otros, aunque sin ocultar su desprecio y hasta su odio por los excluidos, se inclinan m\u00e1s hacia la autoflagelaci\u00f3n, por cargar con esa maldici\u00f3n, ese pecado original de pertenecer a naciones mestizas. No sorprende que, en la literatura de la \u00e9poca, abunden t\u00edtulos como&nbsp;<em>Manual de patolog\u00eda pol\u00edtica<\/em>&nbsp;(1899), del argentino Agust\u00edn Alvarez;&nbsp;<em>El continente enfermo<\/em>&nbsp;(1899), del venezolano C\u00e9sar Zumeta;&nbsp;<em>Enfermedades sociales<\/em>&nbsp;(1905), del argentino Manuel Ugarte, y&nbsp;<em>Pueblo enfermo<\/em>&nbsp;(1909), del boliviano Alcides Arguedas.<\/p>\n\n\n\n<p>Respuesta menos desesperada es la que plantea a la educaci\u00f3n como instrumento capaz de rescatar a la naci\u00f3n y edificar una nueva cultura, como lo hizo Lastarria en Chile, Rod\u00f3 en Uruguay \u2014dando origen a una corriente culturalista m\u00e1s optimista en toda la regi\u00f3n, el arielismo\u2014, Justo Sierra y Antonio Caso en M\u00e9xico&nbsp;<sup>12<\/sup>. O la que ve en la inyecci\u00f3n de sangre blanca, vale decir la inmigraci\u00f3n europea, la posibilidad de superaci\u00f3n de la inferioridad cong\u00e9nita de nuestras naciones. Esta tesis, que encontramos ya a mediados del siglo en Alberdi o Sarmiento&nbsp;<sup>13<\/sup>, desaguar\u00e1 en la exaltaci\u00f3n del mestizaje, en versiones ya de derecha, como la del brasile\u00f1o Raimundo Nina Rodrigues y su tesis relativa al &#8220;blanqueamiento&#8221; de la raza, ya de izquierda, como la del mexicano Jos\u00e9 Vasconcelos y su concepto de &#8220;raza c\u00f3smica&#8221;.<\/p>\n\n\n\n<p>Contados son, empero, los autores que tratan de descubrir en la poblaci\u00f3n misma cualidades y recursos merecedores de admiraci\u00f3n y precursores de un futuro mejor para nuestros pa\u00edses. Es, por ejemplo, el caso de Manuel Gonz\u00e1lez Prada, quien rechaza con energ\u00eda la noci\u00f3n de &#8220;raza inferior&#8221; aplicada al indio peruano, destacando sus potencialidades (l\u00ednea que retomar\u00e1 sobre todo Mari\u00e1tegui). Es tambi\u00e9n el de Euclides Da Cunha, quien, en su apasionante estudio sobre la rebeli\u00f3n de Canudos, en el noreste brasile\u00f1o, en el viraje del siglo, parte del an\u00e1lisis de las condiciones geof\u00edsicas hostiles del sert\u00f3n para destacar la notable capacidad de adaptaci\u00f3n de sus habitantes, esencialmente mestizos: &#8220;el sertanejo es antes que nada un fuerte&#8221;.<\/p>\n\n\n\n<p>Menos a\u00fan ser\u00e1n los pensadores, que desechan, de partida, a la ideolog\u00eda racista en la reflexi\u00f3n sobre sus pa\u00edses. As\u00ed, Alberto Torres, en su libro&nbsp;<em>El problema nacional<\/em>&nbsp;(1914), buscar\u00e1 la explicaci\u00f3n de las especificidades brasile\u00f1as en la historia, las estructuras pol\u00edticas y la cultura nacional, antes que en la sangre o el color de la piel. Y Jos\u00e9 Mart\u00ed, con el idealismo y entereza que lo caracterizan, afirmar\u00e1 sin rodeos: &#8220;No hay razas: hay s\u00f3lo modificaciones del hombre&#8221;.<sup>14<\/sup><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\" id=\"hacia-una-teoria-social-latinoamericana\"><a><\/a>Hacia una teor\u00eda social latinoamericana<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Los a\u00f1os 20 implican, para Am\u00e9rica Latina, cambios en todos los planos de la vida social. Enmarcados en el contexto de la prolongada crisis capitalista, que desorganiza el mercado mundial basado en la divisi\u00f3n simple del trabajo y que acabar\u00e1 por conducir a la guerra de 1939-1945, \u00e1brense espacios para que comience un proceso de industrializaci\u00f3n, cuya contrapartida es la creaci\u00f3n del mercado interno, con su impacto en la diferenciaci\u00f3n de las clases y la toma de conciencia por \u00e9stas de sus intereses. Los movimientos de clase media y de la clase obrera impondr\u00e1n nuevas alianzas sociopol\u00edticas, radicalizando las contradicciones entre la oligarqu\u00eda agrario-comercial y la burgues\u00eda industrial y llevando, en la mayor\u00eda de los pa\u00edses, a nuevos tipos de Estado, basados en el nacionalismo y en pactos sociales menos excluyentes.<sup>15<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Paralelamente, se intensifican las relaciones comerciales y pol\u00edticas entre los pa\u00edses de la regi\u00f3n, soporte necesario para un concepto aut\u00f3nomo de latinoamericanismo. Hasta entonces, la idea de Latinoam\u00e9rica se hab\u00eda esbozado desde Europa, en tanto que simplificaci\u00f3n apta para el esquematismo ignorante, tanto por los gobiernos como por la izquierda; no por acaso la Internacional Comunista, al plantearse la cuesti\u00f3n colonial, eludir\u00e1 el estudio particular de nuestros pa\u00edses y preferir\u00e1 abordarlos como integrantes de lo que llama de &#8220;China del extremo occidente&#8221;. En otra perspectiva, la concepci\u00f3n del subcontinente como una verdadera regi\u00f3n se formulara, desde Washington, en el marco de una pol\u00edtica expansionista, inspirada en doctrinas como el pangermanismo o el paneslavismo, entonces en boga.<sup>16<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Pero esto va a cambiar. Vali\u00e9ndose en buena medida del marxismo, aunque no s\u00f3lo de \u00e9l, y empezando con interpretaciones y propuestas de car\u00e1cter regional, como en Ramiro Guerra, o continental, como en Haya de la Torre, as\u00ed como con la generalizaci\u00f3n de aportes originales que trataban de explicar situaciones nacionales, como los de Mari\u00e1tegui, Latinoam\u00e9rica se ocupar\u00e1 luego de la reconstrucci\u00f3n de su historia, llegando a producir estudios como los Caio Prado Junior, Sergio Bag\u00fa, Julio Cesar Jobet y los autores que se esfuerzan por comprender la Revoluci\u00f3n mexicana, los cuales establecen sobre bases firmes una tradici\u00f3n original e independiente en la teorizaci\u00f3n de la regi\u00f3n. La institucionalizaci\u00f3n paralela de las ciencias sociales: la sociolog\u00eda, la econom\u00eda y la historia, aunada a los avances del marxismo, proporcionar\u00e1n, a partir de los a\u00f1os 50, trabajos de alta calidad te\u00f3rica y metodol\u00f3gica. Obras como las que producen Silvio Frondizi, Pablo Gonz\u00e1lez Casanova, Leopoldo Zea y Jos\u00e9 Revueltas, entre otros, marcan la madurez de nuestra teor\u00eda social y culminan con los aportes que har\u00e1n los pensadores de la CEPAL y, luego, de la teor\u00eda de la dependencia.<\/p>\n\n\n\n<p>La dif\u00edcil gestaci\u00f3n de una teor\u00eda social cr\u00edtica, centrada en la problem\u00e1tica de nuestras estructuras econ\u00f3micas, sociales, pol\u00edticas e ideol\u00f3gicas, hab\u00eda finalmente concluido. A partir de all\u00ed, la producci\u00f3n te\u00f3rica latinoamericana va a impactar, por su riqueza y su originalidad, a los grandes centros productores de cultura, en Europa y Estados Unidos, revirtiendo el sentido de las corrientes de pensamiento que hab\u00edan prevalecido en el pasado. Por otra parte, nuevas y ricas corrientes de pensamiento surgir\u00e1n sobre ese suelo abonado, abriendo amplias perspectivas para la comprensi\u00f3n integral de nuestra realidad.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, las nuevas generaciones cuentan hoy con un valioso instrumental para hacer frente a los nuevos problemas que la vida nos ha planteado. La recuperaci\u00f3n, actualizaci\u00f3n y profundizaci\u00f3n de esa tradici\u00f3n te\u00f3rica las ponen en condiciones de interpretar este mundo nuevo y, m\u00e1s que eso, transformarlo, apuntando a una econom\u00eda centrada en las necesidades de nuestros pueblos, a una democracia plena y participativa, a la superaci\u00f3n de los prejuicios y exclusiones basados en factores \u00e9tnicos y culturales, a la construcci\u00f3n de una Am\u00e9rica Latina integrada y solidaria.<\/p>\n\n\n\n<p>La historia, dijo Marx, s\u00f3lo plantea problemas que puede resolver. La autonom\u00eda te\u00f3rica que hemos alcanzado nos permite confiar en que sabremos dar respuesta al gran reto que se nos ha deparado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em><span class=\"has-inline-color has-nv-dark-bg-color\">Ruy Mauro Marini<\/span><\/em><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\" id=\"notas\"><strong>Notas<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<ol class=\"has-small-font-size wp-block-list\"><li>Cfr. mi ensayo &#8220;Raz\u00f3n y sinraz\u00f3n de la sociolog\u00eda marxista&#8221;, en Bag\u00fa, S., y otros,&nbsp;<em>Teor\u00eda marxista de las clases sociales<\/em>, M\u00e9xico, UAM-Iztapalapa, 1983, pp. 7-22.<\/li><li>Ib\u00eddem.<\/li><li>Cfr. Marx, K.,&nbsp;<em>El Capital<\/em>, M\u00e9xico, Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, vs. eds., Libro I, pp. 128-129.<\/li><li>V\u00e9ase mi intervenci\u00f3n en la mesa redonda &#8220;El Estado en Am\u00e9rica Latina&#8221;,&nbsp;<em>Revista Mexicana de Ciencia Pol\u00edtica<\/em>&nbsp;(M\u00e9xico), XXI-82, oct.-dic. 1975.<\/li><li>Hacia 1873, M\u00e9xico depend\u00eda casi exclusivamente de sus exportaciones de plata, que se encontraban al nivel de setenta a\u00f1os antes. Cfr. Halperin Donghi, T.,&nbsp;<em>Historia contempor\u00e1nea de Am\u00e9rica Latina<\/em>, Madrid, Alianza, 1993, p. 246.<\/li><li>Cfr. Jobet, J. C.,&nbsp;<em>Ensayo cr\u00edtico del desarrollo econ\u00f3mico-social de Chile<\/em>, Santiago de Chile, Ed. Universitaria, 1955, pp. 43-44.<\/li><li>Zea, L.,&nbsp;<em>El pensamiento latinoamericano<\/em>, Barcelona, Ariel, 1976 (1a. ed., 1965), pp. 102 ss.<\/li><li>Ib\u00edd., p. 138. Subrayado en el original.<\/li><li>Germani, G.,&nbsp;<em>La sociolog\u00eda latinoamericana. Problemas y perspectivas<\/em>, Buenos Aires, EUDEBA, 1964, pp. 19 ss.<\/li><li>Bunge, C. O.,&nbsp;<em>Nuestra Am\u00e9rica. Ensayo de psicolog\u00eda social<\/em>&nbsp;(1903), cit. por Stabb, M. S.,&nbsp;<em>Am\u00e9rica Latina en busca de una identidad. Modelos del ensayo ideol\u00f3gico hispanoamericano, 1890- 1960<\/em>, Caracas, Monte \u00c1vila, 1969, p. 28.<\/li><li>Ingenieros, J.,&nbsp;<em>Cr\u00f3nicas de viaje<\/em>&nbsp;(1919), cit. por Stabb, op. cit., p. 50.<\/li><li>Sobre el tema, v\u00e9ase el estudio de Hale, C., cap. I, en Bethell, L. (coord.),&nbsp;<em>Historia de Am\u00e9rica Latina<\/em>, M\u00e9xico, Cr\u00edtica, vol. 8.<\/li><li>As\u00ed, en&nbsp;<em>Argir\u00f3polis<\/em>, Sarmiento afirma: &#8220;La emigraci\u00f3n del exceso de poblaci\u00f3n de unas naciones viejas a las nuevas, hace el efecto del vapor aplicado a la industria: centuplicar las fuerzas y producir en un d\u00eda el trabajo de un siglo. As\u00ed se han engrandecido y poblado los Estados Unidos, as\u00ed como hemos de engrandecernos nosotros&#8230;&#8221;, a\u00f1adiendo: &#8220;El norteamericano es, pues, el anglosaj\u00f3n exento de toda mezcla con razas inferiores en energ\u00eda&#8221;. Cit. por Zea, op. cit., pp. 146-148.<\/li><li>Mart\u00ed, J., &#8220;La verdad sobre Estados Unidos&#8221;, cit. por Stabb, op. cit., p. 53.<\/li><li>La Revoluci\u00f3n mexicana de 1910 representa una excepci\u00f3n, por la importancia que tiene all\u00ed el campesinado, no as\u00ed por la participaci\u00f3n de las clases medias. Sus frutos se ver\u00e1n, de hecho, en las dos d\u00e9cadas siguientes.<\/li><li>Cfr. el cap\u00edtulo IV de mi libro&nbsp;<em>Am\u00e9rica Latina: democracia e integraci\u00f3n<\/em>, Caracas, Nueva Sociedad, 1993.<\/li><\/ol>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-columns has-2-columns has-desktop-oneTwo-layout has-tablet-equal-layout has-mobile-equal-layout has-default-gap has-vertical-unset\" id=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-columns-78bfedee\"><div class=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-columns-overlay\"><\/div><div class=\"innerblocks-wrap\">\n<div class=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-column\" id=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-column-c83ae97b\"><\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-column\" id=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-column-3c638dde\">\n<div class=\"wp-block-file alignright\"><a id=\"wp-block-file--media-14298549-e57b-4bb2-9e57-263bc87fcc05\" href=\"http:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/1994\/01\/71-Las-rai\u0301ces-del-pensamiento-latinoamericano.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Las rai\u0301ces del pensamiento latinoamericano<\/a><\/div>\n<\/div>\n<\/div><\/div>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Fuente: Archivo de Ruy Mauro Marini. V\u00e9ase tambi\u00e9n La sociolog\u00eda latinoamericana: origen y perspectivas (ponencia, 1994). El pensamiento social, es decir, la reflexi\u00f3n de una sociedad sobre s\u00ed misma surge con las sociedades de&#46;&#46;&#46;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":1726,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_themeisle_gutenberg_block_has_review":false,"_ti_tpc_template_sync":false,"_ti_tpc_template_id":"","footnotes":""},"categories":[],"tags":[53,76,18],"class_list":["post-1515","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","tag-53","tag-america-latina","tag-articulos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1515","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1515"}],"version-history":[{"count":6,"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1515\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3569,"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1515\/revisions\/3569"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/1726"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1515"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1515"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1515"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}