{"id":1531,"date":"1996-01-26T18:26:21","date_gmt":"1996-01-26T18:26:21","guid":{"rendered":"http:\/\/localhost:8888\/wordpress\/?p=1531"},"modified":"2022-03-22T17:38:23","modified_gmt":"2022-03-22T17:38:23","slug":"proceso-y-tendencias-de-la-globalizacion-capitalista","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/?p=1531","title":{"rendered":"Proceso y tendencias  de la globalizaci\u00f3n capitalista"},"content":{"rendered":"\n<p><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><mark style=\"background-color:rgba(0, 0, 0, 0)\" class=\"has-inline-color has-vivid-red-color\">Fuente: Am\u00e9rica Latina, dependencia y globalizaci\u00f3n, Carlos Eduardo Martins (Comp.); Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales; Siglo del Hombre Editores, Bogot\u00e1. 2008. Publicado originalmente en Ruy Mauro Marini y M\u00e1rgara Mill\u00e1n (coords.), La teor\u00eda social latinoamericana, t. IV: Cuestiones contempor\u00e1neas, M\u00e9xico, UNAM, FCPyS, CELA, 1996.<\/mark><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-text-color has-background has-vivid-red-background-color has-vivid-red-color\"\/>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>La mercanc\u00eda en s\u00ed y para s\u00ed est\u00e1 por sobre cualquier barrera religiosa, pol\u00edtica, nacional y ling\u00fc\u00edstica. Su idioma universal es el precio, y su comunidad el dinero. Pero, en la medida en que se desarrolla la moneda universal en oposici\u00f3n a la moneda nacional, el cosmopolitismo del poseedor de mercanc\u00edas se convierte en creencia, en la raz\u00f3n pr\u00e1ctica contrapuesta a los prejuicios tradicionales de la religi\u00f3n, de la naci\u00f3n, etc., que obstaculizan el intercambio material entre los hombres<em>.<\/em>&nbsp;Marx,&nbsp;<em>El Capital<\/em>, I. <sup>1<\/sup><\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image is-style-default\"><figure class=\"alignleft size-full is-resized\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/20060426054703-exprimidora-global.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1708\" width=\"258\" height=\"414\"\/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">El proceso mundial a que ingresamos a partir de la d\u00e9cada de los ochenta, y que se ha dado en llamar de globalizaci\u00f3n, se caracteriza por la superaci\u00f3n progresiva de las fronteras nacionales en el marco del mercado mundial, en lo que se refiere a las estructuras de producci\u00f3n, circulaci\u00f3n y consumo de bienes y servicios, as\u00ed como por alterar la geograf\u00eda pol\u00edtica y las relaciones internacionales, la organizaci\u00f3n social, las escalas de valores y las configuraciones ideol\u00f3gicas propias de cada pa\u00eds. La globalizaci\u00f3n se trata, sin duda, de la transici\u00f3n a una nueva etapa hist\u00f3rica, cuyos resultados apenas empiezan a ser vislumbrados, y de modo ciertamente insuficiente, dado que apenas comienza, dejando todav\u00eda fuera de su alcance a la mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n de \u00c1frica, porciones considerables de Asia e incluso parte de nuestra Am\u00e9rica Latina. Pero, en su movimiento envolvente, ha establecido ya avanzadas en todo el planeta.<\/p>\n\n\n\n<p>Un primer aspecto que conviene destacar en dicho proceso es la magnitud de la poblaci\u00f3n involucrada en su desarrollo. En los grandes momentos que la precedieron \u2014la formaci\u00f3n de los grandes imperios basados en el modo de producci\u00f3n asi\u00e1tico y la era romana; la polarizaci\u00f3n ideol\u00f3gica y, en algunos casos, pol\u00edtica, del mundo cristiano en torno a unos pocos centros, en la Edad Media; a partir del siglo XVI, la expansi\u00f3n comercial y luego productiva y financiera del capitalismo, a la cual correspondi\u00f3 la formaci\u00f3n de los Estados modernos; la creaci\u00f3n del campo socialista\u2014 no se lleg\u00f3, en ning\u00fan caso, a superar los mil millones de personas, y frecuentemente el n\u00famero siempre estuvo muy por debajo de \u00e9ste. Hoy son casi 6.000 millones de personas que comienzan a ver alteradas en cierto sentido sus condiciones materiales, sociales y espirituales de vida, lo que constituye un fen\u00f3meno sin precedentes.<\/p>\n\n\n\n<p>Un segundo aspecto que debemos considerar es la aceleraci\u00f3n del tiempo hist\u00f3rico. Hagamos a un lado el ejemplo f\u00e1cil, por conocido, del relativo inmovilismo de las sociedades antiguas, determinadas esencialmente por su car\u00e1cter agrario y una divisi\u00f3n elemental del trabajo&nbsp;<sup>2<\/sup>, y aun el ya m\u00e1s r\u00e1pido desarrollo de las sociedades burguesas, cuyo prototipo, Inglaterra, necesit\u00f3 m\u00e1s de un siglo para traducir en el plano pol\u00edtico lo que el capital hab\u00eda comenzado a construir en el siglo XVI, y cerca de tres siglos m\u00e1s para dejar de ser una econom\u00eda agraria&nbsp;<sup>3<\/sup>. Mencionemos tan s\u00f3lo la difusi\u00f3n en gran escala de la industria manufacturera m\u00e1s all\u00e1 de los grandes centros capitalistas existentes a principios de este siglo y la generalizaci\u00f3n del proceso de urbanizaci\u00f3n, que comenz\u00f3 en la d\u00e9cada de 1920, teniendo a la ex Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica y a los pa\u00edses de Am\u00e9rica Latina a la vanguardia para llegar, en poco m\u00e1s de medio siglo, a convertir a la primera en una superpotencia y a ubicar a los pa\u00edses latinoamericanos de mayor desarrollo relativo en los primeros escalones de las econom\u00edas industrializadas y urbanas del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Un tercer aspecto reside en la enorme capacidad de producci\u00f3n que est\u00e1 en juego. En efecto, la producci\u00f3n global de bienes y servicios, que en 1980 era de 15,5 billones de d\u00f3lares (en d\u00f3lares de 1990), alcanz\u00f3 20 billones en 1990 (m\u00e1s de dos tercios concentrados en los siete pa\u00edses m\u00e1s industrializados). Esto signific\u00f3 un incremento de 4,5 billones de d\u00f3lares en los a\u00f1os ochenta, suma superior al valor total de la producci\u00f3n mundial de 1950. En otras palabras, el crecimiento de la producci\u00f3n en una sola d\u00e9cada super\u00f3 todo el que se hab\u00eda verificado hasta la mitad del siglo XX&nbsp;<sup>4<\/sup>. Se\u00f1alemos que entre los 100 principales productores, 47 eran corporaciones transnacionales.<sup>5<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, un cuarto aspecto digno de menci\u00f3n consiste en la profundidad y rapidez que comienzan a presentar esas transformaciones. Ello se debe, en una amplia medida, al grado creciente de urbanizaci\u00f3n que caracteriza a las sociedades contempor\u00e1neas: la concentraci\u00f3n demogr\u00e1fica acelera la transmisi\u00f3n de conocimientos, uniformiza comportamientos, homogeneiza formas de pensar. Pero, sobre todo, es resultado de la revoluci\u00f3n que se est\u00e1 operando en materia de comunicaci\u00f3n, la cual aumenta la velocidad de circulaci\u00f3n de mercanc\u00edas, servicios, ideas y, primus inter pares, de dinero, con lo que se compra casi todo eso. El mercado financiero \u00fanico que est\u00e1 en v\u00edas de constituci\u00f3n y que funciona pr\u00e1cticamente sin interrupci\u00f3n, movilizando \u2014s\u00f3lo en la categor\u00eda del llamado \u201ccapital errante\u201d o, m\u00e1s precisamente, especulativo\u2014 13 billones de d\u00f3lares&nbsp;<sup>6<\/sup>, es un buen ejemplo del alto grado de internacionalizaci\u00f3n del capitalismo contempor\u00e1neo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\" id=\"de-la-difusion-de-la-industria-a-la-globalizacion\">De la difusi\u00f3n de la industria a la globalizaci\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Captar la especificidad de la globalizaci\u00f3n exige conocer las caracter\u00edsticas de las condiciones que la han preparado. A partir de los a\u00f1os cincuenta, el parque industrial en regiones como Am\u00e9rica Latina fue ampliado y desdoblado en nuevas ramas productivas (la automotriz, por ejemplo) gracias a la importaci\u00f3n de equipos, cuyo ingreso se contabilizaba en t\u00e9rminos monetarios, lo que permit\u00eda flexibilizar los r\u00edgidos l\u00edmites existentes en la balanza de cuenta corriente respecto a la disponibilidad de divisas.<\/p>\n\n\n\n<p>El fen\u00f3meno obedec\u00eda a una doble determinaci\u00f3n: por un lado, la velocidad de la innovaci\u00f3n tecnol\u00f3gica en los centros volv\u00eda r\u00e1pidamente obsoletos equipos que no se encontraban todav\u00eda amortizados, lo que hac\u00eda atractiva su transferencia a los pa\u00edses m\u00e1s atrasados, donde pod\u00edan seguir siendo utilizados; por otro, la protecci\u00f3n tarifaria o la imposici\u00f3n de cuotas de importaci\u00f3n en estos \u00faltimos (aunada a las facilidades creadas por el Estado con el fin de atraer al capital extranjero \u2014construcci\u00f3n de infraestructura, cesi\u00f3n de terrenos, exenciones de impuestos, etc.) proporcionaba a las empresas extranjeras mercados cautivos.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, esto acab\u00f3 por crear nuevos problemas. Primero, la brusca introducci\u00f3n de innovaciones en parques industriales caracterizados por un parco desarrollo t\u00e9cnico condujo a una gran heterogeneidad tecnol\u00f3gica, particularmente en los sectores a que se dirigi\u00f3 la inversi\u00f3n extranjera: el de bienes de consumo suntuario y el de bienes de capital, lo cual agudiz\u00f3 las transferencias internas de plusval\u00eda a trav\u00e9s de los precios de producci\u00f3n y aceler\u00f3 el grado de concentraci\u00f3n de la econom\u00eda&nbsp;<sup>7<\/sup>. Segundo, porque, pasado el plazo de maduraci\u00f3n de las inversiones, \u00e9stas encontraban dificultades para reinvertir sus ganancias en el mercado nacional, por la saturaci\u00f3n relativa del mismo, y se planteaba entonces exportarlas a las matrices; surgieron as\u00ed nuevas presiones sobre las divisas disponibles, lo que condujo a la ca\u00edda de las tasas de crecimiento en la regi\u00f3n y puso en el orden del d\u00eda la consigna de la restricci\u00f3n a la repatriaci\u00f3n de beneficios y, luego, la de la exportaci\u00f3n de manufacturas. Fue en ese contexto que surgieron los organismos de integraci\u00f3n regional, como la ALALC, el Pacto Andino y el Mercado Com\u00fan Centroamericano.<\/p>\n\n\n\n<p>La configuraci\u00f3n desequilibrada de las econom\u00edas latinoamericanas, con marcada preponderancia de la industria de bienes suntuarios, y la restricci\u00f3n de sus mercados, determinada primariamente por la superexplotaci\u00f3n del trabajo y expresada en una concentraci\u00f3n creciente del ingreso, empujaron a dichas econom\u00edas a la crisis <sup><sup>8<\/sup><\/sup>, y no les dejaron otra alternativa que \u2014paralelamente al intento de abrir nuevos campos a la inversi\u00f3n extranjera, lo que reproduc\u00eda de manera ampliada la contradicci\u00f3n inicial\u2014 el esfuerzo para lograr mercados externos preferenciales, sin perjuicio de que se acusase la tendencia al proteccionismo comercial. \u00c9ste, por lo dem\u00e1s, no era privativo de Am\u00e9rica Latina. La intensificaci\u00f3n de la competencia internacional, en la segunda mitad de los a\u00f1os sesenta, acentu\u00f3 el proteccionismo en Estados Unidos y Europa, especialmente en funci\u00f3n del fantasma japon\u00e9s. En el mundo socialista, la filosof\u00eda econ\u00f3mica dominante llevaba a soluciones del mismo tipo.<\/p>\n\n\n\n<p>La circulaci\u00f3n internacional de mercanc\u00edas y capitales se ve\u00eda as\u00ed bloqueada, operando sobre la base de un mercado mundial fragmentado. La contradicci\u00f3n era grande, dada la presi\u00f3n por la ampliaci\u00f3n de los campos de inversi\u00f3n, resultante del aumento de la cantidad de la masa dineraria en manos de los inversionistas, y la tendencia a la expansi\u00f3n de los mercados, en virtud del alza de los salarios (pese al elevado grado de explotaci\u00f3n del trabajo), aumento inducido por el desarrollo mismo de las fuerzas productivas&nbsp;<sup>9<\/sup>&nbsp;y el consecuente crecimiento de la demanda.<\/p>\n\n\n\n<p>En econom\u00eda, los grandes cambios son fruto de calamidades naturales o sociales. La guerra, desde luego, y las plagas tambi\u00e9n&nbsp;<sup>10<\/sup>. El capitalismo a\u00f1adi\u00f3 una que le es peculiar: las crisis peri\u00f3dicas. En cualquiera de sus formas, esas cat\u00e1strofes provocan la centralizaci\u00f3n de los medios de trabajo, eliminan de paso los menos eficientes y reducen la fuerza de trabajo mediante la destrucci\u00f3n o expulsi\u00f3n de las actividades productivas, al tiempo que promueven el empleo m\u00e1s intensivo y\/o extensivo de la fracci\u00f3n trabajadora que permanece en actividad. Tiende a aumentar, en consecuencia, la parte del ingreso que corresponde a los propietarios de medios de producci\u00f3n, lo que en principio favorece la elevaci\u00f3n de la tasa de inversi\u00f3n (aunque tambi\u00e9n el consumo suntuario y la especulaci\u00f3n) y concentra la producci\u00f3n en grandes unidades econ\u00f3micas; esto a su vez agudiza la competencia e incentiva la introducci\u00f3n de innovaciones t\u00e9cnicas.<\/p>\n\n\n\n<p>La crisis capitalista que, como resultado de la ca\u00edda de las tasas de ganancia que se empieza a verificar a mediados de los sesenta, estall\u00f3 con violencia tras la primera alza de los precios del petr\u00f3leo y fue responsable, en los pa\u00edses industrializados, de tres recesiones (1974-1975, 1980-1982 y 1990-1994), no constituye una excepci\u00f3n. El problema s\u00f3lo pudo ser resuelto en la crisis capitalista de los setenta, en cuyo marco se verific\u00f3 una ola de compras y fusiones de activos&nbsp;<sup>11<\/sup>, as\u00ed como de acuerdos tecnol\u00f3gicos&nbsp;<sup>12<\/sup>, a los que estamos asistiendo todav\u00eda y que se completan con el surgimiento de un nuevo mecanismo: la tercerizaci\u00f3n&nbsp;<sup>13<\/sup>. En otros t\u00e9rminos, como es la norma en situaciones de esa naturaleza, la crisis ha dado lugar a una centralizaci\u00f3n salvaje, con la que se est\u00e1n formando las masas de recursos requeridas para promover el desarrollo de las nuevas tecnolog\u00edas y mejorar as\u00ed las condiciones de competitividad.<\/p>\n\n\n\n<p>Ello explica por qu\u00e9, pese a su curva irregular, el retorno de las inversiones productivas en esos pa\u00edses, en el \u00faltimo tercio de los setenta&nbsp;<sup>14<\/sup>, desat\u00f3 una formidable revoluci\u00f3n tecnol\u00f3gica, particularmente en las ramas de la microelectr\u00f3nica e inform\u00e1tica, telecomunicaciones, biotecnolog\u00eda y nuevos materiales, as\u00ed como en la producci\u00f3n de energ\u00eda y la industria aeroespacial. Esto implic\u00f3 cambios sustanciales en los niveles de empleo y remuneraci\u00f3n, as\u00ed como en los modos de organizaci\u00f3n y gesti\u00f3n del capital y de la fuerza de trabajo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\" id=\"hacia-una-nueva-division-del-trabajo\">Hacia una nueva divisi\u00f3n del trabajo<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Es particularmente notable el hecho de que, en las nuevas condiciones, el crecimiento econ\u00f3mico ha dejado de corresponder a la ampliaci\u00f3n del empleo. Es as\u00ed como, tras ostentar de modo estable tasas de desempleo equivalentes a 4% de la fuerza de trabajo hasta 1973, \u00e9stas se han elevado r\u00e1pidamente en los 24 pa\u00edses m\u00e1s industrializados y, seg\u00fan la OCDE, alcanzan su punto m\u00e1ximo en 1983 (8%), afectando a 31 millones de personas, pese a que se hab\u00eda superado ya la recesi\u00f3n de principios de esa d\u00e9cada; declinan gradualmente en los a\u00f1os siguientes, pero el desempleo era todav\u00eda de cerca de 6% en 1990, para retomar luego su l\u00ednea ascendente.<sup>15<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Para imponer ese patr\u00f3n de desarrollo econ\u00f3mico que combina crecimiento y desempleo fue necesario quebrar la tesis de la resistencia del movimiento obrero, lo que dio lugar a las batallas memorables que se libraron a fines de los a\u00f1os setenta y principios de los ochenta, la m\u00e1s dura de las cuales fue la que enfrent\u00f3 a Margaret Thatcher con los mineros ingleses, al inicio de su gobierno. Los enfrentamientos se repitieron en Estados Unidos, Alemania, Francia e Italia, principalmente, y provocaron, junto con el aumento del desempleo, el debilitamiento de los sindicatos. Es as\u00ed como entre 1970 y 1990 el \u00edndice de sindicalizaci\u00f3n de la masa laboral se redujo de 23% a 17% en Estados Unidos, de 42% a 40% en Gran Breta\u00f1a, de 22% a 10% en Francia y de 37% a 28% en Jap\u00f3n.<sup>16<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>En estas circunstancias, los trabajadores no han podido resistir las presiones patronales y han debido hacer concesi\u00f3n tras concesi\u00f3n&nbsp;<sup>17<\/sup>. Las empresas recurrieron en gran escala a la tercerizaci\u00f3n de su personal, que implica el despido de trabajadores y su posterior recontrataci\u00f3n a trav\u00e9s de peque\u00f1as empresas prestadoras de servicios, lo que las exime de gastos por concepto de prestaciones sociales&nbsp;<sup>18<\/sup>. Paralelamente adoptaron medidas enmarcadas en la llamada flexibilizaci\u00f3n, procedimiento que obliga al obrero, a cambio de la estabilidad en el empleo, a aceptar modificaciones que afectan desde el puesto de trabajo y el salario hasta la jornada laboral, en su duraci\u00f3n e intensidad&nbsp;<sup>19<\/sup>. Finalmente, acentuaron la diferenciaci\u00f3n existente en los mercados de mano de obra, interponiendo una distancia creciente entre el trabajador y el proceso material de producci\u00f3n, lo que ha contribuido a aumentar la jerarquizaci\u00f3n existente entre ellos seg\u00fan el grado de su calificaci\u00f3n, tanto desde el punto de vista del empleo como de la remuneraci\u00f3n.<sup>20<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Estos hechos, en una primera instancia son atribuibles en buena medida al cambio tecnol\u00f3gico mismo, que hace cada vez m\u00e1s fuerte la incidencia del conocimiento en el proceso de producci\u00f3n. Como se\u00f1ala Reich, en 1984 el 80% del costo de una computadora correspond\u00eda a su hardware, vale decir, a la m\u00e1quina misma, y el 20% al software, el sistema operacional y las aplicaciones que en ella se utilizan; en 1990 esa proporci\u00f3n se hab\u00eda invertido. Es lo que hace que s\u00f3lo el 10% del precio de costo de la IBM est\u00e9 referido al proceso f\u00edsico de producci\u00f3n del equipo&nbsp;<sup>21<\/sup>. Esta constataci\u00f3n lleva a ese autor a dos conclusiones relevantes.<\/p>\n\n\n\n<p>La primera es que el proceso de difusi\u00f3n mundial de la industria manufacturera es incontenible e irreversible, y, con vistas a obtener mayores ganancias, abre amplio campo para el desplazamiento de la producci\u00f3n manufacturera a los pa\u00edses que presentan tasas salariales inferiores, lo que representar\u00eda una de las causas determinantes de la reducci\u00f3n de la oferta de trabajo en Estados Unidos:<sup>22<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Las f\u00e1bricas modernas y el \u201cestado de arte\u201d de la maquinaria pueden ser instaladas casi en todas partes del mundo. Los productores rutinarios [directamente ligados a la producci\u00f3n] de Estados Unidos est\u00e1n, pues, en competencia directa con millones de productores rutinarios de otras naciones<em>.<\/em><sup>23<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Esto interesa no s\u00f3lo a los obreros sino a los t\u00e9cnicos de nivel medio y alto.<\/p>\n\n\n\n<p>La segunda conclusi\u00f3n consiste en la necesidad que hoy tendr\u00eda Estados Unidos de dedicar lo mejor de su esfuerzo a la educaci\u00f3n, desde el nivel preescolar hasta el superior, a fin de compensar esa reducci\u00f3n de la oferta interna de empleo mediante la transformaci\u00f3n a gran escala del personal existente en cuadros altamente calificados, que el autor llama \u201canalistas simb\u00f3licos\u201d (<em>symbolic analysts<\/em>). \u201cEn principio\u201d, afirma, \u201ctodos los obreros que son productores rutinarios pueden volverse analistas simb\u00f3licos y dejar que sus viejos empleos se transfieran hacia las naciones en desarrollo\u201d.<sup>24<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Esto nos pone frente al proyecto de una nueva divisi\u00f3n internacional del trabajo, que operar\u00eda en el plano de la misma fuerza de trabajo y no, como antes, a trav\u00e9s de la posici\u00f3n ocupada en el mercado mundial por la econom\u00eda nacional en donde el trabajador se desempe\u00f1a. De lo que se trata, ahora, es de la participaci\u00f3n del trabajador en un verdadero ej\u00e9rcito industrial globalizado en proceso de constituci\u00f3n, en funci\u00f3n del grado de educaci\u00f3n, cultura y calificaci\u00f3n productiva de cada uno.<\/p>\n\n\n\n<p>Un an\u00e1lisis m\u00e1s detallado nos muestra, empero, que los pa\u00edses desarrollados conservan dos triunfos en la mano. El primero es su inmensa superioridad en materia de investigaci\u00f3n y desarrollo, que es lo que hace posible la innovaci\u00f3n t\u00e9cnica; existe all\u00ed un verdadero monopolio tecnol\u00f3gico que agrava la condici\u00f3n dependiente de los dem\u00e1s pa\u00edses. El segundo es el control que ejercen en la transferencia de actividades industriales a los pa\u00edses m\u00e1s atrasados, tanto por su capacidad tecnol\u00f3gica como de inversi\u00f3n, control que act\u00faa de dos maneras: una, transfiriendo prioritariamente a los pa\u00edses m\u00e1s atrasados industrias menos intensivas en conocimiento; dos, dispersando entre diferentes naciones las etapas de la producci\u00f3n de mercanc\u00edas; de esa manera impiden el surgimiento de econom\u00edas nacionalmente integradas.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image is-style-default\"><figure class=\"alignleft size-full\"><img decoding=\"async\" width=\"204\" height=\"247\" src=\"http:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/images-7.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2915\"\/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Estas dos facultades, que son privilegio de los centros desarrollados, inciden, como siempre lo han hecho, en la divisi\u00f3n internacional del trabajo en el plano de la producci\u00f3n. Es por estos medios que se cubren las necesidades que, en lo que respecta a los insumos, se hacen crecientes en los pa\u00edses centrales, a medida que aumenta la productividad del trabajo. Uno de sus resultados visibles es el regreso de pa\u00edses (desde luego con m\u00e9todos de gesti\u00f3n plenamente capitalistas, a diferencia de lo que suced\u00eda antes) a la forma simple de divisi\u00f3n internacional del trabajo que primaba en el siglo XIX y que involucraba el trueque de bienes primarios por bienes manufacturados. En Am\u00e9rica Latina el caso m\u00e1s evidente es el de Chile, cuyas exportaciones consisten b\u00e1sicamente en cobre y otros minerales, frutos del mar, harina de pescado, madera y celulosa, mientras las importaciones satisfacen buena parte de las necesidades del pa\u00eds en lo que respecta a bienes de capital y de consumo, en particular de art\u00edculos suntuarios&nbsp;<sup>25<\/sup>. Pero est\u00e1 lejos de ser el \u00fanico ejemplo. El mismo Brasil, el pa\u00eds de mayor desarrollo industrial de la regi\u00f3n, comienza a presentar tendencias que constituyen motivo de preocupaci\u00f3n entre empresarios y economistas.<sup>26<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>De esta manera la econom\u00eda globalizada, que estamos viendo emerger en este fin de siglo y que corresponde a una nueva fase del desarrollo del capitalismo mundial, pone sobre la mesa el tema de una nueva divisi\u00f3n internacional del trabajo que, mutatis mutandis, tiende a reestablecer, en un plano superior, formas de dependencia que cre\u00edamos desaparecidas con el siglo XIX. Todav\u00eda m\u00e1s, ella impacta, como vimos, a la misma fuerza de trabajo, al acarrear desniveles crecientes en materia de saber y capacitaci\u00f3n t\u00e9cnica.<\/p>\n\n\n\n<p>Los pa\u00edses dependientes ya no tienen acceso a conocimientos tecnol\u00f3gicos concebidos sobre una base relativamente estable, como la de fines de la Segunda Guerra Mundial, sino que deben hacer frente al acelerado desarrollo de tecnolog\u00edas de punta que demandan masas considerables de conocimiento y de inversi\u00f3n, para que se pueda acortar la distancia que las separa de los centros avanzados. A ello se suma el gasto que requiere la educaci\u00f3n, materia en la cual nuestro atraso se vuelve may\u00fasculo. Todo ello agrava las relaciones de dependencia y amenaza con reproducir en escala planetaria la divisi\u00f3n del trabajo que cre\u00f3, en el pasado, la gran industria, aunque ahora se exija de los nuevos peones u obreros rutinarios grados de calificaci\u00f3n muy superiores a los vigentes en el siglo XIX. Es inevitable, as\u00ed, que \u2014como es la norma en econom\u00edas dependientes\u2014 los cambios por los que pasa el capitalismo engendren entre nosotros contradicciones mucho m\u00e1s agudas.<\/p>\n\n\n\n<p>En consecuencia, las pol\u00edticas p\u00fablicas referidas a estas cuestiones terminan por asumir car\u00e1cter prioritario, tanto en el \u00e1mbito nacional como en el marco de las instancias supranacionales en formaci\u00f3n, al tiempo que plantean la exigencia de pol\u00edticas econ\u00f3micas capaces de asegurar la creaci\u00f3n y\/o el desarrollo de actividades que impliquen cada vez m\u00e1s la aplicaci\u00f3n del saber a la producci\u00f3n de bienes y servicios. En otras palabras, la econom\u00eda se convierte en un problema que debe ser resuelto eminentemente en el plano de la pol\u00edtica. Volveremos m\u00e1s adelante a esta cuesti\u00f3n. Por ahora nos interesa entender mejor esta fase de globalizaci\u00f3n de la econom\u00eda capitalista y explicar c\u00f3mo operan en ella los factores que determinan la l\u00f3gica del sistema.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\" id=\"la-ley-del-valor-de-una-economia-globalizada\">La ley del valor de una econom\u00eda globalizada<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">La revoluci\u00f3n tecnol\u00f3gica ocurrida en los centros, los cambios all\u00ed verificados en la estructura productiva y social, y el nuevo impulso que ha ganado la difusi\u00f3n mundial de la industria apuntan hacia una reestructuraci\u00f3n radical de las relaciones econ\u00f3micas internacionales. En el curso de los a\u00f1os ochenta se asisti\u00f3 a un conjunto de modificaciones en el comercio mundial, empezando por su expansi\u00f3n, la cual, seg\u00fan la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, present\u00f3 tasas anuales de crecimiento del orden del 4%, lo que arroj\u00f3 en la d\u00e9cada un aumento global de 50%. Tras una leve declinaci\u00f3n al inicio de los noventa, el proceso ha mantenido su tendencia ascendente: en 1994 el crecimiento fue de 9% (m\u00e1s de dos veces el registrado en 1993, de 4%, y el mayor \u00edndice registrado desde 1976) y el valor de las exportaciones mundiales rebas\u00f3 por primera vez los 4 billones de d\u00f3lares.<\/p>\n\n\n\n<p>Una parte cada vez m\u00e1s significativa de esa expansi\u00f3n se debe al comercio intrafirmas. Esto permiti\u00f3 que empresas como la Compaq Computers de Houston, que comenz\u00f3 a operar en 1983, alcanzasen en 1990 ingresos por 3.000 millones de d\u00f3lares, para lo cual han comprado por fuera la mayor parte de sus componentes: microprocesadores a Intel, sistemas operacionales a empresas como Microsoft, pantallas de cristal l\u00edquido a Citizen; y a Apple II le ha permitido producir computadoras por un costo de 500 d\u00f3lares, de los cuales 350 corresponden a compras externas. El fen\u00f3meno se vuelve a\u00fan m\u00e1s importante si se incluyen las transacciones con empresas tercerizadas: en 1990 la Chrysler Corporation produjo directamente s\u00f3lo el 30% del valor de sus veh\u00edculos, la Ford cerca del 50% y la General Motors adquiri\u00f3 la mitad de sus servicios de dise\u00f1o e ingenier\u00eda de 800 compa\u00f1\u00edas diferentes.<sup>27<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Ello s\u00f3lo es posible en la medida en que la moderna tecnolog\u00eda imprime un alto grado de estandarizaci\u00f3n a la producci\u00f3n de partes y componentes, lo que supone la difusi\u00f3n en gran escala de equipos y m\u00e9todos de producci\u00f3n, as\u00ed como el uso de insumos de calidad comparable. En otros t\u00e9rminos, la producci\u00f3n mundial se caracteriza hoy por una creciente homogeneizaci\u00f3n en materia de capital constante fijo y circulante. \u00c9sta es su marca distintiva en relaci\u00f3n con el proceso de internacionalizaci\u00f3n del capital industrial que se verific\u00f3 despu\u00e9s de la posguerra y se extendi\u00f3 hasta la d\u00e9cada de 1970.<\/p>\n\n\n\n<p>Una vez puesto en marcha ese proceso de supresi\u00f3n de las barreras que fragmentaban el mercado mundial y pon\u00edan obst\u00e1culos al flujo de la reproducci\u00f3n de capital, se abri\u00f3 una nueva fase en la producci\u00f3n-circulaci\u00f3n de mercanc\u00edas, caracterizada por la tendencia al pleno restablecimiento de la ley del valor. En efecto, un mercado mundial r\u00edgidamente compartimentado en mercados nacionales, sujetos en mayor o menor grado a la voluntad de cada Estado, afectaba considerablemente el funcionamiento de \u00e9sta. Autores como los cepalinos, cuando se percataron de que en el \u00e1mbito internacional se presentaban peculiaridades que propiciaban formas de intercambio \u2014que despu\u00e9s se llam\u00f3 desigual\u2014, tomaron a la nube por Juno y las atribuyeron a la relativa inmovilidad de la fuerza de trabajo&nbsp;<sup>28<\/sup>. El desarrollo econ\u00f3mico en la posguerra, que aceler\u00f3 notablemente la circulaci\u00f3n internacional de la mano de obra&nbsp;<sup>29<\/sup>, al tiempo que agravaba las distorsiones de precios en el plano mundial, era suficiente para descartar esa ilusi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En realidad, la raz\u00f3n para que ello sea as\u00ed es otra. En el plano del capital social (en un pa\u00eds o en un sector de producci\u00f3n internacionalizada), al grado de productividad del trabajo le corresponde una intensidad media (el ritmo de trabajo que alcanza a tener el promedio de los obreros, en funci\u00f3n de aquel grado de productividad). Como, en lo que respecta a la mercanc\u00eda, lo que \u00e9sta puede indicar es tan s\u00f3lo el tiempo medio que requiere su producci\u00f3n, es a partir de ese tiempo medio como ser\u00e1 fijado su precio relativo. Ahora bien, cuando se comparan mercanc\u00edas para fijar su precio relativo, de hecho se est\u00e1n comparando objetos que demandan diferentes tiempos de trabajo para ser producidos, independientemente de que esa comparaci\u00f3n se ejerza en el \u00e1mbito nacional o mundial. El valor establecido y, en principio, el precio en que se expresa, corresponden al tiempo de trabajo socialmente necesario para producir las mercanc\u00edas, el cual resulta de la productividad media y la intensidad media del trabajo. Pese a que se trata de procedimientos intr\u00ednsecamente diferentes, ambos permiten producir en un mismo tiempo una masa mayor de valores de uso, que el capitalista se encargar\u00e1 de convertir en mercanc\u00edas. Veamos en qu\u00e9 consiste esa diferencia.<\/p>\n\n\n\n<p>El trabajo m\u00e1s productivo es aqu\u00e9l que, sobre una base t\u00e9cnica superior, permite al obrero, sin mayor esfuerzo, producir m\u00e1s mercanc\u00edas en el mismo per\u00edodo de tiempo, lo que implica en principio una reducci\u00f3n del valor de las mismas&nbsp;<sup>30<\/sup>; sin embargo, mientras esa superioridad t\u00e9cnica no se generalice, su valor individual seguir\u00e1 siendo fijado por su valor social (en funci\u00f3n de las condiciones medias de producci\u00f3n de la rama), y por lo tanto estar\u00e1 por encima de su valor real. El trabajo m\u00e1s intensivo, en cambio, aunque lleve tambi\u00e9n al obrero a producir en el mismo tiempo una cantidad mayor de mercanc\u00edas, no resulta de un adelanto t\u00e9cnico sino de m\u00e1s esfuerzo, lo que provoca un desgaste superior de la fuerza de trabajo; su efecto es, pues, similar al del aumento de la jornada de trabajo y, como \u00e9sta, implica la producci\u00f3n de una masa mayor de valor; s\u00f3lo si el nuevo grado de intensidad se generaliza a la rama, el valor de las mercanc\u00edas as\u00ed producidas se convertir\u00e1 en valor social, es decir, se determinar\u00e1 en funci\u00f3n de la nueva intensidad media de dicha rama. En ambos casos, pues, el capitalista individual que eleve unilateralmente su base t\u00e9cnica y\/o la intensidad del trabajo de sus obreros se har\u00e1 acreedor a una plusval\u00eda y una ganancia extraordinarias.<sup>31<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>En una econom\u00eda nacional la competencia act\u00faa por lo general (dado el grado medio de calificaci\u00f3n del obrero y el acceso m\u00e1s f\u00e1cil de los capitalistas a la nueva tecnolog\u00eda o al aumento de la intensidad) nivelando el tiempo medio de producci\u00f3n y fijando el precio relativo de la mercanc\u00eda a partir de \u00e9l, con lo que la ganancia extraordinaria tiende a ser un fen\u00f3meno transitorio. Pero no sucede lo mismo en el mercado mundial, o se da de modo mucho m\u00e1s diferido, en virtud de las dificultades de informaci\u00f3n existentes relacionadas con los procesos productivos y de transferencia de tecnolog\u00edas, adem\u00e1s de la diversidad que presenta el grado de calificaci\u00f3n del obrero. Y esto es lo que permite al pa\u00eds que cuenta con mayor capacidad productiva hacer pasar como id\u00e9ntico el valor de los bienes que produce.<sup>32<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, la nueva fase en que ha ingresado el mercado mundial, con la disoluci\u00f3n progresiva de las fronteras nacionales y el incremento de la producci\u00f3n, fase orientada a cubrir mercados cada vez m\u00e1s amplios, implica la intensificaci\u00f3n de la competencia entre las grandes empresas y su esfuerzo permanente por lograr ganancias extraordinarias respecto a sus competidores. Se acent\u00faa, pues, la utilizaci\u00f3n de los procedimientos que permiten obtener dichas ganancias. Pero al mismo tiempo, surgen nuevos obst\u00e1culos.<\/p>\n\n\n\n<p>En efecto, a las grandes empresas se les hace cada vez m\u00e1s dif\u00edcil establecer monopolios tecnol\u00f3gicos por per\u00edodos largos, dadas las caracter\u00edsticas que viene asumiendo la gesti\u00f3n del capital en el curso de su reproducci\u00f3n. La misma necesidad impuesta por la competencia de recurrir a nuevas formas de reducci\u00f3n de gastos de circulaci\u00f3n (como el sistema&nbsp;<em>just-in-time<\/em>, que quiere evitar la formaci\u00f3n de existencias) y de descentralizaci\u00f3n productiva (como la tercerizaci\u00f3n), no implica s\u00f3lo grados superiores de centralizaci\u00f3n del capital, sino que obliga a la difusi\u00f3n de la tecnolog\u00eda, particularmente en lo relativo a los m\u00e9todos directos de producci\u00f3n (aunque no, evidentemente, en lo relacionado con su concepci\u00f3n). La difusi\u00f3n tecnol\u00f3gica es indispensable para la estandarizaci\u00f3n de las mercanc\u00edas y, pues, para su intercambiabilidad, con lo que se tiende, a la larga, a homogeneizar los procesos productivos y a igualar la productividad del trabajo y, por consiguiente, su intensidad. Paralelamente, el notable avance logrado en materia de informaci\u00f3n y comunicaciones proporciona una base mucho m\u00e1s firme que antes para conocer las condiciones de producci\u00f3n y, en consecuencia, para establecer los precios relativos. El mercado mundial, por lo menos en sus sectores productivos m\u00e1s integrados, camina as\u00ed en el sentido de nivelar de manera cada vez m\u00e1s efectiva los valores y, seg\u00fan la tendencia, a suprimir las diferencias nacionales que afectan la vigencia de la ley del valor.<sup>33<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>La contrapartida de esta situaci\u00f3n es que aumenta la importancia del trabajador en tanto que cuente con ganancias extraordinarias. Aunque, naturalmente, su calificaci\u00f3n y destreza var\u00edan de naci\u00f3n a naci\u00f3n, su intensidad media se eleva a medida que se vale de tecnolog\u00eda superior, sin que necesariamente esto se traduzca en reducci\u00f3n significativa de las diferencias salariales nacionales&nbsp;<sup>34<\/sup>. Se entiende, as\u00ed, que se venga acentuando la internacionalizaci\u00f3n de los procesos productivos y la difusi\u00f3n constante de la industria hacia otras naciones, no ya simplemente para explotar ventajas creadas por el proteccionismo comercial, como en el pasado, sino sobre todo para hacer frente a la agudizaci\u00f3n de la competencia a nivel mundial. En ese movimiento desempe\u00f1a papel destacado, aunque no exclusivo, la superexplotaci\u00f3n del trabajo.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto es as\u00ed porque \u2014un ejemplo es lo que pas\u00f3 en Europa a fines del siglo XVIII y principios del XIX\u2014 la introducci\u00f3n de nuevas tecnolog\u00edas est\u00e1 implicando la extensi\u00f3n del desempleo, de manera abierta o disfrazada, mientras se estruja la fuerza de trabajo que permanece en actividad. En efecto, es propio del capitalismo privilegiar la masa de trabajo impago, independientemente de sus portadores reales, es decir, de los trabajadores que la proporcionan; su tendencia natural, pues, es la de buscar la maximizaci\u00f3n de dicha masa al menor costo que pueda representar. Para ello se vale tanto del aumento de la jornada laboral y de la intensificaci\u00f3n del trabajo como, de manera m\u00e1s burda, de la rebaja de salarios, sin respetar el valor real de la fuerza de trabajo. De este modo se generaliza a todo el sistema, incluso los centros avanzados, lo que era un rasgo distintivo \u2014aunque no privativo\u2014 de la econom\u00eda dependiente: la superexplotaci\u00f3n generalizada del trabajo. Su consecuencia \u2014que era su causa\u2014 es la de hacer crecer la masa de trabajadores excedentes y agudizar su pauperizaci\u00f3n, en el momento mismo en que el desarrollo de las fuerzas productivas abre perspectivas ilimitadas de bienestar material y espiritual a los pueblos.<\/p>\n\n\n\n<p>Estamos, pues, llegando a un punto en que, del mismo modo que pas\u00f3 en el siglo XIX, la cuesti\u00f3n central pasa a ser la lucha de los trabajadores para poner l\u00edmites a la org\u00eda a la que se entrega el capital (para emplear una expresi\u00f3n de Marx) y poner bajo su control las nuevas condiciones sociales y t\u00e9cnicas en que pueden desplegar su actividad de producci\u00f3n. No se trata, naturalmente, de detener el aumento de la productividad del trabajo, y ni siquiera de su corolario natural, el aumento de intensidad, sino de distribuir de manera m\u00e1s equitativa el esfuerzo de producci\u00f3n, lo que implica reducir la jornada de trabajo en una proporci\u00f3n compatible con el avance de la capacidad productiva en general. Pero, aunque sea as\u00ed de sencillo, ello implica poner sobre bases radicalmente distintas el contenido y las formas del desarrollo econ\u00f3mico mundial.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9sta es la raz\u00f3n principal para que la soluci\u00f3n a los problemas que enfrentan actualmente los pueblos de todo el mundo pase necesariamente por la lucha de clases y, en particular, por la disposici\u00f3n que tengan para tomar en sus manos las riendas de la pol\u00edtica econ\u00f3mica, lo que quiere decir asumir la direcci\u00f3n del Estado. La \u00fanica respuesta comporta hoy en d\u00eda la problem\u00e1tica de la globalizaci\u00f3n, y es la puesta en marcha de una revoluci\u00f3n democr\u00e1tica radical.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\" id=\"consideraciones-finales\">Consideraciones finales<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">La globalizaci\u00f3n corresponde a una nueva fase del capitalismo, en la cual, por el desarrollo redoblado de las fuerzas productivas y su difusi\u00f3n gradual en escala planetaria, el mercado mundial llega a su madurez, expresada en la vigencia cada vez m\u00e1s acentuada de la ley del valor. En este contexto el ascenso del neoliberalismo no es un accidente, sino la palanca por excelencia de que se valen los grandes centros capitalistas para socavar a las fronteras nacionales a fin de despejar el camino para la circulaci\u00f3n de sus mercanc\u00edas y capitales. La experiencia est\u00e1 mostrando, sin embargo que sus pol\u00edticas, aunque deriven de una base ideol\u00f3gica com\u00fan, engendran resultados distintos en diferentes regiones del planeta. Para darse cuenta de ello basta comparar el modelo adoptado por los pa\u00edses latinoamericanos para asegurar su inserci\u00f3n en la econom\u00eda globalizada \u2014que imita al de la dictadura pinochetista de los a\u00f1os setenta, ya entonces bautizado, sabr\u00e1 Dios por qu\u00e9, como \u201ceconom\u00eda social de mercado\u201d\u2014 con el que vienen adoptando los pa\u00edses asi\u00e1ticos.<\/p>\n\n\n\n<p>En efecto, y aun haciendo a un lado a China \u2014que no ha soltado su base econ\u00f3mica socialista, cuenta con grandes ventajas en t\u00e9rminos de mercados, poblaci\u00f3n y recursos naturales, y conserva bajo la direcci\u00f3n del Estado su proceso de inserci\u00f3n en la econom\u00eda globalizada\u2014, los pa\u00edses capitalistas de Asia se diferencian de los nuestros en el papel que all\u00ed desempe\u00f1a el Estado, la manera como subordinan su apertura al exterior a la protecci\u00f3n de su econom\u00eda y su capacidad para formular pol\u00edticas industriales de largo plazo que los habilitan para ocupar de manera ordenada nuevos espacios en el mercado mundial. \u00c9ste es, particularmente, el caso de Corea del Sur, donde el Estado controla el sistema financiero, interviene en actividades productivas directas, promueve de manera racional la apertura externa, fija metas para ramas y sectores econ\u00f3micos, crea incentivos para el desarrollo y asegura la elevaci\u00f3n de los salarios reales.<\/p>\n\n\n\n<p>La incompetencia que est\u00e1n demostrando las clases dominantes latinoamericanas y sus Estados para promover la defensa de nuestras econom\u00edas transfiere hacia los trabajadores la exigencia de tomar la iniciativa. La amenaza de desindustrializaci\u00f3n que se cierne sobre la regi\u00f3n, los rezagos que presenta el sistema educacional, y la insuficiencia de las pol\u00edticas, cient\u00edficas y tecnol\u00f3gicas, aunados a la falta de pol\u00edticas centradas en el desarrollo econ\u00f3mico, ponen a Am\u00e9rica Latina en la antesala de una situaci\u00f3n caracterizada por la exclusi\u00f3n de amplios contingentes poblacionales respecto a las actividades productivas, por la degradaci\u00f3n del trabajo y el deterioro de los patrones salariales y de consumo.<\/p>\n\n\n\n<p>Los trabajadores no podr\u00e1n revertir esa situaci\u00f3n, tras asegurar su unidad de clase, si no se plantan firmemente en el terreno de la lucha por la democratizaci\u00f3n del Estado, a fin de quitarles a las clases dominantes el control de la econom\u00eda y, sobre la base de una movilizaci\u00f3n l\u00facida y perseverante, establecer un proyecto de desarrollo econ\u00f3mico compatible con la nueva configuraci\u00f3n del mercado mundial. S\u00f3lo su intervenci\u00f3n activa en la formulaci\u00f3n e implementaci\u00f3n de las pol\u00edticas p\u00fablicas y la amplia utilizaci\u00f3n de los instrumentos de la democracia directa, de la participaci\u00f3n popular y la vigilancia ciudadana pueden proporcionar a los pueblos latinoamericanos condiciones adecuadas para ganarse un lugar al sol en el mundo del siglo XXI. Es en este sentido que la cuesti\u00f3n econ\u00f3mica se ha vuelto hoy, m\u00e1s que nunca, un asunto pol\u00edtico o, lo que es lo mismo, que la lucha contra la dependencia no puede divorciarse de la lucha por la democracia.<\/p>\n\n\n\n<p>Cabe destacar, adem\u00e1s, que la globalizaci\u00f3n es algo todav\u00eda en marcha. En su fase actual ella combina rasgos inherentes a la internacionalizaci\u00f3n del capital con procesos de regionalizaci\u00f3n, en cuyo marco se puede avanzar hacia la especializaci\u00f3n productiva de cada pa\u00eds de manera consensual. Se perfila as\u00ed la formaci\u00f3n de grandes unidades econ\u00f3micas, mejor equipadas para hacer frente a la globalizaci\u00f3n, adem\u00e1s de que presentan la ventaja de \u2014precisamente por apuntar hacia la superaci\u00f3n del viejo Estado nacional\u2014 facilitar el rescate de las especificidades \u00e9tnicas y culturales, as\u00ed como de las autonom\u00edas locales. Y es en este \u00e1mbito que se puede hacer m\u00e1s fluido y eficaz el ejercicio de la democracia.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9sta es la opci\u00f3n que tendr\u00e1 que adoptar hoy Am\u00e9rica Latina si quiere impedir que la globalizaci\u00f3n se convierta para ella en un simple regreso a la situaci\u00f3n en la que se encontraba en siglo XIX, que fue responsable de sus formaciones estatales excluyentes y de los lazos de dependencia que \u00e9stas establecieron con los grandes centros. La construcci\u00f3n de una Am\u00e9rica Latina solidaria, fundamentada sobre la base del respeto a los intereses de las masas trabajadoras de la regi\u00f3n y de la plena expresi\u00f3n de su voluntad en el plano pol\u00edtico, es decir, sobre la base de una f\u00f3rmula que combine democracia e integraci\u00f3n, se nos plantea como el gran reto que nos depara este fin de siglo.<\/p>\n\n\n\n<p>A medida que avance el proceso de globalizaci\u00f3n, es inevitable que se ir\u00e1n precisando con m\u00e1s nitidez los objetivos de los trabajadores y se crear\u00e1n mecanismos que les permitir\u00e1n actuar de manera ordenada en el escenario que el mismo capital est\u00e1 dise\u00f1ando, el del mercado mundial plenamente constituido. A\u00fan en la fase precedente, correspondiente a la internacionalizaci\u00f3n en gran escala, que prepar\u00f3 las condiciones para lo que est\u00e1 ahora en curso, se registraron ya movimientos de solidaridad que, m\u00e1s all\u00e1 de cualquier ideolog\u00eda, reflejaban intereses comunes entre los trabajadores del centro y los del mundo dependiente&nbsp;<sup>35<\/sup>. La conformaci\u00f3n progresiva de un verdadero proletariado internacional, que es la contrapartida necesaria de la globalizaci\u00f3n capitalista, permitir\u00e1 establecer sobre nuevas bases la lucha de los pueblos por formas de organizaci\u00f3n social superiores.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em><span class=\"has-inline-color has-nv-dark-bg-color\">Ruy Mauro Marini<\/span><\/em><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\" id=\"notas\"><strong>Notas<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<ol class=\"has-small-font-size wp-block-list\"><li>Traducci\u00f3n libre del texto correspondiente al \u00edtem II, letra c, del cap\u00edtulo 1 del libro I de Karl Marx,&nbsp;<em>Le capital<\/em>. Oeuvres, Par\u00eds, nrf, t. I, p. 413, editado por Maximilien Rubel. Este pasaje no figura en las ediciones del Fondo de Cultura Econ\u00f3mica y Siglo XXI.<\/li><li>\u201cAquellas antiguas y peque\u00f1as comunidades indias, que en parte todav\u00eda subsisten, se basaban en la posesi\u00f3n colectiva del suelo, en una combinaci\u00f3n directa de agricultura y trabajo manual y en una divisi\u00f3n fija del trabajo que, al crear nuevas comunidades, serv\u00eda de plano y de plan [\u2026] La sencillez del organismo de producci\u00f3n de estas comunidades que, bast\u00e1ndose a s\u00ed mismas, se reproducen constantemente en la misma forma y que al desaparecer fortuitamente vuelven a restaurarse en el mismo sitio y con el mismo nombre, nos da la clave para explicarnos el misterio de la inmutabilidad de las sociedades asi\u00e1ticas, que contrasta de un modo tan sorprendente con la constante disoluci\u00f3n y transformaci\u00f3n de los Estados de Asia y con su incesante cambio de dinast\u00edas. A la estructura de los elementos econ\u00f3micos b\u00e1sicos de la sociedad no llegan las tormentas amasadas en la regi\u00f3n de las nubes pol\u00edticas\u201d. Karl Marx,&nbsp;<em>El capital<\/em>, M\u00e9xico, Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, 1946-1947, t. I, pp. 290-292.<\/li><li>La revoluci\u00f3n de 1640 da la se\u00f1al de partida para la adecuaci\u00f3n de la superestructura jur\u00eddico-pol\u00edtica a la base socioecon\u00f3mica que se ven\u00eda gestando, y conduce al compromiso de 1688-1689, cuando queda definitivamente establecida la monarqu\u00eda constitucional de corte burgu\u00e9s. La poblaci\u00f3n urbana s\u00f3lo supera a la poblaci\u00f3n rural en 1851, en Inglaterra; cfr. E. J. Hobsbawn,&nbsp;<em>A era das revolu\u00e7\u00f5es, 1789-1848<\/em>, R\u00edo de Janeiro, Paz e Terra, 1982, 4\u00aa edici\u00f3n, p. 27.<\/li><li>L. R. Brown, presidente del Worldwatch Institute, \u201cA nova ordem mundial\u201d, en Boletim de Cojuntura Internacional, Brasilia, Ministerio de Econom\u00eda, Hacienda y Planeaci\u00f3n, 1992, pp. 42-43.<\/li><li>Seg\u00fan la \u00faltima relaci\u00f3n decenal de The Conference Board, conocido centro empresarial norteamericano de investigaci\u00f3n. Cfr. Com\u00e9rcio Exterior, R\u00edo de Janeiro, enero de 1992.<\/li><li>Seg\u00fan c\u00e1lculo hecho en 1994 por el bis. Cfr.&nbsp;<em>Exame<\/em>, R\u00edo de Janeiro, 29 de marzo de 1995.<\/li><li>La heterogeneidad tecnol\u00f3gica ha sido ampliamente estudiada en Am\u00e9rica Latina por varios autores. Yo mismo trat\u00e9 su impacto en la acumulaci\u00f3n del capital en por lo menos cuatro ocasiones: \u201cEl desarrollo industrial dependiente y la crisis del sistema de dominaci\u00f3n\u201d, en&nbsp;<em>Marxismo y revoluci\u00f3n<\/em>, Santiago de Chile, No. 1, julio-septiembre de 1973, incorporado a mi libro&nbsp;<em>El reformismo y la contrarrevoluci\u00f3n. Estudios sobre Chile<\/em>, M\u00e9xico, Ediciones Era, 1976;&nbsp;<em>Dial\u00e9ctica de la dependencia<\/em>, M\u00e9xico, Ediciones Era, 1973; \u201cEl ciclo del capital en la econom\u00eda dependiente\u201d, en U. Oswald (coord.),&nbsp;<em>Mercado y dependencia<\/em>, M\u00e9xico, Nueva Imagen, 1979 y \u201cPlusval\u00eda extraordinaria y acumulaci\u00f3n de capital\u201d, en&nbsp;<em>Cuadernos Pol\u00edticos<\/em>, M\u00e9xico, No. 20, abril- junio de 1979.<\/li><li>\u201cLa raz\u00f3n \u00faltima de toda verdadera crisis es siempre la pobreza y la capacidad restringida de consumo de las masas, con las que contrasta la tendencia de la producci\u00f3n capitalista a desarrollar las fuerzas productivas como si no tuviesen m\u00e1s l\u00edmite que la capacidad absoluta de consumo de la sociedad\u201d. Karl Marx,&nbsp;<em>El capital<\/em>, t. II, p. 454.<\/li><li>\u201cEl crecimiento de la fuerza productiva del trabajo, debido a la creciente intensidad, aun cuando aumenten los salarios, no impide [\u2026] que los ingresos [de los capitalistas] aumenten constantemente, en cuanto a valor y en cuanto a cantidad [\u2026]. Las clases y subclases que no viven directamente del trabajo se multiplican, viven mejor que antes, y asimismo se multiplica el n\u00famero de obreros improductivos\u201d. H. Grossmann, \u201cEnsayos sobre la teor\u00eda de las crisis: dial\u00e9ctica y metodolog\u00eda en El capital\u201d, en&nbsp;<em>Cuadernos de Pasado y Presente, M\u00e9xico<\/em>, No. 79,1979, p. 179, citando la Historia critica de las teor\u00edas de la plusval\u00eda, de Marx. Cabe indicar aqu\u00ed que en este caso no procede distinguir el aumento de la plusval\u00eda y el de la intensidad del trabajo, dado que, si el segundo depende hasta cierto punto del primero, el aumento de la productividad implica siempre el aumento de la intensidad. La econom\u00eda burguesa, al correlacionar productividad y producci\u00f3n, haciendo sus c\u00e1lculos en t\u00e9rminos de producto\/horas trabajadas, en lugar de tomar en consideraci\u00f3n la fuerza de trabajo, es incapaz de distinguir entre las dos formas que determinan la capacidad productiva del trabajador.<\/li><li>La peste negra que irrumpe en Europa a mediados del siglo XIV y diezma probablemente una tercera parte de la poblaci\u00f3n, favoreci\u00f3 el desarrollo agr\u00edcola, debilit\u00f3 las estructuras feudales, hizo m\u00e1s prestigiosas a las ciudades, reforz\u00f3 el Estado, contribuy\u00f3 al ascenso de una clase media burguesa y promovi\u00f3 el crecimiento de las artes, preparando el Renacimiento. Sobre este \u00faltimo punto, cfr. las l\u00facidas consideraciones de G. Duby, en&nbsp;<em>A Europa na Idade M\u00e9dia<\/em>, S\u00e3o Paulo, Martins Fontes, 1988, pp. 112 y ss.<\/li><li>Los valores correspondientes a fusiones y adquisiciones de empresas, en Estados Unidos, fueron de 14.000 millones de d\u00f3lares en 1974, 45.000 millones en 1980, 175.000 millones en 1985, 249.000 millones en 1989 y, de enero a agosto de 1995, 256.000 millones de d\u00f3lares. V\u00e9ase&nbsp;<em>Jornal do Brasil<\/em>, R\u00edo de Janeiro, 3 de septiembre de 1995. Sobre el tema, cfr. R. Ornelas, \u201cLas empresas transnacionales como agentes de la dominaci\u00f3n capitalista\u201d, en A. E. Cece\u00f1a y Andr\u00e9s Barreda Mar\u00edn (coord.),&nbsp;<em>Producci\u00f3n estrat\u00e9gica y hegemon\u00eda mundial<\/em>, M\u00e9xico, Siglo XXI, 1995, en particular el cuadro 15.<\/li><li>Sobre los acuerdos tecnol\u00f3gicos en la industria de computadoras, cfr. A. E. Cece\u00f1a, Leticia Palma y Edgar Amador, \u201cLa electroinform\u00e1tica: n\u00facleo y vanguardia del desarrollo de las fuerzas productivas\u201d, especialmente la tabla 5 del anexo, en A. E. Cece\u00f1a y Andr\u00e9s Barreda Mar\u00edn (coord.),&nbsp;<em>Producci\u00f3n estrat\u00e9gica y hegemon\u00eda mundial<\/em>, op. cit. Observemos que ese procedimiento fue ampliamente utilizado en la industria automotriz desde fines de la d\u00e9cada de los setenta.<\/li><li>La tercerizaci\u00f3n de actividades productivas o de servicios por parte de grandes empresas establece, como contrapartida, una f\u00e9rrea disciplina en materia de control de la producci\u00f3n y de la tecnolog\u00eda, y en general de todo el flujo reproductivo en las unidades tercerizadas, que corresponde a la centralizaci\u00f3n del mando en manos de esas empresas, aunque no necesariamente de la propiedad. Sin embargo, esta \u00faltima tambi\u00e9n puede darse mediante participaci\u00f3n accionaria, principalmente cuando la empresa tercerizada resulta de un desprendimiento de la empresa principal.<\/li><li>Durante el per\u00edodo 1970-1990, en las fases de recesi\u00f3n y recuperaci\u00f3n, la formaci\u00f3n bruta de capital fijo present\u00f3 la siguiente evoluci\u00f3n en los siete pa\u00edses m\u00e1s industrializados (crecimiento promedio anual, en porcentaje, seg\u00fan datos de la OCDE, compilados por el Departamento de Estad\u00edsticas y Asuntos Internacionales de la Secretar\u00eda Nacional de Planeaci\u00f3n de Brasil, actual Secretar\u00eda de Planeaci\u00f3n y Presupuesto): 1970-1973: 6,4; 1974-1975: -6,0; 1976-1979: 6,0; 1980-1983: -2,5; 1983-1990: 5,1. M\u00e1s all\u00e1 de la informaci\u00f3n cuantitativa, vale la pena resaltar que la inversi\u00f3n fija en esos pa\u00edses privilegi\u00f3 el \u00edtem de maquinaria y equipo y, en este rengl\u00f3n, en una proporci\u00f3n de 3\/4, los bienes de alta tecnolog\u00eda. Cfr. mi libro Am\u00e9rica Latina: democracia e integraci\u00f3n, Caracas, Nueva Sociedad, 1993, pp. 34-35.<\/li><li>Seg\u00fan el informe anual elaborado por el Comisionado para Asuntos Sociales de la Uni\u00f3n Europea, Padraig Lynn, el crecimiento econ\u00f3mico que comienza a verificarse despu\u00e9s de la recesi\u00f3n de los primeros cuatro a\u00f1os de la d\u00e9cada de 1990 no ha sido suficiente para reducir la tasa de desempleo. \u00c9sta golpea actualmente a 18 millones de personas en la Uni\u00f3n Europea, equivalente al 11% de la poblaci\u00f3n activa. Peor a\u00fan: pese a la recuperaci\u00f3n registrada en el primer semestre de 1995, el mercado de trabajo se ha mantenido estable, no habiendo sido siquiera capaz de recrear los 6 millones de puestos perdidos entre 1991 y 1994, y menos a\u00fan de absorber parte importante de la mano de obra que ingres\u00f3 a ese mercado; en consecuencia, la tasa es m\u00e1s elevada, por sobre el 15%, entre la poblaci\u00f3n menor de 25 a\u00f1os. En Estados Unidos la tasa de desempleo actual es del 6,6%, y en Jap\u00f3n, donde las relaciones laborales son peculiares, del 3%.<\/li><li>Datos del Departamento Intersindical de Estad\u00edsticas y Estudios Socioecon\u00f3micos (DIEISE) de S\u00e3o Paulo. Respecto a Estados Unidos, la informaci\u00f3n oficial de 1989 indica que ese 17% se reducir\u00eda a 13,4% si se excluyeran los empleados gubernamentales. Cfr. R. B. Reich,&nbsp;<em>The Work of Nations<\/em>, Nueva York, Vintage Books, 1992, p. 212.<\/li><li>En el II Simposio sobre el Futuro del Sindicalismo, realizado en S\u00e3o Paulo en agosto de 1992 y promovido por la Fundaci\u00f3n Instituto de Desarrollo Empresarial y Social (FIDES), el jefe del Departamento Internacional del TUC Brit\u00e1nico, que cuenta con 7,7 millones de miembros, admiti\u00f3 que esa organizaci\u00f3n hab\u00eda perdido fuerza tras el ascenso de Mrs. Thatcher al gobierno, y declar\u00f3: \u201cHemos pasado de la lucha de clases a la aparcer\u00eda en el trabajo\u201d. A su vez, Robbie Gilbert, director de la Confederation of British in Industry, la organizaci\u00f3n patronal inglesa, precis\u00f3 que, frente al promedio de 3.000 conflictos laborales registrados en los a\u00f1os setenta, se hab\u00edan presentado 500 en 1991. Y Bruno Rossi, del Departamento Internacional de la CGIL, la mayor y m\u00e1s importante de las tres centrales sindicales italianas, con 5 millones de afiliados, confirm\u00f3: \u201cLa aparcer\u00eda no s\u00f3lo es posible, sino que es necesaria para ambas partes\u201d. Cfr.&nbsp;<em>Jornal do Brasil<\/em>, R\u00edo de Janeiro, 16 de agosto de 1992.<\/li><li>Se trata de un procedimiento tan viejo como el capital. As\u00ed, al estudiar el salario a destajo, Marx observa: \u201c[\u2026] este r\u00e9gimen de salarios constituye la base [\u2026] de todo un sistema jer\u00e1rquicamente graduado de explotaci\u00f3n y opresi\u00f3n. [\u2026] el destajo facilita la intervenci\u00f3n de par\u00e1sitos entre el capitalista y el obrero, con el r\u00e9gimen de subarrendamiento del trabajo (subletting of labour). La ganancia de los intermediarios se nutre exclusivamente de la diferencia entre el precio del trabajo abonado por el capitalista y la parte que va a parar a manos del obrero\u201d. Karl Marx,&nbsp;<em>El capital<\/em>, op. cit., t. I, p. 464.<\/li><li>Un buen ejemplo en este sentido lo dio en 1992 la empresa automotriz brit\u00e1nica Rover, al establecer un acuerdo con su sindicato. Por el mismo, los trabajadores se volvieron estables, pero, en caso de supresi\u00f3n de cargos por razones t\u00e9cnicas, los afectados pasan por un per\u00edodo de entrenamiento y son desplazados a otra funci\u00f3n o, si as\u00ed lo prefieren, se jubilan. En contrapartida, y mediante previa discusi\u00f3n, los obreros se comprometen a elevar la productividad, gracias a medidas apoyadas en la gran movilidad y flexibilidad de las funciones en la l\u00ednea de producci\u00f3n, y a participar en equipos en todos los niveles destinados a establecer mecanismos tendientes a ese fin. Cfr.&nbsp;<em>Jornal do Brasil<\/em>, R\u00edo de Janeiro, 5 de mayo de 1992. Para ampliar el an\u00e1lisis de las cuestiones relativas a la flexibilizaci\u00f3n del trabajo, v\u00e9ase A. Sotelo Valencia,&nbsp;<em>M\u00e9xico: dependencia y modernizaci\u00f3n<\/em>, M\u00e9xico, El Caballito, 1993.<\/li><li>En Estados Unidos cerca del 80% de los nuevos empleos creados en la d\u00e9cada de 1980 correspond\u00eda a la categor\u00eda de servicios. Cfr. R. B. Reich,&nbsp;<em>The Work of Nations<\/em>, op. cit., p. 86. Pero la diferenciaci\u00f3n no opera s\u00f3lo separando obreros y personal de mayor calificaci\u00f3n, sino que lo hace tambi\u00e9n dentro de este grupo: seg\u00fan el Instituto de Pol\u00edtica Econ\u00f3mica de Estados Unidos, entre 1979 y 1989 los trabajadores norteamericanos de servicios experimentaron una p\u00e9rdida salarial de 3,1%, que lleg\u00f3 a ser de 26,5% para los reci\u00e9n graduados; en contrapartida, la remuneraci\u00f3n de los altos ejecutivos de las grandes empresas aument\u00f3 19%. Cfr.&nbsp;<em>Jornal do Brasil<\/em>, R\u00edo de Janeiro, 8 y 19 de septiembre de 1992.<\/li><li>R. B. Reich,&nbsp;<em>The Work of Nations<\/em>, op. cit., pp. 83 y ss.<\/li><li>Esta tesis se constituy\u00f3 en el argumento central de los sectores econ\u00f3micos y pol\u00edticos que se opusieron a la inclusi\u00f3n de M\u00e9xico en el TLC. Cfr. R. Perol y Pat Choate,&nbsp;<em>Save Our Job, Save Our Country<\/em>, New York, Hyperion, 1993.<\/li><li>R. B. Reich,&nbsp;<em>The Work of Nations<\/em>, op. cit., p. 209.<\/li><li>Ibid., p. 247.<\/li><li>Sobre los cambios en Chile despu\u00e9s de 1975, v\u00e9ase P. L. Olave Castillo,&nbsp;<em>El proyecto neoliberal: el caso de Chile<\/em>, M\u00e9xico, UNAM-FCPyS, 1995, tesis de maestr\u00eda, mimeo.<\/li><li>Las exportaciones realizadas por Brasil entre enero y julio de 1995, comparadas con las que tuvieron lugar en el mismo per\u00edodo del a\u00f1o anterior, arrojan un crecimiento de 6,8%. El rengl\u00f3n relativo a bienes primarios aument\u00f3 en 5,7% y sigue correspondiendo a cerca de un cuarto del total. Respecto a los productos industrializados, que han registrado 6,2% de crecimiento, manteniendo su proporci\u00f3n de tres cuartas partes del total, se observa una evoluci\u00f3n diferenciada: mientras los semimanufacturados (aluminio en bruto, semimanufacturas de hierro y acero, celulosa, etc., aumentan en 30%, pasando de 15,2% a 18,4% del total, los manufacturados se muestran estancados, con lo que su participaci\u00f3n en la pauta baja es de 58,5% a 54,7%). Cfr. CEPAL,&nbsp;<em>Panorama econ\u00f3mico de Am\u00e9rica Latina<\/em>, 1995, Santiago de Chile, Naciones Unidas, 1995, cuadro 8, p. 32.<\/li><li>R. B. Reich,&nbsp;<em>The Work of Nations<\/em>, op. cit., pp. 85-86.<\/li><li>En particular, Prebisch. El argumento fue retomado por Jos\u00e9 Serra y Fernando Henrique Cardoso, \u201cLas desventuras de la dial\u00e9ctica de la dependencia\u201d, en&nbsp;<em>Revista Mexicana de Sociolog\u00eda<\/em>, n\u00famero extraordinario, M\u00e9xico, 1978, y criticado por m\u00ed en \u201cLas razones del neodesarrollismo\u201d, publicado en el mismo n\u00famero de esa revista.&nbsp;<em>En realidad<\/em>, en este plano del razonamiento, la cuesti\u00f3n principal no se refiere tanto a la ley del valor como a la formaci\u00f3n de los precios de producci\u00f3n.<\/li><li>V\u00e9ase sobre el tema, de A. E. Cece\u00f1a y Ana Alicia Pe\u00f1a, \u201cEn torno al estatuto de la fuerza de trabajo en la reproducci\u00f3n hegem\u00f3nica del capital\u2019, en A. E. Cece\u00f1a y Andr\u00e9s Barreda Mar\u00edn (coord.),&nbsp;<em>Producci\u00f3n estrat\u00e9gica y hegemon\u00eda mundial<\/em>, op. cit.<\/li><li>Son muchos los autores a quienes ese aumento de la masa de mercanc\u00edas con la reducci\u00f3n concomitante de su valor individual causa problemas de comprensi\u00f3n. V\u00e9ase, por ejemplo, el art\u00edculo de Jos\u00e9 Serra y Fernando Henrique Cardoso \u201cLas desventuras de la dial\u00e9ctica de la dependencia\u201d, op. cit., y la cr\u00edtica que le hice en \u201cLas razones del neodesarrollismo\u201d, op. cit., as\u00ed como mi discusi\u00f3n con Mar\u00eda da Concei\u00e7\u00e3o Tavares en \u201cPlusval\u00eda extraordinaria y acumulaci\u00f3n de capital\u201d, op. cit. Toda la cuesti\u00f3n reside en entender que el valor de las mercanc\u00edas se determina por la cantidad de ellas que se produce en una jornada de trabajo, sobre la base del tiempo de trabajo socialmente necesario para su producci\u00f3n. En consecuencia, si la jornada permanece igual y se reduce ese tiempo de trabajo, increment\u00e1ndose, en consecuencia, la masa de mercanc\u00edas producidas, esa masa representar\u00e1 m\u00e1s valores de uso, pero una cantidad id\u00e9ntica de valor. Desde luego, esto vale para una rama, no para el capitalista individual, dado que partimos del tiempo de trabajo socialmente necesario.<\/li><li>No hay que perder de vista que los modos de producci\u00f3n de plusval\u00eda s\u00f3lo afectan la cuota general de plusval\u00eda si inciden en bienes que determinan el valor de la fuerza de trabajo. Cfr. Karl Marx,&nbsp;<em>El capital<\/em>, t. I, p. 439. Las implicaciones de este hecho en la tendencia a la fijaci\u00f3n de la ganancia extraordinaria y en el sobredimensionamiento del sector de producci\u00f3n de bienes suntuarios de las econom\u00edas dependientes fueron analizadas por m\u00ed en \u201cPlusval\u00eda extraordinaria y acumulaci\u00f3n de capital\u201d, op. cit.<\/li><li>Como en distintos pa\u00edses rigen diferentes grados medios de intensidad del trabajo, esto afecta la aplicaci\u00f3n de la ley del valor a las jornadas nacionales de trabajo. \u201cLa jornada m\u00e1s intensiva de una naci\u00f3n se traduce en una expresi\u00f3n monetaria m\u00e1s alta que la jornada menos intensiva de otro pa\u00eds\u201d (Karl Marx,&nbsp;<em>El capital<\/em>, t. I, p. 439). \u201cExpresi\u00f3n monetaria m\u00e1s alta equivale aqu\u00ed a un producto mayor de valor, dado que, como se\u00f1al\u00e9 antes, Marx est\u00e1 suponiendo que el valor del mercado no se ha alterado\u201d. V\u00e9ase tambi\u00e9n ibid, p. 469: \u201cLa intensidad media del trabajo cambia de un pa\u00eds a otro; en unos es m\u00e1s peque\u00f1a, en otros mayor. Estas medias nacionales forman, pues, una escala, cuya unidad de medida es la unidad media del trabajo universal. Por tanto, comparado con otro menos intensivo, el trabajo nacional m\u00e1s intensivo produce durante el mismo tiempo m\u00e1s valor, el cual se expresa en m\u00e1s dinero\u201d. Como vimos antes, la mayor intensidad del trabajo supone normalmente una mayor productividad; aunque esta afirmaci\u00f3n pudiera matizarse en funci\u00f3n de los distintos grados de calificaci\u00f3n de trabajo existente en el \u00e1mbito internacional, tendremos luego ocasi\u00f3n de ver que ese matiz debe ser muy relativizado.<\/li><li>\u201cEn un estudio del Congreso de EE.UU. realizado en junio de 1993, un experto en autom\u00f3viles, Harley Shaiken, compar\u00f3 la productividad y calidad del trabajo en las plantas mexicanas con las de Estados Unidos y del resto del mundo. Encontr\u00f3 que los trabajadores de una planta de motores de M\u00e9xico alcanzaban el 85% de la productividad de los de EE.UU. en el t\u00e9rmino de dos a\u00f1os, el 89% en ocho a\u00f1os y el 97% en nueve a\u00f1os. [\u2026] A\u00fan m\u00e1s impresionante es que la calidad del producto sobrepasa a la de EE.UU. en cuatro de los seis a\u00f1os de los que se tienen datos. En 1991 la calidad en la planta mexicana exced\u00eda a la de las instalaciones de EE. UU. en un 32%. Lo asombroso es que las plantas de ambos pa\u00edses cuentan con equipamiento similar, pero la tecnolog\u00eda desarrollada en las instalaciones mexicanas es m\u00e1s avanzada\u201d. R. Perol y Pat Choate,&nbsp;<em>Save Our Job, Save Our Country<\/em>, op. cit., p. 54.<\/li><li>Al comparar la compensaci\u00f3n horaria a los trabajadores norteamericanos y mexicanos, con base en datos del Departamento del Trabajo de Estados Unidos, Perol y Choate constatan que en 1980 \u00e9sta era de 9,87 d\u00f3lares para los primeros y de 2,18 d\u00f3lares para los segundos; de 14,1 y 1,64 d\u00f3lares en 1990; y de 16,17 y 2,35 d\u00f3lares, respectivamente, en 1992. Cfr. tabla en ibid., p. 55.<\/li><li>Desde los a\u00f1os setenta se registran en Am\u00e9rica Latina movimientos de cooperaci\u00f3n sindical en el marco de empresas transnacionales, particularmente entre la matriz alemana Volkswagen y su filial brasile\u00f1a. A principios de los a\u00f1os ochenta, sindicatos mexicanos y norteamericanos de la industria automotriz participaron en reuniones destinadas a establecer objetivos y estrategias comunes, lo que se volvi\u00f3 a plantear por centrales sindicales de ambos pa\u00edses, as\u00ed como de Canad\u00e1, despu\u00e9s de creado el Tratado de Libre Comercio de Am\u00e9rica del Norte. Tras la firma del acuerdo de integraci\u00f3n entre Argentina y Brasil, en 1988, que condujo a la formaci\u00f3n del Mercado Com\u00fan de Am\u00e9rica del Sur (Mercosur), comenzaron las reuniones anuales de centrales obreras de los dos pa\u00edses, a las que se agregaron las de Uruguay y Paraguay, as\u00ed como de Chile, con el fin de acompa\u00f1ar las medidas adoptadas. Sin embargo, todav\u00eda no se ha llegado a incluir representantes sindicales en las delegaciones encargadas de concretar acuerdos espec\u00edficos en el \u00e1mbito de los procesos de integraci\u00f3n: en ellas tan s\u00f3lo han participado funcionarios gubernamentales, empresarios y, a lo sumo, parlamentarios.<\/li><\/ol>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-columns has-2-columns has-desktop-oneTwo-layout has-tablet-equal-layout has-mobile-equal-layout has-default-gap has-vertical-unset\" id=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-columns-78bfedee\"><div class=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-columns-overlay\"><\/div><div class=\"innerblocks-wrap\">\n<div class=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-column\" id=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-column-c83ae97b\"><\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-column\" id=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-column-3c638dde\">\n<div class=\"wp-block-file alignright\"><a id=\"wp-block-file--media-1bf51bb0-9753-437f-8118-70e16352198e\" href=\"http:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/1996\/01\/74-Proceso-y-tendencias-de-la-globalizacio\u0301n-capitalista.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Proceso y tendencias de la globalizacio\u0301n capitalista<\/a><\/div>\n<\/div>\n<\/div><\/div>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Fuente: Am\u00e9rica Latina, dependencia y globalizaci\u00f3n, Carlos Eduardo Martins (Comp.); Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales; Siglo del Hombre Editores, Bogot\u00e1. 2008. Publicado originalmente en Ruy Mauro Marini y M\u00e1rgara Mill\u00e1n (coords.), La teor\u00eda social&#46;&#46;&#46;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":2916,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_themeisle_gutenberg_block_has_review":false,"_ti_tpc_template_sync":false,"_ti_tpc_template_id":"","footnotes":""},"categories":[],"tags":[69,18],"class_list":["post-1531","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","tag-69","tag-articulos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1531","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1531"}],"version-history":[{"count":12,"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1531\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3699,"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1531\/revisions\/3699"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/2916"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1531"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1531"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1531"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}