{"id":2908,"date":"1980-01-01T00:37:44","date_gmt":"1980-01-01T00:37:44","guid":{"rendered":"http:\/\/localhost:8888\/wordpress\/?p=2908"},"modified":"2022-03-24T03:14:07","modified_gmt":"2022-03-24T03:14:07","slug":"la-cuestion-del-estado-en-las-luchas-de-clases-en-america-latina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/?p=2908","title":{"rendered":"La cuesti\u00f3n del Estado  en las luchas de clases en Am\u00e9rica Latina"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-style-default\"><img decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"370\" src=\"http:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/lucha-de-clases-1024x370.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2912\" srcset=\"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/lucha-de-clases-1024x370.jpg 1024w, https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/lucha-de-clases-300x108.jpg 300w, https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/lucha-de-clases-768x278.jpg 768w, https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/lucha-de-clases-1536x555.jpg 1536w, https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/lucha-de-clases-600x217.jpg 600w, https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/lucha-de-clases.jpg 1920w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><mark style=\"background-color:rgba(0, 0, 0, 0)\" class=\"has-inline-color has-vivid-red-color\">Fuente: Cuaderno 44, Serie Avances de Investigaci\u00f3n, Centro de Estudios Latinoamericanos, Facultad de Ciencias Pol\u00edticas y Sociales, UNAM, M\u00e9xico, 1980.<\/mark><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-text-color has-background has-vivid-red-background-color has-vivid-red-color\"\/>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Introducci\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p>La etapa hist\u00f3rica que se ha abierto en los a\u00f1os recientes, en Am\u00e9rica Latina, est\u00e1 poniendo otra vez en el centro de la discusi\u00f3n ideol\u00f3gica la cuesti\u00f3n de la relaci\u00f3n entre la lucha socialista y la lucha democr\u00e1tica. Ello es as\u00ed porque, tras las formas violentas que asumi\u00f3 la contrarrevoluci\u00f3n burguesa e imperialista en el continente, a ra\u00edz de la Revoluci\u00f3n Cubana, el proceso pol\u00edtico latinoamericano ha sufrido una inflexi\u00f3n, perceptible ya a fines de 1976, que lo conduce hacia el cauce de la democratizaci\u00f3n. En estas condiciones, las fuerzas de izquierda se han visto confrontadas a una situaci\u00f3n nueva. En efecto, en las condiciones anteriores, el simple hecho de ponerse al frente de la resistencia contra los reg\u00edmenes contrarrevolucionarios, por lo general dictaduras militares, las convert\u00eda inmediatamente en int\u00e9rpretes de las aspiraciones pol\u00edticas de las amplias masas, particularmente cuando las disidencias burguesas se planteaban con extrema timidez ante el bloque en el poder, no logrando salirse del marco de la contrarrevoluci\u00f3n. Sin embargo, al configurarse la tendencia a la democratizaci\u00f3n, la izquierda no s\u00f3lo ha comenzado a perder el monopolio de la lucha democr\u00e1tica, ante el surgimiento de movimientos con conducci\u00f3n burguesa que se plantean tambi\u00e9n en este terreno, lo que la obliga a diferenciarse de \u00e9stos, sino que la incorporaci\u00f3n de masas cada vez m\u00e1s amplias a la lucha pol\u00edtica contra los reg\u00edmenes dictatoriales y la importancia que all\u00ed asume la clase obrera hacen necesario que la izquierda busque una definici\u00f3n program\u00e1tica que exprese los intereses estrat\u00e9gicos de esta clase, los cuales apuntan naturalmente hacia el socialismo, y los enlace con los que, sin dejar de ser tambi\u00e9n de la clase obrera, relevan de otras clases y fracciones de clase, inscribi\u00e9ndose m\u00e1s bien en la lucha por la democracia.<\/p>\n\n\n\n<p>La piedra de toque de la relaci\u00f3n dial\u00e9ctica entre ambas l\u00edneas de acci\u00f3n es sin duda la concepci\u00f3n de Estado y de su relaci\u00f3n con la sociedad. Es de all\u00ed que se deriva, en \u00faltima instancia, la estrategia que las fuerzas de izquierda deben plantear, para arribar a la articulaci\u00f3n de estas l\u00edneas. No es, pues, accidental que la cuesti\u00f3n del Estado se est\u00e9 convirtiendo en la cuesti\u00f3n ideol\u00f3gica por excelencia en Latinoam\u00e9rica, como ha ocurrido siempre que las luchas de clases se agudizan en el seno de las sociedades burguesas. Tanto m\u00e1s que la reflexi\u00f3n pol\u00edtica de la izquierda latinoamericana se hab\u00eda ya orientado hacia ella, tras el impacto provocado por la experiencia chilena, y que lo deba hacer de manera a\u00fan m\u00e1s decidida desde el momento en que la Revoluci\u00f3n nicarag\u00fcense, con su m\u00e9todo radical de destrucci\u00f3n del Estado dictatorial, la ha reactualizado. Finalmente, las discusiones que se est\u00e1n verificando entre las fuerzas marxistas de Europa han puesto en evidencia que la cuesti\u00f3n del Estado no ata\u00f1e tan s\u00f3lo a la estrategia para la toma del poder, sino que la rebasa, incidiendo en todo el proceso de transformaci\u00f3n que le sigue, es decir, determinando directamente la forma y el contenido de la transici\u00f3n socialista.<\/p>\n\n\n\n<p>No pretendo aqu\u00ed, agotar todas las instancias de la discusi\u00f3n que se realiza actualmente en torno a la cuesti\u00f3n del Estado en Am\u00e9rica Latina. Mi contribuci\u00f3n a esta discusi\u00f3n apunta tan s\u00f3lo a develar la naturaleza del Estado surgido de la contrarrevoluci\u00f3n latinoamericana, o sea, el car\u00e1cter de la estructura estatal que encubren las dictaduras militares, y la especificidad de los distintos proyectos, y por tanto, de las fuerzas sociales que los sustentan, que convergen en la tendencia general a la democratizaci\u00f3n. En las conclusiones, intentar\u00e9 sacar de ese an\u00e1lisis algunas de las implicaciones que me parecen m\u00e1s relevantes para el futuro de la lucha socialista en nuestros pa\u00edses.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La contrarrevoluci\u00f3n latinoamericana y el Estado<\/h2>\n\n\n\n<p>La conquista del poder por el proletariado es un proceso complejo, que no corresponde autom\u00e1ticamente a la p\u00e9rdida del poder por la burgues\u00eda. M\u00e1s bien, la experiencia hist\u00f3rica nos muestra que la revoluci\u00f3n proletaria prolonga su etapa democr\u00e1tica, es decir, de constituci\u00f3n de una fuerza social hegemonizada por la clase obrera -\u00fanica base s\u00f3lida para la dictadura del proletariado, y, pues, para la transici\u00f3n socialista- m\u00e1s all\u00e1 del derrocamiento de la burgues\u00eda como clase dominante. Es posible conjeturar sobre las implicaciones de que dicha fuerza social revolucionaria se constituyera antes de la toma del poder por la clase obrera. Sin duda, se acortar\u00eda, o se har\u00eda incluso innecesaria, la base democr\u00e1tica de la revoluci\u00f3n victoriosa; a esto apuntan las tesis del eurocomunismo. Pero -y esto es cierto particularmente para Am\u00e9rica Latina, donde la \u00fanica revoluci\u00f3n socialista triunfante: la cubana, ha seguido ese patr\u00f3n, el cual parece imponerse tambi\u00e9n hoy al proceso revolucionario nicarag\u00fcense- la etapa democr\u00e1tica de la revoluci\u00f3n proletaria (que no se confunde, como se ha pretendido, con una etapa democr\u00e1tico burguesa, en que la burgues\u00eda mantuviera un rol hegem\u00f3nico) tiende a extenderse hasta despu\u00e9s de la destrucci\u00f3n del Estado burgu\u00e9s y es justamente esa destrucci\u00f3n que permite desarrollarse plenamente a la fuerza social revolucionaria y realizarse, entonces s\u00ed pac\u00edficamente, el paso del proceso a su etapa socialista. Experiencias revolucionarias cl\u00e1sicas, como la sovi\u00e9tica o la china, no desmienten, sino que confirman esta aseveraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Es por esta raz\u00f3n que la cuesti\u00f3n central de la lucha socialista gira en torno a la destrucci\u00f3n del Estado burgu\u00e9s, lo que, por lo que antes se\u00f1alamos, no constituye un problema espec\u00edficamente socialista, sino m\u00e1s bien configura la cuesti\u00f3n democr\u00e1tica que debe resolver el proletariado revolucionario.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa aparente paradoja no tiene ninguna posibilidad de resoluci\u00f3n si la lucha de la clase obrera por la toma del poder no define con claridad el car\u00e1cter del Estado contra el cual combate, es decir, la naturaleza de la dominaci\u00f3n de clase que le corresponde y la estructura real mediante la cual la clase dominante opera; s\u00f3lo as\u00ed es posible plantearse con seguridad la cuesti\u00f3n de las alianzas de clases y, pues, en la medida en que es su consecuencia, de la construcci\u00f3n de la fuerza social revolucionaria. No basta, pues, a la izquierda latinoamericana remitirse a la teor\u00eda general revolucionaria para hacer frente al problema de la relaci\u00f3n entre la lucha democr\u00e1tica y la lucha socialista, que debe hoy resolver, sino que le es indispensable analizar concretamente el Estado que la contrarrevoluci\u00f3n burguesa e imperialista ha puesto de pie en el continente.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><em>Las tres vertientes de la contrarrevoluci\u00f3n<\/em><\/h2>\n\n\n\n<p>Empecemos por considerar a la contrarrevoluci\u00f3n. En su proceso de desencadenamiento, podemos distinguir tres vertientes. Como veremos m\u00e1s adelante, ese proceso no s\u00f3lo gener\u00f3 dictaduras militares, sino que afect\u00f3 a Estados que no asumieron esa forma. En este sentido, el primer efecto de la acci\u00f3n de esos factores no es tanto el golpe brasile\u00f1o de 1964, como se sostiene, sino las modificaciones que presenta el Estado venezolano a partir de 1959, bajo el gobierno de Betancourt.<\/p>\n\n\n\n<p>La primera vertiente de la contrarrevoluci\u00f3n latinoamericana es el cambio de estrategia global norteamericana, que interviene a fines de los a\u00f1os cincuenta, y principios de los sesenta, y que es implementada decididamente por el gobierno de Kennedy. Su principal motivaci\u00f3n es el hecho de que Estados Unidos, en tanto que cabeza indiscutible del campo &nbsp;capitalista, se ve enfrentado a una serie de procesos revolucionarios en distintas partes del mundo, como Argelia, Congo, Cuba, Vietnam, que arrojan resultados diferentes pero que hacen temblar la estructura mundial de la dominaci\u00f3n imperialista. Esto se acompa\u00f1a de la modificaci\u00f3n de la balanza de poder entre Estados Unidos y la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, que implica un mayor equilibrio entre ambos. Todo ello conduce al cambio del planteamiento estrat\u00e9gico norteamericano, que pasa de la contemplaci\u00f3n de una respuesta masiva y global, en un enfrentamiento directo con la URSS, a la de una respuesta flexible, capaz de enfrentar el reto revolucionario (el cual, en la perspectiva de Estados Unidos, es siempre un reto sovi\u00e9tico) donde quiera que \u00e9ste se presentara.<\/p>\n\n\n\n<p>La nueva estrategia norteamericana tiene varias consecuencias, entre ellas modificaciones en el plano militar, con \u00e9nfasis por ejemplo en medios de transportaci\u00f3n masiva y en fuerzas convencionales; la creaci\u00f3n de cuerpos especiales adiestrados en la contraguerrilla, como los Boinas Verdes; y el reforzamiento de los ej\u00e9rcitos nacionales, lo que McNamara en su libro \u201cLa esencia de la seguridad\u201d llam\u00f3 \u201cind\u00edgenas en uniforme\u201d, mediante programas de capacitaci\u00f3n y armamento. Pero lo m\u00e1s significativo, para lo que nos interesa aqu\u00ed es la formulaci\u00f3n de la doctrina de contrainsurgencia, que establece una l\u00ednea de enfrentamiento a los movimientos revolucionarios a desarrollarse en tres planos: aniquilamiento, conquista de bases sociales e institucionalizaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Convendr\u00eda destacar tres aspectos de la doctrina de la contrainsurgencia. En primer lugar, su concepci\u00f3n misma de la pol\u00edtica: la contrainsurgencia es la aplicaci\u00f3n a la lucha pol\u00edtica de un enfoque militar. Normalmente, en la sociedad burguesa, la lucha pol\u00edtica tiene como prop\u00f3sito derrotar al contrincante, pero \u00e9ste sigue existiendo como elemento derrotado y puede incluso actuar como fuerza de oposici\u00f3n: La contrainsurgencia, en una perspectiva similar a la del fascismo, ve al contrincante como el enemigo que&nbsp;<em>no s\u00f3lo debe ser derrotado sino aniquilado<\/em>, es decir destruido, lo que implica ver a la lucha de clases como guerra y conlleva, pues, la adopci\u00f3n de una t\u00e1ctica y m\u00e9todos militares de lucha.<\/p>\n\n\n\n<p>En segundo lugar, la contrainsurgencia considera al movimiento revolucionario como algo ajeno a la sociedad en que se desarrolla; en consecuencia, ve el proceso revolucionario como&nbsp;<em>subversi\u00f3n provocada por una infiltraci\u00f3n del enemigo<\/em>. El movimiento revolucionario es, pues, algo as\u00ed como un virus, el agente infiltrado desde afuera que provoca en el organismo social un tumor, un c\u00e1ncer, que debe ser extirpado, es decir, eliminado, suprimido, aniquilado. Tambi\u00e9n aqu\u00ed se aproxima a la doctrina fascista.<\/p>\n\n\n\n<p>En tercer lugar, la contrainsurgencia, al pretender restablecer la salud del organismo social infectado, es decir, de la sociedad burguesa bajo su organizaci\u00f3n pol\u00edtica parlamentaria liberal,&nbsp;<em>se propone expl\u00edcitamente el restablecimiento de la democracia burguesa<\/em>, tras el periodo de excepci\u00f3n que representa el periodo de guerra. A diferencia del fascismo, la contrainsurgencia no pone en cuesti\u00f3n en ning\u00fan momento la validez de la democracia burguesa, tan s\u00f3lo plantea su limitaci\u00f3n o suspensi\u00f3n durante la campa\u00f1a de aniquilamiento. Mediante la reconquista de bases sociales se debe pues marchar a la fase de institucionalizaci\u00f3n, que es vista como restablecimiento pleno de la democracia burguesa.<\/p>\n\n\n\n<p>La segunda vertiente de la contrarrevoluci\u00f3n latinoamericana es la transformaci\u00f3n estructural de las burgues\u00edas criollas, que tiende a traducirse en modificaciones del bloque pol\u00edtico dominante. La base objetiva de este fen\u00f3meno es la integraci\u00f3n imperialista de los sistemas de producci\u00f3n que se verifica en Am\u00e9rica Latina, o m\u00e1s exactamente, la integraci\u00f3n de los sistemas de producci\u00f3n latinoamericanos al sistema imperialista, mediante las inversiones directas de capital extranjero, la subordinaci\u00f3n tecnol\u00f3gica y la penetraci\u00f3n financiera. Ello lleva a que, en el curso de los cincuenta, y a\u00fan m\u00e1s de los sesenta, surja y se desarrolle una burgues\u00eda monop\u00f3lica, estrechamente vinculada a la burgues\u00eda imperialista, en especial norteamericana.<\/p>\n\n\n\n<p>La integraci\u00f3n imperialista corresponde, junto a la superexplotaci\u00f3n del trabajo, a la acentuaci\u00f3n de la centralizaci\u00f3n de capital y de la proletarizaci\u00f3n de la peque\u00f1a burgues\u00eda. Por esto, agudiza la lucha de clases y apunta a romper el esquema de alianzas adoptado hasta entonces por la burgues\u00eda, tanto a causa de las contradicciones existentes entre sus fracciones monop\u00f3licas y no monop\u00f3licas, como debido a la lucha que se entabla entre la burgues\u00eda en su conjunto y la peque\u00f1a burgues\u00eda, la cual acaba por empujar a \u00e9sta hacia la b\u00fasqueda de alianzas con el proletariado y el campesinado.<\/p>\n\n\n\n<p>El resultado de ese proceso es la ruptura, el abandono de lo que hab\u00eda sido, hasta entonces, la norma en Am\u00e9rica Latina: el Estado populista, es decir, el \u201cEstado de toda la burgues\u00eda\u201d, que favorec\u00eda la acumulaci\u00f3n de todas sus fracciones (aunque \u00e9stas aprovecharan desigualmente los beneficios puestos a su alcance). En su lugar, se crea un nuevo Estado, que se preocupa fundamentalmente de los intereses de las fracciones monop\u00f3licas, nacionales y extranjeras, y establece, pues, mecanismos selectivos para favorecer su acumulaci\u00f3n; las dem\u00e1s fracciones burguesas deben&nbsp;<em>subordinarse<\/em>&nbsp;a la burgues\u00eda monop\u00f3lica, quedando su desarrollo en&nbsp;<em>estricta dependencia del dinamismo que logre el capital monop\u00f3lico<\/em>, mientras que la peque\u00f1a burgues\u00eda, aunque sin dejar de ser privilegiada en la alianza de clases en que reposa el nuevo poder burgu\u00e9s, es forzada a aceptar una redefinici\u00f3n de su posici\u00f3n, pierde importancia pol\u00edtica y queda, ella tambi\u00e9n, totalmente subordinada, con sus condiciones de vida vinculadas a las iniciativas y al dinamismo de la burgues\u00eda monop\u00f3lica.<\/p>\n\n\n\n<p>La tercera vertiente de la contrarrevoluci\u00f3n latinoamericana es el ascenso del movimiento de masas a que debe enfrentarse la burgues\u00eda, en el curso de los a\u00f1os sesenta. Ese movimiento ven\u00eda desarroll\u00e1ndose desde la d\u00e9cada anterior; la revoluci\u00f3n boliviana del 52, la guatemalteca del periodo 44-54, la radicalizaci\u00f3n misma de los movimientos populistas en distintos pa\u00edses, hab\u00edan tenido su primer punto culminante con la revoluci\u00f3n cubana. Esta influye particularmente en las capas intelectuales peque\u00f1oburguesas, que atravesaban, como vimos, un periodo de reajuste en sus relaciones con la burgues\u00eda, acentuando su desplazamiento hacia el campo popular. All\u00ed gana importancia creciente el movimiento campesino, al paso que se desarrolla un nuevo movimiento obrero, producto del nuevo proletariado creado por la industrializaci\u00f3n de las d\u00e9cadas precedentes. Es, en definitiva, ese amplio movimiento de masas, que irrumpe en las brechas del sistema de dominaci\u00f3n creadas por la fractura del bloque en el poder y que incide en el sentido de agravar las contradicciones all\u00ed existentes, lo que explica la violenta reacci\u00f3n de la burgues\u00eda y el imperialismo, es decir, la contrarrevoluci\u00f3n que se desata entonces en el continente.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><em>Contrarrevoluci\u00f3n y contrainsurgencia<\/em><\/h2>\n\n\n\n<p>Examinemos brevemente c\u00f3mo se realiza y ad\u00f3nde conduce esa contrarrevoluci\u00f3n y veremos que ella no puede identificarse mec\u00e1nicamente con el fascismo europeo, aunque sea como \u00e9l una forma espec\u00edfica de contrarrevoluci\u00f3n burguesa y recoja de \u00e9sta su caracter\u00edstica general: el recurso por la fracci\u00f3n victoriosa al terrorismo de Estado para doblegar a sus oponentes, desde las fracciones rivales hasta, y muy especialmente, la clase obrera.&nbsp;<em>Grosso modo<\/em>, la contrarrevoluci\u00f3n latinoamericana se inicia con un periodo de desestabilizaci\u00f3n, durante el cual las fuerzas reaccionarias tratan de agrupar en torno a s\u00ed al conjunto de la burgues\u00eda y de sembrar en el movimiento popular la divisi\u00f3n, la desconfianza en sus fuerzas y en sus dirigentes; contin\u00faa a trav\u00e9s de un golpe de Estado, llevado a cabo por las fuerzas armadas, y se resuelve con la instauraci\u00f3n de una dictadura militar. Las sociedades concretas latinoamericanas imponen a cada uno de esos momentos su sello particular.<\/p>\n\n\n\n<p>En la fase de preparaci\u00f3n del golpe o de desestabilizaci\u00f3n, se observan rasgos fascistas, pero \u00e9stos son secundarios. A trav\u00e9s de la propaganda, de la intimidaci\u00f3n verbal y hasta f\u00edsica, que puede implicar la utilizaci\u00f3n de bandas armadas, la burgues\u00eda contrarrevolucionaria busca desmoralizar al movimiento popular y ganar fuerza, sumando aliados y neutralizando sectores. Sin embargo, por tratarse de sociedades basadas en la superexplotaci\u00f3n del trabajo, en ning\u00fan caso ella tiene condiciones para reunir fuerzas suficientes como para&nbsp;<em>derrotar<\/em>&nbsp;pol\u00edticamente al movimiento popular, no llega siquiera a la estructuraci\u00f3n de un partido pol\u00edtico; es interesante observar que all\u00ed donde se utilizaron con m\u00e1s abundancia los m\u00e9todos fascistas de lucha, es decir, en Argentina, sectores significativos de la izquierda niegan que se haya producido una contrarrevoluci\u00f3n fascista. Como quiera que sea, las fuerzas contrarrevolucionarias no llegan jam\u00e1s a un claro triunfo pol\u00edtico, sino que necesitan usar la fuerza para hacerse del Estado y emplearlo en su beneficio; el terrorismo de Estado, como m\u00e9todo de enfrentamiento con el movimiento popular, se intensifica precisamente porque este movimiento se encuentra intacto y muchas veces aparentemente fuerte, en el momento en que las fracciones contrarrevolucionarias logran subordinar plenamente el aparato estatal, no habiendo sufrido un proceso previo de derrotas, que en el fascismo pudo llegar a expresarse, como en Alemania, en el plano electoral.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta caracter\u00edstica de la contrarrevoluci\u00f3n latinoamericana se deriva de la&nbsp;<em>imposibilidad en que te encuentra la burgues\u00eda monop\u00f3lica de atraer a su campo a sectores significativos del movimiento popular<\/em>. A diferencia del fascismo europeo, que fue capaz de arrastrar a las amplias masas peque\u00f1oburguesas y de morder incluso al proletariado, ganando all\u00ed cierto grado de apoyo entre trabajadores desempleados y hasta obreros en actividad, la burgues\u00eda monop\u00f3lica en Am\u00e9rica Latina no puede pretender reunir verdadera fuerza de masas, que le permita enfrentar pol\u00edticamente, en las urnas y en las calles, al movimiento popular. Por esto, se da como meta el restablecimiento de las condiciones de funcionamiento del aparato estatal, aunque sea temporalmente, para poder accionarlo en su provecho. Esto implica resoldar la unidad burguesa, rehaciendo el bloque en el poder tal como se encontraba antes de su fractura, y restablecer, aunque sea limitadamente, o sea, dividi\u00e9ndola, sus relaciones de alianza con la peque\u00f1a burgues\u00eda. Sobre esta base, el Estado puede entrar a zanjar la lucha de clases, mediante la intervenci\u00f3n abierta del instrumento \u00faltimo de defensa del poder burgu\u00e9s: las fuerzas armadas. Son \u00e9stas, pues, el verdadero objetivo de la pol\u00edtica de desestabilizaci\u00f3n practicada por la burgues\u00eda y no, como en el fascismo, la conquista de una fuerza pol\u00edtica propia superior a la del movimiento revolucionario. Y es por ello que encontramos en la contrarrevoluci\u00f3n latinoamericana otro rasgo peculiar respecto al fascismo: el discurso ideol\u00f3gico de defensa de la democracia burguesa, es decir, del Estado burgu\u00e9s, al rev\u00e9s de su negaci\u00f3n, tal y como lo plantearon los movimientos fascistas.<\/p>\n\n\n\n<p>Son estas condiciones espec\u00edficas las que llevan a que la contrarrevoluci\u00f3n latinoamericana pueda expresarse, en el plano ideol\u00f3gico y tambi\u00e9n estrat\u00e9gico, en la doctrina de la contrainsurgencia. Al privilegiar a las fuerzas armadas como elemento central de su estrategia, la burgues\u00eda monop\u00f3lica est\u00e1 confiriendo a ese aparato especial del Estado la misi\u00f3n de solucionar el problema; est\u00e1, pues, pasando del terreno de la pol\u00edtica al de la guerra. En la medida en que se encuentra con fuerzas armadas ya preparadas ideol\u00f3gicamente, por la doctrina de contrainsurgencia, para el cumplimiento de esa tarea y para aplicar a la lucha pol\u00edtica un enfoque militar, se resuelven en un solo proceso la voluntad contrarrevolucionaria de la burgues\u00eda y la voluntad de poder desarrollada en las fuerzas armadas. Estas van, as\u00ed, m\u00e1s all\u00e1 del golpe de Estado y proceden a la implantaci\u00f3n de la dictadura militar; si, desde el punto de vista de la doctrina burguesa cl\u00e1sica, son el cuerpo del Estado, se convierten ahora en su cabeza.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><em>El Estado de contrainsurgencia<\/em><\/h2>\n\n\n\n<p>Pero la dualidad original, expresada por la burgues\u00eda monop\u00f3lica y las fuerzas armadas, aunque encuentre una primera resoluci\u00f3n en el proceso del golpe de Estado, se reproduce a un nivel superior, una vez instaurado el&nbsp;<em>Estado de contrainsurgencia<\/em>. La forma de dictadura militar que \u00e9ste asume indica tan s\u00f3lo que las fuerzas armadas han asumido su control y ejercen como instituci\u00f3n el poder pol\u00edtico. Ella no nos revela la esencia de ese Estado, desde el punto de vista de su estructuraci\u00f3n y funcionamiento, ni pone en evidencia el hecho de que las fuerzas armadas comparten all\u00ed el poder con la burgues\u00eda monop\u00f3lica. Para captar esto, es necesario ir m\u00e1s all\u00e1 de la mera expresi\u00f3n formal del Estado, siendo que, siempre que encontremos ciertas estructuras, funcionamiento y coparticipaci\u00f3n entre fuerzas armadas y capital monop\u00f3lico, estaremos ante un Estado de contrainsurgencia, tenga \u00e9ste o no la forma de una dictadura militar.<\/p>\n\n\n\n<p>El Estado de contrainsurgencia, producto de la contrarrevoluci\u00f3n latinoamericana, presenta una hipertrofia del poder ejecutivo, a trav\u00e9s de sus diversos \u00f3rganos, respecto de los dem\u00e1s no se trata, sin embargo, de un rasgo que lo caracterice respecto al moderno Estado capitalista. M\u00e1s bien esa distinci\u00f3n debe buscarse en la existencia de dos ramas centrales de decisi\u00f3n dentro del poder ejecutivo. De un lado, la rama militar, constituida por el Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, que expresa a la instituci\u00f3n militar al nivel de la toma de decisiones y que reposa sobre la estructura vertical propia a las fuerzas armadas. El Consejo de Seguridad Nacional es el \u00f3rgano deliberativo supremo, en el que se entrelazan los representantes de la rama militar con los delegados directos del capital, y los \u00f3rganos del servicio de inteligencia, que informan, orientan y. preparan el proceso de toma de decisiones. De otro lado, la rama econ\u00f3mica, representada por los ministerios econ\u00f3micos, as\u00ed como las empresas estatales de cr\u00e9dito, producci\u00f3n y servicios, cuyos puestos clave se encuentran ocupados por tecn\u00f3cratas, civiles y militares. As\u00ed, el Consejo de Seguridad Nacional es el \u00e1mbito donde confluyen ambas ramas, entrelaz\u00e1ndose, y se constituye en la c\u00faspide, el \u00f3rgano clave del Estado de contrainsurgencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Es \u00e9sta la estructura real del Estado de contrainsurgencia, que consagra la alianza entre las fuerzas armadas y el capital monop\u00f3lico, y donde se desarrolla el proceso de toma de decisiones fuera de la influencia de las dem\u00e1s instituciones que componen el Estado burgu\u00e9s cl\u00e1sico, como lo son el poder legislativo y judicial. Estos pueden perfectamente mantenerse en el marco de la dictadura militar, como ocurre en Brasil, o configurar incluso un r\u00e9gimen civil, como en Venezuela, sin que ello afecte la estructura y el funcionamiento real del Estado de contrainsurgencia. Recordemos, en este sentido, c\u00f3mo Venezuela -donde se hizo el primer ensayo de contrainsurgencia en Am\u00e9rica Latina, a principios de los sesentas- ha evolucionado en el sentido de crear su Consejo de Seguridad Nacional y llegado incluso a la estructuraci\u00f3n de un Sistema Nacional de Empresas P\u00fablicas, que rige el capitalismo de Estado venezolano fuera de todo control por parte del Congreso y dem\u00e1s \u00f3rganos estatales.<\/p>\n\n\n\n<p>En s\u00edntesis, el Estado de contrainsurgencia es el Estado corporativo de la burgues\u00eda monop\u00f3lica y las fuerzas armadas, independientemente de la forma que asuma ese Estado, es decir, independientemente del r\u00e9gimen pol\u00edtico vigente. Dicho Estado presenta&nbsp;<em>similitudes formales<\/em>&nbsp;con el Estado fascista, as\u00ed como con otros tipos de Estado capitalista, pero&nbsp;<em>su especificidad est\u00e1 en su peculiar esencia corporativa y en la estructura y funcionamiento que de all\u00ed se generan<\/em>. Llamarlo fascista no nos hace avanzar un paso en la comprensi\u00f3n de su significado.<\/p>\n\n\n\n<p>Este an\u00e1lisis no debe llevar a malentendidos. Los tecn\u00f3cratas civiles y militares que se ocupan de la gesti\u00f3n del Estado, no son m\u00e1s que la representaci\u00f3n pol\u00edtica del capital, y en tanto que tal no cabe especular sobre su autonom\u00eda, m\u00e1s all\u00e1 de lo que se puede hacer con cualquier representaci\u00f3n pol\u00edtica respecto a la clase que representa; en otros t\u00e9rminos, es profundamente err\u00f3neo calificar a esa tecnocracia como burgues\u00eda estatal, en el mismo plano que la clase burguesa propiamente dicha. Del mismo modo, la fusi\u00f3n de los intereses corporativos de las fuerzas armadas y de la burgues\u00eda monop\u00f3lica no debe oscurecer el hecho de que esta \u00faltima representa una fracci\u00f3n propiamente capitalista de la burgues\u00eda mientras que las fuerzas armadas (o, para ser m\u00e1s preciso, la oficialidad) no son sino un cuerpo de funcionarios, cuya voluntad econ\u00f3mica y pol\u00edtica es rigurosamente la de la clase a que sirve. Finalmente, es necesario tener presente que, aunque el Estado de contrainsurgencia sea el Estado del capital monop\u00f3lico, cuyas fracciones constituyen hoy el bloque en el poder, no excluye la participaci\u00f3n de las dem\u00e1s fracciones burguesas, as\u00ed como en su reproducci\u00f3n econ\u00f3mica el capital monop\u00f3lico crea constantemente para los dem\u00e1s sectores capitalistas condiciones de reproducci\u00f3n (y tambi\u00e9n de destrucci\u00f3n), por lo que es incorrecto suponer que las capas burguesas no monop\u00f3licas puedan estar interesadas en la supresi\u00f3n de un Estado que constituye la s\u00edntesis de las relaciones de explotaci\u00f3n y dominaci\u00f3n en que ellas basan su existencia; no reside en otra causa el fracaso de los frentes antifascistas que se han intentado poner en marcha en Am\u00e9rica Latina y que han chocado siempre con el rechazo de la burgues\u00eda no monop\u00f3lica, independientemente de las fricciones que \u00e9sta mantiene con el bloque en el poder.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Democracia burguesa&nbsp;<em>versus<\/em>&nbsp;democracia revolucionaria<\/h2>\n\n\n\n<p>Me he preocupado, hasta ahora, de analizar las causas y la naturaleza de la contrarrevoluci\u00f3n burguesa e imperialista en Am\u00e9rica Latina, as\u00ed como el car\u00e1cter del Estado a que ella dio lugar. Sin embargo, como indicamos ya, desde fines de 1976, se observa en el continente el surgimiento de un proceso que apunta hacia la democratizaci\u00f3n de los reg\u00edmenes de fuerza surgidos de la contrarrevoluci\u00f3n. Se trata de un proceso intr\u00ednsecamente contradictorio, en cuyo seno empiezan a cristalizar distintos proyectos pol\u00edticos, como resultado de las fuerzas contradictorias que en \u00e9l confluyen.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><em>Las \u201cdemocracias gobernables\u201d<\/em><\/h2>\n\n\n\n<p>Si partimos del primer factor considerado: el imperialismo norteamericano, constataremos inmediatamente que su situaci\u00f3n es distinta de la que ten\u00eda en los a\u00f1os sesenta. Tras el auge econ\u00f3mico de aquel periodo, ha sobrevenido una crisis econ\u00f3mica, sin perspectivas de soluci\u00f3n a la vista. En ese marco, la hegemon\u00eda norteamericana en el campo capitalista ya no es incontrastable, como entonces, sino que se ve enfrentada a las pretensiones que, en el plano econ\u00f3mico y pol\u00edtico, levantan las dem\u00e1s potencias imperialistas, en particular Alemania Federal y Jap\u00f3n. La crisis se ha reflejado, adem\u00e1s, en el interior mismo de la sociedad norteamericana, provocando una crisis ideol\u00f3gica y pol\u00edtica que, mediante hechos como Watergate, el hippismo y otros, han afectado la legitimidad del sistema de dominaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En otro plano, junto a un reforzamiento constante de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, que ha logrado mantener el equilibrio militar con Estados Unidos, se ha verificado un notable avance de las fuerzas revolucionarias en diferentes partes del mundo. El punto candente de la crisis econ\u00f3mica, a mediados de esta d\u00e9cada, coincidi\u00f3 con grandes victorias del movimiento revolucionario en \u00c1frica, particularmente Mozambique y Angola, y en Asia, con la derrota espectacular de Estados Unidos en Vietnam, al mismo tiempo que, en la misma Europa, las fuerzas populares lograban significativos avances en Portugal, Espa\u00f1a, Italia y Grecia, e incluso en bastiones imperialistas como Francia.<\/p>\n\n\n\n<p>En este contexto, el imperialismo norteamericano ha debido hacer adecuaciones en su estrategia, que se han expresado en la pol\u00edtica de Carter. \u00c9ste ha asumido el gobierno con el prop\u00f3sito expl\u00edcito de restaurar la legitimidad del sistema de dominaci\u00f3n dentro de la sociedad norteamericana, echando mano de viejos mitos que son caros a la ideolog\u00eda burguesa en ese pa\u00eds, como el de los derechos humanos, y de medidas que tratan de hacer menos pesada la crisis para los distintos grupos sociales del pa\u00eds. Igualmente, se ha dado por tarea sortear la crisis econ\u00f3mica, reafirmando la hegemon\u00eda norteamericana en el campo capitalista; aunque admita que esa hegemon\u00eda debe ser compartida, en la l\u00ednea de lo planteado por la Comisi\u00f3n Trilateral, Estados Unidos pretende mantenerse como eje rector de la relaci\u00f3n de fuerzas a ser establecida entre las potencias imperialistas.<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, el imperialismo norteamericano se propone modificar su estrategia mundial, para compensar y evitar la repetici\u00f3n de los fracasos tenidos en la primera mitad de la d\u00e9cada, modificaci\u00f3n que sigue dos l\u00edneas principales. La primera es la polarizaci\u00f3n de las relaciones con el campo socialista, centraliz\u00e1ndolas en Europa; la segunda, la desconflagraci\u00f3n o el enfriamiento de las zonas perif\u00e9ricas \u201ccalientes\u201d. Para ello, Carter ha sostenido que Europa es la espada de occidente y se ha esforzado por tornar tensas las relaciones entre la OTAN y el Pacto de Varsovia; aunque pudiera eventualmente llevar a la guerra, la pol\u00edtica agresiva y belicista del imperialismo norteamericano respecto a la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica busca en realidad un muevo equilibrio, sobre la base de lo que el expresidente Ford llam\u00f3 \u201cpaz con fuerza\u201d, para lo que privilegia a Europa, considerando que el avance de la revoluci\u00f3n mundial en otras \u00e1reas iba desmejorando la correlaci\u00f3n de fuerzas en su detrimento. En consecuencia, plantea una pol\u00edtica de enfriamiento de las zonas perif\u00e9ricas, desde medidas que tratan de dar soluci\u00f3n a problemas particularmente agudos, como los que se han tomado en el Medio Oriente, en Panam\u00e1, etc\u00e9tera, hasta la revisi\u00f3n de la doctrina de contrainsurgencia, que pretende limar sus aspectos m\u00e1s \u00e1speros y adecuarla a las nuevas condiciones de la lucha de clases.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto se debe a que la contrainsurgencia, pese a la capacidad que ha demostrado para detener el movimiento revolucionario en muchas \u00e1reas, ha experimentado fuertes reveses, en particular el de Vietnam, y se ha revelado incapaz, incluso all\u00ed donde fue efectiva para detener el movimiento revolucionario, de asegurar las condiciones de una dominaci\u00f3n pol\u00edtica estable, como es el caso de Latinoam\u00e9rica; se debe tambi\u00e9n a que las potencias imperialistas europeas, a medida que deben asumir mayores responsabilidades mundiales en el marco de la hegemon\u00eda compartida, se ven forzadas a considerar la fuerza del movimiento obrero en sus pa\u00edses, que se opone a la violencia cruda y abierta que la contrainsurgencia ha implicado; la utilizaci\u00f3n de m\u00e9todos contrarrevolucionarios m\u00e1s sutiles, impulsados sobre todo por Alemania Federal, ha arrojado resultados positivos en los pa\u00edses de Europa mediterr\u00e1nea. Se\u00f1alemos de paso que el planteamiento pol\u00edtico estrechamente nacional que hacen actualmente los partidos europeos llamados eurocomunistas merma la capacidad del movimiento obrero de esos pa\u00edses para pesar en la correlaci\u00f3n mundial de fuerzas e inclinar la balanza hacia el campo de la revoluci\u00f3n, como qued\u00f3 evidenciado con la ofensiva reaccionaria que el gobierno franc\u00e9s pudo desarrollar en \u00c1frica, sobre la base de la derrota electoral de la izquierda en Francia.<\/p>\n\n\n\n<p>Como quiera que sea, el punto principal de la doctrina de contrainsurgencia, que se encuentra ahora sometido a revisi\u00f3n, es el que se refiere al origen de los movimientos revolucionarios. Abandonando la noci\u00f3n simplista de la infiltraci\u00f3n externa, los nuevos te\u00f3ricos del imperialismo norteamericano, salidos de la Comisi\u00f3n Trilateral como Huntington, ven el problema como resultado de descomposiciones, de desequilibrios que afectan al Estado en la moderna, sociedad capitalista, como resultado de las presiones mismas de las masas, en sus esfuerzos por mejores condiciones de vida. Esto, que es v\u00e1lido ya no s\u00f3lo para los pa\u00edses dependientes, sino para los mismos pa\u00edses capitalistas avanzados, los lleva a plantearse el problema de la \u201cgobernabilidad de la democracia\u201d, que apunta necesariamente a la limitaci\u00f3n, a la restricci\u00f3n del propio juego pol\u00edtico democr\u00e1tico, para mantenerlo bajo control.<\/p>\n\n\n\n<p>Para Am\u00e9rica Latina, la reformulaci\u00f3n de la estrategia norte americana se ha traducido en la b\u00fasqueda de una nueva pol\u00edtica, todav\u00eda no plenamente definida que, adem\u00e1s de la eliminaci\u00f3n de los puntos de fricci\u00f3n, como el referente al Canal de Panam\u00e1, apunta a una institucionalizaci\u00f3n pol\u00edtica, capaz de expresarse en una democracia \u201cviable\u201d, es decir, restringida. Pero ello no resulta s\u00f3lo de los planteamientos estrat\u00e9gicos de Estados Unidos, sino que se deriva tambi\u00e9n, y principalmente, de las nuevas condiciones de lucha de clases que rigen en Am\u00e9rica Latina.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><em>El Estado del cuarto poder<\/em><\/h2>\n\n\n\n<p>Papel importante desempe\u00f1a, en este sentido, la diversificaci\u00f3n del bloque en el poder, por los cambios intervenidos en el seno de la burgues\u00eda monop\u00f3lica. En los pa\u00edses donde este fen\u00f3meno se encuentra m\u00e1s avanzado, como Brasil, podemos ver c\u00f3mo las contradicciones interburguesas no se gu\u00edan ya, como en el pasado, por intereses divergentes de la burgues\u00eda industrial y agraria, o de las capas inferiores de la burgues\u00eda, respecto a su sector monop\u00f3lico, sino que nacen de&nbsp;<em>divisiones surgidas en el seno del gran capital, de la propia burgues\u00eda monop\u00f3lica<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, es posible constatar c\u00f3mo en Brasil -desde que, en 1974, entr\u00f3 en crisis el patr\u00f3n de reproducci\u00f3n econ\u00f3mica basado en la industria de bienes de consumo suntuario-, las luchas interburguesas se dan entre las fracciones nacionales y extranjeras (norteamericana fundamentalmente), ligadas a dicha industria, y las fracciones nacionales y extranjeras (en lo esencial, eurojaponesas), que tienen asiento en la industria b\u00e1sica y de bienes de capital. Se trata, hoy, de decidir los rumbos de la econom\u00eda del pa\u00eds, del patr\u00f3n de reproducci\u00f3n que \u00e9sta debe seguir y ello, que implica reasignaci\u00f3n de recursos, ventajas fiscales, crediticias y de todo tipo, estimula la rivalidad entre esos dos sectores del gran capital, la cual polariza a los dem\u00e1s grupos capitalistas que se encuentran vinculados a uno u otro sector. Conviene tener presente que no es posible ya, en estas circunstancias, enmascarar las luchas interburguesas tras justificaciones de corte nacionalista ni tampoco pretender encauzarlas hacia f\u00f3rmulas del tipo frente antifascista, ya que ellas&nbsp;<em>dividen por igual a los sectores burgueses nacionales y extranjeros que operan en el pa\u00eds y enfrentan a fracciones del gran capital<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>De todos modos, las contradicciones interburguesas, al agudizarse, exigen espacio pol\u00edtico para poder dirimirse. La centralizaci\u00f3n r\u00edgida del proceso pol\u00edtico, en manos de la&nbsp;<em>\u00e9lite<\/em>&nbsp;tecnocr\u00e1tico militar, debe flexibilizarse, devolver cierta vigencia al parlamento como \u00e1mbito de discusi\u00f3n, permitir el accionar de los partidos y la prensa, para que las distintas fracciones burguesas puedan desarrollar su lucha. Ello no choca, adem\u00e1s, con la exigencia de que el Estado siga detentando capacidad suficiente para mantener en cintura al movimiento de masas, ya que, cuanto m\u00e1s ausente est\u00e9 de la escena pol\u00edtica, mayor libertad de acci\u00f3n tienen las fracciones burguesas para llevar a cabo sus enfrentamientos y negociaciones. Es la raz\u00f3n por la cual el proyecto burgu\u00e9s de institucionalizaci\u00f3n no se aparta de la f\u00f3rmula de democracia \u201cviable\u201d, \u201cgobernable\u201d o restringida, que proponen los te\u00f3ricos imperialistas norteamericanos. Del mismo modo, al desatarse la contrarrevoluci\u00f3n, el proyecto del gran capital converg\u00eda hacia el centralismo autoritario, hacia las formas dictatoriales propuestas por dichos te\u00f3ricos.<\/p>\n\n\n\n<p>Se trata, pues, ahora, de llevar a cabo una \u201capertura\u201d pol\u00edtica que preserve lo esencial del Estado de contrainsurgencia. \u00bfEn qu\u00e9 consiste esto? En la institucionalizaci\u00f3n de la participaci\u00f3n directa del gran capital en la gesti\u00f3n econ\u00f3mica y la subordinaci\u00f3n de los poderes del Estado a las fuerzas armadas, a trav\u00e9s de los \u00f3rganos estatales que se han creado, en particular el Consejo de Seguridad Nacional. El primer punto no se encuentra, desde luego, en discusi\u00f3n, para la burgues\u00eda; a lo sumo, da lugar a enfrentamientos entre sus fracciones por asegurarse una tajada mayor en el reparto del bot\u00edn que representa la rama econ\u00f3mica del Estado de contrainsurgencia. El segundo es, hoy, objeto de discusi\u00f3n: en muchos pa\u00edses se habla de un Consejo de Estado, como \u00f3rgano contralor de los dem\u00e1s aparatos del Estado, en el cual tendr\u00e1n peso importante las fuerzas armadas; en Brasil, se intenta incluso resucitar la vieja f\u00f3rmula del Estado mon\u00e1rquico, que consagraba, adem\u00e1s de los tres poderes cl\u00e1sicos del Estado, al poder moderador, ejercido por el Emperador, y que los ide\u00f3logos de la gran burgues\u00eda atribuyen hoy a las fuerzas armadas.<\/p>\n\n\n\n<p>Cualquiera que sea la f\u00f3rmula adoptada -y lo m\u00e1s probable es que ella presente variantes en los diversos pa\u00edses del continente-, se marcha, sin embargo, hacia un Estado de cuatro poderes, o m\u00e1s precisamente, al&nbsp;<em>Estado del cuarto poder<\/em>, en el cual las fuerzas armadas ejercer\u00e1n un papel de vigilancia, control y direcci\u00f3n sobre el conjunto del aparato estatal. Esta caracter\u00edstica estructural y de funcionamiento del Estado no ser\u00e1, desde luego, sino el resultado del avasallamiento del aparato estatal por las fuerzas armadas (m\u00e1s all\u00e1 de las estructuras propias de la democracia parlamentaria que \u00e9ste ostente) y del ordenamiento legal de origen militar impuesto a la vida pol\u00edtica, en particular las leyes de seguridad nacional. Es de se\u00f1alarse que, en el marco de esa democracia restringida, pero democracia de todos modos, la palabra fascismo perder\u00e1 hasta el car\u00e1cter agitativo que tiene hoy y habr\u00e1 de ser abandonada; pero ese abandono representar\u00e1 la renuncia a un an\u00e1lisis incorrecto de la situaci\u00f3n actual, y no su superaci\u00f3n por un an\u00e1lisis superior y m\u00e1s adecuado a las nuevas condiciones pol\u00edticas surgidas, lo que dejar\u00e1 a la izquierda y al movimiento popular desarmados para poder enfrentarlas.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><em>La lucha popular por la democracia<\/em><\/h2>\n\n\n\n<p>Sin embargo, el proyecto burgu\u00e9s e imperialista de institucionalizaci\u00f3n es resultado tambi\u00e9n de un tercer factor: el movimiento de masas, ante el cual se plantea con el prop\u00f3sito de mover a enga\u00f1o y confusi\u00f3n, pero que lo vuelve problem\u00e1tico, err\u00e1tico y lo amenaza incluso con el fracaso. En efecto, es indiscutible que, de manera lenta, zigzagueante, el movimiento de masas latinoamericano, tras un periodo de reflujo ha entrado desde fines de 1976 en un proceso de recuperaci\u00f3n. M\u00e1s que eso, presenta, a diferencia de lo que ocurr\u00eda hasta los a\u00f1os sesenta, una caracter\u00edstica nueva, que era hasta entonces privativa de los pa\u00edses de mayor desarrollo de la regi\u00f3n, como Argentina, Chile, Uruguay: un claro predominio de la clase obrera en su seno. Basta con mirar hacia Centroam\u00e9rica, Per\u00fa, Colombia, para darse cuenta de que la clase obrera se ha vuelto, en toda la regi\u00f3n, el eje rector de las masas trabajadoras de Am\u00e9rica Latina, que se pliegan progresivamente a su conducci\u00f3n y adoptan sus formas de organizaci\u00f3n y de lucha. Paralelamente, aunque su influencia sigue siendo grande en algunos pa\u00edses, el campesinado va cediendo lugar a un proletariado agr\u00edcola numeroso y combativo, agrupado por lo general en centros urbanos, que crea las condiciones objetivas para concretar la alianza obrero-campesina, mientras la peque\u00f1a burgues\u00eda urbana se compone cada vez m\u00e1s de capas proletarizadas y, en la mayor\u00eda de los casos empobrecidas, que mantienen y acent\u00faan la tendencia, ya observada a principios de los sesenta, de desplazar sus alianzas de clase hacia el campo popular.<\/p>\n\n\n\n<p>La acci\u00f3n de esas amplias masas, al mismo tiempo que hace m\u00e1s necesaria la puesta en pr\u00e1ctica de nuevas f\u00f3rmulas de dominaci\u00f3n, que no pueden basarse ya en la violencia pura y simple, complica la implementaci\u00f3n del proyecto burgu\u00e9s imperialista, en la medida en que tienden a plantearse ante \u00e9ste con creciente autonom\u00eda, presionando en favor de concesiones no previstas, as\u00ed como la ampliaci\u00f3n y profundizaci\u00f3n de las reformas propuestas. Situ\u00e1ndose todav\u00eda marcadamente en el plano de la lucha econ\u00f3mica y democr\u00e1tica, las masas no, han perdido empero la memoria, particularmente en sus sectores m\u00e1s avanzados, del mensaje socialista que, a trav\u00e9s de la acci\u00f3n, la izquierda latinoamericana les llev\u00f3 a lo largo de los sesenta, as\u00ed como de la presente d\u00e9cada, lo que despierta el temor de la burgues\u00eda y el imperialismo, haci\u00e9ndolos aferrarse a\u00fan m\u00e1s a las garant\u00edas que les ofrece el Estado de contrainsurgencia. En consecuencia, el proceso de institucionalizaci\u00f3n se desarrolla de manera extremadamente compleja, bajo al embate de las presiones de masas y los esfuerzos de la clase dominante por mantenerlo bajo control, lo que le impone marchas y contramarchas y permite prever que su l\u00edmite est\u00e1 dado por la defensa a ultranza que har\u00e1 de su aparato estatal, tal y como en esencia se encuentra hoy estructurado.<\/p>\n\n\n\n<p>En consecuencia, no hay ninguna raz\u00f3n para suponer que la lucha democr\u00e1tica que libran hoy las masas populares latinoamericanas pueda extenderse indefinidamente, permitiendo que, a cierta altura, se produzca el paso natural y pac\u00edfico al socialismo. Todo indica m\u00e1s bien que la lucha democr\u00e1tica y la lucha socialista se entrelazar\u00e1n para los trabajadores en un solo proceso, un proceso de duro y decidido enfrentamiento con la burgues\u00eda y el imperialismo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Conclusiones<\/h2>\n\n\n\n<p>El an\u00e1lisis de las condiciones en que se desarrolla actualmente la lucha de clases en Am\u00e9rica Latina nos muestra que el despliegue del movimiento democr\u00e1tico popular tiende a deslindarlo en forma creciente de los proyectos de democratizaci\u00f3n que plantean las clases dominantes y el imperialismo, al tiempo que apunta hacia el enfrentamiento radical entre la democracia revolucionaria de masas y el Estado del gran capital. Ello significa que las cuestiones candentes para la izquierda latinoamericana son las de asegurar la movilizaci\u00f3n independiente del movimiento de masas, en pos de un programa democr\u00e1tico amplio, y proporcionarle las armas te\u00f3ricas y pr\u00e1cticas que le permitan suprimir el principal obst\u00e1culo a la consecuci\u00f3n de ese programa, vale decir, el Estado burgu\u00e9s. Ninguno de esos problemas puede ser resuelto si no se logra que, en su desarrollo, el movimiento popular haga cristalizar la hegemon\u00eda de la clase obrera, la \u00fanica clase de la sociedad burguesa que, por sus condiciones materiales de existencia y por sus virtualidades ideol\u00f3gicas, es capaz de concebir a la realizaci\u00f3n de la democracia como la supresi\u00f3n de la dominaci\u00f3n misma de la burgues\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>La revoluci\u00f3n nicarag\u00fcense, como lo hiciera antes la revoluci\u00f3n cubana, ilustra a perfecci\u00f3n esa caracter\u00edstica de las luchas de clases latinoamericanas. Antes que nada, porque, al rev\u00e9s de lo que se pudiera pretender, la revoluci\u00f3n es el producto directo del desarrollo capitalista que se observa en Nicaragua, en el curso de los a\u00f1os cincuenta, y que se acelera en la d\u00e9cada siguiente, enmarcado en la integraci\u00f3n econ\u00f3mica centroamericana, el cual, al promover el surgimiento de una burgues\u00eda monop\u00f3lica, lleva simult\u00e1neamente, a su fraccionamiento interno, mediante la configuraci\u00f3n del grupo somocista. Ense\u00f1oreado del aparato estatal, \u00e9ste puede convertirlo, de la dictadura militar tradicional que hab\u00eda sido, en el Estado corporativo de los monopolios y las fuerzas armadas, al estilo de las dictaduras m\u00e1s modernas que surgen en la regi\u00f3n, en el curso de la contrarrevoluci\u00f3n burguesa e imperialista.<\/p>\n\n\n\n<p>Las luchas interburguesas, que estallan sobre esa base, a fines de los a\u00f1os sesenta, y se recrudecen a mediados de esta d\u00e9cada, se combinan con el ascenso del movimiento de masas, acicateado ya en gran medida por el accionar de la izquierda revolucionaria, el Frente Sandinista. Ser\u00e1n necesarios, sin embargo, cerca de dos a\u00f1os, hasta la insurrecci\u00f3n de septiembre de 1978, para que la oposici\u00f3n antisomocista se deslinde internamente, con el intento de negociaci\u00f3n entre el somocismo, la burgues\u00eda opositora y el imperialismo norteamericano, por un lado, y la democracia revolucionaria popular, encabezada ahora abiertamente por los sandinistas, por otro. En menos de un a\u00f1o, el proceso avanzar\u00e1 con rapidez suficiente para dar al traste con los intentos de mediatizaci\u00f3n de la lucha revolucionaria y culminar con la destrucci\u00f3n del Estado burgu\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>La conquista del poder no cierra ni mucho menos el ciclo de la revoluci\u00f3n nicarag\u00fcense. Es evidente que ha afirmado m\u00e1s bien su etapa democr\u00e1tica, que prosigue hoy, con el apoyo del nuevo Estado, y en particular de las nuevas fuerzas armadas, mediante el proceso de politizaci\u00f3n y organizaci\u00f3n de las masas. La creaci\u00f3n de la central sindical, la formaci\u00f3n de milicias populares, el surgimiento de los comit\u00e9s de defensa, la elecci\u00f3n por la base de los poderes locales no son sino las formas en que se expresa ese proceso. A su cabeza, dirigiendo sin desviaciones el curso de la etapa democr\u00e1tica de la revoluci\u00f3n, se encuentra una vanguardia pol\u00edtica, en que predomina la ideolog\u00eda proletaria: el marxismo leninismo, y que se esfuerza conscientemente por hacer madurar las condiciones que permitan transitar a la etapa socialista de la revoluci\u00f3n, que ser\u00e1 necesariamente la de la dictadura del proletariado o, lo que es lo mismo, la de la democracia proletaria. Es este hecho, m\u00e1s que cualquier otro, el que acerca al proceso nicarag\u00fcense del proceso cubano, al mismo tiempo que lo aleja de otra experiencia latinoamericana en que la destrucci\u00f3n del Estado dio lugar al resurgimiento del capitalismo y la dominaci\u00f3n burguesa: la revoluci\u00f3n boliviana de 1952.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, m\u00e1s que por su forma general y sus perspectivas, la revoluci\u00f3n nicarag\u00fcense nos interesa aqu\u00ed directamente por el hecho de que puso sobre el tapete, una vez m\u00e1s, el car\u00e1cter revolucionario que presenta la lucha democr\u00e1tica en Latinoam\u00e9rica. La gran cuesti\u00f3n, a un tiempo te\u00f3rica y pr\u00e1ctica, que ella plantea es la de porqu\u00e9 el Estado somocista, y en especial sus fuerzas armadas, no se desmoron\u00f3 ante los embates de la lucha de clases y debi\u00f3 de ser derrotado militarmente De paso, esto apunta a una especificidad de la revoluci\u00f3n nicarag\u00fcense respecto a la cubana: al hecho de que la insurrecci\u00f3n no pudo ser all\u00ed la coronaci\u00f3n del proceso de lucha armada, sino que se constituy\u00f3 m\u00e1s bien en un factor de acumulaci\u00f3n de fuerzas propicio al desarrollo de la lucha armada, aunque incapaz de llevarla a su desenlace. La raz\u00f3n de esa peculiaridad adviene del hecho de que la forma insurreccional de lucha s\u00f3lo es decisiva si lleva a la divisi\u00f3n de las fuerzas enemigas, es decir, si escinde su poder militar. Cuando esto se da, como lo analiz\u00f3 Lenin al considerar la experiencia del acorazado Potemkin, se asiste al traspaso de fuerzas militares del enemigo al campo de la revoluci\u00f3n, donde vienen a constituirse en poder armado revolucionario, obviando el largo camino de construcci\u00f3n de un poder militar propio, al margen del ya existente. Pero si el fen\u00f3meno no se produce, es entonces este \u00faltimo camino el que queda, vale decir, la construcci\u00f3n de un ej\u00e9rcito regular en el seno del campo popular mismo y su enfrentamiento al ej\u00e9rcito enemigo.<\/p>\n\n\n\n<p>El que haya sido este el curso que sigui\u00f3 la revoluci\u00f3n nicarag\u00fcense nos lleva a preguntar qu\u00e9 determin\u00f3 la capacidad de resistencia del ej\u00e9rcito somocista, que permaneci\u00f3 \u00edntegro, en lo esencial, hasta el \u00faltimo momento, y, aun despu\u00e9s de la victoria, se niega a plegarse a la revoluci\u00f3n triunfante, afinc\u00e1ndose m\u00e1s bien en la contrarrevoluci\u00f3n, mediante el hostigamiento interno o el reagrupamiento en pa\u00edses vecinos. Pesa all\u00ed, sin duda, el tipo de relaci\u00f3n que se estableci\u00f3 entre el r\u00e9gimen y sus fuerzas armadas, materializado no s\u00f3lo en privilegios y prebendas sino tambi\u00e9n en la vinculaci\u00f3n directa de sus miembros a los intereses del capital; ello no representa sin embargo, como se ha querido hacer creer, una especificidad del somocismo, sino que es la forma particular que adquiere la simbiosis entre la burgues\u00eda y los militares, presente en otras dictaduras latinoamericanas, como la brasile\u00f1a, y que hemos analizado en otra oportunidad. Pero al lado de ese factor explicativo, hay que a\u00f1adir otro m\u00e1s: el que se trataba de un ej\u00e9rcito formado en la ideolog\u00eda y las t\u00e9cnicas de la contrainsurgencia; el odio de la tropa, constituida en su mayor\u00eda por hijos de campesinos, al sandinismo y al movimiento popular, y su bestialidad represiva, ejemplificada en el hecho tan publicitado del asesinato de un periodista norteamericano, no podr\u00edan entenderse de otra manera.<\/p>\n\n\n\n<p>Si esto es cierto; si, lejos de ser una excepci\u00f3n, las caracter\u00edsticas del proceso nicarag\u00fcense advienen del desarrollo capitalista y de la doctrina de la contrainsurgencia, que conforman el marco de las luchas de clase en toda Am\u00e9rica Latina, entonces su validez es mucho m\u00e1s amplia que la que se podr\u00eda suponer en un principio. En efecto, se tendr\u00eda no s\u00f3lo que aceptar el car\u00e1cter revolucionario de la lucha democr\u00e1tica en Am\u00e9rica Latina, s\u00f3lo susceptible, pues, de ser conducida por el proletariado revolucionario, cuya meta no podr\u00eda dejar de ser el socialismo, si no que ser\u00eda necesario admitir tambi\u00e9n que -independientemente de las formas particulares que revista en los distintos pa\u00edses- ese car\u00e1cter revolucionario implica tambi\u00e9n que la lucha de clases asuma la forma general de la lucha armada.<\/p>\n\n\n\n<p>Este parece ser el resultado a que ha conducido, en Am\u00e9rica Latina, la contrarrevoluci\u00f3n burguesa e imperialista. Como quiera que sea, y m\u00e1s all\u00e1 de que se trate de cuestiones que s\u00f3lo se resolver\u00e1n definitivamente en la pr\u00e1ctica, ello reafirma la importancia que adquiere, en las luchas por el socialismo en el continente, el problema ideol\u00f3gico que representa la concepci\u00f3n del Estado. S\u00f3lo la soluci\u00f3n correcta por parte de las fuerzas de izquierda a ese problema dar\u00e1 garant\u00edas de que ellas ser\u00e1n capaces de ponerse de hecho a la cabeza de las luchas de clase que estamos viviendo actualmente y que no pueden sino acrecentarse, en el curso de la presente d\u00e9cada.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-columns has-2-columns has-desktop-oneTwo-layout has-tablet-equal-layout has-mobile-equal-layout has-default-gap has-vertical-unset\" id=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-columns-78bfedee\"><div class=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-columns-overlay\"><\/div><div class=\"innerblocks-wrap\">\n<div class=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-column\" id=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-column-c83ae97b\"><\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-column\" id=\"wp-block-themeisle-blocks-advanced-column-3c638dde\">\n<div class=\"wp-block-file alignright\"><a id=\"wp-block-file--media-c1a7e60e-0ab4-483b-bcf5-3881d4144ad1\" href=\"http:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/1980\/01\/1-La-cuestio\u0301n-del-Estado-en-las-luchas-de-clases-en-Ame\u0301rica-Latina.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">La cuestio\u0301n del Estado en las luchas de clases en Ame\u0301rica Latina<\/a><\/div>\n<\/div>\n<\/div><\/div>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Fuente: Cuaderno 44, Serie Avances de Investigaci\u00f3n, Centro de Estudios Latinoamericanos, Facultad de Ciencias Pol\u00edticas y Sociales, UNAM, M\u00e9xico, 1980. 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