{"id":458,"date":"1973-02-23T02:32:07","date_gmt":"1973-02-23T02:32:07","guid":{"rendered":"http:\/\/localhost:8888\/wordpress\/?p=458"},"modified":"2022-03-06T15:34:00","modified_gmt":"2022-03-06T15:34:00","slug":"problemas-de-marzo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/?p=458","title":{"rendered":"Problemas de marzo"},"content":{"rendered":"\n<p><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-style-default\"><img decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"576\" src=\"http:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/5f4e6babe7fcb.r_d.457-455-0-1024x576.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2638\" srcset=\"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/5f4e6babe7fcb.r_d.457-455-0-1024x576.jpg 1024w, https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/5f4e6babe7fcb.r_d.457-455-0-300x169.jpg 300w, https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/5f4e6babe7fcb.r_d.457-455-0-768x432.jpg 768w, https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/5f4e6babe7fcb.r_d.457-455-0-600x338.jpg 600w, https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/5f4e6babe7fcb.r_d.457-455-0.jpg 1200w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><mark style=\"background-color:rgba(0, 0, 0, 0)\" class=\"has-inline-color has-vivid-red-color\">Fuente:\u00a0El reformismo y la contrarrevoluci\u00f3n. Estudios sobre Chile. Ediciones Era, Serie Popular, M\u00e9xico, 1976. Publicado originalmente en la revista\u00a0Chile Hoy\u00a0n. 37, Santiago de Chile, 23de febrero al 1\u00ba de marzo de 1973. Se publica en Internet gracias a\u00a0Ediciones Era. <\/mark><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-text-color has-background has-vivid-red-background-color has-vivid-red-color\"\/>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Faltando pocos d\u00edas para las elecciones parlamentarias, el cuadro pol\u00edtico general se ha clarificado lo suficiente como para permitir que las atenciones se vayan centrando en lo que vendr\u00e1 despu\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>Se afirmaba la semana pasada, en esta p\u00e1gina, que con la sola excepci\u00f3n de las elecciones municipales de 1971, los resultados del 4 de marzo alcanzar\u00e1n a los m\u00e1s altos que la izquierda haya obtenido en este pa\u00eds. \u00bfProfec\u00eda aventurada? El pulso del movimiento popular, expresado en la masividad y combatividad de los recientes actos electorales, as\u00ed como en las movilizaciones promovidas por sectores de avanzada, nos dice que no. En el mismo sentido apuntan las encuestas de opini\u00f3n realizadas por tirios y troyanos.<\/p>\n\n\n\n<p>Por lo dem\u00e1s, \u00e9sta ha sido una constante del periodo iniciado en 1970. Aun sin enfatizar las cifras arrojadas por las municipales \u2014que son demasiado evidentes, aunque impliquen un cierto grado de excepcionalidad\u2014, las elecciones parlamentarias complementarias que se han llevado a cabo revelan, como lo demostr\u00f3 el \u00faltimo n\u00famero de&nbsp;<em>Chile Hoy,&nbsp;<\/em>que la base electoral de la izquierda se ha mantenido y, cuando vari\u00f3, lo hizo por lo general hacia arriba. M\u00e1s significativas a\u00fan son las movilizaciones de masas, en aquellos momentos en que la ofensiva derechista pareci\u00f3 amenazar las posiciones conquistadas por la izquierda: recordemos tan s\u00f3lo la multitudinaria manifestaci\u00f3n del 4 de septiembre pasado, en Santiago, y la demostraci\u00f3n de fuerza que realiz\u00f3 la clase obrera y el movimiento popular durante el paro de octubre.<\/p>\n\n\n\n<p>Un primer problema que se deriva de la constataci\u00f3n de esa tendencia se refiere a la posibilidad de que el movimiento popular se constituya en mayor\u00eda por la v\u00eda electoral. Esto no s\u00f3lo da base al gradualismo pol\u00edtico que, con distintos matices, se advierte en ciertos sectores de la izquierda, sino que se expresa tambi\u00e9n en planteamientos radicales opuestos. Ejemplo de ello es la tesis de que hubiera sido conveniente haber llamado, en abril de 1971, a un plebiscito para disolver el Congreso.<\/p>\n\n\n\n<p>La formaci\u00f3n de una mayor\u00eda revolucionaria por la v\u00eda electoral no cuenta con ning\u00fan precedente hist\u00f3rico. Aun las revoluciones burguesas cl\u00e1sicas, como las de Inglaterra y Francia, s\u00f3lo recurrieron a la legitimaci\u00f3n electoral&nbsp;<em>despu\u00e9s&nbsp;<\/em>de haber resuelto por otros medios el problema del poder. No obstante utilizar sus posiciones en el aparato del Estado para levantar desde all\u00ed la bandera de los intereses de la mayor\u00eda, la burgues\u00eda revolucionaria s\u00f3lo procedi\u00f3 al recuento de esa posible mayor\u00eda una vez que, en posesi\u00f3n del aparato estatal, pudo fijar las normas que garantizaban que dicho recuento se hiciera en su favor (y no en favor de cualquier clase enemiga o aliada).<\/p>\n\n\n\n<p>No podemos desarrollar aqu\u00ed esa idea de que la expresi\u00f3n de una mayor\u00eda favorable a una clase s\u00f3lo puede darse en el marco institucional creado por esa clase. B\u00e1stenos con se\u00f1alar, respecto a la burgues\u00eda, que ella no podr\u00eda haberlo logrado en el sistema previo al suyo, ya que en aqu\u00e9l la fuente de legitimidad del poder no era la voluntad popular expresada mediante elecciones. La obtenci\u00f3n de una mayor\u00eda de corte proletario choca a su vez con el sistema electoral parlamentario, creado por la burgues\u00eda, y s\u00f3lo puede darse mediante una v\u00eda institucional propia: la democracia popular desde la base. Es por esto que el desarrollo de una clase revolucionaria se da siempre en el l\u00edmite del sistema pol\u00edtico que se le ha impuesto y tiende necesariamente a romperlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Si esto desautoriza la expectativa de conformar por la v\u00eda electoral una mayor\u00eda revolucionaria, no respalda tampoco la tesis de la conveniencia de haber llamado a plebiscito en 1971. La mayor\u00eda electoral conquistada entonces por la izquierda se daba sobre la base del mismo electorado de 1970 y se deb\u00eda, en una amplia medida, al desplazamiento de sectores peque\u00f1oburgueses alineados anteriormente con el candidato democristiano. Esos sectores ven\u00edan hacia la izquierda atra\u00eddos por el idilio alegre de la &#8220;v\u00eda chilena&#8221;, y recibirlos con la convocatoria de arremeter contra el Congreso los habr\u00eda llevado a retirar su apoyo al gobierno. Basta ver c\u00f3mo, en poco tiempo y por razones de peso mucho menor, ese retiro se produjo. La \u00fanica y remota posibilidad de realizar un plebiscito sin que esto se diera ser\u00eda acompa\u00f1arlo de garant\u00edas efectivas de que la disoluci\u00f3n del Congreso no significaba un ataque al orden burgu\u00e9s: pero, en este caso, el plebiscito habr\u00eda redundado en el reforzamiento de la peque\u00f1a burgues\u00eda y no en un avance del movimiento popular revolucionario.<\/p>\n\n\n\n<p>El problema de una posible mayor\u00eda electoral no es, sin embargo, el \u00fanico que nace de la constataci\u00f3n de que la base de apoyo de la izquierda tiende a crecer. Hay que considerar tambi\u00e9n que las implicaciones pol\u00edticas que es posible sacar de all\u00ed pueden variar en un grado significativo.<\/p>\n\n\n\n<p>No debe por tanto constituir motivo de preocupaci\u00f3n el hecho de que las divergencias en el seno de la izquierda se hayan agudizado en las \u00faltimas semanas. La raz\u00f3n objetiva de esas divergencias reside en el car\u00e1cter contradictorio de la situaci\u00f3n misma que se prev\u00e9 para el mes de marzo: el movimiento popular seguir\u00e1 siendo fuerte y mantendr\u00e1 su l\u00ednea ascendente, pero no tendr\u00e1 condiciones suficientes para dirimir, dentro del actual sistema, su lucha con las clases dominantes; tampoco podr\u00e1 plantearse hacerlo fuera del sistema. La consecuencia es obvia: el movimiento popular deber\u00e1 seguir su desarrollo dentro del sistema, pero chocando cada vez m\u00e1s con los l\u00edmites que \u00e9ste le impone y tendiendo permanentemente a rebasarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>En tanto que conducci\u00f3n pol\u00edtica del movimiento popular, la izquierda est\u00e1, pues, forzada a caminar sobre el filo de la navaja. Es natural que, dentro de ella, se abra la discusi\u00f3n sobre cu\u00e1l es el grado de respeto a conceder a los l\u00edmites impuestos por el sistema, as\u00ed como qu\u00e9 tan fuertes pueden ser los embates del pueblo sobre ellos. La manera correcta en que se profundice hoy la discusi\u00f3n es la que asegurar\u00e1 ma\u00f1ana una pol\u00edtica adecuada para hacer frente a la coyuntura posmarzo.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa discusi\u00f3n es a\u00fan m\u00e1s necesaria cuando se considera que la tendencia ya se\u00f1alada de crecimiento del movimiento popular, repercute tambi\u00e9n en el campo adversario e introduce datos nuevos en el problema. Las contradicciones que han estallado recientemente en el seno de la oposici\u00f3n al gobierno s\u00f3lo se explican en esta perspectiva.<\/p>\n\n\n\n<p>El movimiento popular ha crecido rescatando sectores suyos que se encontraban bajo influencia burguesa. El grado en que ese rescate ha cristalizado es variable: puede haber conducido a la toma de conciencia revolucionaria por parte del sector de masas en cuesti\u00f3n, caso en el cual se refleja en el incremento del \u00edndice electoral de la izquierda; pero puede tambi\u00e9n encontrarse en aquel punto en el que, sin desgarrarse del bloque opositor, el sector de masas entra en contradicci\u00f3n con la orientaci\u00f3n pol\u00edtica que all\u00ed impera y con los dirigentes que la expresan. En este \u00faltimo caso, el \u00edndice electoral no sirve como instrumento de medici\u00f3n y ser\u00e1n otros los indicadores de la lucha de clases que permitir\u00e1n captar el fen\u00f3meno.<\/p>\n\n\n\n<p>Quienquiera que conozca lo que ha pasado en los frentes de masas con ocasi\u00f3n del paro de octubre sabe que amplios sectores populares, especialmente obreros, que adhieren a la Democracia Cristiana, entraron entonces en contradicci\u00f3n con ese partido. La lucha diaria de las masas en la batalla del abastecimiento ha acentuado esa contradicci\u00f3n, siendo muchos los trabajadores democristianos que est\u00e1n a favor de las JAP, de la canasta popular e incluso del racionamiento. En las movilizaciones de enero, motivadas por la resistencia opuesta por los cordones industriales al intento del gobierno de definir una cierta pol\u00edtica para el \u00e1rea social, los obreros de las f\u00e1bricas intervenidas o requisadas hicieron a un lado sus diferencias partidarias para plantear unidos la defensa de las mismas.<\/p>\n\n\n\n<p>Estos hechos, que no necesariamente se expresan en las cifras electorales, pesan sin embargo en la manera como la oposici\u00f3n, particularmente la Democracia Cristiana, deber\u00e1 enfrentarse a la coyuntura poselectoral. Menos afectado por ellos, dado el car\u00e1cter de su base social, el Partido Nacional tiende a considerar los resultados electorales de la CODE como un aval a su pol\u00edtica de combate a ultranza al gobierno. Los dirigentes democristianos no pueden hacer lo mismo, sin correr el riesgo de convertirse en generales sin soldados.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta situaci\u00f3n interesa tambi\u00e9n a la izquierda, ya que, en la medida en que los dirigentes democristianos no se dejen arrastrar a aventuras como la de octubre, que aprovechan m\u00e1s a los nacionales que a ellos, tienen que enfilar hacia la perspectiva de un acuerdo con el gobierno. Es evidente que las distintas corrientes de la izquierda se preocupan de este problema, por las consecuencias que no podr\u00e1 dejar de tener en el curso del proceso.<\/p>\n\n\n\n<p>La coyuntura posmarzo podr\u00e1 ser desperdiciada si se interpretan mal las razones de las vacilaciones de la Democracia Cristiana y si se intenta hacer con ella un acuerdo sobre bases falsas. Esas vacilaciones no se deben a que la Democracia Cristiana expresa los intereses de una burgues\u00eda nacional deseosa de cooperar con el proletariado en la lucha antimonop\u00f3lica y antimperialista: se explican m\u00e1s bien por el hecho de que las bases populares de sustentaci\u00f3n de la DC han sido profundamente conmovidas por la combatividad del movimiento popular y empiezan a acceder a un nivel de conciencia que limita el margen de maniobra de sus dirigentes partidarios.<\/p>\n\n\n\n<p>La experiencia ha mostrado que aquellos sectores sociales que acceden a la conciencia revolucionaria se hacen m\u00e1s receptivos a la pol\u00edtica proletaria y empiezan a romper sus cadenas precisamente cuando se hace m\u00e1s aguda la lucha de clases y se eleva m\u00e1s el nivel de combatividad de la clase obrera y sus aliados. Es la presencia de una vanguardia popular movilizada la que act\u00faa como elemento disgregador en el seno del bloque enemigo y rescata sus bases de apoyo para las filas de la revoluci\u00f3n. Cualquier intento, pues, de limitar la movilizaci\u00f3n popular en aras de un acuerdo superestructural, jugar\u00eda en el sentido de minar las bases mismas de ese acuerdo.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte, es una ilusi\u00f3n pretender establecer acuerdos estables entre las clases en el momento mismo en que se han agudizado las contradicciones entre ellas. Cualquier acuerdo ser\u00e1 siempre la presi\u00f3n transitoria de una correlaci\u00f3n de fuerzas dada, que es de por s\u00ed inestable y cambiante. Modificada esa correlaci\u00f3n, se alteran las bases del acuerdo y se hace necesario entrar a negociar otro.<\/p>\n\n\n\n<p>La situaci\u00f3n que el movimiento de masas deparar\u00e1 en marzo para dictar sus condiciones a la oposici\u00f3n burguesa ser\u00e1 un momento pasajero de la lucha de clases y estar\u00e1 en funci\u00f3n de su grado de movilizaci\u00f3n, organizaci\u00f3n y conciencia. Lo que importa, entonces, es crear los medios para que las nuevas situaciones que se produzcan sean siempre m\u00e1s favorables al movimiento popular, para lo cual \u00e9ste tendr\u00e1 que movilizarse y organizarse cada vez m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo fundamental, despu\u00e9s de marzo, no est\u00e1 en buscar acuerdos estables, que la vida misma se encargar\u00e1 de deshacer, sino en asegurar v\u00edas a\u00fan m\u00e1s anchas y expeditas para la movilizaci\u00f3n del pueblo, \u00fanica garant\u00eda de que el proceso iniciado en 1970 seguir\u00e1 su curso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right has-text-color\" style=\"color:#757575\"><em>Ruy Mauro Marini<\/em><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-text-color has-background\" style=\"background-color:#757575;color:#757575\"\/>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Fuente:\u00a0El reformismo y la contrarrevoluci\u00f3n. Estudios sobre Chile. Ediciones Era, Serie Popular, M\u00e9xico, 1976. 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